Como puedes curar un corazón roto

I can think of younger days when living for my life
Was everything a man could want to do
I could never see tomorrow,
But I was never told about the sorrow

Parecía de mentira, empero; cada vez que María se reunía con Condé; empezaban sus desvaríos en la corte de su marido. Esa mañana al regresar de la cabaña donde pasó momentos tiernos y apasionados con Louis fue convocada en la sala de trono. Apenas tuvo tiempo de echarse ropa nueva encima la joven reina de Francia, siguió al mayordomo que anunció el deseo del rey. Al llegar, solo algunas personas estaban allí; entre ellas Louis, amarrado de manos con un par de grilletes; intentando zafarse de quienes le mantenían prisionero; a Catherine ocupando el trono que era suyo, y a Francis cabizbajo.

—Su majestad; María, reina de Escocia.

A María le pareció completamente extraña esa presentación; de su cuerpo empezaba a salir un sudor frío que le hacía estremecer.

— ¿Qué significa todo esto Francis? —Inquirió la joven reina; posando sus ojos en Louis; este al verla, intentó una vez más liberarse de sus captores. Estos en cambio le dieron un codazo en el estomago, que le dejó sin aire por unos segundos, segundos en los que sus guardias pudieron someterlo en el piso; doblándole el brazo derecho sobre la espalda, haciéndole aullar de dolor.

And how can you mend a broken heart?
How can you stop the rain from falling down?
How can you stop the sun from shining?
What makes the world go round?
How can you mend this broken man?
How can a loser ever win?
Please help me mend my broken heart and let me live again

Francis; quien hasta el momento permaneciera cabizbajo y triste al mirar la preocupación en los ojos de María; decidió pues sellar el pacto con el diablo a partir de ese momento. Quiso por ese instante que María hubiese mostrado esa frialdad que mostraba para con él tan a menudo. Pero no; comprendía quien estaba de más en su vida, y así debía deliberar. Para él; ella también estaba de más. Sin embargo la gran diferencia entre él y María. Era que ella lo expulsó de su vida y su corazón, él; la expulsaba de su vida, de su corazón y de la corona. Francia a partir de ese instante dejaba de ser aliada de Escocia. Su corazón lloraba por dentro, pero a María no le importaba, entonces a él tampoco tendría porque importarle la situación actual de Escocia. Que de por sí era débil.

— ¡¿Por qué haces esto!? Este hombre ha demostrado su lealtad a Francia…

— ¿Lealtad, María? —Interrumpió Catherine; parándose de su trono. Mirándole como si fuese un insecto al que había que aplastar tarde que temprano. —Lealtad a ti, querrás decir.

—Soy la reina de Francia, también; ¿A caso eso no les da suficientes pruebas, para soltarle y dejarle en libertad?

Francis; que escuchaba todo con especial atención, sentía la ira hervir; era un hombre después de todo. Un hombre dolido por la indiferencia de la mujer que hasta ese momento. Se pudo permitir amar como a ninguna. Pero debía permanecer callado. Solo intervendría en aquella querella si la cosa llegaba a mayores, pero no más. Una cosa que tampoco podía ignorar el rey; eran las miradas de María sobre él: Gritos de ayuda y recriminación que fue todo lo que recibió durante esos meses.

— ¿Reina has dicho? —Continuó Catherine de Medici. — ¿Crees que una reina; se rebajaría hasta donde tú lo has hecho?

—Soy una mujer. ¿A caso no lo hiciste tú?

Una bofetada resonó en la sala de trono; Francis simplemente prefirió mirar hacia el ventanal; Lola, quien también estaba presente allí, con John el hijo que tuvo con Francis; se acercó poniéndole al niño en sus brazos. Ese niño era prácticamente el mundo del padre; quien le recibió a su vez, con muestras de un amor paternal infinito. Algo en el interior de María se removió; eran esos celos que sentía cada vez que veía a Lola muy cerca de Francis. Era como su le reprocharan en su cara. Que para mejor pudo una de sus damas dar un hijo a su esposo; que ella.

Era como si una vez más, desde el silencio le llamaran ''hueca''. Una mujer joven, sin embargo vacía por dentro.

Incapaz de dar herederos, por sí misma.

— ¿acabas de ver eso? —Catherine señaló con su cabeza; la figura que representaban. Francis, John y Lola. —Podría ser el digno cuadro; de la familia real francesa, claro, si tú no estuvieras haciéndole plasta a mi hijo.

— ¡Basta! ¡Ya he tenido suficiente; de insultos por tu parte!

— ¡Ah! Su majestad se siente insultada; después de haber manchado de fango; el buen nombre de esta familia, que de no haber sido por nosotros; hoy los escoceses serían gobernados con puño de hierro por tu prima. Quien no lo hubiese dicho en otros tiempos, menos en tu cara. Pero ahora me atrevo a decir; que Elizabeth ha sabido ser mucho más reina que tu.

María abrió los ojos desorbitadamente; ello ya era el insulto mayor; que nadie osara haber dicho en su cara. Elizabeth mejor reina que ella. Bueno quizás si. Pero en su orgullo femenino, María no podía dar a su prima tal crédito.

