El Planeta de los Simios

20 de Agosto

Bien temprano en la mañana, la caravana abandonó Ciudad Rinchiend en dirección a Ciudad Férrica. La moral era bastante alta, la adición de los Breloom había fortalecido la sensación de seguridad de los integrantes de la caravana y la adquisición de nuevos suministros había mejorado las cosas todavía más aún.

"Ciudad Férrica no debería de estar muy lejos, aesta velocidad, es posible que lleguemos antes de que el sol se oculte." Pensaba Arthur que se encontraba vigilando el flanco occidental como siempre junto a Bruce.

"Buenos días Arthur." Saludó Max que se acercó desde el interior de la caravana, lo acompañaba Grovyle y Breloom a su lado.

"Buenos días Max, ¿Otra vez dando paseos fuera de la zona segura?"

"No te preocupes Arthur, con Grovyle y Breloom ¡Nada me va a suceder!" Dijo con entusiasmo.

"Vaya, se nota que estás de buen humor hoy."

"¡Por supuesto! ¡Además de que pronto llegaremos a Ciudad Férrica!"

"Ciudad Férrica… A lo mejor lleguemos… Pero… ¿Qué sucederá después?" Pensaba preocupado. "¿Eh?" Su pokéglov había detectado cuatro señales de pokemon proveniente del bosque que estaban bordeando.

"Max… Regresa al centro… ¡Detecto cuatro señales de pokemon en dirección del bosque!"

Los defensores alertaron e hicieron que la caravana se detuviera. Los que estaban en el sector occidental se pusieron en posiciones de combate. A lo mejor eran cuatro pokemon ¿pero que decía que iban a ser objetivos débiles?

"¡El escaneo está terminado! ¡Son cuatro mightyenas!" Gritó de nuevo Arthur.

"¿Cuatro mightyenas?" Se preguntó sorprendido Max. Poco después de salir de Ciudad Rinchiend con May y los demás, había conocido a cuatro de ellos…

Los cuatro pokemon salieron de la espesura del bosque que había al borde del camino y se plantaron a pocos metros de los defensores. Miraban atentos y gruñían a los integrantes.

"¡Solo son cuatro! ¡No nos podrán hacer nada!" Exclamaban confiados varios hombres al lado de los dos jóvenes.

"¡Esperen! ¡No hagan nada! ¡Creo que los he visto antes!" Avisó Max y se alejó del grupo en dirección de los cuatro pokemon.

"¡Espera Max! ¡Vuelve de inmediato!" Le gritó Arthur que fue tras él. Bruce, Grovyle y Brellom salieron también en su búsqueda.

Uno de los mightyena pareció reaccionar ante la presencia del niño que corría hacia él, este tomó la iniciativa y salió a toda velocidad.

"¡Max! ¡No!" Gritó Arthur.

El mightyena saltó y se abalanzó sobre Max antes de cualquiera pudiese alcanzarlo.

"Maldita sea…" Pensó Arthur, si no hacía algo ¿Qué le diría a Norman y a Caroline?

Arthur y los paralizados defensores esperaron gritos de miedo y pánico provenientes de Max, pero extrañamente eran risas las que salían de su boca.

"¡Para! ¡Para Mightyena! ¡Me estás haciendo cosquillas!" Gritaba el joven. El Mightyena, en vez de atacarlo, le estaba lamiendo el rostro.

"¡Max! ¡¿Qué le ha ocurrido a Max?" Preguntaba Norman que se aproximó a donde estaban.

"¡Escuché gritos! ¡¿Qué pasa?" Preguntó Andrés que se acercaba junto a Boss y a Jack, armado con el fusil de asalto.

"¡¿Ha ocurrido algo?" Preguntó Brendan que había cruzado la caravana desde el otro extremo.

"¡¿Pero qué está pasando aquí!" Exclamó Arthur que no entendía la escena ante Max.

"¡Alto ahí!" Gritó una voz femenina.

La espesura volvió a agitarse y de ella salió una mujer. Estaba armada con un rifle, pero bajó el arma al instante tras ver la gran muchedumbre. A primera vista, tendría a lo máximo veinticinco años, vestía ropas de guardabosques que combinaban los colores rosado, café y amarillo, llevaba pantalón lila y botas cafés. Llevaba también una gorra que cubría parcialmente su cabello verde claro.

"¿Pero quiénes son ustedes?" Preguntó extrañada al ver un grupo de gente tan numerosa, armada hasta los dientes y que desprendían un desagradable olor, característico de los que no se habían bañado en varios días.

Su mirada bajó a la del niño que era lamido por uno de sus mightyenas, su apariencia se le hizo familiar: la misma ropa, el pelo, los lentes y el mismo de sus mightyenas ¿No sería?

"¿Max?"

Varios minutos después, tras calmar a los Mightyena, la mujer se entrevistó con las principales autoridades de la caravana. Se encontraba ella y el alcalde sentados a lo largo de una pequeña mesa de plástico plegable. Alrededor de ellos, varias personas se dedicaban a observar la escena.

