Como a una chica—

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A: —.Katekyo Hitman Reborn! Fanfiction-net—

Disclaimer:

Todos los personajes son propiedad del Manga-Anime/Shonen—Katekyo Hitman Reborn!— Y a su respectivo autor: —Akira Amano—, ―Yo solo los tomo prestados sin ningún fin de lucro para la creación de este Fan Fic.

Titulo: —Como a una chica—

Autor: Notas Break de: CaraDeMimo-DiZereon

Pareja: 27/18

Categoría: K (+17) esta historia ya se gano a pulso una enorme —M— ¿U opinan lo contrario? XD

Género: Ficción, Ooc, AU.

"Inicio de Recuerdos"— Los diálogos en cursiva, indican ser parte del recuerdo junto a toda la narrativa que lo sigue.

Che paranoico…ni siquiera te estoy mirando—palabras cortas en italiano.

—"Narrativa normal"—Combinada con la narración de otro personaje.

Resumen: Sawada Tsunayoshi Di Vongola ah venido del futuro tras una falla mecánica en su tiempo ¿?, donde Spanner, Gianini y Shoichi cometieron el error de apuntarle con una desgastada bazuca que creyeron inservible sin hacer antes las pruebas en otros sujetos. Ahora Tsunayoshi-Mayor-jefe de Vongola tendrá que arreglárselas para volver a su tiempo donde su "yo" joven se encuentra en estado de coma.

Bendita la hora en la que se le ocurrió pescar un resfriado y hormonas alocadas, cuando lo más conveniente era que Hibari pescara madurez…

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Advertencia: Tomar en cuenta esta lectura y seguirla pese a la categoría corre por riesgo del lector. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Spoilers del Manga Katekyo Hitman Reborn! (sobre todo para aquellos que solo siguieron el anime)

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"I love to say love you"


Capítulo VI

Pescando hormonas

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Doblo las mangas de su camisa de algodón amarilla, su pantalón gris con grabados de cráneos morados resaltando por el color, un pretexto de tela guindaba desde la tela que sujeta su cinturón oscuro y sus pies cubiertos por unas sencillas sandalias de playa. Rasco su desordenado cabello castaño y bostezo, una lagrimilla asomo en la esquina de sus ojos y sonrió estirando sus manos al cielo.

—Aun no me explicas que hacemos aquí, Sawada Tsunayoshi—se quejo Mukuro que parado junto al mencionado estiraba sus dedos para sacar sus guantes de cuero de sus manos, una bermuda blanca con grabados de flores tropicales cubría su zona baja haciendo juego con sus sandalias negras que al igual de las de Tsuna eran de playa, una camisa de mangas de tres cuartos negra con grabados de letras plateadas en ingles mostraba la leyenda de "Indignación" junto a una regalía de oraciones desacordes una de las otras, sus ojos cubiertos por gafas de sol y su cabello de piña amarrado en una coleta—Osaka…—chisto metiendo sus guantes en las bolsas de su bermuda —esto es el colmo…

—Vamos —rió Tsuna tronando sus dedos—esto va a ser divertido, recuerda que fuiste tú quien me dijo que…

—Ya sé lo que dije—le interrumpió Mukuro y miro a un lado—, pero quiero saber por qué él está con nosotros. —y acto seguido miro con fastidio hacia atrás.

Tsuna se alzo de hombros ignorando la mirada asesina que ambos se lanzaban. Soltó un suspiro observando a Hibari. Él estaba fuera de sus planes, pero asi como la gripa se esparce como epidemia en verano, su reciente salida de Namimori llego a los oídos del presidente del comité disciplinario de Nami-Chuu.

Fue inevitable traerlo.

Hibari estornudó con fuerza, las mangas sueltas de su Gakuran escolar meciéndose por el movimiento de todo el cuerpo del menor, la tela dejo a la vista la playera roja que evitaba de alguna extraña forma sofocarlo aun más de lo que se veía que estaba, su pantalón del uniforme había sido remplazado por una bermuda oscura, que como la de Mukuro llevaba aplicado los grabados tropicales, sus pies descalzos, pues había preferido llevar las sandalias en sus manos solo para estar en contacto con el bien venido frio que ofrecía el suelo que pisaba. Tsuna torció el gesto en un amago de sonrisa, Kusakabe había hecho todo lo posible por que el equipaje de "Kyo-san" se perdiera en el camino, en una nota había puesto al corriente a Tsuna de la reciente situación del presidente disciplinario y daba las instrucciones necesarias a seguir, pues, como ya lo había mencionado, como la fiebre se esparce en verano, Kyoya había pescado una buena en una salida a los campos fuera de Namimori, claro que no en verano, tremendo pesque de enfermedad fue por quedar dormido al intemperie en una zona de nevada exclusiva. ¿De dónde había salido ese lugar?, a saber solo Hibari, pues Tsuna no estaba seguro de querer encontrar ese lugar. De más claro que solo Hibari Kyoya era tan osado para dormir fuera en pleno invierno.

—Dios—dijo Tsuna a Hibari al verlo estornudar, y este solo le miro furioso mientras pasaba su antebrazo bajo su nariz.

—Aleja tus gérmenes de mí—le señalo igual de molesto Mukuro—. ¿Eres tan tonto para enfermarte en invierno? —le pregunto obviando la respuesta y alejándose un metro de los otro dos.

—Mukuro—le llamo Tsuna y este le miro de reojo para acto seguido mostrarle el dedo medio de su izquierda y seguir sin detener sus pasos ni un milisegundo—, siempre tan lindo—dijo con una sonrisa nerviosa al ver la grosería. A su lado Hibari volvió a estornudar—. Volvamos al hotel—y seguro del estado adormecido de su ahora menor lo tomo por la mano derecha entrelazando sus dedos y comenzó a jalar de él, su dirección fija en el cuarto de Hibari.

Dentro de la acogedora recamara, Tsuna logro instalar al joven Hibari, este mismo tocio de nueva cuenta y esta vez su puño cubrió su boca, Tsuna lo miraba con preocupación en sus ojos. El solo chisto molesto y se recostó en su cama, tomo las sabanas blancas y se cubrió hasta el cuello con ellas. El castaño se quedo a su lado con las manos cruzadas sobre su pecho y erguido en toda su altura. Frunció el entre cejo y cerró los ojos.

Desde que hubiera encontrado en los registros de vuelos privados la salida de Sawada Tsunayoshi rumbo a Osaka no hizo más que pensar a que se debía su interés por dicha región. Aun la curiosidad de saber que hacia el líder Vongola en su tiempo lo mantenía en constante alerta, no le gustaba que el joven Sawada estuviera perdido en otro tiempo, pues como miembro respetable de su comité era su deber mantener a salvo a todos los estudiantes de Nami-Chuu, aun si eso significaba romperle las rodillas a los estudiantes para que no se metieran en problemas mayores.

Decidió seguirlo abiertamente y solo le informo que le acompañaría, de negarse a que le acompañara Hibari tenía los contactos suficientes para abordar una aeronave. Pero hubo un fallo en sus planes, un resfriado común le había pillado por sorpresa, y su cuerpo, aunque fuerte, solía recibir las enfermedades con todo lo mal que podía. Entiéndase bien como: cuerpo con defensa bajas + resfriado común= un refriado fuera de lo común. Ahora solo tenía que descansar y tomar, con todo el fastidio del mundo, las medicinas que Sawada Tsunayoshi le administraba cada cierto periodo de tiempo.

