Capítulo Siete.
Rin bostezó, esa semana no había dormido más de dos horas cada noche. Era fin de semestre después de todo; tampoco era que sus calificaciones fueran malas y tuviera que subirlas al final, sólo no quería bajar su promedio en el último momento, mucho menos en Literatura, donde sus notas nunca habían sido tan buenas como él quisiera o como en las demás materias.
- Senpai, debería descansar un poco… – Dijo Nitori, en el escritorio cerca de la puerta, cuando vio que Rin volvía a bostezar.
- Después. – Respondió el pelirrojo, para luego estirar los brazos tras su espalda y arqueando esta.
Nitori le miró atentamente, no entendía cómo Rin no había colapsado todavía, con tan pocas horas de sueño y el estudio, quizás aún seguía en pie al volcar el esfuerzo de la natación en lo último, debido a que las actividades de clubes se suspendían durante los exámenes.
- No debería sobre exigirse tanto… – Musitó el menor, bajando la mirada hacia el libro que tenía sobre el escritorio, luego mirando de reojo a Rin.
- Sé cuidarme, Ai, preocúpate por ti mismo antes que por los demás. – Dijo, sin quitar la vista del libro, sólo apartándola para tomar su lápiz y escribir algunas cosas en el cuaderno que tenía a un lado.
El menor apartó la mirada, sintiendo un leve ardor en sus mejillas cuando el pelirrojo le llamó por su nombre, aunque lo haya convertido en un nombre femenino, no le molestaba, jamás podría molestarle que Rin haya querido demostrar por fin algo de cercanía en llamarse por sus nombres de pila. Tampoco le molestaron las palabras aparentemente ásperas del mayor, sabía que no lo decía de mala forma.
Entre el silencio que quedó posterior a la breve conversación se escuchó vibrar el celular de Rin sobre su cama. Rin lo miró desde su escritorio por unos segundos antes de ponerse de pie e ir a ver que quien llamaba era Haruka, su novio desde hace más o menos tres semanas. Y, ante la mirada curiosa de Nitori, salió al balcón para contestar.
- Disculpa por no llamar en toda la semana. – Dijo, luego de saludar a Haruka, cerrando la puerta de vidrio que separaba el balcón de la habitación.
- Descuida, tampoco traigo mi celular todos los días. – Escuchó la voz estoica del pelinegro al otro lado del teléfono.
Le pareció que había pasado demasiado tiempo desde la última vez que lo escuchó, pero sabía que sólo habían sido unos cinco días, y no pudo evitar esbozar una sonrisa junto a un sutil suspiro.
- ¿Estás bien, Rin? – Preguntó.
- Sí, sólo no he dormido mucho. – Respondió, apoyando el antebrazo izquierdo en el barandal mientras sujetaba el celular con su otra mano. – Semana de exámenes, tengo que mantener un buen promedio.
- Aun así deberías dormir. – Dijo el pelinegro. – Nagisa dijo que si no se duerme por más de setenta y dos horas se empiezan a escuchar voces o algo así, y trató de comprobarlo con Rei. ¿Ya las escuchas? – Inquirió con la voz serena.
- No, sólo la de siempre.
- Rin…
- Es broma, es broma. – Rió el pelirrojo. – Quisiera haber visto tu cara, aunque seguro no debe haber sido muy diferente a la que tienes siempre. – Dijo en un tono burlón, escuchando un leve bufido por parte de Haruka.
"Realmente quiero ver tu cara, Haru…"
- Ve a dormir, Rin. – Espetó en un tono firme, casi como una orden. Rin estuvo por responder en protesta antes de escuchar la voz de otra persona a través del celular nombrando al pelinegro y preguntó. – Estoy en casa de Makoto. – Respondió tranquilamente.