—Ese es mi trono Catherine; ¡Devuélvemelo, te lo ordeno como tu reina!

Una sarta de risas se escuchó a continuación; María sintió que la humillaban hasta no poder.

— ¿Tu trono? —Se mofó Catherine; yendo hacia el sitio que reclamaba María. —Ya no es tu trono; mi niña.

— ¡Francis!

—Es verdad. —El rey se levantó; depositando al pequeño John en brazos de Lola. —Ya no eres reina de Francia; tu infidelidad ha sido comprobada cada uno de tus sirvientes ha hablado en tu contra y en la de Condé; y hasta tu propio mensajero ha sido prendido esta mañana mientras llevaba cartas a Escocia.

María cada vez; sentía la sensación de hundimiento; era como haber caído en un pozo de arenas movedizas, las cuales mientras más trataba de salir victoriosa; más la hundía entre ellas. Así eran Francis y su madre. Al parecer se habían unido para confabular contra ella y Louis. Y ganaban.

— ¡Es mentira; todo lo que ellos hayan dicho es mentira!

—¿Mentira? —Francis enfocó sus orbes claras; en ella, los ojos de Francis, eran tan cristalinos como el agua pura. —Entonces. Dime que estas cartas; que contienen tu propio sello; y estas otras, que contienen el sello de los Borbón, no fueron escritas por ustedes. Tú mi esposa, tratando de apuñalarme por la espalda, mientras intentas fugarte a Escocia con tu amante, y él tratando de comprometerse con tu prima para quedarse con mi trono; ¿Ah, es que no sabías, que Louis, tu tan amado Louis, por el que has puesto por encima tu propia seguridad. Es el futuro rey consorte de Inglaterra?

María temblaba de arriba abajo. Quería morirse; jamás pensó el ser traicionada de esa manera tan cruel y tan vil; ¿Qué habría hecho Louis una vez, que ambos estuviesen en Escocia? Darle la espalda y volver a donde Elizabeth por supuesto; él era un Borbón después de todo. Tenía que comparecer ante las peticiones de su familia.

Tuvo ella la esperanza de que nada fuese cierto, de que todo fuese un truco inventado por Francis y su madre para sacar a Louis de la jugada, y de paso a ella también. Sus ojos se posaron sobre los de Louis. Este sin emabrgo agachó la cabeza, con lo que se terminó de romper en pedazos el corazón de la reina de los escoceses. Una vez más era traicionada por aquellos a quienes amaba.

—Di que no. —María se acercó a Louis, obligándole a mirarle a los ojos; con su propia mano levantó la cabeza del príncipe de la sangre. —Di que no planeabas eso Louis. ¡Di que no pensabas dejarme por ella!

Empero; Louis, volvió a humillar la cabeza, no podía evitarlo, ¿Cuánto tiempo pensaba que iría a durar su mentira? Estaba seguro que su primo no le perdonaría nunca, es más. Podía asegurar que después de esa terrible audiencia. Francis acabaría cortándole la cabeza con sus propias manos, su propio primo sería su verdugo.

—Que poco puedes esperar de aquellos en los que confías ciegamente, ¿No María?

Se burló Francis; María dejó de mirar a Condé; poniendo sus ojos sobre su marido, se levantó con la poca dignidad que todavía le quedaba, todavía le quedaba encarar a su marido.

—¿Por qué llegar a este extremo? ¡Teníamos un acuerdo! ¿A caso ya lo olvidaste?

I can still feel the breeze that rustles through the trees
And misty memories of days gone by
We could never see tomorrow,
No one said a word about the sorrow.

Ese maldito acuerdo otra vez; acuerdo en el que solo ella pudo haber creído para poder encamarse con Louis, sin importarle que fueran de la misma sangre. Sin importarle que con ello. María le rompiera el corazón en pedazos y terminara sacando ese monstruo de hombre que era ahora. Las traiciones le endurecieron, al igual que a ella. Empero. Francis de Valois Anguleme ya no estaba dispuesto a seguir soportando los golpes que María le propinaba. Ya no más amor hacia ella; solo frialdad, le daría indiferencia por indiferencia, traición por traición. Apuñalaría su espalda al igual que ella lo hizo en meses pasados. Desquitaría su rabia con Escocia; la haría añicos con su poder en Francia.

—¿Un acuerdo? —Espetó el rey mientras daba vueltas a su alrededor; no sabía cuándo iría a explotar y atestarle una bofetada, el instinto le decía alejarse de ella. Pero el cerebro le exigía quedarse y estudiar sus facciones. —¿Para quién era más conveniente ese acuerdo María?

María se encogió de hombros; ella que siempre tenía una respuesta para defenderse. En ese momento se quedaba callada, cuando necesitaba defenderse a toda costa.

—Contéstame. —Francis la tomó de los hombros apretándole con sus manos. — ¿A caso tu acuerdo; como bien dices, tenía cláusulas secretas?

María se quedó de piedra.

