Parte 2: Hogwarts
Año 1
Capítulo 1: Noticias inquietantes
"Hubo un tiempo en que las grandes batallas se pelearon usando la palabra. Eran palabras como flechas y dardos envenenados que causaban desolación, muerte y llanto. Un día en que los pueblos estaban casi exterminados, se reunieron y decidieron pedir ayuda y consejo al viejo maestro de la montaña…"
El tiempo… el tiempo es el gran enemigo de muchos de los seres mortales que viven. Odian no poder luchar contra él, pues ¿cómo luchar contra aquello que viene y se va? El segundo que pasa y ya ha quedado en el pasado no es lo mismo que el segundo siguiente, o por mucho que acortemos ese intervalo de tiempo; un nanosegundo es distinto del siguiente nanosegundo.
El tiempo pasa y no lo podemos medir. Da igual el método que utilicemos, no sabremos nada del tiempo además de que viene y se va. No equivocarse con los relojes. Un reloj no mide el tiempo, se miden a sí mismos teniendo como referencia a otro reloj. ¿Por qué entonces un segundo dura más en unos relojes que en otros?
El tiempo… gran enemigo al que muchos odian, pues poco a poco todos nos acercamos a nuestro fin. Pero… ¿y si hubiera alguna manera de perdurar con el tiempo? ¿Y si hubiera alguna manera de ver el antes y el después? ¿Acaso existe alguna pócima maravillosa con la que poder atrasar indefinidamente la llegada de ese fin?
…
Estaba todo ya oscuro, pues acababa de anochecer hacía poco. Alguien caminaba por las calles entre esa oscuridad, aunque sin necesidad de la más mínima iluminación. Aún así las calles estaban iluminadas, aunque pobremente, por algunas farolas.
Cualquiera que en ese momento caminara por aquella calle diría que esa pequeña figura no era más que un gato. A muchos les sorprendería descubrir que aquel no era un gato normal, sino que era un animago. Una bruja concretamente.
La mujer-gato siguió avanzando lo más rápido pero sigilosamente posible hasta que llegó a una casa que estaba un poco a las afueras. Aprovechando que no había nadie se volvió a convertir en una mujer normal y se acercó a la puerta, donde llamó al timbre.
Un hombre de sobre unos treinta años abrió un poco la puerta para ver quién era, y cuando comprobó la identidad de la visitante la abrió del todo.
- ¡Minerva! ¿Qué tal estás?
- Muy bien Remus. ¿Estás listo?
- Claro. Vámonos.
Remus fue a dentro un momento a coger y algo y luego salió de la casa. Ambos se dirigieron hacia otra casa que estaba sólo a un par de calles. Remus llamó al timbre y poco después un hombre les abrió la puerta.
- Hola Jonathan. Ella es la profesora McGonagall y ella vino a hablaros de un tema. Yo sólo vine para acompañarla.
- Entiendo… Por favor, pasad al salón. Allí hablaremos más cómodos. Mi mujer se nos unirá enseguida.
Jonathan los acompañó al salón y se sentaron allí. Poco después apareció Jean seguida de un par de niños de unos 10 u 11 años. Una niña de pelo castaño y ojos miel y un niño pelinegro de ojos verdes esmeralda. Ambos venían manchados de chocolate y con una gran sonrisa en el rostro.
Al verlo, McGonagall no pudo evitar sonreír también. Había sido bueno para el niño estar allí, y aquella sonrisa lo demostraba.
- Bueno chicos –dijo Jean, aunque mientras hablaba hacía unos gestos que extrañaron a McGonagall-, mientras hablamos que ellos quiero que os vayáis a lavar las manos y la cara y os pongáis el pijama. ¿Vale?
- Vale –respondió Hermione mientras que Harry sólo asentía.
Al irse Jean se sentó al lado de su marido.
- Bueno. Ahora que estamos todos díganme, ¿a qué debemos esta visita? –preguntó Jonathan.
- Verán, soy la profesora McGonagall y tengo algo que decirles. Pero me gustaría que también estén los niños presentes ya que son ellos los implicados.
