Disclaimer: los personajes de Hora de aventuras no me pertenecen.


-Disculpe señorita, ¿ese centro comercial es nuevo?

Una voz llamó su atención y le hizo detener su marcha. Ante ella, un hombre alto e imponente que vestía un traje color negro la observaba expectante. Su piel era pálida y su mirada penetrante, y por un instante temió estar frente a Drácula de Bram Stoker. Su porte era impecable como su vestimenta.

-¿Eh?-preguntó desconcertada retrocediendo un par de pasos.

-Que si ese centro comercial de allá-señaló con la barbilla al edificio-lo hicieron hace poco.

-No señor, ya tiene año y medio que se construyó- respondió un tanto a la defensiva, aquel hombre comenzaba a darle escalofríos. Por dentro, solo deseaba que se hallase perdido y no tuviese una segunda intención.

-Año y medio, vaya-se quedó pensativo un instante y Bonnibel pensó que sería la oportunidad perfecta para escabullirse.

-Me habré perdido-dijo frunciendo un poco el ceño.

Sonríe amablemente y vete de allí, pensó.

-Disculpe una vez más-se giró hacia ella en tono cordial- ¿qué horas tienes?

-Son las 4 de la tarde-contestó mirando su reloj.

-La papas de Marceline- leyó en voz alta lo que tenía escrito en su mano. Fue en ese instante, en que Bonnibel se dio cuenta de que aquel hombre tenía todas las manos rayadas, incluso tenía tinta en las mangas de su camisa. Se le hizo extraño. Para no olvidar las cosas, la gente suele hacer listas en papeles no rayarse de aquella manera; tenía muy poca piel sin frases escritas en ella.

Giró sobre sus talones tratando de perder de vista a aquel hombre, pero chocó de frente con quien menos se esperaba encontrar: Marceline. La pelinegra lucía preocupada, su semblante no cambió mucho al verla. Le sonrió levemente, pero su sonrisa fue efímera e incluso la pelirroja llegó a dudar de su veracidad. Pasó rápidamente de ella y se encaminó hacía el hombre de negro gritándole:

-Papá, ¿por qué sales así de casa?- ¿Papá? Se preguntó la colegiala, debió haberlo supuesto por el parecido entre ambos. Sintió curiosidad, comenzó a andar lentamente mientras fingía estar distraída en algo.

-Estaba harto de tanto encierro, además aquí dice que tengo que comprarte unas papas- señaló su palma.

-¿Por qué no escribes en el diario?-contestó como si estuviese hablando con un niño pequeño. Todo le pareció muy extraño a Bonnibel.

-¿Cuál diario?

-Olvídalo, mejor vamos a casa.

-¿Y las papas?

-Ya compré otras- dijo agarrándolo del brazo. Bonnibel no podía evitar seguirlos con la mirada disimuladamente, era todo tan surrealista. ¿El papá de Marceline estaba enfermo?

Caminaron aproximadamente unos 5 minutos en silencio. Al parecer iban para el mismo lugar porque no dejaron de seguir a la pelirroja todo el tiempo. El padre de la universitaria no hacía más que comentarios acerca de lo cambiado que estaba el barrio, y de vez en cuando, se molestaba porque algunas cosas no estuviesen donde tenían que estar. Parecía un maniático del orden y su hija parecía todo lo contrario. Llegaron a un conjunto residencial.

-Cuando vayas a la universidad saldremos de aquí-comentó infravalorando el lugar.

Bonnibel giró sobre sí y observó a Marceline desconcentrada, esta solo se encogió de hombros.

-¿La conoces?-preguntó Hunson mirando a Bonnibel.

-Eh sí, se llama Bonnibel.

-¿Estudia contigo?

-Sí-le mintió.

-Oye chica, porque no subes un rato a casa-sugirió él-ya era hora de que Marceline empezara a cambiar su círculo de amistades.

Le sonrió.

Y ella le devolvió la sonrisa, aunque fingida.