Maldijo internamente a Kusakabe por olvidar que él también era una persona, pues de ser lo contrario entonces le importaría un cacahuate que su subordinado no hubiese subido a la nave su maleta con su uniforme escolar. Al final tuvo que aceptar que Tsuna le prestara algunas prendas, ¿resultado? La bermuda que le arropaba le quedaba grande, de no ser por el cordón del cinto estaba seguro que la prenda se le caería sin preámbulo alguno, la playera roja, asi como la bermuda, se parecía en su cuerpo a la ropa de una chica, pues quedaba más de treinta centímetros por debajo de su abdomen y realmente aguada en su cuerpo, tuvo, contra todo los medios, que fijarla en el interior de la otra prenda y simular con doblarla un poco hacia afuera, que era una prenda cualquiera. El problema era con los hombros, pues el cuello, aunque redondo, estaba exageradamente estirado. Lo que hacía que callera de un lado y dejara visible la pálida piel de su brazo fuese del lugar que fuese que cayera el lado estirado. Estuvo tentado a hacerle un nudo, pero era estúpido y aun mantenía su Gakuran, asi que el problema se soluciono echándose la prenda negra sobre sus hombros.

Ahora solo quería dormir, dejar por un momento de lado la presencia de Tsunayoshi y continuar como si nada estuviera pasando, aunque fuese todo lo contrario. Pues como Mukuro, él también sabia de esa familia Lieccho que creía que con solo aparecer en sus terrenos haría de Namimori el hogar de unos mafiosos novatos.

Con fastidio quito las sabanas de su cuerpo y se sentó aun sobre la cama, sus piernas estiradas. Tsuna no realizo ademan alguno de saber que había movimiento entre las sabanas, recargado con su espalda al marco de la puerta de su habitación y las manos aun cruzadas a la altura de su pecho, parecía todo ajeno a lo que sucedía con Hibari. Pero Kyoya sabía que era todo lo contrario.

Tomo su saco por un lado y lo quito de sus hombros, lo lanzo en dirección de la silla a su izquierda y soltó el aire, su cuerpo agradeciendo la frescura que ofreció el ser liberado de tan sofocante prenda.

Volvió a recostarse, esta vez sin cubrir su torso, cerró sus ojos y antes de rendirse al sueño escucho la puerta cerrarse.

Tsuna salió siendo recibido por las palabras más graciosas que abría escuchado en las últimas dos horas.

—Déjalo morir. —dijo Mukuro desde la sala mientras cambiaba el canal de la pantalla plana, paso por documentales y caricaturas hasta detenerse en un programa de cocina.

Tsuna prefirió ignorarlo; y dirigirse inmediatamente a su cuarto le parecía una muy buena idea, agradeció internamente que Mukuro no hubiera girado a verlo, de haberlo hecho no habría soportado la sorpresa que mostraría al verlo en el estado que se encontraba.

Se encerró con seguro y sin subir el apagador paso a sentarse a la orilla de la cama, acomodo sus codos sobre sus piernas e inclino su cuerpo hasta que sus palmas cubrieron su rostro, su desordenado cabello castaño cubriendo solo parte de su frente y dejando visible a la oscuridad del lugar las puntas de sus rojas orejas.

—Dios bendito—dijo con la voz en cuello y tragando con fuerza soltó un suave gruñido. —, Hibari-san desea torturarme. —Y eso parecía lo más sensato. Gruño una vez más recordando por que salió disparado del lugar nada mas Hibari se volvió a tirar sobre el lecho. Se veía tan jodidamente apetecible que la garganta se le seco y unas ganas infames de poseerlo se hicieron presente, nunca imagino lo tan sexi que se vería al llevar su ropa.

Aun menos imaginaria lo bien que se la estaba pasando el guardián de la niebla con toda esa situación.

Mukuro sonrió, la señora de la cocina había herrado con el cuchillo y se había volado una uña. Aunque esa no era la causa de su diversión. Cuando Tsuna y él hubieron notado, hace no más de dos días que Hibari Kyoya no traía en su equipaje siquiera una prenda de vestir a parte de la que cargaba puesta, el mayor había propuesto ir a los departamentales por algo de su gusto, mas Mukuro le interrumpió alegando la falta de tiempo y la aglomeración de manadas que con normalidad había en ese tipo de lugar.

Como esperaba, Hibari se molesto ante la mención de manadas y Tsuna nervioso no sabía a quién recurrir. Pero él, Mukuro, como la gran, buena, toda poderosa amable persona cabeza de piña que era, había dado una solución: Tsuna le prestaría ropa a Hibari.

Mukuro, creo que la tuya le vendría mejor.

Y ambos negaron de inmediato, Hibari reacio a ponerse ropa vegetal y Mukuro en contra de exponerse a la enfermedad del ave parlante. Al final Mukuro salió vencedor y fue él mismo quien se encargo de escoger la ropa para Hibari, la bermuda la tomo sin pensarlo mucho de las maletas de Tsuna, fue la playera la que le hizo pensar, roja estaba bien, pero no se conformaba con la forma del cuello. Con ambas manos estiro la prenda lo suficiente como para que aun fuera presentable, pero lo correcto para desarmar a Sawada Tsunayoshi cuando la viera sobre Hibari. Claro, nunca espero que la ave amante de Nami-Chuu pusiera su saco sobre sus hombros, la diversión se le escapo como un soplido al aire, mas no se desanimo.

Y ahora, gozaba de ser paciente, seguro de que Hibari se había quitado al fin la horrorosa prenda y dejado al descubierto lo que parecía querer ocultar solo a Tsuna.

Tras el pasar de unas cuantas horas, en la habitación de Tsuna, este mismo se hallaba perdido en sus pensamientos pues, había aprendido a ver el lado divertido de las peores situaciones gracias al Yamamoto de su tiempo, por Hayato lograba ver el otro lado de las cosas, por Lambo amaba la infancia de los niños, Crhome logro que aceptara todo lo que no estuviera previsto, Ryohei le animo a recibir las sorpresas con energía y Hibari… bueno, el solo le enseño a amarlo… O algo asi.

En cambio Mukuro… él sí que le enseño infinidad de cosas, como nunca confiar en él, no fiarse de él, esconder sus sentimientos de él, entender que sus secretos no estaban a salvo si no eran con él, que él siempre se enteraría de todo antes que nadie, que un día moriría por guardarse tanta información y que el golpe que le dio dos días previos a su partida al pasado era solo un pago de algo que le había hecho hacia un tiempo. Y también, como si fuera un documento adjunto, le previno antes que nada de no dejarse ver frente a su yo pasado como un ser anormal sin sentimientos, pues entonces la confianza de su parte no existiría.

—Pues bueno—se dijo enjuagándose la cara en el lavabo del aseo—, ya sabes que me gusta Hibari-san.

—Y es una muy enferma atracción debo agregar. —convino Mukuro recargado contra la puerta del aseo.

—No agregues nada—le dijo girándose a mirarlo—, y dije que me gusta.

—Y yo dije que es una enferma atracción. —Hablo Mukuro como si nada, sus ojos cerrados y una sonrisa enmarcando la diversión que le causaba la situación del décimo líder Vongola.

—Sabes la diferencia entre gustar y atraer ¿Cierto?—Pregunto Tsuna algo molesto, respiro profundo recordándose que Mukuro era aun muy joven para morir a sus manos.

—Puede ser. —Respondió encogiéndose de hombros.

—Hibari me gusta—aclaro irguiéndose derecho. Tomando con sus manos los frontales de su pantalón de mezclilla negro, su pecho cubierto solo por una toalla de algodón que caía sobre sus hombros.

—Te atrae de una manera enferma—rebatió negando con su dedo índice derecho, él, ya arreglado para "una cacería maestra".

—Gusta

—Atrae

—Mukuro

—Sawada

—Que sabes tú de gustar. —bufo exasperado.

—Tú me gustas y en cambio no consigues atraerme. —respondió dándose la vuelta y dejándolo en la privacidad de su baño.

Tuche.

Ese era un muy buen punto.

Mas Mukuro antes de partir lo miró por sobre su hombro.

—Por cierto. Ave-kun está ardiendo en fiebre.

