Salvarte


6


Todoroki se paralizó ante el contacto y la situación le era tan absurda como si se hubiera atacado a sí mismo con su propio don y se quejase ante el dolor. Lejos estaba aquella sensación de ser dolorosa, pero era tan agradable que él sospechaba de ella, no le creía.

«¿A-Así… se sentía?», pensó, algo incrédulo. Su corazón se había descontrolado y de pronto se sentía muy avergonzado de que, teniendo a Yaoyorozu a una distancia tan cercana a él, ella pudiera percatarse del hecho. Cuando tomó aire para intentar ver las cosas con mayor calma, se percató de que también podía escuchar los latidos de la joven, y estos eran aun más frenéticos que los suyos.

«¿Qué he hecho?» se preguntaba, desconcertado por su propio accionar. Él no abrazaba, no demostraba afecto. Nunca. O por lo menos desde hacía mucho tiempo.

Pero Yaoyorozu parecía ser como su antiguo yo, era de esas personas que recibían amor en forma de caricias con frecuencia y necesitaban pedirlo constantemente para poder continuar. Les era algo cotidiano, natural, tanto como respirar.

Y él se lo había concedido, porque ella lo necesitaba.

Sí.

«—Extraño a mamá —pronunció contuviendo las lágrimas cuando aun era muy, muy pequeño. Había abrazado en un acto de impulsividad la parte trasera de las piernas de su padre. Escondió su rostro a la altura de sus rodillas con vergüenza. Nunca antes había abrazado a su progenitor. Jamás se había atrevido, pues la que recibía sus afectos siempre había sido su madre. Pero estaba anhelante de afecto, se encontraba tan desesperado que no le era relevante que se lo estuviera rogando a la persona que se lo había quitado.

Su padre se sacudió las piernas apartándolo como si se tratara de una molestia.

—Olvídate de ella y de todas las tontas costumbres que te ha enseñado—espetó con dureza, frunciéndole el ceño a sus ojos llorosos. Con desagrado, añadió—. Míra lo que ha hecho contigo.

Cayó contra el suelo debido al empujón y bajó la vista, dolido ante su inminente rechazo».

A partir de entonces, se le habían congelado los brazos. Jamás había vuelto a demostrar cariño de manera física por el terror al rechazo. Al rechazo tanto propio, como ajeno. Se había olvidado incluso de cómo se sentía, de manera tal que incluso dudaba de que le fuera a agradar esa sensación de nuevo.

Y así había sido hasta hacía unos instantes cuando había decidido abrazarla. A ella, a la que a sus ojos parecía un angel, uno poseedor de ojos nocturnos. A la que lo convertía a él en un demonio mientras se encontrase temblando entre sus brazos.

Todoroki se sentía extraño.

¿Realmente lo había hecho porque Yaoyorozu lo había necesitado?

¿De verdad?

A lo mejor, era más considerado de lo que él creía.

¿Lo era?

Al reparar en los temblores de la chica, comenzó a preguntarse si en realidad había hecho lo correcto. Se había dejado llevar por la impulsividad, por una tan irrefrenable que no lo dejó siquiera cuestionarse de si ella estaría de acuerdo con eso.

Tragó saliva, inseguro.

—Yo… Lo siento mucho, no debí…—apoyó sus manos sobre sus femeninos hombros. Conteniendo la respiración amagó con apartarsela de su pecho con suavidad.

Yaoyorozu se tensó de inmediato, oponiendo resistencia. Shoto entreabrió los ojos, comprendiendo.

Ella quería. Ella consentía.

Y como si sus huesos se hubieran vuelto de pronto más livianos, Todoroki se relajó. Sus latidos se calmaron, su agarre fue más descontracturado y como contrarespuesta, Yaoyorozu también se tranquilizó.

Minuto a minuto ambos se fueron acostumbrando al contacto, derritiéndose lentamente contra la silueta del otro. Se fundieron en una sensación placentera. Ella, disfrutando del frío que necesitaba para apagar el fuego que tanto la atormentaba; él, alimentandose del calor para descongelar su esencia. Juntos alcanzaron la temperatura. La que ambos habían deseado desde hacía tiempo.

Todoroki dejó de sentir miedo y Yaoyorozu cesó de tener espasmos.

La película siguió avanzando, pero fue algo secundario.

La visión quedó desplazada a un segundo lugar, reinando la táctil por sobre las demás. Todoroki, tan relajado y extasiado ante la olvidada sensación, apenas reparó que llegando a la mitad de la trama de la película Yaoyorozu se había quedado por completo dormida.

La observó detenidamente.

Bajo su turquesa y dorado, se veía más vulnerable que nunca. Yaoyorozu se había entregado, sin saberlo, al pecho de alguien que se encontraba demasiado manchado ya como para no hacerle daño.

«Huye, por favor. No quiero hacerlo», suplicó en su fuero interno. Aspiró el perfume de su cabello estremeciéndose.

Le gustaba. Su resplandor le fascinaba.

Y cómo se odiaba por sentirse de esa manera: débil, atraído innerentemente hacia la luz.

No quería, no debía.

Sin embargo, no importaba cuánto Todoroki rogase por el bienestar de quien aun podía salvarse, porque las fichas del destino ya estaban jugadas.

