Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling

Aquella noche, cuando regresó del trabajo, tío Vernon hizo algo que no había hecho nunca: visitó a Harry en su alacena.

—¿Dónde está mi carta? —dijo Harry, en el momento en que tío Vernon pasaba con dificultad por la puerta—. ¿Quién me escribió?

—Nadie. Estaba dirigida a ti por error —dijo tío Vernon con tono cortante—. La quemé.

- ¿Quemó una carta de Hogwarts? - se escandalizaron muchos.

- Y no cualquier carta - dijo Tonks -. La primera carta. La que te confirma que puedes ir a Hogwarts.

- Yo todavía tengo la mía guardada - dijo Charlie y muchos más murmuraron y asintieron diciendo que ellos también tenían las suyas.

Todos los que habían sido alumnos de Hogwarts (así que todos los presentes) estaban horrorizados. Esto ya no era solo contra Harry. Era contra la propia escuela. Contra Hogwarts. Y ellos le tenían mucho cariño a su escuela porque habían pasado, o estaban pasando, unos de los mejores años de su vida. Muchos de ellos habían estado madrugando durante semanas, ansiosos por que llegase la carta que les permitiría ir. ¡¿Cómo se les ocurría a los Dursley despreciarla de esa manera?!

—No era un error —dijo Harry enfadado—. Estaba mi alacena en el sobre.

- Y tanto que estaba mi alacena - murmuró Harry -. Menuda sorpresa me llevé al verla en la dirección del sobre.

—¡SILENCIO! —gritó el tío Vernon, y unas arañas cayeron del techo.

- Por Merlín, Harry, ¿cómo podías dormir ahí? - se estremeció Ron ante la mención de las arañas cayendo del techo en el mismo sitio en el que su mejor amigo dormía.

Hermione tuvo que reprimir una sonrisa para no ofenderle y unas semanas antes Harry habría tenido que hacer lo mismo. Sin embargo, ahora la visita a Aragog estaba demasiado reciente y cada vez que pensaba en arañas se acordaba de esa noche. Y eso él, que no les tenía miedo. En cambio Ron, que les tenía pánico...

No creía que hubiese admirado nunca tanto al pelirrojo como esa noche que le acompañó al bosque. Sí, sabía que era valiente, pero ir de noche a buscar y seguir a lo que más miedo te da en el mundo... Ron era increíble, pero no lo veía. Tendría que decírselo más a menudo, se prometió Harry a sí mismo.

Respiró profundamente y luego sonrió, esforzándose tanto por hacerlo que parecía sentir dolor.

—Ah, sí, Harry, en lo que se refiere a la alacena... Tu tía y yo estuvimos pensando... Realmente ya eres muy mayor para esto...

- ¿Así que estaba bien que durmiese ahí de pequeño? - gruñó Hermione indignada -. ¡No hay un límite de edad hasta el cual es aceptable que duerma en un armario.

Harry le cogió de la mano intentando calmarla y funcionó un poco, pero la chica seguía echando chispas por los ojos.

Pensamos que estaría bien que te mudes al segundo dormitorio de Dudley.

- Ahora sí que lo mato. ¡Suéltame, Remus! - gritó Sirius intentando zafarse del hombre lobo para levantarse e ir a por los Dursley -. ¡Mi ahijado dormía en un armario y el cerdo tenía dos dormitorios! ¡Yo lo mato!

- Sirius, por favor, ya no importa - suplicó Harry. Lo único que quería era que los Dursley dejasen de aparecer para olvidarse del asunto -. Y ya te he dicho que ahora no sirve de nada que te levantes, ¿te acuerdas?

Su padrino se sentó a regañadientes de nuevo.

- Ya hablaremos tú y yo, Harry - le dijo serio, sabiendo que su ahijado estaba ocultando aún muchas cosas -. Esto no va a quedar así.

- Sirius, ya has oído que dejé de dormir ahí antes de cumplir los once años. Ya no importa.

- Dormiste en un armario durante diez años - repitió apretando los dientes -. Sí importa. Y vamos a hablar de eso sí o sí.

Harry suspiró echándose hacia atrás de nuevo. Esa prometía ser una conversación incómoda para él y, sobre todo, muy, muy larga. A lo mejor para esta noche se le había olvidado, pensó esperanzado. Con el resto de cosas que iban a leer no le extrañaría.

—¿Por qué? —dijo Harry.

- Vaya, Potter, no sabía que pudieses ser tan estúpido - se burló Malfoy -. Cuestionar por qué te dan un dormitorio. Eres penoso.

Los Weasley, Hermione, los merodeadores y la mitad del comedor se estaba levantando para maldecir al rubio cuando Harry habló parándoles a todos en seco.

- Mira que eres idiota, Malfoy - se mofó Harry dejando confundido a Draco -. Así que tú no cuestionarías si yo ahora te hago un regalo, ¿verdad? Digo, en el fondo un regalo es algo bueno, así que no tienes que dudar de mí aunque nos hayamos odiado desde el primer momento, ¿no? - las mejillas del rubio se tiñeron de rosa al darse cuenta del ridículo que había hecho -. Piensa antes de abrir la boca, Malfoy.

