Capitulo siete
La pared en la que se había estado defendiendo cayó repentinamente y le obligó a salir al descubierto, rodando su cuerpo y buscando un nuevo sitio en el que podría continuar a salvo. Claro que eso era absolutamente difícil, tomando en cuenta la situación en la que se encontraba, y se vio atacado por un poderoso rayo al que pudo escapar por poco, antes de pensar rápidamente en la manera adecuada para responder; así que corrió directo hacia una de las paredes que habían sobrevivido al ataque, y la usó para impulsarse contra su atacante, lanzando un hechizo ofensivo. Y habría sido un buen ataque, de haber acertado al hábil hombre.
- Vamos, Potter - se burló Lucius, quien se acercó con pasos firmes y seguros, a medida que balanceaba su varita mágica -, en realidad necesitas una buena estrategia para vencerme. Busca algo mejor que eso.
Harry torció los labios y volvió a acercarse, dispuesto a hacer algo más impresionante, pero se detuvo en cuanto vio que ese rubio se acercaba.
¿Qué demonios hacía ahí, justo a mitad de un combate?
Harry pensó que reprocharía a ese chico ser tan jodidamente descuidado. Aunque, con lo que pasó en seguida, el descuidado resultó ser él y un ataque lo tiró bruscamente, arrastrándolo por el suelo, arrancándole un gemido de dolor.
- No es la cosa más impresionante que he visto - murmuró Draco, instalado en una de las bancas, bastante cerca de donde cayó Harry.
- Habría hecho algo mejor si no me estuvieras distrayendo - gruñó Harry, levantándose suavemente, con la esperanza de no lastimar más las raspaduras recientes.
- ¿Y no tendrás distracciones en combate real? - ironizó el rubio.
Harry torció los labios y miró que el señor Malfoy acomodaba su cuerpo contra una de las paredes. Entonces tuvo que recordar que había tenido una cita con Voldemort, apenas un día antes, por lo que no debía estar en las óptimas condiciones que deseaba aparentar, pese a que ese entrenamiento había sido idea suya. En lo personal el moreno habría deseado esperar a que se recuperase, pero él parecía estar bastante interesado en comenzar a ponerlo en forma.
- Supongo que deberíamos enseñarle algunos trucos - murmuró Lucius, enderezándose y acercándose a ellos, tras haber guardado su varita.
- No imagino a Potter actuando con métodos deshonestos - se burló Draco.
- Se le perdonará todo, mientras la guerra acabe.
Draco miró a su padre y tuvo que notar lo serio que era al expresarse de esa manera. Sabía que ellos estaban en una posición bastante desventajosa en esa guerra, más con la nueva adquisición familiar, que debería señalarlos como descarados traidores.
Su padre no había comentado nada al respecto. Antes de que esa situación iniciara, le contaba todo lo referente al Lord Oscuro, seguramente preparándolo para aquello que no podría evitar. Ahora, sin embargo, no tenían nada claro.
Draco había participado en curaciones urgentes, hechas a su padre, ello hablaba perfectamente de lo tensa que estaba la situación, con respecto al Lord; pero el rubio habría pensado que sería peor. No se quejaba, pero si estaba seguro de que debería ser peor.
- ¿Debería aprender nuevos hechizos? - murmuró Harry.
- Lo más pronto posible.
- Los más viles y despreciables hechizos - completó Draco y sonrió -. Te corromperemos lo mejor que podamos, Potter.
Harry sonrió pensando que se estaba corrompiendo rápidamente, al menos en el sentido íntimo. El problema era que debería dejar de pensar en tomar esa poción afrodisíaca, ya que no deseaba depender de ella. Sin embargo pensar en Draco y él, en esa situación, aún resultaba bastante vergonzoso.
Decidido. Debía trabajar en eso también. Después de todo estaba dando protección extra a su bebé, no sólo se trataba de disfrutar de alguien totalmente habilidoso en el campo sexual.
