Disclaimer: Labyrinth ni ninguno de sus personajes son de mi propiedad.
Pareja: Jareth/Oc
Avisos: Tiene algo de lime (relación o roce poco explícitos)
Nota: ¡Hola de nuevo! Espero que os guste este capítulo. ¡Saludos a tod s! Agradezco que sigáis acompañándome en esta historia ^^
Capítulo 7. Declaración de guerra
Lo único que pudo ver fue sangre, mucha sangre antes de desmayarse por la impresión. Entonces, soñó, y no fue un sueño del todo desagradable...
El rey la besaba sin ningún control y se sorprendió disfrutando de aquella acción inesperada. Sus manos se vieron súbitamente presas por una fuerza invisible mientras su cuerpo era rozado, cada parte de él experimentando un ardor placentero y humillante. Movió su cuerpo con desesperación pero sus fuerzas no eran suficientes para liberarse.
—Por favor, basta... —respiró con dificultad, las lágrimas amontonándose en sus lacrimales—. ¿Qu...qué va a hacer conmigo?
Despertó con un suspiro, tratando de asumir aquello que había soñado. Una voz la hizo saltar del susto. Después tembló, con miedo.
—¿Disfrutas tus sueños, niña mimada?
Lanah se encogió entre las sábanas y en un infantil gesto se tapó la cabeza con ellas. Oyó la risa del rey goblin, oscura pero con sincera diversión.
—¿Miedo de mí? —con terror, le sintió gatear por la cama.
—Piensa que eres afortunada al soñar conmigo. Ni uno sólo de mis esclavos tiene ese honor que mi sangre te brinda.
Lanah se sorprendió al oírle decir aquello. ¿Llevar su sangre en el cuerpo era lo que provocaba eso en ella, esos sueños? De repente, la sábana la abandonó y la cara del rey goblin aprisionándola contra el lecho la horrorizó. Sintió una fuerza impidiendo que se moviera.
—Voy a atormentarte siempre. Después de todo, tendremos toda la eternidad —dijo su suave pero peligrosa voz al oído.
—¡¿Que eres qué?! —El grito de Sarah resonó en todo el corredor, haciendo volar a un par de pajarillos que se posaban en unas ramas cercanas—. Venga ya, ¿qué has hecho con mi marido?
La mujer se puso en guardia, esperando ser atacada en cualquier momento, pero sólo consiguió una mirada comprensiva por parte de su "marido".
—Mi amor, soy un dios y también un rey, aunque creas que quizá he secuestrado a tu marido y me lo he comido. Más específicamente soy Charles, el rey de todos los animales.
Sarah lo miraba, incrédula, y una media sonrisa irónica se le fue formando en la boca. Ante el asombro del rey, comenzó a reír.
—¿Es una broma? Es tan ridículo ese título… Pero, supongamos que te creo... ¿No se te ocurrió decírmelo antes, o es que me estás engañando para mantenerme aquí? —preguntó, desconfiada—. ¿Tú eres mi marido, quien ha pasado más de veinte años conmigo y quién estaba en la cama cuando yo me fui contigo?
—Sí, mi amor, ¿es que no me reconoces? —preguntó, señalándose a sí mismo—. Lo que veías en la cama era tan sólo una ilusión.
—No puedo creerte. Si esto fuera así, jamás me perdonarías por ceder a mi hija ante esa bestia de Jareth.
—Tienes razón: fue horrible de tu parte no decirme nada —paseó por la estancia—. Tuve que averiguarlo por mí mismo. Pero quizá soy yo más odioso que tú por no haber hecho nada a pesar de saberlo.
—¿Lo... Lo sabías? —la mujer parecía más sorprendida que enfadada, pero enseguida su expresión cambió a ira.
¿El no había hecho nada por ayudarla a pesar de saberlo, a pesar de ser un dios? Él la interrumpió antes de que ella siguiera haciéndose ideas que no eran.
—Sí, pero antes de que te enfades, querida, te diré algo: yo no podía revertir el pacto que hiciste con él aquella noche. No tenía los medios necesarios.
Sarah se calmó.
—¿Y también secuestras a niños, o has tenido que ver en algo con que se llevaran a nuestra hija?
El rey suspiró cansinamente.
—No, ven a un lugar más acogedor para que te explique. Tengo que ponerte al tanto de muchas cosas.
La chica sollozó sin poder evitarlo. Sus semblantes estaban demasiado cerca el uno del otro
—Te dije que disfrutaba tus lágrimas.
Lanah sintió una fuerza y una rabia inmensas inundarla, infundiéndole el valor suficiente para hacerla decir lo que pensaba que una manera sincera.
—Lloro porque no puedo liberarme de ti... y eso me llena de angustia —confesó—. Pero hay más… Siento tanta pena y compasión por ti... Eres un ser odioso, hermoso por fuera pero feo por dentro…y que no sepas lo que es la bondad y el amor con los que crecí me llena de tristeza.
