Tenia ganas de escribir.
No tengo auto-control.
Esto fue lo que paso.
Capitulo 5:Un paso adelante.
(Segunda parte)
:
:.
:
:
Por los pasillos del castillo de Arendelle no se oía ni un susurro.
Sin embargo, las marchas fueron diligentes y los cubiertos pulidos y afilados.
Nadie hoyo ni dijo nada.
A pesar del poco tiempo con el que habían dispuesto todos, junto con el bajo animo general que el ambiente tenso creaba, no se podía negar que ya todo estaba listo para la ceremonia en el jardín secundario, el único que se encontraba en apto funcionamiento. Si bien, no tan grande como el jardín central que ahora no era más que cenizas, ni era lo suficientemente bello como el jardín más pequeño de los tres. Aun así, era amplio y lleno de verde.
Único a su manera.
Desde su escondite tras la puerta de vidrio podía apreciarlo, incluso la forma en que lo habían decorado. Un trabajo diligente y bien hecho en el que resaltaban las flores en adornos colgantes suspendidos en las ramas de los árboles viejos que nunca pudo trepar cuando era niña, o las mesas puestas y llenas de cuanta comida fuera posible recolectar en estos días, platillos que estaba segura Gerda superviso con cuidado y ojo crítico, en especial al pastel blanco de varios pisos que adornaba una sola mesa por sí mismo.
Y alrededor ello, a una distancia prudente una de otra, varías antorchas iluminaban el anochecer dando algo de calor a los presentes que aguardaban sentados en mesas y sillas. Invitados que claramente no estaban contentos de efectuar la boda al aire libre siendo negados de la comodidad a la que estaban tan acostumbrados, a pesar de los tiempos duros. O lo más probable es que simplemente su disgusto viniera de estar siendo obligados a tomar ciertas costumbres del norte.
De los que llamaban bárbaros conquistadores.
Costumbres incomprensibles para ellos como la falta de votos reales, o el sacrificio de un pequeño animal de granja. Cosas que ciertamente fueron difíciles de aceptar, en especial cuando gran parte de todos ellos ya tenían un plan trazado sobre el cual efectuar las cosas. Pero para la molestia de los miembros de la corte, una boda era de dos, y Elsa no tuvo otra opción más que tranquilizarlos y abogar por una ceremonia mixta.
Una que personalmente le parecía una mejor opción.
No le gustaba la idea de casarse bajo el manto de dioses que no venera, y tampoco era justo forzar a otro a hacer lo mismo. La mejor solución para ambas partes era entonces ceder un poco y acoplarse lo mejor que pudieran. Lo cual no fue muy difícil, el poco tiempo y las prisas impedían que gran parte de las tradiciones vikingas se llevaran acabo, por lo que inclusive simplificar y compensar las cosas lo mejor que pudieran era lo único que podían hacer. Lamentablemente de su parte, los preparativos y requisitos no fueron tan fácilmente cedidos. Por suerte, al final, pudo lograr que todos los invitados accedieran a ir a un jardín vestidos de gala con la promesa de que la unión seria efectuada por un padre y que ningún dragón estaría presente.
Claro que, ellos no sabían que era más una ceremonia simbólica que otra cosa. Después de todo, no se puede hacer mucho cuando el pobre hombre tiene que mesclar las cosas y desechar partes importantes de la ceremonia, como los votos, los rezos e incluso el beso.
Lo que más se asemejaba a todo eso, eran una promesa que tendrían que decir ambos novios en nórdico antiguo y un pedido a los dioses que por obvias razones solo los vikingos harán. Al final la ceremonia terminara con sus manos unidas y un manto envuelto alrededor de ellas, solo para ser tocado por el sacerdote y dar por reconocida su unión.
Los nobles no sabían, ni necesitaban saber eso. No cuando quedaba claro que de ser honestos solo aumentarían su disgusto y paranoia, es decir, ni siquiera ellos sabían a decir verdad lo que había pasado con los soldados y eso no los había detenido de dar un grito al cielo cuando el anuncio de la boda fue dado tan prematuramente seguido de un acallado y pequeño funeral comunal cerca de las montañas, donde solo las familias de los fallecidos asistieron.
Los miembros de la corte y sus familias no se contuvieron a la hora de crear chismes y murmurar entre ellos y a cualquiera que estuviera dispuesto a escuchar como es que todo era muy sospechoso. La muerte de tantos hombres jóvenes, el repentino matrimonio, la presencia de dragones en los tejados y sus bárbaros jinetes.
Aparentemente en sus mentes, todo tenia sentido, y la razón por la que estaba haciendo todo esto, entregándose ella y a Arendelle en bandeja de plata, era porque estaba siendo obligada por el rey dragón.
Y aunque en parte era verdad, la hacían ver mucho más débil de lo que era. Le quitaban autoridad y fuerza a la corona que le habían legado, denegaban méritos a todo su trabajo como gobernante y a todo el esfuerzo que ha puesto hasta ahora para salir adelante. Su aparente creencia de que era una damisela en apuros o una traidora solo le hacían consciente de la imagen que su gente tenia de ella.
Y claramente, no era una imagen bonita. Ni siquiera mínimamente justa, pero no era algo que pudiera cambiar. Lo había intentado durante años, y por un momento, al principio de su reinado, realmente había creído que podía lograrlo.
Pero eso fue antes, cuando las puertas se habían abierto junto con su corazón y tener a Anna a su lado bastaba para creer que todo era posible.
No ocultar sus poderes más, recuperar a su hermana, hacer que sus padres se sintieran orgullosos de la reina que seria y dejara ataras todo el frió y soledad de su habitación junto con un tonto e injusto juramento.
Esconde, no sientas.
Palabras crueles que le quitaron todo.
No has de abrir tu corazón.
Eh irónicamente, lo único que le quedaba de su padre. El ultimo hilo de seguridad que conocía, y probablemente, tristemente, lo único de su familia que siempre llevaría con ella de ahora en adelante. Cuando entregue su corona, y se marche para no volver de la tierra que la vio nacer, lo que prevalecerá sera el corazón congelado.
Aquel que es y sera su profecía auto cumplida.
El frió que siempre estará con ella, el dolor, la soledad. La impotencia de estar de nueva cuenta en una habitación congelada espiando tras una ventana a un mundo que desconoce y le aterra por igual, consciente de las suplicas de Anna tras una puerta serrada y a las que nunca, jamas, podrá acudir.
Ella rompió su promesa, aparto a su pequeña hermana de nuevo y le rompía enormemente el corazón, saber que probablemente esa fue la ultima charla que tuvo con su hermana y que esta había terminado en una pelea. Injusta y cruel. Definitivamente no la reacción que esperaba a la situación, y mucho menos lo que hubiera querido. No, ella no quería irse y dejar las cosas así.
Elsa habría querido un ultimo momento de unión, llenarse de un abrazo cálido antes de embarcarse a un lejano y frió norte. Escuchar y dar palabras de aliento, saber que, por sobre todo, aún estarían juntas en esto.
Porque Anna seria el futuro de Arendelle, y esto, el irse, seria su mas grande acto de amor verdadero para con ella y su gente.
Y le habría encantado poder decirle eso, que su hermana lo supiera con seguridad y poder terminar su reinado con una nota lo suficientemente agradable.
Sin embargo todo termino por romperse de la misma forma en la que un cristal se estrella, con fragmentos y astillas lloviendo alrededor y un hueco irreparable.
Y ahora, todo tiempo para lo que nunca pudo ser y quisiera que fuera se había acabado.
Los invitados ya habían llegado, tomando sus asientos y esperando mientras charlaban probablemente de lo mismo que han estado cuchichiando por días. Mientras ella se encontraba escondida tras una puerta y cortinas apretando su ramo de flores y congelándolo en el proceso, mientras se adentraba en sus pensamientos y arrepentimientos.
No sintió a nadie entrar.
El sol moría en el horizonte mientras el tiempo se consumía rápidamente al mismo compás.
Y Hiccup había desaparecido sin dejar rastro.
-¡Lo sabia! -Completamente fuera de si, arrojo su hacha al suelo alfombrado de la habitación vacía mientras se sacudía en su armadura ceremonial que tanto le causaba comezón. -!Sabia que se largaría cuando bajáramos la guardia! - Fue una tonta al dejarlo solo en su habitación sin ninguno de ellos cerca, pero después de esa incomoda charla y la orden de prepararse para la boda, había creído que esta vez hablaba enserio.
Lucia serio.
