Kung Fu Panda le pertenece a Dreamworks y no a mí, salvo personajes que yo creé.

Quiero agradecer Little Tigers por estar siempre pendiente de la historia y por comentar. De igual manera a los demás que se toman su tiempo y siguen o marcaron como "favorito" este fic.

Gracias.

Capítulo 7: El Clan Pardus.

Caminaba a paso veloz bajo la fría y estrellada noche, entre las pocas personas que había en esas calles descuidadas y sucias de esa conocida aldea, y no conocida por buena fama pues los pueblos y valles aledaños sabían bien que ese lugar era de mala muerte. No muchos viajeros y extranjeros decidían atravesar aquel lugar, las consecuencias serían horribles. Era como si esa aldea no existiera para las demás, no había contacto alguno, ni comercio ya que ahí habitaban personas con las que no se podía negociar. Entre quienes ocupaban tal infierno eran asesinos, delincuentes, pandillas, parios y quienes no tenían donde ir, en pocas palabras: cientos de arruinados.

Las calles podían parecer solas todo el día y la noche pero no era precisamente por falta de población. En esa pequeña aldea había pocas casas o mejor dicho "comercios" que resguardaban a casi todas esas personas pero no eran de lo que cualquiera pudiera estar orgulloso. Tabernas, burdeles y lugares pocos inocentes predominaban.

Aquel lugar le daba asco, siempre pensó así y un gesto en su cara solo confirmaba tal opinión, pero no podía hacer nada, debía obedecer las órdenes de su jefe aunque no siempre estuviera de acuerdo. Giraba la cabeza mientras seguía su rumbo y veía ebrios y gente desmallada fuera de las casas, también habían grupos hablando y planeando atracos contra pueblos cercanos.

En ocasiones se le acercaban despistados y él solo los apartaba con un empujón nada amigable, incluso soltaba palabras malsonantes contra ellos. Ese lugar lo ponía de mal humor.

Llegó a burdel más y entró, tenía que cruzarlo para llegar a una puerta que se encontraba detrás de tal establecimiento. Le hubiera sido más fácil atravesar el lugar si no fuera por varias "señoritas" que lo invitaban a quedarse o a tomar licor con ellas y quizá después divertirse un poco. Él simplemente las ignoró, aquel felino con manchas negras y pelaje amarillento había salido en una misión y tenía que poner a tanto a su líder de lo que escuchó. Además, siempre era la misma historia cuando salía o entraba y sabía cómo controlar la situación.

-Vamos Zhao, ¿de nuevo nos dejaras solas? – dijo una pantera joven que trabajaba ahí y que lo miraba cual cachorro regañado.

-Tengo trabajo que hacer y lo saben – contesto Zhao inexpresivo y sin mirarla.

-Siempre es la misma excusa – dijo ella cruzándose de brazos pero sin dejar de seguirlo - ¿Sera que ya no te gustamos? – se podía notar lo falso de su tristeza en su voz.

Cuando llegaron a la puerta se detuvo y volteo a verla. – Como si eso les importara, lo único que les importa es sacar dinero sea de quien sea. Son solo…-

-¿Somos que, Zhao? – le corto la chica pero no se veía ofendida, hasta tenía una sonrisa en sus labios, una altanera sonrisa.

Zhao quedo en silencio y al ver como lo retaba con la mirada decidió abrir la puerta tras su espalda entrar.

La pantera no borró su sonrisa y regreso al trabajo. Sabía que Zhao no era una "presa" fácil pero eso era lo que le atraía de él. No una atracción sana como un amor platónico si no simplemente algo físico. Quería demostrar que podía dominar a cualquier macho.

Zhao se encontraba en un largo y oscuro pasillo en el cual no se distinguía nada más que sus ojos azules. No tuvo problemas en recorrerlo pues lo había hecho muchas veces sin ningún problema y no fue por que se haya grabado el camino si no que sus ojos podían ver sin dificultad en la oscuridad.

Encontró otra puerta que tenía tallado el emblema del Clan y la abrió. Dentro se encontraba una habitación amplia, en ella había una mesa, sillones y una leve penumbra que predominaba. A la vez, había una escalera que conectaba al segundo piso y varias habitaciones, cuatro abajo y cuatro arriba que se situaban en las esquinas de dicho lugar. En los sillones, sentados, estaban cinco leopardos mirándolo, varios de ellos fumaban y otros se giraron hacia otro lado sin ningún interés al ver de quien se trataba. En tal grupo había tanto hembras como machos y vestían prendas muy similares a las de él aunque variaba su estilo. Unos se colocaban vendas en los brazos, se tapaban la boca o la frente con trozos de tela o cintas negras.