Porque ambos se lastimarán.

Y agonizarán.

Víctimas, los dos, por amarse así.


Se despertó gracias al escándalo que montó su celular. Se había olvidado de apagar la alarma.

Y qué bueno que lo había hecho.

—¡El trabajo! ¡Dios mío! ¿Qué hora es? —se incorporó de un brinco, mareándose ante la brusquedad. Parpadeó varias veces, confundida—. ¿Dónde estoy…?

Cuando se puso de pie se le cayó el alma a los pies: acababa de reparar en el hecho de que no estaba en su casa. ¡Estaba en lo de Todoroki! Y como un montón de olas irrefrenables, las escenas de la noche anterior sacudieron a su mente dibujándole una sonrisa en sus labios.

La cena, las charlas, la película, el abrazo.

Se ruborizó al instante.

Pero, ¿dónde estaba él? ¿Qué había sucedido?

Cuando efectivamente recordó, se sonrojó. ¡Se había quedado dormida a menos de la mitad de la película! Su corazón se aceleró al reparar en un hecho que no era menor: ¡se había quedado dormida a menos de la mitad de la pelicula entre los brazos de Todoroki!

Él la había abrazado. No ella.

Y como si no pudiera disfrutar de los momentos felices, la culpa atacó. Frunció el entrecejo, un tanto contrariada.

«Tampoco le diste mucha opción con la escenita que montaste», le reprendió la responsable vocecilla de su inconsciencia.

Se desanimó casi al instante. Debía disculparse.

—¿Todoroki-san? —inquirió, escuchando su propia voz resonar en el apartamento. No hubo ninguna respuesta. Avanzó a través de este, recorriendolo con timidez. Se detuvo frente a una puerta que no era el baño y que, por descarte, debía de ser su habitación. Se mordió el labio intentando controlar su curiosidad.

«No debes, Momo. Simplemente no está bien» se reprochó a sí misma recordandose que todos tenían derecho a conservar su intimidad si así deseaban hacerlo. Y Todoroki no estaba presente como para decirle lo contrario.

Retrocedió unos cuantos pasos y se dirigió nuevamente a la cocina. A lo lejos divisó un papel que se encontraba en la isla.

Mi padre me llamó a la madrugada para una misión.

Toma lo que quieras del refrigerador.

Te dejé las llaves. Antes de irte, déjalas en el buzón.

En el fondo, no pudo evitar sentirse un poco decepcionada. Todoroki no se leía, a su parecer, ni un poco menos distinto en su trato hacia ella que la primera vez que lo había visto. Desanimada, recordó sin siquiera quererlo, la sensación de cómo la había abrazado contra su cuerpo la noche anterior. La forma en la que sus brazos (un tanto más delgados, pero aun fuertes) la habían envuelto y cómo su firme pecho se apoyaba contra su espalda. Tuvo que respirar profundo unas cuantas veces para no comenzar a hiperventilar.

—Tiempo al tiempo… —se dijo a sí misma, curvando levemente sus labios.

Desayunó un tanto a las apuradas, encargándose de dejar todo lo más ordenado posible y tomando sus cosas se dirigió a la compañía.

Ya se disculparía luego con él por haberse quedado dormida a mitad de la película.

—¡Qué vergüenza! —se tomó ambas mejillas con las manos, mientras apresuraba su paso por las calles de Tokio.


Terminó agotado.

Los demás agentes se encargarían del resto. Con el villano inconsciente, Todoroki no tenía nada más que hacer allí. El arresto, traslado y papelerío burocrático eran asuntos que no le concernían.

Escondió las llamas, sintiendo un sabor amargo en la garganta.

—Bien hecho, Shoto —lo apremió su padre apareciendo desde detrás, con una sonrisa extasiada, casi eufórica.

—Tsk —apretó los dientes, dándose la vuelta. No era un padre orgulloso, simplemente había alimentado su ridícula fantasía al haberse encontrado en aprietos y no haber tenido otra opción que usar su lado izquierdo.

—¿Ya te irás?

Le dedicó una mirada sombría. Estaba de muy mal humor.

—Mi trabajo ha terminado, ¿verdad?

Endeavor rio entre dientes, irritándolo.

—Deberías premiarte un poco de vez en cuando. Hoy sí que has hecho un buen trabajo.

Todoroki se sintió fastidiado: todos sus aportes eran buenos, en realidad. Él era un viejo desgraciado que solo lo reconocía cuando usaba su lado izquierdo. No importaba cuántas misiones hubiese ganado solo con su lado derecho, si no usaba las flamas, todo logro suyo quedaba en el olvido.

—Eso haré. Iré a dormir —Porque de ninguna manera un premio que valiera la pena incluiría a su padre. De hecho, quería festejar su victoria lo más lejos que fuera posible de él. Ya fantaseaba con su apartamento, más precisamente su habitación y su cómoda cama.

La noche anterior, sin siquiera pretenderlo, también se había desmayado en el sofá con Yaoyorozu encima. Y aunque se sentía un tanto abochornado al respecto, no dejaba de ser un hecho notable. Más considerando lo mucho que le estaba costando conciliar el sueño últimamente.