Arder se quedaba corto. Y decir que se cocía era sin duda algo exagerado. Sobre la cama, y con el rostro que parecía demostrar todo lo mal que se sentía, Hibari Kyoya respiraba con dificultad, su cuerpo perlado en sudor, y sus mejillas sonrojadas por el calor corporal que expedía su cuerpo.

—Oya~oya, —dijo Mukuro cantarinamente recargado contra el marco de la puerta tras haber seguido a Tsuna desde su habitación después de que este saliera sin rechistar de la misma solo porque Ave-kun se hallaba enfermo. —Vez como si que arde. —Dijo riendo.

Tsuna no pudo más que rodar los ojos ante tremenda burla, ¿Qué pasaba con esa sádica forma de ser suya?, la verdad es que lo recordaba menos infantil… ¿O era acaso, que ambos siendo casi de la misma edad, era difícil notar cuan infantil se comportaban los guardianes de la niebla y la nube…? probablemente era eso.

— ¿Por qué no lo dejas morir?, —pregunto Mukuro sin borrar su sonrisa, el castaño parecía solo ignorarlo. —Le arias un gran favor al mundo y a mi yo de diez años en el futuro—agrego separándose del marco de la puerta para acercarse a Tsuna que junto de Hibari, miraba su rostro con algo de desesperación—. Quizá si lo dejas de ver tan insistentemente se cure—habló siendo consciente que él otro le ignoraba, hasta podía decir que él mismo era un extraterrestre y seria más seguro que Hayato le prestara la total de las atenciones.

— ¿Tú crees? —pregunto Tsuna sorprendiendo a Mukuro—, si le dejo de ver, ¿Se curara?

Mukuro le miro sorprendido, ¿Era una broma, no? —Sawada Tsunayoshi. —Dijo él para ser interrumpido.

—Lo sabía, es imposible que alguien como tu sepa algo al respecto del cuidado de las personas. —le habló frunciendo el ceño.

—No me tientes Tsunayoshi, —le advirtió acercándose a los ventanales del cuarto de Hibari—, o are que la alondra pase el peor de sus delirios. —y corrió las cortinas dejando paso al cálido sol matinal.

—Mukuro, —Llamo entrecerrando los ojos y dirigiéndose a una palangana llena de agua, tomo un paño y lo remojo—, te aprovechas de que no puede mover ni un dedo, ¿Cierto? —Tsuna no le miro, y prefirió acercar el frio trapo a la frente de Hibari.

—Probablemente. —respondió observándolo desde el ventanal, se cruzo de brazos sin exteriorizar del todo sus pensamientos.

—Lo supuse—y no muy convencido comenzó por refrescar el rostro de su joven guardián.

—Tienes dos opciones…—dijo Mukuro de la nada y sonrió a Tsuna una vez obtenida su atención, el de cabellos castaños espero una explicación. —La primera es…—dijo levantando su índice derecho, —que tiremos a Hibari en el primer basurero que encontremos—para gusto de Mukuro, Tsuna parpadeo en respuesta aun si dejar su reciente labor—. Y la segunda—señalo con el índice y dedo corazón. —, llamar a un doctor.

Era lo más sensato para ambos. En primera por que tendrían una reunión con algunas familias aliadas, ahí el detalle de que se hallaran demasiado lejos de Namimori, en segunda por que seguramente Hibari no se recuperaría de otra forma.

Tsuna acomodo la tela fría sobre las sienes de Hibari, y con un susurro se despidió.

—Te dejo al resto a ti, Mukuro.

El nombrado solo se cruzo de brazos y asintió en respuesta mientras ponía los ojos en blanco.

¿La única persona atea al amor que ha conocido en los últimos tiempos?… la había olvidado. No porque no fuera importante, era más el hecho de que sin tiempo no había muchas cosas de las que lograra recordar. Y más, en los últimos días cuando de la nada, Gokudera entro gritando a voz en cuello a su habitación, la que al parecer le pertenecía a su yo del futuro.

—Décimo, es urgente trasladarlo a un lugar lejos de Italia—entro a paso veloz a su recamara cargando sobre sus hombros unas prendas de vestir común, —Nos iremos a Francia…—dijo siendo seguido por una pequeña camarilla conformadas por un aprendiz de mayordomo vestido en su traje de golondrina, tres mucamas que eran apoyadas por tres jóvenes sastres y un modista. —No, mejor nos iremos a Inglaterra…—se apresuro a agregar mientras se dirigía al armario de la habitación—Miharu, toma las cosas que creas más necesarias de los cajones del décimo—ordeno al joven mayordomo quien se apuro a dar instrucciones a los asistentes, las damas comenzaron por arrimar las prendas de vestir del joven Tsuna quien les miraba medio sentado en su cama de dos plazas, su pijama arrugada por lo inquieto que es al dormir, y su cabello castaño siempre indomable, más desordenado de lo normal.

— ¿Qué sucede, Gokudera-kun? —Pudo preguntar una vez pasada la impresión de la mañana, este solo le miro mostrando una sonrisa nerviosa—, ¿Tenemos prisa? —inquirió queriendo sonar divertido, a su vez sus labios le obsequiaron al mayor una agradable sonrisa.

—De… décimo…

El joven castaño le observo esperando alguna respuesta y tras varios segundos de silencio se despojo de las sabanas y levantándose de la cama observo a su futura mano derecha—No importa, confió en ti.

Gokudera trago grueso, lo sabía, sabía que su décimo confiaba en él, pero había aun, un dolor latente en su corazón, ¿Por qué había preferido contar a Mukuro en su relación con Hibari, y él, su atenta mano derecha, había tenido que enterarse por terceros de su fatídica situación?

¿Por qué razón Sawada Tsunayoshi no podía contarle sus pesares?

Él sabía que en su pasado fue el peor de los apoyos para su décimo, un egoísta que no veía que todo lo malo que hacía podía afectarle a su líder, y que solo comprendió la situación hasta que "G" le hizo ver la realidad.

Incluso Yamamoto tuvo mucho que ver en el cambio de su forma de pensar. Cuando aquella vez, luchando en contra de Gamma el joven guardián de la lluvia le dijo a su manera quien debería ser el apoyo total de Tsuna.

No pudiendo soportar aquella razón, acepto que debería haber un cambio, y lo logro. Ahora como la temible mano derecha del líder Vongola, no había forma de que exteriorizara su estado de ánimo. Solo había que tomar cartas en el asunto.

Hibari estaría arribando Italia en tres horas, y eso era un problema, sea cual sea su motivo, no tendría que haber forma que se encontrara cara a cara con su joven líder.

—Jamás…—se dijo así mismo en un susurro, observo como el modista daba instrucciones a los sastres. Tsuna había caminado al aseo en busca de un refrescante baño matutino.

No lo haría, no dejaría a Hibari acercarse al décimo, ya suficiente advertencia tenía por parte de Yamamoto, quien no paraba de hostigarlo con su insistente forma de ser, Tsuna esto, Tsuna aquello, ¿No entendía acaso que era molesto que le dijera como cuidar de su líder?, aunque claro, lo peor era saber que estaba en lo cierto. Ya antes tuvieron una rencilla por la simulada muerte del líder Vongola, donde Yamamoto le reclamo el que no estuviera a lado de Tsuna. Esos detalles igual aun le pesaban.

—No olviden armarse una muy buena excusa. —dijo en voz baja a todos los presentes.

—Gokudera—saludo una voz desde el marco de la puerta.

Los verdes ojos del nombrado se giraron a ver a quien le llamaba.

—Yamamoto.

—Cuanta seriedad. —dijo este con su Katana a la espalda y un traje negro luciendo en toda su altura, sus negros y cortos cabellos húmedos de manera superficial, los amielados ojos de Yamamoto repararon en la forma civil en la que estaba en-ropado Gokudera, sin dejar de ser elegante, pero aun manteniendo un carácter jovial.

