Hola! Sí, he vuelto después de tanto tiempo! Por favor, no me maten por la tardanza TwT. Les pido mil disculpas por demorar mucho en subir este capítulo, ya les explicaré mis razones más abajo. Ahora disfruten tranquilamente! ^-^/
Disclaimer: los personajes de Vocaloid no me pertenecen, sólo los utilizo con fines de entretenimiento.
Reacción
El frío continuaba persistiendo considerablemente, e incluso me atrevería a decir que ese día era más fresco que el anterior. El aire hacía estremecer ligeramente mi cabello, que se sacudía sutilmente ante la brisa. Por lo cual, mi nariz, e incluso mis mejillas, estaban adornadas con un ligero tono rosa; y podía ver como el aire blanco salía de mi boca intentando regresar el calor a mis heladas manos —a pesar de estar éstas últimas cubiertas por unos guantes—.
Me había levantado muy temprano para preparar el bentou que había planeado hacer la noche anterior, puesto que quería que fuese perfecto. Cuidé meticulosamente cada detalle, vigilando que no se me quemase nada y que todo estuviese en perfecto orden. Al finalizar, cerré la caja y la envolví escrupulosamente con un pañuelo de color verde decorado con dibujitos de pequeñas zanahorias. Luego comencé a cocinar el almuerzo para Gakupo, el cual, una vez hecho, guardé en la nevera.
Cuando ya estuve segura de que todo estaba listo, fui a mi habitación a buscar una cartera, donde metí el bentou y otra "sorpresa" para Gumiya. Al estar a punto de salir de la casa, garabatee en una hoja unas cuantas palabras, avisándole a Gakupo que iba a salir; que volvería alrededor de las tres de la tarde; y que su comida estaba preparada dentro del refrigerador, sólo tenía que calentarla. Abandoné la vivienda, apreciando como el frío aire soplaba sobre mi rostro, y con la sensación de haber estado olvidando algo.
Y allí me encontraba ahora de pie ante aquel instituto. La nieve había comenzado a caer hacía un buen rato, aunque sólo levemente. Por consiguiente, no necesité ningún paraguas, cosa que me vino bien ya que en realidad no poseía uno. Así que sólo me limité a refugiarme debajo de algún árbol frente a la entrada de aquel lugar, esperando vislumbrar la silueta de esa persona al cruzar la puerta…
No sabía la hora exacta en la que Gumiya iba a dar su examen, puesto que no le había mencionado que iría a verlo y, por ende, él no me había dicho en qué momento saldría del instituto. Pero tenía una idea aproximada, o en otras palabras, iba a dar a la suerte. No me molestaba tener que esperarlo allí de pie durante un par de horas, eso no era nada comparado con todo lo que él había hecho por mí hasta ese entonces.
Pasaron los minutos, hasta que por fin vislumbré la figura de la persona que tanto anhelaba que apareciese. No lo dudé ni un segundo y salí disparada como un rayo a su encuentro; tan rápido que mi bufanda salió volando a unos pocos metros lejos de mí. Aunque no le di importancia alguna, mis ojos sólo estaban mirándolo a él.
El peli verde tenía la mirada fija en el suelo, con sus manos escondidas dentro de sus cálidos bolsillos, y todavía no había advertido mi presencia. Así llegué a la conclusión de que, si él no me había visto, entonces yo debía llamar su atención.
—¡Buenos días, Gumiya!— grité mientras corría hacia él y agitaba mi mano en señal de saludo, sin importarme que el abrigo que cubría mi cuello se fuese volando.
Su rostro se elevó hacia mi dirección, al mismo tiempo que sus ojos se abrieron de sobremanera y sus labios formaron, ligeramente, una pequeña "o", demostrando lo sorprendido que estaba. Ver esa mueca en su rostro me alegraba desmesuradamente. Bueno, en realidad, todas las expresiones de Gumiya me gustaban. Descubrir poco a poco cada una de sus facetas era algo muy gratificante para mí, a pesar de no haber conocido todas; ya que faltaban algunas tales como su cara enojada, triste o pervertida —puesto que, en el fondo, sabía que todos mis incidentes con el chico habían sido accidentales—. Ésta última deseaba no verla para nada en el mundo, no sería algo agradable.
Llegué hasta él con la respiración entrecortada, mis manos apoyadas sobre las rodillas, y el cabello algo alborotado. Entonces me enderecé y lo miré dulcemente con una cálida sonrisa, a la cual él correspondió. Luego de permanecer así por unos segundos, él decidió hablar.
—Buenos días— me saludó curvando ligeramente sus labios para después poner cara de extrañado—. Pero dime, ¿qué haces aquí a estas horas?
—Quería verte— le contesté honestamente feliz, a lo que pude percibir un ligero sonrojo en sus mejillas—. Vine para recibirte luego de que terminaras tu examen.
Me miró con una expresión que demostraba lo verdaderamente alegre que estaba.
—No tenías por qué hacer esto. Ayer no te dije el horario en que tendría que dar mi examen, ¿hace cuánto estás esperándome?
—Sólo han sido unos pocos minutos— mentí sacudiendo mi mano en señal de que le restara importancia—. ¿Por qué no vamos a comer algo mientras me cuentas cómo te fue?— sugerí en respuesta.
—¿Comer algo? Pero no he traído nada para eso.
—No importa, he hecho un almuerzo para ti— indiqué mostrándole mi cartera.
Nos dirigimos a la parte trasera de su instituto, no sin antes ir a recoger mi bufanda, que se encontraba tirada a unos pocos metros de nosotros. Era un paisaje muy tranquilo y relajador. El canto de las aves hacía eco creando una dulce melodía, justo como sucede en los cuentos de hadas. Parecía mágico. Y la nevada que había caído hasta ese momento, junto con los hermosos rayos de sol, formaba un escenario con el que cualquier chica pudiese desear, e incluso soñar.
La poca nieve que descendía momentos atrás, ya se había detenido. Sin embargo, había dejado pequeños rastros en las bancas y la mesa, así que tuvimos que limpiarlos. Una vez hecho eso, desenvolví el bentou que había traído y usé el pañuelo para apoyar la caja de comida. Luego quité la tapa para que él pudiese ver su contenido.
—¡Increíble! ¿Hiciste esto tú sola, Gumi?— preguntó totalmente estupefacto.
—Sí, puedes comer todo lo que quieras. Lo preparé especialmente para ti.
—Y-ya veo. Muchas gracias. Entonces, ¡buen provecho!— agarró los palillos y estaba por incrustarlos en el huevo, hasta que se detuvo y se quedó mirándome— ¿No hiciste un bentou para ti? ¿Es que acaso no vas a comer?— cuestionó extrañado.
—¡Ah! Casi lo olvido. Sí, he traído comida para mí. Sólo que me emocioné un poco esperando por saber tu opinión sobre lo que cociné— me justifiqué al mismo tiempo que rebuscaba en mi bolso.
Sin embargo, por más que revolví minuciosamente, una y otra vez, cada pequeño rincón, no pude hallar nada. Fue entonces que caí en la cuenta de algo. Repasé meticulosamente todos los pasos que había hecho esa mañana, y no recordé en ningún momento haber preparado algo para mí. Había estado tan concentrada y abstraída pensando en hacer el bentou para Gumiya, que había olvidado por completo tenerme en cuenta. Porque, si iba a comer el almuerzo con ese muchacho, lo lógico era que yo también tuviese mi ración, ¿no? Me quedé helada por unos segundos, sin saber qué decir. Seguramente se reiría y se burlaría si le revelase que, muy torpemente, el único bentou que había disponible lo tenía él.
Ante mi extraño comportamiento, el joven sólo acertó a mirarme desconcertado.
—¿Qué sucede, Gumi?
—… "¡Así que por esto era que esta mañana tenía la sensación de que me estaba olvidando algo!"— tragué seco—. ¿Me, me creerías si te dijese que olvidé hacer un bentou para mí?
Permaneció en silencio por un unos instantes, lo cual sólo logró inquietarme más.
—¿De verdad? ¿Por qué harías tal cosa?— preguntó sorprendido finalmente.
—Es que… estaba tan e-emocionada que… que…
—Emocionada… ¿por qué?
—Po-por prepararte el almuerzo a ti. E-es mi primera vez haciendo un bentou para un muchacho, y…
Me observó enternecido por una fracción de segundo, dedicándome una cálida, amable y gratificante sonrisa. Cómo si lo hubiese conmovido mi forma de proceder. Ese acto hizo que me pusiese más nerviosa aún, pero, en cierto modo, también logró calmarme. Sentí como a través de esa mirada me transmitía cada uno de sus sentimientos: gentileza, tranquilidad y comprensión. Acto seguido, con los palillos agarró una ración de arroz y la acercó a mi boca.
—Vamos, di "ah".
—¡¿E-eh?! N-no es necesario que hagas eso— me excusé alterada por su repentino actuar.
—¿Por qué no? ¿Es que acaso no piensas comer nada?
—Sí, no te preocupes. Iré a comprar algo a la cafetería de inmediato— alegué ya más calmada a punto de levantándome de mi asiento.
—No permitiré que tengas que comprar tu almuerzo. Esta comida la has hecho tú, lo mínimo que puedo hacer es compartirla contigo, ¿no crees?
—…— dudé por unos segundos—. Su-supongo que tienes razón— admití un tanto avergonzada al mismo tiempo que separaba levemente mis labios y cerraba mis ojos.
Al experimentar el sabor del alimento entrar en mi boca, también pude distinguir cómo la rígida mano de Gumiya, que al parecer estaba así debido a la inquietud, se estremeció un poco al rozar sutilmente mis labios y sentir, en sus dedos, mi acompasada y contrariamente entrecortada respiración.