Estar con ella, de algún modo, le dio cierta seguridad que estando solo en su apartamento jamás habría podido experimentar. Era solo una teoría, pero a lo mejor su compañía le había hecho bien. Se preguntaba si con cualquier otra persona habría sido lo mismo.

«Sabes bien que no».

«Basta».

Se metió en su coche, y manejó prácticamente en automático hacia su casa. Si no llegaba pronto, sentía que se iba a descomponer del cansancio. Días seguidos de no dormir bien le estaban pasando factura. No importaba el tiempo, pero no pensaba salir de su dormitorio hasta no caer profundamente dormido.

Una vez entre sus sábanas, finalmente, Todoroki cayó rendido.


Yaoyorozu se acercaba al tocador casi en puntas de pie, cerciorándose de que nadie estuviera observándola. ¡Tenía que cambiarse de muda rápido, antes de que Itsuka pudiera…!

—¡Te encontré! —unas pesadas manos cayeron sobre sus hombros desde detrás. Cerró los ojos con frustración al reconocerla—. ¡Y con la MISMA ropa con la que saliste AYER! ¿¡Qué has hecho anoche, Momo?! ¡Cuéntame! ¡CUÉNTAME!

—¡Shhh! ¡Guarda silencio, indiscreta! —Momo se dio la vuelta acalorada. Itsuka le sonreía con aquella efusividad dinamita que la caracterizaba. Siempre se preguntaba qué clase de persona iba con ese humor al trabajo por la mañana. Le dio la espaldas abriendo, por fin, la puerta del baño y dejándola del otro lado una vez que ella pudo pasar.

Cerró el pestillo, conteniendo la risa.

—¿Momo?

—¿Mhh?

—¡Ah! ¡Cerraste, maldita! ¡Abre la puerta, Momo!

Iba a divertirse un poco. Aun se sentía frustrada de que lograra esconderse lo suficientemente bien como para que no se diera cuenta. Debía mejorar en guardia definitivamente.

—No hasta que admitas que eres una indiscreta.

—¡Anda, Momo! Sabes bien que no…

—Entonces te quedas fuera…

—¡Ah! ¡Qué mala eres! ¿Quieres que sea indiscreta? ¡Entonces te mostraré qué tanto lo puedo ser!

Momo soltó un grito ahogado cuando la escuchó golpear la puerta de manera insistente y la abrió de inmediato.

Qué empecinada podría llegar a ser. No le gustaría tenerla en el bando enemigo, para nada.

—Entra, escandalosa… —bufó molesta, comprobando nuevamente que no hubiera nadie en el pasillo que pudiera verlas.

—No hay nadie. Lo sé —confirmó Itsuka adentrándose en el tocador con ella, mirándose las uñas—. Aunque yo que tú me pongo a entrenar espionaje ya mismo. ¡Nunca me encuentras! Y siempre estoy… detrás de tí —le guiñó el ojo con jovialidad, pero Momo bien sabía que su mensaje iba más allá. Itsuka siempre estaba cuidándola, y metafóricamente, era ella quien se sentía por detrás de su amiga.

—Sé esconderme, no encontrarte. No es lo mismo.

—Van de la mano, Momo. ¡Una cosa va pegadita a la otra…! —la pelirroja cambió de tono cuando vio su gesto preocupado—. Es una observación, no una crítica. No te lo tomes muy en serio, tonta.

—No, pero es cierto. Debo mejorar.

—Al igual que todos.

—Sí, pero eso no quita que…

—¡Tienes la misma ropa que ayer! ¡Te he visto! —la interrumpió, con el dedo índice apuntándola acusadoramente y los ojos brillando por la picardía—. ¡Déjame adivinar! ¿Lo has visto, eh? ¿Lo has visto?

Momo se ruborizó y apartó la vista.

Itsuka también era muy buena atando cabos.

—¿A… A quién…?

—¡Al mitad héroe mitad guapo, ya sabes!

Yaoyorozu rompió en carcajadas.

—¡No lo llames así!

—¿¡Lo has visto sí o no?!

—Pues… sí —pronunció mientras se escabullía hacia el cubículo. Soltó una risotada cuando vio que su amiga iba detrás de ella y opuso resistencia contra la puerta—. ¡Eh! ¡Que quiero cambiarme a solas! Un poquito de intimidad, por favor.

Kendo se echó a reír desistiendo.

—De acuerdo, ya. Entonces, Momo, dime…

—¿Esto es un interrogatorio? —bromeó fingiendo incredulidad mientras se ponía su traje.

—Sabes bien que sí.

—Y supongo que no podre evadir ninguna pregunta.

—¡Sabes bien que no!

Ambas rieron.

—Falta poco para que ingresemos, Itsuka.

—Faltan quince minutos. Con diez me alcanzan.

—No te creo nada.

—¡Lo juro! Sabes que me tomo el trabajo muy en serio.

Yaoyorozu suspiró. No había escapatoria.

—Anda, dispara.

—¿Dónde se vieron?

Yaoyorozu se subió la cremallera tomandose su tiempo para responder.

—En su casa.

La pelirroja soltó un grito de sorpresa tan histriónico que Yaoyorozu se mordió el labio inferior para no reir.

—¿¡Y qué han hecho?!

