Esa noche me asaltó el temor de que finalmente Onodera no aceptara la oferta de trabajo. Debía pensar en algo en caso de que se echara para atrás. En sólo unas horas, Asahina llamaría a Onodera para conocer su decisión, y si el castaño se negaba, todo se complicaría. Isaka puede parecer de carácter frívolo, y hasta irresponsable, pero en temas de trabajo, adquiere una seriedad peligrosa. Lo conozco muy bien porque me ha tocado lidiar con él desde mis inicios como escritor. Sus manipulaciones y jugarretas quedan opacadas cuando considera un trabajo mal hecho, él no permite incompetencias.
Por eso si supone que la negativa de Onodera retrasará el trabajo, no dudará en imponerme otro editor, ya que no querrá seguir perdiendo el tiempo con él. Es por esto que me decidí a hablar con Onodera antes de esa llamada.
Sin embargo, no sabía dónde vivía, y ya no eran horas para llamarlo y averiguar. No me quedaba más que salir temprano en la mañana rumbo al sitio donde lo había dejado ayer. Lo haría pasar como una casualidad.
Descendí del auto frente al supermercado, entré a comprar cigarrillos, puesto que se me habían acabado. Cuando salí del establecimiento llovía a cántaros. Era la excusa perfecta. Llamé a Onodera, diciéndolo que me encontraba en el sitio donde lo había dejado el día anterior, que mi auto se había varado por un desperfecto y debía esperar la asistencia del seguro. Así obtuve la dirección de su casa, obtuve un paraguas en el supermercado y me dirigí a su hogar. No tardé en encontrar el lugar, se hallaba a sólo un par de cuadras.
Toqué el timbre de una casa de dos pisos, con un pequeño patio delantero. Se veía como una casa sencilla, pero bastante espaciosa. Grande para sólo dos personas, pensé. Al instante de tocar el timbre, salió Onodera, al parecer me estaba esperando.
-¡Usami sensei! Buen día. Pase por favor, ¿se mojó mucho? Vaya lluvia repentina.
-Gracias Onodera, con permiso. No estoy mojado en absoluto, conseguí un paraguas.
-Menos mal Usami sensei. –
Me hizo pasar a la sala. Se veía todo muy ordenado, lo que me sorprendió de Onodera, él era incluso más desordenado que yo. Quizás contaba con personal de limpieza, era natural, para una casa tan grande.
-Y bien Onodera- comencé sentándome en el sillón que me indicaba – ¿Qué has decidido?
-He decidido aceptar, sensei, si usted está de acuerdo, yo seré su editor. Así que por favor, de ahora en adelante, esforcémonos juntos para sacar adelante su libro.
Onodera hablaba con entusiasmo inclinándose levemente hacía mi dirección. Sonreí con satisfacción. –De acuerdo, esforcémonos Onodera, pero no seré blando contigo.
-Ni yo con usted, sensei, conozco sus costumbres con los plazos de entrega –me respondió con una gota en la cabeza, devolviéndome una sonrisa nerviosa.
Nuestra conversación se vio interrumpida por el timbre del teléfono. Onodera se disculpó para ir a contestar a otra habitación. Unos minutos después regresó informándome que la llamada era de Asahina, a quien ya le había dado su respuesta. Oficialmente Onodera ya era mi nuevo editor.
-¿Sabes Onodera? He estado pensando en la conversación que tuvimos ayer. Y me gustaría saber más de esa historia. Llevamos mucho tiempo sin hablar y hay demasiado con lo que ponerse al día. Así que puedes empezar por el comienzo, cuando conociste al tal Haitani. –mi voz sonó autoritaria, miraba fijamente a Onodera, intentando darle la seguridad de que lo que más convenientes a estas alturas era hablar.
-De acuerdo Usami sensei –ahí estaba otra vez, esa forma de referirse a mí, tan formal, no me gustaba. Pero lo importante ahora era indagar en los detalles de esa relación, sentía que quizás conociéndolos lograría desentrañar aquel secreto que, ya no me cabía duda, mi amigo ocultaba. Con un suspiro de resignación Onodera continuó –si vamos a trabajar juntos, es mejor que usted conozca ciertas cosas.
Y así comenzó a contar su historia. Cuando lo conoció en su primer año de universidad. Cómo se sintió al darse cuenta que se había enamorado de un hombre. Los nervios que tenía cuando se acercaba a él, podía imaginármelo claramente, ése Onodera tímido e inocente que yo conocía no podría actuar de otra manera al enamorarse por primera vez. Y también su sufrimiento al no saberse correspondido. Aunque obviamente habían terminado juntos, yo comprendía lo que mi amigo había tenido que pasar antes de ver correspondidos sus sentimientos, porque yo he pasado por lo mismo, más mi historia no me unía a la persona de la cual me había enamorado. Perdido en estás cavilaciones, mis pensamientos escaparon.
-Suena como una auténtica historia de amor no correspondido- comenté antes de darme cuenta, eso era lo que yo también vivía, un amor no correspondido.
-Pues sí, todo comenzó como eso, un amor no correspondido- mostraba una sonrisa nostálgica - ¿Gusta una taza de té o café Usami sensei?
-Café gracias- no me gustaba esa expresión, mirando alrededor opté por aligerar un poco el ambiente- por cierto esta casa es demasiado grande, ¿estás sólo aquí?
