1era Aclaración: ni Naruto ni sus personajes me pertenecen, son de Masashi Kishimoto, pero la historia es 100% mía y no permito su préstamo ni ninguna clase de adaptación.

Para las palabras o letras:

-Pensamientos de los personajes.

-Resaltar.

-"Llamadas telefónicas".

N/A: Aquí la continuación como lo prometí.

Sin más que decir…

Disfruten del capítulo n.n


Descubriendo más sobre ti…Primer día de escuela

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"Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para una persona tú eres el mundo."

(Gabriel García Márquez)

Cuando leí por primera vez esa frase no la entendí muy bien, pues solamente tenía cinco años de edad y era una simple tarea que me habían asignado en la escuela. Pensé que esa forma de ver a las personas era típica de los padres, pero luego de conocer a Sasuke comprendí mejor a García Márquez.

Ahora que soy más grande sé que Sasuke-kun es mi mundo. Muchos podrían pensar que es sólo un flechazo adolescente, pero yo sé que no es así.

Yo quiero a Sasuke desde la primera vez que lo vi, como si una fuerza invisible me hiciera querer estar siempre junto a él.

No sé ni me importa cuánto tiempo estuvimos abrazados, a mí me encantaba esa sencilla acción.

Pero todo lo bueno tiene que terminar alguna vez.

-Te dejaste crecer el cabello –fue lo primero que dijo una vez nos separamos.

-¡Ah sí! – Lo sé, reacción estúpida-. ¿Te gusta?

Él mostró una sonrisa tan seductora y sexy que por poco me desmayo. Yo creía que solo los actores de cine podían hacer ese tipo de sonrisas. Tomó un mechón de mi cabello y empezó a jugar con él.

-Me encanta.

No pude evitar suspirar de alivio ¡En serio le gustaba mi nueva imagen! Eso me hacía sentir más que feliz, no encontraba adjetivos que describieran cómo me sentía en ese momento.

-Has cambiado bastante.

-No puedo decir lo mismo de ti, te ves igual que la última vez que nos vimos.

-Yo no envejezco Sakura. Por algo he podido estar tantos siglos en la Tierra con la apariencia de alguien de veintiún años.

-L-Lo olvidé.

La verdad es que puedo llegar a ser bien idiota y olvidadiza cuando me lo propongo.

¿Y mi padre pretendí enviarme a la universidad?! –pensé degradándome, creo que mi autoestima es bien baja.

-Pero si yo lo quiero puedo aparentar cualquier edad.

-¿De verdad? –En los últimos años me había puesto a investigar en secreto más sobre ángeles y demonios, desde la divina comedia hasta las novelas actuales, también busqué por internet historias más antiguas escritas en latín y otras lenguas muertas que por suerte tenían incluida su traducción, y lo del cambio de apariencia no aparecía en ningún libro o página web- ¡Eso suena increíble!

-Prefiero quedarme así, a los veintiún no eres ni muy joven ni muy viejo para nada, es la edad perfecta en mi opinión.

-A mi todavía me falta mucho para estar a tu nivel.

-¿Diecisiete? –preguntó esta vez con una sonrisa burlona sin dejar de jugar con el mechón de mi cabello.

Suspiré.

-Recién cumplidos.

-Vamos, que eso no es un crimen –trató de animarme.

Sonreí agradeciendo su comentario.

Le empecé a contar los últimos acontecimientos de mi vida: la escuela, mis vecinos, Tigresa, mi bicicleta, los lugares a donde me fui de viaje y por último sobre la situación que estaba pasando ahora.

-Entonces estarás aquí dos años –no lo estaba preguntando, sino afirmando.

-Aproximadamente. Últimamente mis padres han estado discutiendo mucho. Cambian sus horarios de trabajo con tal de no verse en todo el día, ni tampoco se miran a la cara. Al final llegaron a la conclusión de que lo mejor era el divorcio.

-Lo siento mucho.

Negué con la cabeza para que no se preocupara, tampoco quería que alguien me tuviera lástima.

-Tal vez sí sea la mejor solución.

Creo que iba a decir algo, tal vez contradecirme, pero ambos giramos nuestras cabezas al mismo tiempo hacia la pequeña ventana de la habitación al notar que el sol empezaba a hacer acto de presencia. Creo que mi odio al amanecer empezaría a resurgir. El tiempo había pasado demasiado rápido para mi gusto. Entonces recordé que en otro libro aparecía la frase: "La noche es joven", cuánta razón tenía.

-Es mejor que te vayas, antes de que sospechen o se preocupen.