-Papá, ve adelantándote que tengo que hablar una cosa antes con Bonnie.

El hombre asintió y en silencio se perdió tras unas puertas eléctricas.

Bonnibel observó a Marceline en busca de una explicación. Esta solo suspiró.

-Antes de que me digas cualquier cosa, quiero que sepas que está enfermo-volvió a suspirar y enredó un poco sus cabellos con sus dedos. Parecía necesitar un abrazo.

-¿Qué tiene?-preguntó con curiosidad-bueno si se puede saber-corrigió.

Caminó y se sentó en las escaleras que daban a la entrada del edificio. La pelirroja la imitó.

-Es una historia muy larga y no sé si seas la persona indicada para escucharla-dijo con la vista perdida en el horizonte.

-Prometo no decir nada. Además, tengo tiempo.

-No creo que hayas venido expresamente a verme a mí.

-Si quieres me voy- amenazó levantándose, la actitud de la pelinegra comenzaba a enfadarla.

-Lo siento, me pongo un tanto arisca con este tema. Pero supongo que vendría bien desahogarme.

-Ya te dije que te escucho-colocó una mano en el hombro de la pelinegra en señal de apoyo.

-Sin interrupciones- advirtió.

-Sin interrupciones-afirmó.

-No empezaré diciendo que éramos la familia perfecta, porque esa mierda nadie se la traga. Éramos una familia normal; mi madre era una enfermera que trabajaba en una clínica muy importante, mi padre era un abogado muy estricto y ambicioso al que pocas veces se le veía en casa. Pero solíamos funcionar bien-hizo una pausa.

-¿Solían?

-Cuando tenía 15 años, descubrí que me gustaban las mujeres. De hecho, ya lo sospechaba tiempo atrás, pero fue en esa época en la que me reafirmé. Pasaba mucho tiempo en Internet hablando con chicas iguales a mí, leía mucho. Le conté a mi mejor amiga y me apoyó, mi madre me aceptó, pero con mi padre la cosa fue distinta.

-¿Te trató mal?

-Me ignoró, hizo como si yo no le hubiera dicho nada. Pasó de mí.

-Lo siento.

-En esa época, comencé a juntarme con gente que no me traía nada bueno. Empecé a fumar, a tomar alcohol, tomé algunas drogas. Era un desastre. Duré así al menos un año y medio, duré así hasta el día en que mi padre desapareció.

-¿Desapareció?

-Sí. Se perdió por unos tres meses. No teníamos noticias suyas, pensamos que lo habían secuestrado o asesinado. Hasta que un día nos llamaron de un hospital; había entrado en un coma etílico.

Bonnibel había escuchado atentamente cada una de las palabras de la pelinegra. Había observado como su rostro se compungía y su mirada aún seguía perdida.

-Al día siguiente despertó. Mi madre y yo hablábamos mucho para ese entonces; ella me confesó que mi padre la había descubierto con un amante-suspiró-Intenté comportarme lo más madura posible. Nuestra relación se enfrió, pero seguía siendo mi madre y ambas intentaríamos apoyarnos en lo referente a mi padre.

-¿Se solucionó todo? ¿Qué pasó con tu papá?

-Ojalá se hubiese solucionado-sonrió con desgana- mi padre empezó a tener fallos en la memoria. El médico nos dijo que desarrolló el síndrome de Korsakoff.

-¿Qué eso?-preguntó realmente curiosa la pelirroja.

-Un trastorno en el que se van dañando ciertas áreas del cerebro, y por ende va teniendo fallas en la memoria, en este caso en la memoria de corto plazo.

-No entiendo muy bien-dijo sonrojada.

-¿Viste la película Como si fuera la primera vez?

-¿La de Drew Barrymore y Adam Sandler? ¿Esa donde la chica cree que es el mismo día siempre?