Harry avanzó hacia la casa y miró a ambos rubios, quienes habían comenzado a charlar a murmullos. El suspiro de Draco llamó su atención y los vio acercarse.
- Nos mudaremos a una de las propiedades de la familia - informó Lucius -. Con tantos problemas y vigilancia en este sitio, será mejor tomar medidas.
Harry parpadeó ante esa frase y miró a Draco, quien parecía no estar de acuerdo con la idea.
- Iremos a la villa que está en la costera - dijo el rubio como si eso explicara su expresión.
El moreno enarcó una ceja y regresó la vista al adulto, quien sonreía.
- Draco odia la arena.
- ¡Claro que la odio! - gruñó el rubio - Se mete donde quiera y pica.
¿Una propiedad costera? ¿Con playa?
Harry sonrió. Eso sería sencillamente genial.
o.o.o
- Deberías reconsiderar tus planes, Dumbledore - siseó Snape con sorna y caminó a un lado de él, haciendo todo lo posible porque no se librada de su compañía -. Le estás dando demasiada confianza a ese chico; y, honestamente, no creo que eso sea recomendable.
Albus sonrió. Podía comprender que todo eso fuese bastante arriesgado. Estaban apostándolo todo, sin la seguridad de que los resultados fuesen los más deseados, pero había un factor ineludible que sencillamente podría marcar la diferencia, y Harry no tardaría en entrar a la dinámica deseada.
- Confía, Severus - dijo simplemente y continuó caminando -. Harry es un buen chico. No tienes que seguir enfadado con él, sólo porque está casado con tu ahijado.
- Eso sólo hace que lo odie más - gruñó el hombre -. De todos modos no me estás atendiendo, Albus; Potter podría no alcanzar esas elevadas expectativas.
- Menosprecias mucho al muchacho, amigo - Albus volteó y le palmeó el hombro -. Harry podrá superar mis expectativas. Estoy seguro.
Severus tendría que pensar en una manera extra para garantizar que su ahijado no resultase muerto, antes que esas expectativas fueran alcanzadas. La situación no tendría nada feliz a Lucius, quien estaba altamente interesado en seguir arriesgando el culo por su preciada familia, a juzgar por todo lo que estaba haciendo frente al Lord.
Definitivamente, deberían tener más de una opción en todo eso.
o.o.o
Hermione cruzó los brazos justo cuando el Slytherin se le escapó. Le quedaba claro que ese chico no planeaba cooperar y, aunque ella se consideraba absolutamente capaz de extraer la información deseada, también era consciente de que todo aquello no brindaba resultado. Y esta era una de esas situaciones. Así que debía comenzar a plantearse conducirse de otra manera.
Lo malo en todo eso es que comenzaba a notar que la verdad perdía su importancia. Es decir, ella debería anticipar cualquier irregularidad que pusiera en peligro la seguridad de Harry; aunque las cosas ya eran bastante irregulares, a opinión de la muchacha.
Sabía que estaba entrometiéndose en la vida íntima de su amigo. Lo vio el día en que fue a visitarlo, al notarlo tan dispuesto a hacer funcionar su pacto matrimonial.
¡Harry se estaba esforzando!
Sin embargo no parecía un esfuerzo que molestara a Harry. Su amigo recuperó esa chispa con la que se manejaba, antes de que todo eso iniciara. Incluso podía apreciar que disfrutaba de eso a lo que llamaba familia.
Hermione sabía que Harry era sensible al hecho de tener una familia. Su amigo jamás expresó esa necesidad, quizás porque le avergonzaba delatar esa debilidad, pero se notaba su entusiasmo al ser cobijado por el cariño de los Weasley. Sin duda la situación era muy distinta, ante la posibilidad de tener un bebé, y su amigo dejó de lado las primeras dos barreras con las que se encontró para conseguir esa familia.