El rubio apretó los puños furioso con Harry. Me las pagarás por esto, pensó. Esto no se va a quedar así, Potter.

Los demás se sentaron entre risitas, contentos de ver que Harry era perfectamente capaz de poner en su lugar al heredero de los Malfoy también cuando le insultaban a él. ¡Ja!, se lo merecía, el rubio oxigenado este.

Ojoloco miraba orgulloso a Harry. Eso es, muchacho, mente ágil, siempre alerta y preparado para responder a un ataque de cualquier tipo, pensaba mirándole interesado. No estaba claro todavía porque el chico era muy joven, pero era muy probable que en el futuro Potter fuese material de auror de primera.

—¡No hagas preguntas! —exclamó—. Lleva tus cosas arriba ahora mismo.

La casa de los Dursley tenía cuatro dormitorios: uno para tío Vernon y tía Petunia, otro para las visitas (habitualmente Marge, la hermana de Vernon), en el tercero dormía Dudley y en el último guardaba todos los juguetes y cosas que no cabían en aquél.

Sirius estuvo a punto de volver a ponerse a despotricar contra los Dursley. ¡¿Dos dormitorios libres?! ¡¿En serio?! ¿Cómo... Cómo pueden...?

Sin embargo, ya estaba abriendo la boca cuando Remus le agarró del brazo. Le devolvió la mirada confundido y molesto. ¿No había entendido Lunático lo que acababan de leer? ¡Tenían dos dormitorios libres mientras que Harry tenía una alacena! Pero el hombre lobo negó con la cabeza y le hizo un gesto hacia el chico.

Se giró confundido y lo que vio le convenció de que debía permanecer callado, por lo menos esta vez. Casi todos los estudiantes del comedor estaban mirando a su ahijado con pena y simpatía y Harry se estaba pasando la mano por el pelo sin mirar a nadie, pareciendo más incómodo que en toda su vida. Hasta tenía algo de rubor en las mejillas. Solo pareció calmarse un poco cuando Ron y Hermione le dieron un apretón en la mano como gesto de apoyo y los gemelos empezaron a fulminar a todo el que seguía mirando para que le dejasen en paz.

Sirius sonrió, olvidada por el momento la injusticia de la alacena. Ahora solo estaba feliz de que su ahijado tuviese unos amigos como esos, que siempre le guardarían la espalda.

En un solo viaje Harry trasladó todo lo que le pertenecía, desde la alacena a su nuevo dormitorio.

¿En un solo viaje?, pensaron algunos sintiéndose mal. Estaban imaginándose que ellos mismos tuviesen que trasladar todas sus cosas a otra habitación, toda su ropa y demás pertenencias, y no se les ocurría ninguna forma con la cual no necesitasen hacer varios viajes.

¿De verdad Harry tenía tan pocas cosas que podía llamar propias? Entonces bufaron. Vivía con los Dursley, ¿por qué se estaban sorprendiendo?

Se sentó en la cama y miró alrededor. Allí casi todo estaba roto. La filmadora estaba sobre un carro de combate que una vez Dudley hizo andar sobre el perro del vecino, y en un rincón estaba el primer televisor de Dudley, al que dio una patada cuando dejaron de emitir su programa favorito.

- No me puedo creer lo malcriado que es ese niño - dijo Tonks -. Rompe un televisor, que no es nada barato, por una tontería. ¡Y encima parece que este era solo el primero! ¡Eso significa que le compraron como otro!

- No lo pillo - dijo Ron confundido. Esto de las cosas muggles siempre le perdía un poco -. ¿Qué es una "tevelisión"? ¿Y a qué se refiere con programa?

- Es "televisión", Ron. A ver, te lo podría explicar... - dijo Hermione intentando encontrar una forma de explicarlo que no incluyese tener que explicar qué era de verdad una televisión o no terminarían nunca -. Por lo que hemos leído, para Dudley su televisión es su posesión más preciada, como tu escoba para ti - dijo haciendo asentir orgulloso al pelirrojo -. Bien, ¿tú romperías tu escoba? Porque él rompió su televisión.

- ¡¿Qué?! - exclamó Ron horrorizado -. ¡Ni loco rompería mi escoba!

- Bueno, ¿y si te dijese que encima la rompió por una tontería? - añadió Hermione -. Una tontería en plan que tú rompes tu escoba porque los Chudley Canons pierden la liga.

- Entonces habría tenido que haberla roto hace años - rio Fred.

- Y cada año desde entonces - añadió George.

- Cerrad el pico, vosotros dos - gruñó pequeño antes de girarse de nuevo hacia la chica -. Pero, Hermione, eso es ridículo. ¿Cómo va a haber alguien tan estúpido como para...? - luego se dio cuenta de que estaban hablando sobre Dudley Dursley -. Da igual. Es idiota.

Todos asintieron de acuerdo. En especial los nacidos de magos se acababan de llevar una sorpresa con esta comparación porque hasta ahora no se estaban aclarando demasiado con tantas cosas muggles. Seguían sin saber qué era una "tevelisión" o como se llamase la cosa esa, pero ahora entendían el alcance de la estupidez de ese niño.