—Bueno… Hemos cenado y hemos visto una película —se terminó de poner las botas y salió del cubículo.

—¿De verdad? —Itsuka la miró incrédula.

—Sí —dijo Momo distraidamente mientras se recogía el cabello frente al espejo—. ¿Por qué?

—Qué mojigatos, por All Might…

—¿Qué dijiste? No te escuché —inquirió, distraída.

Itsuka parpadeó.

—¡No! ¡Nada, nada! Pero… ¿De verdad no ha pasado algo más?

Un rubor intenso se apoderó del rostro de la castaña.

—Bueno, me ha abrazado mientras mirabamos la película… Y me quedé dormida… Y él también, creo. Pero tuvo que irse a la madrugada por una misión.

Itsuka rio.

—De acuerdo… Esperaba otra cosa, ¡pero está muy bien! —admitió, algo divertida—. Son muy adorables, ¿qué mas puedo decir? Y por cierto, ¿Como es eso de que te quedaste dormida? ¿¡Cómo pudiste, Momo?!

Momo se tomó el rostro con ambas manos intentando apaciguar el calor que se le había acumulado allí.

—¡Lo sé! ¡Es que ayer terminé muerta… y estaban las luces apagadas, y me había dado una frazada y él era tan cómodo que…! ¡No sé, pasó!

La pelirroja se carcajeó.

—Está bien, suele pasar…

—¿Te ha pasado? —inquirió Momo emocionada.

—Nah, las películas solo han sido excusas. De hecho, jamás creí que alguna pareja las mirara de verdad…

—¿Por qué no?

Itsuka le dio un beso en la frente.

—Por nada, Momo, por nada. Ahora, cuéntame… ¿Qué más…?

Momo tomó su bolso y negó con el dedo índice con una sonrisita de suficiencia. Le mostró la pantalla de su celular.

—Es la hora.

Itsuka maldijo por lo bajo y Yaoyorozu la regañó. Juntas entraron a la oficina.


Los días pasaron y aquel viernes Yaoyorozu salió temprano. La jornada estuvo tan tranquila que terminaron incluso dos horas antes. Siendo las cinco de la tarde y habiéndose despedido de su amiga, Momo se dirigía a merendar al lugar que más le gustaba visitar a esas horas.

"La bonne France".

«Me gustas Todoroki-san. Siempre lo has hecho», rememoró su antiguo yo de hacía semanas, sonrojándose. Desde aquel entonces no había vuelto a pisar aquel sitio.

Sacudió la cabeza alejando al chico de su mente. ¡Estaba harta! ¡No podía dejar de pensar en él y este se colaba en cada uno de sus más banales pensamientos!

«¿Qué estará haciendo?», se preguntó, algo preocupada, mientras avanzaba por la senda peatonal. Hacía días que no se habían puesto en contacto nuevamente.

«¿Le habrá molestado lo que ha sucedido? ¿Habré dejado algo fuera de su lugar antes de irme? No puede ser, me cercioré de que todo estuviera en orden… ¡Ah! ¡Todavía debo disculparme por haberme quedado dormida…!».

—¿Yaomomo?

Se dio la vuelta y no ocultó su sorpresa cuando se encontró con sus enormes ojos color avellana. Solo las chicas de su antiguo curso la llamaban así. No podía ser de otra manera.

—¡Ah! ¡Uraraka-san! —De alguna forma, ver a su ex compañera con su rostro tan fresco y jocoso le contagió la felicidad—. ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo estás?

Vio que la muchachita portaba una falda de color azul y un dulce sweater color gris. En su cuello, una enorme bufanda con la que podría cubrirse por completo.

—¡Estás muy desabrigada! —exclamó horrorizada antes de dejarla contestar.

Uraraka rio algo avergonzada.

—Se me ha volcado café en mi abrigo en el trabajo, y como venía a pasear por aquí no quise pasar vergüenza.

Momo hizo un gesto con la mano restándole importancia y al cabo de unos segundos, tras activar su don, le entregó un sobretodo a la joven.

—No sé si es tu estilo pero… ¡Que combina, combina! —le aseguró entre risas.

Los ojos de Uraraka se agrandaron por la emoción.

—¡Ah! ¡No, no! ¡Es perfecto, gracias! —Una vez que se lo puso estiró los brazos para vérselo—. ¡Guau, eres genial! ¡Acertaste en la talla!

Yaoyorozu sonrió.

—¿Verdad?

—¡Sí! Deberías dedicarte a esto, de veras. ¡A cuántas diseñadoras de moda les habría encantado nacer con tu don…!

—¡Bueno, bueno! Eso ya no lo sé. Pero es cierto que si hubiera elegido esa carrera hoy en día mi vida sería mas sencilla —concedió con una sonrisa. Ochako volvió a asentir, sin percibir en ensombrecimiento de su mirada.

Porque era así.

Cualquiera en su lugar se habría sentido afortunada.

Pero no.

—¿Y tú qué haces aquí? Tu agencia no esta muy lejos, ¿verdad? Debes de estar saliendo del trabajo.

—Sí, pensaba ir a tomar algo a La Bonne France, es mi cafetería favorita de este distrito.

—¡Ah! ¡Sí! ¡La conozco! ¡Es genial! ¡Y es muy… tu estilo!

