Disculpadme D: Traer a Kaede me ocasionó problemas.


Demonio y Mujer

#7


La sacerdotisa había perdido la razón hace tiempo y confundía a todas las mujeres con su hermana. Al ver a Rin, sonrió y le comentó que ya estaba ensayando a usar el arco de buena forma para poder salir con ella y compartir el oficio, la humana lloró y se preocupó de seguirle la fantasía como pudo. La cantó, la limpió y la mimó, aunque no sabía si su verdadera hermana hacía eso hace años.

Al tercer día despertó temblando de frío, la miró con su ojo enceguecido y la llamó por su nombre, le dijo que debía cuidarse mucho ya que nunca se casaría ni tendría un hogar que cuidar. Horas después, la anciana se fue con una sonrisa en los labios.

Salió de la casa que compartió con la anciana tantos años, desaliñada y sucia luego de tantos días de claustro, en busca de solo una persona. El demonio estaba sentado bajo un frondoso árbol que había ocupado durante todos esos días como guarida, a vista y paciencia de los aldeanos que pasaban cerca. Parecía dormido aunque sabía que no era cierto, nunca dormía ni se desprendía de sus armas. Con cada paso que daba, las lágrimas irrumpían en sus ojos y el mentón temblaba con una hoja solitaria al viento. Se arrodilló ante él en un movimiento rápido y se desplomó mientras sus brazos se cerraban en su pecho. Se quebró, lloró y se mantuvo así hasta que se calmó.

—No quiero envejecer —resopló una vez recuperó el habla, el demonio no se inmutó. Esa era la maldición de ser humana. Mantuvo su mirada con la de ella y con pulgar en la mejilla secó la última lágrima que le quedaba, no tenía que responder a algo que era inevitable—. No quiero separarme de usted nunca, no me vuelva a alejar —pidió esta vez la humana y él se dedicó a asentir levemente sin cambiar su expresión. Rin se permitió una sonrisa queda y volvió a abrazarlo sin dejar de pensar en la mujer que la educó. Apoyó su cabeza en la armadura del demonio y así se quedó hasta que sus piernas se entumecieron.

A Kaede la enterraron ese mismo día y Rin llenó su tumba de flores. Sesshômaru la acompañó a la distancia, con su mirada clara clavada en la mujer. Ya estaba anocheciendo cuando ella se reunió nuevamente con él para volver a la rutina, caminaron juntos por el bosque en silencio. El demonio con la vista en frente y la humana cabizbaja. Sesshômaru frunció el ceño.

—Rin —la llamó, ella levantó la vista para mirarlo, todavía tenía los ojos rojos e hinchados pero poco a poco estaba volviendo a ser la misma, con cada paso que daba y se alejaba de la aldea humana y del recuerdo de su anciana protectora—. ¿Quieres vivir en un lugar fijo?

—Señor Sesshômaru —resopló al no entender muy bien, aunque no parecía que planeara hacerla volver a la aldea. La humana abrazó una idea—. ¿Vivirá usted conmigo? —El demonio no respondió y ella sintió que estaba afirmando en silencio a medida que avanzaban por el bosque—. Viviré con usted, en el bosque o en una casa.

Sesshômaru asintió y el silencio volvió a envolverlos. Rin se sonrió y se aferró del brazo de su señor que su hermano alguna vez le había cortado con una nueva sonrisa adornando su rostro.

—No me importa casarme o cuidar un hogar. —Kaede seguía en su cabeza y finalmente había entendido a lo que se refería.


Gracias, lindas :)