Capítulo 7: Estrellas fugaces.

-Trunks, ¿me estás escuchando?. – Bulma le miró nuevamente con cara de preocupación ante su expresión aparentemente fija en unos pensamientos internos indescifrables.

-Que si… mama… - Repondió fastidiado. - ¿Quieres que repita lo último que has dicho?. –

-Por favor, hijo, presta atención esto es importante, es posible que el futuro de la compañía dependa de ti un día y… -

-¿Y si yo no quiero una vida así?. – La interrumpió volviendo a un tono a la defensiva.

-¿Cómo puedes decir tal cosa?. No puedo creerlo… Trunks, sabes que el nuestro es un negocio familiar. No podría funcionar de no ser así… - Bulma comenzó a sacar su genio.

-Bueno, no soy el único hijo que tienes… - Replicó sintiendose tremendamente incómodo.

-¿No estarás insinuando que traiga al trabajo a tu hermana de 3 años de edad verdad?. – ¬.¬ El tono irónico de Bulma molestó a Trunks profundamente.

-No, porque antes tendría que aprender a hablar correctamente. – Utilizó el sarcasmo, para continuar el combate verbal, sólo que Bulma, para bien o para mal, jamás toleró que nadie, y mucho menos uno de sus hijos, hablase mal de otro de ellos.

-Tu hermana habla correctamente… -

-JA. Una prueba más. – La peliazul comenzó a cansarse de las constantes interrupciones.

-¿De qué?. – Y su tono subió un tanto bastante más alto.

-La prueba de que todo lo que hace esa niña te parece genial y todo lo que yo hago o pienso te parece estúpido. – Soltó con veneno en la voz.

-Eso no es cierto. ¿Cómo puedes pensar algo tan… -

-¿Estúpido?. – Completó la frase sin perder su tono venenoso.

-No, Trunks, no es estúpido, es inmaduro… -

-Oh, genial, ahora resulta que soy inmaduro… -

-Ya es bastante. - Bulma se levantó y se asomó a la ventana. Las lágrimas luchaban por salir de sus ojos, pero ella no permitiría llorar delante de su hijo así como si nada. Además tenía terror a que supiera que estaba enferma. No quería enfrentarse a sus posibles reacciones… Tenía un miedo terrible a… ¿a qué?. Ni ella misma comprendía qué era lo que tanto la aterraba como para no poder decirle a su familia aquello. Dios, eran su familia, se trataba de su marido, de sus hijos, de sus padres… ¿Por qué simplemente no lo decía?. Y quizás esto era porque seguramente su familia se iba a desestabilizar aún más de lo que estaba ya…

Vegeta… ella lo amaba, pero nunca podría hacer una labor adecuada como padre, es verdad que había mejorado mucho con los años, pero para que hiciera algo había que estar convenciendole, y ella no podría ir a cada momento diciendole qué hacer… Por otro lado estaba Trunks, tan rebelde, que necesitaba mano dura para no malearse, dadas las circunstancias. Si ponía esa labor en manos de Vegeta, lo arreglaría a base de entrenamientos duros y ciertamente con los puños, a su modo saiyajin. Suspiró. Y luego estaba Bra, demasiado pequeña para comprender siquiera la situación. ¿Cómo podría afectarle algo asi?.

Y sus padres… ya eran muy mayores. Su madre quizás se ofrecería a ayudarle, pero Vegeta andaría desquiciado si ella se mudaba a vivir en su misma casa, e incluso Bulma estaba medio segura de sentirse algo desquiciada si su madre optaba por algo como pasar el día en su casa con bandelitas de pasteles en una mano y un pañuelo de lágrimas en la otra. Podría ayudar con Bra, pero sólo a malcriarla y en cuanto a Trunks… la torearía como ella hacía cuando tenía su edad y menos, y acabaría por hacer lo que quería, y en vista de las circunstancias, eso no era demasiado aconsejable. Su padre… seguramente sufriría muchísimo, casi le dolía el alma pensar en lo que el viejo Doctor Briefs iba a sufrir de ver a su niña pasando por una enfermedad que podría tenerla al borde del abismo de la muerte.