Jean y Jonathan se miraron, y después Jean se levantó para ir a por los niños. Un rato más tarde apareció de nuevo con ellos, aunque ellos ya estaban limpios y con los pijamas puestos. Se sentaron todos en el sofá.
- Señor y señora Granger. Permitidme antes de comenzar una pregunta. ¿Ha ocurrido algo extraño alguna vez alrededor de alguno de los niños?
Jean y Jonathan se volvieron a mirar, aparentando estar extrañados por la pregunta, y luego volvieron a mirar a la profesora Mcgonagall.
- Hace unos años, cuando Hermione volvió muy enfadada del colegio por culpa de un niño que la llamó sabelotodo. Cuando intentó explicárnoslo de repente explotó un vaso.
- Eso –McGonagall explicó-, es un caso de magia accidental.
- ¿Magia? –Jonathan la miró aparentando incredulidad.
- Esto puede ser algo difícil de aceptar. Ambos niños tienen magia. Ella es una bruja como yo, mientras que el chico es un mago.
- Debes de estar bromeando –dijo Jean fingiendo-. Esas cosas no existen.
- ¿Puedo mostraros algo de magia? –preguntó McGonagall.
- ¿Es peligroso?
- Lo que yo voy a hacer es inofensivo.
Y con un movimiento de varita convirtió un florero en un conejo. Jean, Jonathan, Hermione y Harry quedaron impresionados, porque aunque ya estaban más acostumbrados a la magia; ni Sirius ni Remus habían hecho nunca algo así.
Jean cogió el conejo para comprobar que era de verdad. Luego cuando lo dejó en la mesa McGonagall lo volvió a transformar en un florero de nuevo.
- ¿Puedo hacer yo eso? –preguntó Hermione ilusionada tremendamente con tener todas las mascotas que quisiera.
McGonagall se rio.
- No, pasarán muchos años antes de que seas capaz de hacer algo como eso. Lo que hice es una transformación. Es la asignatura que yo enseño en Hogwarts.
- ¿Hogwarts? –preguntó Jonathan.
- Sí. Hogwarts, colegio de magia y hechicería. El nombre de Hermione ha estado en la lista desde que nació, al igual que el de Harry.
- Esto es algo que tenemos que asimilar… -dijo Jonathan, y después de una pequeña pausa añadió-. ¿Y por qué esperaron hasta ahora para decírnoslo?
- Tiene que entender, señor Granger. Hay muchas leyes para proteger nuestro mundo mágico. La historia nos ha mostrado que cuando el mundo mágico está expuesto, la gente no mágica, a la que nosotros llamamos muggles, tiende a actuar irracionalmente y solemos tener que luchar por nuestras vidas. ¿Estás al corriente de la Inquisición y la quema de brujas?
- Sí, veo a dónde quiere llegar –respondió Jonathan.
Entonces Harry empezó a hacer unos gestos con las manos que desconcertaron a McGonagall. Remus ya estaba acostumbrado, pero simuló que también se extrañaba.
- Harry pregunta que cómo sabían que él estaba aquí –dijo Hermione cuando Harry acabó.
- ¿Por qué no lo pregunta él mismo en vez de hacer esos gestos tan raros? –pregunta McGonagall.
- Profesora McGonagall –dice Jean-. Harry no puede hablar. Es mudo.
McGonagall se quedó en shock ante aquella noticia.
- Ahora entiendo –dice Remus después de un momento-. Ese es el lenguaje de señas para los sordomudos.
- Sí. Se lo hemos enseñado… Pero por favor, responda a la pregunta de Harry.
McGonagall salió de su shock, pero aún estaba demasiado sorprendida por el asunto; aún así volvió a hablar.
- El caso de Harry es especial… Dime Harry. ¿Qué te contaron tus tíos sobre tus padres y la magia?
Harry miró un momento a Hermione y empezó a hacer las señas para que ella lo tradujera.
- Nada. No sabía que existía la magia. Sólo escuché una vez que mis padres murieron en un accidente de coche, pero nunca me dijeron nada.
