NdelA:
Hay dos capitulos mas de que nunca subi a y que aprovecho a poner ahora. Posiblemente los escribiera antes/ durante los primeros :) pero son los primeros que me inventé de seguro. Quise en su día unir toda la historia y contar entre medias, pero...
En fin, aquí están :D Disfrutar del angfest xD
Concerning Elves...
Año 2510 de la Tercera Edad
La mañana se levantó sobre los árboles con pereza, los rayos del sol apenas rozando el jardín casi natural que era Rivendell
Muchos Eldar despertaron con la salida del sol, si bien algunos llevaban tiempo despiertos y otros no habían ni siquiera conciliado el sueño.
Los primeros nacidos notaban que el rumor de la brisa en las hojas era melancólico, pero iban de un lado a otro demasiado sumidos en sus pensamientos para prestarle atención. Cuando se dieron cuenta de que los pájaros estaban posados sobre las ramas, mudos y observando a su alrededor extrañados, pues la actividad de aquél día no era normal en los jardines serenos y hermosos de Imladris, muchos se detuvieron.
Miraron entonces a su alrededor. A pesar de que acaba de levantar el día, todo estaba muy oscuro. Un vistazo más profundo les reveló que los árboles no dejaban pasar la luz y que sus hojas aparecían lánguidas, apagadas, incluso amarronadas. El rumor del agua del río, a lo lejos, era lo único que llegaba a sus orejas puntiagudas, pues no había cantos aquella mañana.
Muchos suspiraron, otros bajaron la cabeza y alguno se secó los ojos húmedos antes de reanudar su marcha, pues aún había cosas que preparar y escaso era el tiempo que quedaba
Glorfindel, segundo al mando en Imladris, recargado contra una de las hermosas columnas de las balconadas cerró los ojos azules como el mar durante algunos segundos, extrañando el trino de las aves y los cantos de sus compañeros.
Ausentemente se pasó una mano por el rostro. Poco había descansado el rubio en los últimos días, pues el sueño no llegaba ahuyentado por los fantasmas de las preocupaciones
Acababa de acercarse a los establos a comprobar que todo estuviese en orden para el largo viaje que tenían por delante él y los gemelos Elladan y Elrohir, entre otros. Su precioso caballo blanco Asfaloth lo había saludado entonces tan cariñoso como de costumbre, pero incluso el noble animal estaba triste.
El rubio Eldar tocó las hojas de una de las enredaderas que crecían y se extendían por algunos tejados, colgando en lugares estratégicos de las balconadas y enredándose en las balaustradas. Estaba mustia, pálida y débil como nunca había visto una planta en Rivendell, y a su alrededor vio que todos los árboles presentaban el mismo aspecto
Debe estar a punto de desmoronarse. Me sorprende que haya aguantado todo un año en esta situación insostenible, si bien estos últimos días ya presagiaban esto... Pensó con un suave suspiro
A lo lejos, entre el follaje su vista de elfo captó movimiento y bajó rápidamente a saludar al Señor de Lothlorien, Celeborn, cuyo cabello plateado refulgía enmarcando su rostro ensombrecido por el dolor y el cansancio. No llevaba ropas ricas como solía en su hogar, sino que vestía el mismo verde grisáceo que el resto de los elfos de Lorien. A su lado cabalgaba su segundo, Haldir, el pelo rubio recogido en una coleta baja y el rostro serio.
Glorfindel saludó al Lord y después a su amigo, a quien hacía tiempo que no veía
"Saludos, Señor Celeborn y a ti, Haldir, mi amigo. Bienvenidos a Imladris, aunque desearía que ésta pudiera ser una ocasión más propicia. Aún así, disponed de toda nuestra hospitalidad" Les dijo, y tomando las riendas del caballo del mayor les condujo dentro.