Escuchó el sonido de la puerta de la habitación cerrándose. Trunks se había marchado. Una parte de si misma sufrió una mezcla de decepción y cólera. Quiso correr tras el y traerlo de la oreja al despacho para soltarle una tremenda filípica, pero encontró que las lágrimas salieron de sus ojos definitivamente y no quiso, en ese estado, que nadie la viera.

¿Por cuánto más tiempo podría retener la bomba de relojería?. Era algo que no tenía respuesta en su cabeza. ¿Hasta la primera sesión de quimioterapia?. ¿Hasta que el pelo se le comenzase a caer?. ¿Sería capaz de disimular?. ¿Podría mantener su secreto mucho tiempo?. No lo sabía, pero procuraría que fuera el máximo posible… Encendió un cigarrillo. Sabía que tendría que dejarlo pero ahora mismo no se sentía capaz de hacerlo. Ella soñaba que su vida sería de otra manera, Dios mio, ¿cómo podía estar sucediendo todo aquello?. ¿Cómo se podía juntar toda serie de desgracias a la vez?.

- Señora Briefs, hay noticias en el canal 7. Nuevas declaraciones alertan de una estratagema nueva de nuestros enemigos. Están dispuestos a proseguir con su Opa hostil a toda costa. -

- Nunca digas que las cosas no pueden ser peores... - Suspiró sentándose en su escritorio y secando las lágrimas. No era momento de lamentaciones, sino de acción. Se iba a enterar ese estúpido engreido. Hacía falta más que eso para vencer a la Gran Bulma Briefs.

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El día llegó pronto, y con este el dolor de hacer frente a un día arduo con todo el cuerpo molido a golpes. En la frente, tenía un corte y una contusión oscura, pero el resto de sus heridas, procuró ocultarlas con verguenza, bajo una ropa de mangas largas y escote cerrado.

Su mañana fue intensa, al amanecer, hacer un desayuno para tres personas, una de las cuales tenía resaca y para colmo de sus males, se disculpaba por haberla golpeado, y ponía de excusa que debía educarla. Era una maravillosa educación... se repetía sarcásticamente para sus adentros mientras se veía obligada a decir que le perdonaba, y lo peor de todo es que en el fondo de su corazón si que le perdonaba, porque le daba compasión, le veía como un ser perdido en la vida, alguien que no fue capaz de soportar las embestidas de una sociedad injusta. Era su padre, por más equivocado que estuviera, él y su hermano eran la única familia que tenía.

Cuando su padre se marchó a trabajar, afortunadamente, durante 3 días fuera, se dispuso a ayudar a su hermano a vestirse y asearse, pare llevarle al colegio a toda velocidad, porque llegaban tarde nuevamente. Después, ordenar toda la casa que estaba echa un lío por lo acontecido la noche antes y recordar cada minuto de angustia y de dolor al hacerlo. Seguidamente, correr al otro lado de la ciudad para poder ir a limpiar un bloque de vecinos, ya que tenía dos trabajos. Y soportar el dolor de las costillas mientras daba a la fregona por todo el edificio de 5 plantas. Por fin, llegaron las 12 de la mañana y había terminado su trabajo. Sonrió.

- Te has dejado sin limpiar los cristales de la puerta de fuera niña. - Le recriminó una vieja insoportable apareciendo de la nada. Era la misma vieja viuda que tenía una vida tan aburrida, que se dedicaba algunas mañanas a sacar una silla al portal para ir viendo como limpiaba, y que se ponía a darle órdenes como si fuese la dueña de la comunidad. La odiaba...

- No es cierto, los he limpiado, pero unos niños del bloque. - Omitió decir que eran los sobrinos de la que protestaba. - se dedican a jugar con plastilina en los cristales. Deberían vigilarlos un poco mejor. - Aunque por dentro le hervía la sangre, procuró hablar con la mayor educación. Necesitaba ese trabajo. Tenía que ahorrar suficiente dinero para hacer realidad sus sueños. Eso era lo que la mantenía en pie día a día. El espíritu de lucha para hacer realidad el deseo de su estrella fugaz.