McGonagall por dentro estaba lívida de furia. ¡Qué Harry Potter desconociera su propia historia! Ahora mismo no era capaz de decir ninguna palabra, sino iría a junto de los Dursdley a maldecirlos durante horas. Remus, notando esto, empezó a relatarles la historia de Voldemort. Después se dispuso a contarle lo que Dumbledore le había mandado decir como excusa…
- Se te dejó en casa de tus tíos para que vivieras tranquilamente hasta que te tocara ir a Hogwarts siendo ellos los únicos parientes que te quedaban. No nos dimos cuenta de que ya no vivías allí hasta hace poco, que se empezó a enviar las cartas. Te buscaron y quiso la casualidad de que yo te había visto ya que soy vuestro vecino. Se lo dije al director de Hogwarts, que es un viejo amigo mío, y acompañé a la profesora McGonagall a explicaros todo.
- ¿Tú eres también un mago? –preguntó Hermione.
- Sí. Sólo que me siento cómodo viviendo en este pueblo de muggles.
McGonagall logró calmarse mientras Remus hablaba, y ahora dijo.
- Estas son vuestras cartas –dijo mientras con la varita las hacía aparecer-. Mañana Remus os acompañará al callejón Diagon a comprar todo el material escolar.
Dicho esto se despidieron y Remus y la profesora McGonagall se fueron, dejando al resto solos.
- Bien hecho niños –dijo Jean-. Nos ha salido todo bien. Ahora sí que no tenéis excusa: A la cama.
Harry y Hermione fueron a la habitación de Hermione. Cada uno tenía su propia habitación, pero ambos preferían dormir en la misma, por lo que los padres de ella pusieron en la de Hermione un par de camas gemelas. Al principio Harry no quería porque era demasiado tímido y no quería incomodar, pero la insistencia de Hermione ganó y acabó aceptando. La verdad es que a él también le gustaba tener compañía, y se sentía a gusto con ella.
Y ellos estaban a gusto allí, pues así se despertaban más o menos juntos, o se quedaban leyendo o comentando alguna cosa hasta tarde.
Antes de dormir cada uno leyó su carta, que constaba de dos hojas:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos).
Querido señor Potter:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente, Minerva McGonagall.
Directora adjunta
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
UNIFORME
Los alumnos de primer año necesitarán:
— Tres túnicas sencillas de trabajo (negras).
— Un sombrero puntiagudo (negro) para uso diario.
— Un par de guantes protectores (piel de dragón o semejante).
— Una capa de invierno (negra, con broches plateados).
(Todas las prendas de los alumnos deben llevar etiquetas con su nombre.)
LIBROS
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
— El libro reglamentario de hechizos (clase 1), Miranda Goshawk.
— Una historia de la magia, Bathilda Bagshot.
— Teoría mágica, Adalbert Waffling.
— Guía de transformación para principiantes, Emeric Switch.
— Mil hierbas mágicas y hongos, Phyllida Spore.
— Filtros y pociones mágicas, Arsenius Jigger.
— Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Newt Scamander.
— Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentin Trimble.
RESTO DEL EQUIPO
1 varita.
1 caldero (peltre, medida 2).
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también pueden traer una lechuza, un gato o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
Aquel día no tardaron demasiado en dormirse, sin saber que lejos de allí unos cuantos no iban a poder dormir nada esa noche.
…
- ¿Cómo ha ido, Minerva? –preguntó Dumbledore.
- No te lo vas a creer, Albus. Ni yo me lo creo aún…
- ¿Qué pasó? –preguntó algo preocupado por la expresión de McGonagall. No era propio de ella actuar así.
- Verás Albus –comenzó Remus-. Nos hemos enterado de que Harry… es mudo.
- ¿Mudo? –Dumbledore, el hombre que nunca se sorprende, tenía tal expresión en el rostro que si tuvieran en aquella habitación un aparato que midiera el grado de asombro entre 1 a 10 saldría 37.
- Sí. Cuando le preguntamos nos habló con un lenguaje de señas que utilizan los muggles que son mudos para comunicarse.
- No me lo puedo creer…
- ¿Los Dursdley nunca lo mencionaron? –preguntó Remus.
- No –murmuró Dumbledore-. Cuando fui allí me centré en el asunto de cuándo y cómo había escapado Harry y no me preocupé por cómo era su vida allí. Por cierto Remus. ¿Tú no lo sabías?
