Capítulo 6.

| ¿Toda la noche? ¡Toda la noche! |


Shifty rodó los ojos al escuchar la altanera respuesta del justiciero, « realmente patético », pensó que lo había sacado de una de esas tontas películas cliché o telenovelas de quinta y baratas que solían transmitirse en la televisión o comics para niños, sin embargo, tan sólo le restó importancia a aquel asunto dirigiendo la atención a su hermano menor.

— Tú...

Habló Shifty con el semblante totalmente recto.

Lifty se estremeció ligeramente al sentir la severa mirada de su hermano sobre él.

El héroe no hacía más que repasar mentalmente lo que acababa de ocurrir, permaneciendo expectante ante la discusión que se avecinaba. Por alguna razón, el ambiente no empezaba a darle buena espina.

—Más vale que recuerdes lo que te he dicho...—advirtió el mayor de los ladrones a su idéntico, sin apartar sus afilados ojos del menor. Splendid que aún estaba presente, giró la cabeza hacia los gemelos tragándose aquella curiosidad que comenzaba a picar su estómago desde un principio, ¿qué sucedía ahora? ¿Qué era lo que Lifty debía recordar?

Tuvo que tragarse sus interrogantes.

—Lo sé, y sólo porque tú creas que eres el mayor de ambos no tienes por qué darme ordenes, imbécil.—replicó Lifty de inmediato en mala gana también, no estaba de un muy buen humor tampoco ya que su hermano siempre le interrumpía y le regañaba como a un niño menor de ocho años–y eso que ambos tenían la misma edad, sólo una diferencia de segundos al nacer– ,lo cual le afectaba provocándole un muy pésimo humor, o empeorándolo mejor dicho.

Aunque ya era costumbre.

—Entonces haz las cosas bien y no te vuelvas otro maldito estorbo —soltó ácido el líder de los ladrones aquellas palabras que iban dirigidas a su idéntico con toda la intención de hacerle daño.

Y le resultó.

Lifty, por su parte se quedó casi estático al escucharle y notar que la expresión severa en el rostro de su hermano no desaparecía, ninguna otra respuesta fue capaz de salir de sus labios. No sabía exactamente qué decir, o al menos eso era lo que proyectaba a simple vista…

Y qué más se podría decir, ellos no eran la familia más unida del mundo.

Tal vez nunca lo fueron, ni mucho menos lo serían.

—Y tú…—Habló Shifty con voz prepotente, esta vez dirigiendo la mirada hacia el héroe, el cual se sobresaltó un poco por la impresión y el ser llamado por el cleptómano.

El de hebras celestina también había quedado sin saber qué comentar gracias a la pesada atmósfera que empezaba a formarse, la voz de Shifty le sacó de sus pensares al instante. Aunque sabía que no sería para algo bueno, al menos no para él.

—Limpia esto y déjate de tonterías también, no me importa cómo o con qué, pero vas a hacerlo. Luego, vete a dormir a una de las habitaciones de arriba porque mañana nos levantaremos temprano para empezar lo planeado, no hagas que mi paciencia se acabe, héroe de pacotilla~ —sentenció claramente en una orden el ladrón con sombrero, afilando su mirada sobre Splendid como advertencia y cierto deje burlón en su voz. Por más que la situación dictase lo contrario, Shifty no estaba realmente enfadado tal cual como lo aparentaba.

Lifty se hizo totalmente el desentendido, no estaba dispuesto a incluirse en lo que él mismo también había ocasionado. Se le escapó un casi imperceptible "Pfftt…" de sus temblorosos labios que contenían una carcajada, y que los oídos del héroe fueron los únicos en escucharle. Al parecer, el menor de los bandidos regresada a su típica actitud de siempre, muy a pesar de lo que su hermano le había dicho.

¿Siempre eran así?, se cuestionaba mentalmente el justiciero.