Ambos recién llegados contemplaron extrañados lo ajado de la legendaria belleza del refugio escondido, mas no hicieron ninguna pregunta pues de antemano conocían la respuesta. El anillo Vilya era el que hacía posibles muchas de las maravillas de aquél lugar, y era susceptible al estado de ánimo de su custodio lo mismo que Nenya lo era con la Dama Galadriel
"Hay algo que pueda hacer por ti, Celeborn?" El rubio dejó los caballos a manos de una bella doncella elfa y les guió por los jardines hasta el edificio, donde se detuvo
"Dónde está mi familia?"
"El Caballero Elrond y la Dama Celebrian están en sus aposentos, supongo. Elrohir y Elladan han marchado a asegurar el terreno con algunos de nuestros guerreros, como todas las mañanas, y la Dama Undómiel creo que aún está descansando"
"Quiero verla, mas no la despertaré. Condúceme a sus aposentos y luego regresa con Haldir" Dijo el elfo con voz lenta y suave
Poco tiempo estuvo solo el rubio Haldir, pues su amigo no tardó en cumplir lo mandado.
"Te noto cansado, compañero. Ha sido difícil el camino?" Le preguntó algo preocupado poniendo una mano en su hombro. El otro Eldar estaba sumido en sus pensamientos y no le notó hasta que sintió su mano, de modo que se sobresaltó un poco
"Estás bien, Haldir?" Glorfindel frunció el ceño ligeramente, pues no era normal sobresaltar a un elfo, menos a un experimentado guerrero como era el otro rubio
Él asintió, la expresión seria de su rostro mostrando una pequeña sonrisa "Discúlpame. Estaba distraído... pensando. Nada importante, de todos modos. Podríamos desayunar algo? Hace días que no pruebo la fruta, y recuerdo que la vuestra era excelente"
Con paso suave llegaron al comedor donde muchos de los habitantes de Rivendell estaban en ese momento, elfos todos menos dos hombres que habían llegado en busca de refugio unos días atrás. Una vez sentados y servidos, Glorfindel le preguntó qué había sido de él en el tiempo que no se habían visto, que ascendía a unos cientos de años solamente
"Hace unos días regresé del Bosque Verde, que está volviéndose tenebroso por momentos. Fui con varios de los nuestros por petición de la Dama Galadriel a ofrecer nuestra ayuda al Rey Thranduil que juiciosamente aceptó, de modo que estuvimos ayudándoles a derrotar a los orcos y otras bestias desagradables que moran el Bosque en estos días. Nada más volver me reclamó la Dama para esta misión, por lo que apenas me había bajado de mi caballo cuando tuve que volver a partir"
"Entiendo ahora que estés cansado. Tienes nuevas del Pueblo de los Bosques? -le preguntó animoso, pues conocía de allí a varios elfos. De pronto dio un respingo- Ay, eso que veo es sangre, amigo?"
Haldir se miró el antebrazo izquierdo y puso la mano derecha sobre él "No te preocupes, no es serio. Fuimos sorprendidos por unos trasgos a la salida de Khazad-dûm. Seguramente se abriría cabalgando sin que me diera cuenta"
"Orcos, trasgos...! Cada vez hay más. La Sombra está volviendo del Este -suspiró agitando la cabeza- Trae el brazo, te curaré en un momento..."
"Deja de preocuparte, Glorfindel, ya bastante peso cae ahora sobre tus hombros y de esto no me moriré... si bien agradecería un masaje en los míos" Sonrió, y el otro Eldar se levantó de buen grado a complacerle
"Ya ni siquiera me hablas... Elrond..." Le dijo Celebrian a su esposo con voz débil sentada en la cama, recostada en varios almohadones. Su pelo plateado y ondulado caía en cascada sobre los hombros suelto, enmarcando lo que antes fuera un rostro radiante
"Antes al menos sólo rehuías mi mirada..."