—Mmm… Delicioso— comenté con una sonrisa cuando tragué la comida—. Ahora es tu turno— vi cómo él estaba por llevarse un bocado hacia su boca hasta que se lo impedí—. Detente, así no vale. No es justo que tú seas el único que me dé de comer, ¿acaso sabes lo vergonzoso que fue para mí eso? Por eso me toca a mí hacer lo mismo contigo.
Rápidamente, sin que pudiese notarlo siquiera, le arrebaté los palillos de sus manos a la vez que le indicaba un "Di 'ah', Gumiya", acercándole un trozo de huevo. Haciendo caso a mi petición, el peli verde abrió lentamente su boca, acompañado de un ligero rubor en sus mejillas. Como respuesta, proseguí a entregarle el comestible, cuidando escrupulosamente que mis dedos no tocasen sus labios, debido a que no quería que me sucediese lo mismo que a él. Aprecié cómo masticaba lánguidamente, como degustando el sabor, y observé a Gumiya expectante por poder obtener una respuesta positiva del almuerzo. El joven, al probar el bocado, abrió los ojos desmesuradamente y pude ver como su rostro se iluminaba de la emoción. Sus manos comenzaron a temblar de la impresión, y antes de que yo preguntase algo, vi como rápidamente me quitó los palillos y los llevó hacia el bentou, extrayendo dos raciones más de arroz para luego devorarlas a velocidades inimaginables.
—¡Está delicioso! Hace tanto no probaba tu comida que ya me había olvidado de lo buena que era. No tenías que hacer algo así, seguro te tomó mucho tiempo.
—Para nada, no fue ninguna molestia.
—En cualquier caso, muchas gracias por hacer esto por mí.
—No hay de qué— le retribuí con una sonrisa—. Por cierto, se siente un poco solitario que no haya nadie aquí. No parece que estuviésemos en el patio de un instituto.
—Ah, es que sólo vinieron las personas que tenían que dar el examen.
—¿Y cuántos eran?
—…Teniendo en cuenta que nadie quería venir el día de la víspera de navidad— pareció meditarlo por un rato, como si le molestase decírmelo—, sólo se han presentado cinco estudiantes... Incluyéndome a mí.
Debido a la expresión que me estaba mostrando en esos momentos, pude deducir que le daba cierta vergüenza que yo supiese que él estaba entre los poquitísimos alumnos que se debían presentar a ese examen. Parecía que no quería que viera ese lado de él, a pesar de que ya estaba al tanto de sus pésimas notas. Por lo que decidí dejarlo pasar e ignorarlo, comentando un "Mmm, entiendo", ya me burlaría de él de otra forma.
—Ah, casi lo olvido— solté repentinamente.
—¿Qué pasa?— me cuestionó extrañado
—Estaba tan concentrada en esto de la comida que no te pregunté cuál fue el resultado de tu examen.
—Conque era eso— respondió con una enigmática sonrisa en su faz, para luego sacar de su mochila una hoja—. Lamento que tengas que enterarte de esta forma…— comentó extendiéndome el papel a la vez que cubría su rostro con una mano.
Viéndolo actuar de esa forma, me temí lo peor. Pensé que habría desaprobado, que habría sacado la peor calificación. Ya me estaba imaginando al pobre de Gumiya yendo al instituto en plenas vacaciones de invierno, teniendo que soportar aquel enorme frío mañanero; y con esto, él y yo no podríamos vernos casi nunca. O sea que mis planes se habían desmoronado por completo, y el esfuerzo que le habíamos puesto al estudiar se había ido por el retrete. Qué decepción. Pero ya qué, al menos había dado su mejor esfuerzo. Lo menos que podía hacer por él era animarlo en su decepción.
Acepté la hoja que me estaba ofreciendo, y lentamente, con mi mano temblorosa, comencé a darla vuelta para ver su resultado. Al encontrarme con los números escritos allí, no pude evitar que mis ojos se abriesen de sobremanera y mis labios dejasen salir un "imposible". Ante mi vista, estaban nada más ni nada menos que tres dígitos en tinta roja, formando un enorme "100". Atónita era decir poco, mi expresión seguramente sobrepasaba esa palabra. ¡¿Cómo rayos Gumiya había llegado a cumplir con la nota perfecta?!
Luego de unos segundos en completo silencio, mis ojos se dirigieron a Gumiya.
—Siento que tengas que hacer esto por mí, Gumi. Pero un trato es un trato. Espero mi recompensa con ansias. No te olvides que puedo pedir lo que quiera— me recordó con una brillante sonrisa.
—"Maldición"— fue la única palabra que cruzó mi cabeza en esos momentos.
Seguimos con nuestro almuerzo tranquilamente, sólo que para evitar situaciones más vergonzosas, decidimos turnarnos para comer en vez de de alimentarnos el uno al otro. Era más cómodo de esa manera. Gumiya comía unos cinco o seis bocados, luego me pasaba los palillos para que yo hiciese lo mismo y así sucesivamente hasta que por fin, después de tardar más de lo previsto, vaciamos el bentou por completo. Estaba por guardar todo, así ya podríamos emprender la vuelta a casa, hasta que recordé la "sorpresa" que había guardado en mi bolso para Gumiya. Por lo que, rápidamente, ante la mirada atónita del muchacho, saqué un recipiente del accesorio que colgaba de mi hombro.
—¿Qué es eso?— cuestionó extrañado.
—Ya lo verás— repliqué con una sonrisa, dándole un aire de misterio.
Extraje lentamente la tapa del envase, haciéndolo ver más enigmático, y dando paso a la vista de dos deliciosas rebanadas de pastel. Había sobrado un poco del dulce que Gakupo había comprado ayer, y ya que me lo había regalado a mí, supuse que tenía el derecho de decidir qué podía hacer con él; así que pensé: ¿Por qué no compartirlo también con Gumiya? Serviría como postre para después del almuerzo. Sólo esperaba que a él también le gustase el pastel de zanahoria cubierto con chocolate, sino sería una completa decepción. Pero no, no podía ponerme negativa en esos instantes. Lo único que me quedaba hacer era confiar en que a él le encantaría, sobre todo si había sido hecho en esa tan prestigiosa tienda. No podía existir nadie a quien no le agradasen los dulces que vendían allí, de lo contrario, ¡no sería humano!
Para mi satisfacción, a Gumiya resultó gustarle el pastel tanto como a mí, o quizá incluso más. Por consiguiente, aquel postre no duró mucho, y, en cuestión de minutos, el recipiente quedó completamente vacío. Una vez que terminamos el almuerzo, el joven me ayudó a guardar todo para que así emprendiésemos el camino de regreso a casa. Durante el trayecto, hablamos de diversos temas. Era sorprendente la cantidad de cosas nuevas que podía saber de Gumiya cada día nuevo que llegaba: le gustaban los conejos y la zanahoria, al igual que a mí; le encantaba andar en bicicleta, el color verde era su favorito, y era pésimo estudiando. Definitivamente me resultaría imposible aburrirme con un chico como aquel que, con el paso del tiempo, me mostraba más y más cosas, aunque fuesen insignificantes, sobre él.
A pesar de que, al principio, nuestra meta era regresar a casa directo del instituto, no pudimos evitar pasar por los locales decorados con diversos adornos de navidad. Era algo maravilloso. El árbol gigantesco que había en el gran centro comercial estaba iluminado de tal forma que destacaba desmesuradamente sobre los demás objetos, complementado con pequeñas esferas de color rojo y amarillo, algunas campanitas, y otras pequeñeces.
Después de ver los diferentes tipos de ornamentos, entramos a algunas tiendas para husmear lo que ofrecían. Ya cuando estábamos a punto de irnos, distinguí algo que captó mi atención y le pedí a Gumiya que me acompañase. Al llegar frente a la máquina de purikura, empujé al muchacho dentro y apreté el botón para que iniciase la toma de secuencias de fotos. Elegimos el marco que queríamos para todas, y, una vez se imprimieron las purikura, las tomamos y salimos del aparato. Fue ahí cuando noté el cartel pegado allí que, muy claramente, decía: "¡Para las parejas que estén locamente enamoradas! Esta máquina es ideal para aquellos que no quieran separarse nunca, ya que se dice que si llegan a tomarse una foto aquí, estarán juntos para siempre". Al leer esto, no pude evitar que la sangre se aglomerase en mis mejillas. Eso explicaría los recuadros de corazones u ositos abrazados que había a elección, y pensar que nos habíamos decidido por el de ositos sin haber sospechado nada. A pesar de eso, cuando observé que Gumiya seguía de lo más tranquilo, me di cuenta de que él siquiera había advertido la existencia de ese cartel. Por lo que resolví que, si aquel joven, no le daba ni la más mínima atención, entonces yo tampoco lo haría.
—"Después de todo, Gumiya y no somos ninguna pareja"— pensé para mis adentros.
Retomamos, nuevamente, nuestro camino de regreso a casa, mientras volvíamos a hablar tranquilamente. Ya una vez en la puerta de entrada, dimos por finalizada nuestra conversación.
—Bueno, entonces nos vemos esta noche— quise confirmar un poco sonrojada.
—Sí, cuenta con ello. No permitiría ni en sueños que Shion estuviese a solas contigo— alegó con cierto rencor.
—E-está bien— comenté riendo algo nerviosa.
—Bien, hasta luego— me indicó levantando su mano en señal de despedida.
—Hasta luego— le devolví el gesto a la vez que abría la puerta e ingresaba a la morada.
Saludé a Gakupo, me saqué mi abrigo y fui directo a la cocina para lavar los recipientes que había. Una vez finalizada la tarea, comencé con los preparativos para la cena de esta noche, debido a que quería que todo fuese perfecto. Era la mejor forma de expresarle a Gakupo mi gratitud hacia él después de todo que había hecho por mí. Me puse el delantal, me dirigí hacia el refrigerador para sacar las verduras, y posteriormente me dispuse a cortarlas meticulosamente.
