Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen, yo solo me adjudico las tramas de mis historias.
"Su corazón jamás llenaría el vacío que dejó haber perdido a su pequeño."
Rosalie sacó las gafas de sol de su mochila y se las colocó en la cara. Amaba el efecto que daba cuando las llevaba puestas, se sentía como alguien importante, como una estrella del cine o de la música.
Había escuchado decir que algunas personas las usan para pasar desapercibidas, pero ella eso no lo podía entender. ¿Cómo se puede desear que la gente no te note?, si ella vivía para llamar la atención. Había vuelto su misión hacer que la gente no ignorara su presencia, y sabia que era mucho más fácil y divertido conseguirlo por las malas, que por las buenas. Algo que aprendió muy rápido, cuando descubrió que era la única forma de hacer que sus padres recordaran que ella existía y también era su hija.
-Oh qué bien – dijo su hermano Jasper a su lado – me he olvidado el libro de geografía en la taquilla. Enseguida vuelvo.
Rosalie fue tan amable como para lanzarle un solo asentimiento seco y esperar impaciente a que él se alejara de ella, a buscar el dichoso libro. Como no era suficiente tortura que todos en el instituto supiera que ellos dos compartían en mismo ADN, también tenia que soportar que uno de sus padres los acompañaran y los buscaran casi todos los días, a los dos juntos. Lo que menos quería era que la vieran en su compañía más de lo necesario.
¿Que no se le podía antojar a Royce faltar a clases e irse a pasear por Seattle cualquier otro día?. Ahora ella se habría podido ir con él en su Audi al aparcamiento abandonado, a fumar y beber la cerveza que él había conseguido robarle a su padre. En cambio estaba allí, esperando a que su madre los pasara a buscar al instituto, después de haber terminado las lecciones.
¿Por qué precisamente hoy?, se volvió a preguntar. Ese mañana Royce, su novio, la había llamado para decirle los planes que tenia con unos amigos, e invitarla a que se uniera a ellos, pero había tenido que rechazar la oferta. Tenia un examen muy importante que presentar, y aunque a ella no le importase mucho su vida académica, a sus padre sí. Ya llevaba un mes castigada y se le estaba haciendo imposible vivir sin tarjeta de crédito.
No veía las horas de tener por fin el carnet, entonces tendría más libertad. Seis meses, solo seis meses y cinco días, y atraería mas miradas al volante de un descapotable (porque naturalmente que no se conformaría con menos), todos sus compañeros se morirían de envidia. Y lo mejor de todo era que no tendría que soportar a su hermano al lado.
-¿Esperando a que mami te venga a buscar? - preguntó su nueva mejor amiga, Bella Swan, con sarcasmo y burla, mientras se paraba a su lado.
Rosalie se giró y le sonrió con ironía.
-No todos tenemos la suerte de vivir a dos cuadras del instituto. O espero a mi madre o me voy en el autobús escolar, y no gracias. Antes muerta.
-Envidia, ¿Eh?.
-¿De ti? - Rosalie soltó una risotada – En tus sueños, Swan.
Las dos empezaron a reír y se acercaron más a la salida del aparcamiento del instituto.
Le caía muy bien Bella, era muy similar a ella. Las dos se habían conocido un mes atrás, cuando empezaron las clases. Bella se había mudado a Tacoma apenas dos semanas antes. Ella no sabia muy bien cual era su historia, solo que su madre estaba fuera del mapa, que vivió en varias ciudades del país en el pasado, y ahora vivía con su padre, un inspector de policía, nacido y crecido en Tacoma. Pero estaba bien, a Rosalie no le molestaba. Al fin y al cabo, ella tampoco le había contado su vida familiar, ni los fantasmas de su pasado. Y no es que tenia intenciones.
Bella se llevó un cigarro a los labios y lo encendió. Rosalie miró a su alrededor para asegurarse que nadie se diera cuenta.
-¿Estás loca? - le preguntó alarmada – Uno de los profesores te podría ver, aun estamos dentro del recinto escolar.
Bella solo rió.
-Relájate – le dijo con calma, poniendo en blanco sus grandes ojos chocolate – Estamos a viernes, los profesores están más impacientes que nosotras por salir de aquí. A nadie le importa lo que hagamos o dejemos de hacer.
-Aun así – Rosalie se encogió de hombros.
Una de las cosas que más le gustaba de su amiga : Le encantaban las cosas peligrosas incluso más que a ella. No le importaba lo que lo demás pensaran de ella y siempre hacia lo que quería. ¿Quién lo hubiese dicho que la hija de un policía podía llegar a ser tan delincuente?.