Elrond estaba sentado del borde contrario y le daba la espalda silencioso, los ojos grises prendidos en el blasón de Rivendell que adornaba una de las paredes; Telperion y Laurelín entremezclados en azul y en el medio doce estrellas, una espada y un arco, símbolos de los Valar, Eldar y Edain
"No hay nada más que pueda decir que no haya dicho y repetido en las últimas semanas" Su voz era serena como siempre pero lenta y sin demasiada inflexión
Ella le miró con sus ojos azules como el cielo, antes brillantes y ahora apagados, mustios como el resto de sí. Alargó un brazo con la esperanza de tocarle, pero no llegaba hasta él. Suspiró largó y tendido y dejó que la cabeza se reclinara sobre las almohadas. Estaba tan débil, tan marchita... Una lágrima rodó por su mejilla
Las manos del medioelfo se crisparon sobre la larga túnica gris que llevaba.
Un año. Un año hacía que los orcos la atacaron. Un año desde que el mundo se hizo pedazos a su alrededor, desde que comenzó a ajarse, a perder las ganas de vivir. La dulce y radiante Celebrian brillante como el Sol, inteligente y hermosa como su madre, comprensiva y amante como su padre. Su esposa desde hacía dos mil años...
Dulce, hermosa, amante Celebrian, qué haría sin ella?
"Cuando sea la hora vendrán a avisarte" Murmuró poniéndose en pie y andando hacia la puerta con la intención de dejarla sola o quizás de estar solo él. Pero la elfa le llamó antes de que su mano tocara el pomo dorado
"Acércate, por favor, no te vayas..."
El señor de Imladris estuvo de pie junto a la puerta unos segundos y luego se giró lentamente para cumplir su voluntad aunque le doliera el alma, pues pocas veces había podido negarle algo a su dama
Celebrian palmeó suavemente la colcha bordada con la que se cubría para indicarle, y el elfo se sentó de la misma manera que había estado momentos atrás.
"El cielo se oscurece, los pájaros no cantan... –susurró mirando por el balcón de la habitación, por entre las cortinas azules de gasa—Tu corazón te traiciona aunque tus palabras no digan lo que sientes..."
La dama se incorporó lentamente y rodeó su figura por los hombros, recargándose en él y posando una mano pálida y fina sobre su pecho.
Él dejó escapar un largo suspiro y tomó la mano de ella y la apretó contra sí cerrando los ojos, dejando que su presencia y su perfume le embargasen.
Tenía razón, su ánimo se reflejaba en la magia que obraba en Rivendell a pesar de los esfuerzos que había hecho porque algo así no sucediera. Desde que tomara la custodia de Vilya había dedicado parte de su tiempo a contener sus emociones, a que no fueran suficientemente fuertes como para torcer su obra. Fuerte, se dijo entonces, he de ser fuerte, y se lo repitió hacía un año. Fuerte por su gente, por sus hijos y por ella...
Pero aunque todo el año había sido duro, los últimos meses, desde que Celebrian le anunció su decisión de marchar el dolor y la oscuridad habían hecho presa de él y poco a poco le habían ido ganando terreno y, si bien se esforzaba por no aparentarlo nada podía hacer para que las líneas de sus preocupaciones no se volvieran más hondas en su rostro
"Es de sabios convivir con lo que a uno le ha sido dado, y tú fuiste bendecido con algo que casi nadie tiene en este mundo. Si encierras la pasión humana en lo más profundo de tu corazón nada verde y hermoso crecerá en esta tierra..." Prosiguió ella susurrando suavemente en su oído.
Elrond frunció el ceño durante unos segundos, y su mano se enredó en sus cabellos de plata "Podría destruir Imladris si..."
Puso dos dedos sobre sus labios "Eso no sucederá porque lo amas demasiado..."
Con movimientos suaves la tomó de la cintura y la sacó de la cama para acomodarla en su regazo. La elfa pasó los brazos por su cuello y apoyó la cabeza en su pecho, sobre su corazón.