Ugh, realmente maldecía el momento en que se volvió tan bueno mintiendo, era mucho más fácil tratar con el Hiccup que tartamudeaba y quería hacer todo del modo correcto. Ruffnut extrañaba ese Hiccup, por que ese pescado sin espina que alguna vez fue, jamas seria una carga que amenazaba con sacarle canas o la obligaría a ser la adulto responsable del grupo.
Por todos los dioses, incluso en su cabeza eso oración sonaba terriblemente mal.
-¿Podrías al menos dejar de actuar como una gallina sin cabeza?-Snotlout la acuso molesto, también preparado e incomodo con su ropa. Y esa molestia no hacia mas que aumentar mientras tenia que lidiar con una desesperante Ruffnut que solo marchaba por todo el lugar quejándose.
-No, y cállate. -Ni siquiera se giro a verlo para amenazarle, en lugar de eso, recupero su arma del suelo y comenzó a blandirla de un lado a otro mientras murmuraba cosas.
Molesto por ser silenciado, estaba listo para des cruzarse de brazos y darle un pedazo de su mente al respecto de todo ese drama ridículo cuando una voz nerviosa interrumpió tras de él, un cuerpo masivo paso empujándolo un poco mientras pasaba ha adentrarse al lugar claramente desocupado.
-¿Que vamos a hacer? -Alterado, Patapez se posiciono a un lado de la mujer loca viendo con nerviosismo alrededor de todo el lugar, inseguro de que harían ahora con las consecuencias de un novio fugitivo. -No podemos comenzar una invasión armada, todavía necesitamos recuperarnos del gasto por la guerra con Dunbroch, romper la alianza y declararnos en guerra justo ahora es desfavorable. - Después de todo, una guerra tan grande era cara, y esos clanes unidos resultaron ser un problema a considerar.
Podían no tener dragones, o grandes números, pero eran unos bastardos testarudos y perseverantes que se negaban a morir y aprovechaban sus recursos disponibles. Jugaban sucio y les encantaba robarles armamento a hurtadillas cada vez que algún vikingo se descuidaba incluso para ir al baño. Una vez, de hecho, se atrevieron a robar unos cuantos de sus dragones, los montaron y trataron de úsalos en su contra pero no pudieron contra el mandato del alfa. Al final, los valientes y estúpidos intentos de jinetes fueron cocinados vivos por los mismos dragones que quisieron llevarse. Después de eso no volvieron a intentar algo parecido, pero sus tácticas no fueron menos temerarias o problemáticas.
Mantener la guerra con ellos les costo mucho monetariamente, y justo ahora, era de mayor prioridad mantener estables al resto de territorios ya conquistados que también estaban en reconstrucción. Invadir Arrendelle no seria muy difícil, pero seria un gasto de recursos que podrían usarse más eficientemente en otras áreas.
Ademas, él había visto ese enorme castillo de hielo en las montañas al norte, custodiado por aquella bestia de hielo. No había estado bromeando con Snotlout cuando le dijo que esa cosa podría hacerle frente a su pesadilla monstruosa, y solo podía suponer que otras cosas podría crear esa reina suya de apariencia tan delicada.
Podía prever que esto rápidamente pasaría a los números rojos, y como hombre de números, odiaba lo desfavorable que seria para todos que eso ocurriera.
Necesitaban arreglar este posible desastre pronto.
-¿Y tu crees que no lo se?-Su declaración pesimista llamo la atención de la mujer Thorson que se detuvo en medio de su discurso personal de odio para girar a verlo y señalarlo. La armadura hecha para ceremonias parecía darle un aire más amenazante al que debería. Ruffnut parecía positivamente lista para saltar al campo de batalla, y no le gustaba para nada ser él su centro de atención. Nunca se sabia que esperar de ella cuando se enfocaba en algo, era mejor antes, cuando solo había que tratar con una Ruffnut dispersa en lugar de con su mente sorprendentemente afilada que quería sangre.
Y justo en ese momento, sus ojos gritaban asesinato sangriento.
-¡Todo esto fue una locura desde le principio! -Exclamo molesta alzando sus brazos y hacha en el proceso. -!Mi madre siempre me lo dijo, nunca redactes una alianza matrimonial si todos están ebrios, los vikingos llenos de alcohol y decisiones importantes nunca llegan a buen puerto!. -
Bueno, tenia que admitirlo, eso era cierto. Los vikingos ebrios y cualquier decisión importante nunca desembocaba en algo bueno. -Así inicio la guerra de los dos Yaks que duro tres años - Recordó amargamente abriendo un paréntesis mental.
Aquello fue un acontecimiento que sacudo Berk en los tiempos cuando los dragones eran considerados una plaga, y aun se las arreglaba para ser una de las anécdotas y experiencias más destructivas de su tribu.
Eso hizo saltar a Snotlout de su lugar.-¡Exacto!- Completamente de acuerdo los interrumpió señalándolos desde su lugar en la puerta. Rápidamente el par de rubios se concentraron en él y tomo al momento como el adecuado para poder expresar lo que todos sabina y nadie quería decir. -Esto es igual, una muy mala idea. - Siguiendo el impulso, comenzó a caminar hasta ellos, esquivando los restos de muebles regados por toda la habitación y señalándolos. - Este castillo, este reino, y esta reina suya, no son más que una mala decisión. - Acuso. -Y ahora estamos pagando las consecuencias de ello, debimos saberlo mejor. -
Para su sorpresa y desagrado en lugar de recibir algún tipo de aprobación, lo que obtuvo fue un resoplido de Ruffnut mientras enfundaba su hacha y una mirada asombrada de Patapez.
Luego, una respuesta cansada y hastiada.
-No vamos a comenzar de nuevo con eso, idiota. -Cansada, se cruzo de brazos para verlo con su mejor rostro de fastidio. De verdad, no tenían tiempo para esto, tenían que encontrar a Hiccup y arrastrarlo de ser necesario, no perderían esta oportunidad. No importa cuan dudoso y poco confiable haya sido su juicio al tomar la decisión de aliarse por matrimonio con este reino. -Ya lo hablamos, votamos, estuvimos de acuerdo. -
Llevaron acabo todo ese proceso burocrático que siempre incluían peleas y gritos, acompañados de amenazas de muerte que pudieron o no efectuarse. Por lo que era tedioso y fuera de lugar que aun ahora estuviera intentado hacerlos cambiar de opinión.
-No puedes seguir insistiendo en que era mejor tomar la alianza con las Bog-Burglars, ellas están locas. -Lo acuso molesta. -Una de ellas intento robarse mi arma junto con una de mis trenzas. -De más esta decir que esa pequeña escoria de manos rápidas solo tenia siete años, pero eso ayudaba a dar valor al hecho de cuan podridas y poco confiables eran. Incluso desde pequeñas.
De acuerdo con ella, Patapez agrego. -Y unos cuantos huevos de dragón, eso pudo haber sido un desastre. -
Esas manos escurridizas, desvergonzadas y traicioneras. Por poco y se llevaban de contrabando unos huevos, ¿Para que exactamente?, todavía no lo sabían. Pero cualquier motivo para querer llevárselos a escondidas y romper el tratado de unidad, era algo masivo.
Era traición.
-Esta bien, esta bien, no son las mas confiables. -Snotlout concedió. - Y tampoco las más leales. -Menciono refiriéndose a todas las veces en la historia del archipiélago vikingo, en que las lealtades de las Bog-Burglars habían sido tan cambiantes como la marea. Algo que en retrospectiva, debieron prever al momento de aceptar la propuesta de su líder para unificar su isla con el resto de ellos.
Ugh, de verdad, los vikingos ebrios y decisiones importantes no terminan bien. Fiestas épicas tampoco.
-Aun así no me negaras que es mejor tratar con un mal que ya conoces que con uno por conocer. -Declaro serio, bajando la voz y apartándose todo lo posible de la puerta. Nunca estaba de más la discreción. -Con ellas sabemos que esperar, conocemos su trucos, y por sobre todo, esta la lealtad vikinga. -Sus palabras se sintieron como un regaño a un niño, y eso dejo una sensación incomoda que sera difícil de borrar. Porque era cierto, cuando todo fue dicho y hecho, en los momentos oscuros y los realmente malos, todos los miembros de las tribus lucharon juntos.
Bog-Burglars, Berkianos, Marginados, Berserkers, y más. Luchando, muriendo juntos.
-Todo esto es un problema que solo nos incumbe a nosotros, no me gusta la idea de inmiscuir a esa hechicera de hielo. -Dijo. -No confió en ella, y por supuesto que no confió en esa escusa de soldados que se atrevieron a tendernos una trampa tan solo pusimos un pie en este lugar. -
-Una trampa muy infantil - Concedió Patapez, ganándose una mirada filosa de la mujer rubia a su lado. -Es decir, no es como si Snotlout estuviera exagerando esta vez. -Se defendió rápida y nerviosamente.
