¡Hey, un momento!: capítulo más largo que los anteriores. Recomiendo que busques un lugar más cómodo y/o aislado para leer, comas unas galletitas entre tanto y que disfrutes! Desde ya se agradecen los reviews, los favs, y todo eso xd ... Gracias especiales a quienes han permanecido aquí desde el principio, me han alegrado la vida desde que empecé esta historia... ahora, a leer! / re-edité el capítulo hoy sábado, los cambios son mínimos.
7.
Pasaron dos semanas donde nada novedoso ocurrió. Molly volvió a trabajar en los laboratorios del Bart's y se encontró con Sherlock un par de veces en que este pasó simplemente dando vueltas entre los féretros de la morgue. En esas dos semanas Sherlock había tenido tiempo de sobra en el 221B para aburrirse, dispararle a la pared, fastidiar a John las pocas tardes que él pasaba a verlo después de la consulta médica y realizar diversos experimentos durante el día con un intestino delgado de más de cinco metros de longitud que aún tenía bien conservado en el refrigerador.
Los días pasaban lentos frente a la espera del siguiente movimiento de Moriarty. Lestrade le había dejado un par de casos, pero el detective consultor los resolvió sin mayores esfuerzos y sin siquiera moverse del piso, cuya pared acumulaba ya varios agujeros más producto de los disparos que daba de madrugada y en medio de la soledad. Se aburría más pues ni siquiera estaba John para sacarlo del ocio o para perder la paciencia y gritarle mientras le sacaba quejidos al violín y miraba por la ventana. A veces tocaba alguna melodía agradable, pero la mayor parte de ese tiempo, Sherlock lo ocupaba en sentirse impaciente y en expresarlo como fuera.
Esa mañana de lunes, cuando ya iban para la tercera semana sin noticias, ni movimientos, ni amenazas de Moriarty; Sherlock salió temprano del 221B rumbo al Bart's, luego de pasar la noche desvelado en el sofá, ordenando, archivando y eliminando datos de casos antiguos en su Palacio Mental, cuando repentinamente tuvo la idea de investigar que ocurría en un occiso luego de seis días de deceso al ser expuesto al calor específico en algunas zonas específicas del cuerpo. Por lo tanto esa mañana tomó un taxi y llegó al Hospital al cabo de 45 minutos de viaje, con el fin de alcanzar temprano a Molly para que le facilitara un cuerpo antes de hacer el papeleo burocrático propio de la morgue. Sin darle muchas vueltas, e impulsado por una amabilidad impropia de él, se dirigió rápidamente cerca de los camarines de damas y de una máquina expendedora sacó un capuchino y un café. Se sentó ahí cerca y esperó unos momentos.
Molly apareció por la salida de los camarines caminando por el pasillo en dirección a Sherlock, que ya había notado su presencia. Llevaba la bata blanca de forense abierta, dejando ver una blusa rosa que marcaba su figura de manera precisa. El cabello castaño le caía suelto y tenía los labios pintados de un delicado tono rosa que se veía bien con su rostro y el color de su piel. Se notaba que había descansado los últimos días en su casa, pues los ojos no se veían irritados y su cuerpo, si bien se movía con la torpeza propia de Molly, parecía más grácil que días anteriores. Cuando notó que Sherlock estaba sentado junto a la máquina de café al final del pasillo le sonrió tímidamente. Entonces Sherlock notó que además Molly se había ondulado las pestañas, lo que hizo que la mirada que la forense le dio, parecía aún más expresiva que otras veces. Observó todo esto en el lapso de los diez segundos que tomaba recorrer el pasillo desde el fondo hasta la máquina expendedora, donde el pasillo único se ramificaba al resto del hospital. Sherlock se puso de pie y habló.
-Hola Molly, luces bien hoy. –soltó sin más. La aludida lo miró extrañada mientras le sonreía más ampliamente. Intuyó que bajo ese cumplido, el detective probablemente necesitara algo.
- Sherlock, ¿en qué puedo ayudarte? – en eso intentó también buscar un elástico en el bolsillo de su bata para sujetarse el cabello, pero parecía no tener éxito. Sherlock también rebuscó algo en los bolsillos de su abrigo, y cuando lo encontró; le extendió una bolsita de galletas artesanales a Molly.
