Capítulo 6

¿Salvado o condenado?

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La nieve caía a cuentagotas en aquella solitaria calle del centro de la ciudad. Las luces parpadeantes de los postes causan una sensación tétrica en medio de aquel ambiente de oscuridad. El silencio, perturbado sólo por el soplar violento del viento gélido, era escalofriante y anormal, como un presagio de desgracia.

Sin embargo, el joven castaño caminaba tranquilamente, completamente ignorante del escenario en el que se encontraba, totalmente sumido en sus pensamientos.

Hacía casi dos semanas desde su última conversación con Levi y durante ese lapso de tiempo, su vida había seguido normal, como si todo hubiera sido un simple mal sueño.

Al despertar al día posterior, cualquier rastro de "sentimientos encontrados" había sido borrado de su pecho, quedado toda la situación como un mero "momento de confusión e idiotez" donde había mezclado el concepto de admiración y gustar. De hecho, ni siquiera sentía admiración por ese extraño. Era una horrible persona. Amargado, con mal carácter, hasta bipolar. ¡¿Cómo siquiera pudo habérsele cruzado por la cabeza que un ser así le gustaba?! Era imposible. Se regañó una y mil veces a sí mismo por haberlo considerado y luego de una autobofetada y muchas maldiciones para contra el pelinegro, el caso había quedado zanjado, finalizado, sin derecho a ser reabierto.

En lo que respectaba a su "empleo", ya había cubierto esa parte creando una rutina en donde, o se pasaba las seis horas jugando y platicando en casa de Armin, daba largos paseos por el centro de la ciudad o acababa en alguna cafetería, bebiendo algo barato y haciendo hora mirando a las personas pasar.

Sí, era algo triste, pero funcionaba para él. Para mantener a salvo su secreto.

Aquel día en particular había optado por un café, pero tras unos tortuosos cuarenta minutos viendo diez mil parejas a su alrededor, decidió que le saldría mejor caminar.

Era la víspera de navidad y el frío no perdonaba. Se colaba a través de las capas y capas de ropa que llevaba, no importándole cuán gruesa fuera la tela, para nada, el aire helado perpetraba hasta dar con la piel, reduciendo la temperatura y obligando a la mayoría de las personas a buscar refugio al lado de una estufa. Claro que él no podía darse ese lujo.

Había iniciado su recorrido usual, por las tiendas céntricas y malls, pero había acabado topándose con la misma atmósfera de amor, paz, felicidad y demás cursilerías que aquellas fechas traían consigo.

No es que Eren fuera un Grinch, de hecho solía amar la navidad. Aún le gustaba un poco. Lo que lo ponía de un humor de perros era ver a todos esos enamorados melosos y recordar que él estaba más solo que un caballito de mar con un embarazo no deseado. Por esa razón acabó esquivando a la gente hasta llegar a una vieja y desolada callejuela.

Ahí se encontraba, marchando sin un rumbo fijo, totalmente perdido en sus pensares, inconsciente de las presencias que le seguían a una distancia prudente.

Un ruido alertó al castaño de la compañía. Como volviendo en sí, volteó rápidamente la cabeza, topándose con una acera desolada.

Echó un vistazo a su alrededor, asustándose ligeramente al ver dónde lo habían llevado sus pies. Se acomodó mejor la bufanda roja que cubría su cuello, tapándose con ella la nariz y la boca y apuró el paso. Si bien era un hombre y apenas eran como las ocho, las calles seguían siendo peligrosas de noche, más aún en la situación en la que se encontraba: un barrio desconocido y aparentemente abandonado.

Conforme avanzaba en aquella interminable zona, tratando de buscar algo reconocible o que le sirviera para ubicarse, los sonidos detrás de él se volvieron a escuchar. Ésta vez eran más claros y concisos, eran pisadas.

El ojiverde, ya totalmente acongojado, echó a correr, esperando que, con algo de suerte, encontrara una salida a alguna de las avenidas principales o algún local o con casa con gente dentro.

Ni bien hizo el amago de huir, el eco de personas siguiéndole resonó en el silencio. El peso de las botas hundiéndose en la nieve a carrera hizo eco y no sirvió más que para disparar los niveles de adrenalina en la sangre. Si bien Eren se podía considerar a si mismo atlético, se había dado a la pereza y no practicaba ninguna clase de actividad física o deporte desde hacía meses, por lo cual, tras un trecho recorrido a alta velocidad, su ritmo fue menguando, llegando a ser un trote forzado y acortando la distancia entre sus perseguidores y él.

Desesperado, optó por meterse por una serie de callejones, con la firme esperanza de despistarlos… claro que no contó con que quedaría atrapado y perdido, sin la menor idea de cómo salir de aquellos estrechos pasillos.