Al fondo de la habitación estaba un leopardo más, parado y de espaldas a los demás. Tenía hombros amplios y se notaba físicamente que poseía una gran fuerza.

Zhao caminó por la habitación pasando por enfrente del grupo haciendo caso omiso de algunas miradas hacia él. Solo le interesaba cumplir con la tarea que se le asigno.

En un sillón se encontraba una felina de la misma especie con los brazos cruzados y un semblante tranquilo que prestaba mucha atención a Zhao.

Él de reojo notó, o mejor dicho, sintió la mirada de aquella chica y volteo a verla rápidamente. Ninguno hizo algún gesto o algo que mostrara alguna emoción pero en la mirada de ella existía una pisca de preocupación. Podía no gesticular nada en su rostro pero sabía lo que sentía con solo mirar aquellos ojos dorados…

Cuando estuvo de frente al leopardo que lo esperaba regreso su mirada.

-Tardaste mucho, Zhao- dijo el enorme leopardo – Espero tengas buenas noticias, si no… tendré que enseñarte un poco de disciplina-

-Las tengo. Sé que le agradaran- comenzó Zhao – El Clan Víbora recibió hoy una nueva guerrera. Una verdadera maestra.-

-El Maestro Víbora ha estado reclutando súbditos por mucho tiempo. Todos ellos no representan alguna amenaza, son débiles. ¿Qué hace diferente a esta… "maestra"?

-Raujika, es la maestra Víbora. Pertenece a los guerreros del palacio de Jade, es un miembro de los cinco furioso – dijo Zhao tratando de llamar la atención del leopardo. –Son los que detuvieron a Shen en Gongmen.

A Raujika le tomó por sorpresa lo que decía el joven leopardo. Luego volteo hacía él y lo miro pero Zhao vio que no tenía ningún rastro de preocupación en su rostro, parecía bastante seguro.

-Así que el líder del Clan Víbora llamó a la maestra para que se uniera a su grupito de perdedores, ¿he?-

-No solo eso…- agregó Zhao - Es su hija-

Para Raujika esa confesión fue como música para sus oídos. Inmediatamente miles de ideas de cómo usar a su favor esa información lleno su cabeza. Una gran sonrisa maliciosa se apodero de él.

-Eso lo cambia todo- Rau comenzó a caminar hasta colocarse justo en medio de la habitación. – El maestro Víbora solicitó la ayuda de su hija para tratar de detenernos y arruinar nuestros planes, pero no le servirá de mucho. La trajo a la guerra y haremos que se arrepienta-

-¿Qué ocurrirá con el plan? – pregunto Zhao.

Rau rió entre dientes –Ahora que está toda su familia reunida les infundiremos miedo. Haremos que clan se derrumbe, empezando por el eslabón más importante. Ustedes solo prepárense para recibir a nuestro invitado- dicho esto dio vuelta y se retiró del lugar sin más.

Después de esto, el leopardo de ojos celestes se dirigió al sillón y se sentó junto a la felina que lo miraba aún. Soltó un suspiro sin mirarla y calmadamente le habló.

-Te veo un poco preocupada- inició él.

-¿Porque crees eso?- cuestionó la joven leopardo ahora también sin verlo.

-Tus ojos te delatan. Puedes engañar a los demás pero a mí nunca y lo sabes ¿Qué ocurre? ¿Alguien volvió a propasarse contigo? Porque si es así iré ahora mismo y le voy a…-

-No es eso. Además, puedo defenderme sola. No necesito que me protejas siempre- La chica confiaba plenamente en sus habilidades. Aprendió a pelear a corta edad y debió hacerlo ya que en ese tipo de sitios solo te ven como un objeto.