Iba a tomarme demasiado tiempo hacer todo, puesto que ya tenía el menú planeado y tenía una gran variedad de alimentos, tanto extranjeros como nacionales. Algunos de ellos sería la primera vez que los cocinara, así que pedía a las millones de estrellas surcando los cielos que permitiesen que mis esfuerzos dieran sus frutos. Sino el pobre de Gakupo tendría que soportar comer algo completamente desagradable. No obstante, parecía que mis plegarías habían sido escuchadas, ya que, al finalizar, pude comprobar que todo había salido tal y como yo lo había planeado. Lo único que me quedaba hacer era poner los cubiertos, platos y vasos en la mesa, junto con las velas como condecoración. Mientras lo hacía, recordé como hacía unas horas atrás el peli morado me había pedido, una y mil veces, disculpas por no poder ayudarme con los preparativos para esta noche, debido a que estaría encerrado en su oficina organizando algunas cuentas que tenía. Sí que se preocupaba mucho por mimarme.
Una vez tuve la mesa puesta, y con la comida ya lista en ella, fui a buscar a Gakupo. Estaba por tocar la puerta para pedir permiso, hasta que me vi reflejada en un espejo que había colgado en la pared. Todavía tenía el delantal puesto, y mi cara cubierta con un "maquillaje" muy especial; que incluía harina, chocolate, y huevo, entre otras cosas. Además de que mi ropa no era la mejor que digamos, ya que, si bien no se había manchado, estaba completamente desarreglada y cubierta con el aroma de la comida. ¡No podía presentarme a la cena en esas condiciones! Sería demasiado vergonzoso, aparte de una falta de respeto hacia él. Por consiguiente, me limite a cumplir una misión prácticamente imposible: bañarme, cambiarme de ropa y peinarme en tan sólo cinco minutos, ya que no quería que la comida se enfriase.
Yendo como si corriese una maratón, me dirigí a mi habitación y cerré de un portazo. Me moví a la velocidad de la luz y, con mucha suerte, logré alcanzar mi meta. Cuando me miré en el espejo, quedé totalmente satisfecha con mi apariencia y, con mi "transformación" terminada, abandoné la recámara. Ya más calmada, comencé a bajar las escaleras, dejando escapar un profundo suspiro. Nuevamente, estaba por ir a buscar a Gakupo para llamarlo a comer; sin embargo, al bajar la mirada, observé como él ya se encontraba esperándome abajo.
—¿Estás bien? Escuché un gran alboroto allí arriba, parecía que hubiese un terremoto en tu alcoba. Me preocupé mucho, así que vine a ver qué estaba pasando— confesó angustiado.
—S-sí, estoy bien. Sólo tuve un pequeño percance, pero ya está todo solucionado.
—Entiendo. Por cierto, ¿ya está todo listo? ¿No necesitas un poco de ayuda? Acabo de concluir mis asuntos por hoy, así que ahora estoy libre.
—No, está bien. Ya he terminado de preparar la cena, pero gracias por tu preocupación— le retribuí con una sonrisa—. Justamente estaba por ir a llamarte.
—¿Vamos entonces?— propuso extendiendo su mano hacia mí.
—Por supuesto— respondí aceptando su ofrecimiento.
Nos encaminamos en dirección al comedor, donde Gakupo me llenó de ovaciones y me alagó por la comida que había cocinado, sobre todo por la salsa de berenjena. Decía que todo lucía delicioso y que el decorado había quedado perfecto. Y eso que todavía no había visto, ni probado, el postre. Aunque tampoco era la gran cosa. Sólo me había limitado a preparar un pastel —Selva Negra—, y un Tronco de Navidad. Ambos reposaban en el interior del refrigerador, aguardando a que fuésemos a buscarlos.
Luego de que Gakupo terminara de alagarme con tanto entusiasmo, me acerqué a la mesa para sentarme, así ya podríamos empezar a comer. No obstante, y ante mi sorpresa, aquel joven tomó la delantera y abrió, con mucha gracia y fineza, la silla que yo estaba por agarrar. Acto que me dejó sin palabras.
—Permítame que la ayude a sentarse, Ohime-sama— me ofreció con un guiño.
Como retribución a su pequeña broma, iba a soltar una ligera risa y responderle, no obstante…
"Permítame que la ayude a sentarse, Ohime-sama"
Esa frase volvió a resonar en mi cabeza, haciendo eco una y otra vez hasta desaparecer por completo en lo más recóndito de mi mente, la diferencia fue que, en esta ocasión, era dicha por la voz de un niño. Este hecho logró inmutarme por completo, y no pude evitar poner una expresión de cierta extrañez. Mi cuerpo entero se petrífico tal cual piedra, y de mi boca no salió ni una mínima palabra. Tan sólo dejé escapar un pequeño suspiro, a la vez que intentaba regularizar mi agitada respiración. Mis manos, que hasta hacía un momento atrás estaban sobre mi pecho, cayeron inmóviles a ambos lados de mí, sin yo poderlo evitar. Y por más que le pedía a mis músculos, repetidas veces, que reaccionaran, éstos no me hacían caso alguno. ¿Qué significaba todo esto? ¿Qué era esa sensación extraña que sentía dentro de mí? ¿Acaso esto era lo que llaman un deja vu? ¿Estaría imaginándome cosas, o habría un significado oculto tras ese suceso? Miles y millones de preguntas se agolpaban en mi cabeza, sin haber ni una respuesta a alguna de ellas. Muchas emociones se estaban acumulando dentro de mí, y entre ellas estaban: angustia, sorpresa, inquietud, rareza, desasosiego, y ansiedad.
Ante mi letargo de concentración, había olvidado por completo que Gakupo se encontraba allí conmigo. Al voltear mis ojos hacia su dirección, me encontré con que él me estaba observando con preocupación y sorpresa, lo podía saber sólo con indagar dentro de esos profundos orbes morados. Cuando vio que no había ninguna reacción por parte mía, se aproximó hacia mí, chasqueó sus dedos delante de mi rostro y me llamó en repetidas ocasiones. Frente a su repentino actuar, las únicas palabras que salieron de mis labios fueron "A-ah, lo siento. Me quedé sumida en mi pensamientos por un momento". Ya más tranquila, percibí como Gakupo me ofrecía nuevamente su mano para escoltarme hasta la mesa, la cual decidí no rechazar, puesto que apenas me había recuperado de la conmoción posterior.
Comenzamos a cenar, y, para mi gran sorpresa, Gakupo siguió elogiando mi comida. A cada alimento nuevo que probaba, me dedicaba otro cumplido, y así fue sucesivamente hasta que dimos el último bocado. Ya sólo quedaban cuarenta minutos para la media noche, por lo que, una vez en la cocina, el ojimorado me ayudó a secar los trastes mientras yo los lavaba. Acabamos de hacer dicha tarea y, tomando dos copas de cristal junto con una botella de sidra, nos dirigimos de nuevo al comedor.
Vimos el reloj para saber qué hora era, y éste marcaba diez para las doce. Gakupo destapó la bebida a la vez que yo volvía a encender las velas, que se habían apagado mientras estábamos en la cocina. Y cuando todo estuvo listo, esperamos a que las manecillas diesen la media noche para que así pudiésemos hacer el brindis; entreteniéndonos con una charla hasta entonces.
Al quedar sólo unos pocos segundos, Gakupo y yo comenzamos la cuenta regresiva: cinco, cuatro, tres, dos, uno… ¡cero! Levantamos nuestras copas y las golpeamos levemente, ocasionando que sonara un ligero tintineo. Pasaron unos quince minutos, durante los cuales estuvimos hablando un poco. Pero al percatarme de que si no me iba a vestir para la fiesta llegaría tarde, tuve que disculparme con Gakupo y encaminarme a mi habitación.
Estando a punto de subir las escaleras, el sonido de la puerta de entrada al sonar seguido del toque del timbre me lo impidió. Extrañada ante el hecho de que alguien estuviese llamando a estas horas de la noche, observé a Gakupo, quien acababa de aparecer desde la cocina, dudosa de si debía abrir o no. Con su mirada, me transmitió que él sería quien atendiese, por razones de seguridad; ya que era muy sospechoso que tocaran en esos momentos, más aún siendo navidad.
Apoyó su mano en el pomo de la puerta, haciéndola girar lentamente, mientras yo permanecía unos pasos más atrás que él. Asomó su cabeza por la hendija que había formado para saber quién era la persona que se encontraba allí afuera. Pude escuchar como intercambiaba unas palabras con el desconocido, aunque debido a la distancia sólo alcancé a oír unos pequeños murmullos. Gakupo finalizó la conversación y se dio la vuelta a verme con una sonrisa diciéndome "Parece que tenemos una invitada sorpresa". Ante mi cara de extrañeza, dándole a entender que no había comprendido a lo que se refería, abrió por completo la puerta; dejando ver a una joven, que conocía muy bien, con cabello turquesa atado en dos coletas y una bolsa en sus manos.
—¡Feliz navidad, Gumi!— festejó a la vez que se lanzaba hacia mí y me abrazaba.
—Lo, lo mismo digo. Fe-feliz navidad, Miku— solté totalmente anonadada.
—Ah, cierto. Feliz navidad a usted también, Kamui-san— expresó soltándome y haciendo una ligera reverencia a Gakupo.
—Feliz navidad, Hatsune-san, pero no hace falta tanto formalismo. Por favor, no me trates de "usted" que me haces sentir como un viejo— argumentó riendo al mismo tiempo que se rascaba su cabeza.
—¿Está seguro?— preguntó Miku un tanto dudosa.
—Por supuesto. Sólo tengo veintidós años, no hay mucha diferencia de edad entre nosotros. Hasta podríamos ser hermanos— bromeó dulcemente.