También había una gran jaula que alguna vez tuvo dentro un loro, pero Dudley lo cambió en el colegio por un rifle de aire comprimido, que en aquel momento estaba en un estante con la punta torcida, porque Dudley se había sentado encima.

- ¿De verdad está tan gordo? - preguntó Ginny ligeramente verde.

- No, no lo está - dijo Harry confundiendo a todos -. Esto era hace dos, no, tres años casi, pero Dudley ha seguido comiendo cada vez más sin moverse más de lo necesario. La última vez que le vi había engordado mucho más y le colgaba el culo por los laterales de la silla - dijo con una mueca al recordarlo -. Ahora ha pasado casi un año desde entonces y si ha seguido comiendo a ese ritmo...

Algunos en el comedor se habían puesto ligeramente verdes también, como Ginny, al imaginarse que alguien pudiese comer tanto. Era... repulsivo. Hasta se le quitaba el apetito.

El resto de las estanterías estaban llenas de libros. Era lo único que parecía que nunca había sido tocado.

Los Ravenclaw gruñeron indignados ante la mirada divertida de muchos de las otras casas. Mira que ignorar los libros...

- Espero que tú ya les dieses algún uso, Harry - dijo Hermione entrecerrando los ojos.

- En realidad, Hermione... No. No los he tocado en la vida - confesó -. ¡Pero ya verás por qué! ¡Hay una muy buena razón para no haberlo hecho! - se apresuró a tranquilizarla al ver que empezaba a echar chispas por los ojos.

- Harry, tú tienes un deseo de muerte. ¿Cómo se te ocurre decirle eso a Hermione? - siseó Ron con los ojos como platos.

- Calla, que es cierto - respondió -. Apenas pasé ahí unos días y estuve un poquito ocupado intentando conseguir una carta.

Esto pareció razón suficiente para Hermione, que asintió satisfecha y se giró de nuevo hacia la profesora mientras los chicos se relajaban aliviados de no haberla enfadado.

Desde abajo llegaba el sonido de los gritos de Dudley a su madre.

—No quiero que esté allí... Necesito esa habitación... Échalo...

Todos tenían caras escépticas y más enfadadas con cada momento que pasaba. ¿En serio necesitaba ese cuarto? Sí, ya, seguro. Mimado, pensaban casi todos. Pero un grito interrumpió sus pensamientos.

- ¡Tú no necesitas esa habitación, cerdo! - gritó Ginny colorada de rabia. Estaba aprendiendo rápidamente a actuar normal alrededor de Harry gracias a estos libros y ya no se sonrojaba cuando estaba en la misma habitación que él.

- ¡Ginevra Weasley, no uses ese lenguaje! - le regañó Molly.

- ¡Pero, mamá, es cierto! ¡Y todo el mundo le ha llamado así! - se quejó ante la injusticia.

- En realidad, señora Weasley, Ginny está muy cerca de la verdad - intervino Harry para salvarle la reprimenda a la pequeña pelirroja. Miró de reojo a Hagrid con una sonrisa -. Los entenderéis en el próximo capítulo, creo.

Harry suspiró y se estiró en la cama. El día anterior habría dado cualquier cosa por estar en aquella habitación. Pero en aquel momento prefería volver a su alacena con la carta a estar allí sin ella.

- Pff... - bufó Ron -. No digas esas cosas. Con tu suerte seguro que se cumplen y vas a recibir la carta de todas formas.

- Claro, y como yo eso lo sabía... - dijo Harry mirándole con una sonrisa sarcástica y consiguiendo que se sonrojase un poco -. Pero sí, ahora sí que parece un deseo un poco estúpido, ¿no? - dijo para acabar con su vergüenza.

A la mañana siguiente, durante el desayuno, todos estaban muy callados. Dudley se hallaba en estado de conmoción.

- ¿Conmoción? - se extrañó Sirius -. ¿Por qué conmoción? ¡Si no le ha pasado nada!

- Oh, pero sí que le ha pasado algo - sonrió Harry -. Por primera vez en su vida le estaban educando y le estaban negando algo.

La gente estaba perpleja. Si ellos entrasen en estado de conmoción cada vez que sus padres les decían que no a algo... Hasta a Malfoy le decían que no a veces.

Había gritado,

- Nosotros estaríamos castigados desgnomizando el jardín durante todo el verano si gritásemos a nuestros padres - dijo Bill pensando en cuánto tiempo durarían los gritos de su madre. Era imposible gritar más alto o más tiempo que ella.

había pegado a su padre con el bastón de Smelting,

- Y con esto ya no volveríamos a ver una escoba a nuestra vida - dijo Charlie poniéndose pálido.

se había puesto malo a propósito,

- Tendríamos que limpiarlo nosotros sin usar nada de magia y estaríamos castigados en nuestra habitación todo el verano - murmuró Percy conociendo perfectamente el carácter de su madre.

le había dado una patada a su madre,

Se les cortó la respiración a todos los hermanos Weasley.

- Eso es tener un deseo de muerte - dijo Fred perdiendo todo el color.