—¿Quieres venir?

—¿En serio? ¿No te molesta?

—Para nada. ¿Y a ti?

—¡Me encantaría! Tengo que hacer tiempo hasta poder ir a la casa de Deku-kun.

—¡Entonces que no se diga nada más!

«Cierto, son novios. Qué lindos se los ve» pensó, sin evitar sentir algo de envidia.

Caminaron juntas por la peatonal mientras intercambiaban información personal. Se ponían al tanto de sus vidas de manera rápida y resumida, el tiempo era demasiado corto para abarcar años de distanciamiento. A pesar de eso, se hablaban como si se hubieran visto el día anterior en la clase de Literatura. La sensación que sentían la una frente a la otra no había cambiado, la vida de ambas lo había hecho.

—Siento no haberte podido dar mucha atención la otra noche —se disculpó luego de que el mozo las dejara a solas. Una frente a la otra, Momo con su cortado y Ochako con su chocolate con leche—. Había demasiada gente y traté de dividirme en treinta Ochakos a la vez. Creo que fallé, no pude dedicarme a ninguno en particular.

—Descuida, es entendible. Las reuniones únicamente son sencillas cuando te invitan a una.

—Pero tú no has estado sola, ¿o sí? Te he visto junto a Todoroki-kun cuando iba de mesa en mesa para hablar con los demás.

Momo no pudo evitar sonrojarse levemente ante su mención.

—En realidad pasé mas tiempo con Jirou, Itsuka y los demás.

Ochako lucía confundida.

—¿Sí? Qué extraño. No ha hablado mucho con nadie, y con Deku-kun nos ha parecido que tuvo más contacto contigo.

Ella negó suavemente.

—No he hablado mucho con él aquella noche —O al menos dentro del bar, pensó.

Uraraka se rascó la cabeza, pensativa.

—Ahora que lo dices, Deku-kun me ha dicho que se veía muy pendiente de ti. Incluso preguntaba dónde estabas cuando te ausentabas. Pero en ningún momento me dijo que hablaron mucho, eso me lo inventé, supongo…

—¿Pendiente de mí?

—Que te miraba mucho —se encogió de hombros como si tal cosa, ignorando que el corazón de Yaoyorozu se aceleraba—. Bueno, junto con Deku-kun fueron los más cercanos a él en el secundario…

—Algo así, sí.

«En realidad, Todoroki-san siempre fue inaccesible para mí».

Siempre lo había sentido muy por delante de ella como para siquiera rozarlo con las manos.

Uraraka entonces hizo un mohín.

—Qué mal. Me pregunto cómo la habrá pasado, entonces… Pensamos que sería una buena idea distraerlo un rato, volverlo a contactar con los chicos luego de tanto tiempo.

—¿Volverlo a contactar?

—Estuvo desaparecido mucho tiempo. ¿No lo sabías? —se sorprendió—. Bueno, luego de lo de su madre… Nadie supo más nada sobre él. ¿No lo has notado?

Yaoyorozu apartó la mirada y negó con la cabeza.

—Estuve ocupada con el cambio de agencia —comentó. Y no era mentira, pero tampoco del todo verdad.

«En realidad, luego de egresar no tuve el valor de volver a contactarlo más. Sentí que si no eramos compañeros de salón entonces no habría motivo suficiente para acercarme a él. Tan poca cosa me consideraba que pensaba que ni siquiera tenía el derecho de verlo fuera de la escuela».

—Ah, sí, sí, Me imagino. Eso lleva tiempo, tanto físico como mental —coincidió—. Pues así fue, luego de… aquello nadie supo más nada de él. De vez en cuando alguien se lo cruzaba en alguna misión, pero nunca se prestó la oportunidad para conversar ni nada por el estilo. Por supuesto que no ha sido por motus propio, Deku-kun quiso contactarlo muchísimas veces, pero su número estaba fuera de línea.

Yaoyorozu escuchaba atentamente, sintiendo cómo se le oprimía el pecho con cada palabra que revelaba su ex compañera. Uraraka escupía verdades sin ser consciente de ello. Y cómo dolían.

—…Parecía como si él se hubiera dado de baja con todos. Dice que se cambió el número, pero no lo creo… Se distanció de nosotros y de todos, ¿sabes? No lo culpo, de seguro fue un momento muy duro para él. Cuando lo vi la última vez, lo confirmé… Algo en él cambió por completo… —dio un trago a su chocolate caliente en el abrumador silencio que se estableció entre ambas. Uraraka no la miraba, parecía ensimismada en sus pensamientos. Volviéndose a cruzar con los ojos de Momo, regresó a la realidad—. ¡No sé que hago hablando de él contigo, pensé que a lo mejor sabrías algo! Deku-kun está muy preocupado…

Momo fingió una sonrisa, la mejor que pudo actuar.

«Lo hace por Midoriya-san».

—No sabía nada —musitó, revelando un hilo de voz. Se ahogó con el cortado, obligándose a guardar silencio.

«Sí sabía. Sabía lo de su madre, y sin embargo no hice nada».

El móvil de Uraraka sonó.

—¡Deku-kun! ¡Ah! ¿Ya terminaste? ¡Qué pronto! ¡No, qué va, si he venido para acompañarte! ¡Espérame, ya voy!