Y dicho esto último, fue mayor de los pelivedes el primero en caminar hacia las escaleras que conducían a la segunda plataforma de aquel viejo hotel situado a las afueras de Happy Tree Town, y apenas unos segundos después, Lifty no tardó en seguirle el paso dejando en completa soledad al superhéroe en la ahora silenciosa sala. Éste al verse solo soltó un suspiro y miró a su alrededor, visualizando así aquel desastre resultante de su infantil pelea con Lifty–porque todo empezó por un juego, un tonto juego– preguntándose ¿con qué iba a limpiar eso?. El piso era tan viejo y gastado que con sólo unos cuantos pisotones se había agrietado en ciertos puntos incluso llegando a opacarse aún más de lo que ya estaba.

¡Pero qué estaba pensando! ¡¿por qué le daba más importancia al suelo?! ¿Lifty no estaba intentando violarlo o algo así? ¿Qué Spendid no era de su tipo? ¿y no le gustaban las chicas?, por más que superhéroe le diera vueltas al asunto su cabeza no lograba acertar con algo que le diera una explicación o el por qué aquella acción del menor de los ladrones.

La piel del justiciero se erizó como si un hielo recorriera su espalda, agitó levemente la cabeza a los lados en un intento de desvanecer aquellos pensamientos que sólo iban a mortificarlo.

Había otras cosas más importantes en qué pensar.

Por ejemplo, cómo lidiar con el caos presente en la sala.

« Esto ya está hecho un desastre... », pensó para sus adentros el superhéroe tras soltar un suspiro de resignación. Bueno… no tenía otra opción más que intentarlo, o de lo contrario tendría que soportar quién sabe qué locura de Shifty.

Miró al suelo y las pequeñas rupturas alojadas en el concreto, ¿eso fue a causa de su imprudencia?

— Un cambio de look no mata a nadie — se decía así mismo, dándose ánimos para continuar y terminar lo que en ese momento debía hacer. Splendid tomó aquel "trapo" azul del mueble pasándolo una y otra vez por el piso dañado hasta que éste recuperase un poco el lustre que antes tenía, dejándolo más o menos presentable y luego se irguió de pie echando un vistazo a lo que anteriormente era una de sus prendas de vestir favoritas, su chaqueta.

—Fuiste una genial compañera —expresó con ligera nostalgia el héroe, sosteniendo el trozo de ropa en su mano.

Fue lo único que dijo antes de sacar aquella fiel chaqueta que ahora estaba toda sucia, afuera y lanzarla a un bote de basura para luego realizar un honorable gesto de despedida al empuñar la mano en su pecho. Tal vez parecía un acto tonto e incluso algo exagerado, era sólo una prenda de vestir, aunque para el justiciero significaba un preciado recuerdo de sus días al estar combatiendo la tiranía en las calles de Happy Tree Town.

¿Qué sería de la ciudad ahora?, no sabía cuánto tiempo iba a permanecer junto a ese par de endemoniados gemelos. Sólo esperaba que todo fuera rápido, y volver a su típica rutina en la ciudad.

Entró nuevamente al hotel y comenzó a subir las escaleras justo como antes Shifty le había indicado, todo estaba oscuro y no se escuchaba ese par de cleptómanos, cosa que despertaba en Splendid ligera incomodidad a cada metro que él avanzaba. Siempre que hay silencio es porque algo está a punto de suceder. Cosa que alertaba al héroe porque siempre que todo permanecía tranquilo, era porque esos rufianes tramaban algo en contra de su persona o quién sabe qué otra cosa extraña. Aceleró el paso hasta llegar rápidamente a una de las habitaciones de la segunda planta del viejo hotel, tras cruzar la puerta y ver la pieza no hizo más que encogerse de hombros y luego cerrar detrás de sí nuevamente. Echaba un vistazo por mera costumbre a la habitación, nada mal–pensó para sus adentros–, al menos contaba con una cama y una almohada en la cual podía darse un merecido descanso por ese día; también había una vieja mesita de noche y una cómoda en el mismo estado, además de una ventana con vista al oscuro cielo de la noche ilumina únicamente por brillantes luceros en la penumbra. Splendid luego de analizar la habitación, se acercó a la cama dejando caer su cuerpo en la misma–como si éste ya no diera para más, de verdad sentía una fatiga mental– mientras observaba con pesadez la ventaba frente a él, detallando los cuerpos celestiales que se proyectaban en sus brillantes orbes azules como la esperanza constante, todo estaba en un silencio increíble.

