CAPÍTULO 6

PALABRAS FUERTES


Wanda salió de la cocina sin mirar atrás; Loki se quedó un momento parado en el lugar, aún sonriendo. Una mujer tan bella (y con tanto carácter), ¿nunca había tenido un novio? ¿O al menos un amante? Tal vez estaba interesada en otras mujeres, y de ahí el no haber visto a un hombre sin camisa nunca. Daba igual; Loki se sentía atraído por Wanda Maximoff, y cuando él se sentía atraído hacia una mujer, esa mujer terminaba en su cama, sin excepciones. Normalmente la mujer en cuestión estaba de acuerdo con eso, pero había tenido que obligar a unas cuantas a lo largo de sus siglos de vida. No estaba del todo seguro en qué categoría entraría la bruja.

A paso lento, descalzo y sujetando el doblez de la toalla en su cintura, Loki avanzó un par de pasos siguiendo los de Wanda. Se detuvo cuando ella lo hizo, a medio camino del living. Ella tomó la manta del sillón, con la que él la había cubierto la noche anterior, y se giró hacia él, tendiendo el brazo en el que sostenía la manta hacia él. Clavó sus ojos en los del dios, pero él podía leer en sus pupilas las ganas de recorrer su cuerpo con la mirada; le sorprendió el control que tenía sobre esas urgencias. Esbozó una sonrisa petulante, sosteniéndole la mirada. Wanda Maximoff era tan... peculiar.

—Ten —dijo ella con seriedad—. No quiero que estés caminando por mi casa sin ropa. Y sí, tengo algo que te debe quedar, quizás algo más suelto, pero debe servir. Solo que... Cuando terminemos de desayunar me ducho, y nos iremos a una tienda para comprarte lo que necesites. No... puedes quedarte con lo que voy a prestarte.

Ella bajó la vista; él siguió mirándola. Como un golpe fuerte en la cabeza, muy parecido al que se había dado hacía un rato, lo azotó la certeza de lo idiota que estaba siendo. Lo descarado. Lo hijo de puta. Pensando en llevársela a la cama apenas unas horas después de ver por todo lo que había pasado la mujer en su corta vida.

Entendió a qué se refería Wanda en sus palabras. Entendió que ella entendió que él entendió. No contestó. ¿Qué iba a contestar? Ella alzó la vista de nuevo y fijó sus ojos en los de él. Loki no tuvo tiempo de cambiar su expresión, y ella vio el dolor que se reflejaba en su postura, su mirada y la forma en que había desaparecido su sonrisa burlona. Apenas unas horas desde que la había conocido, ni siquiera un día entero, y ella ya estaba poniendo su mundo del revés, y ni siquiera parecía hacerlo a propósito.

Wanda tragó fuerte, él la oyó con claridad, y agitó la mano en que sostenía la manta como llamándole la atención. Loki tomó la tela sin mediar palabra y la colocó sobre sus hombros, asegurando mejor la toalla en su cintura. hacía tanto tiempo que no se sentía estúpido que ya había olvidado cómo era la sensación. Y no era nada agradable.

Wanda se dio la vuelta y caminó hacia el dormitorio; Loki la siguió. Cuando entró, la mujer estaba sacando una maleta negra del armario. Tardó un tiempo antes de abrirla. ¿Sería demasiado tarde para decirle que no era necesario, que no le diera la ropa de su hermano muerto? Decidió que sí, que era demasiado tarde. Ella había dado el paso de permitírselo, y él no quería quedar aún más idiota echándose atrás. Se quedó en silencio mientras Wanda abría la maleta, y dejó los ojos clavados en su figura. La mujer sacó una camiseta azul y un pantalón negro, junto a una sudadera gris. No le dio zapatos, pero las botas de Loki servirían igual.

—¿Está bien así, Laufeyson?

Wanda le ofreció la ropa extendiendo el brazo, sin levantarse del suelo. Loki la tomó. Sus miradas terminaron juntas; Loki extendió su magia para usar esa conexión como puente, entrar en ella y saber qué pensaba. No lo logró, pero algo pareció pasar entre ellos, como había pasado esa misma mañana, un rato antes. No sabía qué era, y en cierto modo lo asustó. Se sentía vulnerable de pronto, como si una simple humana pudiese más que él, y él estuviera permitiéndoselo. Cortó el contacto visual con un parpadeo y moviendo la cabeza.

—Está perfecto, Wanda —dijo con seriedad. Se dio la vuelta, abrió la puerta que conducía al baño y desapareció por ahí, dejando a la mujer detrás suyo.


Quince minutos más tarde estaban ambos sentados a la mesa que separaba la cocina del living. No era una mesa propiamente dicha, sino más bien una barra con asientos altos, como la de una taberna. Loki no estaba muy habituado a eso, pero se las arreglaría.

La ropa de Pietro era cómoda y suave, aunque Loki no se sentía muy a gusto en ella. Usar la vestimenta de alguien fallecido nunca había estado entre sus preferencias. Casi podía sentir que olía al hermano de Wanda, así que se esforzó por ignorarlo. No quería empezar a quejarse; no después de que ella le hubiese prestado la ropa de su hermano.

Frente a él tenía una variedad de desayuno, que, si bien no se comparaba a las comidas de Asgard, era suficiente para aplacar el hambre que no se había dado cuenta que tenía. Se sirvió una tostada con mermelada de algún dulce que no reconoció (frambuesa, tal vez), y un vaso de jugo de naranja. Luego le daría una oportunidad al tocino y el queso. Wanda se había servido un vaso de leche y una tostada con algo de color chocolate, pero no era chocolate. Olía a avellanas.

Loki tomó el frasco de donde ella se había servido, y leyó la etiqueta. Nutella. Crema de chocolate y avellanas.

