¡Hola!
Gracias por la espera. Hoy traigo el capítulo esperado... ¡Empieza la aventura! Muchas gracias por todos vuestros reviews, de verdad que me animan mucho. Este capítulo no se centra mucho en Hermione y Ron, sino más en la familia Weasley en general, y es que este capítulo y el próximo serán un poco de presentación de la enorme familia.
También se resuelve una duda, una duda que en cuanto la leáis ya sabréis cuál es, aunque creo que vosotros ya lo imaginabáis.
Y sin más preámbulos... ¡Viajemos hasta la nueva y renovada Madriguera!
Capítulo 7. La Madriguera
-A buenas horas –dijo Arthur Weasley en cuanto Ron abrió la puerta de su casa. Por lo que parecía, su padre llevaba un buen rato esperándole- Hermione ha llegado hace dos horas y me ha dicho que no has venido con ella cuando Hagrid os ha venido a buscar. ¿Dónde has estado? –Ron abrió la boca para hablar- Bueno, da igual. Harry te ha llamado hace media hora, y me ha dicho que te diga que le llamaras en cuanto llegaras. Parecía importante, así que llámale y luego ve a hacer tu maleta, mañana por la mañana partimos hacia La Madriguera.
Sin decir nada, Ron subió las escaleras, con temor a encontrarse con Hermione. Pero eso no ocurrió. Se encerró en su cuarto y cogió su móvil para después marcar el número su amigo.
-Por fin llamas, Ron –dijo Harry. El chico se sorprendió, apenas había pasado medio segundo desde que había pulsado la tecla "llamar"- estoy destrozado.
-¿Qué te pasa? –preguntó el pelirrojo al darse cuenta del tono de voz de su amigo, que sonaba triste.
-Pansy y yo lo hemos dejado.
Aunque la noticia no produjo precisamente tristeza en Ron, quien creía que Harry merecía algo mejor, se vio obligado a ejercer su papel de mejor amigo:
-¿Qué? Pero, ¿cómo? –dijo con voz solemne.
-Se ve que tenía planes para esta tarde en la que yo "no podía quedar". Estaba celebrando nuestro aniversario… con otro –dijo Harry con voz sombría. Ron empezó a preocuparse, aunque se alegraba de que Pansy y él hubieran roto, no podía verle de esa manera, Harry era para él más que un amigo, era un hermano.
-Dios, Harry, cuánto lo siento –dijo sinceramente, y se maldijo por dentro por no poder pasar la semana con su amigo.
-Pues aún lo sentirás más cuando te diga con quién le he pillado… -empezó Harry.
-¡RON! ¡Baja inmediatamente a cenar! –se oyó la voz de su padre gritando desde abajo. El pelirrojo resopló.
-Tengo que colgar, mi padre está cabreado y no conviene que le haga esperar. Después de cenar te llamo, ¿vale? No te comas más la cabeza, esa Parkinson es una bicha –dijo Ron. Se despidieron y después bajó a cenar, con una idea en la cabeza que le hizo sonreír.
En el comedor, su padre, Jane, Ginny y Hermione ya estaban sentados, esta última mirando a todos lados excepto al pelirrojo, que se sentó empezando así con la cena.
-Qué ilusión el viaje de mañana, Arthur. No puedo esperar para conocer a tu familia –dijo Jane cogiendo las manos de su futuro marido.
-Papá, sobre eso, quería comentarte algo… -dijo Ron con cautela. Sabía que su padre seguía algo enfadado por haber llegado tan tarde y sin avisar.
-Claro, dime Ron –dijo Arthur, sereno.
-Verás, es que he hablado con Harry y está pasando por un mal momento ahora… y me preguntaba si podría venir con nosotros a La Madriguera –dijo. Los ojos de Ginny brillaron y ella y Hermione se miraron con complicidad.
Arthur miró a su hijo durante unos instantes con severidad. Luego, su rostro se volvió bonachón, como siempre, y asintió.
-Por supuesto, si sus padres no tienen ningún inconveniente.
Ron sonrió y más animado siguió con su cena, mirando de reojo a Hermione, quien evitaba su mirada.
-¿Qué le pasa a Harry? –preguntó Ginny, sin ocultar su interés. Ron la miró, dudando entre si decirle lo ocurrido o no, pero como se iba a enterar de todos modos, dijo:
-Ha roto con su novia.