Ahora no importaba que la madre fuera un chico; mucho menos que fuera Draco Malfoy. Sin embargo Hermione no debería dejar de lado el hecho de que fueron magos cercanos a Voldemort. Aún lo eran.
Hermione confiaba en que las personas recapacitaban, si, pero necesitaba tener todo muy claro. Y eso, a su juicio, no estaba suficientemente esclarecido.
o.o.o
Sol, arena, sal y mucho... ¡calor!
Draco bufó y recargó una mejilla en ambos brazos, mirando a ese infantil moreno, mientras jugaba a la orilla del mar.
Harry jamás había estado en la playa; eso dijo. Y se notaba. En cuento llegaron, dejó ver ese infantil entusiasmo que podría exasperar a cualquiera.
- Deberías acompañar a Harry - se escuchó la serena voz de su madre.
Draco volteó a verla. Como lo sospechó, las ropas abrigadoras habían cambiado por esas prendas ligeras y refrescantes.
- Paso... - murmuró con pereza - , la arena se me pegaría al cuerpo si me mojo. Y se ve que Potter no me dejaría seco. ¡Es un bobo! ¿Por qué se divierte tanto con unas estúpidas olas?
- Porque... - Narcisa lo miró con burla - su esposo no hace nada por divertirlo más que esas estúpidas olas.
- A veces eres siniestra, madre - se quejó el chico.
- El pobre chico es tan inocente que resulta increíble que haya engendrado a mi nieto.
Draco meneó la cabeza. La realidad es que Harry era bastante divertido, con la motivación correcta. Claro que podía admitir que la motivación actual no era la más adecuada. No cuando Harry se divertía solo.
- Iré a mi habitación - anunció el rubio. Estaba interesado en cambiar la aburrida forma que Potter tenía para divertirse, pero no estaba tan desesperado como para ir y meterse al agua, para llamar su atención. Odiaba el agua salada. Y de todas maneras el malestar matutino aún no pasaba. Combinar esa situación con un lento traslado en dirección de esa propiedad no fue algo que el rubio agradeciera. Por eso era mejor estar ahí, cómodamente instalado en la cama, a espera de que el malestar pasara para poder comer algo.
El rubio se adormiló un poco, hasta que los presurosos pasos de Harry lo hicieron gruñir.
- Este sitio es genial - el moreno acomodó una bandeja en la mesa -. Debiste invitarme antes.
- Eso habría sido posible si hubiésemos tenido una relación de novios. Sin duda te habría impresionado bastante.
- No más que el hecho de querer ser mi novio - Harry se sentó a la orilla de la cama - ¿Han pasado las nauseas?
Draco emitió un gruñidito lastimero. Al instante sintió que su consorte se acercaba a hacerle mimos en la espalda, murmurando palabras de consuelo.
El rubio no tenía idea de dónde había sacado Harry que así le calmaría el malestar, pero no le importaba, era fantástico notar que ese comportamiento era exclusivo a él. Por eso se movió y atrapó al moreno, pasando ambos brazos por su cuello y acercándolo a él.
- ¿Traes mi desayuno? - ronroneó con tono seductor.
- Exacto - Harry se desprendió de ese lazo con sutileza y comenzó a descubrir los alimentos -. Hay que darle todo lo que pida a ese pequeñuelo.
Draco torció los labios para evitar señalar que sus necesidades tenían cierta prioridad y dejó que Harry le ayudara a comer.
Resultaba evidente que Harry no estaba listo para ciertas responsabilidades maritales, aunque contradecía totalmente a ese intenso amante con el que el rubio tuvo la oportunidad de encontrarse.
Claro; en las dos primeras ocasiones fue intoxicado con alguna poción, así que no tenían validez confiable. Pero la última vez...
Draco se puso colorado y tomó la servilleta para limpiarse una borona inexistente y levantó la mirada Hacia Harry. El moreno estaba partiendo la fruta en trozos pequeños, así que no lo notó; y el rubio volvió a concentrarse en el jamón.