- ¡Mierda! – murmuró con frustración y miedo - ¿Qué hago? – Humo salía de su reseca garganta y le costaba respirar regularmente.

Todo tembleque, se quedó en aquel oscuro corredor, agachándose y ocultándose detrás de un bote de basura.

Sólo se escuchaba su agitación.

Con cuidado, se asomó por un costado, buscando con la mirada dentro de aquella oscuridad algún indicio que le mostrara la ubicación de sus persecutores, pero no logró ver nada.

Llevó sus manos al cabello, jalándolo tratando de pensar en algo, de idear una estrategia que salvara su trasero.

- Cálmate – se dijo a sí mismo – cálmate, Eren… y piensa.

Inhaló y exhaló profundamente un par de veces, las suficientes para calmar su ajetreado y palpitante corazón. Tenía que sacar las cosas en limpio. Primero, no sabía de quién o quiénes se trataban ni cuántos eran ya que en su huida ni siquiera se tomó la molestia de mirar atrás. Segundo, no sabía qué querían de él. Tercero, no sabía si los había perdido o no, ni tampoco dónde estaba como para pedir ayuda.

¡Un momento! ¡Pedir ayuda!

Como si foco se hubiera prendido en su cabeza, Eren llevó su temblorosa mano hasta el bolsillo de su chaqueta, sacando a duras penas el celular. Lo destapó y se disponía a marcar cualquier número que estuviera en su registro cuando un silbido de pajarito indicó que había recibido un nuevo mensaje.

Cabe destacar que en ningún momento ponía su celular en vibrador y siempre andaba con el tono al máximo volumen.

Como si hubiera sido el sello definitivo de su sentencia a muerte, un auto pasó por alguna calle cercana, iluminando el rostro pálido y petrificado del castaño y revelando al mismo tiempo cuatro fornidas sombras justo enfrente de él.

- ¡A él! – mandó una voz grave y tosca.

Eren trató de levantarse y correr, pero antes de que llegara siquiera a ponerse del todo de pie, uno de los cuatro hombres arremetió contra él, embistiéndolo contra la pared brutalmente y ocasionando que el celular saliera volando a quién sabe dónde.

El ojiverde impactó seco contra el frío ladrillo, cada uno de sus huesos resintiendo el bestial golpe y su cabeza volviéndose un revoltijo nebuloso.

Pronto un segundo sujeto se le acercó al mareado y adolorido castaño, agarrándolo fuertemente del cuello y estampándolo de nuevo contra el muro.

- Danos todo tu dinero – demandó.

- ¡No!

Haciendo recabo de todas sus fuerzas restantes, el castaño plantó una patada al estómago de su agresor, obligándolo a doblegarse y caer de rodillas al piso, haciéndose un ovillo y agarrándose la zona lastimada.

De inmediato, los otros tres hombres zanjaron la distancia, uno arrodillándose para ayudar a su compañero caído y los otros dos arremetiendo contra Eren.

- ¡Maldito mocoso! – gritó uno mientras lanzaba un puñetazo que, con algo de dificultad, Eren logró esquivar.

- ¡Nos las pagarás, desgraciado! – chilló el segundo a la vez que saltaba directo hacia el ojiverde.

Haciendo uso de sus básicos conocimientos de defensa personal, Eren evadió al segundo sujeto, aprovechando su delgadez para contorsionándose y darle una patada al nivel de la cabeza que hizo que su agresor se estampara contra un bote de basura.

- ¡Malparido!

De un momento a otro, el sujeto que había dejado de lado, tomando ventaja de que Eren le dio la espalda, lo aprisionó del cuello, asfixiándolo con un brazo mientras con el otro apuñeteaba sus riñones.

- ¡Nh… hhh…!

El castaño sentía como el aire se negaba a ingresar a sus pulmones y la presión sobre su garganta se volvía insoportable.

Desesperado y con la consciencia queriendo escapársele en un aliento, Eren se las apañó para morder el brazo que lo tenía cautivo y logrando hacerlo sangrar.

- ¡Agh! ¡Mierda! – exclamó el hombre mientras apartaba violentamente su extremidad, sacudiéndola convulsivamente y manchando el piso con su sangre.

Eren aprovechó y, aún nublado por la falta de oxígeno y golpes previos, trató de huir, no llegando muy lejos pues el tercer maleante, quien había terminado de socorrer al que estaba tirado en el suelo, lo agarró de los tobillos, haciendo que el ojiverde cayera de cara contra el nevado cemento.

Atolondrado por el golpe, Eren no se percató de que los cuatro hombres se habían reunido a su alrededor y comenzaron a quitarle la ropa.

- Revisen bien los bolsillos – ordenó uno de ellos mientras terminaba de sacarle la gruesa chaqueta al castaño y se la lanzaba al malandrín más próximo.