- Estaríamos bajo tierra antes de darnos cuenta - estuvo de acuerdo George.

arrojado la tortuga por el techo del invernadero,

- ¿Qué culpa ha tenido el pobre animal? Merlín, si yo hiciese daño a Scabbers por una rabieta... - dijo Ron -. Probablemente se me echarían encima mis hermanos además de mis padres. Por idiota.

Los dos merodeadores y Harry miraron a la rata, que Siriushabía bajado por la mañana para no perderla de vista en ningún momento y que ahora mismo se encontraba al lado de su sillón.

y seguía sin conseguir que le devolvieran su habitación.

- Solo faltaba - bufó Ginny - que después del lío que ha montado consiguiese lo que quisiese.

- En otras circunstancias se la habrían devuelto - dijo Harry -. Pero les preocupaba que los magos que supuestamente estaban vigilando la casa pensasen que no me trataban bien.

Algunos soltaron un bufido. La lógica era absurda, pero encajaba perfectamente con los Dursley.

Harry estaba pensando en el día anterior, y con amargura pensó que ojalá hubiera abierto la carta en el vestíbulo.

- ¿En serio, Harry? - suspiró Hermione -. Lo podías haber pensado un poco antes.

- ¡Hey! - se quejó el chico -. Ya te he dicho que era la primera carta que recibía. ¡No estaba pensando! No se me ocurrió que me la fuesen a quitar, por muy obvio que sea.

Tío Vernon y tía Petunia se miraban misteriosamente.

Cuando llegó el correo, tío Vernon, que parecía hacer esfuerzos por ser amable con Harry, hizo que fuera Dudley.

- Pues sí que está intentando ser amable - dijo Remus algo sorprendido.

- Un poco tarde para empezar a ser amable, ¿no? - dijo Sirius sarcástico -. Como unos diez años tarde, más o menos.

- Sí, pero por una vez hubiese sido estupendo que mandase a Harry a por el correo en vez de a Dudley - suspiró Bill -. Así, si viniese otra, la podría coger él y esconderla para leerla luego.

- Empiezo a estar de acuerdo con Ron - dijo Charlie girándose hacia Harry -. Lo siento, Harry, pero tu suerte es horrorosa.

- Y aún no has visto lo peor - murmuró Ron por lo bajo.

Lo oyeron golpear cosas con su bastón en su camino hasta la puerta. Entonces gritó.

—¡Hay otra más! Señor H. Potter, El Dormitorio Más Pequeño, Privet Drive, 4...

- Este chico no sabe pensar - negó con la cabeza Kingsley -. Quiere leer la carta y anuncia a todo el mundo que ha llegado en vez de esconderla. Harry por lo menos tenía excusa, porque era suya y era la primera y todo eso, pero nadie sería tan estúpido como para no saber que van a destruir esta carta también si se enteran de que ha llegado.

Con un grito ahogado, tío Vernon se levantó de su asiento y corrió hacia el vestíbulo, con Harry siguiéndolo. Allí tuvo que forcejear con su hijo para quitarle la carta, lo que le resultaba difícil porque Harry le tiraba del cuello.

Ron y Hermione se giraron de golpe hacia Harry atrayendo la atención de muchos. Los tres tenían los ojos como platos y la boca abierta.

- No lo sabía - se defendió Harry levantando la manos y negando con la cabeza. Había adivinado que estaban pensando en lo que había hecho él cuando se encontraron con el troll.

- ¿Seguro, Harry? - le picó Hermione con una sonrisa.

- ¿Seguro que no habías empezado ya a practicar? - dijo Ron.

- Muy graciosos. Tampoco se parecen tanto... - intentó defenderse, pero la mirada de sus amigos le dijo que no estaba haciendo buen trabajo -. Bueno, vale. Un poco sí se parecen.

Los tres se echaron a reír y solo entonces se dieron cuenta de que todo el comedor les miraba como si les hubiese salido una segunda cabeza a cada uno.

- Va a salir en este libro - dijo Harry -. Es imposible que no aparezca.

El resto asintió extrañado y McGonagall retomó la lectura.

Después de un minuto de confusa lucha, en la que todos recibieron golpes del bastón, tío Vernon se enderezó con la carta de Harry arrugada en su mano, jadeando para recuperar la respiración.

Algunos, que estaban tan metidos en la historia que no se habían dado cuenta de que esto ya había sucedido, gruñeron desilusionados.

- Oh, maldición, Harry - bufó Sirius -. Nunca pensé que fuese tan difícil que recibieses una carta.

- ¿Esto te parece difícil? - levantó una ceja su ahijado -. Pues solo estamos con la segunda que llegó. Y no te vas a creer lo dificilísimo que fue recibir una carta este verano - bufó por lo bajo al recordar lo que había hecho Dobby -. Además, ¿pensabas que podía ganar contra mi primo, que era como cuatro veces yo, y contra mi tío, que era como diez veces yo? Tenía todas las de perder ya desde antes de empezar.

Sirius gruñó sabiendo que su ahijado tenía razón. Merlín, probablemente él tampoco habría ganado una lucha contra Vernon Dursley sin usar la magia.

—Vete a tu alacena, quiero decir a tu dormitorio —dijo a Harry sin dejar de jadear—. Y Dudley... Vete... Vete de aquí.

