Cuando Neal llegó al apartamento de Moz se alegró de que él estuviera allí: necesitaba una distracción para olvidar a Sara, y lo que había pasado.
Pensó con cierto pesar que el FBI estaba pisándole los talones; ya habían encontrado su apartamento, y el tiempo se le agotaba.
-Irnos. Eso es lo que necesitas, Neal. Entraron a tu departamento, Sara estuvo a unos segundos de alcanzarte, ¿qué más quieres?-seguía insistiéndole Mozzie, pero él se negaba a escuchar.
-Aun no. Necesito asegurarme de que ella no se encuentra aquí.
Moz suspiró, pero por ahora tenia que decirle algo mas.
-Alguien se ofreció a comprar San Jorge y el Dragón. Es confiable, y tendremos el dinero suficiente para salir del país cuando estés preparado.
-Perfecto-Neal sonrió, no le venían nada mal las buenas noticias.- ¿Cuándo es?
El día era despejado, con un radiante sol iluminando el muelle. El mar reflejaba el cielo como un ondulado retrato, y las aguas eran calmas.
Pero los azules ojos de Neal, a pesar de reflejar el mar que miraba, no imitaban la calma del agua. Se sentía expuesto, después de todo, faltaría una persona que lo reconociera para que lo atraparan, y con el Rafael en su estuche a la espalda, le costaría una buena cadena perpetua.
Entonces vio la delgada figura acercándose. Tenía un sobretodo negro, que se ceñía más en la cintura, un fedora, y sus ojos estaban ocultos tras unos anteojos de sol. La boca estaba levemente curvada en una media sonrisa, que incluso parecía divertida.
Se acercó a Neal con decisión, y solo cuando estuvo a unos pocos pasos, y se quitó los anteojos, Neal pudo reconocerla, no sin cierto sobresalto.
-Alex Hunter, la verdad no lo esperaba-Neal esbozó una de sus encantadoras sonrisas, con los ojos brillando. Siempre lo ponía de buen humor ver a Alex.
-Hola, Neal. Así que de nuevo tienes el San Jorge y el Dragón.-dijo señalando con un leve asentimiento al estuche donde guardaba la pintura.
-Así es... ¿y que haces por aquí? La última vez que hablamos te ibas a Italia.
Alex sonrió satisfecha consigo misma.
-Así es, digamos que el museo Ca' Rezzonico tiene algunas piezas de arte menos, y yo algunas más.-hizo una pausa y luego agregó, aunque con un tono más serio, borrando la sonrisa- vine aquí por lo de Kate.
La sonrisa de Neal también desapareció, y su rostro se ensombreció.
-Así que te enteraste.
-Sí-murmuró Alex con un asentimiento, y luego con voz más alta- Se donde esta.
A Neal la sangre se le helo, como si simplemente hubiera dejado de circular. ¿Era posible que tuviera la localización? ¿Que pudiera encontrarla? Intentó no alegrarse, no tener falsas esperanzas. Pero la idea de encontrarla era demasiado tentadora, y se rindió ante ella.
-¿…Dónde?-fue todo lo que pudo decir, y lo dijo casi en un susurro.
-Es una larga historia-miró a su alrededor, y luego volvió a fijar la vista en Neal- Y va a ser mejor que te lo cuente en un lugar más resguardado.