- ¡N-no! – gimoteó Eren, percatándose de que estaban desvistiéndolo y dándose vuelta, dando patadas al aire.

- ¡Eh! – advirtió el primer hombre cerrando su mano sobre el cuello del ojiverde – Guarda silencio, niño bonito.

Nuevamente Eren se vio privado de un buen respirar, pero sin embargo, siguió luchando, tratando de dar manotazos a su agresor para soltarse del agarre.

Un fuerte puntapié en sus costillas lo hizo retorcerse, ocasionando que los dedos que aprisionaban su garganta se vieran retirados.

- ¡Hey! – reclamó el sujeto de voz tosca mientras apartaba a los otros dos que se entretenían lastimando a Eren – Es mi turno de vengarme de esta mierdecilla.

Eren reconoció al hombre como el primero al cual le había dado una patada. Trató de articular un insulto, pero un potente pie enterrándose en su estómago se lo impidió. Sangre salió escupida de la boca del castaño conforme las patadas en todo su torso se volvían más y más violentas.

- Quítenle la demás ropa, aquí no hay nada – dijo malicioso el delincuente encargado de revisar la chaqueta.

- Mejor revísenle los pantalones – sugirió otro.

Eren abrió los ojos con sorpresa y temor al escuchar una navaja abrirse. El cabrón que le estaba moliendo a golpes se apartó con una sonrisa macabra en los labios y dio paso a otro de sus compañeros, uno que casualmente portaba una cuchilla mediana.

El castaño se estremeció notoriamente, más aún cuando el malandrín con el arma blanca se acuclilló frente suyo, poniendo la punta de la cuchilla al nivel de su cuello y descendiendo lentamente, rozando peligrosamente la suave y delicada piel hasta llegar a la altura del pecho, donde con un rápido tajo, desgarró el suéter y la camiseta que había debajo de éste.

El ojiverde, totalmente petrificado no pudo sino ver con ojos vidriosos cómo el sujeto apartaba las ropas, dejando a la intemperie su torso. El gélido viento de invierno pegando de lleno contra sus pectorales y vientre, pero valiéndole madres. A ese punto Eren estaba a un paso de perder la cordura, sentía la adrenalina subiéndole de nuevo, palpitando a través de sus venas de forma desesperada y latiéndole en la cabeza en forma de un "Haz algo, ¡Haz algo!"

Cuando el tacto del acero llegó al nivel de su entrepierna, Eren reaccionó.

Con un rápido movimiento, mandó a volar de un puñetazo a su agresor, irguiéndose a la vez, tembloroso pero seguro. Los otros tres fueron a su ataque, pero Eren se las arregló para esquivarlos, ocasionando que uno resbalara por la nieve y se diera contra el muro mientras que los otros dos lanzaban golpes a la de Dios que sin embargo no llegaban a impactar contra el castaño como era su objetivo. Eren, por su parte, se las apañó para darle un cabezazo a uno y al cabrón que lo pateó, enterrarle su puño en el rostro, rompiéndole el tabique en el proceso y mandándolo directo contra el bote de basura.

Aprovechando que todos se encontraban heridos, echó a correr como desgraciado.

Recorrió todo el laberinto de callejones, tropezando y resintiendo el frío sobre su cuerpo, pero jamás deteniéndose. Corrió y corrió hasta que logró salir y dar con una calle más conocida, pero aún así no se detuvo. Siguió su marcha hasta que llegó a su barrio y ni aún allí paró. Corrió, a pesar de que ya no era más que un trote lento. Llegó a su complejo de departamentos y subió las escaleras prácticamente en cuatro patas, como un rápido gateo, con los restos de adrenalina drenándose con cada grada que ascendía.

Cuando llegó a su piso, se dejó caer, extendiéndose en medio del pasillo, como una piel de animal exótico en exhibición.

No supo cuando tiempo permaneció así. Pero para cuando su respiración volvió a ser "normal" y su cuerpo consciente de su alrededor, se encontró a sí mismo congelado y tiritando.

No llevaba más que harapos. Y todo le dolía, como si un tractor le hubiera pasado por encima.

Se las arregló para gatear hasta su puerta, tocando ligeramente. Sus llaves, su billetera, su celular, todo se había perdido en medio de aquella locura.

Esperó pero nada sucedió.

Supuso que Mikasa no había llegado y maldijo su suerte.

Muy a su pesar, se sentó, apoyándose contra la fría madera, recogiendo sus rodillas y apoyando su cabeza contra ellas. Hizo una mueca con la acción. Todo su ser era un santuario al dolor.

Pensó qué pensaría su hermana cuando llegara y lo viera en esas condiciones… aunque a decir verdad ni él mismo sabía qué tan mal lucía. Es decir, sentía su rostro magullado y sangriento, su estómago se veía ligeramente amoratado y su muslo ardía.

