Hola, bueno...les debo una enorme disculpa, la verdad es que por motivos personales (me bajo un estado "emo" que no tenia hace tiempo, y estaba triste por motivos muy ridículos y pequeños) y me dio una flojera enorme editar y subir, esa es la verdad, lo siento realmente, pero no quería subir algo a la mala, sin las ideas nuevas que se me había ocurrido a medida que iba editando los anteriores. Pero bueno, acá está, espero que les guste, creo que este tiene algo que los demás no tenían, se lo dejo a ustedes descubrir que es.

Soy horrible con los secretos, pero hay un poco se smut acá, o algo parecido a smut. Y ahora quería hacerles una pregunta MUY MUY MUY importante, ok? Así que respondan por favor y con sinceridad, ¿se sienten cómodos con el smut explicito? ¿O preferirían algo más ligero? No sé como hacer cosas "bonitas" pero, por ejemplo, planeaba hacer el sexo acá más explicito, pero quizás algunos se sienten muy incomodo al respecto, pero también pensaba que podía escribirlo como lo hice con mi fic anterior (You Gotta Let Me In) que si bien lo describía, no era tan... ¿fuerte?

Bien, no sé, a mi me gusta escribir de ambos, así que por favor. Al final esta historia es para uds, y puedo editar lo que tengo o dejarlo así.

Y si nadie me dice nada...hahahahahahaha...prepárense para el smut fest :)

Gracias por leer y ser pacientes conmigo, lo aprecio mucho c:


—¿Te molesta si nos sentamos contigo, ángel? —Preguntó Benny con una sonrisa cálida.

—Uh…—Castiel se puso rojo, como de costumbre. Miró un momento a Dean, quien estaba junto a Benny, y luego miró a Meg, quien sonreía de lado con los ojos pegados en Dean —. Supongo que si ustedes quieren.

—Por favor, Winchester. —Comentó Meg, rompiendo el momento incomodo —. Siéntete como en tu casa.

Dean hizo una mueca, que pretendía ser una pequeña sonrisa, pero salió algo extraña, en cambio Benny, sentándose al lado de Meg, le agradeció cortésmente, haciendo que la muchacha pestañara sorprendida y luego se embarcara en una conversación con el chico que no incluía a ninguno de los otros miembros de la mesa.

Además de él, nadie parecía sorprendido por el comportamiento. Crowley, una de las razones principales por las que habían decidido ir a sentare con el grupo de Castiel, comía en silencio mientras resolvía un crucigrama, completamente enajenado de lo que le rodeaba. Castiel tenía la mirada perdida con el ceño fruncido, concentrado en cualquier cosa para que el sonrojo provocado por las palabras de Benny pasara rápidamente.

—Créelo o no, Winchester, Lafitte y yo nos conocemos desde el estomago de nuestras madres.

—Realmente no lo puedo creer.

Se sentó al lado de Castiel, acariciándole la espalda baja un par de segundos, llamando su atención, antes de acomodarse bien y comenzar a comer el almuerzo que había llevado. Una bolsa de género azul, idéntica a la que Cas tenía delante, con el mismo contenido; sobras del día de ayer.

—Hombre, odio las verduras —comentó casualmente al abrir su contenedor —, y si no es suficiente con ellas en su estado normalahora vienen y las hacen en pastel… ¿Qué vendrá después?

—Si fuera por ti, Dean —La voz de Cas era firme, evidentemente lo estaba regañando —, comerías lo que te queda de vida pie y cerveza. Lo que reduciría tú tiempo en la tierra a unos 30 años.

—Sería una buena muerte, no me quejaría.

Castiel negó con la cabeza mientras reía suavemente.

— ¿Qué están haciendo aquí, de todas formas? —Preguntó, distraido.

— ¿Te molesta? —Preguntó de vuelta Dean, haciendo que el omega simplemente rodara los ojos, haciéndole reír —. Espero que no te burles, Cas, pero estamos acá porque necesitamos el aura protectora de Crowley.

— ¿Ah, sí? —El aludido habló, sin siquiera levantar la vista de su juego, enarcando una ceja —. Diría que eso me sorprende mucho, querida ardilla, pero últimamente ya nada me sorprende. Podrías explicarnos un poco, ya sabes, Cassie y yo somos muy curiosos.

—El equipo de baseball nos está buscando, y no sé por qué. Realmente, no he hecho absolutamente nada, pero nos están siguiendo durante los recesos.

—¿Todo el equipo? ¿Y qué tiene que ver eso con Crowley?

—No, no todo —a pesar de sus palabras anteriores, habló con la boca llena de pastel de verduras —, Gabriel, Adam, Michael, Naome y Balthazar…

—Y cómo Dean es un hombre de enfrentamiento, se acercó a la kriptonita del equipo: Crowley. —Agregó Benny metiéndose a la conversación.