"Mi nombre es Katrina y soy la guardabosques encargada de la reserva pokemon Rinchiend. Debo reconocer que semanas que no salía de los límites de la reserva y no conozco mucho lo último que está sucediendo últimamente. Mis mightyenas detectaron su presencia y fui a comprobar si ustedes eran cazadores, reconozco que no me esperaba ver un grupo tan grande… Y de seguro que ustedes no lucen como ellos… ¿Qué ha pasado en todo este tiempo?"

"Saludos Katrina, soy el alcalde de Ciudad Petalia y esta caravana la conforman todos los habitantes que han podido sobrevivir y a los que hemos encontrado en el camino"

"¿Ciudad Petalia? ¿Supervivientes? ¿A qué se refieren?" Preguntó confundida.

"Será mejor que te contesté el Profesor Birch, él sabrá responderte mejor que yo."

"Saludos Katrina" Le dijo el profesor acercándose a ambos. "Soy el Profesor Birch de Villa Raíz y de seguro que debes de estar confundida pero en los últimos días, han sucedido muchas cosas."

Fue entonces que el profesor le relató el incidente de los limitadores, lo que se sabía hasta el momento sobre ellos, de cómo habían sobrevivido en Petalia y como habían intentado buscar supervivientes, sobre la travesía por el Bosque Petalia y de su reciente salida de Ciudad Rinchiend.

"Yo… No puedo creerlo… Si no fuera por verlos a ustedes… Y sobre lo que he visto… No les habría creído… Durante la noche del dieciséis, mis Mightyena fueron afectados por los mismos síntomas que ha mencionado y reaccionaron violentamente hasta que se calmaron. Como usted dijo, también noté que sus ataques se habían vuelto peligrosos. También los pokemon de los alrededores habían cambiado e incluso me vi forzada a llevar el arma que tengo, algo que no había necesitado salvo raras excepciones en caso de algo pasara, aunque mis Mightyena se han encargado de protegerme estos últimos días. Había salido a explorar la zona cuando los Mightyena los detectaron y por su reacción pensé que eran cazadores."

"Señorita ¿No pensó abandonar la reserva en los últimos días?" Le preguntó el alcalde. "Vivir en una reserva llena de pokemon que pudiesen atacarme en cualquier momento no es algo que me gustaría. Además, nuestra caravana intenta agrupar todos los supervivientes de la zona que encontremos."

"Yo… No lo sé… He dedicado muchos años a proteger esta reserva y siempre he sentido que mi deber está aquí. Esta reserva aloja una de las mayores cantidades de pokemon en la zona y sin mí… Quien sabe lo que les podría suceder… Si la abandonara, estaría faltado contra mi deber…"

El alcalde golpeó con ambas manos la mesa desmontable de plástico en la que se encontraban. El tono con el que habló fue de gran seriedad, una seriedad que pocas veces los habitantes de Petalia habían visto de su alcalde.

"¿Acaso no entiende lo que le hemos explicado el profesor y yo mismo?... ¡Los pokemon salvajes en los últimos días han atacado a la gente y han matado a incontables inocentes con su nuevo poder! ¡Han asesinado a nuestros parientes, a nuestros amigos y conocidos! ¡Y muchas veces de una manera dolorosa e inmisericorde! ¡Han acabado también con varios miembros valiosos de la caravana que estaban bien armados y aprovisionados y a algunos de los pokemon que nos acompañan! ¡¿Cree usted que la necesitan para protegerse ahora? ¡¿No cree usted que ellos son un mayor peligro para usted que usted para ellos?"

Katrina, sin saber que decir, se derrumbó en la silla. Era verdad, el alcalde estaba en lo correcto y hasta el momento, no había querido aceptar la verdad de la situación. Ella no le había contado toda la verdad. La noche del dieciséis, sus Mightyena se habían despertado de su sueño y habían hecho un gran caos en la cabaña. A parte de esto, las cosas se habían mantenido bastante normales, pero a la noche siguiente, pokemon salvajes habían atacado su cabaña.

Ella no había comprendido lo que estaba sucediendo, pero sus Mightyena no dudaron en salir a defenderla. Es más, muchos de los pokemon que se encontraban bajo su cuidado mientras se rehabilitaba de heridas producidas por accidentes y otros sucesos habían se habían unido para protegerla en agradecimiento por haberlos ayudado en el que para muchos fue su peor momento. La situación empeoró tanto que había desempolvado el arma que solo usaba para prácticas de tiro o para cazar en emergencias y la usó para salvar a uno de sus Mightyenas y para repeler a algunos pokemon más. Lograron repeler a los últimos atacantes pero a cambio de un gran costo en sangre, uno que le pesó mucho en el corazón tras finalizar la batalla. Al final, ella había decidido explorar la zona una última vez y luego pensaba marcharse tras darse que ella se había vuelto un peligro para los pokemon que se habían encariñado con ella. Sus Mightyena habían detectado a la caravana y fue a comprobar si eran cazadores, eso si era cierto.