¿En qué momento le hicieron un corte allí? Jamás lo sabría.

Se acurrucó más contra sí mismo y esperó.

Su mente aún estaba nublada. No acaba de asimilar lo sucedido. Había pasado hace quizás horas y lo sentía como si apenas hubieran transcurrido unos minutos. No entendía por qué a él. Ni siquiera entendía el por qué estaba llorando en esos momentos.

¿Estaba llorando?

Llevó ambas manos a sus mejillas, tocándolas y sintiendo sus dedos humedecerse. Sonrió sardónicamente y comenzó a reír. No una risa real, sino más bien falsa y forzada. Pequeños espasmos comenzaron a invadirlo, poco a poco tornándose en marcadas sacudidas. Apretó la mandíbula ahogando un gemido de dolor y frustración que amenazó salírsele y hundió su rostro entre sus rodillas lo más que pudo, su vano intento por ocultarse de la realidad.

El tiempo pasó y él jamás fue consciente de qué tanto permaneció en esa posición hasta que de repente, unos pasos subiendo las escaleras se hicieron presentes y acabaron por espabilar al castaño.

Con esperanza contenida volteó a ver en dirección a las escalinatas, topándose con un peculiar pelinegro.

Sintió ganas de llorar de nuevo.

¡¿Dónde coño estaba Mikasa?!

El joven volvió a agachar la cabeza, cerrando fuertemente los ojos y mordiéndose el labio inferior. Escuchó como los pasos avanzaban hasta detenerse. Sintió la presencia de Levi próxima a él y trató de ignorarla.

- ¿Tus llaves? – la pregunta lo tomó por sorpresa.

Tardó unos segundos en responder, hasta que oyó el sonido de una llave en la cerradura y soltó en un murmullo:

- Las perdí…

- ¿Tu hermana?

- No lo sé…

Un metálico "clic" sonó y luego un leve rechinido de la bisagra al abrirse. Dejó de sentir a Levi a su lado.

De nuevo sumido en el silencio, Eren se abrazó más fuerte a sus rodillas, todo en un vano intento de buscar más calor y desviar la vergüenza. Llevaba un buen rato tiritando, sus extremidades estaban adormecidas y ahora, para colmo, Levi lo había descubierto en aquel estado tan patético. Era probablemente el día más frío del año y él yacía allí, con un pantalón, una camiseta y suéter delgados y más encima, rasgados. Hacía rato había empezado a nevar muy suavemente, el viento congelado lo azotaba sin piedad, pero él no lo sentía. Estaba demasiado enfocado en toda clase de pensamientos negativos que iban desde maldecir al universo por su suerte hasta farfullar insultos contra Levi. Los minutos pasaron y una pequeña capa de escarcha comenzó a cubrirlo de a poco.

Escuchó nuevamente movimiento en el departamento de al lado y posteriormente la puerta abrirse.

Él ni se inmutó, permaneció en su posición, ajeno a lo que sea que estuviera haciendo el pelinegro.

- Entra – ordenó la voz ronca y sensual de su vecino apoyado en el marco de la puerta.

- ¿Eh? – no pudo evitar exclamar el ojiverde mientras despegaba parsimoniosamente la cara de sus piernas y alzaba la vista, confundido, hacia donde se hallaba el ojigris.

- Mierda, luces horrible – soltó Levi mientras hacia una mueca de desagrado.

- Pues perdóname la vida – replicó con sarcasmo y molestia el castaño mientras fruncía el entrecejo y rodaba los ojos.

- No te pongas majadero, mocoso, sólo entra.

- ¿Y si no quiero?

- Pues sería la decisión más estúpida que podrías alguna vez tomar en tu vida teniendo en cuenta la situación en la que te encuentras y el clima que hace.

Eren quiso refutar, pero sopesando más detenidamente las palabras de Levi, tenía razón. En su estado, sin saber a qué hora volvería Mikasa y con el frío que hacía, quedarse afuera, rechazando como un niño caprichoso la "amable" oferta de su vecino era una de las estupideces más grandes que podría cometer.

Bufó y, tragándose su orgullo, se puso de pie. O bueno, al menos trató.

Apenas apoyó peso en sus piernas, éstas flaquearon, obligándolo a doblegarse y apoyarse contra la pared para no caer. Sintió su cabeza un revoltijo y su estómago voltearse. Sólo entonces fue verdaderamente consciente de la gravedad de sus heridas y lo debilitado y entumecido que se encontraba.

- Joder... – exclamó el pelinegro con genuina preocupación al ver al menor tan maltrecho – ¿qué carajos te pasó?

- ¿Eh? – dijo Eren, lo suficientemente mareado como para no poder seguirle el ritmo al otro.