Harry paseó en círculos por su nueva habitación. Alguien sabía que se había ido de su alacena y también parecía saber que no había recibido su primera carta. ¿Eso significaría que lo intentarían de nuevo? Pues la próxima vez se aseguraría de que no fallaran. Tenía un plan.

Ron y Hermione negaron con la cabeza mientras Harry los miraba indignado.

- ¡Hey!, ya os he dicho que mis planes no son tan malos - protestó.

- Sí, ya. ¿Y qué pasó con ese en el que nos pillaron en primero? - preguntó Hermione pensando en el plan de llevar a Norberto hasta la torre de Astronomía.

- ¡Eso no fue culpa del plan! ¡Solo se nos olvidó coger eso-que-vosotros-sabéis! ¡Y tú ibas conmigo, Hermione! - se quejó intentando no dar pistas sobre lo que pasó.

- ¿Y estas Navidades cuando intentamos ir al sitio ese y no sabíamos dónde estaba? - dijo Ron pensando en todo el tiempo que estuvieron vagando por la zona de las mazmorras buscando la sala común de Slytherin.

- ¡En ese momento tampoco iba yo solo! ¡Lo planeamos entre los tres!

- Bueno, ese vale, ¿pero y tu plan en primero? ¿El de después de juntar todas las piezas y antes de ir al sitio ese? - recordó Hermione cuando intentaron vigilar a Fluffy y a Snape.

- Ese no cuenta...

- Sí, seguro - bufaron los dos divertidos. Luego siguió Ron -. Lo siento, Harry, tus planes no funcionan. Se te da mejor actuar sobre la marcha.

- Ya lo descubriréis - dijo Hermione a todo el comedor, que volvía a mirarles extraño -. Va a salir en los dos primeros libros.

El reloj despertador arreglado sonó a las seis de la mañana siguiente.

- ¿Lo arreglaste tú? - preguntó Sirius sorprendido.

- No se me da mal arreglar ese tipo de cosas - se encogió de hombros Harry -. Y tenía mucho tiempo libre para pensar.

Harry lo apagó rápidamente y se vistió en silencio: no debía despertar a los Dursley. Se deslizó por la escalera sin encender ninguna luz.

Esperaría al cartero en la esquina de Privet Drive y recogería las cartas para el número 4 antes de que su tío pudiera encontrarlas.

- Pues a mí no me parece mala idea - dijo Tonks -. Podría funcionar si no fuese por que las cartas las traen lechuzas y no van a pasar por la esquina. Aunque a lo mejor se la llevarían directamente a él y todo saldría mucho mejor.

- No - negó Hermione con la cabeza -. Algo saldría mal de todas formas. Ya lo veréis.

- Siempre pasa con Harry - asintió Ron -. No es que sus planes sean malos, porque normalmente siempre parece que va a salir todo bien, pero luego interviene la suerte de Harry.

- Y pasa algo totalmente inesperado - terminó Hermione -. Y le toca empezar a improvisar sobre la marcha para salvarse.

Los merodeadores se volvieron a mirar preocupados. ¿"Salvarse" de salvarse del castigo o "salvarse" de salvar la vida?

El corazón le latía aceleradamente mientras atravesaba el recibidor oscuro hacia la puerta.

—¡AAAUUUGGG!

- ¿Lo veis? - rieron Ron y Hermione satisfechos por haber acertado -. Nunca salen bien.

Harry le pegó un codazo a cada uno, pero sonreía.

- ¿Qué pasó, Harry? - preguntó Neville curioso.

- Ahora lo ves, Neville - respondió aún sonriendo -. No es nada malo, solo que me volví a quedar sin la carta.

Harry saltó en el aire. Había tropezado con algo grande y fofo que estaba en el felpudo... ¡Algo vivo!

- ¿Es lo que creemos que es, Harry? - preguntó Fred sonriendo.

- Porque si lo es, el plan no nos parece un fracaso en absoluto - dijo George deseando que fuese el tío de Harry.

El chico solo sonrió e hizo un gesto para que avanzasen.

Las luces se encendieron y, horrorizado, Harry se dio cuenta de que aquella cosa fofa y grande era la cara de su tío.

- ¡Sí! ¡Lo sabíamos! - celebraron los gemelos por encima de las risas.

- Estoy de acuerdo con los gemelos, Harry - dijo Sirius secándose una lágrima de risa -. El plan no es un fracaso en absoluto.

Harry sonreía satisfecho. Le gustaba mucho más cuando todos se estaban riendo en vez de gruñir contra los Dursley, sobre todo Sirius. Él se merecía más que nadie disfrutar todo lo que pudiese ahora que había pasado tanto tiempo encerrado.

Tío Vernon estaba acostado en la puerta, en un saco de dormir, evidentemente para asegurarse de que Harry no hiciera exactamente lo que intentaba hacer. Gritó a Harry durante media hora y luego le dijo que preparara una taza de té. Harry se marchó arrastrando los pies y, cuando regresó de la cocina, el correo había llegado directamente al regazo de tío Vernon. Harry pudo ver tres cartas escritas en tinta verde.