-Necesito un cadáver de 6 días, de preferencia. Traje galletas. – la forense las recibió, dudosa, mirando a Sherlock y buscando aún que había detrás de todo aquello - … y un capuchino. – le extendió el vaso que había dejado en la silla y le dio una sonrisa que era solo labios estirados por toda su cara. Molly miró avergonzada el piso, pues no pudo evitar pensar lo adorable que se veía Sherlock con ese gesto y con esa sonrisa que parecía pedir atención a gritos. "parece un niño a punto de hacer una diablura" pensó para sí misma. Abrió los labios para decir algo, pero apenas pudo musitar un "gracias", aún descolocada por lo que acababa de presenciar.
-Te queda bien el cabello suelto. –aduló Sherlock nuevamente. Ahora Molly se rió en serio.
-Tendrás tu cadáver, Sherlock, tranquilo. –se adelantó a él y comenzó a andar rumbo a la morgue. El detective la siguió para luego alcanzarla y caminar junto a ella, olvidando su café en la silla donde había estado esperando.
Molly se sintió internamente agradecida de volver a compartir con Sherlock una mañana completa, pese al desastre que dejaba este en el laboratorio y los rayones y quemaduras que había dejado en uno de los cuerpos que había tomado de la morgue mientras lo estudiaba y revisaba minuciosamente, como solía hacerlo Sherlock Holmes.
Guardó el vasito plástico del capuchino una vez vacío en su casillero como un recuerdo del gesto que Sherlock había tenido esa mañana, y las galletas se las llevó a su casa para comerlas mientras bebía una taza de leche tibia esa misma tarde. Los guardias de Mycroft seguían vigilándola sin que ella lo notara, e informaban al mayor de los Holmes acerca de la patóloga, que no había vuelto a recibir amenazas, y solo abierto la puerta a una chica en su casa la semana anterior (una antigua amiga de la universidad por lo investigado). Molly era descrita como una mujer más bien solitaria y de conductas ordinarias, sin embargo, Mycroft prefería tener bajo el lente a la muchacha que parecía ser la excepción a varias de las conductas de su hermano menor, como excusa estaba además, el aún latente peligro de Moriarty en el aire y la aún inexplicable nota recibida, que para el gobierno británico no era más que un distractor.
Esa tarde Molly la pasó en su apartamento ordenando algunos libros que había comprado días antes en el centro de la ciudad, acomodándolos en su estante para luego simplemente ponerse la ropa más holgada que tenía y sentarse en el sofá para comer las galletas que Sherlock le había dado (y que según él había tomado en Speedy's) con la taza de leche tibia que tanto había querido. Vio una película que trataba sobre cuatro amigos, donde el protagonista tenía cáncer terminal y todos hacían un viaje a una playa que estaba en el este de Inglaterra. (*)
En tanto, Sherlock pretendía recibir a John y Mary durante la tarde, pero mientras esperaba la llegada de ellos sentado en su sofá aún sacándole ruidos al violín, entre una que otra melodía errática, recibió un mensaje de texto de su antiguo compañero de piso.
"Sherlock, tuvimos un percance que nos retrasó. Llegaremos más tarde. JW"
Guardó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta y justo cuando pretendía seguir tocando el violín, la señora Hudson entró en el apartamento anunciando su llegada golpeando la puerta que ya estaba abierta.
-Huhú –saludó con una sonrisa- Sherlock, llegó esto para ti hoy mientras no estabas. Tuve que firmarlo yo, pues venía etiquetado como urgente…
Dejó el violín cuidadosamente sobre la mesita junto a su sofá y poniéndose de pie recibió el sobre de tamaño mediano que la casera le extendía de manera amable. Le dio las gracias y ella permaneció ahí.
-Veamos que tienes ahora, Moriarty. –dijo para sí mismo, pues estaba más que seguro de que este era otro de sus recaditos.
El sobre tenía sus datos; su nombre y dirección, y un sello postal de Londres. Abrió el sobre con cuidado tomando un bisturí que tenía encima de la chimenea. Dentro venía otro sobre más pequeño de color crema.