—Está bien, a partir de ahora te trataré de "tú"—aceptó Miku ya más convencida dedicándole una sonrisa.
—"Conque veintidós. Es verdad, no nos llevamos muchos años"— pensé más detenidamente, hasta que me percaté de algo—. Por cierto Miku, ¿qué haces aquí a estas horas? ¿No deberías estar pasando navidad con tu familia?
—Debería, tal vez— río un poco nerviosa-. Pero les pedí permiso a mis padres para venir, no puedo dejarte sola en una situación así.
—¿Una situación así?
—¡Por supuesto! Hoy es la fiesta de navidad, ¿verdad? He venido aquí a ayudarte a que quedes como toda una princesa.
—Ustedes vayan subiendo. Y no te preocupes por los trastes sucios, ya los lavaré yo. Es lo mínimo que puedo hacer después de la gran cena que preparaste para mí— ofreció el peli morado antes de que yo pudiera replicar nada.
—Vamos, Gumi. Si no se nos hará tarde— me animó empujándome ligeramente hacia las escaleras—. ¡Gracias por tu ayuda, Kamui-san!— le gritó a Gakupo una vez estuvimos en el piso de arriba.
Entramos a mi habitación, la cual Miku comenzó a alabar cada rincón: el televisor plasma, el enorme armario lleno de una inmensa cantidad de ropa, la cama cubierta con las más delicadas y finas telas —a pesar de que le había pedido a Gakupo unas normales, ya que prefería esas—, y el baño privado que había allí, eran una de las pocas cosas que mi amiga comenzó a elogiar. Ver como recorría el cuarto de arriba abajo, mientras hacía las expresiones más graciosas, era algo sumamente divertido. Aunque ya me había imaginado que ella reaccionaría así. Ya que era, es y siempre será el tipo de chica que se sorprende con todo y se mantiene optimista ante cualquier situación. O por lo menos así la veo yo.
Una vez hubo finalizada la "inspección" de mi habitación, Miku comenzó a maquillarme de la forma más delicada y sutilmente posible; ya que según ella yo tenía la cara de un verdadero ángel y no necesitaba de nada más para embellecerme. Por eso sólo me pintó discretamente, de tal modo que casi ni se notase la presencia de esos cosméticos. Luego, agarrando el cepillo, inició un lento y suave vaivén sobre mi cabello, con la intención de arreglarlo perfectamente. Cada uno de los movimientos que hacía, me proporcionaban tanta calidez, tanta tranquilidad, que mi cuerpo se relajó por completo y me sumí en un letargo de completa paz. Cuando Miku me llamó indicándome que su trabajo ya estaba acabado, abrí mis ojos lentamente para después encontrarme con la imagen reflejada en el espejo en frente mío. No lo podía creer. Realmente era algo totalmente nuevo para mí lucir de esa manera, lo cual era raro teniendo cuenta mis dieciséis años de vida. ¡¿Cómo rayos Miku había logrado hacer semejante maravilla en tan sólo diez minutos?!
Ante mi expresión atónita, mi amiga sólo pudo formularme una pregunta.
—¿Qué tal? ¿Te gusta?
—¡Impresionante! ¡Miku, realmente eres una genio!
—No, no creo que sea para tanto. Si realmente fuese una genio, mis calificaciones no serían tan bajas— expresó esto último con pesar.
—¡De todas formas eres una genio! Bien, ahora me toca a mí. Es mi turno de arreglarte, Miku. Aunque creo que necesitaré de tu ayuda, porque no sé muy bien de estas cosas— lamenté tristemente.
Luego de dar una y mil vueltas tratando de arreglar a Miku, di el toque final colocándole una horquilla para sostener uno de los rebeldes mechones de su cabello. Dediqué una última mirada a la apariencia de aquella chica, para más tarde indicarle con mi dedo pulgar que había quedado perfecta; a pesar de que no lo hubiese conseguido sin las indicaciones de ella. Pero al menos no lo había hecho tan mal para ser mi primera vez manejando maquillajes y estilos de peinados tan complicados.
Guardamos rápidamente todos los utensilios que habíamos utilizado, y me dirigí al armario a sacar el vestido que Kaito había comprado para mí el día anterior, mientras que Miku extraía de una bolsa el suyo —cuyo color era de un turquesa que contrastaba muy bien con su tono de piel, ojos y cabello—. Al momento de cambiarnos de ropa, un aire tenso, aunque sólo un poco, llenó la habitación. Nuevamente tenía que pedirle a mi amiga que se diese la vuelta mientras yo me cambiaba, cosa que podría hacerla enojar, y con toda razón. Es que, ¿quién en su sano juicio no reaccionaría así si alguien le hace semejante solicitud sin siquiera darle una mínima explicación? Volteé lentamente para encontrarme con la mirada de Miku; no obstante, mis ojos se abrieron excesivamente de la sorpresa al encontrarme con la cálida y dulce sonrisa de esa chica, observándome con total comprensión. Para luego dedicarme un "Entiendo, te daré privacidad", a la vez que se giraba en dirección opuesta a mí. No se detectaba ni el más minúsculo rastro de burla, ira o resentimiento en su voz.
Nunca podría entender por qué ella era tan amable conmigo, realmente yo no merecía algo así. Su actitud hacia mí era algo que jamás llegaría a comprender. Encontrar a alguien como ella era un completo milagro… Pero al menos con esto me había dado cuenta de que había hecho la elección correcta al aceptarla como amiga. Aguantando y aceptando cada capricho mío, sin hacer ninguna pregunta ni pedirme explicación alguna por ello. De verdad podía depositar mi total confianza en esa muchacha. Algún día le mostraría aquellas marcas que cubrían y profanaban mi cuerpo, sólo que de momento no me encontraba lista para hacer semejante acto, por lo que esperaría a que el instante indicado se presentase.
Terminamos de cambiarnos con completa tranquilidad, y bajamos cuidadosamente por las escaleras —más yo al ser mi primera vez calzando zapatos de tacón alto—. Nos despedimos de Gakupo, quien nos estaba esperando en el recibidor, y abandonamos la vivienda. Ya estando en plena calle, me sorprendí al ver semejante limusina estacionada en frente de mi casa.
—¿Q-qué hace esto aquí?— cuestioné completamente anonadada.
—Ah, Kaito insistió en que la usáramos. Así que le pedí que primero pasara por mí poco después de media noche, debido a que tenía que atender unos asuntos contigo.
—E-entiendo— respondí un tanto cohibida—. "Otra vez Kaito con sus exageraciones. Primero el ramos de rosas, luego el vestido, ¡y ahora esto!".
—Aunque este no es el tema que más importa ahora— ante este comentario la miré extrañada, a lo cual ella prosiguió—. ¿Es que acaso no viste como Kamui-san te comía con la mirada cuando bajaste con ese vestido?— refutó como si fuese lo más normal del mundo.
—¡Pe-pero qué estás diciendo, Miku! Gakupo no me ve de esa forma, para él seguro que solo soy como la hermanita que nunca pudo tener. "Aunque, en realidad no sé si él tiene una hermana menor o no. Jamás hemos hablado de eso antes"— pensé para mis adentros.
—Hermanita mis narices. Es obvio que está interesado en ti, pero… ¿qué clase de relación hay entre ustedes? Porque si tienen conexión sanguínea, entonces mi teoría se iría por el retrete.
—Pues… no somos hermanos ni primos ni nada por el estilo, si es eso lo que insinúas. Sólo somos unos parientes lejanos.
—¡Entonces no hay razón alguna para que Kamui-san no esté interesado en ti!— concluyó la peli turquesa.
—Y-ya te he dicho que eso es imposible— contradije altaneramente.
Nuestra pequeña discusión se vio interrumpida al llamar mi atención otro vehículo estacionado frente a la casa de al lado, sólo que éste era un camión de mudanza. Al mismo tiempo, una ancianita salió de dicha vivienda.
Cierto, recientemente se hablaba de que la vecina "adivina", ya que se comentaba que podía predecir el futuro, iba a mudarse de residencia. Aunque sólo sería a un departamento situado a unas pocas manzanas de allí, debido a que ella decía que, como todos sus hijos ya se habían independizado, esa casa se le hacía muy grande para ella sola. La mirada de esa ancianita fija en mí hizo que despertara de mis cavilaciones.
—¿Q-qué es lo que se le ofrece?— me animé a preguntar al no haber reacción por su parte.
—Esta noche te espera una gran sorpresa— dicho esto se subió al camión, cerró la puerta, y el transporte comenzó a andar, dejándome con la palabra en la boca.
—¿Qué fue eso?— inquirió una Miku muy extrañada.
—N-no lo sé. Pero será mejor que nos apresuremos si no queremos llegar tarde a la fiesta.
—Sí, tienes razón— concordó la ojiturquesa.
Nos subimos a la limusina, en la que adentro se podía apreciar los carísimos y espaciosos asientos de cuero. Además de un pequeño refrigerador, que contenía agua, soda y vino. ¿Realmente Kaito usaba diariamente este tipo de transporte? Estaba segura de que debía de ser algo cómodo y práctico, aunque a mí me cansaría ese estilo de vida. Y parecía que Gakupo pensaba igual que yo, ya que él, a pesar de estar tan bien posicionado económicamente, no gozaba de ninguna limusina ni nada parecido. Aunque su auto último modelo no se salvaba de las miradas envidiosas de otros hombres.
Durante todo el camino, Miku siguió insistiendo y bromeando con que Gakupo me veía como algo más que una inquilina o hermana menor. Cosa que era más que imposible, y también impensable. Jamás de los jamases se me hubiese cruzado por la mente que aquel hombre me viese de esa forma, era algo que no cabía en mi cabeza. Y, pese a todos mis intentos porque Miku cambiase de opinión, la muchacha se mantuvo firme diciendo que algún día yo iba a ver que ella tenía razón.
