Disclaimer: Full Metal Alchemist y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Hiromu Arakawa; éste texto tiene fines exclusivamente de entretenimiento y ningún fin de lucro.

Capítulo 7

La última vez

Después del funeral del Sr. Hawkeye, Roy y la rubia se dirigieron de regreso a la casa. Riza quería que el camino se volviera eterno pues sabía que la partida del militar era inminente; ahora sí se quedaría completamente sola ya sin un padre a quien cuidar y sin un Roy a quien amar. A pesar de que estaba en shock y aún no creía que fuese real la muerte de su padre, sentía que había perdido todo en su vida y que realmente ya no existía ningún motivo para seguir adelante, salvo hacer feliz a Roy ayudándole a cumplir su ingenuo deseo. Sin embargo, ella se percibía aún más ingenua que el mismo Roy, porque le parecía una estupidez que ella misma le ayudase a llegar a su objetivo. Ella una simple pueblerina cuyo mayor logro era ser una buena ama de casa. En eso, Roy interrumpió su impetuoso flujo de pensamientos.

Riza, es tiempo de explicártelo todo.

No debes ninguna explicación Roy. Pero a decir verdad, me encantaría escucharte, ya no tengo otra cosa que hacer.

Riza… no hables así. Hay mucho que explicar. ¿Recuerdas la carta que te dejé hace años? –Ella asintió sin despegar la mirada del piso- Pues lo que dice, es cierto. No me considero ser merecedor ni de ti ni del secreto de la alquimia de fuego. Entendí que tu padre no me enseñaría más allá de lo que ya había hecho. Entendí también que tú no confiabas lo suficiente en mi, por eso decidí irme y volver como todo un hombre. Deseaba que creyeran en mí.

Por eso te convertiste en un perro del ejército. Eso no era necesario Roy. Mi padre y yo confiábamos en ti, sólo es que él quería verte más preparado.

Puede ser… tal vez eso explica sus últimos deseos. Él me dijo que te cuidara, que tú tienes su investigación de la alquimia de fuego.

Así es Roy, y ahora que mi padre ha muerto es tiempo de que lo conozcas. Tú serás el único alquimista de fuego en el mundo, pero recuerda que nadie más debe conocerla o de lo contrario sería un peligro para nuestro mundo. –La rubia se detiene por un segundo y mira a Roy directamente a los ojos- Roy, te voy a confiar la razón por la que nunca te permití hacerme el amor.

¿Pero qué…? Riza, nunca he querido faltarte al respeto…

Aguarda Roy, vamos a la casa y te lo mostraré.

Mustang no entendió en absoluto la relación entre una cosa y otra, pero no cuestionó más a la rubia. Ella lo condujo a su habitación, se adelantó hacia la ventana, y dándole la espalda, se quitó la blusa. Mustang no daba crédito a lo que veían sus ojos. Riza, desnudándose frente a él durante un momento tan triste. Pero luego se percató de que ella intentaba mostrarle un circulo de trasmutación tatuado sobre su espalda. Roy lo leyó y al fin lo comprendió todo: el sercreto de la alquimia de fuego y la razón por la que Riza no se permitía despojarse de su ropa. Impulsivamente, Roy fue tras ella y la encerró con un abrazo.

Él besó la espalda de ella, la exploró con los dedos cual si fuesen antiguas runas cinceladas sobre una roca. La lectura académica se transformó gradualmente en un juego de suaves caricias y entonces, Roy no lo soportó más. Acercó a Riza hacía él, la apretó con un caluroso abrazo y tomó sus pechos entre sus manos, mientras olía el perfume de su cabello rubio. Ella estaba toda tensa y casi no cedía a sus impulsos.

Roy ¿Recuerdas la última vez que estuviste en ésta habitación? –Roy observó que la jovencita tenía lágrimas corriendo por sus mejillas.

Sí, lo recuerdo Riza. No hay noche que no lo haga. –Tomó su mentón para poder ver mejor su rostro- Soy un imbécil, te hago llorar. Perdóname –Aprieta sus dientes de tanta impotencia que le invade- ¡Perdóname Riza!

¡Abrázame Roy! No lo soporto más, abrázame y no me dejes sola nunca.

Lamento no ser lo suficientemente hombre como para poder cumplir todo lo que me pides.

Mustang, que ya sabía leer hábilmente los deseos implícitos de una mujer, la cargó en sus brazos y la llevó a la cama. Ël se quitó su chaqueta y las botas se acostó a su lado, se cobijaron con una sabana y la abrazó durante un tiempo indefinido. Sin querer Riza pensó que esa escena era la continuación de aquel llanto de años atrás.

Una vez la chica se calmó, se acercó más a él y lo besó con ternura. Él entendió en seguida y no tardó en hacerla entrar en confort. Terminó de quitarle la ropa y ella hizo lo mismo con él. Por fin se daba el lujo de despojarlo de su camisa, su pantalón. Se aferró a su pecho, naturalmente se sentía segura en ese lugar, pero Mustang no le permitió refugiarse ahí por más tiempo.

Se separó de ella unos segundos y el vacío se abrió entre sus cuerpos.

- Riza, preciosa, esto no debe de ser.

- Pero Roy ¿no es esto lo que tú querías?

- Sí, es lo que quería y aún… es lo que más quiero. Pero No puedo hacerlo, es eso. Riza, yo me iré mañana por la mañana y te dejaré. No deseo hacerlo, pero es mi deber servir a la milicia. Riza… me iré, y no sé si algún día volveré a verte. –Su mano se hizo puño y golpeó la pared con furia.

La joven de cabellos dorados ya ni siquiera podía llorar. Se quedó anonadada ante la respuesta de Roy. No se explicaba la razón por la que él se resistiese tanto a estar con ella esa noche, que tal vez sería la última.

Hasta aquí la parte cursi de la historia, lamentablemente a ésta pareja todavía le falta recorrer una dramática historia de guerra, muerte y soledad. Próximamente más capítulos ¿Roy y Riza podrán estar juntos? ¿Cuántas adversidades tendrán que pasar?

En fin, les deseo a todos una ¡Feliz Navidad! Abrazos :D

Saori Hawkeye