Ahhh momentos sadddddddd! Qué terrible haber llegado a estas alturas xDD pequeña Pashi, espero te guste este nuevo capítulo :3 el próximo es el final! :D
Cap 7
¿Era por inexperiencia? Ponerlo como opción era incluso descarado. La tenían todos y de sobra, más entre ellos, casi que se conocían todo tipo de sabores y esencias mutuamente.
Entonces ¿qué era lo que estaba fallando? Odiaba enfrentarse a una realidad tan decepcionante, pero lo cierto es que por más que intentaba acercarse a su novio, Tsuna no parecía hacerle caso, ni a él, ni a sus caricias, estaba totalmente embobado con G. Ya no contaba como un trío.
Es normal que Gokudera se guarde sus sentimientos, especialmente si son del tipo negativo, no querría importunar a su décimo de ninguna forma, pero esto se estaba pasando del límite y verlo encamándose con ese hombre a quien ya lejos de admirar le estaba tomando odio, era por lo menos frustrante.
-¡J-Juudaime!-Levantó la voz lo más posible, lo más que se permitía frente a su jefe, obteniendo una leve mirada que pronto se esfumó cuando el pelirrojo volvió a atrapar al castaño en un beso húmedo. -¡Juudaime!-Insistió.
-¿Qué?-Extrañamente para los menores, fue el mayor quien respondió con molestia por las interrupciones.
-No es contigo con quien quiero hablar, imbécil.-La hostilidad se apoderó de su cuerpo y ya le fue imposible actuar con falsa cordialidad o siquiera racionalidad. El otro ni se inmutó por el insulto, es más, le hizo señas a Tsuna para que respondiera al anterior llamado.
-Go-Gokudera-kun…mhh…-Se rascó la nuca, notoriamente incómodo y hasta confuso, la maraña en su mente estaba tomando una forma que no era muy conveniente ni agradable, pero sí muy cierta, y seguir haciendo como si nada era imperdonable, tanto para él como para el resto.
Allí sobre la cama que compartía con G, con tan sólo ropa interior y su novio mirándolos con algunas prendas más, dio un suspiro profundo, agotador y angustioso. Los miró varias veces, a su joven tormenta y al mayor, como si estuviese decidiendo entre una opción y otra.
-¿Decimo?-Por un momento el más alto perdió su tranquilidad, lo disimulaba, claramente, pero el mismo instinto le hizo notar que sus presentimientos anteriores sobre que las cosas irían a peor, no estaban para anda errados.
-Esto es muy desagradable pe-pero…uhmm-Hecho un manojo de nervios, el jefe Vongola tomó valor, o más que ello terminó de enloquecer y logró pronunciar aquello que bien sabía hace ya un corto tiempo.-Gokudera-kun, ya no puedo…no podemos.
-¿Eh?-Entendiendo nada de lo que dificultosamente trataban de decirle, su mente se esforzaba por no pensar en lo peor, pero se acercaba a sus espaldas, a pasos agigantados.
-Lo lamento, pero me he enamorado de G.-Cobarde, sin poder ver a ninguno a los ojos al pronunciarlo. El silencio reinó por largos segundos en los que nadie entendió qué pasaba. No sabían de horas, minutos, lugares, nada.
La garganta y boca secas no dejaban salir palabra alguna del de cabellos plateados, sus ojos abiertos a más no poder y su corazón quedándose sin latidos, todo el conjunto que lo dejaba totalmente muerto en vida, recibiendo una declaración que si bien en algún segundo de tortura mental se le pasó por la cabeza, no deseaba vivir.
-¿Qué?-El menos afectado pero por desgracia involucrado fue quien habló. G, quien ya se estaba comenzando a vestir al ver el fracaso del trío, notó que las cosas que parecían medianamente mal, se fueron a mucho-mucho-mucho peor en un abrir y cerrar de ojos. Justo como su jefe lo había predicho.