- No os molestéis en esperar lo imposible - dijo Harry antes de que alguien pudiese empezar a tener esperanzas de que recibiría por fin su carta -. No me iba a dejar acercarme a ninguna de esas cartas ni aunque se lo suplicase.

- Eres todo optimismo, ¿eh, Harry? - le picó Sirius -. Ya nos has matado la esperanza que teníamos - suspiró dramático.

- Ya sabes, Sirius, que siempre me encanta ayudar con esas cosas - dijo Harry con una sonrisa falsamente alegre, antes de que ambos sonriesen de verdad.

Remus los miraba contento de que se llevasen. Se necesitaban mutuamente más de lo que pensaban.

—Quiero... —comenzó, pero tío Vernon estaba rompiendo las cartas en pedacitos ante sus ojos.

- ¡¿Cómo?! - se sobresaltó Sirius enfureciéndose -. Esto ya es restregártelo por la cara. ¿Quién se cree que es?

- Sirius, ¿no has leído todavía suficiente sobre mi tío como para saber que buscaba exactamente eso? Restregármelo por la cara y ver si me atrevía a protestar para poder castigarme - dijo Harry poniendo los ojos en blanco. Cualquiera pensaría que ya lo habían entendido.

Sirius refunfuñó un poco más por lo bajo. Seguía sin entrarle por completo en la cabeza que se pudiese ser así de mezquino.

Aquel día, tío Vernon no fue a trabajar. Se quedó en casa y tapió el buzón.

- Eso no va a funcionar - dijo Angelina.

- Claro que no - asintió Alicia -. Usarán magia para meter las cartas en la casa de otra forma.

Snape arqueó una ceja. Petunia conocía la magia y sabía perfectamente que eso no servía de nada, que igual no podían evitar que un mago entrase en la casa solo con cerrar la puerta, no podían impedir que entrasen las cartas solo tapiando el buzón. Era ridículo.

—¿Te das cuenta? —explicó a tía Petunia, con la boca llena de clavos—. Si no pueden entregarlas, tendrán que dejar de hacerlo.

- A este todavía no le entra en la cabeza que estamos hablando de Harry Potter - suspiró Charlie -. No se van a dar por vencidos por culpa de un par de muggles chiflados.

- Claro que no - bufó Tonks divertida -. Esto se va a poner bueno.

- ¿A qué te refieres, prima? - preguntó Sirius.

- ¿No te das cuenta? - dijo con una sonrisa -. El hombre se está poniendo histérico, y por mucho que lo siga intentando no va a conseguir que dejen de venir las cartas hasta que Harry lea una y responda. ¡Se va a volver loco! - acabó riendo.

Todos empezaron a sonreír con anticipación y se inclinaron hacia delante en sus asientos. Era cierto. Esto se iba a poner bueno.

—No estoy segura de que esto resulte, Vernon.

- ¿No me digas, Sherlock? - dijo Remus sarcástico -. Te has criado con una bruja en la familia. Sabes perfectamente lo que podemos hacer y que esos intentos son absurdos.

- ¿Sherlock? - preguntó Sirius confundido -. Se llama Petunia, Lunático. ¿Te acuerdas? Hermana de la pelirroja, ¿te suena de algo? ¿De qué te ríes? - dijo todavía más confundido.

A Remus le había entrado tal ataque de risa al oír esto que tuvo que ser Hermione la que lo explicase, aunque ella también se estaba riendo junto a todos los nacidos de magos.

- Es una especie de dicho muggle, Sirius. Para cuando alguien dice algo que es obvio, como esto que dice la tía de Harry de "No creo que vaya a funcionar". Es un dicho.

Sirius se sonrojó un poco y farfulló algo que sonó parecido a "cómo iba a saberlo yo... maldito Lunático..." consiguiendo que Remus riese aún más fuerte.

—Oh, la mente de esa gente funciona de manera extraña, Petunia, ellos no son como tú y yo —dijo tío Vernon, tratando de dar golpes a un clavo con el pedazo de pastel de fruta que tía Petunia le acababa de llevar.

- Menos mal que no nos funciona de la misma manera - dijo Katie con una mueca.

- Sí, me parece que con un Vernon Dursley en el mundo hay más que suficiente - dijo George -. Si hubiese alguno más, probablemente me volvería loco.

- Solo a él se le ocurre una tontería así - añadió Fred -. No solo intentar ganar a la magia con clavos, sino usar un pastel para clavarlos.

Los dos gemelos se miraron.

- Estúpido - dijeron a la vez.

El viernes, no menos de doce cartas llegaron para Harry. Como no las podían echar en el buzón, las habían pasado por debajo de la puerta, por entre las rendijas, y unas pocas por la ventanita del cuarto de baño de abajo.

Todos se echaron a reír. Tenían ganas de decir un "te lo dije", pero si no estaba ahí Dursley perdía la gracia. Bueno, pensaron algunos contentos, habrá que ir a verle y decírselo, y podemos aprovechar para decirle alguna cosa más... Y alguna broma... Y se nos podría escapar algún hechizo...