- Oh… – Fue todo lo que pudo articular; aunque no era algo de sorprender, esos dos siempre estaban juntos, también vivían cerca el uno del otro. Pero no era que estuviese celoso, quizás sólo se sentía mal por no poder estar tan cerca de Haruka como lo estuvo en primaria. – Haru, – le llamó, luego de un momento en silencio, aclarándose la garganta antes de hablar. – Mañana, err… P-Puedo ir por ti a la escuela, si quieres… – Dijo, tratando de sonar lo más seguro posible.
- … Bien. – Respondió Haruka, después de largos segundos. – A las cinco. Tengo que colgar, Makoto está molestando con el reporte para mañana. Nos vemos, Rin. – Se despidió.
- Sí… Te veo mañana. – Sonrió. – Y termina tu maldito reporte. – Dijo, colgando antes de recibir alguna queja del pelinegro.
Rin se quedó mirando el celular en su mano por unos segundos, aun con una tonta sonrisa en su rostro, luego suspirando pesadamente y volviendo a abrir la ventana para entrar a la habitación; encontrándose con Nitori dormido sobre su escritorio. Bufó, dejando su celular bajo la almohada de su cama, después yendo a despertar al menor, sacudiéndole suavemente por el hombro y llamándole por su nombre. Nitori abrió un poco sus ojos, parpadeando un par de veces antes de levantar apenas la cabeza de encima del libro y bostezar, notando los cercanos ojos carmesí de Rin mirándolo, y con un corto chillido se alejó, enrojeciendo rápidamente.
- ¿Qué te sucede? – Preguntó el pelirrojo, alzando una ceja para luego chasquear la lengua cuando el menor no respondió. – Si vas a dormir, ve a tu cama. – Dijo, volviendo a su propio escritorio.
- Senpai… – Llamó el menor, casi en un murmullo mientras bajaba la mirada, sentado en su silla. Rin le miró, esperando a que dijera algo más. – No, nada. – Negó con la cabeza, levantando el rostro con una leve sonrisa.
Nitori se puso de pie, caminando hasta la escalera de la litera, dando una última mirada a Rin, que había vuelto la vista completamente hacia su libro, sólo apartándola de las hojas para encender la lámpara de su escritorio, dándole a entender al menor que podía apagar la luz de la habitación.
- Buenas noches, Rin-senpai. – Masculló, apagando la luz antes de subir la escalera hasta su cama. – No se duerma muy tarde. – Dijo, recostándose bajo las sábanas, girándose hacia la pared cuando el mayor no respondió.
- Buenas noches, Ai. – Fue lo último que escuchó el peligris antes de poder cerrar sus ojos.
Haruka cerró su celular, dejándolo a un lado, y notó la mirada de Makoto sobre sí pero no quiso devolverla, pues sabía que sólo encontraría los ojos divertidos de su mejor amigo y una leve risa que igualmente escuchó.
- ¿Rin irá por ti a la escuela mañana? – Inquirió el castaño, no pudiendo contener una nueva risa cuando Haruka le ignoró, plantando sus ojos azulinos en los libros y hojas de papel sobre la mesa en medio de la habitación de Makoto.
- Terminemos esto, quiero dormir. –Dijo Haruka, manteniendo su mirada en las hojas y escribiendo un poco, pudiendo controlar el tenue color rosa que comenzaba a apoderarse de sus mejillas.
Makoto le miró unos segundos, con una sonrisa afectuosa, para luego imitar al pelinegro y volver a concentrarse en el informe.
Por fin había terminado, ahora sólo tenía que esperar a la próxima semana para saber los resultados de los últimos exámenes. Rin suspiró pesadamente mientras bajaba la escalera del edificio junto con otros alumnos de su clase, y miró la hora en su celular una vez que estuvo en el primer piso, eran las cuatro y seis de la tarde. Según su rutina, debía ir al dormitorio para buscar su equipo de natación e ir a la práctica.