-Sé que no corresponde confundir las cosas…pero…-Aferrándose a su camisa recién puesta, el castaño por fin lo vio a la cara al hablar.-Me has estado cuidando y…consolando, con tanta calma, con ese temple que me hace sentir tan protegido…-Tuvo que tomar aire para volver a decirlo, mas sólo salió un leve susurro de sus labios.- Me gustas mucho, G…
Luego lo recordaría como leves pedazos de memorias, como si viera fotos o segundos de video de cada acción, ya que entró en un modo automático en el que la mente se apaga, sólo sabía que debía huir de ahí. Dejando su chaqueta y cinturón tirados, Hayato se apresuró en salir de la habitación, caminando, corriendo, como fuese.
El frío le golpeó la cara, así se dio cuenta de que estaba ya fuera de la mansión. Comenzó a caminar por los jardines infinitos, rozándose o golpeándose con los árboles y arbustos, los cuales no sentía. El mundo se había terminado. Sus miedos se hacían realidad, su existencia perdía sentido, todo aquello que habían construido y en lo cual había basado su vida de pronto se desvaneció. Ni siquiera sabía si decir que era culpa de su novio, de quien se lo había "quitado" o de sí mismo por no poder mantenerlo a su lado.
-¡Gokkun! Hey, Gokkun…-Tirado sobre el pasto, sintió como una mano lo zamarreaba bruscamente.- ¡Por favor dime que estás bien!-Se tardó unos segundos en volver a la realidad, recordar que había caminado por los jardines hasta caer rendido, lo sucedido en la habitación, todo aquello.
-Giotto…-Los ojos brillantes del primer jefe de Vongola eran incluso más destellantes que los rayos de sol que se colaban entre las copas de los árboles.
-Gokkun…me alegra haberte encontrado…-Tomándolo de la cabeza, la acomodó en sus piernas, quedándose allí junto a él sobre el pasto.- Si no quieres hablar está bien, lo he escuchado todo de G, entiendo perfectamente la situación.
Se sentía incapacitado para llorar, pero al tocarse la cara la sintió mojada, como si hubiese llorado en sueños. Realmente no lo recordaba y nada importaba ya. Más por instinto que otra cosa, se acurrucó en Primo y tomó otro largo descanso.
El atardecer los cubrió y ese amplio campo no era un sitio muy recomendable para pasar la noche. Giotto se vio obligado a despertar a su bello durmiente.
-Hey, Gokkun…cariño, tenemos que regresar, debes comer algo, aunque sea poco.-No le costó demasiado despertarlo, tenía el sueño bastante ligero.-Vamos, cielo, te llevaré a un lugar cómodo.
-Por favor déjame aquí.-Rogó, medio dormido y con los cabellos cubriéndole todo el rostro.
-Ni pensarlo, aun si te llevo a rastras lo haré, no vas a solucionar nada resfriándote aquí.-Lo tomó con una fuerza de la cual pareciera ser carente por su delgado aspecto, pero bien que la tiene. Logró dejar sentado frente a él al menor, quien no levantaba la cabeza.-Sé que no hay palabras para un momento como este pero hay tanto por lo cual seguir luchando…
-¿Cómo qué?-Comenzó con un hilo de voz, sintió que no podía seguir callando.-Mi motivo para vivir es ser la mano derecha del décimo, o más bien, el novio del décimo. Admito que tener la suerte de ser su pareja me ha hecho elevar mis expectativas, hoy no puedo decir que me conformaría con ser su subordinado y sí, sé que es una falta de respeto, que debo seguir al décimo independiente de todo pero ¡Maldita sea! ¡No puedo dejar esos deseos egoístas! Quiero ir y decirle que no me importa si somos novios o no, que lo protegeré y querré siempre pero, mierda… me niego a mentirle, es lo que diría de la boca hacia afuera pero la verdad es que soy débil y lo quiero por siempre para mí.
Una cálida sonrisa se formó en el rostro del mayor, no podía evitar conmoverse por los dulces sentimientos de ese chico, los cuales a pesar de haber sido pisoteados seguían tan vivos como siempre.
-Oh, Gokkun, ese corazón tuyo es…francamente una joya.-Un comentario aparentemente fuera de lugar pero que le salía del alma, había una ternura irrefrenable que sentía en el pecho cada vez que veía a la pequeña tormenta, un sentimiento dulce que se lo estaba devorando.- Entiendo…tan bien tu sentir.