-Exacto. Mi papá está estancado en el tiempo, cree que tengo 16 años. No puede tener nuevos recuerdos. Él logra almacenarlos por 15 minutos y después se esfuman y es como si no hubiesen pasado. Así que, te apuesto a que si subes no sabrá quién eres.

-Vaya-comentó. Tenía que procesar toda la información que le estaba soltando la pelinegra. Así que eso era todo lo que se ocultaba tras esos ojos negros pensó. Se acercó a ella, la rodeó por el cuello y le dio un abrazo que significaba todo lo que la apoyaba en esos momentos.

Marceline se sorprendió por ese abrazo, pero inmediatamente le correspondió. Lo necesitaba, necesitaba desahogar toda la mierda que tenía por dentro. No obstante, aún quedaban demonios en su alma.

-Gracias por escucharme-se separó un tanto brusca la pelinegra limpiando la lágrima que se escapaba de sus ojos.

-No hay de qué- sonrió.

-Ahora sí puedes irte.

-¿Cómo?

-Supongo que viniste a ver a alguien.

-Sí, pero yo-prefiero quedarme contigo, pensó Bonnibel.

-Anda ve- se levantó de las escaleras, tendió la mano a Bonnibel y la giró por los hombros-no le hagas esperar.

No, no voy a ver a mi "novio" pensó. Quería estar con ella y sí, Jenny le importaba, pero le apetecía más estar con una chica de ojos negros.

-No importa-dijo caminando a la fuerza-Jenny, puede esperar.

Se detuvo.

Se detuvieron.

-Debí suponerlo, Jenny-sonrió un poco aliviada.

Bonnibel se dio cuenta y sonrió de vuelta.

-Sí, ha estado mal estos días. No ha ido al colegio.

-Vamos, te acompaño.

Bonnibel se encaminó pensativa hacia el piso de Jenny. No se esperaba tal revelación por parte de la pelinegra, debía ser duro pasar por aquella situación, aún tenía muchas dudas en lo referente a ella ¿Con quién vivía? ¿Cómo trataban a su padre? ¿Y su madre? La observó de reojo; lucía más tranquila y más fresca.

-Si no dejas de mirarme voy a pensar que te gusto-bromeó un poco. Siempre tenía humor y no lograba dejarse achantar por las adversidades.

La pelirroja se sonrojó.

-No es eso-contestó oprimiendo el botón del ascensor.

-La vida es complicada-comentó ingresando.

-Lo sé-entró junto a ella.

-¿A qué piso vas?-preguntó Marceline observando la hilera de números.

-Al último.

-Yo me quedó en el cuarto-comentó apretando ambos números; el 4 y el 12. Se metió las manos en los bolsillos de su pantalón y se tambaleó un poco.

-Gracias de nuevo-dijo la pelinegra sonriendo. Un mechón de cabelló cayó en su rostro y lo sopló.

-De nada- para eso estamos los… ¿qué? ¿Los amigos? ¿Eran amigas? Pensó la pelirroja.

Pasaron unos segundos y el sonido del ascensor abriendo sus puertas la sacó de sus cavilaciones.

-Bueno, adiós-le dio un beso en la mejilla-que tengas un bonito día-sonrió maliciosamente y antes de salir apretó todos los botones del ascensor. Bonnibel la miró incrédula y una vez se cerraron las puertas suspiró con una mezcla de molestia y diversión.


Vivir en el pasado es como estar muerto. Es aferrarse a no avanzar, a vivir como autómata mientras la vida se esfuma entre los dedos. El tiempo es tan efímero como la existencia misma.


Continuará.

Me gustó mucho escribir este capítulo, me salió muy fluido. Me encanta la memoria humana y espero que se haya entendido lo del síndrome de Korsakoff, desde que lo estudié en clase siempre me llamó mucho la atención. Lo planteé de forma agradable porque en el fondo no soy más que una optimista muy ingenua, eso de quedarse anclado en el pasado ha de ser un poco traumático.

En fin. Gracias por leer y lo de siempre ten un bonito día, noche, tarde...

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