- No. ¿Por qué iba a saberlo?
- Porque vives cerca de él.
- Pero él casi nunca sale de la casa, y si lo hace es con Hermione, la otra niña. Con quien me solía encontrar era con alguno de los padres. Nunca me acerqué a Harry lo suficiente como para enterarme.
- Está bien –dijo Dumbledore-. Id a descansar. Tengo que pensar sobre esto.
Y una vez que se fueron, Dumbledore se pasó la noche en la biblioteca buscando en los libros casos de antiguos magos mudos, pero lo único que encontró fue un antiguo texto que debía de tener varios cientos de años…
"Algo en lo que me he fijado de los muggles es la cantidad de casos en los que quedan mudos, o nacen mudos. Pocos magos han tenido ese problema, normalmente los más comunes son en hijos de muggles, pero los especialistas han sido capaces de curarlos rápidamente. Los únicos que han perdurado así han sido aquellos que fueron consecuencia secundaria de alguna maldición oscura. Estos no pueden ser curados de la forma normal, ya que lo único que se podría curar es la maldición en sí. El único caso que se conoce de algo así fue en Japón, pero no recuerdo concretamente las circunstancias.
Sin embargo aunque cuando se encuentran a niños pequeños mudos se intenta curarlos; tengo la teoría de que éstos tendrían ventaja a la hora de utilizar la magia. Si se les enseña, después de mucho trabajo tendrían que ser capaces de controlar la magia con la mente, sin necesidad de decir palabras. Los mayores aprenden un poco de esa rama y practican algunos hechizos no-verbales, pero no es nada comparado con un niño pequeño. Probablemente se tardaría mucho tiempo en enseñarle al principio, pero después de eso su magia dependería completamente de su mente. Los que están acostumbrados a los hechizos verbales inconscientemente le dan el mismo poder a los no verbales, pero un niño mudo obligado a utilizar siempre la magia con la mente… Las posibilidades son grandiosas. Claro está esto es sólo una teoría y no hay nadie que quiera permanecer mudo teniendo la posibilidad de volver a hablar…"
"Interesante" pensó Dumbledore.
…
McGonagall, desde su cuarto, no podía dejar de recordar su visita a casa de los Granger. Había sido una tremenda sorpresa que Harry fuera mudo. Si Dumbledore hubiera estado más pendiente del muchacho se le habría llevado a San Mungo.
Tampoco podía olvidar la cara de felicidad que llevaba el pequeño cuando había salido de la cocina todo manchado de chocolate, y por eso no se arrepentía de que Harry se hubiese quedado con los Granger.
…
Al día siguiente Remus volvió a la casa de los Granger, aunque esta vez sólo. Y les contó a los demás que la estratagema había funcionado.
- Era la mejor forma de enterarse de que Harry era mudo sin destapar todo lo que le dije anteriormente.
- ¿Y ahora qué haremos? –preguntó Sirius, quien estaba desayunando con ellos como era la costumbre.
- Le sugeriré que yo le dé a Harry unas pequeñas clases en verano para intentar sacar su magia no-verbal.
- ¿Y si las quiere dar él mismo o prefiere que lo haga otro? –preguntó Jonathan.
- Pues Harry nos tendrá que demostrar lo buen actor que es –respondió haciendo sonrojar un poco a Harry, lo que provocó la risa de los demás. Siempre les hacía un poco de gracia lo tímido y humilde que era.
- ¿Cuándo vamos al Callejón Diagon? –preguntó Hermione ilusionada. Normal, ya que nunca habían podido ir para no llamar la atención. Sólo hizo alguna visita esporádica Jean o Jonathan para ir conociendo aquello por si alguna vez tenían que ir ellos solos.
- Cuando estéis listos. ¿Quiénes vamos a ir?
- A mi me gustaría –dijo Sirius-. Me muero de ganas de ver la cara de los dos al ver todo aquello.
- Sirius. Sabes que eso no es prudente.
- ¡Oh vamos Lunático! ¡No seas un aguafiestas! Iré como perro. ¿Quién me va a reconocer?