- Mierda, tu ropa… ¡Agh! – de dos zancadas el mayor acortó la distancia y ayudó a Eren a erguirse, pasando su brazo por sobre su hombro y apoyando su mano al nivel de las costillas del ojiverde. Se sobresaltó un poco con el tacto, la piel de Eren estaba totalmente helada y las manos del ojigris tibias.

- ¡Auch! – se quejó el joven – D-duele.

- Tsk, aguanta un poco, mocoso.

Con lentitud y con tanta delicadeza como le fue posible, condujo al castaño hasta el interior de su apartamento, dejándolo en el desnivel de la entrada y cerrando bien la puerta.

- Te prepararé un baño, quítate esos harapos – ordenó a la vez que se perdía en el corredor.

- Claro…

A pesar de no ser algo extremo difícil, acatar el mandato de Levi le costó toda una vida al pobre Eren. Su cabeza le taladraba y sentía todo dar vueltas, su cuerpo estaba acalambrado y sus dedos casi rígidos.

Un estornudo bastante sonoro lo sorprendió del golpe. Y a ese primero le siguieron muchos, junto con un incontrolable temblor.

- ¿Ya estás? – preguntó el mayor desde el cuarto de baño – Apúrate, el agua está caliente.

- S-sí – tartamudeó a duras penas el ojiverde, quitándose el pantalón y caminando temblorosa y lentamente hasta donde estaba el pelinegro.

Levi se hizo a un lado y dejó pasar al mocoso, analizándolo disimuladamente con la mirada. Su espalda estaba sucia y con unos cuantos moretones empezando a formarse, su rostro tenía restos de sangre seca al igual que su muslo derecho y su torso tenía marcado la suela de un zapato junto con algunas otras magulladuras. En serio le habían dado la paliza de su vida.

Eren se sintió observado, pero no dijo nada. Se quedó parado en medio de la algo vaporosa habitación, expectante. No sabía qué hacer; el ojigris seguía al otro lado de la puerta, viéndolo y él no se sentía lo suficientemente confianzudo como para quitarse el único ropaje que vestía, su bóxer. Ambos, tanto las rasgadas y sucias prendas superiores como su mugroso pantalón habían quedado tirados a la entrada de aquel departamento. Ahora él permanecía semidesnudo en un baño ajeno mientras su bipolar vecino lo examinaba con la mirada.

- ¿Puedo preguntar qué carajos pasó? – rompió el hielo Levi.

- Me asaltaron – fue la seca respuesta del más joven.

- Tsk… tómate tu tiempo y quítate la porquería de encima, luego te curaré.

Y sin más, el pelinegro se marchó, dejando a Eren solo y en completo estado de confusión.

El ojiverde se quedó mirando hacia donde se había ido Levi por un buen rato, incrédulo de lo que acababa de oír. Permaneció así hasta que una corriente de viento lo hizo estremecerse y recién entonces, cerró la puerta sin seguro, se desvistió totalmente e ingresó en la tina; el mojado y cálido sentir del agua relajando sus adoloridos músculos.

Se deslizó placenteramente en aquel amplio espacio, disfrutando la sensación del calor y la movilidad volviendo a sus extremidades, emitiendo quedos gimoteos de gusto. Se empapó completamente con el tibio líquido, sumergiéndose hasta que su cabeza estuvo oculta en su totalidad debajo del agua. Se mantuvo unos segundos así para luego volver a sentarse, pero cuando quiso enderezarse, un fuerte calambre en su vientre se lo impidió.

Soltó de golpe todo el aire contenido, inundándose sus fosas nasales y boca con el transparente líquido. Comenzó a patalear y tratar de agarrarse de los bordes de la bañera, pero estaba tan asustado que sus dedos no lograban aferrarse y tan solo se resbalaban.

Comenzó a toser, incapaz de posicionarse correctamente y con el dolor aumentando como si mil agujas se le clavaran a la altura del ombligo, impidiéndole pensar con cordura o coordinar sus movimientos. Se estaba ahogando en una tina.

- Mocoso, ¿qué putas crees que…? – irrumpió el ojigris en el cuarto, encontrándose con una escena entre risoria y ridícula. El agua había rebalsado y había hecho un desastre el piso. Eren agitaba convulsamente ambos, manos y pies y parecía tratar desesperadamente de asentarse sin mucho éxito – Tsk…

Remangándose la camisa y chasqueando la lengua con fastidio, el pelinegro se quitó las pantuflas y se acercó hasta donde estaba Eren. Metió un pie en el agua y se agachó lo suficiente como para coger al castaño de las axilas y levantarlo. Lo colocó en el borde de la bañera y le palmeó la espalda.

- Cof cof –tosió y escupió el menor, volteándose para aferrase al pecho de Levi, humedeciéndole la ropa.