-¿No te me estás volviendo una niña buena, verdad? - preguntó Bella, la sola respuesta que recibió de la rubia fue un bufido y cogió el cigarro de los dedos de Bella y le dio una calada – Así me gusta – sonrió – Y cambiando el tema, antes vi al bombón de tu hermano hablando con la Perfecta Alice – dijo con disgusto al final.
¿Qué era lo que menos le gustaba de Bella?. La extraña obsesión que parecía tener con Jasper. Bella estaba convencida de que se trataba del amor de su vida, y la sola idea le daba nauseas a ella.
No es que pensara que su hermano era feo, después de todo se trataba de su gemelo. Sabia que muchas lo consideraban guapo y se babeaban tras sus huesos. Con sus rubios rizos, piel perfecta y sus brillantes ojos color avellana arrancaba más de un suspiro. Y con su actitud antisocial "Soy demasiado bueno para los demás", el efecto de multiplicaba. Bella lo describía como el héroe guapo pero desgraciado. Pero por mucho que Rosalie entendiera todo esto, le costaba ver a Jasper de otra manera, para ella él era solo su odioso hermano gemelo.
-Tal vez te quieras apresurar, antes de que te lo quite delante de tus narices – No pudo evitar fastidiar a Bella.
-Por favor, como si ella tuviera alguna posibilidad a mi lado. Jasper nunca se fijaría en alguien como ella, te lo digo yo – parecía de verdad ofendida de que de alguna manera ella y Alice tuvieran algo en común.
Y podía entender por qué.
Alice Brandon era la típica chica perfecta. La estudiante que todos los profesores adoran y la hija que cualquier padre desearía tener. Era la presidenta de su clase y tan popular como Rosalie y Bella, pero al mismo tiempo su nemesis total. Porque mientras Alice era la que todos querían seguir e imitar, a ellas dos le tenían más miedo que respeto. Inútil decir lo mucho que Rosalie y Bella la odiaban.
-Yo no estaría tan segura – siguió molestando Rosalie – Se consiguen más moscas con miel que con vinagre. Y tú no eres precisamente un ángel con mi hermano.
-Al final va a caer, te lo aseguro – Dijo Bella con seguridad. Tiró lo que quedaba del cigarro después de haberlo fumado y empezó a caminar – Llámame más tarde, para ver si quedamos – fue lo último que le dijo a Rosalie mientras se alejaba de ella, avanzando en dirección a su casa.
De la otra parte de instituto, Jasper estaba conversando con Alice fuera de su taquilla. Había vuelto a buscar un libro que necesitaba para estudiar para un examen que tenia el lunes. Cuando cerró su taquilla se encontró con Alice apoyada en la pared, esbozando una radiante sonrisa.
-¡Hola! - saludó con entusiasmo, como si no se vieran desde hace años.
Jasper no pudo evitar dar un brinco, y se llevó una mano al corazón para intentar controlar sus latidos acelerados. No se esperaba encontrarla allí.
-Dios Alice, no vuelvas a hacer eso – la reprendió.
-Oh lo siento mucho – contestó ella, aunque por la sonrisa que mostraba y por el tono de voz entusiasta con el que habló, él no estaba tan seguro de ello. Es más, casi podría apostar que por dentro se estaba riendo de él.
Alice Brandon era sin lugar a dudas la persona más alegre y con energías que conocía. Tenía que ser adicta al Red Bull, era la única explicación posible. Nadie podía estar tan activa a cualquier hora del día.
Intentó restarle importancia al susto que le había dado, con un encogimiento de hombros.
-Está bien, no pasa nada. Solo no lo vuelvas a hacer – guardó su libro en la mochila y se empezó a encaminar hacia la salida del instituto. Seguro de que Alice lo seguiría.
-¡Espera! - llamó a sus espaldas.
Se detuvo y sonrió internamente. No se había equivocado. Se giró, mostrando su mejor rostro de indiferencia.
-Dime, ¿Qué ocurre? - preguntó.
-Tenemos que ponernos de acuerdo para hacer el trabajo de literatura – Empezó, después las palabras le ganaron y empezó a hablar sin controlarse – Te lo quería preguntar en clases, pero te fuiste antes de que me diera el tiempo de alcanzarte.
-Si, tienes razón – le contestó Jasper, pero ella siguió como si él no hubiese dicho nada.
-Sé que tenemos más de un mes para entregarlo, pero a mi me gusta hacer las cosas con tiempo y bien.
-Alice – intentó interrumpirle con un esbozo de sonrisa. No funcionó.
-Además éste trabajo vale el 40% de la nota, así que es muy importante. Bueno seguro que lo sabes, quiero decir tus notas son tan buenas como las mías, quizás mejores y …
-¡Alice! - Elevó un poco más la voz, pero por fin lo consiguió.