-¿Esta vez? -
-Lo que quiero decir. -Comenzó con una escusa rápidamente antes de que su obviamente ofendido amigo decidiera comenzara otra pelea. - Es que yo también he notado que tal vez, solo tal vez, nos precipitamos en esta alianza. -Termino con una voz pequeña esperando que Ruffnut no decidiera hacer lo que su amigo no hizo, y comenzara a gritarle a él.
Pero en lugar de escupir sus pulmones en incontables gritos o maldiciones, solo hablo.
-Lo se. -
-¿Que?- Sorprendidos, ambos hombres presentes exclamaron al unisono viéndola como mirarían a una completa demente que pregona por las calles el fin del mundo a manos de una cabra de tres cabezas llamada Jack.
-Dije que lo se. -Mascullo molesta apartándose un poco y cruzándose de brazos. -También tengo mis dudas, ya lo mencione antes, no fue una decisión fiable. -Concedió ante el par incrédulo. -Sin embargo, si no mal recuerdo también dije que ya habíamos acordado algo. Esto es bueno, ¿Peligroso?, si. ¿Estamos jugando con fuerzas más hayá de nuestro control?, también. Pero al final de cuentas, es lo mejor para todos. -Y para dar por sanjado el tema de una vez y comenzar una misión de búsqueda y secuestro para un rey fugitivo, agrego con aire final. -Ademas, no puede ser tan malo, tendremos una bonita reina de cabeza fría. Y si los dioses están de nuestro lado, un heredero que tenga algo de sentido común y no sea un idiota testarudo. -
Un poco menos vikingo no estaría mal. Ese factor siempre mueve las cosas y vuelve todo más interesante.
-¿De acuerdo? - Pregunto optimista, dejando de lado el ambiente de quejas y dudas. Ya era hora de avanzar a otra cosa. -Dije, ¿De acuerdo?- Molesta, presiono sus cabezas entre si en un movimiento veloz cuando no obtuvo una respuesta inmediata, ganándose empujones y pedidos de libertad.
-¡De acuerdo, de acuerdo, solo separamos, puedo oler el hedor de Snotlout y me quema la garganta! -
-¡Pues tu tampoco hueles a briza de verano! -
-Bien. -Concedió dejándolos caer de golpe y sin gracia en el suelo. Pronto, a sus pies tenia un nudo de extremidades, metal y pieles que se retorican y maldecían entre si. -Ahora es momento de comenzar una caza.- Dijo gustosa.
Esta vez, se harían las cosas bien.
La presencia se delato.
-Recuerdo a una joven princesa que también se ocultaba tras una cortina, viendo con miedo y dolor a sus padres cargar y jugar con su nueva hermana menor. -La voz se escuchaba tranquila y melancolica mientras se adentraba a paso lento en la habitación, a la par que podía sentir una semilla de calor centrarse en su pecho al reconocer la voz a sus espaldas. No fueron muchos los pasos que demoro sentir una mano cálida posándose en su hombro, dándole un consuelo que no podía describir con palabras. -Claro que, en esa ocasión, la princesa salio de su escondite. -
Abrumada por el sentimiento se permitió bajar los hombros en un ademan cansado mientras preguntaba en un tono igual de confidente.
-¿Y luego que paso? -
Suavemente un apretón intentaba reconfortarla antes de dar una respuesta que sonaba tan triste como esperanzadora. -...Descubrió que esa bebé no era tan mala, y no le tomo más de diez minutos pedir sostenerla y profesar en voz alta que la cuidaría y amaría por siempre. -
Con dolor ante sus palabras a la mención de un recuerdo olvidado, no pudo más y cerro los ojos soltando su agarre de la cortina dejándola caer, apartándose un par de pasos en el acto.
Antes de que se diera cuenta, Gerda ya la estaba abrazando.
-Tengo mucho miedo -Confeso entre los cálidos y reconfortantes brazos de la mujer que la crió desde que su madre no pudo hacerlo. Quien ha sido un pilar, y nada menos que cálida con ella y Anna. Le es inevitable derrumbarse sabiéndose segura. -No se que estoy haciendo, no se que haré. -
Irse, dejar todo lo que conoce, vivir a lado de un completo desconocido en tierras extrañas. Ser una reina que no quiere, formar una familia que nunca deseo, enfrentarse a la guerra y no volver jamas a la tierra que la vio nacer y que realmente nunca pudo explorar, porque todo comenzó a consumirse por el fuego a un ritmo vertiginoso.
¿Como fue posible que no sintiera todo el pánico de se hecho hasta ese momento?, ¿Tan buena era reprimiendo sus emociones que ni si quiera pudo ver lo que estaba haciendo, a que estaba accediendo, lo que dejaba atrás?.
¡Era una maldita locura!.
-Tranquila, respire. -Repitiendo las mismas acciones que hiciera con su hermana hace unos minutos, Gerda la sostuvo de su rostro mientras la acariciaba suavemente. - Respire. - Aturdida por el raro y muy apreciado contacto cálido, se forzó a hacer lo que le pedía. - Todo estará bien. Solo tenga calma. -
Conteniendo el inicio de su llanto, de uno real y no solo atascado en su pecho, se concentro en hacer lo que le pedía, controlando su respiración y en nada más.
-Tenga calma. –
La voz serena y cálida se sentía como un ancla en el frio y bravo mar que el mundo a su alrededor se había vuelto tan repentinamente. Así que se sujeto a esas palabras con fuerza, luchando contra la sensación de ahogarse.
¿Era así como se sentía un ataque de pánico?, porque sentía que el hielo se la estaba comiendo de adentro hacia afuera.
No sabía cuanto tiempo le tomo salir a flote y viva de todo eso, pero se detuvo solo cuando su respiración fue firme y regular. Entonces, solo entonces, se atrevió a abrir los ojos y enfrentarse a la mujer mayor, viéndola a través de sus lagrimas no derramadas, tratando de memorizar sus rasgos, su piel, el color de sus ojos...la maternal sonrisa con la que le recibió.
Porque, no la volvería a ver, ¿Verdad?.
Lo único que tendría de toda una vida, y de las personas que ama, solo serían recuerdos.
-¿Que haré sin ustedes? - Sin su hermana, sin ella, sin todos los que la han estado apoyando hasta ahora. Todos los que nunca imagino dejaría atrás, en especial luego de la gran helada y que todo se fuera en picada.
-Oh, querida, la pregunta correcta es ¿Que haremos nosotros sin ti?- Ante sus palabras, se quedo conmovida enormemente y sin saber que decir. Notando esto, Gerda tomo la responsabilidad de la platica lo mejor que pudo a través de su propio dolor con el que claramente luchaba. - El señor sabe que solo me queda esperar lo mejor, para ti, y para todos. -
-¿Realmente lo crees?-
-Bueno, de eso se trata la fé, ¿No es así? - Dándole una sonrisa que murió rápido, se dedicó a repasar su peinado con la punta de sus dedos. Manos que habían tejido su cabello desde que era una niña pequeña.-Has crecido tanto. -Dijo luego de una pausa de apreciación. - Realmente me hubiera gustado que tus padres vivieran para verte como yo lo hago. Supongo que entonces tendré que ser yo la que vea, ria, y llore por ellos. -
Suavemente se acerco hasta darle un beso en la mejilla, fría en comparación con sus propios labios. Eso, contra toda creencia, la hizo feliz. - Estoy orgullosa de ti -Le dijo viéndola a los ojos. -Ellos están orgullosos de ti, lo se como se que el cielo es azul. -Sintiendo sus propias lagrimas, se apresuro a terminar antes de que el nudo en su garganta se lo impidiera. - Y también se, que haya donde vayas, estarás bien. ¿Y sabes porque?, porque eres Elsa de Arendelle, la reina de las nieves con un corazón cálido.-
Abrazándola fuertemente una vez más, le murmuro contra su oído, oliendo la nieve y las flores tejidas en su cabello. -Ahora ve ahí, muéstraselos a todos y no des un paso atrás. Siempre debes de mirar hacia adelante, por tu bien y por el de los que amas. -
Con un ultimo apretón, su niña se aparto.
La suave música estaba sonando al fondo.
Entendiendo sus palabras y tremendamente agradecida, Elsa le dio una ultima sonrisa de agradecimiento antes de irse, ahora ya mucho más tranquila. Fue por ello que se atrevió a despedirse.