—Las rescataré...aunque tenga que morir, humillarme, estar en este lugar...no dejaré que nada malo les pase...—murmuró con ilusión.

Parecería imposible para cualquiera tener que soportar a personas tan complicadas como los ladrones estafadores, más aún en una situación similar a la del justiciero. Pero como siempre, era Splendid el que rompía esos parámetros de lo "imposible", porque así era, un fiel defensor de la justicia no conocía tal palabra que lo restringiera de cumplir su deber al ayudar a otros. Era lo que siempre motivaba dentro él un flemático sentimiento de seguir adelante muy a pesar de las adversidades, los inconvenientes y de que no todo siempre le saliese bien…

—Un héroe jamás se rinde…

Y después de decir eso, los parpados del justiciero se cerraron como si del plomo se tratara, cayendo finalmente en un profundo sueño.

Mientras tanto, a sólo una habitación de distancia de Splendid, yacían los gemelos planteándose así una pequeña discusión entre ellos que–como de costumbre–, terminaría en burlas e insultos. Los idénticos se sentían satisfechos ante su actuación, sobre todo el maleante de sombrero que ahora dibujaba en sus labios una socarrona sonrisa. Habían logrado su cometido frente al héroe, así que por ahora sólo les quedaba descansar en la habitación que ambos comúnmente compartían–desde que empezaron a vivir en ese viejo hotel–; era una de las habitaciones en mejor estado a comparación con el resto. Eran las únicas paredes que no estaban rayadas o agrietadas, aunque sí un poco opacas con el pasar del tiempo pero a pesar de ello la suave pintura color crema se preservaba bastante bien, la cama–doble–yaciente dentro era del mismo color crema, bastante moderna, junto a ésta y a cada lado habían unas mesitas de noche de manera con una pequeña lámpara de baterías encima, un armario también de manera y finalmente, un ventanal con vista hacia afuera adornado con cortinas en un tono verde opaco también estaba incluido en la "decoración".

Para ser ladrones exigentes, su habitación era bastante sencilla sin permitirse muchos lujos.

Tal vez por no querer gastar el dinero que robaban.

Y, Asegurándose de que la puerta estuviera bien cerrada sin nadie que le escuchara, Shifty se limitó a soltar una ligera carcajada producto al aspecto que tenía su hermano menor no sólo en sus vestimentas–tenía mucho tiempo intentando acallar risas en su garganta–, sino en la mueca de desagrado plasmada en su rostro.

Lifty rodó los ojos mientras se disponía a acomodar su bufanda, y luego sobarse delicadamente el moretón alojado en su mejilla derecha. Un pequeño gesto de dolor se proyectó en su facción.

—¡Pffft!… te ves patético, será mejor disimular eso mañana o no formarás parte de mi plan, idiota — Comentó el mayor de los ladrones, encantado de burlarse de su idéntico teniendo la certeza que aquello haría enojar aún más a su hermano menor. Prosiguió:— Por cierto, que atacaras sexualmente al héroe de pacotilla no era el objetivo—. Inquirió en una actitud desinteresada, aparentemente.

Y dicho esto, Shifty se lanzó de espaldas a la cama, acomodándose con total despreocupación mientras su hermano menor se escandalizada por el repentino comentario.