Dejó su bolso en el suelo mientras se cambiaba los zapatos blancos por los negros de vestir que tenía en el casillero, pensando en qué inventarle al capitán para saltarse la primera práctica luego de los exámenes e ir al pueblo, no era algo común en él pero quería ver a Haruka lo antes posible, además de que se sentía cansado y dudaba en poder cumplir con el programa de entrenamiento correctamente.
- ¡Matsuoka! – Le llamó la inconfundible y animosa voz de Mikoshiba desde dentro del edificio cuando iba saliendo. Perfecto, ya no tendría que ir a buscarlo a la piscina. – Ibas a los dormitorios, ¿no? – Sonrió, llegando junto al pelirrojo, este asintió.
- Capitán, discúlpeme pero… – Comenzó a hablar, siendo interrumpido por el mayor casi al instante.
- ¿Oh? ¿Por lo del otro día? – Inquirió, para luego sonreír ampliamente y rodearle los hombros con el brazo. – ¡Está bien! Entiendo que seas el tipo de hermano sobre protector y todo. – Dijo, soltando una risa, realmente no guardaba rencor por la brusquedad en el trato del pelirrojo, ese día y también algunos días después.
- No es eso. – Espetó, quitando el brazo del mayor de encima de sus hombros, mirándole con el ceño levemente fruncido y bufando. – Quería pedirle que me dejara faltar a la práctica de hoy, no me siento en condiciones.
- Hm… Tampoco te ves muy bien, Matsuoka. – Dijo, tomándose el mentón mientras miraba de cerca el rostro de Rin. – Supongo que no lo dirías si no fuera en serio. – Suspiró cruzándose de brazos. – Bien, es mejor a que colapses en medio de la práctica.
Rin quiso sonreír pero se contuvo, le había creído; aunque no era del todo mentira. Agradeció al mayor, y a su ingenuidad interiormente, y se fue hacia la salida de los terrenos escolares, diciéndole a Mikoshiba que iría a casa de su madre cuando este preguntó.
Suspiró aliviado una vez que estuvo fuera, y volvió a mirar la hora en su teléfono, cuatro y doce minutos, para luego caminar hasta la estación de trenes.
Rin se apoyó en la baranda de metal frente al instituto, mirando hacia el edificio. Veía salir a algunas personas, y unas pocas chicas que se le quedaban al salir a la calle, "Quizás sea por mi uniforme…" se dijo. Bostezó un poco y luego sacó su celular para ver la hora, unos minutos pasados de las cinco; suspiró y volvió a meter el aparato en el bolsillo de su pantalón.
Al levantar la cabeza nuevamente pudo ver a Haruka caminando a paso lento hacia él, no tardó en sentir como si su corazón se detuviera por un segundo para luego latir frenéticamente al chocar su mirada con el azul profundo en los ojos de Haruka, el cambio repentino en su ritmo cardiaco hizo que incluso le faltara un poco la respiración, y no notó cuando el pelinegro llego frente a él.
- Rin. – Le llamó, después de un saludo que el pelirrojo no respondió.
El rostro de Rin enrojeció levemente cuando este cayó en cuenta de que sólo había estado mirándole fijamente, y apartó el rostro, tocándose el cuello con su mano derecha mientras soltaba un sutil "Hola" como saludo. Haruka le miró por unos segundos, para luego bajar sus parpados y dejar escapar un suspiro, comenzando a caminar.
- Vamos. – Dijo cortante, mirando al pelirrojo hacia atrás, ya habiéndose adelantado un par de pasos. Rin asintió, aun un tanto pasmado.
- ¿A dónde? – Preguntó, alcanzando a Haruka, que había vuelto a caminar.
- A mi casa. – Respondió, caminando junto a Rin, rozando su mano. – Odio el uniforme… – Masculló, soltándose la corbata verde con pequeños círculos blancos.
Rin le miró de reojo y con una leve sonrisa en el rostro, luego volviendo la mirada al frente, rozando su mano con la del pelinegro.
- ¿Y los demás? – Inquirió, sólo por tener un tema del que hablar con Haruka.