- Cuídate, y por favor cuida a Anna. -Cuando asintió seriamente, pudo ver como un ultimo pendiente se levantaba de los hombros de su reina, dejándola respirar y avanzar. -Supongo que esto ya no sirve. - Menciono viendo al ramo de flores congeladas y marchitas que se encontraba entre sus manos.
-Supongo que no -Concedió en un tono bajo, viendo así como la joven mujer frente a ella creaba uno nuevo con hielo en solo un movimiento de sus manos.
Cuando termino, se vieron a los ojos una ultima vez, sintiendo todo el peso de la situación y ponderando como serian las cosas a partir del primer paso de Elsa fuera de esa habitación.
Porque cuando eso pasara, su reino se destruiría y en su lugar resurgiría uno nuevo.
Todo cambiaría.
-Alt for Arendelle - Murmuro primero la novia. Hombros y espalda recta, mirada decidida.
Gerda le siguió rápidamente luchando con un nudo en la garganta. -Alt for Arendelle -
Después, Elsa cuadro los hombros y se dio la media vuelta hacia la puerta, dando un paso firme hacia adelante.
Y luego otro, y otro.
Cuando la puerta se cerro tras de ella y el contorno de su espalda desapareció de la vista de la mujer, fue solo entonces que las lagrimas cayeron.
Una por cada mentira dicha.
Le tomo un buen tiempo dejar de llorar.
Había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que lloro con tanta fuerza. Los ojos y pulmones le dolían, opocando enormemente el dolor de las letras recién grabadas con tinta negra en su muñeca. Boqueaba por aire mientras luchaba por poder respirar, pero no podía parar.
Las lagrimas fluían libremente como un torrente, cayendo como lluvia sobre las faldas de su vestido. No importaba que posara sus manos sobre sus ojos, cubriéndolos del sol y la vergüenza, el llanto no cesaba.
Simplemente no se detenía.
Era como si su agonía fuera interminable, no encontrando otra forma de salir que no fuera a través sus ojos y garganta, en forma de agua salada e hipidos constantes y lastimeros.
Una parte de ella realmente temía haberse roto irreparablemente, mientras que la otra parte, la más grande y abrasiva simplemente no sentía nada. Era como si, la única razón por la que lloraba tan amargamente, era simplemente porque ese dolor era el único sentimiento que ocupaba su vació pecho. Como un inquilino solitario dentro de un gran castillo que llora en un rincón, su lamento no es tan grande, pero la soledad y el vació agrandan el sonido como una gota que cae sobre el agua, expandiéndose.
Consumiéndose.
De no ser por que le general Garfht la encontró tendida en el suelo, a un lado de una armadura, probablemente se habría quedado a llorar hasta el fin de los tiempos. Ahí, postrada de forma patética luego de haber girado sin dirección por los pasillos hasta que la ira y la indignación se volvieron tristeza y dolor que la ahogaban.
El hombre mayor se mostró todo el tiempo comprensivo, quedándose de pie a un lado suyo con paciencia mientras le daba palabras de apoyo.
"Estoy con usted, majestad."
Le dijo.
"Y lo estaré siempre"
Lo mismo que le dijo luego de que todo fue dicho en esas cuatro paredes frías y viejas, cuando no sabia si lloraba por el dolor del tatuaje o por la verdad que sepultaba ese viejo castillo. La había apartado de todos en la habitación y la tomo del hombro diciendo eso, viéndola a los ojos. Se sintió como un juramento distinto, incluso, al que todos en esa habitación habían hecho.
Esta vez, sin embargo, no se movió ni un centímetro luego de decir eso y se aseguro de que estuviera recompuesta antes de recordarle lo más amablemente que pudo, que ya era hora de que la ceremonia comenzara. Claro que a pesar de todos sus mejores intentos e intenciones, no fue mejor, por que en realidad su presencia y sus palabras no solucionaban nada, pero al menos causaron que la indignación volviera y detuviera las lagrimas de una vez por todas.
Porque, esta recibiendo apoyo y lealtad de un hombre con el que no comparte ningún lazo de sangre. Se posa a su lado, espera, trata con solemnidad y tacto la ocasión. No intenta esquivarla a ella o a las cosas como el resto del concejo o la servidumbre han hecho todos estos años, pero sobre todo, no le da palabras dulces y crueles sobre como todo el mundo que conoce no se esta desmoronando, como Elsa ha estado haciendo desde que los puertos se cerraron.
No, nada eso.
Es soló que él esta ahí, Elsa no.
Y eso, sorpresivamente, es lo que detiene su llanto y le da la fuerza suficiente para levantarse y limpiarse la cara.
Se da cuenta entonces de lo indigno que es. Ella, una princesa, llorando en el suelo como una desgraciada soló por que su hermana no es lo suficientemente valiente para luchar por ella, por si misma, o por algo en general.
Elsa no lucha, no enfrenta, solamente se esconde de los problemas y eso no debería de ser una sorpresa. Comprende entonces, que esto solo es una linea más en la larga lista de decepciones a lo largo de su historia juntas. No duele menos darse cuenta de eso, pero le da coraje.
Al menos el suficiente para seguir al general hasta le jardín con la cara en alto y sin titubear en su paso ni una sola vez. Sabe que da una imagen digna, a pesar de que su nariz aun gotea y siente los ojos hinchados y adoloridos.
Esta segura de eso porque todos los invitados dejan de murmurar cuando la ven y borran esa mirada de pena que incluso su hermana sigue dando en su dirección cuando cree que no la esta viendo. No, en lugar de eso es recibida por rostros avergonzados y contemplativos. Los mismos rostros de quienes son amedrentados por hacer algo malo, y que sea su simple presencia, tan vulnerable pero aun en pie, la que ocasione esa semilla de respeto, le sienta muy bien. Porque decide entonces detenerse y tomar asiento al fondo, muy lejos de su lugar asignado en la primera fila.
Lo hace como si fuera completamente normal tomar un lugar lejos de la vista principal, al lado de un adorno floral que bien podría cubrir su cara. Como si fuera nadie.
Aunque esto claro, no cumplía su propósito. Ya que, sin poder contenerse, la aristocracia volvió a murmurar con vehemencia, igual a como si se iniciaría un pequeño incendio.
Verlos apretarse unos contra otros mientras trataban de volver sus voces pequeñas lo hacia todo muy divertido. Era cómico ver a las personas que tenían el lujo de comer tres veces al día y vestir con joyas, hablar y entregarse a los chismes mucho más que a aquellos en las cocinas o las calles del reino.
Ironías de la vida.
-¿Su majestad?-Entretenida por la vista y sin sorprenderse, gira ligeramente su rostro a un lado, donde el general esperaba de pie, claramente inseguro de que hacer ahora que la princesa parecía no tomaría su asiento.
Eso también es gracioso, nunca había visto al hombre dudar de algo.
Decide entonces saborear la hilaridad que siente en su pecho y forma su propia pregunta. -¿Se quedara ahí parado toda la ceremonia como un intento de decoración, o hará honor a su palabra y estará a mi lado? -
Su pequeña broma, sin embargo, no le pareció tan graciosa al hombre mayor frente a ella, por que le dedica una mirada que compartía asombro y preocupación por igual.
Lo cual, realmente, es muy divertido.
Así que en silencio, palmea delicadamente el asiento junto a ella viéndolo directamente. Casi se parece a su vieja yo, principalmente porque no ha dejado la platica y finge que nadie esta su lado. Probablemente es por eso que General deja de verla con tanto detenimiento y decide sentarse donde se lo pidió.
Bueno, al menos tiene esto.
A alguien de su lado.
-¿Ya se siente mejor? -Con cautela e ignorando el chisme que se avivo cuando se sentó, se aventuro a preguntar sin mucho tacto. Lo cual, era de esperarse. Él hombre no ha sobrevivido una vida militar y otra en el castillo si no fuera franco y directo. Después de todo, ocultar cosas siempre es un arma que regresara para atacarte.
Lo cual es extremadamente irónico, considerándolo todo.
-No -Se sincera, por que ya ha quedado claro que no es buena mintiendo, ni tampoco quiere hacerlo. -Y francamente no creo que algún día lo sea. -
Estar bien, y ser buena quiere decir, pero cree que el hombre a su lado sabe leer mejor el sub texto de las palabras de lo que el resto le da crédito.
Eso, claro, no evita que también haga una pregunta directa. Principalmente porque siente que se lo deben, en especial él.