Cielos, se había casado con un chico bipolar. Por una parte era exquisitamente apasionado y por el otro bastante infantil e inocente. El problema es que el lado agresivo y pasional lo tenía muy bien guardado.
¿Cómo podría provocar a ese apasionado Harry?
La pregunta hizo que el rubio suspirara con ironía, si esperaba otro ataque de iniciativa por parte de Harry, corría el riesgo de recuperar su virtud. Cosa que no resultaba recomendable ni agradable para su exceso de sensibilidad.
- ¡Ouh! - exclamó de repente, llevándose una mano al vientre.
- ¿Qué pasa? - se asustó Harry y abandonó de inmediato la comida - ¡Te duele?
- Sólo es un espasmo - tranquilizó el rubio, antes de que Harry corriera por uno de sus padres y lo miró -. Con un masaje se calmará.
El moreno colocó ambas manos en el sitio y comenzó a frotar. Claro que Draco dudaba que fuese a aliviarle la dolencia (de existir) si frotaba encima de las mantas.
- Funcionaría más si hicieras el masaje directamente sobre la piel, Potter - propuso con ironía.
Harry enrojeció. Resultaba asombroso que sintiera vergüenza de tocarlo, cuando se trataba de una acción tan inocente… hasta ahora.
Draco decidió acelerar las acciones y descubrió su vientre.
- Vamos, Potter - animó - ¿No vas a tranquilizar a tu hijo?
El moreno torció los labios y colocó ambas palmas. Había que admitir que no era el mejor masaje que hubiera recibido, es más, las manos de Harry se movían con bastante torpeza; sin embargo el tacto inicial le provocó un interesante sobresalto y tuvo que morderse los labios para no saltar un gemidito.
- Es una pena que aún no se note - murmuró Harry con más tranquilidad.
- No pensarías eso de ser el preñado - gruñó Draco y se acomodó mejor -. Definitivamente, éste será el único nieto que le dé a mi padre.
- Qué lástima.
Draco levantó la mirada para encontrarse con los ojos soñadores de Harry, ello le dio una idea de lo que el moreno esperaba y suspiró.
- Cuando este rufián nazca, cambiarás de idea - murmuró seguro y palmeó un hombro de Harry, dejando la mano en ese lugar -. Tienes que darle mucha atención, pero te olvidas de mis necesidades.
El moreno levantó la cabeza, esa frase parecía ser lo suficientemente insinuante como para dejar claro lo que quería.
- ¿Está bien si lo hacemos?
Draco soltó una carcajada, al instante sintió un pellizco y miró al indignado moreno.
- Es que me supera, Potter - dijo el rubio entre risas - ¡Es increíble que exista alguien tan virginal!
- ¡No soy virginal! - protestó el chico y comenzó a hacerle cosquillas.
- ¡Basta, Potter! - protestó el rubio, luchando por escucharse furioso, pero resultó bastante difícil a medida que reía más. Finalmente logró liberarse lo suficiente para someter a Harry bajo él, y apretarle las manos sobre la cabeza - ¡No vuelvas a molestarme así! ¡Lo odio!
Harry sonrió. Era más fácil así, cuando Draco le "obligaba" a responder.
El moreno se liberó y tomó a Draco por la cintura para acomodarlo bajo él y mirarlo atentamente, antes de acomodarle el cabello rubio.
- ¿Entonces, podemos?
Draco sonrió y tomó el rostro del moreno con ambas manos para acercarse y besarlo suavemente.
Los labios de Harry sabían a sal. Se sentían suaves, sin duda a causa del tiempo que estuvo metido en el mar. ¿Y había tenido tiempo de quitarse la sal?
- ¿Te has duchado? - murmuró el rubio, enarcando una ceja, y sintió que el moreno se acomodaba mejor sobre su cuerpo. - ¿Potter?
- Harry - corrigió el chico, animándose a darle pequeños besitos en el cuello.