-Oh, cuánto lo siento –dijo la pelirroja, aunque su tono de voz indicaba lo contrario.
-Venga, todos a terminar vuestras maletas y a dormir –dijo Arthur al terminar la cena.
Hermione fue la primera en levantarse, sin siquiera mirar a Ron, con las mejillas rojas. Este también intentó evitar mirarla; sabía que se toparía con su bello rostro y sus sensuales movimientos.
Al día siguiente, a las nueve de la mañana, todos estaban listos para partir. Ron ya había llamado a Harry la noche antes, y sus padres le habían dado permiso para irse con él. De hecho, lo preferían así. James y Lily Potter eran dueños de una famosa cadena publicitaria y esa semana, a pesar de ser puente en Londres, tenían que viajar, y como no querían que su único hijo, al que querían más que a nadie en el mundo, estuviera solo, dejaron que se marchara con su mejor amigo y disfrutara de esa semana.
Como eran seis, tuvieron que coger dos coches, o más bien dicho, limusinas: Arthur y Jane se instalaron en una junto a su chófer y Harry, Ginny, Hermione y Ron en otra, conducida por Hagrid, quien también estaba invitado a la reunión familiar.
El viaje duraba casi tres horas, las cuales pasaron muy lentamente para los cuatro chicos, incómodos dentro del vehículo sin decir apenas una palabra. Pararon para comer algo y a la una y media, momento en el cual Ron aprovechó para hablar con su amigo. Se alejaron con sus respectivos bocatas de los demás.
-Harry, sé que estarás destrozado y lo entiendo… pero tengo que hablar contigo.
-Cualquier cosa para sacar a Pansy de mis pensamientos –dijo el chico, dando permiso a Ron para que hablara. Este tomó aire antes de hablar.
-Ayer casi me enrollo con Hermione –Harry abrió los ojos e hizo ademán de ir a decir algo- espera, antes de que digas algo, lo sé, fue una locura y además tiene novio…
-Ron…
-Pero es que no lo sé, no sé qué me está pasando, tú me conoces, yo no soy así…
-Ron…
-Y lo peor de todo es que creo que me estoy enamorando de ella, y por desgracia ella está con el hurón ese de Malfoy…
-¡RON! –gritó Harry al fin. El pelirrojo le miró, sorprendido- Tengo que decirte algo. No sé cómo vas a reaccionar a ello, pero creo que debes saberlo…
-¡Chicos, venid, tenemos que continuar el viaje! –dijo Jane, interrumpiendo la conversación de los chicos. Ambos resoplaron y volvieron a su limusina para seguir con su trayecto, que duró una hora más, hasta que por fin pusieron pie en las tierras de La Madriguera.
Ron y Ginny no podían ocultar su entusiasmo, y no era para menos; Harry y Hermione se sorprendieron al ver esa enorme mansión, era incluso más grande que un palacio. La casa era enorme, y el jardín que lo rodeaba, de un verde precioso. Los cuatro chicos agradecieron que el tiempo, a pesar de estar en pleno otoño, fuera caluroso y perfecto.
-Ron, este… Es… increíble… -dijo Harry tartamudeando, embelesado- nunca me habías invitado antes, eres un mal amigo.
-¡Eh! Te he invitado ahora… -le respondió Ron.
-Escuchadme bien –dijo Arthur- coged vuestras maletas y llevadlas al vestíbulo, después decidiremos las habitaciones… Ron, Ginny, os dejo al cargo de Hermione y Harry para que les guieis mientras yo y Jane vamos a saludar.
Los dos prometidos cogieron sus maletas y se dirigieron, junto a Hagrid, en la parte trasera de la casa. Los cuatro jóvenes se quedaron solos.
-Vamos, venid –dijo Ginny- esto os va a encantar.
Travesaron una enorme valla, entrando, oficialmente, en La Madriguera. Los jardines, tal y como se veía desde el exterior, eran maravillosos. Había una gran fuente de agua cristalina y, cerca, había un río que invitaba a bañarse en él. Una chica apareció de la puerta de entrada, corriendo hasta los cuatro, para echarse a los brazos de Ron. Hermione se sobresaltó, aunque cayó en la cuenta de que seguramente sería una pariente suya.
-¡RON! ¡Estás guapísimo! –después la chica se echó a los brazos de Ginny, que la correspondió encantada- Ginny, ¡has crecido mucho desde que te vi en… febrero!