- Ni un maldito baño eres capaz de tomar sin causarme problemas… – exclamó con molestia el pelinegro mientras lo apartaba con algo de brusquedad.

- L-lo siento… – farfulló el aludido, su garganta raspándole horriblemente por el esfuerzo – l-lo siento mucho…

- Ya… como sea – dijo desviando la mirada de aquellos orbes verdosos cristalinos que le veían con arrepentimiento – Anda, te ayudaré a lavarte. Vuelve a sentarte y quédate quieto.

- ¿Eh? ¡N-no! P-puedo hacerlo solo, es que me dio un calambre y…

- A la mierda, mocoso, ¡obedece! –decretó el ojigris, logrando acallar cualquier queja de parte del castaño.

Eren se separó del mayor y se deslizó nuevamente en la bañera.

Realmente no entendía por qué el pelinegro se comportaba de esa manera, es decir, hace menos de dos semanas lo había corrido de su casa de la peor forma posible, insultándolo y dejándole en claro que su presencia no le era más que un estorbo innecesario… ¿y ahora lo socorría y se ofrecía a "lavarlo"? ¡¿Qué estaba mal con ese hombre?!

De reojo observó como el mayor rebuscaba los implementos necesarios en un gabinete debajo del lavamanos. Se dio unos instantes para observar bien el cuerpo ajeno.

La ahora transparente camisa se le pegaba a la espalda, remarcando su complexión delgada y a la vez musculosa. Su pantalón, igual húmedo, enmarcaba a la perfección sus torneadas piernas y sus bien formados glúteos. A la altura de la cabeza, el cabello ligeramente mojado se notaba más negro y brillante, contrastando a la perfección con aquella parte rebajada al estilo militar. Sintió saliva acumularse en su boca y tragó en seco. Estaba siendo DEMASIADO consciente de la presencia de Levi.

Bufó desviando la vista, la migró hasta los pulcros e intactos azulejos de la pared y fue descendiendo, observando desinteresadamente el blanco mármol del cual estaba hecha la bañera hasta llegar a sus muslos desnudos bajo el agua.

Como si algo hubiera hecho "clic" en su cabeza, recién cayendo en cuenta de su desnudez, llevó rápidamente ambas manos a sus partes privadas, tapándose lo más disimuladamente posible. Sin embargo, el sonrojo en sus mejillas lo delataba y, por supuesto, Levi lo notó.

- Tsk…

Haciendo caso omiso del innecesario pudor del menor, Levi arrastró el shampoo, acondicionador, jabón y esponjas necesarios para su trabajo y los depositó en la tapa del retrete. Se arrodilló a la altura del castaño y dio inicio con su labor.

El ojiverde no pudo sino dejarse hacer en silencio, removiéndose ocasionalmente ante el tacto del mayor sobre su piel. Se sentía extraño, no sabía definir si le gustaba o le asustaba.

Después de que el ojigris acabase de lavar su cabello, le extendió el jabón y Eren agradeció mentalmente que no lo enjabonara él mismo. Algo dubitativo, se frotó todo el cuerpo con el implemento, lanzando a cada rato miradas furtivas hacia Levi, quien "amablemente" había accedido a voltearse. Tras una nueva oleada de agua tibia, el baño dio por finalizado.

El pelinegro se levantó, le alcanzó un par de toallas al menor y se marchó con la excusa de ir a buscar los artículos para limpiar ese desastre.

Eren aprovechó ese lapso para salir rápidamente de la tina y enrollar la suave tela alrededor de su cintura mientras con la otra se secaba el torso y cabello.

Levi reapareció rápidamente, cargado con un trapeador y un trapo, le indicó al castaño que fuera a secarse a su habitación y se pusiera alguna bata mientras él se encargaba de asear el piso inundado. Eren susurro un rápido "gracias" seguido de un "lo siento" y se dirigió hasta el cuarto del pelinegro.

Una vez allí, Eren pudo soltar todo el aire contenido.

Se apoyó pesadamente contra la pared, resintiendo el dolor que ello le causó, y se dejó resbalar hasta caer sentado. Elevó ambas manos y tironeó de sus cabellos.

- ¿Qué carajos es todo esto? – murmuró para sí mismo – ¿Por qué siento que mi corazón está por salírseme del pecho?

El silencio fue su única respuesta.

Suspiró cansino y se paró.

Examinó la habitación con la mirada hasta que dio con un montículo negro sobresaliendo por la portezuela del armario. Se acercó y sacó la. Ya conocida, bata negra.

Se la puso y se sentó en la cama, esperando que Levi apareciera.

No quería pensar en los porqués, pero no podía evitarlo. Para él, aquella situación era de lo más inexplicable. Estaba en el departamento de su vecino, usando ropa de su vecino, con olor a su vecino.