Harry sonreía, contento por que hubiese desaparecido totalmente la tensión y todos estuviesen disfrutando por primera vez de la lectura. Sabía que no iba a durar mucho, pero, oye, Ron ya había dicho que él siempre esperaba lo imposible. Además, si se estaban riendo con esto, cuando avanzasen un poco más y su tío perdiese definitivamente la cabeza, ¿cómo estarían?

Tío Vernon se quedó en casa otra vez. Después de quemar todas las cartas,

- ¡¿Que sigue quemando las cartas de Hogwarts?! - se indignaron todos.

- No, no todas - se apresuró a decir Harry

Otras las rompió en trocitos o las metió en la trituradora o... Bueno, estuvo muy creativo, añadió para sí mismo. No hacía falta darles más motivos para que se enfadasen. Ya lo hacían muy bien ellos solitos sin ayuda.

salió con el martillo y los clavos para asegurar la puerta de atrás y la de delante, para que nadie pudiera salir. Mientras trabajaba, tarareaba De puntillas entre los tulipanes y se sobresaltaba con cualquier ruido.

- Ya se ha puesto histérico - rio Tonks -. Ahora falta que empiece a ponerse paranoico, en plan Ojoloco, y eso ya sería perfecto - dijo tan contenta como un niño en Navidad.

El auror fulminó con la mirada a su alumna favorita, pero ella sólo puso los ojos en blanco ante esto, para diversión de muchos, y se giró hacia Harry.

- Dime que se vuelve paranoico, Harry. Porfa, Harry, di que se vuelve paranoico - pidió juntando las manos.

- Sí, Tonks, no te preocupes. Se vuelve paranoico. Mucho más que ahora - contestó con una sonrisa que se hizo más amplia cuando ella hizo un signo de victoria. Le caía bien esta chica.

El sábado, las cosas comenzaron a descontrolarse.

- ¿Hasta ahora era tener las cosas controladas? - abrió los ojos como platos Ron -. ¿En serio? Tapia las puertas y el buzón y siguen entrando cartas por todas las rendijas, ¿y cree que tiene todo controlado?

- Es que ahora las cartas entraban por medios mucho más creativos - rio Harry -. Ya lo veréis. No se me habría ocurrido ni siquiera ahora que sé que existe la magia.

Todos se volvieron a inclinar hacia delante, deseando que McGonagall leyese más rápido.

Veinticuatro cartas para Harry entraron en la casa, escondidas entre dos docenas de huevos, que un muy desconcertado lechero entregó a tía Petunia, a través de la ventana del salón. Mientras tío Vernon llamaba a la oficina de correos y a la lechería, tratando de encontrar a alguien para quejarse, tía Petunia trituraba las cartas en la picadora.

Todos estallaron de nuevo en carcajadas, incluso Harry, a pesar de que ya había vivido esto. Pero es que la primera vez estaba demasiado sorprendido y ansioso por conseguir una carta como para apreciar la situación.

- Vale, ya veo lo que querías decir con que se descontroló la situación - dijo Rin recuperando el aliento.

- ¿En los huevos? - seguía riendo Sirius -. ¿En serio?

- Me parece que eres la única persona que ha recibido tantas "primeras cartas" de Hogwarts, Harry - dijo Fred limpiándose una lágrima.

- Totalmente de acuerdo, querido hermano - dijo George entre hipidos -. Solo a Harry podría pasarle una cosa así. Todos piensan que es imposible, pues él demuestra que no lo es.

Harry les fulminó con la mirada, pero el efecto quedó en nada porque tenía una enorme sonrisa que no era capaz de quitarse.

—¿Se puede saber quién tiene tanto interés en comunicarse contigo? —preguntaba Dudley a Harry, con asombro.

- Oh, nadie, solo casi todo el mundo mágico - dijo Ron poniendo los ojos en blanco. Y se sintió especialmente contento consigo mismo cuando por primera vez mencionó la fama de Harry sin sentir una punzada de celos. Estos libros ya le estaban sirviendo para mucho.

- Por ejemplo tú, ¿no, Ginny? - le susurró Fred a su hermana, que estaba sentada a su lado, mientras George la miraba con una sonrisa traviesa -. ¿Te acuerdas cuando le escribías todas las semanas?

- ¡Cierra el pico! - siseó para que nadie más la oyese mientras se sonrojaba furiosamente y le pegaba un codazo en las costillas.

- Podemos decírselo a Harry, si quieres - propuso George con voz inocente -. Seguro que le encantaría saberlo.

- Ni se os ocurra - amenazó y les lanzó una mirada tan parecida a la de su madre que los dos chicos tragaron nerviosos y se giraron a escuchar la lectura.

La mañana del domingo, tío Vernon estaba sentado ante la mesa del desayuno, con aspecto de cansado y casi enfermo, pero feliz.

—No hay correo los domingos —les recordó alegremente, mientras ponía mermelada en su periódico—. Hoy no llegarán las malditas cartas...

- ¿Cómo que no llegan cartas? - preguntó Ron confundido -. ¿Por qué no iban a llegar?

- ¿Qué ha intentado esta vez para que piense que no llegarán? - preguntó Bill casi sonriendo.

-Uno pensaría que ya habría aprendido que eso no funciona, ¿no? - murmuró Neville para sí mismo -. Que ya habría visto que por métodos muggles no se puede.