- Lo has hecho, ¿verdad? - insistió el rubio, antes de soltar un gemidito, tras recibir una interesante caricia, justo en su espalda, donde el moreno colocó su mano para acercarlo un poco. - ¿Harry?
- ¿Podemos hacerlo? - ronroneó Harry.
La verdad es que Harry parecía tener cierto amor por el control, especialmente aquél que lograba derretir a Draco, mandando al soberano carajo todas sus ridículas manías, para aprovechar lo que se le estaba ofreciendo. Y no había dado respuesta a la pregunta del moreno, cuando le sintió depositar delicados besitos en ambas mejillas, justo donde los lentes chocaron, tras haber resbalado por el puente de su nariz.
Draco estiró las manos para retirar los lentes del rostro de Harry, pero se encontró con que él se lo impidió y lo miró interrogante.
- Si me los quitas no podré verte - explicó con un susurro.
- Tonto, no creo que te equivoques de agujero sólo porque estés sin lentes - se ruborizó Draco, ante la repentina exposición de romanticismo.
Harry se volvió a acomodar los lentes y apoyó la mejilla en ese vientre calientito.
- ¿Te arriesgarías? - murmuró, besando la delicada piel, sobresaltando a Draco, especialmente cuando esos dientes rozaron cerca del ombligo, tironeando un poco del elástico del pijama. Sin embargo no descubrió mucho, no al menos hasta donde el rubio hubiese deseado, y pronto se vio atacado por besos, lengüetazos y pequeños chupetones, justo ahí, en su vientre, provocándole repetidos sobresaltos.
Draco deslizó una mano por su pecho, acariciándose un poco, mientras Harry seguía entretenido en esa zona. Dejó que su mano resbalara entre sus piernas, donde comenzaba a notar mayor excitación y frotó un poco, gimiendo. Y hubiera seguido con ello, pero una mano de Harry le atrapó y lo escuchó chasquear la lengua.
- Deberías tocarme a mí, Malfoy - regañó - No quiero que te toques... ese es mi trabajo.
Oh, sí. Quería tocarlo, excitarlo.
Draco pasó los brazos por los hombros de Harry y se sostuvo de él, antes de que lo acomodara encima de su cuerpo y le dejara frotarse, hasta hacer coincidir ambas excitaciones.
o.o.o
Lucius Malfoy levantó la mirada para encontrarse con la suave sonrisa de su esposa. Supo de inmediato lo que la causaba y levantó la botella con vino para volver a llenar la copa y beber de ella.
- Ahora estoy más convencida de que este matrimonio funcionará.
- Jamás debiste dudar - murmuró él, con la voz rasposa, debido al vino que había ingerido y suspiró al sentir el masaje que ella comenzaba a darle -. Quiero que me ayudes con Harry.
- ¿Está bien que Harry combata a dos magos a la vez? - murmuró ella.
- Aún es insuficiente - declaró el hombre.
Narcisa hizo un ademán afirmativo a eso.
- Te ayudaré para que todo salga bien.
o.o.o
Harry leyó atentamente las instrucciones que Hermione le escribía en el mensaje recién recibido y suspiró. En realidad era bastante sencillo cambiar el punto de destino del traslador, una vez que tenía fijado el poder. Fue más difícil crearlo, ya que se necesitó de una poción muy elaborada y un hechizo para nada recomendado a alguien con una virtud muy alta.
El pensamiento de que Draco pudo haber hecho un traslador más potente hizo que el moreno sonriera y continuara leyendo las instrucciones. Al final de la nota, Hermione le preguntaba si estaba seguro.
¡Claro que lo estaba! Sin embargo sabía que ella no sólo se refería a su idea de cambiar el destino del traslado.
Harry dobló el pergamino y se movió suavemente de la cama. Le costó un poco de trabajo librarse de los brazos de Draco, pero al final logró caminar para acercase a la puerta, donde volteó a mirar al dormido rubio.