-¿Realmente lo hará? -Pregunta con cuidado, en un tono verdaderamente bajo, por que a diferencia del resto de personas ahí, realmente tiene practica al momento de hablar en murmullos. Ella y Olaf lo hacen mucho. -¿Cree que podrá protegerla? -
En realidad, quería pregunta algo como "¿Sabe lo que esta asiendo?" o "¿Ha pensado en detenerse?", pero no lo hace porque eso seria como dudar de sus capacidades, y tener reservas de lo que puede o no hacer un hombre de guerra no es lo más sensato. En especial por que ella sabe, es la única consciente de lo que él hombre quiere hacer.
Por lo que causar que desconfié de ti, por dudar de él, no es una buena opción. En especial cuando todo esta apunto de cambiar.
Admite que al principio le daba miedo, ¿y por que no?, terror a que algo saliera mal, pero ahora, luego de lo que paso y la sensación de que su molestia e indignación estaban justificadas, no teme a las consecuencias.
Porque Elsa no pelea, pero ella si.
Así que no teme, pero se preocupa, quiere estar segura de que tienen la ventaja. Para que cuando todo termine, pueda decirle a su hermana: "Te lo dije".
Pero sobre todo, "Eres libre".
-Todo esta en su lugar. -La respuesta nada suavemente a su costado. Es impresionante, casi no ve los labios del general moverse. -No tengo dudas del resultado. -Termina afirmando, para luego acomodándose mejor en su asiento mientras un estruendo de maldiciones y empujones se abre paso desde un costado del jardín.
Todo párese detenerse de inmediato mientras grandes bestias con alas siguen diligentemente a un pequeño grupo de personas que se empujan.
Es tan extraño y repentino que le toma un momento darse cuenta de que esos animales eran, de hecho, dragones, y que las personas que parecían muy molestas y apuradas eran nada más ni nada menos que el rey dragón y su comitiva vikinga.
Y tal parece que todos llegan a la misma realización cuando ella lo hace, por que es solo entonces que unas cuantas mujeres chillan y los hombres se vuelven pálidos. Aunque no los culpa, las bestias de diferentes tamaños van mas haya de su imaginación. Casi no puede creer que semejantes criaturas de fantasía y leyenda desfilen por el jardín de su castillo, pero, sobre todo, que no los haya visto antes. Son monumentales, con pieles gruesas, garras y colmillos, no es de extrañar que solo cuatro de ellos bastaran para destruir un jardín entero sin ningún esfuerzo. Sin mencionar su colores extravagantes.
¿Como escondes algo así?, sin duda son monstruos de los que es mejor mantenerse alejados. Pero en su pobre caso, eso no es así, están ahí mientras técnicamente no hay soldados para resguardarlos, ya que todos están en sus puestos habituales o patrullando el reino, lo cual se hace doblemente incómodo y obvio cuando se tienen semejantes bestias marchando detrás de guerreros armados.
Si, también lo nota, entre todas esas pieles y cuero, se puede vislumbrar el brillo de armas perfectamente funcionales.
Lo cual solo agrega un elemento más al encuadre cómico que es su clara pelea. Una donde básicamente todos se empujan y maldicen mientras avanzan, aunque sobre salen la única mujer del grupo y el hombre de cabello negro . Son los que gritan con mayor fuerza y empujan más duro entre si.
Es en extremo hilarante, porque mientras mejor los ve, nota con mayor detalle que de hecho, la pelea de ellos dos es lo que mueve al par que falta. La mujer rubia y el hombre de cabello negro luchan y se llevan con sigo al otro hombre rubio y al que hizo de si mismo un rey. Lanzan patadas, puñetazos y mordidas al aire. Varios de ellos nunca llegan a su destino por que aterrizan en una muy molesta y desprevenida victima, que aveces se defiende y causa que el nuevo golpe reavive la pelea de los otros dos.
Es como ver a niños pequeños pelear sucio, en especial cuando el monumental hombre rubio pisa por accidente la capa de piel que cuelga sobre los hombros de su rey, que por el impulso pierde el equilibrio y golpea con su codo al hombre de cabello negro en la cara, quien desprevenido, se sujeta y tira de una larga trenza de la mujer que reía por el tropiezo que había pasado antes.
Y así, tan rápido como llego el escándalo termino.
En un gran estruendo de maldiciones y extremidades que ruedan por el suelo. Es, de lejos, la ultima "gran entrada" que había imaginado para el nuevo dueño del mundo y sus guerreros.
Así que ríe.
Es la única y esta segura de que probablemente parezca desequilibrada, pero no le importa.
Su estomago y mejillas duelen, el aire comienza a faltar conforme su risa se vuelve histérica y se va ganando las miradas de todos. Pronto, incluso los recién llegados se unen al grupo de personas que la ven fijamente.
Atentamente.
Todo es tan, tan divertido.
-No sabia que la hermana estaba loca. -De la nada, el vikingo de cabello negro y un moretón en formación habla. Tiene un labio roto y junto con todos los demás que lo acompañan respira pesadamente.
No ha hablado con él o con cualquiera de ellos, pero supone que su actitud irreverente y con poco tacto es normal, porque no recibe ni siquiera una mirada. Lo único que sucede en consecuencia es la rápida reorganización de sus filas cuando todos están de pie y son plenamente conscientes de que han irrumpido y todos los están mirando.
-Ya es suficiente -
La repentina y tranquila orden detiene su risa histérica en seco. Es la primera vez que oye su voz, no es intimidarte o salvaje, tiene un ligero acento que no ubica y una facilidad de orden de mando que provoca la total atención de todos, vikingos o no.
Ya no le parece gracioso.
Estaba apunto de tragarse el mal sabor de boca y hablar para decirle algo como "¿Me estas callando?" cuando da otra orden, y deja en claro que no había hablado en general. Se da cuenta, ni siquiera ha notado que ella esta ahí.
No da ni una mirada al publico que lo observa mientras se dedica a dirigir y ordenar a los problemáticos vikingos bajo su mando. Comienzan una nueva discusión, pero no tan ferviente como la anterior, sobre la falta de disciplina y poca confianza. Algo relacionado con la responsabilidad y la mala imagen que estaban dando.
La verdad es que los ignora.
No le interesa saber cual es el problema con la puntualidad o las consecuencias que tanto mencionan y con las que se acusan mutuamente. No es algo que le preocupe o le incumba, sus problemas son algo que se llevaran con ellos.
En su lugar, piensa amargamente como es que la primera impresión que tuvo de él al verlo pasar por los pasillos es correcta. Es humillante, en muchos sentidos, como esta pisoteando y desgarrando su vida y aparentemente el responsable ni siquiera sabe que existe. La sensación no le gusta y prefiere concentrarse en la presencia del general a su lado y la forma en que esta sentado firmemente en su lugar, prestando atención a cada movimiento que los vikingos hacen. Su firme mirada le recuerda a un halcón que pesca a su presa.
Por un momento, eso la hace sentir segura.
Le da la confianza de saber que, tare o temprano, ese autodenominado rey sabrá quien era ella. Y con ello, recibiría aunque fuera una pequeña retribución del daño que ha hecho.
Pero entonces los ojos afilados del rey dragón se mueven en su dirección pero no a ella, un momento, menos de un parpadeo. Sin embargo el mensaje fue claro, dándole una horrible sensación de látigo frió en su espina dorsal.
Porque esa era exactamente la mirada de un depredador que atrapo a su presa.
Entonces la música suena.
Se encuentra tensa la mayor parte del tiempo, y cuando llega el momento de posarse a un lado del rey vikingo la sensación de inquietud aumenta. Y aunque objetivamente esta no es la primera vez que se encuentra frente a tantas personas o en medio de una ceremonia importante, si es la primera vez que se siente fuera de lugar.
Le cuesta encontrarse adecuada mientras se mantiene de pie, vistiendo de blanco y junto a un hombre con el que solamente a tenido una platica amena. No se siente como una reina, ni como una novia. Es extraño, pero se siente simplemente como ella, Elsa, y es increíblemente poco adecuado.
Realmente no cree que ser ella misma sea suficiente.
Pero retiene la sensación en su pecho, como ha mantenido todas sus emociones hasta ahora y se mantiene firme, regia, durante todo momento y se asegura especialmente de nunca apartar la mirada.
Eso es fácil, lo ha hecho gran parte de su vida y es una gran ayuda en momentos como ese.
Se queda en su lugar y dice que si cuando tiene que hacerlo.
Entonces cuando la tela entre sus manos forma un vínculo que ha unido sus vidas, quieran ellos o no, se remueve entre aplausos de cortesía, es que se escuchó el primer golpe.
Fue lejano, pero audible. Una fuerza considerable golpeando algo duro, lo suficientemente grande y resistente como para que el choque creara semejante sonido.