- No ha hecho nada - rió Hermione deseando ver la sorpresa que se iban a llevar -. Eso es lo mejor.

- ¿Entonces a qué se refiere? - preguntó Sirius igual de confundido -. ¿Por qué piensa que no van a llegar si no ha hecho nada nuevo?

- Porque el correo muggle no llega los domingos - dijo Harry entre risas al ver que su amiga estaba ocupada agarrándose el estómago -. ¿Os acordáis de los carteros que hemos dicho antes? ¿Los que llevan las cartas en vez de las lechuzas? Bueno, pues ellos no trabajan los domingos y tío Vernon pensaba que las cartas las llevaban ellos.

Ahora todos entendieron y lentamente se les formó una sonrisa estúpida en la cara al imaginarse la reacción de los muggles cuando llegasen cartas también ese día.

Algo llegó zumbando por la chimenea de la cocina mientras él hablaba y le golpeó con fuerza en la nuca. Al momento siguiente, treinta o cuarenta cartas cayeron de la chimenea como balas.

La profesora McGonagall tuvo que parar porque no se la oía por encima de las carcajadas. Estaban imaginándose la cara que se la habría quedado a Dursley cuando le dio la carta en toda la nuca y empezaron a entrar decenas de cartas.

La imagen mental no tenía precio. Con la cara redonda poniéndose morada, el bigote temblando de rabia, los dientes tan apretados que se le iban a partir, a lo mejor hasta escupía un poco al hablar... No era una imagen preciosa, pero no tenía precio.

En especial se estaba riendo Harry, que estaba recordando tan claro como si hubiese ocurrido ayer ese momento en el que entró la primera carta por la chimenea y todos se quedaron helados en el sitio antes de saltar de los asientos cuando llegó el resto de golpe. Cada vez que pensaba en ello volvía a entrarle un ataque de risa.

Los Dursley se agacharon, pero Harry saltó en el aire, tratando de atrapar una.

- Así me gusta, Harry - felicitó Oliver -. Bien hecho.

Harry se alarmó un poco pensando que se había fastidiado la broma, pero Sirius y Remus estaban demasiado inmersos en la historia como para hacer caso a Oliver. Y eso no iba a volver a pasar porque vio a Katie, que no estaba lejos del capitán del equipo, acercarse y susurrarle al oído. Oliver abrió mucho los ojos y miró a Harry, que asintió disimuladamente, antes de hacerle un gesto para decirle que lo había entendido.

En ese momento se le ocurrió a Harry. ¿Debería decirle a Wood que en ese momento no tenía ni idea de qué era el quidditch y solo había saltado porque no se le había ocurrido agacharse a coger una del suelo? No. Mejor no. Sino probablemente le daría un ataque al pensar que su buscador no había sabido lo que era el quidditch hasta poco antes de entrar en Hogwarts.

—¡Fuera! ¡FUERA!

Tío Vernon cogió a Harry por la cintura y lo arrojó al recibidor.

- No me hice daño, Sirius, de verdad. No te preocupes. Estoy bien y no me salió ni un moretón - se apresuró a decir Harry al ver que su padrino volvía a tener un brillo asesino en los ojos.

- Me da lo mismo - gruñó él -. Nadie lanza o arroja o lo que sea a mi ahijado. Otra cosa que va a tener que explicarme ese Dursley.

No había alzado la voz pero todos se estremecieron. La mirada de Black prometía problemas, muchos y muy grandes, y todos se alegraron de no estar en el pellejo de Vernon Dursley.

Cuando tía Petunia y Dudley salieron corriendo, cubriéndose la cara con las manos, tío Vernon cerró la puerta con fuerza.

- Pero bueno, ni que estuviese enfrentándose a un monstruo - rezongó Tonks.

- Para los Dursley probablemente las cartas eran mucho peor que cualquier monstruo - dijo Harry -. No me extrañaría que en aquel momento hubiesen preferido que entrase un ladrón a que entrasen las cartas en la casa.

- ¿En serio? - hizo una mueca Hermione -. Qué idiotas.

Podían oír el ruido de las cartas, que seguían cayendo en la habitación, golpeando contra las paredes y el suelo.

- ¿Cuántas enviaron? - preguntó Neville sorprendido.

- Ni idea - se encogió de hombros Harry -. No me dejaron volver a entrar y tía Petunia me hizo subir las escaleras con Dudley para no arriesgarse a que alguno de los dos cogiésemos una carta. Solo sé que pasó mucho, mucho rato hasta que tío Vernon salió de la cocina.

Algunos tenían los ojos como platos otra vez. Parecía que habían llegado cientos de cartas a través de la chimenea.

La ironía de la vida, que fuese justo el niño que vivió el que más cartas necesitase para poder ir a Hogwarts cuando todo el mundo mágico estaba esperando el día que pisase el castillo. Y todo por culpa de los muggles, que también eran otra ironía. ¿Quién habría pensado que el niño que vivió viviese con los más grandes muggles que se haya visto nunca?

Vale, aquí está la segunda parte. Lo siento si a alguien le molesta mucho que los haya que tenido que dividir en partes estos capítulos, pero es que sino no podía subirlos. Besos!