La vena de la sien del rey latió enfurecida y algo en su interior pareció removerse. Ira, furia, ganas de hacer lo que fuera con ella. Esa maldita niña…¿qué estaba queriéndole decir con eso, quién se pensaba que era para hablarle de esa manera? El rey se acercó a su boca y suspiró en ella, sonriendo malévolamente.
—¿Quieres saber el precio por tus palabras?
—Si eres tan cobarde de dañar a las personas indefesas, adelante.
—Te crees muy valiente, niña estúpida.
Lanah sintió sus manos ser sujetadas con más fuerza. El rey goblin elevó la mano y la apretó, haciendo que Lanah soltara un alarido de dolor. Era como si todos sus músculos se tensasen y se quedasen así durante unos segundos, a la expectativa que él los dejase libres. Por suerte para ella,
—¡Señor, ya basta! —una voz desesperada hizo que el rey dejara de ejercer su influencia sobre la chica y se levantara de la cama.
Una mujer muy extravagante entró al cuarto. Para su sorpresa,
—¿Qué haces aquí? —preguntó—. Vuelve a tus quehaceres.
—¿Acaso ha perdido la cabeza? Ni siquiera cuando la joven Sarah vino aquí y lo enfureció, usted era así… Yo lo vi nacer, lo cuidé... Usted no lastima a los inocentes. Usted era un rey orgulloso, un hombre valiente y ha pasado a ser algo que no reconozco -la mujer tenía lágrimas en los ojos-. ¿Tanto ha sufrido que esa alma oscura ha anidado en su ser?
El rey la fulminó con la mirada, y entonces, para sorpresa de la mujer (que había estado esperando un castigo tremendo por su grave falta), desapareció en cuestión de milésimas de segundo.
delante de su "marido", con las manos en el regazo mientras hablaba. Él le había preguntado cómo había conocido al rey Goblin y por qué éste quería vengarse de ella. Ella había tardado casi una hora en explicarle la historia completa, con sus más y sus menos, terminando en por qué ella creía que lo había hecho.
—Creo que él estaba enamorado de mí.
El rey Charles rió.
—¿No me digas que el secuestro de nuestra niña es una venganza por un amor no correspodido? —preguntó, burlándose—. Casi no puedo creerlo. Eso es tan pueril y tan impropio de un regente de este mundo...
—Lo sé —bufó Sarah—. La verdad es que todo eso no me importa: lo único que quiero es ver a Lanah sana y salva de vueta conmigo.
—No debes sufrir más por eso, querida. He mandado a alguien para su rescate.
Sarah abrió los ojos, refulgiendo en ellos el brillo de la esperanza.
—Es uno de mis hombres de confianza. Lo he dejado en sus manos.
Pasó un rato en que no dijeron nada. Entonces, Charles volvió al tema por el que la había traído allí principalmente.
—Por todos los años que no has pisado este mundo, no sabrás que el rey Goblin ha estado haciendo toda clase de maldades desde hace unos años. Y ahora el secuestro de nuestra hija, que es algo que no estoy dispuesto a perdonar. Es por eso que quiero destruirle...
—¿Pero cómo?
—Voy a declararle la guerra —dijo, con decisión en sus ojos grises.
Sarah sintió la angustia recorrerla.
—Pero él es muy poderoso, Charles. No creo que dude en hacerle daño a Lanah o a ti si te acercas.
—Sin duda, es muy poderoso, pero ya tengo uniones con las principales fuerzas de este mundo. Él no escapará, te lo aseguro.
La tranquilizó, levantándose de la mesa, yendo hasta ella y posando una mano en su hombro. Después volvió a su escritorio, sacó un pergamino y una pluma de uno de los cajones y escribió algo en él, acercándolo a Sarah. Mientras avanzaba en la lectura, más abriía los ojos. Después lo miró a él, sorprendida.
—Esta es la misiva que le enviaremos para hacerle partícipe de nuestra decisión.
—Pero yo no soy una reina, Charles.
—Te equivocas, Sarah. Ahora eres mi reina e incluso el rey Goblin debe saberlo...
Miró al cielo nocturno: en tres días, la luna estaría llena del todo. El viento soplaba furioso, llenando su reino de polvo y hojas. Una paloma blanca se dirigía hacia él, y voló hasta posarse en el alféizar de la ventana de aquella torre. Desamarró la nota que había colgada en una de sus patas y el animal echó a volar. Leyó:
"A Jareth, el rey Goblin: el rey Charles y la reina Sarah demandan que les devuelvas a su hija en el plazo de tres días. Si esto no ocurre así, se declarará la guerra al país de los Goblins".
¿Sarah estaba casada con ese rey de pacotilla? Entonces esa niña era hija de esos dos estúpidos, una princesa mimada. Sonrió cínicamente.
—¿Queréis guerra? —dijo en voz alta, estrujando el pergamino en sus manos y haciéndolo desaparecer—. Pues la tendréis, porque no pienso devolver a vuestra princesita mimada.
Continuará...
Neko: ¡Gracias por tu comentario! Aquí tiene tu continuación. Espero que te guste. ¡Saludos! ^^
Agradecimientos especiales a: Lulipmoran, Rosesvankmajer, Leeslie y Neko.
