"¡Soy un asesino, mate a mi proprio hijo!"

Desde el principio decidí ignorarlo, pensé que con el simple hecho de negar su existencia él simplemente… desaparecería, de igual forma pensé en mi bebé como un monstruo, un parasito que había venido a destrozar mi vida robándome el cariño y el apoyo de las personas a quien yo más quería ¡Estúpido, que estúpido fui! Recuerdo aquella noche que supe de su existencia, fueron largas horas en las que llore mi amargura pero en esos momentos que mas necesitaba del apoyo y del cariño de alguien mi hijo siempre encontraba la forma de hacerme sabe que estaba allí, no sé cómo pero lo hacía y en breves segundos encontraba la paz y el confort que tanto necesitaba para justo despues maldecirlo y culparlo por todo lo que me estaba pasando.

Fueron varias veces las que consiente mente golpee mi vientre tratando de hacerle daño o como aquella noche que iría a encontrarme con… Camino a la reunión despues de confirmar que mi hijo estaba en mi vientre mareos y nauseas se apoderaban de mi mientras mi pequeño se movía inquieto en mi vientre causando estragos en mi, en aquel momento me pareció una molestia por lo que mientras golpeaba mi vientre le reproche lo que estaba haciendo aun sin estar seguro de que me pudiera estar oyendo; lo recuerdo bien, aquellas palabras cargadas de ira y desprecio hacia mi hijo y que al repetirlas ahora me lastiman – ¡Maldito mocoso idiota no molestes!, ¡Es un hecho que llegare con el amor de mi vida, pero escúchame bien mañana saldrás de mi cuerpo maldito parasito!, ¡TE ODIO, TE ODIO arruinaste mi vida sabandija sería mejor que estuvieras muerto! –

Ahora despues de tanto tiempo por fin puede entenderlo todo, ¡Hijito perdóname!, tu sabias que algo no estaba bien y por eso no querías dejarme ir y yo al ignorarte… si me hubiera quedado en cama en compañía de Fil quizás yo no hubiera hecho aquella estupidez y ahora mismo estarías aun en mi vientre aguardando el momento adecuado para llegar a este mundo, ¡No, no es verdad! En estos momentos tu estarías entre mis brazos aun siendo prematuro porque tú eres el hijo de dos caballeros dorados, los más fuertes en todas las ordenes y por eso tu… tu…

¡Soy un maldito desgraciado!, ¡Un imbécil!, ¡Vil escoria!, ¡Una basura!, ¡Un infeliz mal nacido que nunca mereció ni merecerá se padre! ¡Soy un asesino, soy un asesino!, ¡Piedad por favor, piedad… Mátenme, quiero morirme, háganme un favor y mátenme! ¡No merezco vivir, no merezco llamarle hijo, pero se los suplico déjenme verlo por última vez y pedirle perdón aun cuando no lo merezca!

Colapse cuando desperté en una habitación del hospital y grite aquellas palabras en medio de un llanto desgarrador provocando un gran alboroto en el hospital, varios médicos y enfermeros llegaron para someterme puesto en un determinado momento comencé a dañarme y a agredir a todo aquel me negaba ver el cuerpo de mi bebé pero al cabo de unos minutos por fin me dejaron verlo; nunca olvidare aquel día en que entre a la oscura y fría morgue en busca de él, allí estaba mi bebe sobre una pequeña mesa metálica sin un mísero pañal o manta que evitara que su pálido cuerpecito tuviera contacto con el frio metal, fue una gran impresión para mí el encontrar a ese pequeño ser de aquella manera, por un momento pensé que estaba vivo y no sé cuanto maldije o insulte al personal que compartía conmigo el espacio de aquella sala, lo único que recuerdo es que golpee con todas mis fuerzas aquel que sin el menor tacto me recordó que estaba muerto, que yo lo había matado.

Salí con mi hijo en manos y tan pronto como llegamos a mi habitación en el hospital tome un trozo de la sabana con el cual le hice un pequeño e improvisado pañal para despues acunarlo entre mis brazos mientras caí de rodillas; llore, grite, suplique a los dioses que todo esto fuera un sueño y que me dejaran despertar pronto sabiendo que mi hijo aun estaba dentro de mí pero nunca hubo respuesta alguna.

"¡Bebé… no me atrevo a llamarte mío ni mucho menos hijo, yo sé que no merezco tu perdón y es por eso que no lo pido, por el contrario agradeceré el castigo que impongan los dioses como pago por mi pecado aun si es cruel o sumamente doloroso lo acepte y espero con toda el alma que suceda pero… créeme en verdad estoy arrepentido.

No tengo justificación por haber hecho lo que hice, pero de verdad me arrepiento y lo lamento mucho, lamento el no saber antes lo eras para mí pero sobre todo el no decirte aquello de verdad sentía por ti. Tenía miedo, mucho miedo de que Shion se enterara y me corriera del santuario mientras estaba embarazado porque de esa forma al no tener nada ni nadie ambos podríamos morir, tenía miedo de que tu padre me dejara por estar tu dentro de mi o que DM quien ha sido como un hermano para mí también se alejara e incluso que ambos dejaran de quererme.

Sabes corazón, porque tú eres mi corazón, mi pequeño cielo, yo te amo bebé siempre te he amado pero soy tan imbécil que nunca me di cuenta de ello antes, pero ahora creo que ya es muy tarde puesto que no puedes escucharme; ahora que lo pienso quizás fue lo mejor que te marcharas porque yo nunca te merecí, porque asi no podrás darte cuenta de que tu padre es un cobarde y de la decisión que ha tomado.

Yo sé que no podre ir a los campos elíseos donde seguramente has de encontrarte y que el peor de los infiernos me espera en alguna de las prisiones del inframundo, pero me voy contento porque al final pude darme cuenta de lo mucho que te quise, de que por fin pude conocer tu rostro y de que por fin podre pagar por lo que hice!"

Comienzo a sentir mi cuerpo entumido, mis parpados me pesan y tanto mi respiración como los latidos de mi corazón comienzan a ser cada vez más lentos; mientras la vida se me escapa puedo escuchar el llanto de alguien dentro de mi habitación, algo bastante extraño si considero el hecho de que premeditadamente hice lo necesario para que nadie pudiera entrar al templo de piscis hasta que estuviera muerto. El tiempo sigue su curso marcado por el tic tac del reloj sobre la mesa de noche y aquel llanto se hace más audible y desgarrador, haciendo acopio de las pocas fuerzas que me quedaban logre girar mi cabeza hacia el lado derecho pudiendo distinguir dos siluetas sentadas en el piso.

- ¡NO, PAPÁ! – Fue el grito desesperado cargado de tristeza, impotencia y amargura lo que me que hizo reaccionar; parpadee un par de veces mientras seguía escuchando a aquel joven que gritaba, segundos antes seguirlo haciendo en medio de un sonoro llanto que finalmente atrajo mi atención fue lo que escuche a continuación: -¡Suéltame Hades quiero ir con mi papá! ¡Mentiroso dijiste lo dejarías vivir si hacia lo que me pedias, falso, hipócrita, traidor! – Era mi hijo no cabía duda, el hijo a quien yo había asesinado, aquel que vio morir y que ahora rogaba por mi vida apostando su alma e inclusive se había atrevido a insultar al dios de los muertos.