—No es tu problema, tengo que sacar a décimo de aquí lo más pronto posible, —se explico caminando hacia la puerta y sacando por el ante hombro a Yamamoto—sabes a lo que me refiero.

Yamamoto sonrió en respuesta sin apartar su mirada de la curiosa camiseta gris con toques cadavéricos de Hayato. — ¡Vamos!, no seas tan frío conmigo, —una tenaz sonrisa se apodero de sus labios, y subiendo su mano derecha hasta alcanzar la mano con la que Gokudera le encaminaba, hablo con la voz agradablemente ronca— ¿O tengo que tratarte como a Tsuna para que dejes ese mal humor? —Pregunto tomando con su mano libre el mentón del otro guardián, quien molesto, solo le miro con sus arqueadas cejas en algo similar a la tristeza— ¿Sucede algo? —quiso saber.

—Nada que te incumba idiota. —chisto apartándolo de él, las cadenas de plata que se sujetaban a los cintos de su pantalón de cuero negro combinados con zapatos de punta Armandi resonaron intensamente. Sus cabellos blancos se mecieron con fuerza cuando tomo de su bolsillo tan rápido que le dolió el resuene de sus hombros el prototipo de localizador Vongola que Gianini le había dado para prueba.

Miro la pantalla siendo consciente que Yamamoto miraba curioso-desde su lugar- el azul que parpadeaba.

R.I.V. Kusakabe:

Serios problemas. Una hora.

Soltando una maldición levanto su rostro y tomando a Yamamoto por las solapas del cuello de su camisa le hizo caminar a su lado a una de las habitaciones vacías.

—Esto me está preocupando. —Dijo Arashi frunciendo el ceño, su sonrisa borrada por el acto brusco de su amigo.

—Y eso es lo de menos. —trono sus dedos donde múltiples anillos le cubrían en orden de colores. —tenemos que presentarle esa persona a décimo—dijo de repente sin girar a mirar a Yamamoto, observo la habitación compuesta por un juego de camas, dos enormes ventanales con cortinas de terciopelo rojo y encaje dorado, el alfombrado azul rey, con flores vistosas en jarrones de porcelanas que posaban elegantemente en encimeras de herrería refinada.

— ¿Esa persona? —Los ojos de Takeshi se abrieron con sorpresa, — ¿No es muy pronto?, siquiera el Tsuna de nuestro tiempo sabe de…—callo al pensar ¿Por qué razón era necesario que se conocieran tan de repente?

—Caya aficionado del beisbol, Hibari está por arribar en menos de una hora en la pista aérea del castillo principal.

Eso lo explico todo, oh al menos fueron suficientes palabras para que Yamamoto entendiera la reciente situación, Gokudera cubrió con sus manos sus ojos, aquello no era bueno. Podía haber un problema descomunal, o en el mejor de los casos Hibari anunciaría…—Tsuna no lo debe saber—dijo el pelinegro con profunda seriedad, la preocupación embargo su mirada—, ni siquiera nuestro Tsuna lo sabe, el cachorro no debe enterarse.

— ¿¡Y te crees que no lo sé?, no insultes mi genio! —Exclamó Gokudera llevando sus manos a su cabeza, —esto es demasiado, el décimo jamás debió haberse metido tan de lleno en esa insana relación…—susurro molesto—por lo menos no habría problema si fuera tu. —esta vez giro su atención a Yamamoto quien solo le pudo obsequiar una sonrisa torcida.

—Sabes que Tsuna y yo no seriamos una pareja tan genial a como lo son "ellos dos".

— ¿Y eso importa? —camino hacia los ventanales corriendo las cortinas, una hermosa pradera acapararon la visión, flores cubiertas con un suave roció brillaban por la naciente salida del sol—, estoy seguro de que lo habrías intentado, no me habría molestado, pues es más que obvio que cuidarías de décimo y su corazón. —el chistido de los labios de Yamamoto captaron la atención de Gokudera.

Sus cejas arqueadas en depresión y sus labios levemente fruncidos decían lo que se callaba, el brillo de sus ojos parecidos al ámbar menguo, y a cada lado sus manos se apretaban en puños. Levantando la mirada escupió con rencor sus palabras. — ¿Y de que servía?, no nos queremos lo suficiente, y por mi parte no pensaba arriesgarme a algo de tal magnitud, ¿Qué puedes saber tu Gokudera, si tu corazón solo ama a Tsuna?, no puedes entender mis sentimientos, y solo por eso no los mereces.

La mesa central de madera de roble se partió en dos por la fuerte patada que propino el guardián de la lluvia.

—Es obvio que le quiero, —continuo hablando Yamamoto, agachando su mirada y la Katana en su espalda mirándose olvidada. —pero sinceramente no habríamos funcionado, y la razón es tan transparente que incluso Hibari lo entendió.

—Ese maldito bastardo es demasiado cobarde como para luchar y enfrentarse a toda Vongola.

—Lo que a Hibari lo hace un cobarde, a mí también; es difícil Gokudera, entiéndelo, por eso Timoteo ah estado buscando a esa persona. —la mirada de ambos decayó.

—Décimo no le necesita, podría morir de tristeza.

—Por eso el cachorro no debe saberlo aun. No traigas a esa persona.

—Ha sido una orden, incluso Xanxus está arto de la situación que sin dudar borraría a Hibari del mapa.

La risa de Yamamoto se extendió sarcástica. —Por supuesto, más en "aquella batalla" no lo demostró muy abiertamente, no le digas ahora a Tsuna, cuando él regrese del pasado seguro lo entenderá, siempre ha sido consciente de su relación destructiva con Hibari.

—El problema es que no se rinde con él. —Gokudera camino hacia la salida de la recamara, dispuesto a volver con Tsuna, más Yamamoto agrego antes de que le dejara solo:

—Así es Tsuna, no se rindió conmigo desde la primera vez que me salvo por atentar contra mi propia vida, no lo hizo la primera, ni la segunda vez, aun menos las veces que le siguieron, Tsuna es especial. Y ambos sabemos que le ama. La pregunta aquí es, ¿Hasta dónde se disponen los dos a herirse?

—Eso solo lo sabe Hibari.

A Tsuna se le resbalo el jabón de las manos cuando de la nada unas fuertes manos le tomaron por los hombros.

— ¡¿Eh?! —alcanzo a exclamar al ser envuelto rápidamente con un albornoz.

— ¡Apúrense basuras! —grito la inconfundible voz de Squalo mientras dirigía con su espada a todo el escuadrón principal de Varia—Es una orden del jefe.

Ah, claro, era el sastre quien le había sacado de la ducha.

— ¡Esperen! —Pidió amarrando la correa por su frente—tengo que vestirme… un momento; ¿Qué hacen todos aquí?

—Ushishishi~ es mejor que el joven Vongola no lo sepa. —respondió Bell mientras picaba a las mucamas a guardar la ropa suficiente en las maletas.

—- ¡Vroiii! —señalo Squalo a Levi que sentado sobre la alfombra en forma india se negaba a ayudar a Tsuna—si solo estorbas te mato.

— ¡Oh~! Vamos Levi-chan —canturreó Lussuria señalándolo con un abanico, —ve con Xanxus-sama, es lo mejor que puedes hacer~

—Maestro, ¿No deberíamos poner algo de ropa interior del joven Vongola? —pregunto esta vez Fran a Mukuro, quien a su lado solo se miraba imperturbable y cómodo con las manos cruzadas.

—Kufufu~ No tocare nada que tenga que ver con el trasero de Sawada Tsunayoshi.

— ¡Ara! ¿No es bello?, Tsu-chan se a sonrojado…~—pillo Lussuria mientras el joven volvía al aseo pese a que Squalo le amenazo de cortarle sus partes nobles.