—Cállate, maldita sea. Puede que no haya sido parte del plan, pero al menos cumplí mi parte, imbécil —Soltó el menor de los ladrones con mala gana mientras refunfuñaba un sinfín de maldiciones dirigidas a su hermano y al héroe. Tampoco sabía exactamente algo estratégico qué replicar, su hermano mayor siempre era el que ganaba tanto física como mentalmente en las discusiones.

Y no se callará hasta estar totalmente satisfecho, se dijo Lifty mentalmente apretando los dientes y conteniendo un centenar de insultos.

—Eh~, pero por qué a mí no me das ese tipo de atenciones, hermanito~ —Musitó el bandido con sombrero, con una perversa sonrisa alargándose en sus labios. Lifty se giró ignorándolo, y no obtuvo una respuesta por parte del menor. Pero Shifty de ante mano sabía que el rostro de su hermano estaría rojo como el de un tomate maduro.— Hm… de todos modos ya es tarde, mañana será un largo día así que duérmete de una vez— entonó como dictando una orden, como habitualmente hacía.

El menor de los maleantes bufó, sentía sus mejillas arden y por nada del mundo se giraría hacía su idéntico, ya había tenido mucho de él por ese día. «Shifty, no hay remedio contigo », pensó para sus adentros el ladrón con bufanda dejando escapar un suspiro de resignación. Inmediatamente, Lifty se dirigió a la otra puerta de manera que conectaba a su habitación, se trataba de un pequeño baño como el que nunca falta en las piezas de los hoteles.

Jaló la manilla para poder entrar al mencionado baño el cual parecía estar en buen estado también–al igual que la habitación de los gemelos–; las paredes estaban forradas con cerámica en un suave color crema, las losas del piso con el mismo color y el porcelanato del lavamanos–por encima de éste, colgando en la pared yacía una espejo circular con un marco de madera– y el retrete clásico eran de unos tonos más claro, casi como un blanco, y en una esquina se alojaba la típica cabina de ducha; con un cabezal ajustable a la altura y bien protegida por una mampara con puertas deslizables en transparencia opaca. La cerámica y porcelana carecían de brillo y tenían pequeñas grietas, incluso alguno que otro pedacito caído del material .Un baño pequeño–malditamente pequeño, donde se debía estar muy al pendiente para no tropezar con las paredes–, pero al menos estaba limpio ni tampoco emanaba malos olores.

— Maldita sea…—refunfuñó el menor del dúo de cleptómanos, arrugando la nariz al ver su reflejo proyectándose en el curvado espejo. Apoyaba ambas manos en el lavabo, sin apartar su verdosa mirada del golpe yaciente en su mejilla derecha, apretó los dientes cerrando por efímeros segundos sus orbes.— Estúpido héroe de pacotilla —murmuró el de hebras verdosas, intentando controlar su enojo que sólo acrecía gracias a la magulladura en la piel de su rostro.

No sólo le molestaba el tener una marca en la cara, sino también el hecho que sucedió en aquel momento. Aún no sabía exactamente el por qué, su cuerpo simplemente actuó, su sentido común se había doblegado ante el deseo… Se preguntaba a sí mismo qué habría pasado si su hermano mayor no le hubiera interrumpido, entonces. ¿Él y Splendid?. El sólo pensamiento le causaba gracia, porque era tonto e irónico, ¿por qué él, Lifty, iba a desear a alguien que no era su tipo? Y no sólo eso, a un hombre, un torpe hombre que siempre interfería en sus robos y estafas. Tal vez antes se había sentido atraído por hombres–no más que su hermano–, pero Lifty estaba seguro que sólo se trataban de aventuras, era el mismo caso con las chicas. Era una mujeriego–de nuevo; no más que su hermano–. Pero, esta vez, era un sentimiento diferente que acaloraba hasta la más diminuta hormona de su cuerpo, desconcertaba sus pensamientos e iba más allá de su raciocinio.