- Nadie… pero esa no es la cuestión. ¿Tú has visto alguna vez algún perro en el callejón?
- Para todo hay una primera vez. ¿A qué tú sí que quieres que vaya, Harry? Venga, díselo –le puso unos morritos que hicieron sonreír a Harry y él asintió-. ¿Lo ves, Lunático?
- Llamarías demasiado la atención. Dime, Harry. ¿Quieres llamar la atención y que todo el mundo nos mire? –le dijo Remus sabiendo que Harry odiaba llamar la atención.
Harry se quedó pálido y negó muy rápidamente.
- Si me van a mirar a mí, no a ti. Vamos Harry –intentó convencer de nuevo Sirius. Los demás simplemente disfrutaban de este espectáculo ya habitual. Harry simplemente acabó su tazón de leche, se puso detrás de Hermione y le susurró algo al oído en pársel.
- Dice que prefiere que seas un perrito bueno –dijo ella con una mueca divertida.
- ¿Dónde está tu espíritu merodeador, Harry? Te pareces demasiado a tu madre…
- Eso no es malo Sirius.
- ¿Cómo que no, Lunático? A este paso no le veo hacer ninguna broma a los Slytherins…
El suave carraspeo de Jean lo interrumpió y la mirada de advertencia que le estaba echando le hizo tragarse sus palabras.
- De acuerdo. Seré un perrito bueno… -dijo finalmente Sirius haciendo una mueca que no conmovió a nadie.
- Alguno de nosotros tiene que ir a trabajar hoy, por lo que será mejor que vayas tú, Jean.
- Está bien. Llevaré la tarjeta de crédito. Desde Gringotts se puede sacar dinero de una cuenta muggle y cambiarlo a dinero mágico, ¿no?
- No –respondió Sirius, que era el más habituado a tratar con los duendes aunque fuera por correo-. Puedes transferir el dinero desde tu cuenta a tu cámara del banco y desde allí sacarlo, o puedes cambiar el dinero que lleves contigo, pero no pueden sacarlo directamente. Tendrías que pasar primero por un carajo muggle… ¿Se decía así? –preguntó al ver al resto intentando aguantar la risa.
- Es cajero, no carajo… -respondió Jean aguantándose la risa-. Bueno, pues tendré que pasar por uno y sacar lo suficiente para los dos…
- No hace falta que gastéis dinero en Harry –respondió Remus-. Dumbledore me ha dado la llave de su cámara.
Harry lo miró intrigado por esa afirmación.
- Sí, tienes una cámara. Según me dijo Dumbledore no podrás reclamar tu herencia hasta que seas mayor de edad, es decir, hasta que tengas 17 años. Pero mientras puedes disponer del dinero que hay en esta cámara, que es lo suficiente para tus estudios en Hogwarts.
Harry se quedó sorprendido, y preguntó con el lenguaje de signos:
{¿Yo tengo dinero?}
- Sí.
{¿Por qué nadie me lo dijo antes?}
- Porque no era importante –respondió Sirius, y luego continuó a modo de burla-. ¿Ya querías haberlo usado?
{Si. Se lo hubiera dado a Jean y a Jonathan.}
Ante eso todos se quedaron sorprendidos, sobre todo los mencionados.
- Harry. A nosotros no nos hace falta dinero –dijo Jonathan después de un momento.
{Pero lleváis mucho tiempo cuidándome, alimentándome y habéis gastado mucho dinero en mí. No quiero ser una carga, y ese dinero os podría haber ayudado.}
Esas palabras enternecieron a todos. Jean se acercó a Harry, se agachó y le abrazó.
- Cariño, no eres una carga para nosotros. Te cuidamos porque te queremos, y no nos arrepentimos de todo lo que hemos gastado en ti.
Harry se sonrojó un poco, pero le correspondió un poco el abrazo, a pesar de su timidez. Las muestras de cariño era algo que aún le costaba mucho dar y recibir.
Después de un rato Remus, Jean, Hermione y Harry salieron de la casa. Esta vez iban a ir sin usar magia para conocer cómo llegar sin magia; además de que Remus no era capaz de aparecerlos a todos a la vez.