Ochako le dedicó una mirada avergonzada.

—Lo siento, tendré que irme un poco antes. Discúlpame —hizo una pequeña reverencia que hizo avergonzar a Yaoyorozu—. Ten —dejó unos cuantos billetes en la mesa que la más alta intentó rechazar—. ¡No, por favor! Por el abrigo y haberme dejado acompañarte. En serio.

—¡Pero quería invitarte! Fue mí idea —se quejó.

—Para la próxima vez —le prometió, sujetándole las manos con cariño—. Dame tu número, quiero verte de nuevo.

—Oh… De acuerdo… —se rindió.

Intercambiaron números telefónicos y se despidieron con un cálido abrazo.

Yaoyorozu se quedó a solas en el café, terminando su infusión. La opresión de su pecho no se había ido. Uraraka se había marchado dejándole varias revelaciones que completaban su rompecabezas de manera dolorosa.

Y la culpa.

Oh, la culpa.

Se había enterado años atrás del suceso de la madre de Todoroki pero nunca se había atrevido a mandarle un mensaje. Había sido por cobarde, por joven, por tonta. Por no saber qué decir ante un momento así, por haber pensado que las palabras sobraban en situaciones como esas. También por haberse creído demasiado poca cosa como para pensar que podría llegar a consolarlo de alguna manera. Porque siempre pensó que habría alguien mejor que ella, alguien que podría llegar a servir más, que Todoroki no estaba solo…

Pero si lo estuvo.

Todoroki estuvo solo.

Y él se había alejado de los demás, pero ella tampoco hizo nada para evitarlo. Y habría podido hacerlo, sí.

Yaoyorozu sabía que el accionar de Todoroki estaba justificado. No se podía culpar a nadie en una situación así. Cualquiera sería la víctima de sus propias emociones ante semejante tragedia.

Definitivamente los responsables eran quienes estaban a su alrededor, quienes no intentaron encontrar la forma de brindarle apoyo.

Yaoyorozu se cubrió el rostro con las manos, avergonzada por estar llorando en público.

Rogaba que nadie la reconociera.

Qué bochorno.

Su móvil vibró y lo atendió por inercia, en automático.

—¿H-Hola…?

—Yaoyorozu.

Era él.

Escucharlo hizo que algo se rompiera en su interior. Lloró aún más y se cubrió la boca, temiendo hacer demasiado escándalo.

—¿Yaoyorozu…? —se lo oyó del otro lado, algo preocupado.

Siguió llorando, pero él no colgó. No se asustó. Esperó con paciencia su respuesta.

—Todoroki-san… Yo… Lo siento… —sollozó—. Lo siento mucho…

Siento haberte dejado solo.

Siento haber sido una cobarde y no haberme animado a hacer las cosas antes.

Siento haber llegado tarde.

Siento tu dolor al mirar y tu desesperación al respirar.

Te siento.

Y perdón.

Perdón por todo, y por nada.


Se sintió un tanto ansioso cuando la escuchó. No era ningún tonto: Yaoyorozu estaba llorando al otro lado del teléfono y desconocía el motivo. Se puso de pie y sin siquiera darse cuenta comenzó a caminar de un lado para el otro en la oficina de su padre.

—Todoroki-san… Yo… Lo siento… —sollozó—. Lo siento mucho…

¿Lo sentía? ¿Por qué? ¿Qué estaba ocurriendo?

—¿Yaoyorozu? —la escuchó sonarse la nariz. Tragó saliva y con mayor firmeza, preguntó—. ¿Qué sucede? ¿Dónde estás? ¿Estás trabajando?

A lo mejor se encontraba herida, o quizás había fallado en alguna misión. Si así se trataba, saldría disparado en su búsqueda. Estaba en el trabajo y su padre lo entendería.

Hubo unos cuantos segundos de silencio que casi terminaron con el chico, pero finalmente, Yaoyorozu volvió a hablar, esta vez con la voz más recuperada, para su mayor sorpresa.

—¡No! No… Estoy en La Bonne France. ¡P-Perdona por haberte atendido así, acababa de terminar un libro que me gustaba mucho…! —Todoroki volvió a respirar, aliviado. Viniendo de ella era posible—. ¡Siento mucho haberme quedado dormida la otra noche! ¡Realmente la pasé bien, temía que te hubieras ofendido! Fue muy indiscreto por mi parte, perdón.

Todoroki suspiró, sonriendo levemente.

Era eso.

—Descuida, también me dormí tiempo después…

—¿De verdad? —Yaoyorozu sonó emocionada.

—Sí.

—¡Wow, eso es fantástico! ¡Me alegro mucho, Todoroki-san! ¡Tu sillón es tan cómodo!

—Sí… No me había dado cuenta hasta esa noche, en serio—La oyó reír suavemente del otro lado y si hubiera sido de los que se reían con facilidad, también lo habría hecho, pero solo sonrió apenas—. Me preguntaba si…

Se quedó en silencio. El miedo lo paralizó y la culpa lo hizo callar.

—¿Sí…? —Momo lo aguardo amablemente del otro lado.

Tomó coraje.