—No me digas. —Esta vez fue Meg quien habló —. ¿Winchester rechazando un enfrentamiento? Quien te vio y quien te ve ahora. Diría que extraño esos tiempos donde uno se encontraba contigo rodando en el piso con otro alpha por cualquier cosa, pero bueno… ¿Todos cambiamos, no es verdad? —Cuando terminó de hablar sonrió pícaramente y volvió a su conversación con Benny.

—Y yo sigo sin entender…—Susurró Crowley con el ceño fruncido, mirando concentradamente y casi con molestia a su crucigrama —. Aun que me siento alagado con la comparación, realmente. Nunca nadie me había dicho que me asemejo a una roca alienígena.

—Nadie querrá meterse en problemas cerca del hijo del rey del Infierno, ¿verdad?

Castiel le miró confundido, sin entender nada, por el otro lado de la mesa Benny y Meg seguían con su conversación —aparentemente muy hilarante — sin prestarles atención, y ahora, por primera vez en todo el tiempo que llevaban ahí, Crowley levantó la vista de la hoja de papel y miró directamente a Dean. Este pudo sentir como el aroma de Castiel cambiaba ligeramente ante la situación, haciendo que la esencia que él había dejado impregnada en Castiel la noche anterior fuera remplazada ligeramente por un olor agrio a omega estresado , y no pudo reprimir el instinto de calmarlo; poniendo una de sus manos sobre la rodilla de Cas, por debajo del mesón.

—Bueno, siempre pensé que entre el pequeño alce y Cassie se habían llevado toda la inteligencia del hogar, pero miren esto…realmente una idea muy buena de tu parte, Dean. Muy bien jugado. Pero eso me lleva a otra pregunta, ¿Cómo llegaste a ese tipo de plan?

Él simplemente se encogió de hombros, apretando la mano en la rodilla de Cas y sonriendo ligeramente cuando sintió los dedos de Castiel cerrarse suavemente sobre su muñeca, recibiendo su toque.

—Había reglas en el equipo, cosas que todos sabían y simplemente se hacían, y una de ellas era: No te metas con Crowley. Yo ya no estoy dentro, pero supongo que la regla todavía sigue.

—Bien, ardilla, realmente bien. Puedes quedarte por cuanto lo necesites.

Dicho eso Crowley le devolvió la atención a su crucigrama.

—No sé si querrás saber esto, pero…—comenzó Dean, dirigiéndose a Castiel, hablando en un tono bajo para que solamente el omega pudiera escucharlo —, hay un cadena de locales nocturnos de distintos tipos que pertenecen al mismo dueño, a quien se le conoce como el Rey del Infierno, y él es el papá de Crowley. Cualquier persona que conozca esos locales, conoce a la familia Crowley, y sabe perfectamente que no hay que entrometerse con ellos.

—¿Cuan seguido frecuentabas esos lugares, Dean?

—No lo suficiente como para saber esa información de primera mano. Te lo aseguro. Oye, Cas, ¿Cómo dormiste anoche?

Vio como el rostro de Castiel se sonrojaba ligeramente, para luego ubicar su mano sobre la de él completamente, dejando que sus dedos se escurrieran entre los suyos propios. Sintió algo cálido embargarle el pecho, e incapaz de no girar la mano para acunar correctamente la mano de Castiel. Jamás pensó que sería del tipo de personas que se agarraba de las manos por debajo de la mesa, menos en un lugar como la escuela, pero ahora le importaba una mierda todo, nada trascendía mientras Cas y él siguieran tocándose.

—Bien, cómo siempre. —Respondió él —. No sé porque sigues preguntando.

—Me preocupo, Cas.

—Estoy literalmente al lado tuyo, Alpha. —Castiel alzó la mirada y le miró sardónicamente.

—Lo sé, omega, lo sé. —Respondió con el mismo tono, sintiendo como el calor en su pecho se hacía más constante —. Simplemente quiero saber si estás bien.

Todo había dado un giro extraño, —muy, muy placentero, y Dean no lo cambiaría por absolutamente nada en el mundo —realmente un escenario que jamás se hubiera imaginado.

Después de que Castiel y él hablaron en el garaje, prácticamente empapándose en la esencia de omega para mantenerse calmado, se separaron para continuar con el día y no hacer que los demás miembros de la casa, que aparentemente ya habían llegado, no notaran su ausencia.