Al principio nadie hizo nada, unos cuantos giraron a sus espaldas buscando la fuente del golpe mientras que la gran mayoría no le dedicaron ni una señal de reconocimiento. Hubiera sido fácil ignorarlo ella también, en espacial porque se oía tan lejos que lo que fuera responsable de hacerlo, no era de preocupación. Seguramente algo grande se cayó en el castillo, como una armadura, un gran mueble de madera o algo.
Pero entonces las manos de su ahora esposo la sujetaron, en un agarre real. No la simple sobre posición de manos que ambos hicieron para seguir el protocolo. Y eso fue todo lo que necesito para saber que ese ruido, ese golpe, era algo que no debería ignorarse.
Fue entonces cuando el segundo se escuchó, y con ese nuevo ruido, más cabezas desconcertada se unieron a la búsqueda.
Después vino el tercero, y con él, el sonido inconfundible de madera astillándose.
Sonido semejante al de grandes puertas de madera cediendo ante la presión, si tenía que ser más específica. Algo que no le tomo mucho tiempo conjeturar al reconocer que el eco del golpe provenía de donde se encontraba la entrada principal del castillo.
En ese punto, todos los invitados se habían levantado de sus asientos y comenzaron a moverse inquietos. Preocupada comenzó a buscar con la mirada a su hermana, encontrándola no mucho después al lado del general cerca del fondo de la fila de asientos, viendo a su alrededor con sorpresa y desconsiento.
En un impulso de preocupación y protección fraternal, estuvo a punto de ir con ella sin importar nada de lo que había pasado entre ellas cuando se dio cuenta de que sus manos seguían siendo sujetadas. Sorprendida, volteo en dirección al hombre vestido de negro y metal que la mantenía quieta en su lugar, notando como observaba el panorama atentamente. La repentina atención al entorno y su agarre sobre ella era inquietante y la desubicaba completamente, pero antes de que pudiera preguntarle abiertamente que pasaba, o llamara a los guardias para que fueran a investigar que estaba mal, fue sorprendida con un fuerte tirón.
Cuando una lluvia de flechas volaron por el aire en su dirección.
Cayeron una tras de otra en una refriega de unos instantes, donde ni siquiera tuvo tiempo de hacer un sonido de sorpresa cuando fue rápidamente empujada a un lado, con tanto impulso que salio de la pequeña plataforma de madera donde estaban parados causando que cayera de cara al suelo.
Tras ella tanto el rey vikingo como el padre hicieron lo mismo, soló que este ultimo con una flecha en le pecho y otra en el brazo derecho.
Justo las que fueron sus antiguas posiciones frente al hombre.
Otras tantas flechas se encontraban incrustadas en el suelo, arboles y escudos que los vikingos cargaban con sigo y que desplegaron con una fluidez impresionante. Pero era algo a lo que no le dio un segundo pensamiento, por que ni siquiera tuvo tiempo de registrar el momento borroso que fue levantarse y ser llevada a un lugar lejos de la refriega, bajo una mesa caída rodeada de restos de vajilla y comida. Lejos del cuerpo que florecía con manchas rojas y frescas provenientes de heridas mortales.
En consecuencia todo se consume en un momento, más allá de su memoria inmediata. Su conciencia soló pudo quedarse con el sonido de muchos pasos avanzando rápidamente, la sensación de un cuerpo a su lado y el ruido lejano de una explosión.
Al menos, hasta que los gritos y el fuego fueron demasiado insoportables.
Le cuesta volver en si, y es casi doloroso. Parpadea aturdida, sintiendo el escozor del polvo y la ceniza mientras su vista comienza a tener color y forma. El aire había dejado de ser tan ligero y algo de el llego a sus pulmones. Solo entonces pudo dejar de oír como si estuviera bajo el agua, a la par de la sensación proveniente del calor a su alrededor y que comienza a sentirse en su piel como un manto pesado.
Así es como nota que se encuentra sola, eso, y al gran numero de personas que no estaban ahí antes. Vestían con telas finas y otras de civiles, corriendo mientras gritaban. Los que identifico como los invitados a la boda sacudían su ropa intentado apagar el fuego que las consumía, mientras que los civiles, quienes se encontraban armados con herramientas de campo y de caza, se movían en grupos en los cuales se incluían soldados. Todos ellos, heridos o relativamente intactos, parecían enfrascados en una búsqueda desesperada, al menos los que no estaban tratando de hacerle frente a los dragones.
Los dragones.
Asustada, cerro rápidamente los ojos cuando vio a unos cuantos metros de su posición al dragón más grande del grupo abrir sus fauces y soltar una mordida en dirección a un par de hombres con espadas y trinches. No vio el ataque, pero claramente podía oírlo.
Los gritos, el sonido de huesos triturándose, mezclándose con el olor de carne quemada y el metálico de la sangre fresca.
Podía sentir el hielo formándose bajo sus palmas en respuesta, creando una placa gruesa en el suelo. Inquieta, se decide a abrir los ojos sin levantarlos, prefiriendo por mucho ver hacia abajo, apreciando como las llamas a su alrededor volvían el hielo de un color amarillo o anaranjado, quizás un espectro intermedio entre ambos.
Hielo que se sentía extraño, casi ajeno, demasiado robusto.
Algo salvaje.
No le gusta e intenta tomar sus manos para detenerlo. La sensación le deja un hormigueo en sus manos que nunca había sentido antes, pero se frena de pensarlo mucho tiempo más porque ese no era el momento adecuado.
Están bajo ataque y no tiene idea de por que.
Decide concentrarse en eso, porque le habían enseñado que en momentos de crisis o pánico siempre se tiene que poner el enfoque en algo, a un antes de pensar fríamente. Por lo que, naturalmente, se enfoca en la situación actual y dedica todos sus sentidos a su alrededor. Deja de lado el miedo inicial, la sensación de sofoco y el sudor que comienza a formarse sobre su piel.
Eso nunca es bueno, y por un instante quiere centrarse en ese hecho, pero los gritos y peleas a su alrededor no la dejan. Gira en dirección al caos para ver que esta mal, pero francamente no ve nada especial, solo que el numero de dragones no ha incrementado, y que por el contrario, ha disminuido. Ahora solo puede ver dos de ellos pero sin rastro de sus jinetes, peleando contra cualquiera que tenga un arma y se acerque a ellos. Naturalmente es extraño ver que son conscientes de discriminar quien es un enemigo o no, pero le da un grado de tranquilidad saber que no ha sido una redada sorpresa por parte de los vikingos.
Los dragones no están atacando, soló defendiendo.
¿Pero defendiendo de que?.
No distingue a un enemigo claro en medio de todo el desastre, ni siquiera sabe donde están todos. Por lo que ella sabe, podrían estar heridos o luchando asustados mientras ella se quedaba ahí, rodeada de restos de comida y cubierta por una mesa caída.
Esa revelación no le sienta bien, el peso de ser incompetente llega a ella de nuevo y por un momento teme quedarse ahí, sometida por el miedo y la duda de que hacer a continuación.
¿Aguardar, luchar, esconderse?.
¿Cuando algo de eso ha sido una opción viable para ella?.
Piensa en eso un par de latidos que de hecho, puede escuchar en sus oídos, cuando alcanza a oír el grito de una mujer a lo lejos. No puede asegurarlo ni justificarlo, pero el aire se atasca en sus pulmones y su corazón se detiene un momento, porque jura, ese grito es de Anna.
Entonces no duda, ni si quiera lo razona adecuadamente, a pesar de que ese grito pudo provenir de cualquiera o no ser un grito en lo absoluto. Pero eso no importaba porque ya se estaba moviendo, dejando rápidamente su lugar de resguardo sin darle una mirada a donde el extraño hielo crecía igual que un parche de moho en el suelo.
Es casi sorprendente la manera en que corre con un vestido de novia puesto, a pesar de que en realidad, hay personas a su alrededor corriendo como si su vida dependiera de ello mientras se mueven como salmones contra la corriente de un rió.
Dispersos y desesperados por sobrevivir.
Por lo que, no, no es una gran hazaña correr como lo hace. Ella tropieza y constantemente vira en todas direcciones buscando un rostro familiar con desesperación. Admite que no sabe que esta haciendo cuando corre y pasa de largo los restos de la decoración que arde en llamas, o los cuerpos de heridos y victimas por igual. Ella simplemente avanza y continua con su carrera cuando ninguna de eras caras es su hermana.
En el fondo, sabe, lo que hace no es muy diferente a seguir huyendo.
No se detiene, no ayuda, y esta muy segura de que cuando encuentre a Anna lo primero que hará sera ponerla a salvo.