-¿Quieres un té, Sherlock? –intervino la señora Hudson sacando al detective de su ensimismamiento.
-no, gracias. –respondió cortante dándole la espalda. La casera salió del piso murmurando algo y lo dejó solo.
Dentro del sobre más pequeño venía una invitación impresa en papel fotográfico opaco. Solo había dos líneas que habían sido escritas; una indicaba el nombre de Sherlock y la otra, un número telefónico. Luego de observar los detalles de ambos sobres y la invitación, leyó.
Sr. Sherlock Holmes: tenemos el agrado de invitarle a usted y su acompañante a la cena y posterior celebración en el Alexandra Palace; con motivo de la inauguración del Centro de Estudios Artísticos y Culturales de Romford. Esta reunión tendrá motivo el Viernes 17 de Abril del presente año desde las 21.00 hrs. Rogamos confirmar vuestra asistencia y la de su pareja en el número telefónico señalado. Esperamos contar con su valiosa presencia.
Confirmar a la srta. Joanne Dawson +171 1801 2016 (**)
Sherlock sonrió para sí mismo con suficiencia luego de terminar de leer la invitación. No le cabía duda alguna de que este era el siguiente movimiento de Moriarty, y que además le estaba regalando tiempo para predisponerse a lo que fuera a ocurrir ese día. El juego continuaba. Sostuvo la invitación en sus manos mientras pensaba en el Alexandra Palace, su arquitectura, posibles entradas, salidas, vías de evacuación, tenía que comenzar a moverse rápido para que aquel día el juego fuera limpio.
-¡Sherlock! –se oyó llamar de pronto. Volteó y se encontró con John y Mary asomados en la puerta. Ambos ingresaron al piso, pero John parecía querer golpearlo, pues lo miraba fijamente y casi sin pestañear.
- John, Mary… -silencio de ambos. Mary se sentó apenas con su abultado vientre en el sofá de dos cuerpos y John permaneció de pie- ¿ocurre algo?
John le extendió un sobre idéntico al suyo, dentro venía la misma invitación, pero con su nombre.
-¿A tu hermano le gustan las fiestas? –alegó.
-John, este no es Mycroft. Lo sabes…
-Su hermano es algo energúmeno como para una fiesta –acotó Mary desde el sofá con una media sonrisa. John la miró, luego miró a Sherlock y comprendió que no era algo de Mycroft, el brillo en la mirada de Sherlock, ese brillo que tenía solo ante un caso realmente complicado y emocionante, era porque este era el mensaje que habían esperado las últimas semanas.
-¿Tenemos que ir? –masculló el doctor, aún molesto.
-Es la señal que esperábamos, John.
- ¿Y tiene que ir conmigo? –intervino Mary nuevamente. Se había puesto de pie para ayudar a la señora Hudson, que volvía a entrar al piso con una bandeja con todo lo necesario para servir el té.
Sherlock la miró frunciendo el ceño, extrañado.
-¿por qué contigo? –cuestionó.
-La invitación sugiere una acompañante… ¿debo ir con John? –Sherlock seguía algo descolocado y releyó su invitación, pero John se la arrebató de las manos.
- Oye… la tuya también dice acompañante, Sherlock. Viéndolo de este modo, seremos cuatro buscando a Moriarty en el Alexandra Palace en un mes más… -concluyó John
- Tres, iré solo obviamente. –le quitó la invitación a su amigo y la dejó tirada en la mesa- John, esta es la oportunidad que buscábamos, la acción que hemos estado esperando… probablemente Mycroft se entere pronto y quiera meter sus gordas manos, pero este asunto es algo bueno, es la ocasión perfecta y no puede salir mal…
- Pero la invitación te sugiere una pareja –reiteró John con una sonrisa burlona.
- Iré contigo John –dijo Sherlock como si fuera algo obvio, poniendo los ojos en blanco ante la sorna de su amigo.
- Pues no, iré con Mary.
-Creí que habían límites entre ustedes dos. –ironizó Mary mientras servía el té
-Los hay. – John miró algo avergonzado a Sherlock.