Despertó agitado, una mano fría que le caricia la frente le hizo girar la vista en dirección a la otra persona.

—Herbívoro

—Seamos sinceros Hibari-san, no podrías catalogarme jamás como a un herbívoro…

Sus manos se deslizaron por sus hombros y sus labios besaron la piel descubierta, el menor forcejeo tratando de apartarlo de su cuerpo, más era tal su cansancio que no logro siquiera golpearlo.

Ahora que lo pensaba, ¿Sería su relación solo consistente de golpes, golpes, y quien sabe; más golpes?, desde que Sawada Tsunayoshi se presento a él todo había sido como un juego de tira y afloja, y siéndose sincero-por lo que cabía-estaba hartándose de eso. Ignorante de lo que sucedía en el futuro, así se sentía: ignorante. Y qué decir de las dudas que tenía cuando Tsunayoshi le besaba, aun peor cuando actuaba como un rey de la oscuridad, con su mirada fría, seria y atrayente, y su voz ronca a límites que rayaban un deseo tan profundo que no encontraba fin, pensar en aquello le hacía siempre llegar a una sola y cuestionable pregunta: ¿Se había vuelto gay? Siempre se lo negaba, pues recapitulando él no se sentía atraído por nadie más, y que conste, no significaba que Tsunayoshi le atrajera, era más bien ese impulso sensual, y quizá una que otra hormona calenturienta, la que lo orillaba a querer gozar de esos experimentados besos que el (ahora) mayor solía plantarle.

Sus labios desflorando los suyos mientras con insistencia le hacía abrirlos para dejarle invadir con su cálida lengua el interior de su boca, cuando sus manos tocaban piel expuesta era lo peor, una sensación de cosquilleo le recorría por entero, viajando incluso una onda eléctrica por su interior, amarrando su garganta y adentrándose con facilidad a su estomago, donde un revoltijo de… tripas se amarraba placenteramente, y no acababa ahí, pues siempre como objetivo buscaba alcanzar su zona baja. No, era imposible que tuviera inclinaciones sexuales preferentes, pero una cosa era cierta, su cuerpo gozaba de la fricción de piel contra piel.

No, él no era gay, pues solo gustaba de Tsunayoshi, y no de otro más. Claro, que no perdía absolutamente nada con experimentar como las yemas blancas de los dedos de Tsunayoshi recorrían sus hombros y se adentraban bajo su holgada camisa roja.

Buscando con premura su abdomen, donde con agonizante lentitud rosaba superficialmente el contorno de su ombligo. Su lengua recorriendo su garganta exterior, y mordiendo suavemente mientras estiraba la piel, su respiración caliente rozando su piel a la par que subía hasta su lóbulo derecho, donde con la punta de la lengua humedecía la zona. Más atrevido, tomaba la oreja para empezar a chupar y morder, sin dejar que sus manos se detuvieran se deslizaban por sus costados hacia la zona sur de su cuerpo, donde sus pulgares tomaban el elástico de su bermuda y lo estiraban para abrirle paso a la mano derecha, que juguetonamente tocaba la punta de su creciente excitación.

El calor escapando en quejidos de sus propios labios delataba el gozo que experimentaba, su cuerpo solo reaccionando a la situación, cansado de esperar Hibari alzó su espalda baja y froto su erección contra la palma de Tsunayoshi logrando que este mismo gruñera de forma incitante, con las hormonas revolucionadas no pensó más y solo actuó, tomando por sorpresa al mayor al frotar con anhelo su extremidad. No tardo Tsunayoshi en recomponerse y tomarlo con una de sus manos por las muñecas, obligándolo a detenerse, un susurro ronco escapo de los labios de Vongola, y sin más preámbulo invadió con su mano libre el interior del bóxer de Hibari.

Sus dedos apretaron suavemente su erección logrando que el menor arqueara la espalda por el placer del tacto, un bufido más escapo de los labios del mayor, continuando con su mano, bajo y subió, Hibari apretó los dientes y de su boca un suspiro comprimido pareció un suave gruñido. Siendo que estaba abajo empezó amanear las caderas, Tsuna entendió su movimiento y apuro su mano a subir y bajar con rapidez alrededor de su longitud, su boca busco entretenerse besando la tela que cubría su abdomen

—Basura de mierda, tomen a Sawada en este momento—ordeno desde el umbral de la habitación del mencionado, Xanxus, quien con sus mejores ropas de gala, meneaba entre sus nudillos una copa de vino tinto. En un medio giro sobre su eje, el saco sobre sus hombros ondeo contra el impacto del leve aire que se arremolino a su alrededor.

— ¿Are? —canto divertido Lussuria mirando por sus oscuros lentes al resto del escuadrón que apuraban a meter todo lo indispensable—. ¿De verdad se necesita esa pantalla plana? —pregunto a Squalo que terminaba de asegurar una caja con cinta gris industrial.

—Nunca se sabe cuándo puede ser útil—Dijo por lo bajo, y tomando por el cuello al primer joven que alcanzo lo lanzo contra la puerta del aseo de la habitación—Saca a esa basura de ahí—ordeno amenazante, consiguiendo solo apreciar un meneo desesperado que denotaba una respuesta afirmativa.

En el interior del baño, Tsuna fue sorprendido por un joven de cabellos castaños, tan alborotado como los suyos mismos.

— ¿Sucede algo? —pregunto frente al lavabo, devolviendo su atención a su reflejo. En su mentón, la sombra de lo que parecía barba le hizo levantar una ceja, desconcertado por que aquello no estaba ahí por la noche.

—El capitán Squalo manda a llamarlo—dijo rápidamente haciendo una reverencia ante él—, Décimo.

—Oh, bien…

No pudo terminar de formular lo que pretendía decir, cuando el chico escapo veloz del interior, negando suavemente regreso su atención a su reflejo.

Fuera, Squalo lanzaba órdenes a diestra y siniestra, la puerta del aseo se abrió y el capitán tomo una manta lanzándola contra el individuo de castaños y alborotados cabellos, un grito agudo fue todo lo que se escucho después de que Squalo lo envolviera como un cruasán y lo cargara sobre su hombro como un costal. —Tomaremos el jet en este mismo momento, todos, ¡Muevan su trasero a la de ya!

Hibari por su parte miraba atentamente por la ventanilla del jet en el que viajaba, pronto arribaría en la base central de Vongola, cinco minutos por lo menos. A la altura a la que iba pudo vislumbrar como en situación de escape, una camarilla perteneciente al escuadrón independiente Varia, abordaba un Jet privado, frunciendo los labios, Hibari supuso cuan real estaba en acertar, que intentaban escapar de él, seguramente llevarían a Tsuna como "polisón" con un destino incierto. Molesto, gruño bajo y lanzando una mirada homicida a Kusakabe que caminaba nervioso de un lado a otro, escucho las disposiciones de la aeromoza.

Todo lo que él quería era darle una invitación "especial" a Sawada Tsunayoshi, ya que el actual líder no se encontraba presente que mejor que discutir "pacíficamente" su reciente situación. Hibari no sabía cómo abordaría el tema, o lo que era sin duda mejor. No le interesaba planear como abordarlo. Dado el momento de la verdad, él simplemente lanzaría la bomba, esperando que Sawada la recibiera todo lo mejor posible.

El jet abordo en la aeropista, y Hibari descendió con Kusakabe pisándole los talones.

—Hibari… ¿san?

Por acto reflejo Hibari desfundo sus tonfas, y con rapidez golpeo con fuerza la zona del estomago al dueño de dicha voz. Un quejido seguido de el sonido de una toz impertinente, lograron que Hibari Kyouya observara a quien osó en atacar.

—Menuda sorpresa—dijo a su espalda Kusakabe, negando y aun con los nervios visiblemente a flor de piel.