-Aún no quiero irme –yo quería parecer madura frente a él, pero era inevitable comportarme como una niña desobediente.

Rió ante mi comportamiento, me sonrojé de la vergüenza.

-Te veré en tus sueños –me dijo mientras acercaba su rostro al mío.

Pensé que era ese tipo de frases estilo Don Juan y Caza Nova, pero me di cuenta de que hablaba literalmente. Sasuke tenía la habilidad de entrar en mis sueños y comunicarse conmigo, aunque tenía que estar cerca para hacerlo.

-Entonces nos vemos –le contesté con mayor alegría y esperanza.

Sin esperarlo Sasuke me dio un beso en la mejilla. El último que me había dado había sido en mi cumpleaños número ocho.

-¡Siempre me tomas desprevenida!- Le reclamé sonrojándome por completo. No pude evitar llevar mi mano a mi mejilla derecha, donde me había besado.

-Me gustan tus reacciones, eso es todo.

Sino estaba como un tomate antes, definitivamente ahora lo estaba. Decidí irme de ahí antes de que mi cabeza explotara de la vergüenza…o antes de que mi abuelo me descubriera. Sin siquiera mirarlo me fui, no sin antes escuchar a mis espaldas la risa de Sasuke. Aunque riera a costa mía, estaba feliz de que lo hiciera.

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Cuando salí de la habitación eran las 4:58 de la mañana. Mi abuelo se despertaba para ir a su trabajo a las 6:00 o a las 5:30. Por lo tanto estaba a salvo.

Caminé de puntitas a mi cuarto, debí ser muy sigilosa porque Tigresa ni se levantó, era eso o me estaba ignorando por completo.

Me metí entre las sábanas que estaban bien calientitas. Al poner la cabeza entre las suaves almohadas no me imaginé lo cansada que estaba, así que de inmediato me quedé dormida, pero no soñé con nada.

Bastante decepcionante.

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A las diez de la mañana ya estaba en la cocina preparando un huevo revuelto con tostadas integrales de miel y salvado.

Me había bañado y vestido con ropa fresca debido a que hacía algo de calor. Me puse una blusa roja de tiras, unos shorts blancos y unas sandalias rojas.

El cabello lo tenía mojado y en las puntas se ondulaba, era molesto que eso pasara. Significaba que más tarde tendría que usar la secadora y la plancha para alisarlo por completo.

-Pero que guapa –me dijo Tenten-. Me sorprende que no tengas novio con lo linda que eres ¿Sabes lo que daría por tener tu aspecto? Pero mírame nada más, llena de arrugas y mil defectos más.

-Exageras, mi cabello está hecho un desastre y soy muy flacucha. Además, tú eres guapa.

-Gracias cariño, pero ambas sabemos que estoy poniéndome vieja… Y deberías de estimarte más.

-Vamos, todavía eres joven. Además, si fuera tan bonita como dices todos los de mi antigua escuela se hubieran vuelto locos por mí.

-Ellos no tenían buen gusto, eso es todo.

Me encantaría haberle creído, pero sabía que mi aspecto no era nada del otro mundo, lo único de verdad fascinante o anormal en mí era mi cabello rosa. Los chicos de mi otra escuela siempre me ponían apodos como: "Bicho raro" "El extraterrestre del planeta rosa" "La pantera rosa" o simplemente me decían "Pelo de chicle".

Esperaba que en mi nueva escuela todo fuera mejor, aunque tampoco podía llenarme de ilusiones, esperaba por lo menos hacer un amigo, alguien de mi edad o tal vez un año menor o mayor.

¿Sueno desesperada?...Respuesta: ¡OBVIAMENTE SÍ!

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En la tarde me puse a ojear mis libros de la escuela. Al parecer iba a estudiar historia tanto en inglés como en español, también estudiaría literatura universal, química, física, psicología, matemáticas y deportes.

Miré las opciones porque algunos no se me dan muy bien:

1.-Equitación

2.-Esgrima

3.-Natación

4.-Básquet

5.-Béisbol

6.-Fútbol

7.-Voleibol

8.-Tenis

9.-Alzamiento de pesas (esa definitivamente no)

Las opciones me parecían buenas, en los primeros cuatro deportes yo era muy buena. Luego recordé una experiencia de mi infancia. Cuando tenía seis años y todavía no conocía a Sasuke. Siempre me han gustado los caballos, tanto que incluso soñaba con tener uno…bueno, al principio quería tener (como cualquier otra niña normal) un pony.