- Podrías invitar a Molly. –se hizo un breve silencio ante la sugerencia de Mary. John soltó una carcajada y Sherlock hizo una mueca, molesto.
- O a Janine… - continuó John.
-¿Después de lo que le hizo a ella y a su jefe? – Mary tomó un sorbo de su té- no quiere saber nada de nosotros… - Sherlock se sentó en su sofá, John hizo lo mismo en el suyo y Mary acercó una silla junto a John. Se hizo un breve silencio.
- Quizás debas ir tú con Sherlock y paso por ustedes cuando sea necesario. – John le habló a Mary señalando a su amigo con su índice, desganado.
-Claro, será muy emocionante conocer por fin a Jim Moriarty –ironizó Mary- ¿crees que quiera ser padrino de nuestra hija?
- No es tan mala idea, tu mujer sabe usar bien un arma, sería buena compañía. – Sherlock parecía exasperado con la conversación y a cada minuto se hundía más en el sofá, hastiado. Se hizo un silencio incómodo tras ese comentario, Mary puso cara molesta y John carraspeó un poco, cambiando de tema. Sherlock comenzó a mover sus dedos en los reposabrazos del sofá.
-Cambiando abruptamente de tema… Sherlock, con Mary ya escogimos un nombre para nuestra hija. –atrajo nuevamente su atención. El aludido hizo silencio esperando oír el nombre y se los quedó mirando.
-Isabel S. Watson –anunció Mary.
-¿S?
-Dijiste que Sherlock era un nombre de niña… - John se encogió de hombros y Mary solo sonrió.
-Es Sophie. –aclaró ella.
-Me gustaba más Sherlock – comentó el aludido con una media sonrisa.
Los Watson se fueron poco antes de la medianoche y Sherlock volvió a su violín. Mientras miraba la invitación que había puesto ahora en el atril, pensaba que tan buena idea era llevar a una tercera persona a dicha "celebración" si realmente se trataba de Moriarty. De sus manos de pronto brotó una melodía con tintes de pasión pero que a la vez parecía reclamar una traición. Hace años que no interpretaba esa pieza. Sherlock pensó en Irene Adler, La Mujer. Podía ubicarla, sabía que merodeaba por Inglaterra y que con una sola llamada suya, ella acudiría de regreso sin pensarlo dos veces. Pero tenía dos inconvenientes con eso: nadie sabía que La Mujer estaba viva gracias a él, y no tenía ganas de ver nuevamente a John ofuscado y golpeándolo por fingir la muerte de alguien. Además el invitar a Irene a algo como esto corría riesgo de que ella siguiera aliada con Moriarty, o que se le insinuara durante toda la velada para llevar la situación a un plano más íntimo. Definitivamente no, Irene Adler quedaba descartada para este caso. Sherlock siguió tocando el violín, pero de pronto dejó el instrumento descansando en hombro y se hizo el silencio.
Quizás si buscaba a Janine podría convencerla de todos modos, más que mal habían quedado como amigos luego del disparo que Sherlock había recibido, y a pesar de las mentiras que él le había dicho a la secretaria de Magnussen, quizás cabía una posibilidad. Pero Janine era solo una mujer ordinaria, no podía negar que solo la había utilizado haciendo uso de todos sus dotes actorales para poder besarla cuando el momento así lo requería, así como para otras instancias que por su bienestar, había preferido eliminar de su Palacio Mental, conservando solo lo relevante de ella, que era poco a decir verdad. La sala seguía en silencio y Sherlock seguía mirando por la ventana mientras la chimenea permanecía encendida con un fuego casi extinto. No importaba, la primavera ya había llegado a Londres y el frío que hacía a esas horas de la madrugada no era tanto como el que había hace dos meses.
Retomó el violín y se volteó hacia la chimenea. Soltó un par de notas, como probando algo mientras miraba el fuego en silencio. Tuvo una sensación extraña en su cabeza, parecido a la emoción de la alegría, pero era solo una nueva melodía formándose en su cabeza y luchando por no salir precipitadamente por sus dedos. Un sonido dulce comenzó a sonar en la sala y parecía llenar el silencio que había, había tintes de misterio y complicidad, de inteligencia, y había una sincronía extraña en aquella neófita pieza que Sherlock estaba interpretando mientras volteaba nuevamente al atril para comenzar a apuntar algunas notas de esta nueva melodía que tenía en la mente y en los dedos.