—Eso… eso mismo pienso—se quejo desde el suelo Sawada Tsunayoshi.

—Herbívoro—fue todo lo que dijo Hibari, antes de tomar a Tsuna por las solapas y arrastrarlo al interior de la mansión.

Despidiéndose con un asentimiento de los representantes de las familias a las que había asistido personalmente a saludar, Tsunayoshi Di Vongola abordo el auto que le fue proporcionado por Reborn desde el comando central en Okinawa.

No dudaba en recibir ese apoyo al que había tenido que recurrir. Hablar con los máximos líderes de diez años en el pasado, fue para él, una experiencia excitante. Cada uno de los anteriores jefes, presentaban ante él, una imponencia inmedible. Con sus miradas afiladas, y el brillo sádico, anhelante de sangre, lograban que su ser se estremeciera de la simple emoción de haberlos conocido al fin en persona. Esperaba volverlos a ver en un futuro, pues al tomar el poder de Vongola, diez años en futuro, jamás tuvo la oportunidad de apreciarlos, ya que con su edad habían creído prudente, retirarse por un tiempo indefinido.

Valla chasco, si esos hombres de magnate figura aun siguieran presentes en su tiempo, y con las riendas en sus manos de sus respectivas familias, la fuerza armada tenia de donde temer. Mukuro de su tiempo sin dudar algún solo segundo, apreciaría el poder armado que esos hombres eran capaces de ofrecer, y los comandaría en una guerra que sin duda era posible librar sin bajas catastróficas. Aunque eso por el momento era lo de menos.

Gracias a las ideas y aportes en el plan que estaba armando desde hace poco tiempo, había contado con el apoyo de la familia Buter, y Nescro. Y el financiamiento de Damasco que estaba seguro de recibir un cuantioso agradecimiento en un plazo de diez años, suponía para su persona, una realidad que por fin alcanzaría. Después de todo, nadie se metía con su familia y salía impune de ellos.

Sawada Tsunayoshi, Vongola. Había armado un plan que le beneficiaria en diez años aproximadamente, solo necesitaba tener en la mira los planos de la base enemiga a la que pretendía abordar. Y de eso, Mukuro ya se había encargado. El chofer del auto en el que viajaba dispuso a su orden una llamada de suma urgencia en cuanto lo hubo traído de sus pensamientos.

—Mukuro-sama insiste en que es de vital urgencia.

Sorprendido por lo que creía imposible, tomo la llamada mientras cerraba el vidrio que dividía la parte en la que se encontraba con la del chofer.

—Dime—ordeno de inmediato una vez hubo acomodado el auricular en su posición.

—Realmente—dijo Mukuro desde el otro lado de la línea—, realmente no quiero saber que tiene ave-kun en su estrecha mentecilla, asi que más vale que traigas tu culo de mierda en este instante si no quieres ser testigo de un homicidio.

El acostumbrado sonido al colgar fue lo último que Tsunayoshi aprecio antes de preguntar al chofer cuanto faltaba para llegar al hotel.

—Ahora mismo me estoy estacionando señor.

Y como un vendaval, Tsuna bajo del auto en cuanto hubo parado. Quince pisos hasta alcanzar su destino, donde cientos de preguntas se formularon, lograron que su cabeza retumbara como cañón en cuanto alcanzo el pomo de la puerta en la que se hospedaba.

— ¡Sera mejor que busques como bajar esa carpa de circo que tiene Kyouya ahí adentro! —Exclamo Mukuro lanzándole su tridente, y fallando por poco gracias a los reflejos de Vongola— ¡Ustedes son un par de depravados! —grito con odio apareciendo ahora una lanza que disponía en sus manos. —Oh, pero esto no se queda así. Tú y tú estúpida ave parlante de hielo, dejaran de revolotear mis pensamientos con su insana relación.

Tsuna le miro alarmado, sin llegar a saber a qué se refería.

—Sigo sin creerlo. Solo sale el doctor de aplicarle unas simples vacunas y de la nada ¡EL MUY GRANUJA EMPIEZA A ELVAR OTRO TIPO DE TEMPERATURA!

El rostro de Mukuro era todo un poema, bañado de polémica, miedo, curiosidad y cierto morbo por lo desconocido, se quejaba a gritos de lo que ocurría en la habitación de Hibari. Tsuna seguía sin comprender a que se debía tanto escándalo, por lo que solo pregunto lo primero que se le vino a la cabeza. — ¿Hibari está bien?

Mukuro rió con fuerza, y sin necesidad de abrir la puerta de la habitación de Hibari, el mismo apareció con el rostro sudoroso, y el cuerpo temblante.

—Herbívoro—dijo con furia Hibari, sus tonfas en las manos apretadas con fuerza entre sus palmas. Lanzándose contra Tsuna, este mismo lo recibió apresándolo por sus hombros.

— ¿Qué te sucede? —Pregunto captando la frustración en las pupilas de su menor—estas…—dijo con la voz en un susurro, y apresando sus manos tras su espalda, lo arrincono contra la pared pegando sus caderas a las de él. Un sonido ronco se atoro en su propia garganta al notar lo que pasaba en el cuerpo de Hibari—. Carajo—se quejo tragando su saliva con fuerza, miro a un lado notando la ausente presencia de Mukuro, quien seguramente había leído la atmosfera que se formaría—. Tenemos un problema.

Seguro de lo que se apresaba entre los bóxer oscuros de Hibari, Tsuna lo levanto con fuerza del suelo, sin soltar sus manos, lo tomó con la que tenia libre por la cadera juntando aun más sus cuerpos. Hibari se quejo en un siseo caliente. Su aliento choco contra el cuello de Tsuna, que a punto de perder su razón, negó con fuerza y se dirigió al baño.

Obligo a Hibari a soltar sus armas, y dejándolas caer en los mosaicos del aseo, lo despojo solamente de su playera roja.

—Si no me sueltas, considérate muerto. —amenazo Hibari, mientras Tsuna abría las llaves de la regadera, en cuanto se inclino a abrir la otra de la tina él respondió con deseo.

—Siempre me considero muerto cuando te tengo debajo.

Y era todo lo sincero posible, con Hibari siempre estaba dispuesto a morir, al besarlo, al acariciar su piel con la suya, siempre, en todo segundo. El peligro bañaba por completo sus palabras y su cerrada relación.

Entre quejas y golpes, Tsuna se vio obligado a entrar bajo el agua con Hibari, su traje de Armandi negro, su camisa blanca y su corbata y zapatos, arruinándose con el agua. Deslizándose por la pared, y girando el cuerpo de Hibari para abrazarlo por la espalda, se dejo embargar por la fría agua de la bañera. Gotas de agua mojaban sin consuelo sus castaños cabellos, y sobre sus piernas, Hibari acomodado lo más conveniente posible, había logrado liberar sus manos. Su respiración agitada lograban darle a Tsuna el consuelo de que se detendría por un momento.

Sintió como sus muñecas eran presas de un ligero apretón, las manos de Hibari se sostenían, y con su cabeza inclinada al frente, solo pudo notar los resoplidos que emitía, el hueso de su columna parecía remarcarse contra su pálida piel, su constitución ligeramente trabajada invitaba a tactar con ahincó, solo para estar seguro de cuan suave podía ser la musculatura de su cuerpo.

Con un suspiro, Tsuna acomodo la punta de su nariz entre el hueco que le ofrecía el cuello y el hombro de Hibari, y sin dudar le susurro.

—Yo siempre te elegiría a ti, Hibari—la nota de su voz captándose con dolor, no daba más que para imaginarse su futura situación—, aunque tú nunca harías lo mismo.

Al otro lado de la puerta, Mukuro alcanzo a escuchar lo dicho por Tsunayoshi, y comprendió en ese instante, el "imposible" que siempre estaría presente en la vida del castaño.