—Si… Si querías volver a mi casa hoy… Solo si quieres y puedes, claro —añadió rápidamente al final, sintiéndose de pronto asfixiado por su latir descontrolado.

—Me gustaría mucho, Todoroki-san —pudo jurar verla sonreír del otro lado, con aquella expresión tan dulce y natural.

Qué sencillo. Qué… espontaneo.

—¿A las nueve?

—A las nueve estoy por ahí. ¡Ah! Viene el mozo, lo siento. Tengo que colgar.

—Oh, claro. Sí, yo también… debo. Adiós.

—¡Nos vemos esta noche!

Todoroki se sintió algo desanimado: no podía con él mismo. Cuando se proponía mantenerse alejado de ella, la llamaba. Cuando decidía aceptarla en su vida, se alejaba. Porque por eso no la había vuelto a contactar durante días luego de esa noche.

Qué difícil era ser bueno y malvado a la vez con alguien como Momo.

Se pasó una mano por el rostro y se despeinó el cabello, abrumado.

—Soy un imbécil, soy un imbécil…


—¡Tarán! —saludó efusivamente con una gran sonrisa.

Shoto se quedó en el umbral de la puerta abrumado, sin saber qué decir. Siempre le pasaba cuando ella brillaba de esa manera.

—¿Puedo pasar? —inquirió dulcemente ante su silencio, adelantando levemente su cuerpo.

Todoroki se apartó de inmediato, regresando.

—Sí, claro. Pasa.

Yaoyorozu entró a su apartamento haciendo un coqueto ruido con sus zapatos de tacón. Llevaba una falda oscura, un sweater a juego y debajo de éste, una camisa de color blanca que se asomaba por el cuello. Cubriendo sus sinuosas piernas, unas medias bucaneras a tono.

—Me gusta tu ropa —elogió él con sinceridad. Le sonrió afable cuando ella se ruborizó. Se rascó la coronilla apartando la vista—. Si hubiera sabido me habría arreglado más…

—Tú me ganas —se encogió de hombros, enseñándole su sonrisa perlada—. ¡Siempre te ves bien!

Él la miró incrédulo.

—Estoy de entre casa —Se señaló con escepticismo su atuendo: llevaba un polerón azul y un pantalon jogging de color negro.

Ella rio.

—No pienso retirar lo que dije. Tú tienes esa belleza elegante natural.

Todoroki quiso reír ante lo absurdo. Se cubrió el rostro con bochorno.

—Ah, ya basta…

Cuando retiró la mano de su cara la encontró muy cerca. Debido a la impresión, se retiró unos centímetros hacia atrás. Yaoyorozu apenas reparó en ese hecho: lo observaba muy fijo, escudriñando cada centímetro de su rostro.

—Tienes ojos cansados —notó.

—Lo estoy.

No entendía qué estaba viendo exactamente ella de él mismo, pero la vio enternecer su gesto.

—No dormiste bien.

Suspiró.

—No.

—Hoy dormirás —aseguró con firmeza, mirándolo a los ojos. Sus ojos negros brillaban, encandilándolo. Si continuaba mirándola iba a ceder. Y ceder significaba la perdición para ella.

«Ella puede salvarse. No como yo».

Él apartó la vista, rechazándola.

—No es tan fácil —murmuró.

—Entonces no me dormiré hasta que tú lo hagas —sugirió, con el ánimo intacto.

Se dio la vuelta, volviéndose a negar.

—Pasarás toda la noche en vela.

Y ella lo volvió a enfrentar.

—Está bien.

—¡Mañana tienes que trabajar!

—Sí, y está bien.

—¡Te podría pasar algo por no haber descansado bien! —se exasperó, levantando el tono de voz.

Yaoyorozu continuó hablando con calma.

—Asumiré el riesgo.

—¡Podrías fracasar y poner la vida de los demás en riesgo, aparte de la tuya!

Se estaba exaltando y Momo lo estaba notando.

—No pasará —aseguró, esta vez con la voz temblorosa.

—Es una tontería esto… ¿Lo sabes, verdad?—intentó calmarse cuando vio su expresión afligida. No quería pero tenía que ser duro si quería hacerse entender. Se acercó aun más a ella—. No tienes por qué hacer esto.

—No… No tengo por qué hacerlo. Es cierto —Pero no sonaba para nada como si la hubiera convencido.

La tomó por los hombros, desesperado. Buscó sus ojos intentando encontrar el por qué. El por qué alguien que brillaba de esa manera querría apagarse así con él.

«No lo entiendo».

Seguro la estaba asustando, pero no le importó.

—¿¡Entonces?!

—Q-Quiero hacerlo… y ya está —repuso, algo cohibida ante la fiereza de sus ojos—. S-Suéltame.

Todoroki parpadeó, derrotado. Ambos brazos cayeron a su lado sintiéndose desarmado. Dejó caer la cabeza sobre uno de sus hombros.

—Lo siento… No quise reaccionar así.

Yaoyorozu depositó una mano en su cabello y lo acarició con ternura.

—Lo sé. No pasa nada.

No lo juzgó.

Ni le tuvo miedo.

Solo le ofreció su hombro y lo acarició.

«Calor».

Se mecieron unos cuantos segundos en silencio, intentando comprenderse.

