Abrí los ojos y me vi rodeada de paredes blancas con unos minúsculos lunares de colores como decoración, la luz del sol entraba por una ventana pequeña cubierta con una cortina. Olía a una mezcla de alcohol con desinfectante y no necesité ni un minuto para comprender que estaba en el hospital.
Intenté incorporarme pero lo cierto era que todo el cuerpo me dolía como si hubiera caído sobre rocas. Bajé la mirada hacia mis brazos y vi que estaban cubiertos de moretones de un púrpura casi negro y algunos con tonos rosados en los bordes y rojos en el centro.
Me sentía adolorida, estaba llena de contusiones, y no recordaba como había ido a parar allí. Necesitaba a alguien que me explicara que pasaba.
Como si hubiera formulado una pregunta en voz alta, una mujer vestida de blanco entró en la habitación.
-Buenos días señorita Swan-me sonrió un poco y checó una tabla que colgaba de mi cama-¿Cómo se siente?
-Me siento adolorida...-le dije con un hilo de voz, pero en mi mente pensé que era más que obvio que no me sentía bien.
-No deberías hablar, estás forzándote mucho-anotó algo en la hoja que estaba sobre la tabla-Creo que deberíamos administrarte más analgésicos, llamaré al doctor.
-Sí-con esa simple sílaba sentí que mis pulmones se desinflaban, pero necesitaba respuestas.-¿Cómo llegué aquí?
La enfermera quitó de inmediato la sonrisa, era obvio que no quería decirme nada, se apresuró a cambiar de tema.
-Llamaré al doctor...-salió por la puerta apresuradamente y la cerró detrás de si.
Empezaba a frustrarme, estaba en un hospital completamente cubierta de golpes y nadie quería darme una explicación. Sentía la piel tirante y el más mínimo movimiento me causaba un dolor espantoso.
No había libros y el control de la televisión estaba muy lejos. Ojalá pudiera, al menos, ver gente pasar pero la puerta estaba cerrada y no había manera de abrirla. Me entretuve contando los pequeños puntos que decoraban la pared blanca.
Apenas había llegado a contar ciento treinta y seis puntos, que intercalaban el azul claro con el rosa pastel, cuando la puerta se abrió.
-Voy a subir un poco sus niveles de analgésicos y la tendré en observación un par de días más-alguien me hablaba, pero su cara quedaba oculta tras la carpeta que estaba leyendo.
Cerró la carpeta y me miró directo a los ojos.
-¿Cómo llegaste aquí...?-su voz denotaba tanto sorpresa como consternación.
Vaya, bien decían que el destino es grande y el mundo, muy pequeño...
Twilight: Stephenie Meyer