Es egoísta y esta muy mal, pero, por primera vez en su vida no le importa.
Descubre que no le importa y eso la esta asustando mucho.
Corre.
-¡Su majestad!-
Sorprendía por el fuerte llamado, deja de correr tan desesperadamente y se detiene un momento en la dirección del grito. Le toma un momento divisar algo concreto en medio del humo y el fuego, pero cuando lo hace, puede ver al general Garfht en su uniforme de gala sosteniendo una espada, desgastado y de pie al otro lado de donde ella se encontraba. Su ropa estaba algo fuera de lugar, y su agarre en la espada se sacudía con temblores. Aun así, rodeado de fuego y caos se mantenía firme y fiero viéndola con una mezcla de determinación y alivio.
Comenzó a acercarse.
-¡Gracias a dios! -Exclamo a medio trote en su dirección. -Estaba tan preocupado - No mucho después lo tenia de frente, y no dudo en caminar ella misma el tramo que faltaba e ir directo a él.
Estaba tan aliviada de encontrarlo, y de que él al encontrara.
Fue entonces cuando paro en seco y el momentáneo alivio por saberlo con bien termina. -¿Donde esta Anna? -Rápidamente pregunta. Ni siquiera le importaba preguntar que estaba pasando con exactitud, o si sabia quien estaba atacando, solo quería saber si su hermana estaba a salvo. Viendo su clara preocupación, el general no dudo en tomarla de los hombros mientras la conducía lejos del campo de batalla que ahora era el jardín. -¿Ella esta bien? -
-La princesa está segura, se encuentra dentro del castillo. -Le aseguró simplemente, sin explicar más. Tanto como ella o el hombre quisiera seguir discutiendo el tema, ese no era el momento. -Ahora que la encontré a usted es su turno, así que por favor dese prisa. -
Quiere resistirse, el estrés y la adrenalina no dejaban que pasar a otro tema fuera tan fácil, no se siente bien simplemente detenerse. Pero ella era propensa a seguir ordenes, en especial cuando su mente no tenia claro que hacer. Por lo que se obliga tranquilizarse ante las palabras que le aseguraban que su única familia estaba segura. Solo entonces su cuerpo entero accede a seguirlo sin oposición, intentando esquivar el pandemónium sin llamar la atención o socorrer.
Se movían lejos de las mesas y las personas tomando un camino apartado, supone, para evitar toparse con el responsable de el ataque.
Sin embargo, avanzaron soló un par de metros cuando una gran masa negra cayo frente a ellos.
Sin haberlo previsto, en el más puro acto reflejo, levando una pared de hielo cuando vio unas fauces de grandes y afilados dientes lanzar un rugido que sacudió su cabeza por completo, algo que ni siquiera su hielo pudo detener del todo.
Fue aturdidor y doloroso. El golpe de sonido causo que oyera solo un pitido agudo y que se apartara del agarre del general para sostenerse los oídos mientras se inclinaba al frente luchando contra las repentinas ganas de vomitar. Definitivamente, sus tímpanos muy probablemente estarían rotos de no ser por su barrera física improvisada.
Al darse cuenta de eso, lucha contra la bruma del dolor y el miedo intento identificar qué diablos era la cosa que prácticamente estaba sobre ellos rugiendo como un demonio del averno.
Lo cual, no le tomo mucho tiempo.
Puesto que frente a ella, el fragmento de la noche sacudió sus poderosas alas chillando como una pesadilla. Sus ojos eran rejillas hambrientas y sus dientes un recordatorio de su letalidad.
Eso casi la distrae de la figura que montaba sobre semejante demonio, pero no por mucho. La imagen del rey dragón, rompiendo el humo a su alrededor mientras sostenía una espada de fuego era un fragmento salido directamente de sus peores pesadillas, proveniente de cartas viejas y desgastadas.
Era, sin dudas, el monstruo del que tanto le advertían.
Y estaba frente a ella.
Asustada, dio rápidamente un paso atrás ante esa visión, alzando una mano esperando recibir un ataque letal.
Pero este nunca llego.
Demasiado tarde se dio cuenta de que el objetivo real no era ella, si no el hombre de guerra a su lado.
Pero para entonces al rey vikingo ya se había desmontado del dragón y desarmado al general rápidamente. En un movimiento limpio, tomo la mano que sostenía la espada y la torció de una forma antinatural. Quizás si sus oídos no zumbaran podría haber oído el chasquido de la muñeca rota, o lo que claramente le decía mientras lo sujetaba del cuello y acercaba su espada de fuego a la cara del hombre mayor.
Tal vez pudo haber ayudado en algo saber que fue lo que le dijo, o tal vez no. La verdad era que no le importaba cuales fueran sus palabras.
Lo único que podía entender, era que estaba atacando y asfixiando a alguien que apreciaba, por lo que no pensó y solo actuó. Fue dirigida por una sensación distinta a la que la hizo correr tan solo unos momentos tras, pero no tan diferente. Era algo que no había sentido desde que le habían dado caza en su refugio, hace ya varios años.
Y como en aquella ocasión, no necesito de experiencia en el combate al momento de crear una barrera de hielo irregular en medio de esos dos que se expandió como una explosión simplemente con un movimiento de su muñeca.
Una refriega en la que tanto el rey vikingo como el general salieron empujados en direcciones opuestas. El primero se recupero rápidamente, pero el segundo yacía inconsciente en el suelo con una muñeca rota y marcas rojas en el cuello.
La hace sentir culpable, pero mucho más enojada.
Se mueve entonces para mirarlo de frente, sin miedo. Completamente alerta y tan desconfiada de él como debió de estarlo desde el primer día. No se dejaría influenciar por charlas amables y amistosas dichas en la soledad de un pequeño jardín.
Sin importar que tan sinceras se sintieron.
Así le es más sencillo aferrarse al coraje cuando la confronta molesto por atacarlo.
-¿Que crees que haces? -
Él también se enfrenta a ella, aparentemente decidiendo que dejar al hombre mayo inconsciente era suficiente por ahora. Lo hace mientras sujeta esa extraña e inquietante espada de fuego que nunca antes había visto, mientras se acerca al dragón negro que ahora le gruñía a ella abiertamente. Su voz aun era opaca ante sus lastimados oídos y la forma en que se mezclaba mucho con el ruido de fondo no estaba ayudando, pero podía distinguí como el tono de molestia estaba ahí.
Casi tanta molestia como la que estaba sintiendo ella.
-¿Yo?, ¿Qué crees que hacer tú? -
Plenamente consciente de que una lucha podría desarrollarse en cualquier momento, escoge mantener ambas manos en alto y un pie hacia atrás, por si era necesario correr o saltar. En lugar de simplemente fingir que no le importa o que no lo considera una amenaza.
Hay fuego a su alrededor, mientras el calor crece de forma insoportable. No tiene tiempo para eso. Ralmente, ya no le molesta ni siquiera pretender mantener el control.
Aunque claro, tal parece que él no siente lo mismo.
No le cuesta hablar, y cuando lo hace, sus palabras salen de su boca con una calma que nadie debería de tener en medio de una lucha en desarrollo.
-Salvándote, creí que era obvio - Le dice, mientras se toma el tiempo para tranquilizar a su tenso dragón, que se alteraba más conforme ella se ponía a la defensiva.
Su imponente forma se encontraba con las alas semi desplegadas y su espalda arqueada, dejando ver claramente los músculos tensos del animal listos para el ataque.
No era como ningún animal que hubiera visto antes, pero aun así estaba esa sensación que te advertía del peligro. Y todo su cuerpo parecía advertirle de él, no importaba cuan extraña fuera su actitud delante la situación y sus cripticas palabras a las que ni siquiera les daría un segundo pensamiento.
Seguramente esas también eran mentiras.
-Tranquilo amigo, ella no es peligrosa. -Le hablo pasivamente al oído, como lo harías con un animal mansito. Es extraño y su afirmación no es más que una clara infravaloración que hiere su orgullo.
Su postura defensiva no cambia, y por el contrario decide acentuarla invocando pequeñas heleadas entre sus dedos.
Entonces escupe su indignación. -¿Como lo sabes?-
¿Qué sabia él de lo que ella era o no capaz?.
Construyo un castillo de hielo, casi mata a dos hombres y congela un reino entero hasta su muerte. Lo ha hecho antes, y se siente muy capas de volver hacerlo ahora.
En especial cuando él la mira con un par de ojos poco sorprendidos y simplemente le responde.