-¿De veras?-No quería poner en duda su amabilidad y empatía, pero escuchar a alguien que "lo tenía todo" como Primo decir eso era desconcertante.-Llevas toda la vida compartiendo con G ¿no? Y él siempre te ha correspondido, no imagino que puedas saber cómo se siente esto.
Una risita escapó del rubio, no dejaba de tener razón pero hay un detallito que se le escapaba, que ignoraba, que desconocía porque él mismo había hecho esfuerzos sobrehumanos para mantenerlo en secreto, hasta de sí mismo.
-Claro que te comprendo, puede que no lo veas así pero…-Tomando una de las manos ajenas entre las propias, la acarició con extremo cuidado y devoción.- ¿No te gustaría ver esto como una oportunidad?
Levantó por fin la cabeza, con algo de sorpresa y una pizca de curiosidad. Entre todo el dolor, la confusión, la decepción y ahora esta extraña conversación, algo nuevo se vislumbraba. Hasta ese momento ni sospechaba de qué trataba ello.
-¿Hmm?-No pudo siquiera articular palabra, quedó en un pequeño shock además del que ya tenía por lo que escuchó de su novio, una cosa rara tras otra, todo lo que ocurría no habría podido ser previsto, al menos desde su perspectiva.
-Con G nos vamos a querer siempre, hemos demostrado que ni la muerte nos puede separar, y no pretendo eso por ningún motivo pero…-Era muy extraño ver a Primo, una persona tan relajada y sin tapujos, dándose vueltas antes de dar con una idea, parecía que ésta no le daba sólo nerviosismo, sino que también una pícara alegría, ya que no podía contener las sonrisitas.
-¿…y bien?-Con menos paciencia de la normal, estuvo casi a punto de exigirle que terminara lo que quería decir. En ese instante recibió los cálidos ojos de Giotto dándole como regalo una mirada única, llena de un amor que pronto comprendería.
-No podemos cambiar lo que ya ha ocurrido, lo sé bien porque ni la distancia ni el tiempo han hecho que mi corazón desista.-Tomando ya las dos manos de su compañero, se inclinó levemente hacía él, como si fuera a besarlo, y realmente quería hacerlo.-¿Lo recuerdas, amore mio? ¿Aquella vez en el karaoke?
Con la mente tan atrofiada a Gokudera le costó trabajo llegar a esa vieja memoria a la que el otro se refería, pero no tardó demasiado tampoco. Sí, el día en que salieron de cita doble entre los cuatro y el travieso rubio lo arrastró para que cantaran en el karaoke, besándolo frente a todos los presentes para luego decirle…
-Ah…-Su gesto de sorpresa indicaba que había llegado a la respuesta, mas el rubio, como todo un romántico italiano, tenía que decir las cosas de frente y con toda la fuerza posible, como en aquella ocasión.
-Ti amo, Gokkun… ¡Dios, ya no puedo guardarlo más, te amo! ¡Te amo!-Besándolo en la boca con un hambre bestial, se abrazó a él, sin importarle realmente la respuesta. Se conformaba momentáneamente con poder decirlo, con tener finalmente la valentía y la sinceridad de expresar aquello que no se había permitido ni pensar, pero que era claro y firme ya en su ser.
Eran demasiadas emociones para un solo día, tanto que de alguna manera Gokudera simplemente se desvaneció. Giotto lo tomó entre sus brazos y cuidadosamente lo llevó a la habitación más apartada de la mansión, comprendía muy bien que por el momento no quería ver a nadie, ni siquiera a él, así que lo dejó con algo de comida en una mesa cercana y se marchó para dejarlo descansar.
Caminando por los largos pasillos, unos sollozos bastante conocidos lo hicieron voltear, encontrándose con el actual jefe de Vongola, quien parecía llevar allí bastantes horas sentado y llorando.
-Decimo…-Lo llamó, logrando que el otro advirtiera su presencia.
-Mhn…Primo…-Tratando de secar sus lágrimas, lo contempló, poniéndose de pie.
Nadie lo dijo, y tampoco lo veían realmente así, pero un problema de la familia le correspondía al jefe, o a los jefes en este caso, por lo que caminaron uno al lado del otro sabiendo que irían directo a tener una conversación más que necesaria.
Continuará…