Pasaron por un cajero y Jean sacó algo de dinero. Fueron a la estación de metro y cogieron varios hasta llegar a Londres. Luego pasaron ante librerías, tiendas de música, cines y otros comercios hasta llegar a un pequeño bar.
- Aquí es –dijo Remus mientras se detenía y les señalaba hacia un local-, el Caldero Chorreante.
Era un bar pequeño y de aspecto mugriento. Si Remus no lo hubiera señalado ninguno de ellos se hubieran fijado en él. Antes de que pudiesen comentar cualquier cosa Remus los hizo entrar.
El lugar estaba muy oscuro y destartalado; pero aún así estaba medianamente lleno. Unas ancianas en un rincón tomaban jerez, otros leían el profeta en sus respectivas mesas… Todas las charlas se interrumpieron cuando ellos entraron, pero el cantinero, un viejo hombre calvo que parecía una nuez blanda, era el único que parecía conocer a Remus.
- ¿Lo de siempre, Remus?
- Hoy no, Tom. Tengo algo de prisa –respondió él apresurándose a cruzar el bar llevándose a los otros.
Tom se quedó mirando a Harry, ya que se le hacía conocido, pero antes de que pudiera reconocerle Hermione se puso en medio y Remus los condujo a un pequeño patio interior cerrado, donde no había más que un cubo de basura e hierbajos.
- Ahora atended. Para abrir la puerta tenéis que coger la varita y contar los ladrillos: Tres arriba… dos horizontales… y dad tres golpes aquí. Ahora un paso atrás.
Dio tres golpes en la pared con la punta de la varita.
El ladrillo se estremeció, y empezó a desaparecer. Los ladrillos a su alrededor empezaron a moverse creando un agujero en forma de bóveda, un pasaje que daba a una calle llena con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de vista.
- Bienvenidos al callejón Diagon –dijo Remus a los chicos.
Remus y Jean sonrieron ante el asombro de los chicos. Ella ya había visitado aquel lugar y ahora disfrutaba de la cara de sorpresa de los chicos.
Entraron en el pasaje y al mirar hacia atrás vieron la pared volver a cerrarse.
- Antes de nada vamos a Gringotts a sacar dinero para ti, Harry. Así sabrás cómo tienes que hacer –dijo Remus.
Harry deseó tener ocho ojos más. Movía la cabeza en todas las direcciones mientras iban calle arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que estaban fuera y la gente haciendo compras. Al mirar hacia Hermione vio en ella la misma reacción que estaba teniendo él, la de querer mirar todo al mismo tiempo.
Un suave ulular hizo a Harry girar la cabeza hacia una tienda oscura que tenía un rótulo que decía: «El emporio de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco». Hermione en cambio estaba mirando en ese momento a varios chicos de más o menos su edad pegando la nariz contra un escaparate lleno de escobas. «Mirad –oyó Hermione decir a uno-, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz».
Siguieron caminando y pasando a través de las tiendas hasta llegar a un edificio, blanco como la nieve, que se alzaba sobre las pequeñas tiendas. Delante de las puertas de bronce pulido, con un uniforme carmesí y dorado, había…
- Sí, eso es un duende –dijo Remus en voz baja a la pregunta silenciosa de los dos chicos mientras subían los escalones de piedra blanca.
Cuando entraron los saludó, y al pasar por las siguientes puertas dobles, esta vez de plata, los chicos se quedaron leyendo las palabras que había grabadas encima de ellas:
Entra, desconocido, pero ten cuidado
Con lo que le espera al pecado de la codicia,
Porque aquellos que cogen, pero no se lo han ganado,
Deberán pagar en cambio mucho más,
Así que si buscas por debajo de nuestro suelo
Un tesoro que nunca fue tuyo,
Ladrón, te hemos advertido, ten cuidado
De encontrar aquí algo más que un tesoro.
Justo en el momento en que dos duendes les hicieron pasar un grito los sobresaltó por atrás.
- ¡Eh, Remus! ¿Qué tal estás? ¿Qué haces por aquí?
