Día 7. Ojo
Aunque quisiera empezar a vivir en una hoja en blanco, y olvidar aquellos años que tanto dolor le trajeron, sabía que era mejor ir guardando las historias del pasado abriendo paso al porvenir.
Observaba a su acompañante, que en silencio lo guiaba, y en su recorrido en búsqueda de la redención, ella le otorgaba el placer de su compañía, tal y como le había prometido hace unos años atrás, cuando él, por ambición al poder, dejó la aldea que lo vio nacer.
Ahora con su nueva perspectiva, podía ver mucho más, más de lo que alguna vez creyó.
Sus ojos se posaron en la pelirrosa que se entretenía tarareando una cancioncita, mientras caminaba a su lado, sin siquiera enterarse de que era la protagonista de ese momento.
Era menuda, pero poseía una fuerza descomunal, un carácter de los mil demonios, pero era tierna y dulce, como ninguna otra. Sus ojos eran de un verde, que a simple vista se podía comparar con el jade, pero con más detalle uno se daría cuenta de esos matices que los convertían en una pieza única y especial. Y ella en todo su conjunto, era Sakura, era la mujer, la niña que siempre lo amó y no lo abandono. Aquella persona con la cual el podía contar y la cual le daba la oportunidad de tener, lo que alguna vez le fue arrebatado, una familia.
No era mucho de hacer ese tipo de cosas, ni de tener arrebatos, pero por una vez hizo lo que realmente añoraba.
Tomó a Sakura, sorpresivamente, en un fuerte abrazo, deteniendo su paso.
—Te amo —Lo dijo tan bajito, que nadie, salvo ella, podría haber escuchado.
Ella correspondió su abrazo, mientras le repetía muchas veces que lo amaba y le dejaba pequeños besos en su cuello.
Sonrió, como un pequeño gesto suave.