- Makoto tenía que cuidar a sus hermanos. – Comenzó. – Y Nagisa le dijo a Kou que Rei no había dormido en toda la noche, así que se lo llevó a casa después del último examen. – Dijo, con la voz serena de siempre, casi aburrida. Miró a Rin por el rabillo del ojo, notando que acababa de bostezar. – Tú tampoco dormiste, ¿verdad?
Ya estando a unas cuadras del instituto, Haruka acercó su mano a la de Rin, tomándola y entrelazando sus dedos con suavidad.
- Sí dormí. – Alegó, mirando hacia el pelinegro, este también le miró. Rin podía distinguir algo de reproche en sus ojos. – Tres horas… –Murmuró, apartando el rostro.
Quedó el silencio entre ambos, sólo escuchándose las hojas de los árboles ser movidas por la brisa, y a lo lejos las olas chocar en la orilla a medida que se acercaban a la calle más próxima a la playa. No volvieron a hablar sino hasta que estuvieron en la calle que separaba el pueblo de la costa, aun caminando tomados de la mano.
- Kou arregló una práctica en conjunto para el domingo con el capitán de tu escuela. – Haruka habló mirando al océano, ejerciendo un poco más de fuerza en el agarre de sus manos.
- Entonces, supongo que te veré la próxima semana también. – Dijo Rin, mirándole de reojo.
Haruka asintió, sin quitar la vista de las olas, y se detuvo después de dar unos pasos más, atrayendo la mirada curiosa del pelirrojo; sorprendiéndolo cuando unió sus labios, un beso rápido, demasiado corto para el gusto de Rin; y bufó cuando Haruka se apartó y siguió caminando, sin soltar su mano.
Y así siguieron el camino, hasta llegar a las escaleras de piedra hacia la casa del pelinegro. Haruka sacó las llaves de su mochila y abrió la puerta, entrando y dejándola abierta para que el pelirrojo le siguiera; cerrando una vez que este estuvo dentro. El pelinegro se quitó los zapatos, dejándolos en la entrada, para luego caminar hacia la cocina. Rin dejo sus zapatos junto a los de Haruka y fue con él, encontrándolo frente a la estufa poniéndose un mandil azul sobre el uniforme, ya habiéndose quitado la corbata que tanto le molestaba.
- Realmente te gusta la caballa… – Suspiró Rin cuando vio que era pescado lo que el pelinegro estaba friendo en el sartén.
- Si no te gusta, no lo comas. – Espetó el pelinegro, sin quitar la vista del pescado.
- Alguien está de mal humor. – Masculló el pelirrojo, apoyándose en la pared de la cocina, mirando a Haruka con los brazos cruzados sobre su pecho.
- Y alguien estuvo de mal humor por meses. – Haruka esbozo una leve sonrisa burlona, mirando a Rin de reojo, este gruñó, frunciendo el ceño.
- Eres mi novio, no se supone que estés molestándome. – Soltó sin pensar antes de hablar, avergonzándose una vez que se dio cuenta de lo que había dicho.
- ¿Entonces qué debería hacer? – Inquirió calmado, sin enfado o molestia en su voz, incluso un tanto divertido, yendo hacia el lavaplatos para llenar de agua la tetera y ponerla en la estufa, junto al sartén.
Rin bufó ante las incitaciones del pelinegro, y miró a un lado por un momento mientras Haruka terminaba de cocinar el pescado como si nada, eso lo irritó más. Chasqueó la lengua, acercándose a él para tocar su hombro con una mano y con la otra la mejilla del pelinegro, atrayendo su profunda mirada hacia él, besándolo después de unos segundos mirándose el uno al otro, inmóviles. Con movimientos pausados y uno que otro suspiro entre besos. Rin cerró sus ojos apenas sus labios tocaron los de Haruka, pero este los mantuvo entreabiertos, dejando escapar una sutil sonrisa al notar el sonrojo en las mejillas del pelirrojo.