Se giraron los cuatro para encontrarse a un hombre gigantesco, dos veces más alto que un hombre normal y cinco veces más ancho. Su rostro estaba prácticamente oculto por un alarga maraña de pelo y una barba desaliñada, pero podían verse sus ojos, que brillaban como escarabajos negros bajo aquella pelambrera.
- Hola Hagrid –respondió Remus-. Estoy acompañando a estos dos jovencitos en sus compras para su primer año en Hogwarts. Harry, Hermione, Jean –dijo hablándole a ellos-, él es Rubeus Hagrid, Guardián de las Llaves y Terrenos de Hogwarts.
- ¿Harry? –preguntó Hagrid mirando al pequeño, quién se echó un poco para atrás confundido ante la mirada alegre pero inquisitiva de ese gigante- La última que te vi eras sólo una criatura. Te pareces mucho a tu padre, pero tienes los ojos de tu madre.
Hermione le agarró la mano a Harry para darle apoyo. Notaba en parte la confusión de Harry y sabía lo tímido que era. De hecho por iniciativa propia nunca se relacionaba con nadie si no le era necesario.
Hagrid se quedó callado esperando una contestación por parte de Harry, pero el silencio fue lo único que recibió en su lugar, cosa que le extrañó en sobremanera. Remus, notando esa confusión, y antes de que se empezara a molestar, intervino.
- Eh… Hagrid. ¿Dumbledore te contó lo que le dije ayer?
- No… ¿Por qué?
- Porque ayer nos enteramos de que Harry es mudo.
Y como estaba empezando a ser habitual, Hagrid se quedó mudo de la impresión, y nunca mejor dicho.
Pasaron unos instantes hasta que Hagrid logró recuperarse en parte del shock, pero más bien reaccionando a las quejas de los duendes por estar en medio, así que todos entraron al enorme recibidor del banco.
- ¿Y qué haces aquí? –preguntó Remus en un intento de cambiar de tema y romper ese silencio que se había formado.
- Vengo a un recado de Dumbledore… -respondió aún impresionado por la noticia.
- Nosotros venimos a sacar algo de dinero de la cámara de Harry y a cambiar dinero muggle a dinero mágico. Lo malo es que cambiar dinero siempre les lleva un buen rato y vamos a tardar en terminar aquí.
- No hay problema –dijo Hagrid-. Como yo tengo que bajar a una de las cámaras de paso acompaño a Harry a su cámara y así ahorráis tiempo. ¿Qué os parece?
- Eh… -Remus no estaba seguro de si a Harry le agradaba la idea, pero dudaba de que le molestara si iba con Hermione-. De acuerdo. Llevas tú a Harry y a Hermione a ver las cámaras mientras que Jean y yo nos encargamos del papeleo. Si a ellos les parece bien.
- Claro –respondió Hermione al mismo tiempo que Harry asentía-, me apetece ver como son las cámaras por dentro.
- Pues eso, vámonos.
Remus le dio a Harry una pequeña llave dorada de su cámara y ambos grupos se dirigieron al mostrador a junto de duendes distintos que estaban desocupados.
- Buenos días –dijo Hagrid-. Hemos venido a sacar algún dinero de la cámara de seguridad de Harry Potter.
- ¿Y tiene el señor Harry Potter su llave?
Harry le dio la llave a Hagrid quien se la mostró al duende.
- Parece estar todo en orden.
- Y también tengo una carta de Dumbledore –dijo Hagrid dándose importancia-. Es sobre lo-que-usted-sabe en la cámara usted-ya-sabe-cuál.
El duende leyó la carta cuidadosamente.
- Muy bien –dijo devolviéndosela a Hagrid-. Voy a hacer que alguien les acompañe a las dos cámaras. ¡Griphook!
Apareció otro duende y los tres lo siguieron hacia una de las puertas de salida del vestíbulo. Hermione y Harry tenían bastante curiosidad por saber que era "lo-que-usted-sabe", pero no tenían la suficiente confianza con Hagrid como para preguntarle.
Llegaron a un estrecho pasillo de piedra en el que había unos raíles en el suelo. Griphook silbó y un carro llegó rápidamente por los raíles. Subieron todos y se pusieron en marcha.