Para la sorpresa de Dean, Jimmy había invitado a toda la familia Singer a cenar a la casa. Eso incluía a Jo y a su pareja Ash. Cuando él salió del garaje, todavía sin hacerle absolutamente nada al auto, se encontró frente a frente con Jo, quien le abrazó apretadamente, haciendo que Dean sintiera el pequeño bulto que ella cargaba en el estomago. Sin proponérselo, hablaron horas acerca del bebe y embarazos, hasta que Ash se metió en la conversación y terminaron hablando de sus propios proyectos. Ash y Cas congeniaron de inmediato, a pesar de que Jo y él compartían la opinión de que no existían personas más diferentes, ambos se embarcaron en una conversación profunda acerca de los distintos tipos de universo alternativo que Marvel había creado.

Cuando terminaron de comer, Ash se fue a lavar la losa junto con su madre, dejando a Dean completamente desocupado. Pensó que era el mejor momento para tratar de hacer algo con el auto.

Estaba en su debate mental cuando sintió una mano en su hombro.

—¿Cómo estás hoy, hijo? Te veo un poco distraído.

Era Jimmy, su rostro carecía de su casi eterna sonrisa, y sus ojos le miraban preocupados, con el ceño arrugado en consternación.

—No es nada. Es el auto…tengo problema para avanzar.

— ¿Sí? ¿En qué?

—En todo —admitió, mirando el piso y sintiendo culpa —, ni siquiera he podido empezar.

—El auto te trae demasiados malos recuerdos, ¿eh? Bueno, era de esperarse. ¿Quieres que te eche una mano? Sé que Bobby también querrá meter sus narices en esto. Y no es por nada, pero siempre he estado muy tentado en tocar aquella belleza, pero jamás había tenido la oportunidad o el permiso…

El otro alpha dejó la pregunta en el aire, con ojos expectantes, y Dean asintió en silencio. No pensó que ayudaría, tenía casi una certeza absoluta en su interior de que a penas empezarían a revisar el impala él saldría volando de ahí, porque no podría resistir, pero ocurrió todo lo contrario. La presencia de Jimmy y Bobby realmente ayudaron mucho en su ánimo junto al auto, se encontró a sí mismo revisando el interior del impala, el motor, e incluso deslizándose debajo de ella. La noche ya estaba bastante avanzada cuando los 3 hombres concluyeron que, a pesar de que requeriría mucho tiempo de trabajo y detalles cuidadosos, el impala no sería tan difícil de arreglar.

—Puedes sacar algunas cosas del taller, si es necesario —le aseguró Jimmy mientras volvían a entrar a la casa —, para que el arreglo no golpeé tan duro a tu cheque de fin de mes.

Después de eso el tiempo se le fue volando. En el club de robótica las cosas iban muy bien, habían conseguido reparar al 100% alLuciferus,y ya lo habían probado varias veces en el campo de práctica, según Garth estaban en plena forma para el torneo, que a la fecha sería en dos semanas más. En casa las cosas estaban cada vez mejor, si bien todavía no se podía formar un hábito de estudio que le ayudara a mejorar todas sus notas, su media escolar ya no era tan espantosa como antes, ya que Cas se había preocupado de empezar a estudiar con él. El gimnasio municipal había aceptado su solicitud y había podido volver a hacer ejercicio. El tiempo que le quedaba lo dividida entre arreglar el impala, tardes que pasaba en el garaje junto a un repertorio de buena música y en la compañía Cas —quien se sentaba calladamente a leer — , jugar con Sam y sus nuevos amigos, que increíblemente, había hecho.

No podía simplemente decir que los meses anteriores no habían existido, que todo aquello que ocurrió con Cas jamás había pasado, porque no podía ser así de mentiroso o ciego. Había ocurrido, y era una herida que definitivamente había dejado una cicatriz, pero para el beneficio de todos era una yaga cerrada y la calma había vuelto a sus vidas. La calma y la esperanza.

Si bien al principio Castiel se había vuelto a sentar con la familia cuando veían películas en la noche, no era una cosa regular. Fue suficiente para que Dean sintiera que las cosas habían empezado a mejorar, y que era un gran avance, pero la diferencia se notaba. Antes era una cosa de todos los días y de a poco fue volviendo a la misma frecuencia de los años anteriores, Cas y él pegados en el sillón, durmiéndose el uno contra el otro sin espacios, sin vergüenzas, mientras la tele emitía una película que ya habían visto mil veces. Pero ahora las cosas se parecían más al principio, y si todavía no habían recuperado la costumbre de meterse al baño mientras el otro lo estaba ocupando para ahorrar tiempo, ahora tenía la libertad de robarle besos mientras estaban en el sillón frente al televisor esperando que el resto de la familia llegara.

Todo se desencadeno con la conversación que habían tenido ambos en el garaje, cuando Dean le contó todo lo que pasaba por su mente con respecto al auto y había llorado como un bebe, porque cuando Castiel se desenredó de su intrincado abrazo, le volvió a besar suavemente en la boca. No fue cómo su primer beso en el porche de la casa; este fue casto, simple y ligero, más una promesa que un beso en sí, pero fue todo lo que él necesitaba en ese momento, cuando todavía tenía la esencia de omega, hogar, pareja, míobombardeando su cabeza.