-No me digas – dijo con burla – ¿Ya se te olvido que en la última misión casi te mata? Si no hubiera intervenido ya no estarías aquí, y a Raujika no le hubiera importado tu muerte. Siempre hay bajas y a él no le afecta en lo más mínimo-soltó una risa nasal y una sonrisa de incredibilidad- Maldito gato-

La chica lo miró pero no dijo nada. Simplemente observó a su compañero, cada rasgo de él y como no desaparecía aquella sonrisa que destilaba malicia. Zhao era así, lo conocía desde cachorro y aún había cosas que no entendía de su persona. Él seguramente había tenido una niñez dura, que ella desconocía pues nunca se lo dijo y no tenía el valor de preguntar, solo sabía que no debió ser nada agradable. Aun así no entendía cómo era posible su fácil cambio de humor. Se irritaba fácilmente, a veces sin razón y se desaparecía por un tiempo. Otras se le notaba que estaba lo más cercano a estar tranquilo e incluso le ayudaba con problemas personales pero a pesar de todo nunca, hasta la fecha, lo había visto feliz. Y bueno… ¿Cómo culparlo? Crecieron junto a personas de poco fiar, a las que nunca hay que darles la espalda, con las que no se podía hablar. Solo ellos dos podían apoyarse, no tenía el mejor humor o siempre las mejores intenciones pero no tenía muchas opciones y solo en él se confiaba… pero era precavida. Se conocían de por vida pero a la hora de pelear, Zhao, era otra persona. Se le oscurecía la mirada y dejaba atrás todo el miedo y dudas para acabar con la vida del otro, y parecía disfrutarlo cuando lo hacía.

-No logro comprenderte…- dijo finalmente ella – Y es la duda más grande de mi vida. ¿Porque sigues a Rau? Pareces odiarlo con tu vida pero siempre cumples sus órdenes, sin importar cuales sean-

Zhao giro para verla a los ojos y en ningún momento apartó la mirada.

-Nadir… ¿Crees que es tan fácil? ¿Crees que puedes huir del Clan sin consecuencias?- le dijo en un tono que no le gusta para nada a la leopardo. –Tú sabes que a Raujika no le gustan los traidores y los cobardes…-

Nadir miró la mejilla del felino apreciando las heridas que tenía. Eran tres marcas de una zarpa y no eran heridas superficiales, eran bastante profundas y Nadir pudo reconocer fácilmente aquella zarpa grande. "Raujika"

Esa marca y su origen siempre le causó intriga. Recuerda muy bien el día y el anterior a ese, cuando solo eran unos niños. Él se notaba distraído y deprimido… Nadir trataba de llamar su atención y que se concentrara pero su esfuerzo era en vano. También se le veía ansioso como si estuviera esperando algo, así como un momento en específico. Nadir al no conseguir nada se dio por vencida y lo dejo pasar "Quizá solo este cansado por los entrenamientos" Valla su sorpresa al descubrir al siguiente día a su amigo, en su habitación, con una zarpa marcada perfectamente en su cara, la escena era horrible a consideración de ella pues Zhao lloraba y gritaba que lo dejara solo. Así estuvo una semana en la que no hablaba con nadie, ni con ella y ahora se le veía distinto, concentrado, y a pesar de ser un niño, parecía como si hubiera madurado drásticamente. Sabía que Rau tenía que ver con aquella situación pero el simple hecho de verlo así, hiso que no quisiera preguntar pues le causaba miedo la respuesta.

-…Sé que no son las mejores compañías pero créeme cuando te digo que menos te gustaran como enemigos- Zhao al terminar se levantó del sillón y caminó cuatro pasos en dirección a la puerta antes de detenerse y voltear una vez más. Inexpresivo –Ven… ¿Por qué no salimos un rato?, Este lugar comienza a asquearme- dijo mirando por todas partes y una mueca de asco ayudaba a confirmarlo.

-Rau dijo que nos preparáramos, que…- contradijo Nadir.

-A él no le importará el que estemos aquí o no. Tiene mucho que hacer, además no tardaremos –

Nadir dudó acerca de la idea de él. Miró hacía abajo como si una buena decisión fuera a salir del suelo.

-¿Tienes algo mejor que hacer? – Zhao se veía impaciente.

Finalmente la felina dirigió su mirada a los demás miembros del clan, quienes parecían estar en lo suyo y no les prestaban ninguna atención, luego regresó hacía Zhao y se levantó siguiendo al leopardo.

Sabía que la reunión en unas horas sería importante pero realmente quería salir de ahí, no pasar toda la noche en ese sitio con sus iguales; que si bien eran parte de su vida diaria y se hacían llamar "clan" realmente no eran más que un grupo de personas que lo único que tenían de común era que pertenecían a la misma especie, solamente eso. Nadie se preocupaba por nadie y así vivían, asaltando pueblos y asesinando gente. ¿Y que más hacer? Si fue para lo que te entrenaron desde pequeño.