¿Por qué ahora? ¿Por qué con el estúpido héroe de quinta?

No quería sacar conclusiones por los momentos, hablar del asunto con su hermano tampoco era una opción.

Lifty sacudió bruscamente la cabeza de lado a lado, como si eso fuera a liberarle de cualquier pensamiento relacionado con Splendid. Quizás fue el golpe en su rostro el causante de todo, lo dejó idiota, y por ello pensaba en cosas innecesarias, pensó el bandido de bufanda riendo internamente ante su ocurrencia. Habiendo disipado su mente, el de hebras verdosas finalmente optó por abrir la llave del lavamanos dejando así que la cristalina agua fluyera por el grifo, unió las palmas de sus manos y las extendió hacía el elixir de la vida, dejando que el líquido transparente las empapara. Contuvo un poco de agua entre sus manos y las alzó hasta su rostro, sintiendo lo fría que estaba en realidad, refregó suavemente por unos instantes para limpiar su cara–aún con el antifaz oscuro cubriéndole– y realizó el mismo procedimiento con ambas manos, acto seguido fue sacarse del cuello aquella prenda de rayas en tonos verdosos, para secar la humedad de sus palmas y rostro. Observó su reflejo en el espejo una vez más, para luego dejar su improvisada toalla colgando–que no era más que una bufanda– en un porta toallas de la pared, cercano a su alcance.

Cumplido su propósito el menor de los ladrones se dispuso a salir del cuarto de baño, se había demorado más de quince minutos, por lo cual intuía que Shifty al fin se había callado la boca y estaría roncando como un león boca arriba en la cama.

Pero se equivocó.

— ¡Oye! ¿Por qué tardaste tanto? —cuestionó demandante el mayor, al ver a su hermano salir del baño.

Y ahí estaba, el arrogante, egocéntrico, despiadado, y acomplejado con ser el "hermano mayor": Shifty, esperando que su gemelo regresara para poder dormir.

— Qué te importa, ¿Qué no estabas cansado de sueño? —evadió de mala gana el menor.

O tal vez Shifty no quería dormir, sino, burlarse.

— De acuerdo, lo que hagas en el baño a solas con tu mano derecha no me incumbe—se burló el mayor, dibujando una pícara sonrisa en sus labios.

Lifty, instantáneamente, enrojeció frunciendo el semblante y chasqueó los labios en un gesto de irritación al límite de soltar insultos a diestra y siniestra; su idéntico sí que lograba agotar su paciencia, pero esta vez no cedería.

«Mostrar madurez ante el otro era lo esencial»,se dijo mentalmente a sí mismo, aspirando una gran cantidad de aire y luego, exhalando con lentitud para disipar la nube de vergüenza y rabia acumulada en su cabeza.

— Jódete —soltó Lifty sin reparo alguno—, y admite de una vez que no puedes dormir sin tu hermano menor, idiota—prosiguió el menor de los maleantes, con cierto dejo sarcástico en su tonalidad, aproximándose cada vez más hacía la cama donde su hermano mayor yacía recostado. No se escucharon replicas. Shifty ni se inmutaba ante la provocación de su gemelo, su facción pasó de traviesa a impasible–como de costumbre– mientras atinaba a acomodar con despreocupación el sombrero sobre sus verdes hebras. Lifty bufó y sin más, se sentó en una esquina de la cama del lado contrario a donde su hermano estaba, se quitó el calzado que vestía y finalmente, se echó a un costado de Shifty cruzándose de brazos; insatisfecho ante la falta de respuesta del mayor.

— Todo está arreglado para el plan de mañana, mis contactos avisaran de cualquier cambio que pueda ocurrir. Llevamos semanas planteando la estrategia, ahora, sin que el héroe idiota nos estorbe todo será más fácil… tendré más dinero del que quiera soñar —empezó a hablar con más seriedad el bandido con sombrero, aunque cambiando drásticamente el tema, quizás sería la razón del por qué no se había dormido minutos atrás. La mente de Shifty seguía maquinando sus ideas, cómo su plan saldría a la perfección, cómo nadaría en una piscina de dinero sólo para él. Le fue inevitable curvar ligeramente la comisura de sus labios en una sonrisa, arrogante.