"Que le voy a hacer… Usted tiene razón… Me es imposible seguir siendo la guardabosques en la situación actual y no tengo a donde ir… Si quieren que ayude, conozco la zona de los alrededores y creo que un arma más y mis pokemon pueden ayudar también…" Dijo deprimida en su asiento.

El alcalde se levantó de su silla y le tendió la mano.

"No se preocupe señorita, cualquier ayuda que pueda suministrar es bienvenida y nuestra preocupación mayor es encontrar y proteger a todos los supervivientes que encontremos, sea quien sea. Usted siempre será bienvenida aquí" Le dijo con una sonrisa.

Katrina levantó la mirada y estrechó su mano.

"Muchas gracias señor, haré todo lo que pueda para colaborar aquí." Le respondió con su ánimo más recuperado. "Es más, tengo ya empacadas mis cosas" Dijo señalando una gran mochila de viaje a un lado suyo. "Puedo partir de inmediato."

"Estoy seguro que dará su mayor esfuerzo ¡Andrés! Puedes devolverle su arma… ¡Andrés!"

Andrés se encontraba absorto examinando el arma, no había escuchado que lo llamaban y se sintió un tanto avergonzado de su actitud mientras se acercaba y devolvía el arma.

"Perdone señorita… Es que no en todos lados se ve un Springfield 1903 como este… Con recámara modificada para calibre 7,62 mm y adaptado para llevar un cargador de veinte disparos reemplazable… También está bastante bien conservado y la madera se encuentra barnizada ¡Incluso tiene su bayoneta original!"

"Veo que eres un conocedor del tema, este fusil era de mi abuelo, el hombre que me enseñó a disparar. Tras su muerte, lo heredé y encargué unas cuantas modificaciones para él."

Tras recibir su arma, se dirigió hacia Max que era acompañado por los cuatro Mightyena y se encontraba arrodillado acariciándole la cabeza al Mightyena que alguna vez ayudó a evolucionar. Al ver a Katrina, corrió emocionado hacia ella.

"¡Katrina! ¡Qué bueno que estás bien!"

"¡Lo mismo digo Max! Es una suerte que hayas podido viajar en un grupo como este."

"Así que también la conoces ¿eh Max?" Dijo Arthur mientras se acercaba junto a Bruce, Brendan y Alex acompañado de dos Breloom. "Pareciera que conoces a todos los que nos encontramos en el camino."

"Bueno… Este… Debe de ser coincidencia… Pero lo cierto es que cuando viajé con Ash, Brock y May, conocí a muchas personas."

"Así que ustedes son los que tienen pokemon ¿no? Un gusto en conocerlos, a estas alturas ya lo saben cómo me llamo, pero soy Katrina."

"Yo soy Arthur de Ciudad Petalia, este es mi amigo Bruce" Dijo presentándose a él mismo y a su Blaziken.

"Yo soy Brendan, el hijo del Profesor Birch, el hombre que te explicó la situación."

"Y yo soy Alex, trabajaba en el parque de ciudad Richiend como guardia. No es que sean míos pero me acompañan varios Breloom que han decidido seguirme."

"Ciudad Rinchiend… Reconozco que no me entero muchas de las cosas que pasan afuera de la reserva… Pero no eras tú el nieto del hombre que tenía una mansión famosa por los Shroomish que habían ¿no?"

"Si, ese soy yo, después de que se demolió la mansión, logré convencer a las autoridades que los grandes terrenos de la propiedad de mi abuelo se convirtieran en un parque en vez de una zona residencial. Es una lástima sí que la ciudad y el parque están ahora deshabitados…"

"Es una lástima, cierto. Pero cuando me enteré de la construcción del parque, me sentí aliviada. La ciudad está tan cercana al bosque que muchos pokemon seguían viviendo en ella a pesar de las edificaciones y el hecho de darles un lugar para ellos, opino que fue una gran idea."

"Eh, muchas gracias" Respondió Alex un tanto alagado.

"¿Qué pasa Alex? Pareciera que se te cambió el color de la cara…" Dijo Andrés acercándose con un tono burlón ya que había notado una ligera coloración en el rostro de Alex.

"¡¿Qué estás intentando decir?" Le contestó.

"El alcalde mencionó tu nombre ¿te llamabas Andrés? ¿No?" Le preguntó la guardabosques tratando de cambiar el tema velozmente.

"Sí, estoy viajando aquí junto a mi madre y también me encargo de la mantención de las armas de fuego junto con lo que queda de la policía de Petalia. Mi familia se encargaba de criar Houndour y Houndoom, los que ahora nos ayudan a proteger la caravana también. El jefe de la policía me ordenó decirte que te encargarás de reforzar el flanco derecho junto a Brendan. También avisó que Alex viajaría junto a Arthur en el flanco izquierdo ya que faltaba reforzarlo algo. "

"Gracias por el aviso…" Le contestó de vuelta Alex en un tono que mezclaba un poco de decepción y se dirigió al sector occidental.

"Bueno, mejor me dirijo al flanco derecho de inmediato ¡Vengan chicos!"