Mientras tanto en el Valle del Sol…

La emoción en ella era bastante y lo mostraba en su sonrisa, aunque siempre estaba presente esa pequeña astilla que sientes cuando te preocupa algo, y lo único que quería en ese momento era reencontrarse con sus hermanas. Sí algo podía mejorar su humor eran ellas. Seguía a su madre por un pasillo y todavía no llegaban a la cocina cuando voces familiares se escucharon, parecían estar discutiendo y estar un poco enfadadas, cosas que no era raro en ellas.

Cuando llegaron a la cocina se encontraron con toda una escena. Okawari, quien era tan grande como Víbora, preparaba la sopa "familiar" ya conocida en ese festival e introducía ingredientes varios a la olla. Lucía tan distinta a cuando niña pero con ver aspectos en ella como sus ojos y sus fieles flores amarillas sobre la cabeza no había duda de que era su hermana. El color de piel de Okawari sobresalía un poco que el resto de sus hermanas o el de su madre, era un tono más oscuro de verde el cual se asemejaba al de su padre. Iris estaba en una mesa cortando los vegetales con un gran cuchillo sujetado por su cola, lo hacía a la perfección, tan veloz y exacto que hasta Víbora la comparó con el señor Ping quien era todo un maestro en la cocina. En Iris realmente no había mucho cambio, sí, ya no era una niña pero conservaba ciertos rasgos, sin contar esa voz aniñada que aun poseía. Creció y bastante, casi alcanzaba lo largo a Víbora y Okawari pero a los ojos de la furiosa era la misma niña que conocía. Ambas ya habían madurado físicamente pero en esa cocina se llevaba una discusión típica de pequeñas de cinco años. Se regañaban mutuamente señalando que lo que hiso la otra estaba mal o no eran los pasos que se debía seguir.

-Iris, no deberías cortar aun los nabos. Todavía no termino la sopa y si los cortas ahora, ya no estarán frescos al agregarlos – le reprocho Okawari.

-¿Qué diferencia hay? - se defendió la reptil menor.

-Es lo que hace la "diferencia" a otras sopas. Es lo que le da el sabor, los pequeños detalles son los más importantes – dijo muy segura.

-¡Baa! Qué tontería. Además debiste haber terminado esa sopa hace horas, ¿No puedes darte más prisa? – Ahora fue Iris quien regaño a su hermana por su lentitud – A este paso la terminaras el siguiente festival-

-Una buena comida se hace con calma y paciencia, es un arte más no un jugo – dijo Okawari y sorbió un poco de sopa con el cucharon. Ella parecía estar segura de sus métodos culnarios.

-Pues más vale que sepa bien o si no…-

-Iris, más vale que no me apresures… ¿O es que tal vez quieras que mamá se entere de que anoche estabas muy a gusto con aquel lobo en el pueblo?-

Iris comenzó a sentir sus mejillas arder ante esas comprometedoras palabras. – ¡Solo era un amigo!-

-¿Enserio? Porque él te abrasaba sin ninguna preocupación, y tu respondías sonrientemente. ¡Ah! Y yo no sabía que a tus "amigos" los besabas…-

-¡Esta bien, tárdate todo lo que quieras! – le interrumpió Iris con sus mejillas rojas a más no poder.

-¿Necesitan un poco de ayuda? – dijo Víbora al ver tal espectáculo y para no comprometer más a su querida e "inocente" hermana. Su madre solo arqueo una ceja y borro todo rastro de sonrisa.

Ambas serpientes voltearon hacía la puerta y abrieron los ojos como platos al ver a su hermana mayor junto a su madre. Por un segundo parecía que estaban congeladas. Las dos por la sorpresa… Aunque, claro, por parte de Iris pudo haber sido por ver a su madre y preguntarse si había escuchado su amistosa plática.

-¡Víbora! – gritaron las dos al unísono cuando reaccionaron.

Inmediatamente las dos reptiles se lanzaron contra ella y la rodearon con su cuerpo, y ya como era costumbre en la familia, unir sus frentes en forma de caricia.

-Qué bueno que estés aquí – saludó cordialmente Okawari.

-Sí, nos alegra tanto. Aunque quizá debiste avisar al entrar – dijo tímidamente Iris quien desvió la mirada lentamente hacia su madre y soltando una risita.

-Así que… un "amigo" ¿he? – le dijo su madre remarcando la palabra y dándole una mirada desaprobada.

Una sonrisa nerviosa se dibujó en los labios de la reptil menor al ver el semblante de la reptil madura.