- Algo así, tal vez… – Susurró contra los labios de Haruka, inclinándose un poco para juntar sus frentes. Carraspeando cuando se sintió algo incómodo, haciendo un ademán de quitar su mano de la mejilla del pelinegro, siendo detenido por la mano de este sobre la suya.
Haruka apagó el fuego del sartén con su mano libre y luego volvió su atención a Rin, llevando sus manos a la nuca de este último, enredando sus dedos entre las hebras rojizas, fijándose en lo suave que era su cabello; mientras Rin dejaba algunos besos cortos sobre los pómulos de Haruka, bajando sus manos por la espalda del contrario, dejándolas sobre sus costillas. Haruka aprovechó su distracción para posar sus labios sobre el cuello de Rin, mordiendo con suavidad.
- ¿Acabas de morderme? – Se quejó Rin, llevando una mano a cubrir la marca roja que habían dejado los dientes de Haruka en su cuello.
- No es para tanto. – Murmuró Haruka, separándose un poco del pelirrojo para apagar el fuego de la tetera que ya había hervido, quitándola de la estufa para verter el líquido caliente en una tetera más pequeña de cerámica blanca con pequeñas flores pintadas de rosa pastel en ella, para luego quitarse el mandil.
- Maldición, Ai no dejará de preguntar… – Masculló, soltando un pesado suspiro aun cubriendo su cuello.
Haruka sonrió sutilmente, triunfante y divertido por los lloriqueos de Rin, mientras servía el té en dos tasas, para luego poner el pescado en platos y estos en una bandeja de madera, junto a las tasas de té y palillos para ambos, caminando hacia el salón.
- Ni creas que me voy a quedar sólo así. – Gruñó el pelirrojo, siguiéndolo.
.
Una vez que terminaron de comer, Haruka levantó los platos y volvió a la cocina para lavarlos, Rin le miró desde el salón por un momento, somnoliento. Bostezó, restregándose los ojos y luego mirando alrededor para distraerse, notando la estantería con varios marcos con fotografías de Haruka cuando era más pequeño y otras no tanto, de secundaria quizás. Pero no vio los trofeos y medallas que el pelinegro había ganado en primaria, ni tampoco registro visual de aquellos torneos. Así que el único trofeo en un rincón de la estantería llamó su atención. Plateado y con cintas rojas de bordes blancos, casi intacto a los cinco años que habían pasado. El rostro de Rin formó una expresión afligida al notar una pequeña magulladura en uno de los lados del trofeo, seguramente la que él había causado al tirarlo sin cuidado alguno.
Haruka volvió al salón, notando de inmediato que el pelirrojo miraba el trofeo, y suspirando se acercó a él, sentándose a su lado.
- Es sólo un trofeo, Rin. – Dijo, en un intento de disipar algo de la culpa que podría estar sintiendo Rin por haberlo dañado intencionalmente.
- ¡No es sólo-…! – Replicó apenas, mirando a Haruka de frente. Quería decir que no era sólo un trofeo, que era más que eso, era lo que significaba lo importante. Ese significado que él dañó junto con el objeto físico. Rin bajó su mirada. –Realmente fui un idiota… – Dijo en un murmullo.
- Pero ya no lo eres. – Afirmó Haruka, tomando el rostro de Rin entre sus manos, levantando su mirada carmesí algo apagada. Haruka frunció levemente el ceño al ver aquella expresión triste en sus ojos, no le gustaba, quería que volvieran a ser vivaces e insistentes como lo fueron antes, quería reflejarse en aquellos ojos y sentir como si se quemara. – Y terminaré contigo si lo vuelves a ser. – Dijo, para luego besar uno de sus ojos, provocando que lo cerrara y terminar por posar sus labios sobre el parpado.
Rin soltó una leve risa, sabiendo que Haruka sólo bromeaba y no diría algo así seriamente. En parte se sentía feliz por comenzar a comprender la atípica personalidad del pelinegro, también era gracias a que este último año Haruka había aprendido a ser un poco más accesible.