A lo largo de la semana cuando nadie estaba miran dolos se volvió una especie de competencia, cuanto podían durar besándose sin ser descubiertos, quien encontraba al otro más desprevenido, quien podía ser mejor. Una competencia sin ganador, y a ninguno de los dos le importaba ganar, o dejar de jugar. Podrían haber pasado muchas cosas, pero todavía seguían siendo adolecentes con los sentimientos a flor de piel y con las necesidades biológicas constantemente en el cerebro.

Dean supo que tendrían que conversar seriamente del asunto cuando —con la espalda pegada a la pared, las manos apegadas a sus lados y sujetadas por las de Castiel en un agarre firme, besándose con lengua y dientes al lado del refrigerador, en la cocina —, entre besos, mordió a Castiel y este gimió contra su boca, haciendo que todo se saliera un poco de control, y este le mordiera de vuelta.

Fue ligero, nada agresivo, nada que dejara marcas, pero era definitivamente algo más. Morder era algo especial, algo íntimo, algo deparejas, todo el mundo lo sabía. Dejar una marca y ser marcado era uno de los instintos más básicos del ser humano, sobre todo entre almas gemelas. Por eso la mordida de emparejamiento era la marca única y casi permanente que dejaba un dominante en su pareja, y la mordida de recepción era la marca que dejaba el sumiso en el otro, quien lo usaba con orgullo por estar emparejado.

Cuando Dean se masturbaba en la ducha, porque hacerlo en su habitación era un caos ya que había demasiado semen por todas partes y en todos lados que no dejaba de salir por, a veces, una hora, dentro de sus fantasías siempre incluida morder a Castiel mientras el otro recibía, o últimamente mientras él mismo recibía más que complacido. (Era algo que Dean ni siquiera se dignaba a pensar porque si no se moría de vergüenza y no podía hacer las cosas con normalidad ya que no podía hacer que el sonrojo se le fuera del rostro, ya que cuando había usado por primera vez el lubricante para alpha sólo tenía un dedo metido dentro de él cuando rosó se próstata y se corrió en las sabanas, gimiendo tan agudo que pensó que era otra persona y no él).

En esa ocasión no ocurrió nada, escucharon como alguien venía bajando por la escalera y él se perdió por la puerta del garaje mientras Castiel abría rápidamente la puerta del refrigerador para comenzar a preparar la cena, que era lo que le había llevado a la cocina en primer lugar.

No hablaron del asunto hasta aquella noche.

No podría conciliar el sueño, sabía que tenía que dormirse pronto porque a la mañana siguiente le tocaba trabajar, y si no estaba ahí a la hora sería una vergüenza, y Bobby tendría que reprimirle cómo si fuera un niño pequeño por no aprender el significado de responsabilidad y llegar a la hora. Y con todo eso presente, todavía no había podido pegar ojo. Había leído, escuchado música relajante, dejar la mente en blanco, pero nada funcionaba. Tirado bajo las mantas de su cama, con sólo los pantalones de pijama puesto, se rascó el ombligo y la zona media hasta que, aproximadamente las 3 de la mañana, le dieron ganas de ir al baño.

Se levantó con pereza, sintiendo como el frio ambiental le golpeaba el pecho, pero no fue suficiente para que se pusiera algo encima. Fue al baño, orinó, y cuando iba saliendo alguien más había estado tratando de abrir la puerta del baño, chocando de lleno con él en la salida.

Por instinto estiró las manos, y agarró a la persona por los antebrazos antes de que cayera al suelo. Primero le olió, y después sus ojos vieron que la persona que había evitado que se cayera era Castiel.

—Pensé que no había nadie en el baño y que la puerta se había trancado.

— Perdón por empujarte.

Lo había dicho sin ningún otro tipo de intención, pero a penas las palabras salieron de su boca los ojos de Castiel se pegaron a los suyos, y el momento quedó paralizado entre ellos. Fue como una frase que abrió las puertas de otra dimensión, haciendo que el tiempo se detuviera. Ni siquiera estaba pensando en el asunto, pero a penas lo dijo, su mente viajó inmediatamente al día en que empujó a Cas en la escuela, y por la mirada que le estaba dando el otro muchacho, él también lo había recordado.

Sin proponérselo, habían abierto nuevamente una herida que ambos pensaban curada.

—Siento haberte empujado, Cas. —Repitió, y la voz le salió temblorosa, sintiendo como la garganta comenzaba a contraérsele y sus ojos se humedecían un poco —. Realmente lo siento.