-Bueno, hay que continuar. La cena no se preparara sola – Víbora animó a sus hermanas después de reír un poco.

-Bien, yo preparare la mesa. Iris ¿Por qué no me ayudas? – Pidió su madre sin quitarle el ojo de encima –Y podemos aprovechar el tiempo para… arreglar ciertos asuntos-

Iris tragó grueso -Pero Víbora acaba de llegar, quiero estar aquí con ella…-

Su madre no dijo otra palabra pero con la mirada puesta en ella comprendió que lo mejor era hacerle caso. "Gracias Oka" pensó con sarcasmo mientras reptaba hacía fuera de la cocina y mirando a su hermana con cara de pocos amigos.

Al estar solas Víbora soltó una risa contenida, siempre le ocurría lo mismo a la pobre y siempre era divertido.

-¿Problemas con Iris? – pregunto divertida.

-Ya la conoces, no se puede controlar – Okawari dijo con toda tranquilidad y luego le regalo una sonrisa a su hermana mayor. – Es bueno verte otra vez, Víbora –

-Lo mismo digo, hermana – regresó el gesto y se dispusieron a terminar la cena, se hacía tarde y el hambre comenzaba a aparecer.

Mientras cocinaban y charlaban, Víbora noto que la reptil a su derecha la observaba seguido. A ella al principio no le importó pero conforme se hacía más recurrente le comenzó a incomodar un poco.

-Okawari, ¿Qué ocurre? – pregunto después de minutos así.

La reptil con flores amarillas al inicio no respondió solo se quedó viendo más tiempo a su hermana.

-Es solo que… ha pasado tanto y ahora te veo frente a mí: una serpiente adulta y exitosa… y bella. Sé que tenías que irte para defender a China y convertirte en una maestra pero créeme que fue difícil para mí el que ya no estuvieras con nosotros…- las lágrimas comenzaban a picar en sus ojos pero pudo retenerlas. No quería llorar frente a Víbora – Te extrañe.

Para Víbora ese fue un momento muy emotivo. Okawari hablaba con el corazón y fue sincera en cada una de sus palabras. Había algo en ella que Víbora siempre admiró e incluso llego a envidiar. Okawari tenía una voz hermosa, era como una suave y reconfortante melodía. Parecía como si siempre estuviera tranquila, sin ninguna preocupación, como un susurro entendible… incluso pensó Víbora: "Como si hubiera conseguido la paz interior".

No pudo evitarlo, a Víbora se le contagio el sentimiento y se dirigió hasta su hermana. Una vez más la abrazó pero en esta ocasión por más tiempo y tan solo por unos segundos… sintió paz en el alma.

Después de una hora la cena estuvo lista y la familia se acomodaba en su lugar en la mesa. Comenzaron a colocar la comida y a servirse, y hubiera sido una cena perfecta si no fuera por la ausencia de alguien.

-Esto huele delicioso – les felicitó su madre – Hicieron un gran trabajo, pequeñas-

-Realmente sabe bien, valió la pena la espera – no se pudo contener Iris al probar un bocado y sin esperar probo otro.

-Te lo dije, es un arte – dijo orgullosa Okawari.

-Sí, bueno pero yo ayude. Corté los vegetales –dijo Iris aún con la boca llena. Fue un milagro el que se le entendiera después de la cantidad de comida que se llevó a la boca.

-Por favor, hija, traga primero – recibió un ya conocido reproche de parte de su madre.

Okawari y Víbora rieron al ver la cara de su hermana, en serio era algo cómico.

Incluso su madre al ver esa cara relajo su ceño fruncido y se unió a las risas de sus hijas. Ahora a Iris no le parecía tan gracioso que se rieran de ella. Cuando todos se tranquilizaron la reptil adulta habló.

-Supongo que todo esto debe ser un gran cambio para ustedes ¿no? –

-"Gran" le queda corto. Muchas cosas no deberían cambiar – opinó Okawari.

-Al menos el festival no ha cambiado mucho –agregó Iris viendo el lado positivo.

-¿Es lo único que te importa? Todo cambio. Lo primero que me intrigó es nuestro hogar, el verdadero, el que esta fuera del valle. ¿Qué le ocurrió? ¿Por qué vivir en este palacio?- Víbora se veía muy preocupada ante este tema.