Haruka se acercó un poco más, dejando caer su cabeza en el hombro de Rin con los ojos cerrados.
- Tengo sueño… – Murmuró. Rin sólo sonrió y llevo su mano a acariciar los cabellos del pelinegro.
Después de unos minutos, en los que el pelirrojo creyó que Haruka se había dormido, el pelinegro se puso de pie perezosamente, instigando a Rin a hacer lo mismo. Rin comprendió y le siguió nuevamente, guiado por la mano de Nanase hasta las escaleras, subiendo a la habitación de este. Apenas entró a su cuarto, el pelinegro comenzó a desabotonar su camisa, bajándola por sus hombros.
- ¡¿Q-Qué crees que haces?! – El rostro de Rin enrojeció mientras bajaba la camisa de Haruka para volverla a su lugar, cubriendo sus hombros. Haruka le miró extrañado, como si creyera que Rin era quien actuaba de forma inusual.
- Quiero cambiarme. – Dijo, quitando con suavidad las manos de Rin, volviendo a remover su camisa y tomando una sudadera azul cielo para ponerse, quedando con el bañador cuando se quitó los pantalones. – ¿Rin? – Le llamó, notando que el pelirrojo no le miraba. ¿Qué le sucede ahora? Siempre me ve así…" se preguntó, acercándose a Rin para posar una mano en su mejilla. Rin tomó su mano con la propia, apartándola de su rostro pero sin soltarla.
- Haru, n-no quiero… Hacerlo… – Musitó, chocando su mirada con la de Haruka, volviendo a apartarla casi al instante.
- ¿Hacer qué?
Rin miró a Haruka por un momento, cayendo en cuenta de con quien estaba tratando, y se dio una palmada en la frente, avergonzado, y luego la llevo hasta cubrir su boca con ella; volviendo a desviar la mirada hacia un lado.
- Olvídalo… – Masculló.
Haruka tardó unos segundos en comprender, y apretó un poco la mano de Rin mientras bajaba levemente la mirada. "No confundas las cosas… Idiota." Pensó, mirando al suelo, soltando un suspiro cuando se sentó al borde de su cama, atrayendo a Rin.
- Sólo vamos a dormir. – Susurró, haciendo que Rin se sentara a su lado, para luego subirse ambos a la cama.
Haruka cerró las cortinas, dejando la habitación en penumbra, aun con algunos débiles rayos de sol tratando de colarse por la delgada tela que cubría la ventana, con esta abierta unos centímetros por el calor del verano; y luego se recostó, al lado de la pared y mirando hacia Rin, este se quedó sentado sobre la cama hasta que Haruka le jaló por el cuello magenta de su camiseta, haciendo que se recostara junto a él, dejando su mano cerca de la clavícula de Rin. El pelirrojo se acomodó, quedando sobre su lado izquierdo, mirando hacia Haruka.
El pelinegro acercó su mano al cuello de Rin, pasando sus dedos delicadamente por la marca roja que dejó antes.
- Detente. – Susurró el pelirrojo, sujetando la mano de Haruka y alejándola de su cuello. – Si haces cosas así cómo no quieres que malentienda. – Gruñó.
Haruka solamente levantó la mirada hacia él sin emitir palabra alguna, y se acercó a su pecho, cerrando sus ojos. Rin quedó pasmado, preguntándose si Haruka podría escuchar lo fuerte que latía su corazón en ese momento; liberó la mano del pelinegro y le rodeo los hombros suavemente mientras el otro dejaba caer su brazo alrededor de su cintura. Con su mano izquierda tomó la mejilla de Haruka, obligándole a levantar el rostro, compartiendo un corto beso.
- Duerme. – Dijo Haruka en un suspiro, volviendo a acomodarse en los brazos de Rin.
Luego de unos minutos, todo lo que podía escucharse en la habitación era la respiración tranquila de ambos jóvenes dormidos.