- ¿Pero que te has creido muchacha insolente?. Voy a decir en la próxima junta de vecinos que te echen a la calle por cochina. Echarle la culpa a los niños de su incompetencia... - Y se fue farfullando toda serie de improperios ascensor arriba.

Liberty se sentía tan vulnerable, tan indefensa otra vez. Este golpe le dolía quizás más que los de su padre, porque ella se esforzaba realmente, ella limpiaba bien, hacía su trabajo correctamente, ¿por qué las personas eran tan malas?. El mundo era tan injusto. Aguantó las lagrimas y caminó por las calles con pena, ocultando sus ojos vidriosos tras las gafas de sol oscuras. Llegó al puente por el que siempre pasaba y se detuvo unos instantes a mirar un horizonte incierto.

- Tenía la ligera sospecha de que te encontraría aquí. -

- Ah, Tristan, me has asustado. -

La sonrisa de Trunks se descoloró al verle el corte en la frente. - ¿Qué te ha pasado?. - Preguntó preocupado.

- ¿Qué?. - Fingió llena de verguenza.- Ahhh, ¿esto?. Jajaja. Ha sido... fue sólo que me di con el pico del mueble de la cocina. Soy tan torpe... - Rió nerviosamente.

Trunks frunció el ceño unos instantes. No le gustaba escucharla decirse a sí misma que era torpe. Después sonrió de nuevo. - Vaya, lo siento. -

- No te preocupes, es sólo un rasguño. Volvemos a encontrarnos, según parece. -

- Y según parece... tu tienes una extraña fijación con los puentes. -

- jajaja, sólo con este. -

- ¿Puedo preguntar por qué?. -

Liberty sonrió con nostalgia y volvió la cara al horizonte. - Una vez, cuando era pequeña, sali con mis padres a dar una vuelta por la ciudad. Era primavera y se celebraba no se que fiesta. Mi padre me compró un globo en un puesto ambulante, de esos que se himflan y vuelan. Yo saltaba y saltaba tratando de volar con el globo. Te parecerá una tontería que quisiera volar, pero era muy pequeña y pensaba que esas cosas eran posibles. -

Trunks evitó reirse. - Te aseguro que a pesar de mi edad, estoy convencido de que se puede volar. -

- Tonto. - Le dió un golpe en el brazo a modo de broma pensando que se burlaba de ella. - Bien, pues ese día, el globo se me escapó de las manos en uno de los saltos, y me puse a llorar tan desconsoladamente, que nada me contentaba. Después de un rato, mi madre me preguntó. ¿De verdad quieres volar?. Yo dejé de llorar y ella me subió al borde de este puente. Me dijo que cerrase los ojos. El viento me llegaba con fuerza mientras que mi madre me sostenía para que no me callera, pero por un segundo, me soltó, y de verdad, por un segundo, pensé que había logrado volar. Me gusta recordar esas sensación de libertad y de felicidad. Creo... que ese fue el instante más feliz de toda mi vida. -

- Bueno, quizás algún día te enseñe a volar. ¿Te gustaría?. -

- Oh siii, gran Tristan, mi superheroeee jajaja sería un honor. - Se burló divertida y encantada a la vez de la supuesta metáfora.

- ¿No me crees eh?. -

Liberty se echó a reir con la mirada tan certera que parecía tener el muchacho que tenía delante. Desde luego era un bromista que sabía fingir de maravilla. Casi parecía que era verdad lo que decía. - Ven, te voy a enseñar otro de mis lugares preferidos, pero debes ser respetuoso o nos echarán, ¿vale?. - Olvidó sus dolores, sus penas y sus problemas, cada vez que iba allí estaba ella y su sueño, y de algún modo, quería compartirlo con ese muchacho extraño que se había colado en su vida de repente.

- Va... - Le arrastró corriendo por la ciudad antes de que terminase su asentimiento.