El vehículo se estacionó en un lugar que, tal parecía, era un estacionamiento privado; debido a que, a pesar de haber otros tres autos más estacionados, no se veía a nadie ni nada más allí. Bajamos de la limusina, primero Miku y después yo, para encontrarnos cara a cara con dos criadas. Según ellas, Kaito las había enviado para que nos condujesen hasta el salón principal, que era el lugar donde se celebraría la fiesta. Entramos por la puerta principal, y subimos por dos gigantescas escaleras llegando, finalmente, a un cuarto cuyas dimensiones sobrepasaban excesivamente las de mi casa entera. La iluminación era perfecta, ni muy destellante ni muy opaca. Los colores de las paredes eran cálidos, transmitiendo cierta sensación de tranquilidad, armonía. Y, pese a haber miles de personas, aún se notaba que sobraba espacio en esa habitación. Mientras recorría con mi vista todos los detalles que habían allí, mis ojos se detuvieron en un punto fijo, encontrándome con la persona que estaba buscando. Él, al percatarse de mi presencia, giró sus orbes color esmeralda hacia mí, abriéndolos desmesuradamente cuando vio mi forma de vestir. Parecía que se había quedado sin palabras de lo sorprendido que estaba.
—Buenas noches, Gumiya. ¿Llegaste hace mucho?— lo saludé felizmente.
—N-no, sólo hace unos minutos— respondió con su mirada fija en mí. Percatándome de que estaba observando mi apariencia, no pude abstenerme de hacerle una pregunta.
—¿Y… qué opinas?— inquirí tímidamente agarrando de cada lado mi vestido.
—Te ves preciosa— esas solas palabras me dejaron helada, y mis mejillas se sonrojaron a más no poder. No pensé que iba a ser tan directo.
—Te dije que le gustaría a Gumiya— agregó Miku acercándose a nosotros acompañada de Kaito.
—Sí, es verdad— concordó el muchacho de cabellos azules—. Buenas noches, Gumi. Déjame decirte que te ves increíblemente bella hoy— me halagó a la vez que tomaba una de mis manos enguantadas y la llevaba a sus labios.
—G-gracias por el cumplido, Kaito— retribuí dudosa de ello.
—¡Viéndolo detenidamente, este salón es enorme! Tiene muchos decorados y posee ese aire a elegancia que siempre te envuelve, Kaito. ¿Te molestaría darme una vuelta por el lugar?— solicitó la ojiturquesa muy entusiasmada.
—Bu-bueno, si me lo pones así, jamás podría negarme— aceptó con un cierto tono de arrogancia.
—Entonces que no se diga más. Vamos— agarró del brazo a Kaito, y comenzó a guiarlo hacia una parte del salón, no sin antes pasar por mi lado, susurrándome algo—. Yo lo entretendré por un rato, tú aprovecha y habla con Gumiya— finalizó guiñándome un ojo.
Próximamente vi cómo su silueta se perdía entre la multitud. No comprendía cómo ella lograba comprenderme a la perfección, cómo conocía qué es lo que yo quería hacer y en qué momento exactamente. Esto me demostraba que podría contar con esa chica para lo que sea, y ella siempre me apoyaría. Si anteriormente, durante la Grecia antigua, las dos hubiésemos sido condenadas a muerte y encerradas en una arena de combate —anfiteatro— con un león hambriento, tenía la certeza de que mi amiga no me abandonaría por nada del mundo. Buscaría una forma de mantenernos a ambas a salvo, o incluso ella misma se sacrificaría.
Me acerqué tímidamente a Gumiya para poder iniciar una conversación otra vez, pero antes de nada, él se me adelantó y habló primero.
—¿Qué dices si vamos a buscar algo de beber?
—Sí, me parece perfecto.
Nos dirigimos hacia una de las tantas mesas en donde había una abundancia y variedad de exquisitos platillos. Estaba rodeada de muchas personas que, a pesar de su elegancia y fineza, se notaba con creses que se morían por probar dichos alimentos. Al llegar al lugar, como todo un caballero, Gumiya primero agarró una lata de jugo para mí, y luego tomó una para él.
—Este tipo de fiesta no van conmigo, no son para nada mi estilo— indicó mientras se relajaba apoyándose en el borde de la mesa.
—El mío tampoco, pero entonces, ¿por qué has decidido venir?— indagué un tanto extrañada.
—Hablaba en serio cuando decía que ni en sueños te dejaría sola con Shion. Nunca se sabe qué puede hacer ese tipo de chicos, y si te soy sincero, no tengo confianza en él.
—Sí que eres muy celoso— comenté riendo.
—¡¿Ce-celoso?!— exclamó sorprendido, aunque luego lo reconoció—. Bueno, es verdad que estoy celoso, ¡pero no es algo para que te rías!
—Lo siento, lo siento— me disculpé dejando escapar una última risa y limpiándome algunas lágrimas que se me habían escapado—. Es que… es algo gracioso. Eres como el hermano mayor sobreprotector que reacciona ante cualquier chico que se me acerque.
—Con que hermano, ¿eh?
—Sí, ¿sucede algo con eso? Te ves algo decepcionado.
—No, no. Para nada— se excusó rápidamente.
—Eh~, ¿será que mi Onii-chan quiere que su querida hermanita le dé un abrazo para animarlo?— me burlé acercándome "peligrosamente" a él.
—¡To-tonta! No digas y hagas esas cosas en un lugar como este— ante su forma de actuar, no pude contener una pequeña risa a la vez que le decía "sólo bromeaba"—. Por cierto, antes dijiste que tú tampoco querías venir. Entonces, ¿por qué viniste?— cambió rápidamente de tema.
Ante su repentina pregunta, sólo atiné a quedarme callada y mirarlo sorprendida por unos segundos. Mas luego de pensarlo detenidamente, creí tener una respuesta a eso.
—Bueno, en sí yo no quería venir aquí porque no me gustan este tipo de fiestas ni esta clase de entornos. Creo que no estoy hecha para ello, soy una chica con gustos muy simples para destacar en estas cosas— bromeé un poco para luego poner un semblante más serio—. Sin embargo… quiero pasar más tiempo con ustedes, y crear hermosos recuerdos de todo lo que suceda esta noche. Deseo poder grabar en mi memoria cada una de las sonrisas, palabras y gestos que me muestren en estos momentos. Llegar a conocerlos mejor también es una de mis ambiciones, aunque ya vi lo suficiente como para saber las maravillosas personas que son— concluí con una sonrisa.
—Gumi… tú también eres una persona gentil, además dulce y tierna— me alagó amablemente, a lo que yo le respondí transmitiéndole mi gratitud con mis ojos—. Mira, ahí van Miku y Shion— me indicó con el dedo.
—Sí, parece que se llevan bien— declaré viendo lo animados que se veían al hablar, después, al parecer, Kaito invitó a Miku a bailar.
Gumiya y yo seguimos hablando de lo más contentos por un par de minutos más. Era algo divertido descubrir más cosas el uno del otro, al igual que el hecho de que nunca se nos acabasen los temas de conversación. Podíamos platicar tranquilamente horas y horas sin parar, aunque por desgracia sólo faltaban dos horas para que terminase la fiesta. ¡Cielos! El tiempo sí que se pasaba volando. Esto significaba que yo debía poner en marcha mi plan, y comentarle a Gumiya sobre mi deseo de seguir viéndolo durante las vacaciones. Lo llamé a su nombre a la vez que él llamaba al mío, reímos por el hecho de haber hablado ambos al mismo tiempo, entonces le concedí la palabra. Pero antes de que él pudiese decir algo, Kaito llegó interrumpiéndolo y sacándome a bailar, sin siquiera haberme dejado replicar.
POV Gumiya:
Vi cómo Gumi era alejada de mí por ese monstruo de cabellos azules, mientras que ella estaba completamente estupefacta, sin siquiera saber de qué forma reaccionar. Tonto Shion, por culpa de él mi invitación se había ido volando muy lejos, y eso que yo era el primero que quería sacar a bailar a Gumi. Desde que la había visto por primera vez esa noche, entre todo el tumulto de gente, no pude evitar querer hacerlo. Sentirla entre mis brazos, abrazarla dócilmente, acariciar cada hebra de su hermoso cabello; al parecer, se me había hecho costumbre envolver a Gumi con mis brazos, pero era inevitable no querer tener ese suave, bello, delicado y angelical cuerpo junto al mío.
Aunque, por culpa de Shion, el que disfrutaba de esa agradable sensación en esos momentos no era yo. Y lo peor fue que lo único que podía hacer era observar cómo otro sujeto me arrebataba lo que me pertenecía por derecho… Un momento, ¡¿lo que me pertenecía?! ¿Desde cuándo Gumi era de mi posesión? Santo dios, tenía que dejar de pensar cosas que no eran.
Después de que la pieza de baile terminase, tuve la intención de querer acercarme a Gumi de nuevo, para que esta vez fuese yo el que estuviese con ella, y que ningún otro chico se metiese en mi camino. No obstante, mis planes se vieron interrumpidos cuando, a lo lejos, pude apreciar cómo Shion "escoltaba" a la muchacha de cabellos verdes hacia el inmenso balcón que había fuera de la ventana. Demonios, ese sujeto no se daba por vencido para nada. Era como un maldito chicle que queda pegado en el zapato, y que, por más que uno lo intenta, no se puede despegar.