Ella acarició su largo pelo azabache y luego su mejilla con toda la suavidad del mundo " Siempre buscando la perfección en tus obras, no aceptando un 'no puedo' por respuesta, preocupado constantemente por no fallar y sobre todo por no mostrar la otra mitad de tu alma... No te atormentes más por algo que no podía ser evitado y que no es culpa tuya, mi Peredhel, pues aunque fueras un Eldar y el poder de Vilya fuera mayor no podrías sanar mi espíritu..."
"No quiero que me dejes..." Murmuró con esfuerzo para que sus emociones largo tiempo escondidas no se desbordaran
"Y yo no quiero dejarte. Pero te estaré esperando y yo estaré bien para cuando nos encontremos. Todo será hermoso de nuevo hasta el fin de Arda..."
"No tengo las habilidades de nuestras Damas, pero no me hace falta. Quizás encuentres alivio contándome lo que te apena, Haldir" Glorfindel puso una mano amistosa sobre el brazo de su compañero, y el elfo de Lorien suspiró quedamente. El masaje de su amigo le había relajado y desde luego había puesto en orden sus agarrotados músculos, pero no se había llevado también ese aire de abatimiento que traía consigo
"No puedo tener lo que deseo" Le dijo enigmático terminando un trozo de jugosa fruta, sus ojos reflejando una profunda tristeza
Antes de que el Eldar pudiera preguntar sobre ello, el Caballero Celeborn entró en el comedor. A su lado, y cogida de su brazo, Arwen Undómiel vestida de gris perla, el pelo recogido sin adornos, largo y negro en contraste con su túnica
Todos los presentes se levantaron como respetuoso saludo y el elfo asintió suavemente, aceptándolo antes de dirigirse a la mesa de los dos amigos
"Buenos días, Undómiel"
"Siempre es un placer contemplar a la Estrella de la Tarde –Haldir hizo una ligera reverencia—Espero que hayáis descansado bien"
"Si hubiera sabido a qué hora llegabais hubiera salido a recibiros en vez de esperar en mi habitación..." Le contestó ella con un pequeño reproche hacia el otro rubio
"No había necesidad,mi pequeña. Glorfindel es un buen anfitrión, y no he esperado mucho a que despertaras"
Una elfa bastante joven se acercó a ellos para servirles algo de desayunar y luego fue mesa por mesa retirando platos. En donde almorzaban los dos hombres se detuvo pues estos, que no conocían a Celeborn, tenían gran curiosidad por saber quién era. Cuando se enteraron se levantaron y fueron hasta él
"Es un honor, Señor Celeborn de Lothlorien" -dijo el más anciano inclinándose—Soy Ilrah, hijo de Ilnuerion, y este es mi hijo, Ilimen. Somos viajeros fatigados a los que el buen señor Elrond ha dado cobijo después de que nos asaltaran, mas ay, parece que la tristeza ha tocado también el corazón de él y del resto de ustedes, pues nos hemos enterado del triste suceso de la Dama Celebrian"
"Dices bien, Ilrah hijo de Ilnuerion, pues el destino hará que nos separemos de ella durante muchas generaciones de Hombres"
"En nuestro hogar, al este del Río Grande también suceden hechos horribles debido a los orcos que pasean a sus anchas. Los hombres de Gondor muchas veces no pueden defendernos, puesto que somos pocos y estamos desperdigados. Son tiempos difíciles para todos, por lo que veo" Dijo Ilimen
"No por ser elfos estamos menos expuestos a la guerra, Maese Ilimen" Le contestó Arwen suavemente, y el muchacho suspiró. Entonces, como movido por un resorte dio un respingo
"Partimos hoy en la mañana, pero no podía marcharme pensando en dejaros a vos que sois tan hermosa, tan triste. No soy un gran artesano pero mis vecinos en Ithilien aprecian mis figuras. Ésta es la mas bella que he tallado nunca, inspirado como estaba por la paz y majestad de este reino escondido. Espero que, aunque no alivie vuestro dolor, al menos lo mitigue al recordar a la Dama que, según tengo entendido, canta como las aves"
Ilimen buscó entre su capa y con las mejillas sonrojadas le entregó a Arwen un precioso ruiseñor de madera fina, tallado hasta el mínimo detalle; plumas, patas, pico y ojos.