Los cuatro Mightyena corrieron hacia su ama, uno de los cuatro Mightyena se dio vuelta para mirar una vez más a Max pero se puso en marcha tras oír por segunda vez que lo llamaban. Max suspiró mientras lo veía irse.

"¿Es mi imaginación o te llevas muy bien con uno de los Mightyenas de Katrina? No cualquier pokemon en estos días se lanza sobre uno para lamerlo… Si es que entiendes a que me refiero… " Le preguntó Brendan.

"Si… Entiendo… Cuando viajaba con May y los demás, nos internamos en la reserva y conocimos a Katrina. Tenía tres Mightyena y uno de los hermanos no había evolucionado aún a pesar de que habían nacido el mismo día. Yo insistí en que debía evolucionar como sus hermanos y me dediqué a entrenarlo ese día. Tras otro encuentro con el Equipo Rocket, pudo evolucionar y continuamos nuestro camino ¡Me alegré mucho cuando vi que todavía me recordaba!"

"Ya veo ¡Y pareciera que ese Equipo Rocket les sale hasta en la sopa!" Le contestó Andrés.

"Así que fue por eso porque el Mightyena no te atacó, al menos tenemos más ayuda en la caravana" Le siguió Arthur.

Los jóvenes vieron como la caravana se ponía en movimiento para continuar el viaje.

"Max, será mejor que vuelvas con los otros en la caravana" Le sugirió el aprendiz de monje.

El chico asintió y se dirigió con los demás al centro de la caravana.

"Bueno, supongo que es mejor que me vaya a mi puesto." Comentó Brendan mientras también se iba.

Arthur y Andrés se disponían a ir también a sus lugares.

"Andrés ¿De qué fue eso con Alex?" Preguntó Arthur con curiosidad.

"No, nada, solo me pareció que se había impresionado al ver a Katrina y simplemente quise molestarlo un poco. Me había parecido gracioso."

El grupo continuó la marcha sin dificultades por varias horas, cuando de pronto, la gente que iba al frente empezó a gritar de alegría.

"¡Una lago! ¡Hemos llegado a un lago!" Gritaban algunos.

La caravana había llegado a un lago de pequeñas proporciones que se encontraba entre Rinchiend y Ciudad Férrica, Max recordó el lago de su aventura anterior.

"¡Finalmente podré bañarme y quitarme esta asquerosa suciedad!" Gritó Jennifer de alegría junto a los demás.

La caravana se instaló cerca de la orilla para descansar y almorzar. Luego de ello, la gente se bañaría por turnos y se lavaría la ropa que a estas alturas apestaba enormemente.

Después de comer, Andrés se dedicó a examinar dese la orilla con sus binoculares.

"¿Has visto algo especial?" La preguntó Arthur que se le acercó por detrás.

"Creo que sí… Al otro lado hay una cabaña… Parece tener un sistema de cañerías para recoger agua del lago… La cabaña parece estar un poco… Movida… Algo debió de haberla atacada creo…"

Andrés le entregó los binoculares a Arthur y miró en dirección a la cabaña: Tenía varios vidrios rotos y parecía estar descuidada"

"Andrés… Veo algo más… Qué extraño… Veo pokemons cerca del lago… ¡Son lotads!"

"¿Qué cosa?"

Andrés le quitó los binoculares y miró por su cuenta. Varios lotads viajaban en fila para recoger agua del lago con sus apéndices en forma de hoja para ir en dirección a la cabaña. Lo más extraño de todos era que un pokemon de gran tamaño parecía estar supervisando el trabajo de los más pequeños: era un pokemon de pelaje café, hocico rosado, cabello y barba blanca más una apariencia simiesca, un slaking.

"Que rayos está pasando aquí…" Dijo Andrés sin creerse lo que estaba mirando.

Momentos más tarde, en el campamento.

"Muy bien… Díganme lo que han descubierto."

"Señor alcalde, me encontraba observando la orilla cuando descubrí una cabaña al otro lado, parecía tener algún sistema colector de agua desde el agua. La cabaña parecía estar un poco desordenada y tenía algunos vidrios rotos pero no he podido ver a sus ocupantes." Informó Andrés.

Súbditamente, Max, que se encontraba observando la situación junto a sus padres, ató cabos, no se había acordado al instante pero ¡Debía de ser la cabaña donde vivían Nicole, Rita y Natalie! ¿Cómo no se había acordado con tan solo ver el lago?

"¿Algo más?" Continuó el alcalde.

"Si señor, también notamos una gran cantidad de lotads que viajaban de ida y vuelta, llevando agua del lago en sus cabezas, no sabemos el motivo, pero lo más curioso es que había un slaking echado que observando el trabajo de los lotad y en la espesura cercana me pareció ver varios más." Le siguió Arthur.

"Slakings…" Pensó Norman.

"¡No! ¡Ellas deben de estar bien!" Exclamó preocupado Max.

"¿Acaso sabes algo, Max?" Le preguntó el alcalde.