Seguí observándolos por un tiempo, pero la escena que vi en esos momentos fue la gota que rebasó el vaso. Eso no podía estar pasando, seguro era una broma que mis ojos me estaban jugando. O tal vez el vidrio que nos separaba estaba tan empañado y sucio que me mostraba una imagen que no era, o a lo mejor… a lo mejor… ¡Maldición! Esto no era una broma ni una ilusión, era la realidad. Ante mí, pese que odiase esa escena con toda mi alma, se encontraba Shion besando a la chica que me hubiese gustado que estuviese conmigo en esos instantes. Después de un tiempo, aquel sujetó, mientras la seguía besando, la llevó a un rincón del balcón que se encontraba fuera de mi campo de visión. Sólo fueron unos pocos segundos, pero bastaron para hacerme enfurecer por completo. Aunque no quedaría bien que armara una pelea en un lugar como ese, así que me contuve; pero mi mayor razón, para aguantarme las ganas de darle un puñetazo a Shion, fue la vergüenza que experimentaría Gumi si yo iniciaba un pleito.
Sentía mi garganta seca de tanta rabia que había reprimido, por lo que no lo pensé dos veces y tomé la primera lata que había en la pequeña heladera portátil al lado de la mesa —ya que a los jóvenes nos habían comprado unas bebidas "más saludables" por separado—. Bebí una, dos, tres… Bueno, todas las que necesité para calmar mi ira.
POV Gumi
Antes de que pudiese reaccionar o decir cualquier cosa, Kaito ya me había arrastrado hacia la pista de baile. Sus movimientos fueron algo bruscos, pero aún así logró sostenerme de la cintura y tomarme una mano, a la vez que una nueva música daba inicio en el salón. Comenzó con pasos lentos, aunque cada tanto sentía cómo su cuerpo se tambaleaba. Eso me pareció un tanto extraño; no obstante, no quise preguntar nada debido a que sería muy desubicado de mi parte hacer eso. En un momento, cuando la canción estaba llegando a la pieza más culminante, Kaito acercó sus labios a m oído.
—Al fin estamos solos— susurró suavemente.
—Sí, pero sólo ha sido porque tú, prácticamente, me has obligado a venir hasta aquí. Además, no sé si habrás notado a la gran cantidad de personas que nos rodean.
—Eso no importa, sólo son pequeños detalles— esto último me lo dijo a pocos centímetros de mi cara y con una sonrisa de oreja a oreja, lo cual me permitió percibir cierto extraño aroma.
—Hueles a alcohol, ¿acaso has estado tomando?— le pregunté curiosa.
—Sólo fueron un par de latas de cerveza, no es nada. Los chicos y chicas siempre meten a escondidas unas pocas bebidas para que podamos disfrutarlas, sino esta fiesta sería completamente aburrida. Tan deprimente como si estuviésemos en un cementerio— se explicó el peli azul.
—Esa no es excusa, no deberías tomar esas cosas. Por lo menos no ahora. Mira, ya hasta pareces borracho— agregué aludiendo a su extraño comportamiento anterior.
Sin embargo, no obtuve respuesta alguna. Apenas terminó la canción, Kaito tomó mi mano y me guió directo hacia el balcón. Era muy grande y espacioso, estaba adornado con diversas flores que desprendían un aroma encantador. A cada lado se podían apreciar dos bancos de mármol puro, y la luz de la luna daba el toque perfecto para que pareciese la escena de una película romántico, bañando con su resplandor aquel hermoso lugar. "Aunque me gustaría que Gumiya fuese el que estuviese conmigo", esa frase resonó en mi cabeza, y no logré evitar sonrojarme ante eso. ¿Pero qué cosas estaba imaginando? Qué vergüenza, pensar ese tipo de cosas cuando estaba en una situación así. Sacudí mi cabeza, intentando alejar ese sentimiento de mi mente, y miré a Kaito.
—¿Para qué me has traído aquí?— cuestioné dudosa.
—¿No es obvio? Quería pasar un tiempo a solas contigo. Era difícil hacer eso teniendo a tanta gente alrededor, así que pensé que este lugar sería mucho mejor. ¿Te gusta?
—Eso no importa— ignoré su interés.
—Ya sé que lo dije antes, pero luces bellísima esta noche— me aduló a la vez que se acercaba a mí y posaba ambas manos a cada lado de mi rostro. Se lo permití, pero aún así mantuve mi mirada firme, y me animé a formular una pregunta que había estado rondando en mi cabeza por mucho tiempo.
—Tengo algo que cuestionarte, ¿te molesta si lo hago?
—Para nada. Eres libre de hacerlo.
—Agradezco que te hayas tomado tantas molestias para reencontrarte conmigo— indiqué haciendo referencia al cambio de instituto—, pero hay algo que me parece extraño. Aunque hayas arreglado todo para acabar en la misma escuela y salón que yo, es raro que todo eso te haya tomado tres meses, más aún teniendo en cuenta que tú mismo dijiste que tu padre te prestó contactos para lograr tu cometido. Es demasiado tiempo, ¿por qué tardaste tanto en hacer eso?— alegué sin titubear, a lo que él permaneció callado por unos segundos.
—Bueno, eso es algo complicado. Al principio nunca te hubiese confiado esto, pero lo haré sólo porque, ahora, realmente has logrado captar mi atención. Eres una chica bastante peculiar, Megpoid Gumi— me miró por unos instantes, hasta que por fin se decidió a hablar—. Mi padre y yo no tenemos una "buena relación" que digamos. No somos ese tipo de familias. Desde que tengo uso de razón, él siempre está trabajando y queriendo que todo sea perfecto. Nunca logramos establecer el lazo de padre e hijo que todos tienen, o por lo menos la mayoría. Se preocupa más por su trabajo que por mi madre y yo. Por consiguiente, todos los días pelean, ya sea por razones económicas o, anteriormente, por quién tenía que ir a las reuniones de padres; a lo que los dos se excusaban diciendo que ese día estaban ocupados por el trabajo. Siempre hay un motivo para discutir entre ellos. Incluso yo una vez, cuando tenía 16 años, me peleé con mi padre. Se molestó conmigo porque el profesor lo llamó diciendo que mis calificaciones habían bajado sólo un poco. Debido a esa pelea, estuve el resto de ese año sin ir al instituto… y sin dirigirle la palabra a él. Pero tenía que dejar todo eso, no podía pasarme toda mi vida encerrado en mi habitación, ¿no?— bromeó riendo un poco, aunque yo sabía que sólo lo hacía para aligerar el ambiente—. Regresé al instituto; no obstante, por tener demasiadas inasistencias, el director me obligó a repetir el curso. Nuevos compañeros, todos murmurando sobre cómo el estudiante de honor había repetido el año sólo por haber faltado. Así transcurrieron los meses… hasta que te conocí. Admito que al principio sólo me sentí atraído hacia ti porque fuiste la primera en rechazarme, pero después de la primera vez que te vi, algo dentro de mí me dijo que me arrepentiría si no me acercaba a ti. Estuve durante dos meses debatiéndome entre si ignorar esa sensación o dejar de lado el hecho de que me negaba rotundamente a hablar con mi padre, y pedirle su ayuda. Finalmente, opté por la segunda opción. Aunque él se demoró un mes en aceptar mi petición— concluyó con otra sonrisa que, yo bien sabía, era falsa.
—Kaito…— pronuncié, esta vez con una expresión de empatía.
—Fue una explicación algo larga, espero no haberte aburrido— comentó riéndose.
—No lo hiciste— dije con una voz apenas audible, mirando hacia abajo.
—Gumi…— me llamó Kaito.
Levanté mi rostro lentamente, aún sorprendida por todo lo que me había confesado Kaito. Entonces sentí como, nuevamente, las manos del muchacho me sujetaban de las mejillas; y sus labios se apoyaban sobre los míos. Me había agarrado con la guardia baja, estaba tan absorta por todo lo anterior, que había olvidado lo "peligroso" que era Kaito. Por una fracción de milisegundos, permanecí quieta como una piedra. Mas luego reaccioné e intenté empujar al peli azul lejos de mí… O por lo menos eso quise hacer, hasta que sentí cómo todo el peso de su cuerpo estaba sobre mí. No pude resistir más, la gravedad de sus músculos era demasiada. Sólo acerté a ver cómo Kaito caía, aún besándome, completamente sobre mí. Por suerte, en vez de desplomarnos en el suelo, una de las bancas de mármol amortiguó nuestro tropiezo. Cayendo yo sentada en ella y el chico encima mío. Aparté al joven lejos de mí, para luego descubrir que se había quedado dormido… ¡Tonto Kaito! Eso le pasaba por haber bebido de más. Encima, ¿qué clase de chico se desmaya en medio de un beso? Dios, sí que no tenía remedio.
Lo recosté en la banca e iba a entrar a buscar ayuda, hasta que una Miku muy alarmada vino corriendo hacia mí.
—Gumi, hay… problemas— soltó un tanto agitada.
—Cálmate, Miku. Respira hondo y entonces me cuentas qué pasa— la tranquilicé, a lo cual me hizo caso.
—Es que… al parecer hubo un error.
—¿Un error?
—Sí, así es. Supongo que ya sabrás que los chicos metieron a escondidas bebidas alcohólicas, ¿no?
—Sí. Como verás, aquí ya tienes un caso— concordé señalando al profundamente dormido Kaito. Miku se quedó viéndolo por unos momentos, hasta que decidió seguir hablando.
—El problema es que los chicos me acaban de informar que, sin querer, mezclaron los dos "tipos" de bebidas había. O sea que las cervezas estaban en la misma heladera que las latas de jugo. ¡Y hace una media hora que Gumiya está tomando lata tras lata sin parar! Él no sabía que eso era cerveza, lo bebió inconscientemente— dio una pequeña pausa, y esto último lo dijo con mucho pesar a la vez que agachaba un poco su cabeza en arrepentimiento—. No obstante, cuando recién le quise avisar de todo… me di cuenta de que era demasiado tarde. Gumiya está completamente borracho.
—Está bien. No te preocupes, yo me encargo de él. Te dejo a Kaito bajo tu cuidado— dicho esto salí disparada hacia el salón, no sin antes oír un último grito por parte de Miku.