-Aunque no lo creas, tu padre tampoco estuvo de acuerdo al mudarnos- contesto su madre – Cuando ustedes se marcharon y solo quedamos él y yo, vimos que era lo mejor. El pueblo quería a nuestra familia e insistieron que necesitábamos mejores condiciones para vivir. Con una hija como miembro de los cinco furiosos, no aceptaban que sus padres vivieran en una pequeña casa. Además los mejores maestros de kung fu tienen palacios y con ello nació la oportunidad de entrenar nuevos guerreros.-

Al escuchar a su madre Víbora quedo confundida, lo que decía no tenía sentido. Como si fuera casualidad, la reptil había olvidado mencionar los problemas que pasaba el valle… las verdaderas razones por las cuales tomaron esas decisiones. ¿Por qué no mencionó al Clan Pardus y sus intenciones? ¿Por qué no mencionó la verdadera razón por la cual su padre contrató a esos supuestos estudiantes? Y lo más importante… ¿Por qué no dijo nada acerca de la enfermedad de su padre?

Sus hermanas siguieron comiendo y charlando después de eso, ajenas de lo que pasaba. Víbora observó a su madre quien también la miraba con una expresión neutra. Ahí comprendió que sus hermanas no estaban enteradas de las verdaderas razones por las que estaban ahí, que sus padres no les dijeron nada de ello, pero entonces….. ¿Por qué las convocó a ellas también? Las dudas rápidamente volvieron a crecer en su cabeza y no encontraba respuesta lógica. Tenía que hablar con sus padres seriamente. ¿Qué ocultan?

Como coincidencia, Iris preguntó algo que desconcertaba a las tres hermanas.

-¿Y papá? ¿No va a venir a cenar?-

-Ya es tarde ¿Dónde está?- respaldó Okawari.

-Su padre tiene cosas importantes que hacer referentes al valle. Él no llegará hasta más noche – contestó muy tranquila su madre.

-¿A dónde fue? – insistió Víbora seria.

-Visitó al palacio del otro valle- fue lo único que contestó. Víbora la miraba a los ojos y sabía que existía mentira en sus ojos celestes. Mentira que quizá sus hermanas no percibían pero Víbora no caía tan fácilmente.

¿Qué escondía el Clan Víbora?


Mientras tanto…

Bajo la penumbra de ese oscuro y ya conocido cuarto se agrupaban cuatro leopardos, uno en cada esquina de la habitación. Sus rostros mostraban odio y crueldad pura, vestían ropas negras y algunos de ellos tenían el hocico o la frente cubiertos. Un quinto leopardo caminaba por la habitación con la malicia en su sonrisa. Parecía estar rodeando a alguien en el centro, caminaba con los brazos en la espalada y con una voz altanera.

-Creí que no vendrías- solo el brillo de aquellos ojos verdes sobresalía entre la oscuridad.

-Creí que me conocía. No soy un cobarde, Raujika- contesto la persona situada en el centro del cuarto.

-Sabes que odio a los cobardes – contesto Raujika riendo entre dientes.

-No tengo mucho tiempo, mi esposa espera –

-No creo que solo tu esposa te esté esperando, ¿o me equivoco? Oh, no, si trajiste a toda tu familia-

La anciana víbora guardo silencio, no sabía cómo reaccionar. ¿Cómo se enteró? Seguramente había mandado espías al palacio. Ahora ya no importaba realmente.

-No puedes sorprenderme con nada, creí que lo sabias – Raujika estaba confiado, las cosas pintaban a su favor y quería que los demás se dieran cuenta de eso. Era su forma de saborear las victorias, si no podía influir miedo... simplemente no era una victoria.- Como sea… ¿Está listo para negociar, Maestro Víbora?

Continuara….

Hasta aquí el capítulo de hoy.

Un poquito más grande este cap. espero subir nuevos más grandes y con mejor contenido. Las ideas se me van y regresan de pronto pero bueno…. Ojala alguien lo haya disfrutado. Yo lo hice al escribirlo, aunque quizá no lo desarrolle como quería pero así es a veces. En Fin.

Antes de irme les dejo esta frase que me gustó y me dio ideas futuras:

"Abrazo de un hermano es paz del alma".

Lo utilicé para hacer el pequeño momento entre Víbora y Okawari, y espero hacer más momentos así alrededor de la historia. Creo que es un tema muy bueno para escribir de ello. Quienes tengan hermanos/as entenderán :)

Bueno ya me alargue mucho. Esperó les haya gustado y nos leemos la próxima. Aunque nadie me lea yo estaré aquí.