Cuando se lo pedí a mi padre negó con la cabeza. Admito que casi hago un berrinche, pero luego pensé en lo ridícula que sonaba esa reacción. Mi petición de un pony era absurda ¿para qué lo necesitaba? Era un simple capricho mío.

Es como decir: "Me encantan los tiburones ¿podríamos tener una piscina con cinco diferentes especies de tiburones papá?" Además de peligroso era estúpido ¿verdad?

Después de reflexionar un poco miré a mi padre que esperaba alguna respuesta de mi parte ante su negativa de darme el pony. Le dije lo que había pensado y él asintió con la cabeza dándome la razón.

Le pregunté si en vez del pony podría tomar clases de equitación. Él volvió a asentir y en su rostro se notaba lo orgulloso que se sentía por mí.

Me acarició la cabeza y me dijo:

-Eres demasiado madura para tu edad.

Yo me lo tomé como un cumplido, porque era verdad, siempre pensaba antes de actuar.

Estuve tan concentrada en mis recuerdos que no me di cuenta cuando mi padre entró en mi habitación.

-¿Cuáles te llaman la atención?

Pegué un grito y un salto porque de verdad que me había asustado.

-Lo siento hija, no era mi intención sorprenderte.

-Tranquilo papá, es que estaba muy concentrada.

-Entiendo, bueno, dejando eso de lado ¿cuáles deportes te gustaría escoger? Puedes seleccionar solamente tres.

Lo pensé por un buen tiempo hasta que me decidí por los tres primeros que conocía tan bien como la palma de mi mano.

-Buena elección –aprobó mi padre.

Él consideraba que la equitación, la esgrima y la natación eran los deportes adecuados para una señorita (también la gimnasia rítmica, pero no está entre las opciones de la escuela). Aunque tampoco está en contra de que las mujeres practiquen fútbol o básquet. En otra ocasión me dijo:

-Esos son los más adecuados para las mujeres sin duda, sin embargo, las veo perfectamente capaces de hacer cualquier deporte debido a su mayor resistencia al dolor.

Mi padre no era ni feminista ni mucho menos machista (aunque podía ser algo anticuado), pero él creía que tanto hombres como mujeres son capaces de todo.

Por otro lado estaba mi madre que pensaba que los deportes o cualquier actividad física se habían hecho exclusivamente para "el sexo fuerte". Ella cree que las damas no deberían sudar ni una solo gota.

Pero si recorres el mundo la puedes contradecir fácilmente, como el increíble dominio del fútbol de las argentinas, las miles de mujeres que juegan básquet en Colombia y en Estados Unidos.

Sin ninguna duda, podíamos hacer cualquier cosa, si nos lo proponíamos.

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A pesar de que Sasuke me dijo que podíamos reunirnos en nuestros sueños, no quería arriesgarme a no soñar nada o a olvidarme de lo que había soñado, Así que en la noche lo volví a visitar y le conté sobre las clases que pronto recibiría.

-No sabía que te gustara la equitación…o los caballos.

-Son mis animales favoritos –luego escuché un maullido de Tigresa, esta vez me había acompañado- aunque los gatos no se quedan atrás –dije para que dejara de quejarse, pero no era mentira, los felinos también me gustaban mucho.

-En ese caso, creo que esto te va a encantar.

Iba a preguntar qué, pero vi que se estaba poniendo de pie, yo lo imité dándome cuenta de lo alto que era, me sacaba unas cuantas cabezas, me sentí tan chiquita y diminuta al lado de él.

-¿Recuerdas lo del cambio de forma?, -asentí con la cabeza- lo mejor es que te apartes un poco.

Le obedecí, no sin antes coger a Tigresa entre mis brazos.

Él respiró profundamente y de pronto una energía lo empezó a rodear, era de color azul oscuro. En un parpadeo dejé de ver a Sasuke.

-Oh por Dios –susurré totalmente impresionada.

Frente a mí había un hermoso caballo azabache con unas alas del mismo color a los costados. En la mitología griega se les decía pegasos.

-¿Qué opinas? -¡De paso podía hablar!

-B-Bueno…estos…es…

-¿Extraño?

-Diste en el blanco.

Dudé unos segundos pero luego decidí acercarme a él lentamente. Puse mi mano en su cuello acariciando su suave pelaje.

-Esto es increíble –susurré lo bastante alto para que sólo él me escuchara.

Miré sus ahora pezuñas, seguía encadenado.

-No importa en lo que me transforme, estas cadenas se adaptan a mis cambios.

-Comprendo… ¿y si fueras una mariposa? Como en mi sueño.