— ¿Implicaba el hecho de que yo, tendría que soportar para siempre tu conducta liviana con mi primo? ¡Contesta maldita Estuardo!

Las lágrimas salieron de María a torrentes; por más que luchó consigo misma por no dejarlas salir, no fue posible, Francis estaba desarmándola, junto con su madre eran un equipo demasiado activo cuando se trataba de jugar el juego del poder. En el que tanto ella como Louis perdieron rotundamente.

Empezaba a sentir miedo; terror ante lo que Francis tuviese deparado para ella; de momento, que mejor prueba quería, como reina de Francia; no lo era ya más. El trono volvía a Catherine mientras ella quedaba como una perdida ante los ojos de todo mundo, en Francia e inclusive en Escocia, ¿Quién quedaría ya para respetarla como reina? Solo sus damas. Pues la joven reina no quería ni imaginar los problemas internos que ello acarrearía a Escocia, solo por ser terca, por dejarse llevar por lo que sentía, por no ser racional.

And how can you mend a broken heart?
How can you stop the rain from falling down?
How can you stop the sun from shining?
What makes the world go round?
And how can you mend this broken man?
How can a loser ever win?
Please help me mend my broken heart and let me live again

—Solo me fui enamorando; él me devolvió una parte de mi, que quedó perdida desde hace mucho tiempo, ¡Por favor, Francis; te suplico que me entiendas!

—Te entiendo María, pero por el hecho de entenderte; no significa que tenga que perdonarte.

María asintió, ¿Qué mas esperaba? Era mejor de lo que pudo haber sido; en otros casos; habría acabado como la madre de su prima, Anne Boylen .

—Pero no puedo permitir; que alguien como tú gobierne a mi lado, serás excluida de los asuntos de estado que conciernan a Francia; ya no eres mi reina consorte, ya no tienes mi protección para Escocia…

—¡No por favor; que no repercutan mis errores sobre mis súbditos en…!

Francis alzó una mano obligándola a callar. Era necesario para él; seguir echándole sal a la herida; si habría que hacerla más profunda. Era preciso hacer que doliera mucho más aún. De lo que ya dolía.

—No me interesa nada de lo que digas; pero si haces algo que ponga en peligro la vida de aquellos a quienes amo: Sebastian, mi madre, mi hijo, mis hermanos. —Francis tomó aire para decir lo siguiente. Quería golpear tan duro como le fuese posible. — Lola; la madre de mi hijo, te aseguro que no tendrás ni mi protección; ni mi perdón, ni mi misericordia. Habrás perdido por completo la amistad de Francia e inclusive, perderás tu cabeza, ¿Queda claro? Esposa. Me queda decir; que Lola y mi hijo ocuparán tus aposentos; tu te trasladarás a uno más pequeño; dado a tu condición. No creo que pongas negativas, te cederé también una sala de trono para que atiendas a quienes busquen tu consejo u autorización como reina de Escocia, pero no más.

María tragó saliva; aquello era verdaderamente humillante, no sabía cómo podía seguir de pie frente a Francis; sin estallar como solía hacerlo otras veces. Pero entendía; Francis de alguna manera protegía a su país contra toda posible sublevación y como era de esperarse, desconfiaba ahora de ella.

— ¿Por qué no me mandas a Escocia, en lugar de que me sometas a tal rebajación?

— ¿Crees que soy estúpido? No; te tendré en observación y hasta que encuentre una mujer con la cual reemplazarte; entonces, si te portas bien te dejaré ir. Mientras; considerate…

— ¿Prisionera? —María dio un paso al frente, alzando la voz. — ¿Soy prisionera de Francia?

—Puedes ver la situación del modo en que te convenga; yo no me iría a Escocia dadas las circunstancias si fuese tú. Puedes irte. Y recuerda; cuando trates de buscar amor, recuerda que eres una reina; cada hombre que ponga sus ojos en ti; terminará justo como él, sin nada, y con treinta azotes en la espalda. Cuando se trata de poder, María debes ser implacable; debes aplastar antes de que te aplasten, elimina la amenaza; córtala como la mala hierba. Solo así, podrás tener éxito en lo que te propongas. De ese modo se hace la paz.

María ya no tenía nada que hacer; ante ese nuevo Francis que se postraba frente a ella; lo que no pensó ver jamás, lo veía con sus propios ojos.

—Entiendo todo eso, entiendo que has dejado de ser el Francis que conocí; entiendo que eres el hijo de Enrique II y Catherine de Medici; sacas provecho y ventaja de tu situación sobre la mía, bien, regocíjate con ello. Revuélcate con mi sufrimiento; termina de hacerme añicos.

—Gracias por la invitación, la tendré en cuenta; cada vez que sospeche de ti. Ahora vete; antes de que te haga sacar por guardias.

La la la la la la, la la la la
La la la la la la, la la la la

Please help me mend my broken heart and let me live again

Da da da da
Da da da da, da da da da da, da

Canción: How Can You Mend A Broken Heart Artista: Bee Gees. Año:1971 Albúm:Trafalgar