Sherlock Holmes estaba pensando en Molly Hopper cuando esa música sin más, nació.
Si bien los sentimientos de Molly hacia Sherlock eran más que evidentes, él contaba con su complicidad, con que no haría nada que a él le incomodara y que quizás, hasta podría llegar a ser agradable compartir con ella en un espacio donde no hubiera un muerto en medio de ambos, o esa luz blanquecina propia del laboratorio. Molly era inteligente, más segura de sí misma y podía mantener una conversación fluida con ella sin aburrirse los primeros tres minutos, lo que ya era algo bueno. Además, si Moriarty era el emisor de la invitación, por supuesto que Molly cabía perfecto ahí, ya que podría al menos cerrar el tema de la nota y proseguir a lo medular, que era Moriarty en sí y el juego. Este juego. Molly Hooper era la compañía indicada para esta ocasión. Y aunque las mujeres no eran el área de Sherlock, Molly simplemente parecía serlo por ser ella y él lo aceptaba.
Ahora, ¿cómo podría hacerle la invitación? Sencillo, simplemente se lo diría cuando la viera nuevamente durante la semana.
Un par de días después, Sherlock volvió a ir al Bart's convocado por Lestrade que se enfrentaba a un homicidio doble. Luego de pasar por la morgue, dio una vuelta por el casino pues era la hora de colación, pero no encontró a la patóloga. Volvió a subir hacia los laboratorios, pero antes de llegar ahí la vio asomada en una de las oficinas ordenando documentos. Entró sin avisar su presencia, Molly estaba leyendo y separando papeles y se sobresaltó al oír esa voz de barítono que la sacó de su ensimismamiento.
-Molly…
-¡Dios! Sherlock… -lo miró con los ojos muy abiertos y abriendo un poco sus pequeños labios- me asustaste, ¿en qué te puedo ayudar? –se arqueó sobre la mesa y continuó separando papeles en la mientras esperaba que Sherlock hablara. Ese día llevaba el pelo sujetado en dos trenzas que daban la vuelta por toda su coronilla hasta juntarse en la nuca. Daba la sensación de que se parecía a una pintora mexicana.
Sherlock, tan racional y desmedido como de costumbre, juntó sus manos en su espalda y habló.
-Me preguntaba si… -carraspeó para atraer la atención de la forense. Una vez que ella lo miró de nuevo, levantando un poco la cabeza, la dedujo en tiempo récord para saber si era o no pertinente hacer la invitación ahora. Apretó los labios y repitió la primera parte – me preguntaba si te gustaría ir a …
-¿resolver crímenes?
-una fiesta conmigo. –ambos hablaron al mismo tiempo. Cerraron la boca y se miraron fijamente. Molly se incorporó en toda su estatura y comenzaban a arderle las orejas. La mesa con papeles los separaba. Sherlock permanecía de pie, impávido, esperando una respuesta con las manos detrás de la espalda.
-¿qué?
- Molly Hooper, me gustaría que me acompañaras a una fiesta. –reiteró Sherlock tan tranquilo como siempre, pero sintiendo el corazón un poco más acelerado que hace dos minutos atrás.
(*): La película se llama "Third Star" (2010) es muy bonita. Háganse el tiempo de verla, está disponible en PopCorn y en algunas partes de internet si la googlean :)
(**): El Alexandra Palace es un centro de eventos ubicado casi a la salida de Londres, lujoso por cierto. El nombre del Centro a inaugurar lo tomé al azar, el "171" es el código de área de Londres (según lo que pude averiguar) El resto del número realmentees una fecha con significado personal. XD
Nos vemos el viernes 20 de Mayo con otro capítulo largo (ahora serán todos largos xd)
ps: está bien si en este espacio me dedico a responder los reviews que me mandan? cuéntenme y me pongo dedos a la obra. Cariños!