—¡E-espera, Gumi! ¡¿Qué se supone que haga…?!
Mis oídos ya no captaron ni una palabra más. Mi mente estaba completamente concentrada en la condición del peli verde. Entre a la habitación y lo busqué una u otra vez entre la multitud de personas, mas no lo encontré en ningún lado. Y el hecho de que se me acercasen algunos chicos, cada tanto, no me ayudaba en nada. Eso sólo me estorbaba aún más. Había intentado alejarlos con palabras simples y amables, sin faltarles el respeto, pero éste ya era el décimo que se me insinuaba, y lo que decía no era para nada agradable. Por lo que, de una forma más determinada, lo empujé y le grité que me dejase en paz.
Recorrí, otra vez, el salón de pies a cabeza, sin rastros del joven que tanto quería ver. Pregunté a las diferentes personas que había allí, pero todas dijeron lo mismo, ninguno de ellos sabía nada de él. Ya más calmada, salí al jardín de la casa para encontrarme a un Gumiya totalmente borracho y con una sonrisa de oreja a oreja, sosteniendo una pequeña lata de cerveza en su mano derecha. Al percatarse de mi presencia, volteó a verme mientras soltaba una pequeña risa.
—¡Gumi, qué…hip… alegría…hip… verte!— me recibió hipando.
—Dios mío, no puedo creer que hayas sido tan tonto como para haber confundido las bebidas.
—No sé de qué hablas— contestó indignado.
—No importa. Ven, vamos a casa— ordené soltando un pequeño suspiro.
Con mi celular, llamé a un taxi para que viniese a recogernos, el cual dijo que llegaría en unos pocos minutos. Me acerqué a Gumiya y lo ayudé a levantarse, apoyando su brazo izquierdo en mis hombros para que así no se cayese al caminar. Sin entrar a la casa, nos dirigimos hacia la entrada, pasando a través de muchos arbustos y árboles. No quería que la gente viese a Gumiya así, y no era porque me diese vergüenza, en absoluto. Si no, debido a que no quería que le dijesen cosas feas ni lo criticasen, ya que si eso llegaba a pasar, yo no respondería a mis actos y terminaría armando una pelea.
El taxi llegó, tal y como había dicho, unos pocos minutos después de la llamada. Gumiya y yo subimos al vehículo y, a duras penas, él le dijo su dirección al conductor. El chico apoyó, cansado, su cabeza en mi hombro y se relajó profundamente, aunque no llegó a dormirse. Mientras, yo aproveché para quitarle las ramas y hojas que habían quedado atoradas en su cabello y esmoquin, luego hice lo mismo conmigo. Pasamos todo el viaje en silencio, lo cual fue totalmente cómodo. Con todo lo que había sucedido en el día, necesitaba un tiempo para tranquilizarme. Por consiguiente, decidí dejar mi mente en blanco, no quería recordar nada; ni la extraña sensación de deja vu que había experimentado antes ni el beso que me había dado Kaito ni otra cosa.
El vehículo se estacionó en la entrada de la casa de Gumiya y, con mi ayuda, Gumiya y yo bajamos del auto. Le pagué el recorrido que nos había hecho el taxista, pidiéndole que me esperase un rato; sólo entraría un momento a la casa y saldría en un par de minutos. El hombre me contestó que así lo haría, pero que si yo llegaba a tardar más de quince minutos él se iría. Acepté, de todas formas sólo era una ida y vuelta.
Entré a la casa con Gumiya sosteniéndose de mis hombros, me indicó dónde se encontraba su habitación, y nos dirigimos hacia allá. Durante el camino, no pude contener mi curiosidad, e inspeccioné las habitaciones minuciosamente. Parecía ser una casa común y corriente, no tenía nada de diferente. A excepción de que estaba muy limpia, y los pequeños adornos de navidad, junto con el árbol, quedaban muy bien. Me extrañó no escuchar ningún ruido, ni que nadie nos hubiese venido a recibir. ¿Acaso Gumiya vivía sólo? No, eso no era posible. Porque allí había varias cosas de mujer a la vista, de una mujer adulta, para ser más concreta. Seguramente serían de su madre.
Luego de subir cuidadosamente las escaleras, llegamos a la recámara, y dejé que Gumiya se sentase sobre su cama.
—Listo, ¿ya te encuentras mejor?
—¡Me siento…hip… de maravilla!— respondió completamente entusiasmado.
—Sigues borracho. Será mejor que bebas un poco de agua y te recuestes. Bien, ya tengo que irme, el taxi no me esperará por siempre— bromeé dirigiéndome a la puerta de la habitación.
—Espera…— me detuvo agarrando mi mano izquierda.
—¿Qué sucede?— inquirí extrañada.
—¿Por qué…besaste a Shion?— cuestionó poniendo una voz seria.
Me quedé en silencio por unos segundos. Gumiya nos había visto, aunque no era de extrañar teniendo en cuenta que la ventana no poseía cortinas. Es más, seguramente otras personas también nos habían descubierto. ¿Miku era una de ellas? O lo que es peor, ¿el padre de Kaito lo había presenciado todo? ¿Gumiya estaba enojado conmigo, ó con el peli azul? ¿Cómo reaccionaría? ¿Me perdonaría, me creería? Miles de preguntas se formaron en mi mente, sin ninguna respuesta a ellas. Todo lo que pude hacer en esos momentos fue darme la vuelta lentamente para ver un poco nerviosa al chico que tenía en frente.
—¿De…de qué estás hablando, Gumiya? Lo más probable es que te hayas imaginado cosas— quise negarlo.
—¡No me mientas!— me espetó enojado a la vez que tiraba de mi brazo, atrayéndome hacia la cama.
—¡Kyaaaa!— fue lo único que salió de mis labios al chocar contra el colchón. Abrí lentamente mis ojos, y lo único que pude ver fue la figura del joven encima de mí, posicionando ambos brazos a cada lado para no aplastarme por completo.
—Yo… acepto el hecho de que estaba y estoy borracho. Pero no te atrevas a decir que imagino cosas, porque incluso yo me quise engañar a mí mismo con esa tonta excusa— expresó aún más serio.
—Gumiya...
—No me agrada para nada que él te haya tocado. Prometí que no permitiría que te pusiese un sólo dedo encima, y no lo cumplí… Lo mínimo que puedo hacer ahora es quitarte el sabor que te dejó ese sujeto.
—¿Eh? ¿Qué quieres de…?
Mas no pude completar la frase. Antes de que pudiese darme cuenta, Gumiya posó bruscamente sus labios contra los míos. Mi mente quedó en blanco, y mis músculos se tensaron, a la vez que mis ojos se abrían extremadamente. ¿Qué era esto? ¿Cuándo había llegado a mi casa y me había acostado en mi cama? Porque esto no podía ser más que un sueño, y uno extraño si me permiten decirlo. Aunque ni en mis más remotas fantasías había imaginado algo como esto, era algo imposible. El simple hecho de recordar todas las veces que él me había abrazado lograba ponerme roja como un tomate. Entonces, ¿por qué demonios estaba soñando esto?
Al sentir cómo su lengua se introducía lenta pero violentamente dentro de mi boca, por fin mi cuerpo pudo reaccionar. Intenté empujarlo levemente, pero su fuerza superaba a la mía con creces. No sabía que él poseía tanta resistencia, ya que todas las veces que lo había golpeado ni siquiera se había molestado en defenderse. Sin embargo, yo no me daría por vencida tan fácilmente. No, señor. Aunque fuese lo último que hiciese, detendría ese beso… O por lo menos esa era mi intención, debido a que, entre más me imponía, más se enredaban nuestras lenguas. Finalmente, a causa de la falta de aire, Gumiya se separó de mí.
—De…detente… Gumiya. En realidad, tú… no quieres… hacer esto— expuse jadeante.
—¿Y cómo sabes… eso? Si no lo… quisiera, no lo hubiese hecho en primer lugar— se excusó con la respiración más calmada.
—Mentira, sólo estás perdiendo el control debido a tu borrachera.
—Oye, no digas esas cosas. ¿O es que acaso no sabes que cuando alguien se pone borracho tiende a ser más sincero con sus pensamientos y sentimientos?
—…— dudé un momento—. Sí, pero, ¿qué harás si alguien nos encuentra así?
—En esta casa sólo vivimos mi madre y yo, y ella ha salido a una fiesta con sus amigas. Lo más probable es que no regrese hasta la mañana.
—Sí, pero… pero…
Suspiró cansado ante mis réplicas.
—Veo que te mantendrás escéptica a todo lo que diga… Excepto a esto: Quiero como recompensa tus labios… Déjame besarte, Gumi— reclamó mirándome fijamente.
"Siento que tengas que hacer esto por mí, Gumi. Pero un trato es un trato. Espero mi recompensa con ansias. No te olvides que puedo pedir lo que quiera". La frase que Gumiya me había dicho esa mañana resonó en mi cabeza.
—De-debes estar bromeando.
—Por supuesto que no— respondió besándome ligeramente—. Tú accediste a esto, así que debes atenerte a las consecuencias— concluyó divertido.
Nuevamente volvió a juntar nuestros labios, sólo que esta vez, no opuse resistencia alguna. Él tenía razón, yo había aceptado ese acuerdo, por lo que ahora tendría que soportar todo esto. Aunque… no es que me hubiese desagradado en absoluto, sólo que me había parecido algo extraño. Había sido tan repentino que apenas sí había podido reaccionar, y el hecho de que hubiese sido tan brusco me había asustado un poco. No obstante, se trataba Gumiya, podía confiar en él. No entendía por qué me hacía semejante petición, pero si era él, supuse que no habría problema.
