Muchísimas gracias por continuar leyendo la historia! Y por los Reviews! Aning Areda, Silviasi22 y por supuesto la incondicional Paola-enigma! (que me sigue animando cada día!)
Les dejo un pequeño trocito, esperando nuevamente que os guste.
Las cosas comienzan a moverse de un modo que nadie podía imaginar.
7. Detrás de su sonrisa
¡Regina, no! ¡Detente! – gritaba llena de desesperación. La angustia se apoderaba de todo su cuerpo mientras observaba a la morena se dirigía hacia lo que sabía su fin asegurado. – ¡Regina, por favor. No lo hagas! – Trataba de correr tras ella, pero parecía que sus piernas no le respondían. Algo impedía a su cuerpo moverse. La magia de Regina la tenía retenida. Trataba por todos los medios de seguirla pero la morena no quería ser detenida. Sabía lo qué pasaría si Regina hacía lo que pretendía y sabría que ella sentiría algo más allá del dolor, una sensación que nunca lograría apaciguar. - ¡Regina, por favor. No lo hagas! ¡Déjame luchar!
¿Cómo sabes que sigo existiendo?
¡Porque te he visto!
¿Dónde?
¡En su sonrisa! ¡Déjame ser quién te guíe!
¿Por qué habrías de hacerlo? ¡No me conoces!
¡Déjame intentarlo!
¡Acabarás herida!
¡Me ayudarás a curarme, entonces!
No hay vida cerca de mí.
Puede volver a haberla, Regina. ¡No lo hagas! ¡Trata de luchar conmigo! – la morena había llegado a su objetivo y la desesperación de Emma crecía por momentos. Su cuerpo temblaba de miedo, de angustia. Luchó con todas sus fuerzas contra esa cadena invisible que la retenía. La vio darse la vuelta, desde la distancia, para mirarla por última vez. Ella sería su última visión. Luchó con furia, con rabia, con más fuerzas cada vez, hasta que logró liberarse. Había magia dentro de ella, pero no era lo único. Sus piernas corrían, casi volaban para llegar hasta su lado. - ¡Por favor, Regina! ¡Déjame intentarlo!
No lograrás nada de mí. Soy un cuerpo inerte.
Hay sentimientos dentro de ti.
No logro encontrarlos.
Déjame ayudarte a sentirlos de nuevo.
¿Para qué habrías de hacerlo? Esto es lo mejor, Emma. Es lo que merezco. El mundo sería un lugar mejor sin mí. – La vio cerrar sus ojos, tomar su último aliento y dejarse caer, cómo una hoja desde un árbol, hacia la que sería su tumba. Sus manos se extendieron, tratando de evitarlo. Deseando ser capaz de detener suavemente su caída. Su cuerpo irradiaba luz por cada poro y sus lágrimas surcaban sus mejillas. Estaba llorando por Regina.
No para mí. –dijo junto a su oído al mismo tiempo que sus manos aferraron el cuerpo de la morena mientras caían.
Sus ojos se abrieron de golpe.
Pero, ¿qué cojon…?
Aquella noche los sueños no la dejaron descansar. Apenas hubiera sido capaz de dormir después de ese último. ¿Qué narices le pasaba a su mente para ser capaz de soñar algo así? Quería ayudar a Regina, pero de ahí a soñar con ella y de esa manera.
Decidió que las 5 era una buena hora para levantarse de la cama y ver amanecer. No podía hacer mucho por casa, un loft sin paredes no era el mejor lugar para una insomne. Se vistió con su chándal, se calzó sus zapatillas y se marchó a correr por Storybrooke.
…
Sorprendida miraba el techo de su habitación. ¿Qué demonios acababa de pasar en su mente? ¿Qué tipo de cortocircuito mental acaba de sufrir para ser capaz de soñar semejante cosa?
Pasó sus manos por su cara, para tratar de desperezarse. Había soñado con Emma. Había sido tan real que hasta hubiera jurado que había sentido despertar a la rubia en su propia cama a un par de manzanas de allí.
Había deseado que la salvara de sí misma.
Sabía que no volvería a ser capaz de dormir. No después de aquello. Se levantó lentamente. Se puso su bata de seda que descansaba sobre la butaca y caminó hasta el piso inferior.
Recordó cuando Henry era pequeño y no podía dormir, como le decía que un buen cacao caliente calmaría sus temores porque cada partícula era un guerrero que lo haría capaz de luchar contra cualquier monstruo que se escondiera bajo su cama. Rió solitaria, pensando que en ese momento ella era el monstruo y necesitaba un cacao para acabar con su propio terror.
Apenas le llevó unos minutos prepararlo. Sabía que ya no sería capaz de volverse a dormir así que decidió disfrutarlo. La primavera estaba de pleno en Storybrooke y ya se podía pasear en la calle sin mucho abrigo. Caminó hasta la puerta y salió hasta su porche para observar a su alrededor las sombras de la noche, mientras daba pequeños sorbos a su tasa.
Observó su manzano. Su símbolo. Allí donde se encontraba su magia más primigenia. Durante años veía crecer sus manzanas acorde a sus capacidades mágicas. Fue enorme y lozano mientras vivió en el castillo. Aquí en Storybrooke no era ni la sombra de lo que había sido. Ella lo había dejado menguar.
Lo miró detenidamente, porque casi pareciera que tenía vida. Creyó que estaba loca, pero le había parecido que acababa de ver un brote crecer. Se acercó lentamente, sorprendida. Sin permitirse parpadear. Hasta rozar con sus dedos sus hojas más bajas y allí, frente a ella, muy lentamente, una nueva hoja nació entre su mano.
Nunca había visto algo así. Nunca había visto a su árbol hacer algo así. No era ella quien lo había. Era el árbol. Tomó aire profundamente y notó la cálida sensación de que alguien la observaba. Miró a su alrededor y no se equivocaba. A escasos metros había alguien.
Cobijado por la sombra de la calle había una figura encapuchada que la observaba. Cualquier otra persona en su lugar hubiera corrido a encerrarse en su casa y llamar a la policía, pero algo le impedía moverse. Por otra parte su instinto le decía que no debía temer. En cualquier caso no era la Reina Malvada sin ningún motivo.
Pasaron algunos segundo observándose, sin lograr distinguir quién era, pero podría haber dicho que habían sido minutos. Había algo familiar en aquella persona.
Sin previo aviso se giró y se marchó corriendo calle abajo.
Casi hubiera afirmado con total rotundidad que había visto un reflejo rubio asomar por la capucha.
…
¿Estás loca? ¿Qué narices haces plantándote en casa de Regina a estas horas de la madrugada, Emma? – la rubia se recriminaba por lo que acababa de pasar. Sus piernas habían corrido por inercia y la habían conducido hasta la calle Mifflin, concretamente al número 108. Había visto a Regina salir en su bata, con su tasa humeante en la mano, la había visto observar su manzano y maravillarse con algo que había en él. Y si no se conociera pensaría que hubiera notado un vuelco en el corazón cuando la vio salir hacia su porche. Una extraña sensación se había apoderado de ella y no pudo más que dejarse llevar y permanecer en la sombra observando a la morena. Había deseado que la viera y cuando lo hizo quiso no dejar de mirar nunca aquellos ojos marrones. Y en ese instante se dio cuenta. Acababa de descubrir cómo conocer la historia de la Reina Malvada.
Ahora se encontraba casi huyendo, avergonzada por lo que acababa de pasar, sin terminar de comprenderlo realmente.
