Fuera comenzó una tormenta demasiado fuerte como para dejar que Castiel y Demonio partieran de casa, así que les propuse que se quedaran hasta que amainara el agua. Él no se resistió y su mascota parecía llevarse bien con Lumiere, hasta durmieron juntos en el centro de la sala.

Amablemente sacó todas las cosas que estaban en el sofá y nos sentamos a ver la televisión, pero en realidad yo no estaba viendo nada en lo absoluto. Más bien estaba repasando mi día hasta que llegué a mi casi atropello. Miré mi rodilla con un parche blanco pegado y tenía algunas tintas de sangre, ya seca. Fue en ese momento cuando sentí que mi invitado se removió en su sitio y de pronto estaba boca arriba apoyando su cabeza en mis piernas.

Temerosamente lo miré de reojo sin saber muy bien qué hacer. Con Castiel siempre es así, es como estar caminando por sobre un río congelado. Él tenía los ojos cerrados y yo terminé con mi mano tímida apoyada en su pecho, estaba cálido, subía y bajaba conforme a su acompasada respiración.

-¿Qué pasa? -preguntó después de un rato sin abrir los ojos. Creo que notó que me estaba sonriendo.

-Nada, solo recordé cuando por tu culpa nos perdimos en el bosque

-¿Mi culpa? Já. Tu fuiste la culpable -abrió un ojo y al ver mi sorpresa siguió con su argumento- Si no tuvieras fama de despistada te habría confiado el mapa sin reparo.

-¿Fama de despistada? El único que tiene esa fama es Lys, no yo -me encogí de hombros riendo. Él se removió inquieto en mi regazo mientras acariciaba los dedos de mi mano que estaba aún sobre su pecho.

Su tacto me causaba pequeñas descargas eléctricas, las que me dejaban sin aire y con el corazón latiendo más rápido que nunca, rogando por piedad. Era como tener un vacío en el estómago que no se llenaría con nada. Era un nerviosismo que comenzaba en el tope de la cabeza y terminaba al borde de mi uña del dedo pequeño del pie.

-Al principio parecía que no te llevabas muy bien con él -soltó cortando el silencio que nuevamente nos había envuelto.

-¿Con Lyssandro? -asintió con la cabeza- Bueno, no tuvimos un buen comienzo. Ya sabes como soy, tengo una necesidad enorme por saberlo todo y él, por el contrario, de ocultarlo todo. Nunca lo ha confesado, pero creo que me odiaba un poco.

-¿Y qué lo hizo cambiar de opinión?

-No quieres ir allí, Proudhon

Abrió los ojos de golpe y me miró ceñudo mientras yo intentaba concentrarme en cualquier otra cosa que no fueran mis recuerdos. Suspiré mientras con mi mano libre jugueteaba con mi cabello en búsqueda de las palabras adecuadas.

-Nos unimos cuando te fuiste con Debrah. No fue mi mejor época -me encogí de hombros- Rosa tenía problemas con Leigh así que le pidió a Lyssandro que me vigilara, ya sabes.

-Oh.

Lo que acaba de confesar era verdad. Verdad a medias, pero verdad al fin y al cabo. Cuando Debrah volvió se llevó a Castiel con ella inventando un montón de historias en donde yo, por supuesto, era la villana. Creo que esa fue la peor época de mi vida luego de la muerte de mi madre.

Me afectó que no creyera en mí y, aunque le rogara, se fuera. No se quedó por mi y realmente una parte de mi creía que lo haría, que se quedaría solo porque yo, la que en ese entonces era su amiga, se lo estaba pidiendo.

Luego de su partida me convertí en la sombra de lo que solía ser, era un zombie que comía y respiraba de manera mecánica. Para evitar la vida decidí borrarme de la manera -que yo creía- era la más sana: emborracharme en bares de mala muerte. Hasta que un día me encontré a Lys. ¿Qué hacía él ahí? Ni idea, pero me sacó de encima un muy buen lío. Estaba con suficiente alcohol en el cuerpo como para que cualquiera me llevase a cualquier lado y, por supuesto, un buitre se había dado cuenta y a decir verdad a mi poco me importaba.