—Pudiste elegir a alguien más—dijo por lo bajo, recargándose con la pared y dejándose deslizar hasta el suelo, donde con las piernas estiradas sobre la alfombra roja del lugar, y su cabeza agachada en un signo decaído, soltaba un suspiro—. Tu yo pasado aun lo puede evitar.

Negando con la cabeza, él receló que eso no pasaría. Hibari de alguna u otra forma, siempre estaría presente en la vida de Sawada, lo estuvo en la batalla contra Melfiore, en la lucha por la sangre de la familia Shimone. Siempre presente, incluso en la batalla por romper la maldición de los arcobaleno. Nada podía asegurarle que Tsuna de su tiempo real podía evitar poner su atención en Hibari. Y eso suponía un solo riesgo en sus planes. Con Hibari de por medio, Tsuna nunca alcanzaría esa gloria que le era brindada en bandeja de plata.

No podría llegar la disposición de un rey.

—Bendita la hora en la que se le ocurrió pescar un resfriado y hormonas alocadas, —se quejo Mukuro levantándose del alfombrado y dirigiéndose a la nevera de la cocina—, cuando lo más conveniente es que Hibari pescara madurez…—claro, que como mal pescador, Hibari, el ave parlante, solo podía pescar, más, más, y más… hormonas calenturientas.

Claro, se dijo mordiendo un melocotón, disfrutando su exquisita pulpa.

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Golpeo con toda la furia contenida que guardaba desde meses atrás en su interior, la bolsa de cuero rellena de arena cedió ante la fuerza empleada rompiéndose desde la mitad, el sonido en cascada, lograron que dejara su posición de pelea y pasara a una de simple defensa. Desde su frente, pequeñas gotas de sudor se deslizaban por la superficie de su rostro, besando sus marcados pómulos y perdiéndose en su fuerte mentón.

Con un quejido, llevo sus manos vendadas hasta su cabeza, donde con sus largos dedos revolvió su melena blanca y húmeda de sudor. Las pringas bañaron el suelo cubierto de madera pulida en ébano. Con ánimos a desaire, trato de acompasar el aire en sus pulmones, llenándolos y vaciándolos prolongadamente, deteniéndose por efímeros segundos cuando un grito era lo que deseaba escapar de sus labios.

Con un fuerte y feroz movimiento, la planta izquierda de su pie choco contra el resto vacio del saco de boxeo, la magnitud de la fuerza fue tal que la cadena que la sostenía al techo se desprendió llevándose una parte de concreto de paso. Un gemido frustrado logro abrirse paso entre su garganta, exteriorizando su sentimiento de mudo pesar. Tomo su cabeza entre sus manos, y apretó su cráneo con fuerza a la par que cerraba sus grises ojos privándolos de la imagen de su entorno.

— ¿Qué piensas hacer Sawada? —Pregunto a voz en grito, tratando de calmar su frustración. Esta vez se dejo caer de rodillas, y estrellando su puño derecho contra la madera, la misma logro quebrarse. Grietas remarcando una profunda abolladura imposible de restaurar.

Él no entendió en su momento que era aquello que tramaba Tsunayoshi, y trato de ignorar sus raras formas al estar en su presencia. No lo comprendió, y en ese momento se odiaba por no verlo venir. Su jefe, su mejor amigo, a quien estaba dispuesto a defender y a poyar, contra todo y todos. Había retornado a su pasado, preparando un futuro planeado.

Una risa escapo temblorosa desde su centro. Ryouhei estaba seguro que todo lo que habían experimentado en el largo recorrido hasta su "hoy" presente, tenía su forma de estar. Y con obvia razones era imposible que la forma de actuar de Tsunayoshi provocara una alteración en su tiempo.

Levantándose del suelo, estiro sus largas piernas cubiertas por un pantalón de tela ligera, salto sobre su eje por un total de cinco minutos, y comenzó a hacer sombra, puño derecho, patada, salto, puño izquierdo, gancho, salto hacia atrás.

Bufando para apartar el sudor que se acercaba a sus labios, continúo con el calentamiento, tratando de que su comprensión al leer aquel libro que había conseguido a hurtadillas de Talbot no desmadrara su ya impaciente mente.

Era una bitácora de datos lo que se guardaba tan celosamente en su recamara de la base de Sicilia/Italia, misma custodiada por uno de sus recientes aprendices, un llamado Bonnet Di Rall, joven de no menos quince de edad, el más capacitado (en su propia opinión) para hacer frente ante quien pretendiera robar dicho libro.

¿Qué tenia de interesante?, siempre se pregunto desde el momento en que el creador de los Vongola Gear se lo señalara a Tsunayoshi en sus efímeras reuniones, donde con regularidad él estaba presente. No fue curiosidad lo que le orillo a tomar temporalmente aquella bitácora, lo que lo movió a actuar de esa manera, fue su creciente preocupación por las acciones de "Sawada", mismo que insistía en saltarse los exámenes rutinarios en el que ponían aprueba el estado físico de Tsuna, con programas de ejercicios cardiovasculares. Cuando aquello sucedía, el guardián del sol siempre era consciente de donde podía hallarlo.

Con Reborn, el antaño arcobaleno del sol.

Encerrado en una recamara privada, con infinidad de cacharros que monitoreaban su salud física y mental. Reborn se veía rodeado de un aura de profunda paz. Tan alarmante que podía llegar a interpretarse como un suspiro cercano a la muerte. Sawada siempre acudía a visitarlo, los largos cabellos oscuros de Reborn permanecían reacios a ser domados con un peine, y sus curiosas patillas remarcaban las marcas de sus pómulos. Su respiración era ayudada por un tubo de oxigeno, y se alimentaba a base de pequeñas "moras", las llamadas "moras alimenticias", creadas por el mismo Verde a petición de Tsuna, quien reacio a dejar que se le administrara alimento a Reborn por medio de tubos, había acudido al científico.

El trabajo no fue fácil, y mucho menos económico. Tras una semana entera sin dormir, Verde logro crear un suplemento alimenticio con apariencia de una pequeña mora, parecida en color, pero achacando su tamaño de una circunferencia de menos de medio centímetro. Gracias a eso, Reborn podía mantener parte de su condición física en forma, de igual manera se le administraban vitaminas vía intravenosa. Y se le eran aplicados tratamientos para mantener su cuerpo en un estado adecuado.

Pero, aquello no era lo realmente interesante en los actuares de Sawada, eran más bien las reuniones que se daba a cita con Talbot, la presencia de Verde nunca faltaba en dichas visitas, junto a uno que otro allanamiento por Mukuro, y las palabras que ahí se intercambiaban solían ser todo menos que precisas. Ryouhei nunca creyó importante las simples consonantes de un: "Es lo que hay escrito", por parte de Talbot, e ignoro siempre los estallidos de sorpresa de Mukuro "¡No estás hablando enserio!, me daré la vuelta y cuando te pregunte nuevamente tú dirás: 'Debes estar bromeando, Mukuro, yo jamás aria eso', de lo contrario partiré tu cara sin arrepentimiento, asi podre asegurarme un futuro en…", siempre lo escuchaba como algo normal cuando entraba a realizar cambios en los goteros de los sueros.

Poco tiempo atrás estallo algo en su cabeza, algo que hizo "clic". Cuando eso ocurrió, en su mente se rememoraron las vivencias de las que poco habría sacado si no las hubiera llegado a analizar de la forma en la que lo hizo.

Talbot leyendo una frase cualquiera, Verde quejándose de que aquello no podía llegar a ser verdad. Mukuro arrebatando las notas de las manos del llamado creador, y leyendo con rapidez lo señalado, para al final estallar en una sarta de improperios que no conocía fronteras, ni lenguajes. Sawada siempre interviniendo con un punto que parecía de inflexión, y todo aquello, siempre alrededor de Reborn, quien sumido en un letargo involuntario, parecía menos que esencial en las discusiones que se daban.