La elfa se quedó sorprendida por la belleza de la figura hecha por un Hombre, y le miró con dulzura "Es en verdad hermosa, y como prueba de mi gratitud desearé para ti una vida larga y llena de buenas promesas" Se levantó y besó la frente del muchacho, que se sonrojó si cabe aún más
"Que vuestro camino sea fácil y no os asalten los peligros" Les dijo Celeborn antes de que los Edain abandonaran el comedor
"Ya pronto será la hora. Voy a vestirme adecuadamente" Glorfindel se levantó y se dispuso a marchar cuando las palabras del señor de Lorien le detuvieron
"El cielo se oscurece, presagio de lluvia... Vendrá Elrond con nosotros?"
Glorfindel suspiró, sus ojos viendo que, en efecto, algunas nubes estaban empezando a cubrir el azul del cielo "Yo ocuparé su lugar"
"Abuelo!" Llamó una voz desde lejos, todavía en el bosque. El elfo del pelo plateado se volvió y miró fijamente entre los árboles, lejos de ellos, hacia las puertas de Rivendell. Los gemelos habían vuelto
Elrond cerró los ojos y apretó el ligero cuerpo de la dama contra el suyo suavemente, pues nada de lo que le dijera podría consolar la ausencia que duraría largos años
Mi corazón me dice que esta partida, que no ha sido la primera, no será tampoco la última que tenga que afrontar... Acaso está en mi destino el quedar sólo...?
Llamaron a la puerta delicadamente, y la voz suave de Erestor, quien junto con Glorfindel se había encargado de organizar el viaje, se dejó escuchar desde el pasillo "Es la hora... –unos segundos de silencio— Celeborn y Haldir están ya aquí, y también vuestros hijos. Glorfindel se está preparando"
El jefe de los consejeros se marchó, y Elrond suspiró lentamente
"Debes prepararte... El viaje será largo, pero a caballo no tardaréis demasiado. Tu padre te llevará con él" Dijo antes de besar suavemente su frente y dejarla en la cama de nuevo
"Llévame por favor... acompáñame..." La voz se le quebró y comenzó a sollozar suavemente. El señor de Rivendell sintió una punzada en el pecho y se giró bruscamente, mordiéndose el labio
"No puedo. Sabes que no puedo ir..." No podía dejar Rivendell puesto que Vilya debía permanecer siempre oculto... y era su responsabilidad y de nadie más el guardarlo. No podía simplemente dejarlo a un lado por un capricho... aunque parte de sí lo deseara. Quería ir con ella, acompañarla hasta el fin, consumir esos últimos días juntos... pero por otra parte, no podía verla partir en ese barco sola mientras él quedaba en el muelle. No lo soportaría...
Ella agarró su túnica y el medioelfo se pasó una mano por los ojos, dejándola sobre ellos unos segundos. Luego se volvió y con cuidado soltó su mano y después la besó, sus ojos grises brillando extrañamente aguados
Fue hasta un armario tallado en madera y tomó una capa verde grisáceo que tenía allí plegada. Esa capa fue un regalo que le hizo Celeborn hacía muchos, muchos años, cuando aún estaban en la Segunda Edad y luchaban juntos contra los enemigos de Sauron. Seguía conservándose perfectamente a pesar del tiempo; ni una mancha, ni un signo de desgaste.
Se acercó a su dama, que aún sollozaba quedamente, y se la puso por los hombros "Llévala contigo. Te dará calor y te protegerá siempre... Cuídala bien, por favor, tengo muy buen recuerdo de ella..."
"Elrond..."
El moreno la tomó en brazos de nuevo para llevarla fuera de la habitación y Celebrian se abrazó a su cuello con todas sus fuerzas, escondiendo el rostro en su hombro "Te quiero... por favor no me olvides..." Susurró con voz estrangulada. Allí, en sus brazos, la dama plateada parecía una chiquilla tan frágil, tan asustada...