¡Wow, alto! ¿En qué momento reconoció aquella esencia como propia del pelinegro?

- Mierda, creo que me afectaron los golpes en la cabeza…

Como fuera, el punto era que estaba en un lugar en el que supuestamente no era bien recibido, siendo atendido por una persona que indirectamente la había dicho que lo odiaba. Nada tenía sentido.

- Mocoso – interrumpió el ojigris.

- ¿S-si? – ¿En qué momento entró?

- ¿Dónde más estás herido?

- ¿Uh?

Levi hizo una mueca de disgusto e impaciencia y se acercó hasta Eren, llevando colgando en una mano un botiquín de primeros auxilios.

- Aparte de tu muslo, ¿dónde más tienes cortes?

El castaño parpadeó repetidas veces y luego su rostro entero se tiñó de rojo, hasta las orejas. ¿En qué rato Levi se fijó que tenía una cortada en el muslo? ¿Acaso era un acosador?

- ¿C-c-cómo sabe eso? – indagó poniéndose a la defensiva.

- Tu pantalón está rasgado y tiene sangre a esa altura – contestó el mayor alzando una ceja, ligeramente divertido – ¿No es tu reacción algo exagerada?

- ¿Qué?...

- Ambos somos hombres, ¿no? Aún y si lo hubiera notado al verte desnudo, ¿tiene eso algo de malo?

Eren abrió la boca anonadado por semejante y descarada declaración. En un acto reflejo, cerró fuertemente sus piernas.

Levi sonrió internamente y decidió forzar un poco más la situación.

Acortó la poca distancia que se mantenía entre Eren y él, tomando al castaño por sorpresa con el brusco movimiento y haciéndolo retroceder con torpedad sobre la cama como un cervatillo asustado.

- ¿Q-qué hace? – preguntó entrecortado el ojiverde mientras se arrastraba sobre el mullido lecho, tratando de mantener un trecho saludable entre Levi y él.

- ¿Por qué retrocedes, mocoso? – ronroneó seductoramente el pelinegro, impidiéndole al menor lograr su cometido y prácticamente recostándose sobre su cuerpo – ¿Acaso me tienes miedo?

- P-para nada – trató de sonar seguro Eren.

- Bien.

Tomándolo del tobillo, Levi jaló del cuerpo de Eren, ocasionando que el mocoso se deslizara como si de hielo se tratara hasta acabar de nuevo contra el borde, sólo que ahora echado y él en medio de sus piernas abiertas.

Eren quedó estupefacto ante la acción del ojigris, avergonzándose casi instantáneamente al percatarse de la posición en la que se encontraban.

Un fugaz flash cruzó por su pervertida mente, la imagen de Levi y él haciendo cosas sucias en esa misma pose. La faceta desencajada de placer del mayor y su propio rostro deformado en puro éxtasis. Sintió una punzada en su entrepierna.

Cerró los ojos con fuerza y se cubrió la cara con ambos antebrazos.

Esperó y esperó, pues si su imaginación y la situación en la que se encontraban eran las mismas, Levi y él… en cualquier momento…

- ¡Ahh! – chilló al sentir algo frío presionando contra la herida de su muslo. Pronto un fuerte ardor comenzó a invadir la zona humedecida – ¡Coño! ¿Qué mierdas es eso? ¡Duele!

- Arde – lo corrigió tranquilamente el pelinegro – y es agua oxigenada. Por si no te diste cuenta, desinfecto tu herida, mocoso.

- ¡Ahh... ay, ay…¡ – lloriqueó, retorciéndose como un gusano - ¡Joder!

- Aguanta un poco más – dijo monótonamente mientras aplicaba otro algodón empapado.

- ¡Ngh!... ¡A…ay…!

- Tsk, ya, ya está – aclaró Levi mientras se deshacía del pequeño algodón, tirándolo en el bote de basura un poco más allá de la mesita de noche.

¿En qué momento abrió el botiquín? ¿Cuándo arrastró la silla giratoria hasta acá? ¿Por qué no lo sentí apartarse? – fueron las primeras preguntas que surcaron la mente del castaño.

- Siéntate y bájate la bata, voy a ver qué puedo hacer con tus moretones.

Tontamente, el rostro de Eren volvió a encenderse. Obedeció casi de inmediato.

El ojigris examinó un momento el maltrecho torso del ojiverde y finalmente sacó una pomada. Con una delicadeza increíble, comenzó a untar las zonas amoratadas, trazando círculos y deleitando al menor con aquel íntimo contacto.

Eren se sentía perdido y confuso por muchas razones. Primero que nada por las acciones del pelinegro para consigo y después por esa calidez que le nacía desde lo más profundo del pecho al pensar en su vecino.

