Hola de nuevo! Siento haber tardado tanto... :)
Capítulo 7:
Estaba tumbado en la cama mirando al techo, cómo muchos de los días de las últimas semanas. Todo había pasado muy rápido pero, aún así, yo sabía que no era nada sin Rachel. Sin embargo, ¿estaba dispuesto a ir a por ella sabiendo que Brody se interpondría en nuestro camino? No estaba seguro de si lo estaba. A decir verdad, estaba harto de dramas.
Suspiré, empezando a sonreír, llevándome las manos detrás de la nuca y acomodando mejor la cabeza contra la almohada. No sabía el por qué, pero ese día me encontraba mucho más relajado y de mejor humor de lo normal. Suspiré, cerrando los ojos, justo cuando alguien llamó al timbre de casa.
Me levanté de la cama y salí de mi habitación, bajando las escaleras hasta llegar a la puerta principal. Cuando abrí, me quedé sin palabras. Era como un déjà-vu, ya que Rachel estaba de nuevo delante de mí.
- Hola Finn – me saludó.
- Rachel... - dije aún sorprendido y empezando a balbucear - ¿Q-qué haces aquí?
- Te... llamé varias veces ayer y te dejé un par de mensajes esta mañana.
A mitad de su frase, yo ya me había llevado la mano al bolsillo y había sacado mi móvil, dándome cuenta de que lo llevaba apagado.
- Lo tenía apagado y no me di cuenta, lo siento.
Yo sonreí, y nos quedamos callados varios segundos, tanto que nos empezábamos a sentir un poco incómodos.
- Oh, ¿quieres pasar? - dije de repente, rompiendo el hielo como pude.
- No hace falta, en realidad. Pensaba que, tal vez... podríamos ir a cenar.
Me sonrió tímidamente.
- Y... ¿y Brody? - pregunté, arrepintiéndome casi al instante.
- Bueno... - dijo ella aún con una sonrisa – Nadie dijo que fuera una cita...
Sonreí de lado echando la cabeza un poco hacia arriba, y salí fuera de la casa cerrando la puerta detrás nuestra. Subimos a mi coche y nos pusimos en dirección a un restaurante.
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Rachel había sugerido ir a Breadstix, como siempre hacíamos, y yo le había dicho que sí. Pero lo que ella no sabía es que no íbamos hacia Breadstix, sino que la llevé en dirección a un nuevo restaurante que habían abierto cerca del campo de golf. Ella se dio cuenta a mitad de camino.
- ¿Seguro que vamos hacia Breadstix? - me dijo, dándome a entender que ya me había descubierto.
Bajé un momento la mirada recordando cómo me había dicho algo parecido el año pasado, cuando la dejé marchar en la estación de tren. Al igual que entonces, no le respondí, y simplemente seguí conduciendo.
Cuando llegamos, aparqué el coche y bajé rápidamente, para abrirle la puerta a Rachel antes de que ella se bajara. Cerré la puerta y la cogí de la mano, sacándole una sonrisa. Entramos y pedimos una mesa, que tuvimos disponible a los pocos minutos. Este lugar era incluso mejor que Breadstix, así que esperaba sorprender a Rachel.
- Bueno, Finn, ¿cómo has estado? - me preguntó en un momento determinado, bebiendo de su copa de vino.
Yo levanté la mirada del plato, sorprendido.
- ¿Eh? - le pregunté con la boca llena, haciéndola reír.
En realidad creo que "sorprendido" no era la palabra, sino molesto. Después de todo lo que había pasado, no podía simplemente preguntarme eso.
- Bien – respondí amablemente, aún así, una vez que había tragado – He vuelto a co-dirigir el Glee club, aunque creo que eso ya lo sabes.
Ella me miró un par de segundos, como sin decidirse a qué responder. Yo cogí también mi copa y bebí un poco, disimulando.
- Sí, me lo contó Kurt, al igual que lo del musical – me dijo sonriendo – Estoy encantada de que vayáis a hacer Funny Girl.
- Fue idea del señor Schue – dije sonriendo también – Además, quiere que vengas a verlo para que nos des tu opinión.
- Vaya, eso sería increíble – dijo emocionada.
Yo solo pude reírme por su entusiasmo.
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Cuando terminamos de cenar, salimos del restaurante riéndonos a más no poder. La verdad es que llevábamos un par de copas de más encima, y se nos estaba notando.
- Y, y, y... ¿te acuerdas de cuando te emborrachaste y te besaste con Blaine? - dije muy alto, debido a lo borracho que estaba.
Entonces ella empezó a reírse mucho, y yo también.
- Si hasta pensé que me había enamorado.
Ella paro un segundos las risas, y me dio un par de golpecitos en la tripa.
- Eh, mira – me dijo aún riéndose, mientras me señalaba el molino del campo de golf que estaba justo fuera del restaurante.
Yo solo seguí riéndome y la cogí de la mano, para ir tambaleándonos hacia el molino. Nos pusimos a inspeccionarlo desde fuera, y vi cómo un par de personas se marchaban molestas al ver que no les dejábamos jugar el hoyo. Eso solo hizo que nos riéramos más, y nos agachamos para entrar a gatas dentro del molino.
Ella volvío a reírse de nuevo.
- Dios, parecemos niños pequeños – dije una vez que me hube sentado.
Ella simplemente ignoró mi comentario y siguió con la conversación anterior.
- ¿Y te acuerdas de cuando montaste un stan de besos? - me preguntó.
- Claro que me acuerdo – dije estallando en una carcajada.
- Y yo quería que me dieras un beso y me lo diste en la mejilla.
- Sí, tendrías que haberte visto la cara.
Ella se quedó callada un momento, y luego volvió a reírse. Era seguro que al día siguiente me dolerían las mejillas de tanto reírme.
- Me "robaste" un dólar – dijo riéndose aún más - Aunque nunca entendí por qué lo hiciste.
- Me daba palo... ya sabes, darte un beso después de lo que había pasado.
Ella dejó de reírse, y me miró a los ojos.
- ¿Por qué te daría palo darme un beso?
Yo bajé la mirada.
- Porque te quería – le respondí con sinceridad.
Ella se quedó callada, al igual que yo. Durante varios segundos que parecieron horas, ninguno de los dos dijo nada. En un momento de lucidez, me llevé la mano al bolsillo y me saqué un dólar.
- Toma – le dije tendiéndoselo.
Rachel lo miró por un segundo, y lo cogió.
- No puedes dármelo sin más.
Me relamí los labios, pensando mi siguiente movimiento.
- Tienes razón.
En cuanto lo dije me abalancé rápidamente contra sus labios, besándola suavemente. Ella llevó una mano a mi pelo, acariciándomelo, y acercándome más a ella mientras profundizaba el beso.
- Espera – dijo deteniendo el beso después de varios minutos – No podemos hacer esto aquí.
Me quedé callado un segundo, y volví a besarla. Al parecer, seguía sin poder pensar con claridad. Ella volvió a separarme, y hundió su cabeza en mi cuello.
- No – dijo susurrando - Vamos a tu casa.