-Porque no me has atravesado de lado a lado con ese hielo tuyo. -Señala tranquilamente. -Sin mencionar que estas aquí hablando en lugar de hacer cualquier otra cosa potencialmente letal. -
Su tono condescendiente la hacen abrir la boca para responder despectivamente a eso, para decirle cuan fácil seria eso en realidad, pero de sus labios no salio ni una sola palabra cuando un nuevo grito en su dirección llamo la atención de ambos sacándolos de su pequeña burbuja.
-¡Ahí esta! -Un hombre de mediana edad con ropa negra que sostiene una ballesta mientras señala fuertemente en su dirección, estaba dirigiendo a un grupo mediano de gente del pueblo y soldados, todos ellos armados en diferentes medidas. Ninguno de ellos parecía intacto, y unos cuantos sangraban notoriamente, pero el hombre que había gritado era el que inevitablemente llamaba su atención.
A su lado, el dragón negro rugió amenazador a la par que su jinete dejaba de enfrentarla para concentrarse en los recién llegados. La espada de fuego que se había apagado en algún momento de su encuentro, volvió a encenderse tan aterradoramente como antes.
En consecuencia el grupo que sigue al hombre se desplaza formando un semi circulo, haciendo notar su mayoría en numero.
Todo es tan repentino.
Esta sorprendida por ello y no sabe que pensar, solo que siente alivio.
Al parecer, los refuerzos habían llegado y no estaría peleando sola. Eran probabilidades mucho más favorables las que se avecinaban si todos se unían ante, quien en ese instante, era el enemigo común y el único sospechoso de algo a pesar de su primera impresión claramente errónea.
Pero entonces el líder del grupo grita de nuevo.
Con un ladrido que llamo el frió a sus manos, mucho más rápido que el dragón a su costado.
El hombre dijo. -¡A ella! -Y sin esperar más disparo la flecha que su ballesta contenía, directo a su persona.
A su pecho.
Lamentablemente para él, su proyectil fue interceptado por otra barrera de hielo creada por el puro instinto de supervivencia, mientras era golpeada por fuertes sentimientos que causaron la rápida debilitación de su postura y su temple de lucha. Su hielo se desmorono como la arena y la situación le parecía un retorcido Deja vu.
Se sintió repentinamente abrumaba, y solo podía describir lo que estaba sintiendo como desolación.
Mientras veía a civiles y soldados continuar el ataque y acercándose para rodearlos en una coordinación que hablaba de una planeación.
Miedo.
Cuando el dragón negro rugió otra vez, y en consecuencia, el resto de los dragones en un coro temible.
Tristeza.
Al bajar las manos y dejaba caer los hombros, sin poner resistencia ante el fuerte agarre en su brazo que la alzaba rápidamente, lejos de la mirilla de los atacantes.
Dolor.
En el centro de su pecho, en sus pulmones secos y manos frías.
Rendición...
A lo lardo de todo su cuerpo.
De forma tan aturdidora que no detuvo nada de lo que paso a su alrededor y que se desenvolvía en un ritmo lento ante sus ojos, en colores borrosos. No se movió ni un centímetro para detener las bolas de fuego que llegaron de todos lados, ni las flechas o espadas que se lanzaron al frente buscando sangre. Mucho menos lucho contra la forma en que fue manejada similar a la que usarías para mover una muñeca de tela. Una muñeca manchada de hollín, silenciosa y frágil, siendo alzada a la espalda de un dragón que emprendía el vuelo.
Después...
Después fue la excusa de una gobernante, cuando desde la seguridad de los oscuros cielos estrellados vio caer una lluvia de fuego contra todo lo que conocía y amaba sin mover un dedo o impedirlo de alguna forma.
Pero es que la sensación de derrota no le dejo hacer otra cosa.
Entonces recuerda un viejo pensamiento que llego hace poco tiempo, algo que, de alguna forma, desde la retrospectiva, era premonitorio.
(Ellos...¿Nunca dejaran de temerle?).
Bien, ahora tenía su respuesta.
:
:
:
.
.
Se aleja.
.
.
.
.
.
.
Alo, ¿Alguien?.
...
Bueno, comenzare con unas muy merecidas disculpas de parte mía por la tardanza. No mentía cuando dije que mi intención era publicar a lo largo de la semana que dije (hace un par de meses...ugh), pero tuve que concentrarme mucho en la escuela por la lluvia de trabajo que los maestros pensaron era una buena idea dejar para ultimo momento. Me tome un tiempo para descansar, ya que por lo general escribo un capitulo y luego lo reescribo o corrijo a lo largo de mi tiempo libre para que quede de la mejor forma posible, ese era el plan. Pero resulta que a lo largo de mi tiempo libre, el capitulo que ya tenia escrito me gustaba cada vez menos, y me negaba a publicar algo que no fuera satisfactorio.
Hago esto por diversión, y me gusta pensar que quienes leen mis historias también se divierte. Quería darles algo bueno ya que este es el final del primer arco...no se si logre un buen cierre, pero espero que les haya gustado.
Ahora, referente al fic y nuestros personajes...
Tengo que decir que trate de llevar todo con mucho cuidado, pero ahora ya es tiempo de zarpar a otras aguas. Unas desconocidas.
Este mundo esta por expandirse, un nuevo mundo en el que ni Elsa ni ustedes saben realmente que se esconde tras esa cortina invisible, todo lo que se destruyo y construyo sobre eso. Y ahora hay todo un paisaje nuevo que se ira expandiendo poco a poco, por ahora, Arendelle no volverá en un buen tiempo. Todo ese mundo se quedara en su pequeña caja, casi como hasta ahora.
Porque eso es lo que pasa cuando la vida sigue. Unos se van y otros...se quedan.
Así que por ahora esto es todo respecto al primer arco de la historia, que espero que les haya gustado. Esto todavía no termina y ciertamente hay un camino largo por recorrer, espero que tengan paciencia para ello.
Oh, y sepan perdonar cualquier error en la escritura, no tengo Beta y uso lentes por lo que estoy algo ciega (?).
Datos curiosos:
-Investigue sobre las bodas vikingas, pero no importa cuanto haya buscado, no encontré nada sobre un beso al final. Ahora, esto es un fanfic, pude haberlo puesto, pero soy una romántica empedernida y quería que algo así tuviera un mejor significado que hacerlo a la fuerza.
-Me decidí ha agregar barias cosas de los libros de HTTYD, como las Bog-Burglars, principalmente porque seria muy aburrido solo quedarnos con Berk cuando un archipiélago recién unificado trae cosas mucho más interesantes. ¿Porque el libro y no la serie para hacer eso?, pues se resume a que no tengo tanto tiempo para ver la serie, y me es más fácil buscar resúmenes de los libros.
-Si se preguntan que paso con el ataque, bueno, digamos que es aun mucho más confuso de lo que parece. (?) se mencionara después, pero como ya esperaron mucho para este capitulo, y creo que seria demasiado cruel dejarlos con la duda mucho tiempo mas, solo diré que hay una muy buena razón por la que el final del arco se llama "un paso adelante". Eso, y que todos pecaron de creerse muy listos.
Muse Bellamy: Hola! y gracias por seguir aquí :) espero que esta vez la espera también haya valido la pena. Como dije antes, fue difícil porque no estaba conforme, pero ahora si me gusto, espero que a ti también. Y si, Anna es un tema difícil, y empeorara con el tiempo si tengo que ser sincera (Me gusta tomar un poco siempre de las ideas bases para las cosas, el hecho de que en el borrador de Frozen una hermana sea la antagonista es demasiado bueno para el drama...lo confieso ahora porque creo es bastante obvio el camino que Anna esta tomando en mi fic). Y la razón por la que nuestra querida Sissa fue la soplona es que necesitaba a alguien que fueran los ojos en el mundo fuera del castillo, un vinculo real, que temiera verdaderamente por el bien de otros. Sissa es sincera en su preocupación y acciones, a diferencia de muchos otros, le he agarrado cariño así que no te preocupes, ella tendrá su redención, solo que ahora no. Por cierto, creo que rompí un poco con Elsa "pan de dios" Arendelle, pero por más que lo pensaba no veía como alguien con su desarrollo (Cannon y no canno) pudiera defender a quien directamente la esta atacando, o no pensar egoistamente cuando creía a Anna en peligro...Bueno, espero saber que opinas ;)
Xela: Hola! mucho gusto tenerte abordo :) Me alegra mucho que mi narrativa no te aburra o confunda, siempre es bueno escuchar que alguien lo aprecia incluyendo mi humilde trabajo. Espero que este capitulo también te haya gustado y que sepas perdonar la espera. Espero seguir viéndote por aquí! :)