No importaba cuánto Momo se esforzase por acercarse a él, ni cuánto Shoto se empecinase en alejarse: estaban unidos. Era un hecho. Era su nueva realidad. Era tan verdad como que ambos estaban ahí.

Luego de aquel chispazo, la noche se suavizó. Cenaron entre conversaciones, esta vez pidieron comida Tailandesa y se contaron muchas cosas.

Yaoyorozu le comentó su inseguridad acerca de sus faltas con el espionaje y él le recomendó varias tácticas para mejorar. Shoto, envalentonado por estar hablando del tema, quiso indagar sobre el cambio de agencia, sobre el asunto con Snake Hero y su experiencia allí. Pese al notorio cambio de humor de la joven, ella le tuvo la suficiente confianza como para contarle todo.

—Definitivamente estabas desperdiciando tu potencial allí. Qué bueno que pudiste salir.

—¿Tú crees que tengo potencial? —preguntó con inocencia, con los palillos a medio camino de su boca.

—Por supuesto —afirmó—. Desde siempre. Desde que voté por ti como delegada del salón que lo pienso.

Yaoyorozu se tomó ambas mejillas por la vergüenza y soltó una risita un tanto tonta.

—¿Qué? —preguntó el, confuso.

—Desde que me revelaste eso fue que empece a gustar de ti —confesó con picardía, guiñándole un ojo en un gesto juguetón.

Todoroki tosió y bajó la vista.

—No lo sabía…

—Pues sí —por algún motivo que el chico no alcanzaba a comprender, ella lucía orgullosa de la anécdota—. Y por cierto: ¿qué película veremos hoy?

Shoto se sorprendió ante la propuesta.

—No lo sé. ¿Quieres ver alguna?

—Pensé que era el plan —rio, encogiéndose de hombros.

—Pues no. De hecho… No había plan. Pero estaría bien… —y tras dudarlo, acotó—: pero esta vez te pediré algo: déjame elegirla a mí.

Luego de la cena, ambos aguardaban a que la película comenzara recostados en el inmenso sillón de su comedor. Todoroki, al igual que la otra vez, le llevó una frazada con la que ella se cubrió.

—Gracias —susurró, con las mejillas sonrosadas.

—De nada —dijo, sentándose a su lado. De reojo, notó como ella se destapaba—. ¿Qué? ¿Tienes calor…? ¿Quieres que abra la ventana? —se estaba preparando para ponerse de pie cuando la sintió tironear suavemente de su polerón.

—Ven aquí —musitó, jalando de él para que cayera despacio contra ella.

—Yaoyorozu… —se revolvió un tanto inquieto cuando sintió su espalda caer contra el pecho de ella. Una sensación electrizante le erizó los cabellos de la nuca. Se sintió débil ante su ex compañera, ahora mujer—. T-te voy a aplastar, n-no-

—Shh… —lo estrechó más contra él, apoyando su mentón sobre su cabeza—. Ya empieza la película.

Todoroki comenzó a respirar entrecortadamente envuelto por todo ella.

—Todoroki-san, relájate… —le pidió, acariciándole el cabello como lo había hecho antes, luego de su exabrupto.

Quería resistirse.

—E-Es que yo…

Debía hacerlo.

—¿No te gusta?

Pero ya no podía.

—Sí me gusta... —tembló con la voz ronca mientras cerraba los ojos extasiado por la sensación de sus dedos acariciando su cabello. Embargado por su perfume a jazmines, por la calidez de su cuerpo, por la suavidad de sus senos contra su espalda, por la delicadeza de sus piernas a ambos lados de su cintura.

«Demasiado. Ese es el problema...»

—Pues entonces hazme caso y relájate —susurró contra su oído, haciéndolo desfallecer.

No pudo más que asentir como un tonto, sintiéndose al merced de ella. La película duró dos horas y media, y Momo no dejó de consentirlo ni un segundo.

En dos horas y media, Todoroki se quedó dormido.


Nota final del capítulo:

Ahhh! Antes que nada, mi corazon esta tum tum tum por esta ultima escena. Creo que no voy a poder recuperarme, lo siento si no vuelven a leerme despues de esto, jaja (es broma, es broma).

Aprobe mis examenes! Síi! Asi que por un tiempito estoy de vacaciones, aunque no enteramente porque trabajo, pero bueno, me entienden...

No puedo creer la devolucion que tuvo el capitulo anterior. En serio, no se como agradecerles. Quizas para muchos sea poco, pero yo no podia dejar de saltar en una pata a medida que me iban llegando sus comentarios. Por otro lado sufri mucho, porque me daban mas ganas de escribir pero mi mente tenia que estar al 100% enfocada en los estudios, entonces tambien fue dificil para mi (?

Pero aca me tienen, apenas me libre, me puse a escribir como una loca para poder actualizar!

Tengo ganas de que sigan apareciendo otros personajes, que opinan? Creo que Midoriya y Ochako van a ser muy importantes para estos dos.

En fin, espero que disfruten del capitulo.

Muchos abrazos!

EDIT: Siempre respondo a sus comentarios (a menos que me olvide de alguno, asi que, en ese caso, lo siento), excepto a las que comentan sin un usuario registrado en la página. Asi que no es que no lea sus comentarios o no me importen!