Sería mejor no despertarlo aún. Los malestares matutinos lo ponían de mal humor y había comenzado a echarle la culpa de todo. Lo que era curioso de presenciar, ya que ese bebé no se había hecho solo, y Harry tuvo varias ocasiones para confirmarlo.
El moreno ignoró ese pensamiento y salió de la habitación, antes de ser convencido por la repentina idea que le había inundado la mente. No porque fuera mala, sin embargo no podía pasarse la mayor parte del tiempo teniendo sexo con Draco, aún cuando éste insistiera en que no era una pérdida de tiempo.
Habría sido lindo que todo eso empezara de una forma distinta. Harry no se consideraba un tonto cursi, pero tenía su lado romántico enteramente ofendido, por el hecho de estar basando su relación en algo físico. Pensar en Draco cortejándolo... o viceversa, dadas las circunstancias, podría parecer, incluso divertido de recordar. Es decir, ninguno de los dos habría cedido tan sencillamente a la situación.
El matrimonio, sin embargo, se había dado sin que ninguno quisiera. Ambos aceptaron, sí, pero ambos lo habrían evitado, de haber podido.
Ahora sólo les restaba acoplarse y sacar el mayor provecho de ello... y el sexo era una buena manera de empezar, pese a que mataba toda intención amorosa, al menos la que Harry habría imaginado que debería tener con su pareja y consorte.
Pero no estaba mal. La aceptación se había dado sin que ninguno lo percibiera. Pronto comenzarían a apreciar el resto de las cualidades que jamás se dieron oportunidad de admitir poseer; al menos Harry ya había visto habilidades admirables en Draco, junto con esa determinación que le hacía respetarlo en silencio. Quién sabe. A lo mejor Draco había hecho lo mismo, pero no lo admitiría tampoco.
Y un día, tal vez, todo eso se convertiría en... amor.
Amor. Harry había estado pensando en eso con cautela. La idea de que se diera resultaba un tanto lejana, pero debía admitir que no era algo que le urgiera tener (aunque sería lindo), por el momento estaba conforme.
El moreno se detuvo en la biblioteca y caminó hacia el sitio donde guardaban los ingredientes. Miró detenidamente hasta que localizó el nombre que Hermione le había escrito y tomó la botella. Por poco tira una botella que estaba a un lado de la que necesitaba, justo con una sustancia de opaco color café, pero la alcanzó a acomodar perfectamente y suspiró, al ponerle atención.
Vaya, si que había miles de cosas que no conocía en ese lugar. Tendría que preguntarle a Hermione para qué se usaba la carne de "Dragón Marino"... y, claro, si era legal tenerla. Aunque Harry pensó que no le extrañaría si la sustancia resultaba ilegal.
Harry se olvidó de eso y caminó hacia la mesa del laboratorio para colocar la botella que necesitaba, se quitó la cadena y volvió a leer el pergamino de su amiga. Vertió dos gotas del ingrediente, cuyo color rojizo pareció brillar más intensamente, y sacó su varita para murmurar un hechizo. La cadena brilló como si poseyera luz propia y Harry sonrió. De su túnica extrajo un pañuelo manchado y un rubor le cubrió las mejillas, recordando la naturaleza de la mancha. Colocó la cadena encima y la envolvió perfectamente.
- Es este el destino al que quiero llegar, cuando deba transportarme - murmuró, lanzando un hechizo que sellaría el nuevo sitio.
o.o.o
Cuatro meses después.
Justo cuando Hermione comenzaba a convencerse de que no era necesario saber toda la verdad respecto al desgastado asunto de Harry, ocurrió algo sorprendente. Y es que la muchacha tuvo verdaderas dificultades para comprender el mecanismo de la sala de los requerimientos, más aún como para aspirar a alterarlo y lograr averiguar lo ocurrido.
Eso, junto con el contenido de las cartas de Harry, le fueron mostrando que podría ser muy perjudicial dar un dato que destruyera a la joven familia y, la verdad, no tenía ánimo de ser la causante.