- Ya hemos llegado. - Trunks arqueó una ceja mirando en todas direcciones. Liberty lo arrastró dentro de un local. Se trataba de una librería. - No toques nada y no seas grosero o me enfadaré. y habla bajito. - Susurró.

- Aunque no lo creas tengo buenos modales. - Aclaró Trunks algo divertido.

Liberty le miró unos instantes. - Si, es verdad... apuesto a que eres de buena familia. -

- ¿Y que tiene de especial este sitio?. - Cambió de tema.

- Mira, ¿ves este libro?. Se trata de un libro que a base de un montaje de piezas recortables, te enseña a un nivel tridimensional todos los entresijos de la anatomía humana. Estoy ahorrando para comprarlo, así, si un día puedo empezar a estudiar medicina, podré llevar un poco de adelanto. No será sencillo estudiar y trabajar... lo malo es que el libro este cuesta carísimo. -

Trunks miró el precio. El tenía bolígrafos en su habitación que costaban más caros que ese libro y de pronto sintió un nudo en la garganta, que luego pasó a una sensación de felicidad. La sorprendería, ya vería, le regalaría ese libro, sería una sorpresa.

La dependienta tosió con algo de irritación al ver a los dos muchachos con pintas poco recomendables cuchicherar en una sección de libros que seguramente ellos no podían permitirse. Trunks la miró con furia. ¿Cómo se atrevía a practicamente echarles cuando en esa librería había una veintena de clientes mirando y toqueteando los libros incluso?.

Liberty captó su enfado y quiso suavizar el ambiente. - Venga, vamonos, te invito a un café. -

Trunks asintió de mala gana, pero tomó la nota mental de darle una lección a esa estúpida dependienta.

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- Señora Briefs, Ejem. - Tosió la voz masculina al otro lado de la linea telefónica. - La llamo porque hemos tenido un incidente reciente con su hija. Ejem, no comprendo como lo ha hecho, pero su hija ha destruido la pared de la clase lanzando una silla a la misma. -

Bulma tragó saliba. - ¿Me está diciendo que una niña de 3 años ha podido romper una pared?. ¿Las hacen de papel celofán?. -

- Señora. - El director tragó saliba también mirando con desesperación a la profesora de la niña. - Su hija tiene una fuerza que es increible, realmente de pronto se enfada y no mide sus acciones. No sabe relacionarse con los demás niños. Si alguien la contraría, les llama... Ejem... miserables insectos y les amenaza con acabar con sus... Ejem... desgraciadas existencias. -

- Ayy. - Bulma suspiró. Tenía una ligera idea de quien heredó semejante caracter. - Bien, escuche, hablaré con ella. -

- Señora Briefs, ahora mismo está hablando con un psicólogo, esos comportamientos no nos parecen normales en absoluto. -

Bulma se levantó enojadísima apretando el teléfono en sus manos. - YO NO HE AUTORIZADO TAL COSA. Ahora mismo va a ir mi marido a recoger a nuestra hija de su maldito centro educativo de paredes de papel y espero que tengan un buen abogado porque pienso demandarles por haber hecho a mi hija pasar por un psicologo sin mi expreso consentimiento. -

CLAC Colgó el teléfono irritada. Otro problema más...

Unos minutos antes, la más pequeña de los Briefs se las veía con el psicólogo.

- Hola pequeña, ¿cómo te llamas?. -

- Bra Vegeta Briefs. - Contestó adorablemente con una sonrisa que nada deaba entrever el caracter endiablado que tenía cuando se enfadaba.

- ¿Y cuantos añitos tienes?. -

La niña puso tres dedos en su mano. - Tres. - Respondió con una nueva sonrisa.