« ¿"Tendré" o "Tendremos"?»

Lifty apenas giró la cabeza parar verle de reojo, observando la típica sonrisa de « victoria anticipada » de su hermano mayor.

Dinero, dinero, dinero, ¿era lo único que le importaba? ¿Olvidaba cuál era el verdadero propósito?

— Eso, si no nos matan primero, o, si el súper-idiota de quinta no se da cuenta que le mentimos —mencionó Lifty con una ligera risita, no por ser pesimista o que el dinero no le fuera relevante, sino que a veces aprovecha la oportunidad para romper la burbuja de ilusiones que su gemelo se hacía.

— Jáh —Shifty puso los ojos en blanco. ¿Si los mataban o si Splendid descubría su farsa?, se debatía por cuál disparate era el más absurdo.— Eso, querido hermano —una confiada sonrisa empezaba a surgir de los labios del ladrón mientras colocaba la mano sobre su sombrero, continuó—, es totalmente imposible por todas las vueltas que le des. Mis planes no fallan, mucho menos cuando de estafas y robos se trata. En cuanto al héroe de pacotilla, a él ni siquiera se le pasará por la cabeza la verdad con tantas «cosas» en qué pensar, y si no las tiene, nada impide que las inventemos.

Concluyó Shifty en su explicación, con plena seguridad en cada palabra dicha, para nada era de extrañarse ese fogoso vigor en un sujeto egocéntrico como él. El mayor se retiró el sombrero de su cabeza–la única cosa que diferencia a Shifty de Lifty, físicamente, sin aquel sombrero ambos eran exactamente identicos en cuanto a lo corporal–, dejando al descubierto sus sedosos cabellos verdes algo despeinados, para así dejar a su leal compañero sobre una mesita de noche justo a un lado de la cama.

Tampoco tenía por qué dudar de sus planes si todas las cartas estaban a su favor.

—Supongo…—añadió Lifty, casi boquiabierto ante la seguridad que se notaba a leguas brotando de los poros de su idéntico. Hasta al mismo Lifty se hacía dudar de cualquier posible inconveniente. Por esa razón Shifty no sólo era el hermano mayor, sino también el líder que planteabas las estrategias y regia las ordenes–aunque a veces sobrepasara la raya al ser tan mandón–, siempre con esa confianza en sí mismo que ayudaba en demasía a cumplir sus objetivos.

Porque el que quiere puede, así sea por medio de mentiras y estafas.

O tal vez, toda esa confianza podría jugarle en contra a Shifty el cualquier momento.

El karma es una fuerza muy poderosa, según los budistas.

— Cómo sea, es tarde —anunció el mayor de los bandidos, acomodándose y acobijándose con las sabanas de la cama antes de apagar la pequeña lámpara de baterías que estaba encima de la mesita de madera, justo a un lado de su sombrero. Cerró los ojos en espera de que la noche pasara rápido. Aunque estuviera ansioso por empezar su propósito en el crucero, sabía que dormir era algo fundamental para estar bien atento y no fallar.

Lifty no tardó en realizar lo mismo que su hermano, apagando la lámpara que estaba de su lado. Se removía buscando su acomodo. Él estaba un poco más extenuado que su gemelo por lo cual no tardó mucho en caer en una pesado sueño.

La noche siempre era así de silenciosa en el pueblo, dentro de ese viejo hotel, a excepción de alguna que otra puerta o ventana rechinando a causa de los fríos vientos exteriores.

Pero aun así, nada interrumpía en los profundos sueños de los ladrones, ¿se podría decir lo mismo del crédulo justiciero.