-Chicos, os presentamos a nuestra prima, Lavender Brown –esta les sonrió a todos- Lavender, estos son Harry y Hermione.
Lavender era una chica bonita, con el pelo rubio y ojos de color miel.
-Encantada –dijo tras saludar con la mano a los dos chicos- Vamos, venid, todos los que hemos llegado estamos aquí dentro.
-¿Quién falta por llegar? –preguntó Ron.
-Luna llega esta tarde, los Creevey, Charlie y Percy mañana, pero están aquí Bill, Fred y George.
-¿Enserio? ¡Es genial, no les veo desde año nuevo! –dijo Ginny, entusiasmada, mientras los cinco hacían camino hacia la casa. Lavender, Ginny y Hermione se pusieron a hablar, mientras Harry y Ron estaban algo más alejados que ellos.
-Tu prima es muy guapa –dijo Harry, observando a Lavender. Ron le fulminó.
-Ayer lloriqueabas por Pansy, ¿recuerdas? –le reprochó. El moreno se encogió de hombros.
-¿Qué quieres que le haga? Tengo que olvidar a Pansy, ¿no? –se defendió.
-Pero no con mi prima Lavender, por favor te lo suplico.
Harry rio y negó con la cabeza y ambos siguieron su camino hasta llegar a la puerta principal. Al traspasarla, Harry y Hermione pudieron observar lo maravillosa que era la mansión no sólo desde fuera: el vestíbulo era enorme y contenía muebles de gran lujo. En las paredes había diversos retratos de toda la familia Weasley, la mayoría caracterizados por el rojo pelo, pero algunos de un pelo dorado como el de Lavender.
-¡Hermanito! –dijo una voz masculina. Ron se giró y sonrió al ver a sus dos hermanos gemelos, Fred y George.
Hermione observó con una sonrisa la tierna escena. Los tres pelirrojos se acercaron y se fundieron en un cariñoso abrazo, al que posteriormente se unió Ginny.
Fred y George eran unos universitarios de veinte años muy atractivos con un parecido tan grande, que la castaña pensó que sería casi imposible distinguirlos. Hermione se mordió el labio al ver la innegable felicidad que Ron mostraba en su rostro y, notando que sus mejillas se tornaban rojas, se giró, encontrándose con la curiosa mirada de Lavender que parecía saber lo que pensaba la chica.
-Supongo que os acordaréis de Harry –dijo Ron señalando a su mejor amigo.
-Cómo no. ¿Qué tal, Potter? –dijo Fred, saludando al chico. George hizo lo propio.
-Y esta es Hermione, la hija de Jane y nuestra… hermanastra –presentó Ron otra vez, pero pronunciando la última palabra con un deje de amargura.
-Encantada –dijo la castaña con una sonrisa amable.
-Bienvenida a la familia –dijo George.
-¿Cómo os va por la universidad? –preguntó Ginny.
-Bien –respondió George, anticipándose a la respuesta de Fred. Este fulminó a su gemelo, haciendo fruncir el ceño a la pelirroja.
-¿Han venido Katie y Angelina con vosotros? –preguntó Ron, curioso.
-Angelina está fuera, hablando con Bill y Fleur –volvió a responder George.
-Genial, ahora vamos fuera y les saludaré a los tres. ¿Qué hay de Katie, Fred? –volvió a preguntar Ron. George y Fred intercambiaron una serie de miradas hasta que Fred contestó.
-No ha podido venir, tenía otros planes. Pero os manda recuerdos a todos –dijo. Aunque la sonrisa había desaparecido de su rostro. Ron le miró significativamente, pero Fred apartó la vista.
Después todos fueron a la parte trasera del jardín, donde ya estaban Arthur y Jane, juntamente con Bill y su mujer, una bonita mujer francesa llamada Fleur Delacour que se encontraba en el último periodo del embarazo de su primer hijo.
-¡Ron, Ginny! Qué alegría veros –dijo Bill acercándose para saludar a sus hermanos. Tras un intenso abrazo, se giró a Harry y Hermione.
-Tú debes de ser Hermione, la hija de Jane. Es un placer. Tu madre es encantadora –estrechó la mano de la castaña, que sonrió, y luego se giró hacia Harry- ¡Harry! Qué sorpresa verte aquí, hacía mucho tiempo que no nos veíamos, desde que tenías seis años y tú y Ron veníais a casa y me molestabais mientras estudiaba para selectividad –rio.