-Gracias Lys, pero no debiste. En serio -me tomé la cara con ambas manos mirando el suelo sorprendida por todo lo que estaba pasando- Acabas de arruinarme un buen polvo -suspiré con desgano.

Quizás eso me hacía falta… un buen polvo.

-Sinceramente creo que mañana me lo agradecerás. Ahora vamos -movió la cabeza para que lo siguiera.

-¿Qué? ¿Quieres que me vaya contigo? -reí como idiota- No me digas que ahora me quieres compensar por la interrupción -envolví su cuello torpemente con ambos brazos como si estuviera anestesiada y todo comenzó a dar vueltas. Apoyé mi frente en su hombro derecho, rindiéndome a la realidad. En donde yo era un estropajo perdedor y me dejaba guiar por Lysandro.

-Mejor guarda silencio o mañana te arrepentirás de todo esto -dijo sin más mientras me arrastraba lejos de ese bar que día a día era testigo del pozo de tristeza que crecía sin miedo en mi alma.

Y como siempre Lysandro tenía razón. Al día siguiente me dolía la cabeza como nunca antes y me arrepentía de todo y cada uno de los pasos que recordaba haber dado. Lys se quedó a dormir en el sofá, recuerdo que por eso tuvo dolor de cuello durante más de una semana.

Dije muchas cosas estando ebria, algunas no las recuerdo y creo que Lysandro prefiere no recordarmelas.

Y a decir verdad, la conclusión era tan simple que llegaba a ser infantil. Ambos estamos tristes con la decisión de nuestro amigo. Ambos creíamos que era un ciego o un tonto que no quería notar que se había tropezado nuevamente con la única persona que era capaz de romperlo sin que él lo notara. O quizás no quería notarlo. Quizás él estaba bien y nosotros mal. Era todo muy confuso, pero por lo menos ya no estaba sola. Éramos dos confundidos.

De eso pasaron un par de semanas y Castiel volvió como si nunca se hubiese largado. Como si se hubiese mejorado de una larga enfermedad volvió al pasillo en donde siempre nuestras miradas se encontraban. A veces de mala gana, otras con odio y a veces hasta con cariño. Pero la mirada de ahora era de incredulidad. Sorpresa, quizás un poco de odio. Inconscientemente busqué la mirada de Lysandro y al parecer estaba igual que yo.

-Lo lamento -su ronca disculpa me arrancó de los recuerdos en donde estaba atrapada- En serio.

Suspiré apoyando mi cabeza en el respaldo del sofá mirando el techo, pero en realidad mirando nada.

-Nunca pensé en hacerte daño, simplemente sentía que eso sería lo mejor, yo… -guardó silencio como si dudara de sus palabras. Sentí que se movió en el sofá, pero no abrí los ojos hasta que lo sentí frente a mi cara, muy cerca- Mírame Belrose y cree en lo que te estoy diciendo.

-Te creo, te creo y no quiero saber nada más del asunto -zanjé mirándolo tan fijo que dolía el alma.

El estaba de pie, inclinado hacia mí con sus manos apoyadas en los costados de mi cabeza. Con un movimiento delicado apoyó su frente con la mía, como si intentara traspasar sus pensamientos, sus emociones a mi cerebro porque era incapaz de decirlos en voz alta. Y lo entendía. No era fácil porque nosotros éramos nada y lo éramos todo. No merecía tantas explicaciones, pero quería oír cada una de las palabras que tenía por decirme.

Entonces le pedí algo que quería decir en voz alta hace tiempo.

-Quédate conmigo esta noche.


Por fin tuve tiempo de actualizar! perdón por demorar -_-

Espero sus comentarios (L)