Wanda lo observaba con una ceja enarcada.

—¿Nunca probaste Nutella?

Lo dijo con tal tono de escepticismo que Loki alzó la vista hacia ella, frunciendo el ceño.

—No. ¿Por qué? En Asgard no hay de estas cosas. ¿Debería conocerla?

—Es la gloria —dijo ella, sin admitir réplica a esa opinión—. No has vivido si no has probado Nutella.

Loki sonrió ante esa frase, y agitó el frasco ligeramente.

—¿Puedo?

La decisión pareció tomarle un largo tiempo a Wanda.

—Puedes, pero no más de una tostada. Es cara, y es mía.

Ambos rieron a la vez, aunque Loki no podía saber si ella lo decía en serio o si sólo estaba molestándolo. Mordió el último trozo de su tostada con mermelada y luego tomó otro pan para untarle Nutella. Tenía una consistencia extraña, como crema pero mucho más espesa y pegajosa. Debía contener más azúcar de la que Loki había probado en toda su vida, probablemente.

Ante la mirada expectante de Wanda, Loki se llevó la tostada a la boca y clavó los dientes en ella. El sabor de la Nutella fue inmediato y se extendió por su lengua, acaparando la atención de todo su sentido del gusto. A pesar de que planeaba mantener una expresión neutral, no pudo disimular el gesto de sorpresa en sus ojos. Eso fue suficiente para la bruja, quien compuso una amplia sonrisa de "Te lo dije".

—¿Y? —inquirió ella apenas él tragó.

—He probado cosas mejores, pero no está mal —contestó Loki, con cierta acidez. No quería admitir lo mucho que le había gustado, aunque ni él sabía por qué. Era un tipo complicado.

Wanda no pareció tragarse el cuento, y seguía sonriendo con satisfacción al llevarse el vaso a sus labios. Loki la ignoró olímpicamente mientras hacía lo propio con su jugo de naranja y luego se servía tocino y queso en el plato. Quería servirse más Nutella, pero eso sería como decir que le había gustado, y no, gracias.

—¿No sabes admitir que perdiste? —lo pinchó Wanda.

—No perdí —Loki alzó la vista hacia ella, con un gesto de altivez en el rostro, y luego volvió la atención al tocino.

—Eres insufrible.

—Ya me lo dijiste más temprano. ¿Tienes problemas de memoria? —el dios enarcó las cejas, concentrado en su comida.

—Memoria. Qué curioso que lo menciones, porque de eso te quería hablar —el tono de Wanda fue cortante de pronto, y Loki dejó el tenedor en el plato. Sabía muy bien de qué le iba a hablar ella, y sabía que no podía evitarlo. Así que dejó salir un bufido de molestia y apoyó los codos en la mesada, clavando sus ojos en los de la mujer.

—Habla —contestó, poniendo los ojos en blanco.

—No me hagas ese gesto a mí, Laufeyson. Es irritante, casi tanto como tú.

—Uy, se enojó —Loki no pudo evitar que esas palabras salieran de su boca con un tono sarcástico.

Otra vez, fue como echar pólvora al fuego. Wanda torció la muñeca en un movimiento seco y Loki salió despedido de la silla alta. Convocó la magia que podía antes de caer, y el golpe contra el suelo no le dolió, suavizado por un colchón de aire.

—¿Puedes dejar de hacer eso? Ya se está volviendo monótono —espetó el dios, poniéndose de pie y volviendo a su lugar en la mesada. Wanda tenía el ceño fruncido y lo fulminaba con los ojos. Dos personas con serios problemas de control y bipolaridad encerradas en un apartamento no hacían buena pareja.

—No —contestó ella en el mismo tono—. No si sigues metiéndote en mi mente y mis emociones de ese modo. Yo te ayudo, ¿y tú me lo devuelves dándome una puñalada por la espalda cada vez que ves la oportunidad?

—Quiero saber a qué me enfrento.

—Esa no es la manera. Lo único que logras es que quiera golpearte la cabeza tan fuerte que quedes en coma por un año y dejes de molestar a la humanidad.

Oh. Batalla de insultos.

—Con razón vives sola —siseó Loki, torciendo el gesto—. ¿Quién te soporta?

Eso no pareció afectar tanto a la bruja, quien imitó su gesto torciendo los labios y alzando una ceja.

—¿Y a ti? ¿A alguien realmente le importas? ¿O alguien te importa a ti? Quienquiera que te empujó de Asgard merece mis felicitaciones.

—No me empujó nadie. Me tiré yo —gruñó Loki. Sentía la rabia acumulándose en su garganta como agua a punto de hervir.

—¿Y tenías que venir a molestar aquí?

—Creía que aquí no eran tan hipócritas y juzgadores como en Asgard. Me equivoqué.

—No nos eches la culpa, cuando el que se gana esas opiniones eres tú solito.

—No sabes de lo que hablas —le advirtió Loki.

—Un príncipe mimado —dijo Wanda, inclinándose hacia adelante, hacia él, ignorando su advertencia. Su tono era venenoso—. Toda tu vida sabiendo que tendrías la corona. Irresponsable. Creyendo que el mundo es tuyo. Consentido por tu padre. Pensando que puedes obtener lo que quieras de la forma en que se te dé la gana. ¿Me equivoco?

Loki no lo pensó realmente. No consideró si sería una buena o mala idea. Quería demostrarle que se equivocaba, que supiera por qué él era así, que entendiera a que clase de locura y dolor se enfrentaba.

—Juzga por ti misma.

Agarró a Wanda por la muñeca, los dientes apretados de rabia, y de un tirón brusco pegó la palma de la mujer a su frente. Usó su poder a la inversa, y abrió su memoria hacia ella, atrapándola en sus recuerdos sin salida.