"Nunca, nin melethril. No podría..." Su voz templada sonó dulce y melódica en su oído, llena de amor y dolor. Apoyó el mentón sobre sus cabellos de plata y cerró los ojos grises, aspirando por última vez su perfume, sintiendo que el alma se le partía en dos
Ella se agitó envuelta en la capa élfica y cuando su esposo retiró la cabeza se alzó para besarle. Sus labios se unieron hambrientos pero delicados, diciendo sin palabras todo el amor que sentían uno por otro y el dolor que les causaba ya el saberse separados
Cuando se separaron, la dama recostó la cabeza en su pecho de nuevo y el medioelfo abrió la puerta. Apoyado en el muro esperaba Glorfindel ataviado ya con ropas de viaje. Ambos intercambiaron miradas, y el rubio la tomó delicadamente entre sus brazos y tras asentir se marchó con ella
Elrond respiró profundamente y entró de nuevo en la habitación, cerrando la puerta tras de sí. Miró a su alrededor unos segundos y después se acercó al balcón, pues su dormitorio quedaba en la segunda planta. El cielo estaba gris, y una ligera brisa soplaba y agitaba su pelo oscuro. Allí se quedó, apoyado en una de las columnas finamente talladas, mirando sobre y entre los árboles el lugar donde sus tres hijos ya se habían reunido. Elladan y Elrohir montaban sendos caballos pardos, y pronto apareció Celeborn en uno blanco, parecido al de Glorfindel, que le seguía de cerca junto con el moteado de Haldir
"Por qué no me dejáis ir con vosotros? Sé cabalgar y quisiera acompañaros..." Se quejó Arwen mirando a sus hermanos mayores, pero no fueron ellos los que le contestaron, sino su abuelo que acababa de colocarse a su lado
"Has de aguardar aquí nuestro regreso y velarás por tu padre y por Imladris en ese tiempo. Cuando volvamos y Glorfindel pueda relevarte vendrás conmigo a Lorien"
Undómiel abrió la boca a estas palabras, y el corazón se le encogió en el pecho pues no quería abandonar Rivendell ni a su padre, a quien adoraba.
Glorfindel apareció entonces por la puerta del edificio con Celebrian, y a sendos lados llevaba a Haldir y a Erestor, ambos con expresión seria. Por los balcones se asomaron los habitantes del Refugio Escondido con pétalos de flores blancas como los cabellos de su dama, a la que despedían con lágrimas en los ojos
Los tres se acercaron a Celeborn, quien tomó a su hija del Eldar de cabellos dorados y la acomodó en su caballo, entre sus brazos
"Arwen –llamó Celebrian, y la Estrella de la Tarde se le acercó—Cuida de tu padre siempre que puedas... Vive con él cada segundo, pues me temo que nuestro destino y el tuyo no han de ser el mismo... –una lágrima cayó por su mejilla pálida—No volveremos a vernos, mi Undómiel, pero siempre te llevaré en mi corazón..."
Arwen cerró los ojos, llorando en silencio por la terrible predicción de su madre, y la mano de Celebrian acarició sus cabellos azabache por última vez
Haldir y Glorfindel montaron y, cuando la compañía se puso en marcha los Eldar soltaron los pétalos, que volaron suavemente sobre sus cabezas. Algunos, aunque muy pocos, entonaron bellas pero tristes canciones, y ésas fueron las únicas que se oyeron en Imladris en mucho tiempo.
Las manos de Erestor se posaron en los hombros de la dama Arwen, que miraba cómo a lo lejos marchaban los cinco caballos, y ella se volvió de pronto con lágrimas en los ojos y se acurrucó entre sus brazos.
Cuando Asfaloth, que cerraba la marcha, cruzó las puertas de Rivendell, comenzó a llover...
Ním melethril - Mi amada
Undómiel - Estrella de la Tarde
Peredhel- Medioelfo