"En mi aventura pasada, pasé con los demás por este lago y visitamos la cabaña. Ahí vivían tres hermanas que se encargaban de cultivar bayas, y yo solo… Solo espero que estén bien…" Dijo en un tono triste, sabía que con la situación actual, eso no era muy probable.

"¿Algún aporte más?" Preguntó el alcalde.

"Señor alcalde, he entrenado por varios años a slakings y sé bastante sobre ellos." Comenzó a decir Norman "Podría ser que una manada de slakings se ha instalado en los alrededores de la cabaña ¿Decías que cultivaban bayas? Eso explicaría por qué se encuentran ahí ya que tendrían comida de fácil acceso dado a que son bastantes perezosos por naturaleza."

"Pero eso no explica algunas cosas ¿Qué es lo que obliga a los lotad a trabajar para esos slaking? ¿Y donde están esas tres hermanas?" Preguntó Andrés.

"Bueno… La vez que vine aprendí que los lotad ayudaban en los cultivos como agradecimiento de que ellas les dejaran alimentarse de una parte de ellas… Pero me parece extraño que se dejen esclavizar cuando todos ellos podrían atacar juntos y sobreponerse a los slaking… Estoy seguro que todos ellos podrían derrotarlos si se los propusiera pero algo debe de estar reteniéndolos…" Pensó el chico.

"Podríamos enviar un grupo a espiarlos y averiguar lo que le ha pasado a esas hermanas. Yo me ofrezco si es necesario." Sugirió Arthur.

"¡No! ¡Por ningún motivo!" Exclamó el alcalde. "¡La caravana ya ha tenido que pasar por demasiadas dificultades y pérdidas y no arriesgaré más vidas por tres hermanas!"

"Lamentablemente tiene razón el alcalde" Aportó Norman "Los Slaking, por muy perezosos que sean, son pokemon increíblemente fuertes y que pueden aprender un gran repertorio de ataques poderosos. Si nos arriesgamos demasiado, podrían detectar nuestro campamento y poner las vidas de todos en riesgo, es más, incluso sería peligroso bañarse en el lago, nos podrían ver y será mejor que nadie salga a la orilla."

Todo el mundo se quedó en silencio, aunque Max aún pensaba alguna solución para el asunto.

"¿Y si usáramos algún pokemon para espiarlos?" Todo el mundo tornó la vista a Caroline, que hasta entonces no había dicho nada hasta el momento. "Recuerdo que el Kecleon de Andrés podía volverse invisible completamente ahora sin los limitadores."

"¡Pero qué gran idea!" Contestó Andrés "¡Jackie es perfecto para una misión de infiltración!"

"Y ahora que lo pienso, Lucy podría sumergirse en el lago y conseguir información de los lotad que se encuentran el lago." Sugirió Arthur pensativo.

"Oye ¡Tampoco está nada mal!" Le respondió Andrés.

Ambos pokemon salieron de los guantes y se presentaron ante sus amos.

"Jack, tú te infiltrarás en la zona de la cabaña y averigua todo lo que puedas: composición de la manada de slaking, situación de los lotad e intenta averiguar lo que ha sucedido con las tres hermanas que vivían en ella." Le ordenó Andrés a su pokemon.

"Lucy, te sumergirás en el lago e intenta parlamentar con los lotad, pregúntales lo que ha pasado y el porqué se dejan obedecer por los slaking." Le ordenó el aprendiz de monje a su lanturn.

Ambos pokemon asintieron, Jack se camufló y corrió por la zona boscosa alrededor del lago en dirección a la cabaña. Lucy avanzó a la orilla y se sumergió en el lago.

"Iré a buscar a mi sifu, probablemente lo necesitaremos para que nos traduzca cuando regresen."


Jack avanzaba por la espesura velozmente sobre sus cuatro extremidades. Aún no paraba de asombrarse de su capacidad de camuflaje perfecta, lo más probable era que los slaking no podrían encontrarlo.

El pokemon camaleón redujo la velocidad al ver que al frente aparecía la cabaña. Tal como había dicho Andrés, una gran fila de lotads iba y venía cargando agua con las hojas de su cabeza. Tras seguirlos a la parte de atrás, vio todo un mundo detrás de la cabaña.

Atrás se encontraba un gigantesco huerto, cargado de todo tipo de arbustos y árboles de bayas. Los lotad se posicionaban y regaban las plantas con el agua que transportaban. Eran fuertemente vigilados por slaking que observaban a la distancia como trabajaban sin descanso para luego volver al lago a por más agua. Jack contó alrededor de treinta slakings desde la posición en la que se encontraba, la mayor parte de ellos se encontraban holgazaneando y dormían plácidamente en la hierba fresca de los alrededores del huerto. Otros slaking, posiblemente las hembras, se encontraban atendiendo a sus crías de slakoth.