Sin embargo, "eso" ocurrió. Accidentalmente tuvo que descubrir las peculiares apariciones de una niña perteneciente a un curso inferior. Y la verdad es que no le habría puesto atención si no fuera lo que esas apariciones significaban. La propia Hermione había tenido ese tipo de eventos, durante el tercer año y comprendía que sólo podía darse debido a que su compañera poseía un gitariempo. No aprovechar la oportunidad habría sido totalmente inaceptable e, impulsivamente, se las había arreglado para conseguir el giratiempo.
Ya teniendo el aparato, lo demás fue sencillo. La muchacha sabía que debía mantenerse fiera de la vista de cualquier habitante del colegio y, como su plan era seguir a Blaise Zabini, pidió prestada la capa de invisibilidad a Harry.
Así que era por ello que estaba ahí, tras haber retrocedido a la tarde antes de la cena de navidad, deambulando por el castillo, en busca de Zabini, a quien no encontró por ningún lado.
Justo estaba por rendirse y avanzar al comedor, donde debería esperar al anochecer para analizar el comportamiento de Harry, cuando encontró al escurridizo muchacho, caminando rápidamente por uno de los pasillos.
Bien.
"No hagas nada, no dejes que te descubran y no pierdas de vista al sospechoso" se recordó la castaña, caminando tras Blaise Zabini, bajo la protección de la capa que Harry le había prestado.
Los pasillos estaban desiertos, pero no era extraño. La mayoría de los estudiantes partieron a casa para festejar Navidad con sus familias.
¿Y por qué se habían quedado esos dos?
Blaise se detuvo. Hermione hizo lo mismo, procurando no acercarse demasiado. Desde ahí alcanzó a ver a Malfoy caminaba hacia él y le entregaba una ampolleta de líquido rojo y brillante.
- No hay muchos estudiantes como para disfrutar el espectáculo - murmuró el rubio - ¿Seguro que debe ser esta noche?
- No quieres arriesgarte a que sus amigos nos arruinen la diversión, ¿cierto? -replicó Blaise - ¿Esa chica podría encontrar el antídoto?
Draco soltó una risita despectiva.
- Quisiera ver eso - se burló -. Tuve que modificar la fórmula para que tuviera los efectos deseados. En todo caso, sólo yo puedo encontrar el antídoto.
- Confío plenamente en tus habilidades, amigo - se guardó la ampolleta en la bolsa de la túnica -. Ahora debo asegurarme de que lo beba. Nos vemos en la cena, Malfoy.
Hermione dejó escapar todo el aire que había estado reteniendo hasta que Malfoy caminó hacia otro sitio. La escena había sido bastante reveladora, pero no quedaba del todo clara y decidió caminar tras Blaise.
Lo alcanzó justo en el jardín, donde silbaba despreocupadamente y lo vio hurgar la bolsa de su túnica, en busca de algo. Para su sorpresa extrajo un pañuelo en donde tenía envueltos dos ingredientes más.
La muchacha apretó los labios. Uno de los ingredientes parecía ser carne de Dragón marino, pero se veía absolutamente alterado, y los otros eran finos cabellos plateados. Inconfundibles.
¿Blaise? ¿Él había provocado que Malfoy quedase preñado? ¿Por qué?
Para cuando Hermione volvió a ver que el chico se levantaba, decidió no seguirle. Permaneció en el sitio, pensando si debía continuar mirando.
Draco Malfoy no fue testigo del momento en que se anexaron los dos ingredientes extras, así que no debía sacar conclusiones precipitadas y, aún cuando viera lo que había ocurrido en la sala de los menesteres, tenía claro que el rubio deseó evitar las consecuencias. Excepto, claro, que Draco no sabía que quedaría preñado.
Hermione extrajo el giratiempo para regresar. Tenía que hablar con Draco. Y debía hacerlo pronto.