Como enfrentar sus propios sentimientos era algo a lo que no estaba dispuesto a someterse aún, consciente o inconscientemente, se entretuvo mirando las facciones impenetrables e indescifrables de Levi conforme sobaba sus partes adoloridas.

- Levi… – soltó después de un rato, totalmente embobado, hechizado por la dedicación con la que el mayor lo trataba.

- Que no me llames por mi nombre, mocoso – le reprendió el aludido, sin alzar la vista.

- ¿Por qué me dijo esas cosas tan feas hace dos semanas? – ignoró la advertencia el castaño.

- ¿Porque es lo que sentía? – respondió irónicamente.

- Miente… si fuera así yo seguiría tirado allá en el pasillo – replicó astutamente el menor con una ligera sonrisa en los labios.

El ojigris detuvo lo que estaba haciendo y se enderezó, mirando de frente al castaño. El aura de felicidad y agradecimiento que emanaba de los ojos ajenos enfermándole de sobremanera.

Desvió la vista y habló:

- Tsk, no seas tan creído, sólo trataba de hacerte un favor…

- Pues fue al contrario…

- No, no lo entiendes… si estás mucho tiempo cerca de mí, ella lo va a malinterpretar…

- ¿Eh? ¿A qué se refiere? – cuestionó extrañado Eren.

- Si pasas mucho tiempo acá y ella te encuentra, créeme que no es algo que nos convenga a ninguno de los dos – prosiguió divagando el otro, ignorando a Eren.

- ¿Eh? ¿Quién? – el menor comenzaba a exaltarse – Me está asustando, ¿de quién habla?

- Han…

Un estruendoso portazo interrumpió la charla de ambos hombres.

Una voz chillona y cantarina se hizo dueña de la habitación, revelando la identidad de la persona más inconveniente de todas las que pudieron haber irrumpido justo en ese momento. Hanji Zoe.

- ¡Enanín~! ¡Feliz cumplea…! – la frase fue cortada a la mitad por la misma mujer.

La escena se congeló por unos segundos.

Hanji parpadeó un par de veces, como si su cerebro tuviera lag y sus neuronas trataran desesperadamente de hacer sinapsis.

No era algo muy difícil sin embargo, era sólo unir los cables, las imágenes frente a ella: Un Eren desnudo, con una bata a medio quitar apenas cubriéndole lo necesario y Levi sentado en una silla prácticamente en medio de sus piernas.

Dos más dos da cuatro.

Una sonrisa macabra y completamente llena de maliciosa diversión surcó su rostro, casi de oreja a oreja.

- Oh, enanín, disculpa… no sabía que ya tenías COMPAÑÍA.

La de lentes miró lascivamente al ojiverde, y luego hacia Levi, sonriéndole con picardía y guiñándole un ojo en complicidad.

- ¡¿E-eh?! – fue lo único que pudo soltar un abochornado Eren.

- Tsk… por eso te dije que te mantuvieras alejado…

.

.

.

Sé que no tengo excusa, me he tardado añadas, pero ha pasado de todo en mi life Dx (mentira, sólo ha pasado una cosa llamada INSCRIPCION A LA UNIVERSIDAD ESTATAL) y es la mierda más mierda de mi vida, me piden de todo… DE TODO! Dx arftaysrtasragsafraetreardagcsa never mind.

Bueno la cosa es que estoy aquí y ahgsashjsghjgsa este es el capi más largo que he till now y lo sé porque me duele el maldito dedo índice derecho de tanto teclear ;w; así que espero que les guste y me digan lo mucho que me haman y que soy una lindura (?) ok, no xD sólo que les guste, pss me esforcé en describir lo mejor posible ambas situeichons.

Este capi fue motivado por un review anon de hermoso ysensual, quien me inspiró hace dos días a escribir como condenada y si tardé dos días es pk LA MALDITA UNIVERDAD ME HACE MADRUGAR POR SUS PUTOS TRÁMITES Y LUEGO ME VOY PA LA CHUCHIS Y MAL HUMOR Y AHGARFJHTSJSA :3

Eso y xD no sé, gracias a las demás lectoras que me reviewsean, sepan que cada review llena mi corazoncito de amorsh y felicidad y pipí (pis – peace)

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A quien quiera que me haya hecho caso y leído/empezado a leer Oyasumi Punpun, sepanq eu lo acabé y lloré sangre porque la cosa es demasiado darks y profunda y… no sé, muy llena de cositas feelosas pero no aptas pa todo público D: y si se trauman, no es mi culpa pk se los toy advirtiendo ahora (?)

Otro, a quien quiera que quiera leer angst (aunque el angst recién viene máaaaas adelante), dese una vuelta por mi otro fic con nombre gay "Dreaming with touching you"*… va lentito, pero os prometo que lo pondré buenorro.

*Nombre sujeto a cambios en un futuro donde tenga creatividad.

Gracias por Leer.