Castiel simplemente asintió en silencio, mordiéndose los labios para no decir nada, sintiendo el picor familiar de las lagrimas comenzando a nacer en la orilla de sus ojos, no quería llorar, no quería recordar el pasado, pero era inevitable, y Dean lo sabía, porque podía ver como el omega delante suyo comenzaba a temblar lentamente, y cerraba los ojos, en un intento vano para tratar de cerrar su mente ante los recuerdos.

—Nunca quise empujarte, Cas, lo siento tanto, tanto, no te imaginas cuanto. —Su voz salía baja, apenas un suspiro entre sus labios.

El alpha abrió sus brazos mientras Castiel, temblando y con el rostro bañado en lagrimas, se acercaba a él para que este lo abrazara, enterrando el rostro en su pecho entre hipidos y sollozos. Las manos de Dean le acariciaban lentamente la espalda, una de ellas se hizo camino hasta la nuca del omega, y enterró, cuidadosamente pero con fuerza, las uñas en la parte trasera de su cuello, simulando la presión de una mordida de emparejamiento sin usar la boca. Castiel se relajo notoriamente entre sus brazos, pero no dejo de llorar, el dolor de lo que no decía —y de lo que podía oler emanando de sus poros como una cascada— hacía la situación aún peor.

—Yo…—ni siquiera se había dado cuenta que él también estaba llorando hasta que las lagrimas desembocaron en la comisura de sus labios —. Yo solamente quería que te dejaran en paz. Dios, Cas, no sabía qué hacer, no sabía cómo hacer para que Gordon no te tocara, porque la sola idea de alguien tocándote…joder…—Apretó al otro contra sí más fuertemente, enterrando su cabeza en el cabello de Castiel —. Todo lo que dije, es mentira, Cas, una completa y total mierda. No hay nada de malo con ser omega hombre, nunca ha sido un problema y lo sabes. Siempre te he amado, Cas, siempre, antes de todo esto, eres mi mejor amigo, mierda Cas,eres como mi hermano, te conozco desde siempre, somos familia. Jamás me he avergonzado de ti, de hecho, siempre te he envidiado, porque eres tan guapo, inteligente, todo te sale bien, incluso Sam te quiere más que a mí. Eres perfecto, Cas, perfecto. No sé cómo alguien como tu puede estar destinado a alguien como yo. Hueles tan, tan bien, incluso cuando usas ropa para esconder tu esencia…

—¿L-lo dic-c-ces en seri-o-o? —Preguntó Castiel tartamudeando, sin soltarle por un segundo.

—Por supuesto que sí. Todo este tiempo…todas las veces que eso pasó, jamás…jamás debiste haberme perdonado. Jamás debiste haber escuchado ni una sola de las mierdas que decía para tratar de excusarme. No hay excusas para lo que hice…debiste haberme mandado a tomar por culo hace mucho tiempo, Cas, porque sino jamás me hubiera dado cuenta de lo mierda cuando no estás ahí. Debiste haberle dicho a tu papá lo que ocurría desde la primera vez que paso…Dios, Cas, si Jimmy me hubiera partido la cara lo tendría más que merecido. Creo que no hubiera importado si no hubiéramos tenido marca, Cas, hubiera terminado tras de ti de igual forma.

—Ah…te perdono, Dean. Lo hice hace mucho tiempo atrás, pero…ya todo es pasado, Dean, no hay de que más preocuparse. —Susurró suavemente Castiel, apoyando la barbilla en su pecho, mirándole hacia arriba tímidamente.

Dean le abrazó más fuerte simplemente porque podía hacerlo, aplicando más presión en la mano que estaba en la nuca de Cas, respirando su esencia. Jamás pensó que llegaría ese punto, donde obtendría el perdón, donde él mismo sentía que se había ganado el perdón, satisfecho, con una de las manos de Castiel acariciando suavemente por sobre el tatuaje de su pecho. No le dejaría ir, desde ese momento se prometió que no le soltaría del abrazo nunca.

Pero estaba sin camisa con unos pantalones de algodón en medio del pasillo en la madrugada.

—¿Quieres dormir conmigo hoy? —Preguntó sin pensarlo demasiado, y cuando escuchó sus propias palabras sintió como se ponía colorado.

—Sí...me gustaría.

Desde ese día comenzaron a compartir habitación, a veces se quedaban en su pieza, otras veces en la de Castiel. Acostumbrarse a dormir juntos fue difícil, sobre todo porque ninguno de los dos tenía un cuerpo delicado con gestos finos, se pateaban, pegaban codazos, cabezazos y todo tipo de golpes en cualquier parte del cuerpo, a veces con tan mala puntería que variadas veces se retorcían del dolor de huevos que una patada nocturna producía. Al principio los olores, gases y esencias nocturnas le avergonzaban, pero a medida que se ponían más cómodos con la nueva intimidad se terminaban riendo de ellos mismos. Pero valía la pena despertar juntos, sonreírse en la mañana, estirar la mano y sentir la calidez del otro cuerpo junto al propio era algo impagable.