Jack contempló como un macho se levantaba y comenzaba a gritar mientras golpeaba sus poderosos pectorales. Fue entonces que del huerto salió un lotad con la cabeza cargada de todo tipo de deliciosas y jugosas bayas que luchaba para no perder el equilibrio y caer al piso por el peso de ellas. El macho las tomó a puñados y se las echó a la boca, tras terminar de masticar y lamerse la boca, se recostó en el suelo para dormir de nuevo. El lotad regresaba al huerto cuando otro macho se levantó y comenzó a gritar mientras se golpeaba el pecho, fue entonces que salió despedido a buscar más bayas que servir. Otro macho se levantó y comenzó a gritar también, entonces llegó otro lotad, pero en este caso llevaba su cabeza cargada con agua. Tras agarrarlo con rudeza, bebió del agua como si el lotad no fuera más que un simple vaso para luego arrojarlo con todas sus fuerzas en dirección al lago. Con el ruido de un chapuzón, Jack confirmó que había caído en él.

Intrigado, el kecleon avanzó por una zona de hierba alta y se acercó a un par de hembras que atendían a sus crías. Parecían estar conversando.

"No podíamos estar en un mejor lugar: comida gratis, aire fresco, agua pura y tenemos incontables sirvientes para que hagan todo el trabajo ¡Esto es vida!"

"Tienes toda la razón. Gracias a nuestro inteligente jefe, hemos encontrado este paraíso ¡Menos mal que atrapamos a esas humanas, con ellas esos lotad no se atreverán a hacer nada! Aunque aún me disgusta el hecho de que el jefe esté engatusado con una de ellas…"

Jack decidió seguir adelante, atravesó sigilosamente entre los slaking y slakoth que se meneaban perezosamente en el suelo. Solo los vigoroth parecían estar jugando a pelearse entre ellos, metiendo mucha bulla que ayudaba a enmudecer los pasos de Jack. Este entró en la espesura del bosque detrás de la cabaña, en la cual creyó encontrar el lugar en donde residía el macho alfa.

El alfa se encontraba dormido, rodeado de hembras y de montañas de bayas amontonadas por todos lados mientras descansaba sobre una cama de hojas. Era un ejemplar de slaking inmenso comparado con las hembras que lo rodeaban, a primera vista, se veía mucho más grande y fuerte que los machos que había visto afuera. Pero lo que más le sorprendió era que junto al alfa, se encontraba una mujer humana de cabello azul y de ojos verde, de unos treinta años como máximo. Tenían en sus manos un largo bastón en el que en uno de sus extremos había un abanico de hojas, con el cual agitaba y abanicaba la cabeza del gran macho alfa slaking. Parecía estar cansada y aburrida de la labor.

El macho alfa abrió los ojos y miró el rostro de la mujer. Súbditamente, se encorvó y tomó por la cintura a la mujer y la apoyó sobre su cuerpo. La cual reaccionó asustada ante la acción imprevista y comenzó a forcejear.

"¡Suéltame! ¡Con gusto te sigo abanicando pero debes entender que no soy tu juguete!" Decía mientras forcejaba inútilmente para intentar zafarse.

Las hembras levantaron la cabeza para mirar la escena y ver que hacía el alfa para castigarla por su insolencia. Pero de manera inesperada, este rio para sus adentros y la soltó. La mujer se sintió aliviada y empezó de nuevo su labor con el abanico. Tras soltarla, el alfa comenzó a observar las bayas a su alrededor, se sentó, y comenzó a llevárselas a la boca en grande puñados, rápidamente acabando con todas.

Tras terminar de limpiarse con las manos, se sobó su gran panza e hizo un chasquido con los dedos. Otra mujer entró, en este caso, una niña de cabello rojo. Llevaba una gran bandeja cargada de bayas y parecía ser de la misma edad que Max.

"Aquí tienes tu comida…" Dijo la niña mientras se acercaba y depositaba el contenido en el suelo. "Mono glotón y panzudo…" Comentó en voz baja.

El alfa levantó la vista como preguntando lo que había dicho. La mujer de cabella azul la miró con gran seriedad.

"¡Oh no ha sido nada!" Contestó con una falsa alegría "¡De inmediato vengo a buscar más bayas para su señoría!" El macho se comió las bayas y ella se retiró velozmente al exterior del bosque con la bandeja vacía mientras refunfuñaba en voz baja.

Jack decidió seguirla para ver a donde iba. La siguió hasta el huerto y se encontró a otra mujer a la cual no había visto la primera vez. Era de cabello verde y ojos azules que se encontraba intentando reparar una fuga de un tubo de regadío. Parecía tener entre veinte y veinticinco años.

"No hay caso… Si pudiese ir a Ciudad Férrica podría ir a comprar repuestos, pero mientras no nos dejen salir, los lotads tendrán que seguir regando el huerto con agua del lago…" Decía un tanto frustrada al ver que era imposible reparar la cañería con lo que tenía.

La niña de cabello rojo se acercó a la otra mujer.

"Hermana… ¿Cuándo seguiremos haciendo esto? Ya van tres días y todavía seguimos trabajando para estos holgazanes…" Preguntó la pequeña.