Era como ir en una montaña rusa. El carro iba a toda velocidad a través de un laberinto de retorcidos pasillos, y parecía saber a dónde iba porque nadie lo dirigía.
Cuando el carro por fin se detuvo, Hagrid tuvo que apoyarse unos instantes en una pared por lo mareado que estaba.
- Esta es la cámara del señor Potter. Llave, por favor.
Harry le entregó la llave y el duende abrió la cerradura de la puerta. Una oleada de humo verde los envolvió. Cuando se aclaró Harry se quedó sorprendido por la imagen, había montículos de monedas de oro, montones de monedas de plata y montones de pequeños knuts de bronce.
Hermione también estaba sorprendida, pero reaccionó enseguida y ayudó a Harry a llenar una bolsa.
- Recuerda lo que dijo Remus de que las de bronce son knuts. Veintinueve knuts equivalen a un sickle de plata y diecisiete de estos equivalen a un galeón, que son las de oro.
Al salir volvieron al carro bajaron aún a más velocidad. Finalmente después de unos minutos angustiosos para Hagrid (ese color verde en la cara hacía ver que no se encontraba muy bien) llegaron a su destino.
- Cámara setecientos trece –dijo Griphook señalando a una puerta que no tenía cerradura-. Un paso atrás.
Tocó la puerta con uno de sus largos dedos y ésta desapareció. Harry y Hermione miraron con mucha curiosidad el interior, pero la primera impresión que tuvieron era que estaba vacía. Entonces Hagrid entró y cogió un sucio paquetito que estaba en el suelo y que hasta que él no lo cogió ninguno de los chicos se había fijado.
- ¿Qué es? –preguntó Hermione incapaz de aguantar su curiosidad.
- No os lo puedo decir. Es alto secreto. Ahora regresemos a ese maldito carro para salir de aquí lo antes posible.
Después del viaje de retorno, salieron al sol donde esperaban a Remus y a Jean.
- Mirad –dijo Hagrid en un determinado momento y señalando a un hombre que acababa de salir de una librería cercana con un libro bajo el brazo-. Ese es el profesor Quirrell. Enseña Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts.
No tuvieron que esperar mucho más para que salieran Remus y Jean y se acercaran a ellos.
- ¿Tuvisteis que esperar mucho?
- No demasiado –respondió Hagrid-. Bueno, yo ya tengo que irme. Harry, Hermione, nos veremos en Hogwarts. Un día tenéis que venir a visitarme.
- Claro –respondió Hermione.
Y tras despedirse de todos, Hagrid se fue hacia el Caldero Chorreante dejando a los demás allí.
- Bueno, ahora que acabamos en Gringotts, empiezan las compras –dijo Jean.
Parece ser que preferís que continúe en este mismo archivo.
De acuerdo. Para clasificarlo he decidido hacer de la siguiente manera:
La parte 2 incluirá todo Hogwarts (es decir, los 7 primeros años), y antes del título de cada capítulo incluiré el año que es para que no haya confusiones.
Los capítulos, como veis, no siguen en el número 6, como tendría que ser ya que la parte 1 acabo en la cap. 5. Cada año tendrá sus propios capitulos.
Los años, por supuesto, tendrán muchos datos de los libros originales, así que por si acaso hay repercusiones legales, aviso de que los personajes creados por Rowling no me pertenecen, ni nada relacionado con la ficción que ella ideó. Lo único que me pertenece es el rumbo que toma la historia y todos los personajes inventados por mi que van a aparecer.
Aviso, aún así los primeros años serán muy cortos, ya que sobre todo tratará de resumir lo que pasa en los originales desde esta perspectiva, así como incluir alguna que otra situación nueva; así que perdonad si me dejo muchos detalles por el camino, como muchas clases y cosas así. Los que habeis leido los originales ya sabeis que aprende en las clases por lo que me centraré en lo esencial. Si no además de resultar un pelín aburrido no daré acabado nunca este proyecto. Pero no os preocupeis que las cosas que me salte serán eso, detalles sin importancia. Intentaré que todo tenga sentido y explicar todo lo que ocurra.
Ante cualquier queja, crítica constructiva o simplemente para dar vuestra opinión, comentad.
Y gracias por leer.