Lo mejor era el marcado de esencia.

La primera vez que lo hicieron tuvieron que parar abruptamente, porque Cas no quería empezar a chorrear y Dean temía una eyaculación precoz. La segunda fue incomoda, no encontraban la posición adecuada, los huesos del otro le molestaban, terminaron uno encima del otro riéndose de su torpeza y bajaron a ver una película junto al resto de la familia. Les llevo un tiempo agarrarle el ritmo.

Todavía no oficializaban las cosas, por eso ahora, sentados en la cafetería de la escuela tomándose las manos por debajo de la mesa, —aun que, según Castiel, era bastante inútil seguir omitiendo la situación ya que la mayoría de sus amigos se habían dado cuenta de que ya no eran simplemente "amigos" — nadie sospechaba lo que habían hecho la noche anterior antes de quedarse dormidos.

—Estoy bien, Dean. —Le aseguró Cas.

—Te mordí bastante fuerte, y no era la intención.

—Quizás, pero sirvió para el propósito común, ¿no es así? Te recomiendo que no te preocupes tanto.

Se habían estado besando afanadamente en el cuarto de Cas, y si bien el omega todavía no le dejaba mirar, Dean le había puesto el plug protector —y el otro le había puesto cuidadosamente el condón encima, ya que habían descubierto que era la única manera de no dejar un verdadero desastre en las sabanas sin la necesidad de ir al baño para poder tener un orgasmo— y se estaban frotando por encima de la ropa interior copiosamente, jadeando entre besos y mordidas en los labios. Cas tenía una de sus manos apretada fuertemente alrededor de los cabellos cortos de la nuca de Dean, simulando una mordida, su otra mano acariciando la parte delantera de su cuello donde estaban las glándulas de olor, estimulándolas con las yemas de sus dedos, mientras que una de sus piernas estaba alrededor de las caderas de Dean, apretándolo más contra sí mientras se restregaban las erecciones, una contra la otra frenéticamente.

Los calzoncillos de Cas tenían una mancha húmeda por delante, donde su propio pre-seminal (incipiente a comparación de lo que tendría el alpha si no tuviera el condón puesto) marcaba la tela, apegando la prenda más a su piel. Todo estaba demasiado acalorado y caliente, sudorosos y a pesar de que respiraban con dificultad, a causa de sus propios jadeos y gemidos, no dejaban de besarse.

Después de que a desarrollar ese lado de su relación Dean por fin comprendió porque todas las habitaciones del segundo piso de la casa tenían paredes aislante de sonidos.

—Estoy muycerca. —Gimió Dean roncamente, ondulando sus caderas para que su pene se apretara contra el bulto de Cas, quien empujaba las caderas hacia arriba para que no hubiera ningún espacio entre ellos, sintiendo como su nudo se ensanchaba aún más.

Castiel asintió en silencio y, para la sorpresa de Dean, le soltó completamente.

—Sostente en tus codos. —Dijo sin aliento. Dean simplemente asintió e hizo caso, tratando de ignorar lo duro que estaba y lo desesperado que necesitaba correrse ya, apretado contra y encima de Cas.

Antes de que pudiera decir algo, vio como el omega comenzaba a darse vuelta debajo suyo, y luego tuvo el culo de Cas pegado a su entrepierna, sintiendo como sus nalgas le apretaban la polla y le hacían empujar directamente contra la manija del plug protector, haciendo que se metiera aún más adentro de Cas, chocando con su próstata.

Ambos gimieron al unisonó.

Ninguno de los dos se dio cuenta como terminaron así, pero ya no importaba: Castiel con el trasero levantado y con el resto del cuerpo pegado a la cama, alzando las caderas para poder sentir más al otro, y con Dean encima de él, con una de sus manos en sus caderas, para atraerlo hacia sí con más fuerza, y la otra en su hombro para darse balance.

Dean gemía suavemente contra la piel de la espalda de Castiel, sus caderas moviéndose duramente, apuntando directamente al plug, en busca de más presión sobre su bulbo 8y hacer que el otro le sintiera profundamente, en donde todavía no podía entrar.

A veces le diría guarradas al oído hasta que ambos se corrían, le susurraba cerdadas que jamás hubiera imaginado, haciendo a Castiel gemir y ladear el cuello en sumisión.

Dean se había impulsado para cubrir completamente la espalda del otro con su pecho, y se acercó a su oreja para empezar su divagación de charla sucia cuando el aroma que emanaba del cuello de Castiel se hizo imposible de ignorar. Hundió la cabeza en el espacio entre su hombro y la nuca y, después de inhalar tan fuerte que sintió como su pene daba una palpitación escandalosa, mordió fuertemente sobre el hombro de Cas.