La otra mujer suspiró mientras se paseaba una mano por la frente llena de sudor mientras soltaba una herramienta de fontanería.

"No los sé Natalie… Es demasiado peligroso escapar y nos tienen vigiladas las veinticuatro horas del día… Si pudiésemos escapar… Los Lotad no tendrían que seguir trabajando y podrían echarlos quizás… Y si siguen comiendo así, tal no hayan suficientes semillas para poder plantar en la próxima temporada…"

Jack consideró que había recopilado suficiente información y tomó el camino de vuelta al campamento, había mucho que contar de lo que había visto.


Lucy descendió por las profundidades del lago, no era demasiado grande o profundo y solo era cuestión de tiempo encontrar a los lotad. Tras tener una visión clara del lecho del lago, navegó buscando algún indicio de ellos. Le parecía extraño no verlos en la superficie en donde solían flotar, a lo mejor se encontraban descansando de los trabajos que los slaking les obligaban a hacer y por eso no los habían detectado a primera vista.

Después de navegar un rato, le pareció ver una gran cantidad de formas circulares en el fondo. Tras acercarse un poco, encendió sus apéndices luminosos para mirar mejor. Notó que en el lecho habían incontables lotads colapsados en el suelo, muchos emitían quejidos de dolor o cansancio y varios de ellos abrieron loso ojos al sentir la luz del pokemon.

"¿Quién eres tú? ¡Tú no eres de aquí!" Le preguntó un lotad frente a ella.

"Tranquilo, es verdad que no soy de aquí. Pertenezco a un grupo de humanos y me enviaron a preguntar lo que pasa aquí. A ellos les parece extraño verlos a ustedes trabajar para otros pokemon como esos slaking ¿Para qué lo hacen?"

Varios lotad atraídos por la luz de la lanturn se agruparon a lo largo de ella. Otro lotad se le acercó para hablarle.

"¿Han…? ¿Han venido a ayudarnos?" Preguntó tímidamente.

"No sé si podremos hacer algo, pero les pediría por favor que me digan cómo empezó todo esto"

"Bueno" Empezó otro "Hace varios días atrás sentimos un inmenso dolor ¿Te pasó a ti también?"

"Si" Respondió Lucy "Parece que todos los pokemon sentimos ese dolor y todos nos volvimos más fuertes."

"Ya veo" Continuó "El tema es que al día siguiente, cerca del mediodía, una manada de slaking salió del bosque y atacó la cabaña en donde vivían Nicole, Rita y Natalie…"

"¿Quién son?" Preguntó la lanturn.

"¡Oh, son unas humanas muy buenas!" Contestó otro lotad del grupo que la había rodeado. "Nos dejan vivir en paz en el lago y nos permiten comer de las bayas que plantan sin tener que alejarnos demasiado del agua. A cambio, las ayudamos cuando tienen algún problema."

"¡Déjenme seguir! "Les gritó el lotad que estaba contando la historia "Como estaba diciendo, los slaking salieron del bosque y asaltaron la cabaña. Asustados, salimos a ver lo que pasaba y vimos como esos pokemon las capturaban. Intentamos salvarlas, pero su macho alfa nos amenazó y dijo que si intentábamos algo… ¡Les harían daño o incluso las matarían!

"Fue horrible…" Dijo otro.

"Luego de eso, nos obligaron a servirlos y complacerlos de cualquier capricho que se les ocurriera. Es especialmente agotador el tener que llevar bayas sobre la cabeza y estar todo el día sirviendo sin parar… O llevarlas agua cada vez que tienen sed para que luego nos arrojen hacia el lago para buscar más … O que nos pateen o peguen cada vez que tengan ganas… O ser sujetos de torturas y palizas para entretener a esos malditos e hiperactivos vigoroths... También tenemos trabajar para mantener regados los cultivos porque se rompió la máquina que sacaba agua hace dos días y los Slaking no han permitido que Rita salga para buscar repuestos para los arreglos. ¡Aparte de que apenas nos dan bayas de vuelta y estamos empezando a pasar hambre! Nos encontramos aquí los que están demasiados débiles o los que estamos esperando nuestro turno cuando los otros regresen."

"Así que eso ha sido…" Dijo Lucy "No prometo nada, pero saldré afuera a decirle a los demás lo que me han dicho y ahí se verá si podemos ayudarlos. Gracias por la información." Tres decir esto, se puso en marcha a la superficie.

"¡Por favor ayúdenos! ¡Si seguimos así no podremos aguantar mucho más!" Les gritaban los lotad desde el fondo.


"Sifu ¿Qué han conseguido?" Le preguntó Arthur a su maestro que se encontraba sondeando los pensamientos de Jack y Lucy que acababan de regresar.

"Ya veo…" Dijo mientras terminaba y volvía a abrir los ojos. "Las tres hermanas están bien…"

Max, no muy lejos, suspiró de alivio.