Onodera puso a calentar el agua para los cafés y mientras volvió a sentarse - a esta hora siempre estoy solo, hasta el mediodía
-Lamento haber caído en tu casa sin aviso pero es que la lluvia me sorprendió y como recordé que me habías comentado que te mudaste por aquí se me ocurrió llamarte, afortunadamente sólo me encontraba a unas pocas cuadras, vaya coincidencia. Aunque en realidad más que nada quería verte, hace mucho tiempo no hablábamos así Onodera- no era cierto, pero no había encontrado otra manera de abordarlo.
-Es cierto Usami sensei, a mí me alegró volver a verlo después de tanto tiempo- esa triste sonrisa y esa formalidad me molestaban de verdad.
-Deberías dejar las formalidades Onodera, nos conocemos hace mucho.
-Lo siento Usami sensei, el tiempo no pasa sólo, yo no podría tratarlo con la misma libertad que cuando éramos niños, las cosas han cambiado. Yo ya no soy el heredero de las editoriales Onodera, ya no somos vecinos, usted ahora es un escritor aclamado y yo seré su editor, estamos en posiciones muy diferentes. –No podía creer lo que estaba escuchando.
-Pero qué clase de excusas son esas Onodera, todo lo que acabas de decir no tiene sentido, y me da la sensación de que con cada cosa que dices te menosprecias a ti mismo. Es cierto que hemos estado alejados mucho tiempo, que hemos perdido contacto con el paso de los años. Pero yo te conozco Onodera, se quién eres y lo que vales, y no me gusta que hables así- estaba enojado, pero no precisamente con Onodera, sino con toda esta situación, no podía entender cómo todo se había vuelto de ésta manera.
Sin embargo Onodera sólo agachó la cabeza y levantándose lentamente pasó por mi lado susurrando algo como que el agua ya debía estar lista y que iría a preparar los cafés.
Debía tener cuidado, no quería lastimar a mi amigo, no quería ser brusco con él. Su mirada incómoda me advertía que actuara con mesura. Me puse de pie para aproximarme a la ventana, buscando aclarar un poco mis ideas. Había parado de llover.
De pronto mi mirada se posó en una fotografía. Sobre el mueble junto a la ventana se encontraba un lindo marco dorado, con la fotografía de dos hombres y dos bebés. Uno de los adultos era Onodera, intuí que el hombre junto a él era su pareja, por la descripción que Onodera había hecho de él. Sin embargo lo que me sorprendió sobre todo fue el niño. Era apenas un bebé, pero el vivo retrato de mi amigo. Esto no podía ser… Onodera… ¿tenía hijos? ¿En qué momento, cómo él…? Mi cabeza era un caos.
-Usami sensei aquí está el caf- Onodera dejó las tazas apoyándolas estruendosamente contra la mesita de cristal de la sala y corrió hacia mí arrebatándome la foto de las manos, escondiéndola en su espalda.
-U-usami sensei e-esto no… yo… disculpe yo… –se notaba claramente nervioso, agitaba su mano libre delante de él, intentando en vano explicarse.
-Onodera tu… ¿tienes hijos? –Onodera abrió los ojos como platos. Detuvo todo movimiento por unos instantes. Finalmente pareció adquirir completa serenidad, colocó nuevamente la foto en su lugar, acariciándola por unos momentos antes de dirigirse lentamente al sillón, donde se sentó con el rostro oculto por el flequillo. Hice lo mismo, sentándome frente a él. – ¿Y bien? –insistí.
-¿Cómo podríamos Usami sensei?, ambos somos hombres, ellos sí son mis hijos, pero son adoptados. –No me miraba a los ojos, su voz sonaba calmada, pero lo que me decía no me convencía en lo más mínimo. Algo no cuadraba.
_El niño es igual a ti. Dime qué pasó. ¿O tendré que adivinar? -Estaba presionándolo, lo sabía. También sabía que Onodera me mentía, y eso me dolía. ¡Por dios! Qué podía ser tan grave como para ocultarme que tenía hijos. ¿Por qué no me lo dijo antes? No entendía nada y quería respuestas, sin embargo el castaño no parecía dispuesto a darlas.
-Ya se lo dije, los adoptamos cuando apenas eran unos bebés, en un orfanato de Londres –había sostenido mi mirada, pero en sus ojos sólo se veía un ruego mudo, que intentaba en vano detener el interrogatorio.
-De acuerdo. Adivinaré. ¿Alquilaron un vientre de forma ilegal? ¿Le fuiste infiel a tu esposo y dejaste embarazada a una mujer? ¿Y luego te quedaste con los niños? O quizás..
-¡Yo nunca engañé a Shin! ¡Nunca hice algo como eso! ¡Nunca lo haría! –se había levantado exaltado del sillón, furioso conmigo, pero sobre todo, profundamente dolido por mis acusaciones. Sabía que me había pasado. Intenté un tono conciliador.
-De acuerdo, lo siento. Perdóname Onodera, no quise decirte cosas tan ofensivas. Sé que tú no eres así. Pero por favor, confía en mí, ya te lo he dicho, nada hará que cambie mi opinión de ti. Así que no me mientas más.
Volvió a sentarse con semblante cansado. Apretaba sus puños en sus rodillas, derrotado.
-Está bien Usami sensei, le diré la verdad. Pero debe prometerme que, así no lo crea, no dirá una sola palabra de todo esto a nadie. De lo contrario no seré capaz de perdonarlo nuca. –proclamó con una seriedad que nunca había visto antes en él.
-Te lo prometo Onodera, esto no saldrá de aquí. –declaré con seriedad.
-Hace unos diez años en algunos medios de comunicación, comenzó a propagarse una extraña noticia. Un joven de apenas 16 años fue violado salvajemente por unos maleantes. Lo curioso de este este hecho fue que...