Míomíomíomíomíomío, pensaba mientras sus caderas se movían en espasmos contra el culo de Cas, gimiendo largo y extendido con los dientes todavía enterrados en la tierna piel del hombro de su pareja, corriéndose dentro del condón. Pudo oler perfectamente que Castiel se había corrido también, el olor a semen de omega, el olor a semen de suomega, era algo que jamás pasaría desapercibido, y su instinto de alpha nunca le dejaría estar tranquilo si no lo sentía, y con el aroma de Cas y omega satisfecho, Dean se corrió por segunda vez, sintiendo como su bulbo se expandía contra el latex del condón, queriendo anudar en vano.

El orgasmo fue tan intenso que Cas se quedó tal cual estaba, culo en el aire y cara enterrada en la almohada, por varios minutos, y Dean tuvo que correrse dos veces más para que su bulbo dejara de molestarle y el semen comenzara a caer en saludables y gotas pequeñas contra el condón.

Después de eso se limpiaron perezosamente y se durmieron rápidamente. A la mañana siguiente todos sus instintos alphas habían sonado cuando vio la marca roja, hinchada y ensangrentada en el hombro de Cas, que definitivamente él había dejado ahí. No se sintió tranquilo hasta que se el otro le dejo curarle la herida con lamidas y luego le pusiera un parche.

Y ahora, Dean todavía se seguía sintiendo responsable.

—¿Seguro que no te duele?

—Dean, soy un joven hombre de 18 años, una mordida fuera de la zona no me va a matar, de hecho…podríamos repetirlo.

—¡Ha! —Se burló Dean, mirando cuidadosamente a su alrededor para ver si nadie estaba escuchando la conversación privada que estaban manteniendo, y aparentemente, todos seguían metidos dentro de sus propios mundos, ajenos a ellos —. Desearías.

—La verdad es que sí, deseo.

—¡Por favor, Cas! No puedes decir cosas así en público. —Dean se contuvo de gritar, sintiendo como se ponía rojo.

—¿Por qué? ¿Y todo lo que tú dices? —Le espetó con el rostro impávido.

—Eso es distinto.

—No veo la diferencia. —Respondió Cas con la cara seria.

Dean le miró con la boca abierta, a punto de quejarse otra vez, cuando vio el brillo de malicia en los ojos del otro y, segundos después, Cas se estaba riendo en su cara. Trató de no hacerlo, pero al final el también se terminó riendo.

Sí…eso era lo que Dean quería. Lo que siempre había querido.

Después de la primera noche que durmieron en la misma cama Castiel le dijo, que si bien le había perdonado, Dean tenía que repactarle el tiempo perdido, y hacer merito porque, textualmente como dijo él, habían arreglado todos sus problemas pero no era una pase libre para abrirle las piernas, anudarle y ya. No.

Él ni siquiera lo había pensado, pero después de que lo dijo era verdad. Ninguno de los dos era chico fácil —bueno, Dean lo había sido en el pasado, pero ya no lo era— así que trataba de llevarse la relación con calma, saliendo a citas con Castiel, acostumbrándose lentamente el uno al otro y, hasta ahora, dejar todo por encima de la ropa, aun que fuera un por encima de la ropa bastante activo y lujurioso.

La verdad es que todavía tenían que arreglar muchas cosas. Su familia había sido muy comprensiva y les había dado la libertad que necesitaban, sin hacer preguntas ni molestándolos, pero tendrían que enderezar las cosas y ver que harían definitivamente en el futuro, y aclarar el asunto con sus padres, y sobre todo, él como alpha, tendría que hablar con el alpha actual de Cas, que era Jimmy, y hacer las cosas como correspondía, a pesar de que el mismo alpha le había dado su bendición. También tendrían que explicarle las cosas a Samy, porque él se reusaba a tratarlo como un niño pequeño y esconderle las cosas, o dejarle con dudas, ese no era su deber como hermano, y Castiel le había encontrado toda la razón, pero primero tenían que resolverse ellos mismos.

Lo único que habían hablado era que no tendrían sexo penetrativo hasta que Cas fuera medico, porque como eran almas gemelas los condones —con su 98% de eficacia— ese 2% de margen era más que suficiente para que el omega terminara preñado, y debido a su edad, con más de un cachorro dentro suyo.

La idea le fascinaba, de solo pensar en Castiel teniendo a sus cachorros le hacía ponerse duro como piedra y le impulsaba a tomar al otro y olerlo hasta que se quedara sin nariz, con sólo la idea de imaginarse a Cas con el estomago hacia afuera cargando a su familia. Pero tenían 18, joder, con muchas ganas de hacer muchas cosas que no podrían hacer si llegaban pequeños. Castiel quería ir a la universidad, y Dean quería ser capaz de poder sustentarse por sí mismo antes de empezar a tener su propia familia.