El beso se hizo más profundo cuando, otra vez, él insertó su lengua dentro de mi boca. La diferencia fue que, en esta ocasión, lo hizo de una manera más delicada y suave. Comenzó a recorrer, poco a poco, cada rincón de ella; provocando que mi cuerpo se estremeciera levemente. Jugó con mi lengua, con movimientos lentos, pero desesperados. Permitiéndome así saborear el gusto a alcohol impregnado en la suya, aunque era diferente al que había percibido con Kaito. En el beso que me estaba dando Gumiya, también podía experimentar cierta sensación dulce y deliciosa, que se hacía cada vez más y más adictiva. Sus manos recorrieron mis muslos, subiendo lánguidamente por mis caderas hasta llegar a mi cuello y por último mis mejillas, las cuales acarició con sus pulgares.
Me animé a participar yo también, y correspondí su beso moviendo mi lengua en conjunto a la suya, iniciando una pelea por la que nos debatíamos quien ganaría. Al principio, mis manos estaban sujetas de las sábanas, pero sentí una necesidad de acariciar los cabellos de Gumiya con ellas. Así que, sin dudarlo, las posicioné alrededor de su cuello y comencé a mimar cada hebra detrás de su nuca, todo eso sin abandonar sus labios; aunque no tardamos en separarnos debido a la falta de oxígeno. Aún así el joven, al instante, volvió a atacar mis labios, de una forma mucho más intensa que la anterior. Sus manos también comenzaron a acariciar mis cabellos, desarmando completamente el peinado que Miku me había hecho hacía unas horas atrás.
Sentía cómo la temperatura de mi cuerpo iba aumentando cada vez más y más, y al tocar el rostro del muchacho, pude saber que a él le pasaba exactamente lo mismo. Seguimos debatiéndonos con nuestras lenguas hasta que por fin, debido al cansancio, caí rendida ante él, lo cual convirtió a Gumiya en el ganador. Volvió a jugar con mi inmóvil lengua, saboreando cada extremidad de ella; la acarició lentamente, la succionó y finalmente la mordió ligeramente. Luego volvió a inspeccionar mi boca, sólo que esta vez de manera más minuciosa, como disfrutando cada pequeño recoveco de ella. Dirigió sus manos hacia las mías, que aún se encontraban detrás de su nuca, y entrelazó nuestros dedos; acomodándolas a cada lado de mi cabeza. Cuando nuevamente se nos acabó el aire, Gumiya rompió el beso de nuevo, no sin antes morder levemente mi labio inferior. Nos observamos por unos segundos, en los que traté, en vano, de leer su mirada.
—Gumi…— pronunció mi nombre con una sonrisa en su rostro.
—Gumiya…— emití completamente sonrojada, desviando mi mirada hacia un costado debido a la vergüenza que me llenaba en esos momentos.
Percibí cómo el muchacho se acercaba nuevamente hacia mí y, pensando que iba a volver a besarme, cerré mis ojos y le entregué mis labios a su entera disposición. No obstante, el beso nunca llegó. Lo único que pude sentir fue el peso de un cuerpo caer sobre el mío. Abrí mis párpados para ver qué era lo que había sucedido, y todo para encontrarme a un Gumiya completamente dormido encima de mí… ¡¿Qué acaso a todos los chicos se les estaba haciendo costumbre dormirse a mitad de un beso?! Esto era indignante. Pero qué se le iba a hacer, él estaba borracho desde hacía un buen rato, era de esperarse que acabara así; y más aún después de haber gastado sus últimas energías conmigo.
Me deslicé suavemente de los brazos del muchacho, procurando no despertarlo ni incomodarlo, y una vez estuve de pie, comencé a acomodarlo para que pudiese dormir plácidamente en la cama. Su rostro se veía tan inocente de esa forma, que parecía un pequeño bebé tomando su siesta. Reí ante ese pensamiento. Posteriormente me acerqué a Gumiya dándole un beso en la frente y susurrarle dulcemente un "buenas noches" antes de abandonar la habitación.
Al cerrar la puerta, recordé las palabras del taxista. "Quince minutos". Miré la hora y me di cuenta de que Gumiya y yo habíamos estado en ese cuarto durante una hora. ¡Pero qué rápido se había pasado el tiempo! Con la esperanza de que el conductor siguiese aguardándome, salí disparada hacia abajo, tan rápido que casi caí de las escaleras. No obstante, al salir de la casa, pude notar que la calle estaba completamente vacía; y, por más que busqué, no hallé rastros del vehículo.
—"Dios, ¿qué clase de cosas se habrá imaginado ese hombre al no verme regresar? Bueno, aunque puede que haya sido mejor así, ya que no creo que mi apariencia hubiese sido la más presentable".
Mi cabello, como anteriormente dije, estaba totalmente despeinado; mis mejillas parecían que iban a explotar de lo rojas que estaban, incluso podrían haberse comparado con un tomate; mis labios estaban extremadamente hinchados, a causa de los fogosos besos que me había propiciado Gumiya; y mi vestido estaba arrugado, maltratado y desalineado. Tal vez lo mejor era arreglarme un poco antes de llamar a un nuevo vehículo. Aunque, en realidad, lo que más me preocupaba en esos momentos era cómo miraría a la cara al peli verde después de todo lo que había sucedido esa noche. Intentando alejar ese pensamiento de mi mente, me acomodé mi cabello y el vestido para luego marcar el número de la compañía de taxis.
¿Y bien? ¿Qué les pareció el capítulo? Les dije que habría más amor en un futuro muy cercano e.e Y lo prometido es deuda, espero que les haya gustado, porque no sé por qué a mí no me convenció del todo cuando lo subí xD. Pero el hecho de que hubo una escena un tanto FUERTE entre nuestros protagonistas, NO QUIERE DECIR QUE ESTA HISTORIA ESTÁ POR TERMINAR. Es más, ni siquiera va por la mitad xD. Por cierto, hubo muchas razones por las cuales no escribí durante estos mese. Una de ellas es que ya estaba finalizando el curso escolar, y este era mi último año como estudiante de secundaria, ya que el año que viene seré una universitaria (nótese que me da un poquito de miedo porque el 90% de los alumnos son chicos TwT). Quise concentrarme en mis estudios y en pasar mis últimos meses con mis amigas, ya que no nos vamos a ver tan seguido como antes. También tuve problemas amorosos: por una parte, un chico se me confesó, y a pesar de que lo rechacé más de una vez (no porque sea mala, es que no me parece bien darle falsas esperanzas a alguien cuando no te gusta), él siguió siendo muy persistente, y cada vez que yo le decía que no me sentía muy mal por él; por el otro lado, a mí me gustaba y gusta un chico desde hace dos años, sólo que como una tonta me engañé diciéndome a mí misma que sólo era mi imaginación xD. Y cuando por fin me di cuenta de que me gustaba me quise confesar, sólo que por vergüenza no lo hacía -.- Así que tenía miedo de terminar como Gumi en "Sakurairo Time Capsule" o "Hatsukoi no Ehon" TwT. Entonces el día de la graduación, por fin me determiné a decirle todo... ¿Quieren saber cómo me fue? ¿Fui rechazada? ¿Me correspondieron? ¿Escapé en el último momento? Pues déjenme decirles que ninguna de esas es correcta xD. Ya que lo que pasó fue que, cada vez que me acerqué para hablarle o estábamos a solas, alguien venía a interrumpirnos. Así fue hasta que terminó la ceremonia, y antes de que pudiese darme cuenta él ya se había ido a casa. Bueno... supongo que este es mi castigo por haber rechazado, y por ende lastimado, a tantos chicos TwT. Luego llegaron las fiestas (compras, cocinar comida, decorar la casa, etc.), y con esto, quise darles este capítulo como regalo de mi parte para ustedes... E iba a terminarlo el 26, sólo me faltaban un par de párrafos... Con lo que no conté, es que me terminase quemando TRES dedos con la sartén mientras preparaba la cena xD. No pude dormir hasta las cinco y media de la mañana :'D. Así que tuve que escribir el resto del capítulo, y esto, con una sola mano. Además de que todo esto ya lo había escrito ayer en la noche... sólo que parece que no se guardó y se borró todo.
Bueno, ahora mi parte favorita. A contestar reviews :D
Aclaro que acabo de descubrir que los comentarios se pueden contestar por privado, así que a partir de ahora lo voy a hacer así. Para que nadie más pueda leer en el caso de que una persona me pida spoiler xD. Excepto por el usuario pato262, a quien le voy a contestar por acá, ya que, por lo que veo, no tiene cuenta en fanfiction.
pato262: Oh, una proposición de matrimonio. Esto es muy repentino, pero lamento informarte que... soy menor de edad y por lo tanto no puedo casarme (? Jaja, gracias por alagarme tanto, de en serio. Tus comentarios hasta me hicieron sonrojar, aunque no creo ser tan buena como vos decís. Aún me flata un largo camino por recorrer hasta poder llegar a donde quiero. Pero ojalá en un futuro logre escribir una libro xD. No obstante, preferiría que no me ataras a una silla, eso sería un poco incómodo D: (?. Oh, parece que ya me conseguí un acosador personal xD, y supongo que si ves mientras duermo, sabrás que soy de las que llora mucho cuando tiene pesadillas, cosa que me ha pasado mucho últimamente xD. Y no te preocupe que no planeo dejar esta historia por nada del mundo, podré ser muy lenta actualizando, pero de que la voy a terminar la voy a terminar.
Ahora, gracias a cada una de las personas que siguen esta historia, no sé cómo pueden aguantar a una escritora que publica tan esporádicamente como yo. Simplemente no sé cómo agradecerles por tanto apoyo y paciencia. Espero que en el futuro sigan conmigo. Ustedes son los que me impulsan para continuar esta historia, en serio. Bueno, con esto me despido. Shulia13 se va! *-*/
P/D: ¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS! Lo pongo por adelantado por si las dudas xD