-Tengo mis límites Sakura, ¿crees que no lo he pensado? No sólo son las cadenas que me quitan energía, también es este cuarto, esa puerta, todo aquí me limita. La única salida en un conjunto de llaves especiales.

-Las cuales tiene mi abuelo.

-Exacto.

Él volvió a su forma original y se sentó en el piso. Se había cansado.

-Creo que lo mejor es irme para que descanses –cuánto me costaron decir esas palabras.

-Está bien. Suerte en la escuela.

-Gracias.

Me agaché a su altura y esta vez fui yo la que lo tomó por sorpresa dándole un beso en la mejilla. Salí corriendo de ahí rápido para que se quedara con el impacto, me hubiera gustado haber visto su expresión. Al cerrar la puerta se me escapó una risita. Tigresa me miró y luego negó con la cabeza, como si dijera: "¡Humanos! ¿Quién los entiende?"

Ignorándola seguí riéndome bajito hasta que llegué a mi habitación y me acosté para dormir tranquila.

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Ya estaba lista. Tenía puesta la falda a cuadros azul y verde del uniforme, una blusa blanca de mangas largas y un chaleco azul con el escudo del instituto bordado en dorado en el lado superior izquierdo. Mi mochila también café con todos mis libros y el horario de clase y mis zapatos negros bien lustrados. Peinada con una coleta baja. Además que ya había desayunado y lavado los dientes.

-Estoy lista –fue lo que le dije a mi padre cuando lo vi esperándome en la puerta de la mansión.

-En ese caso, vámonos.

No fue muy largo el trayecto. Llegamos en pocos minutos.

-Que te vaya muy bien en tu primer día –dijo mi papá después de darme un beso de la buena suerte en la frente.

-Sí, daré mi mejor esfuerzo.

Sin más me bajé del auto despidiéndome de mi padre con la mano. Creo que me estaba poniendo dramática.

-Tú debes de ser la nueva. –dijo una voz a mis espaldas me volteé topándome con una chica de mi misma edad, tenía la piel demasiado blanca (pero no era un pálido enfermizo), sus cabellos eran como los de Sasuke, aunque los suyos eran más azulados y para mi sorpresa tenía unos hermosos ojos perlados. También traía puesto el uniforme, aunque su falda era demasiado larga- Bueno, sé bienvenida a la escuela Nuestro Futuro Perfecto. Soy Hinata Hyuga, del comité de bienvenida ¿cuál es el tuyo?

-Sakura Haruno, un placer. –me parecía que esa chica era muy amable y linda.

-Igualmente. Sígueme, te mostraré todo antes de que empiecen las clases.

El lugar era enorme, la piscina, los campos de entrenamiento, los establos, los salones. Durante nuestra caminata Hinata me hizo un sin número de preguntas y yo le hice unas cuantas a ella.

Me dijo que tenía un hermoso cabello, aunque también preguntó si era teñido.

-No, es natural.

-Impresionante, creía que yo era la única persona con cabello raro en el instituto.

-Eh… ¿Gracias?

-N-No E-espera no fue mi intención ofenderte es solo que me parece genial conocer a alguien más que me pueda entender. Siempre se burlan de mi cabello y también de mis ojos así que…

La interrumpí para que se tranquilizara.

-No me ofendiste y te entiendo perfectamente.

Luego de eso volvimos a conversar más calmadas. Quedé agotada después de ese largo recorrido, me sorprendió que alcanzáramos a llegar temprano.

Para mi suerte Hinata estaba en mi clase.

Ninguna persona se detuvo a vernos, estaban metidos en lo suyo.

-¡Oigan chicos! –Llamó ella a un grupo especial de persona que se encontraban al fondo del salón, al oírla se voltearon avernos- ¡Ella es Sakura Haruno, la nueva!

Genial, ahora sí nos estaban mirando todos.

-Vaya forma de empezar el primer día de clases –pensé.

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Bueno los que leyeron la primera vez que escribí este fic se habrán dado cuenta de los grandes cambios que he hecho. Antes Sakura iba al instituto con ropa normal, pero pensé que yo había descrito una escuela demasiado…lujosa por así decirlo, entonces pensé que un uniforme quedaría mejor. Lo de la transformación de Sasuke a Pegaso fue un momento que me regalé a mí misma ya que me encantan los caballos y siempre quise tener uno, y ahora Sakura tiene tres cosas que yo amo: un gato, un Pegaso y a Sasuke…le tengo envidia.

Bueno, muchas gracias por los comentarios, la verdad no creí que me recibirían con tana alegría, no saben cuánto me elevaron el ánimo. Muchas gracias.

¡Cuídense mucho!

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