- Me han dicho que hoy te enfadastes y rompiste... Ejem. - El psicólogo rodó los ojos. Tener que preguntar algo tan increiblemente estúpido. - ¿una pared?. -

- No fue queriendo. La culpa fue de Rioko, esa niña miserable dijo que su padre era más fuerte que el mío. -

- ¿Y tu padre es el más fuerte verdad?. -

- Por supuesto. Es un príncipe, ¿sabías?. Es el Príncipe de los Saiyajins. -

Tic nervioso en la ceja del psicólogo. - ¿Y de qué país son los saiyajins?. -

- Pues son... jijii, es que no te lo puedo decir porque es un secreto... - Se tapó la boca riendo.

- Bueno, pero ya que somos amigos, podrías hacer una escepción y contármelo, ¿no crees?. -

- ¿De verdad sómos amigos?. - Los oitos azules rechinaron de alegría anticipada a la respuesta falsa del hombre que tenía en frente.

- Por supuestoooo jajajaaaaaa. -

- Ah, pues entonces si que si te lo puedo contar. Los saiyajins... - Bajó la voz a un susurro y se le acercó al oido. - Vienen del espacio. -

- ¿Del... espacio?. ¿De un planeta?. -

- Del planeta Vegetasei. -

- Comprendo... "Esto tiene pinta de ser una especie de secta..." -

- Y los saiyajins... ¿son... especiales? -

- Uyyy mucho, pueden volar, y además, son más fuertes que los humanos, y pueden lanzar ki y destruir si quieren... -

- ¿Una pared?. -

- Nooooo. -

El psicólogo suspiró y rodó los ojos. "Parece que no es tan serio".

- Mi padre y mi hermano pueden destruir un planeta si quieren. -

Nuevo tic en el ojo. - ¿Y tu puedes hacer tales cosas también?. -

- No tanto, pero puedo romper una pared. MIRA. - la chibi tiró una silla y la pared quedó hecha añicos al instante. Su pose se volvió aristócrata, a brazos cruzados, orgullosa de su energía como su padre. - ¿Lo ves?. -

Mientras que el psicólogo retomaba la respiración, un par de ojos negros rastrearon la sala en busca de cierta pequeña traviesa niña. Sin decir nada más, la cogió en brazos y se la llevó.

- Sa... ¿saiyajins? - Y automáticamente el oscuro pensamiento de la fama y los honores de ser el descubridor de otras forma de vida inteligentes del Universo. Pensó en los experimentos que podría hacer... Sería el científico más respetado, ganaría el premio nobel. - SAIYAJINS. - Su voleto a la gloria delante de las narices.

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Sol, ahi va esta actualización, saludos a esa Argenina tanguista que tanto me gusta.

Melikav, has tenido un buen punto y creo que trabajaré eso que dices en alguno de los siguientes capítulos, Trunks podría bien echarle en cara a Vegeta que no trabaja, muy buen punto, si señor.

Karo, si yo creo que Bulma morirá antes que Vegeta, a no ser que muera este en una batalla contra un enemigo muy poderoso... es ley de vida. Los saiyajins de pura sangre son demasiado resistentes los jodíos.

Runliney, lo de la te´cnica de utilizar ki en la cama no es de mi invención, lo lei en un fic en inglés de una chica que se llama Tempest y que tiene unos fics buenísimos. Eso si, en inglés...

Morgain, Hawkangel, como no, ahi va esto.

Bulnatt, como ves ya toy de vuelta y todo fue genial, ya te contaré si nos vemos en linea. Besitos.

Shadir, de momento el pobre no se entera de nada, tiene las hormonas adolescentes haciendo que las neuronas se le bajen a cierta parte de su anatomía jajaja

Sloyla, no se como te entendí, pero te entendí, gracias jaja

Patybra, a mi también me encanta Mariah Carey, es una de mis cantantes preferidas. I can live without you y Hero eran fantásticas y excelentes versiones. Adoro las voces así.

Mari Gary, a Trunks aún le queda un trecho para retomar el camino la verdad... y la cosa va a ponerse peor por momentos...

Rina, en realidad es que había escrito los capítulos hacían días, pero como no dejaba actualizar, los subí del tiron todos, de todas formas, escribo muy rápido cuando estoy inspirada y un capítulo puedo sacarlo a la luz en apenas media horita.