"Pero me parece muy curioso lo que han hecho los slaking… Son alrededor de treinta y atacaron la cabaña dos días atrás y tomaron a las hermanas como rehenes. Bajo amenaza de hacerles daño, han obligado a los lotad a convertirse en sus esclavos y tienen que hacer cualquier cosa que les digan a cambio de muy poco mientras que los slaking viven una vida de lujo y despreocupación. También me dicen que una de las hermanas teme que las bayas se acaben pronto debido al ritmo en que se están consumiendo."

"Ya me lo imagino." Añadió Norman. "La manada explotará los recursos del huerto hasta que no quede nada, luego se irán y dejarán todo desolado en donde probablemente, los lotad y las hermanas ya no tendrán nada que comer."

"¿Acaso estás sugiriendo que las ayudemos? Eso es imposible, los slaking son demasiado fuertes y numerosos como para rescatarlas. No arriesgaré las vidas de la caravana por tres mujeres." Concluyó el alcalde, Max no pudo evitar sentirse molesto.

"¡¿No decías hace poco que debíamos ayudar a todos los supervivientes que encontremos sea quien sea? Aunque…" Norman pensó un momento. "Tengo una idea… No se podría funcionar y requeriría poco gente para realizarla…"

"¿A qué te refieres Norman?" Le preguntó de manera inquisitiva el alcalde.

"Los slaking viven en una sociedad jerárquica. Poseen un macho alfa que toma las decisiones y que tiene ciertos privilegios como el de reproducción o de tener alimento asegurado. Las manadas pueden poseer otros machos pero solo cumplen un rol defensivo, o sea, proteger a la manada pero nada más. Si un macho desea poseer estos privilegios, debe enfrentarse al alfa y vencerlo en un combate."

"¡No me digas que…!" Exclamó su esposa.

"Mi plan es este: llevaré a mi slaking a la manada y le ordenaré a que desafié al macho alfa. Pero nada me asegura que le pueda ganar ya que por algo el macho alfa tiene su posición. Así que cuando se produzca la pelea, lo más seguro es que todos los miembros de la manada irán a presenciarla para verla y estarán muy ocupados en ese momento…"

"Creo que ya entiendo tu plan Norman…" Le siguió Batuo "¿Piensas utilizar la pelea como una distracción para que un grupo pueda ir a rescatarlas?"

"Esa es la idea y me propongo como candidato para ir."

"¡Cariño! ¡No lo hagas, es muy arriesgado!" Le rogó Caroline.

"¡Pero papá! ¡¿Por qué tienes que ir?" Le suplicó su hijo Max.

"Sé que Slaking tendrá que ir solo para no levantar sospechas de que estamos aquí. Tendrá que ir y hacer que es un forastero que desea tomar el poder, pero simplemente no puedo quedarme a esperar si le va bien el combate o si tengo que ayudarlo en caso necesario. Slaking me ha acompañado por muchos años y no pienso dejarlo abandonarlo en caso de que algo le suceda."

Caroline y Max sabían lo mucho que Norman apreciaba a Slaking. Él había sido su primer pokemon y entendían que estuviese preocupado por él. Pero no era algo tan sencillo ¿Y si le pasaba algo?

"Primero veamos quien más se quiere ofrecer. Aunque supongo que sé quienes serán…"

"Veo que está empezando a adivinar lo que pensamos, señor alcalde." Contestó Andrés. "Arthur y yo ya tenemos experiencia en esto de los rescates ¿A que no es cierto?"

"Sin duda, estoy seguro que bastaría si solo vamos Andrés, mi sifu, Norman y yo. Creo que los cuatro bastarían y con un pokemon cada uno que nos vigile las espaldas, estoy seguro que a Norman no le pasará nada."

"Yo estoy de acuerdo en acompañarlos." Añadió el maestro monje.

"¿Alguien más se ofrece?" Preguntó el alcalde.

Mucho de la caravana no confiaban en el plan y había que admitir que era arriesgado. No hubieron más ofrecimientos

"¿No? Está bien… Confiaré en ustedes… De todas formas, con los slaking será imposible utilizar el lago y nos vendría bien poder recargar agua, limpiar la ropa y asearnos un poco. Podríamos compensar los suministros con las bayas del huerto y quizás las hermanas aún tengan alimentos preservados que nos podrían servir. Les doy este día solamente, si algo sucede, nos iremos todos de inmediato por la mañana ¿Entendido?" Preguntó el alcalde.

Los cuatro rescatistas asintieron. Norman liberó a su Slaking de su pokéglov.

"Slaking, tú has debido de escuchar ¿No es cierto? ¿Te atreves a intentarlo? Sé que probablemente te estoy pidiendo demasiado y por eso prefiero dejarte a ti la decisión."

Slaking cerró los ojos y se dedicó a pensar por un momento, tras meditarlo por un largo rato, el pokemon asintió.


Por mucho que me duela, el capítulo se estaba alargando demasiado y he preferido dejarlo hasta ahí. Lamento si los he dejado colgados a todos ustedes pero prometo que él próximo capítulo será uno bastante emocionante. Posiblemente el siguiente salga más rápido debido a esto.

Próximo capítulo, Capítulo 8: Lucha de Poder.