-Sí, Ron me invitó a venir. ¿Qué tal todo, Bill? Por lo que veo, bien –dijo observando a su mujer, Fleur, que sonreía a todos los presentes.
-Es genial. Ahora vivimos en Francia. Fleur, acércate.
Tras una breve guía por el primer piso (la cocina, el vestíbulo principal, el gran comedor…) Harry y Hermione conocieron a los demás familiares; Arnold y Shila Brown (esta hermana de Arthur Weasley), que eran los padres de Lavender, a Septimus Weasley, padre de Arthur Weasley, y a Remus y Nymphadora Lupin, ella prima segunda de Arthur, y su marido, y a su adorable hijo Teddy, un niño de cuatro años.
-Tía Muriel está durmiendo, dice que está cansada –dijo Lavender, rodando los ojos.
-Mejor, prefiero no oír sus comentarios sobre mi horrible pelo y las camisetas cortas de Ginny –dijo Ron.
-¿Quién es Tía Muriel? –preguntó Hermione a Ginny, que se encontraba aturdida mirando a Harry, que jugaba con Teddy.
-Es una tía nuestra muy lejana. La verdad es que nunca me ha caído bien –dijo Ginny, encogiéndose de hombros.
Tras instalarse cada uno en un cuarto distinto y bajaron otra vez al patio interior, donde había una piscina donde los más adultos se encontraban en una mesa bebiendo y hablando. Ginny y Hermione fueron a coger sus bañadores, con la esperanza de darse un baño. Era increíble lo soleado que estaba el día.
-Por fin estamos solos –dijo Ron, que se recostó bajo un árbol junto a Harry- Ahora ya podemos hablar.
-Ron, ¿vas a escucharme de una vez? –insistió el moreno.
-¿Qué es tan…?
-¿Qué pasa, hermanito? ¿Hablando con Harry sobre tu nueva hermanastra? –dijo Fred, que se acercaba junto a George donde los dos chicos. Ron frunció el ceño y miró a Harry, pero este se encogió de hombros.
-¿Qué insinúas? –preguntó.
-¿Yo? Nada. Pero la chica tiene su atractivo, y dudo que tus instintos masculinos te ayuden a mantenerte alejado de ella para no cometer un incesto…
-Cállate, Fred. O si no explica cómo no le has dicho a papá que tú y Katie habéis roto –dijo Ron, fulminando a su hermano con la mirada. El joven gemelo enmudeció y fulminó a George.
-Yo no he dicho nada, lo sabes –se excusó este, sintiéndose algo intimidado por la hostilidad de la mirada de Fred. Ron sonrió, triunfante.
-Así que es verdad. Sabía que no me equivo…
Sus palabras quedaron cortadas cuando percibió a Hermione desde la puerta que daba al jardín, donde salía junto a Ginny para bañarse.
Aunque ya la había visto una vez en bikini, ahora tenía efecto mayor para él. Tragó saliva, observando sus curvas detenidamente sin perder detalle, como si quisiera gravar esa imagen en su mente y que no desapareciera jamás. Su piel estaba perfectamente cuidada y aún recordaba su suave tacto. Su pequeña cintura le invitaba a abrazarla. Pero lo que más le gustaba de ella, no era su cuerpo, sino su sonrisa. Y cómo le gustaría que esa carcajada que soltaba, seguramente por algún comentario ingenioso de Ginny, fuera sólo para él.
-Yo tampoco me equivocaba –dijo Fred, levantándose, aún más triunfante- Vamos George, tengo que hablar con papá sobre eso.
Y ambos gemelos se alejaron de Ron y Harry, este con las mejillas enrojecidas.
-Ron, escúchame de una maldita vez –dijo, alterado.
-¿Qué pasa? Llevas todo el día así… -dijo el pelirrojo, algo asustado por el tono de voz que usaba su mejor amigo.
El moreno resopló, miró hacia Hermione y Ginny, que en ese momento se zambullían dentro del agua, y luego volvió a mirar a Ron.
-¿Te acuerdas que te dije que Pansy me engañaba con otro? –dijo, con amargura. Ron asintió enérgicamente, algo aturdido- Pues ese otro es Draco Malfoy.