Siempre supuso que hablaban en ese cuarto a falta de un lugar con mayor privacidad, más había herrado. Tras la partida de Sawada al pasado, Verde anuncio una retirada temporal de al menos quince días, en los que él mismo tuvo que hacerse cargo del cuidado de Reborn. Mañana a mañana se encargaba de suministrar sueros, inyecciones y los alimentos adecuados. Por la quinta tarde ocurrió una anomalía en una de las pantallas que mantenían monitoreados lo movimientos que se realizaban en su cerebro.

Fue caustico e impreciso, más ahí estaba. Reborn reaccionaba a cada sonido que se hacía en la recamara. En la sexta mañana se armo de toda teoría irrefutable, y comenzó por una charla aun Reborn durmiente.

Descubrió que cerca de las nueve horas, el arcobaleno estaba atento a cada sonido realizado a su alrededor. Con diez y quince, un movimiento alteraba los ritmos de su corazón, menos cinco para las doce, su cerebro caía en un profundo letargo. Descubrió además que podía responder a cualquier pregunta siempre y cuando esta no requiriera más que una serie de códigos pequeñas como respuesta.

Llego a esa afirmativa al ordenarle básicamente que afirmara deteniendo su respiración por infame cinco segundos. El resultado fue todo un éxito, más no podía pasar el tiempo haciéndole retener la respiración, en cualquier momento lograba que el sistema de Reborn no respondiera a tiempo y tendría como resultado su fallecimiento.

Entre preguntas, encontró respuestas, y hallo que cerca de las dieciocho horas era cuando más se hallaba consciente de su alrededor. Mismas horas en las que Sawada se citaba ahí con los demás.

—"¿Ese libro es importante?" —pregunto durante el noveno día. Reborn respondió afirmativamente al alterar su ritmo cardiaco por un segundo.

Y fue ahí como tomó por misión obtener aquel libro. En el quinceavo amanecer, Verde estuvo de regreso, marcadas ojeras daban a su rostro un aire vagabundo y enfermizo. Aun con toda la terquedad del mundo, obligo a Ryouhei a dejar a su cuidado a Reborn.

Y él partió en una búsqueda que podía asegurarle la muerte.

Si no fuera por su espíritu de lucha, no habría logrado tal hazaña, recibió a Tsuna con un fuerte saludo. Y se dispuso después de aquello a averiguar lo que realmente pasaba.

"Todo marcha… es difícil de describirlo, pero estoy en este momento cada vez más seguro de mi decisión. Son mis amigos sobre mi vida. Decidí que con ayuda de estos puños, los protegerías. Falle con Reborn, y ha sido por mi causa que Vendicare estuvo pronto a eliminarlo de mi camino. Mi resolución sigue latente. Y no me queda más que narrar en este momento los acontecimiento más destacables que se dan en este pasado, done pretendo cambiar solo un poco el futuro que aqueja a mi familia."

"Me he asegurado de que padre no realizara más preguntas tras mi aparición. Después de salir de aquella sala, él pretendió someterme a un interrogatorio. Me arrastro con él a las oficinas centrales de la CEDEF, más solo logro que le aconsejara en su reciente rendimiento […]

Este día me vi envuelto por dolorosos recuerdos, pese a todo logre librarme de ellos. Una batalla cerca de las montañas me hizo recordar a que había retornado al pasado, donde apunto estuve de cóbrame la vida de Hibari.

El resultado de la batalla por destruir la maldición de los arcobaleno: Exitosa, solo queda restaurar los recuerdos a mi retorno. Verde se encargara de eso."

Todo aquello escrito en una bitácora, firmada bajo el nombre de Di Vongola, Sawada Tsunayoshi. Con cada párrafo leído, Ryohei fue descubriendo que la escritura parecía perderse, pues en los últimos párrafos que leyó nunca espero por más, pues el resto de las hojas sueltas permanecían secas de letras, bordeadas por un color café gracias a los años guardados. Sorpresa se llevo al reabrir el objeto y encontrarse con nuevas anotaciones, un plan trazado fue lo que llamo su atención, junto al nombre de una familia.

Con un suspiro dio un último golpe, esta vez su puño chocando contra la pared más cercana y derribándola como su solo papel se tratase, la visión se le nublo gracias a la luz matinal, y a su visión llego la frescura del aire, y el ancho y vasto campo que presentaba ante él, una naturaleza casi inalterable—, Sawada va por Lieccho—gruño con saña, y librando con sus palmas a su rostro del sudor que le recorría, regreso sobre sus pasos con dirección a su reciente recamara. Tomaría una ducha y en cuanto antes partiría nuevamente a Sicilia/Italia.

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Notes Break:

Si, lo sé. No merezco un perdón. Me he estado entreteniendo en tantas cosas, y a la vez he estado ajetreada en otras tantas que quise dejarme por unos momentos de esta historia. Y valla que me tarde.

Pretendía actualizar el día de mi cumple años… hace tres meses… creo. Pero me vi incapacitada gracias a que mi atención se centro en otras cosas. El trabajo, el tiempo… ¿y por qué no?, las crecientes ganas que tenia por dibujar. Además claro que estoy trabajando en un proyecto de mi propia autoría. Osease pues, estoy escribiendo una historia al cien por cien original… bueno, realmente son como cinco a la vez. Cuatro pertenecientes a una sola idea, y una que tome más como un reto. Un original de temática homosexual. Eso gracias a que una amiga estuvo ensañada en que "yo soy tan crueeeel"«« [sarcasmo por mi parte] que no quiero escribir algo de su gusto. Algo molesta, y atraída por la idea de un reto, empecé a plantearme la susodicha historia mientras a su vez avanzaba el desarrollo inicial de —"Prison Dreams" —, una historia que estoy dispuesta a proporcionar parte de su contenido a quien se atreva a leerlo en estos lares, eso sí, bajo una sola condición. En fin, que entonces con todo eso gobernando mi mente, escribí —"Decir te amo…"—, la cual es la historia que entro en reto, temática homosexual que actualmente cuenta con tres capítulos. La estoy publicando en amor-Yaoi, y… no sé, si alguna de ustedes quisiera echarle un vistazo, y dejar su opinión de que piensan al respecto… haría que mi corazón brincara de alegría… estaba bajo mi natural seudónimo de DiZereon.

Y dejando eso de lado. Pido disculpa, tanto por demorar en la actualización como en no responder los comentarios. Les aseguro que pronto lo haré. Asi que por favor, ténganme un poco de… ¿Paciencia?... no, eso no… ¿Consideración?... tampoco. Mejor solo, discúlpenme, que yo pretendo responder sus comentarios con toda mi atención y… (Tosido), no es algo que escribiría… pero… pondré toda mi atención y… cariño. Sí, eso, mi cariño.

He leído por ahí que un fic con review es un fic feliz… creo que pienso igual. Me harían muy feliz al dejar sus opiniones, quejas y sugerencias. Puedo responder preguntas.

Pregunta del día: ¿Cuál es tu anime favorito?… a pues… Katekyo Hitman Reborn!, aunque me quede, como muchas, un poco desilusionada por el manga. Le siguen muy de cerca: Fairy Tail, D Gray-Man, Drangon Ball, One piece… junto a otras.

¿Cuál es el anime y manga favorito de ustedes?

Prometo pronta actualización si alcanzamos los seis review en este capítulo… claro que me haría ilusión ver que al fin haiga cincuenta… me conformo con seis por el momento [Ya ven que no soy muy exigente], oh, y una sorpresa en mi profile en aproximadamente 24 hrs, que espero que les guste.

Nos estamos leyendo.

P.D: ¿Saben que les quiero verdad?

Ciao!


11/05/2013