Simplemente no podía pasar, de ninguna manera. Por mucho que le gustara a él, y a su instinto, la idea.

Pero Castiel sólo había dicho que sí, que tenía que hablar con el médico, pero después de que hicieran lazo y se emparejaran.

Y de eso ni siquiera habían hablado.

No era que Dean no quisiera hablar del tema, pero sentía que estaban en un equilibrio tan agradable, avanzando a paso tan firme y calmado, que hablar del acto principal se sentía como apresurar las cosas. Tenía la sensación de que, tal cual como se habían dado todas las cosas entre ellos dos, el momento llegaría naturalmente y se daría solo. Pero ese pensamiento siempre se veía truncado cuando pensaba en lo que haría cuando Castiel entrara en celo.

¿Qué haría él?

Tendría que irse de la casa, porque compartiendo el mismo techo con Cas en celo sería imposible de detener. Y lo sabía, ya que con suerte podía controlarse y no tocarlo en público —no tocarlo sexualmente, sino de tenerlo siempre cerca, de sentirlo siempre —cuando usaba su ropa neutralizadora de esencia…no podía imaginar cómo sería su aroma cuando estuviera en celo, cuando todo su cuerpo gritaría por Dean.

Si no estaban emparejados para ese entonces…si Castiel no estaba en anticonceptivos para cuando eso ocurriera…ni siquiera quería pensarlo.

No te pongas a complicar las cosas ahora, Winchester, disfruta, hombre, disfruta de una vez, se reprimió a sí mismo cuando se dio cuenta de que estaba nuevamente estresándose por cosas que tenía —y debíamanejar después, en su casa, con su pareja, no en la cafetería de la escuela.

Cuando volvió a la realidad se percato de que Castiel había entablado conversación con Meg y Benny, el otro alpha le había dicho que tenían una amistad de infancia, pero jamás pensó que fuera real, pero ahora lo veía. Ya no se sorprendía de nada.

Terminaría la jornada escolar, volvería a planear una estrategia para un arma secreta en el robot, para que estuviera completamente equipado para la competencia, luego saldría al gimnasio y a la vuelta sacaría a Cas a pasear al museo de la ciudad, incluso también pensaba que podían cenar algo afuera, no es que fuera millonario, pero el trabajo le hacía andar un poco más holgado con la económica personal.

Citas con Castiel, ¿Quién lo pensaría?

Volvió a comer su pastel de verduras, tragando a duras penas a sabiendas de que su madre había preparado eso con dedicación la noche anterior, y mientras lo hacía deslizó una mano por el muslo de Cas, dejándola descansar ahí. Nadie se dio cuenta, pero él pudo ver perfectamente como la boca de Castiel se curvaba ligeramente ante el gesto, y sus ojos brillaban cálidamente ante el tacto.

Realmente no podía pedir más.

—¡Hey! ¡Allá está Winchester!

Ni siquiera sabía cómo había empezado, pero cuando llego en la mañana —y después de dejar a Cas en su casillero en la compañía de Jess— se encontró que Gabriel, Michael, Balthazar, Adam y Naome estaban afuera de su casillero, evidentemente esperándolo. Sin pensarlo se dio media vuelta y se fue de ahí, con todos los libros y cuadernos en la mochila, pero ni siquiera se atrevió a acercarse. Buscó inmediatamente a Benny le contó lo sucedido, quien se rió de él y le tildó de paranoico.

Al final del primer periodo, cuando el mismo Benny se encontró a la salida del salón de clases con los susodichos, tuvo que admitir que realmente pasaba algo.

Al tercer periodo le suplicó, para la sorpresa del profesor Sheppard, quedarse dentro del salón con los niños del taller de química, ya que afuera sus ex compañeros de equipo, aparentemente, querían darle un mensaje poco agradable. El profesor Sheppard, un hombre amable pero de aspecto dudoso cuando uno no lo conocía, le miró extrañado, pero le dejo quedarse encerrado con los niños de química durante el receso.

Después se le ocurrió refugiarse con Crowley, aun que era matar dos pájaros con un solo tiro ya que así también tenía la excusa perfecta para estar junto a Cas y no llamar atención indeseada. Se había relajado tanto en la presencia del otro que olvido completamente la primera razón por la que estaba ahí, hasta que escuchó el grito.

—¿Dónde te habías escondido, Deano? —Dijo Gabriel, acercándose a la mesa donde estaban todos sentados y sin amedrentarse por la presencia de Crowley, para la sorpresa de los ocupantes de la mesa —. Los muchachos y yo te hemos estado buscando.

¿A caso nada puede durar un poco?, preguntó Dean a la nada, viendo como el grupo que estaba evadiendo desde la mañana le rodeaba en la mesa de la cafetería.