Él jamás llegaría a gritarle a una mujer. Eso sería ir en contra de todos lo principios que sus padres le han enseñado. La única chica con la que discutía y se gritaba con bastante frecuencia era su hermana, pero naturalmente que ella no contaba.
Alice se mordió la parte interior de la mejilla izquierda y le mostró una sonrisa apenada.
-¿Lo he vuelto a hacer, verdad? - preguntó.
No sabia por qué Jasper siempre tenia éste efecto en ella. Por lo general era una persona bastante segura de sí misma y eso se demostraba en cada una de sus acciones. Pero le bastante tener a Jasper Cullen a menos de cinco metros de distancia, y se volvía una masa de nervios, que no controlaba nada de lo que decía y divagaba sin sentido.
Jasper sonrió con picardía y asintió, antes de contestarle a toda la parrafada que ella antes había soltado.
-¿Te parece bien mi casa para hacer el trabajo? - preguntó.
Alice sonrió.
-Me parece prefecto. ¿Te molesta si empezamos el domingo en la mañana?.
Jasper elevó una ceja.
-¿No tienes más nada que hacer el fin de semana?.
-Bueno, de hecho el domingo en la mañana es el único momento que tengo libre. La próxima semana estoy llena de cosas que hacer.
-No debería estresarse tanto, señora presidenta – bromeó Jasper.
Alice solo rió.
-Es mi vida, bueno me tengo que ir. De lo contrario pierdo el autobús. ¿Me llamas después para que me des la dirección de tu casa?.
Jasper asintió.
-Claro, no hay problema. Te acompaño a la salida, yo tengo que ir a esperar a mi madre.
Los dos caminaron en silencio hasta la salida del instituto.
-Ya nos hablamos – le dijo Alice a forma de despido, cuando llegó el momento de separarse.
-Hasta el domingo, Alice – Y con eso ella se fue a la zona de los autobuses, y él al lado de Rosalie, a esperar a Esme.
…
Cuando llevaban ya media hora esperando, estar allí parados se empezaba a hacer molesto. Así que los dos se sentaron en la acera. Jasper se puso a escuchar música en su MP3, y Rosalie a mandar sms con Royce. Esme seguro que había encontrado tráfico y ese era el motivo de su retraso, no había nada de qué preocuparse.
Una hora después, ya se estaban empezando a preocupar. Bueno Rosalie también estaba molesta de tanto esperar, pero eso no era nada fuera de lo normal. Ya no quedaba más nadie dentro de los recintos de instituto, solamente ellos dos. Todas las llamadas que realizaban a casa o al móvil de Esme terminaban en el buzón de voz, y eso era lo más extraño de todo porque ella SIEMPRE contestaba el teléfono.
Decidieron esperar media hora más a ver qué pasaba, antes de decidir lo que podían hacer.
-Rosalie, tenemos que llamar a papá – sugirió Jasper, cuando no solo había pasado la media hora, sino otros 15 minutos más.
Por una vez en su vida, Rosalie estaba de acuerdo con su hermano. Marcó el número de Carlisle, esperando lograr localizarle. No se acordaba muy bien de qué turno hacia esa semana en el hospital.
Tenían suerte, porque cuando el móvil de Carlisle sonó, él se estaba apenas subiendo en su coche, después de un largo turno y una mañana muy dura. Había perdido un paciente que padecía una extraña enfermedad cardio-vascular, y se había pasado mitad de su vida entrando y saliendo de los hospitales. Eso nunca dejaba de ser difícil y lo único que él deseaba en esos momentos era llegar a su apartamento, tomarse un par de relajantes musculares y dormir hasta la mañana siguiente.
Se estaba masajeando las sienes, sin aun encender el coche, cuando escuchó la melodía de su móvil. Se extrañó al ver en el identificador que se trataba de su hija. Ésta semana ellos estaban con Esme.
-¿Rosalie? - le dijo al contestar.
-Hola papá, ¿Éstas trabajando?.
-No. Salí hace unos minutos. ¿Qué ocurre?.
-¿Podrías pasar a buscarnos a Jasper y a mi en el instituto?.
-¿Ahora? - preguntó extrañado, mirando la hora en el reloj de su tablero. Los gemelos habían terminado las clases hacia horas.
-Es que mamá aun no ha llegado.
-¿Qué quieres decir con que no ha llegado? - Eso lo alarmó, y fue capaz de espantar el sueño que sentía por completo.
-Como lo oyes, seguramente se ha olvidado de nosotros o algo por el estilo – Contestó Rosalie con brusquedad y resentimiento.
Antes de que él pudiera replicar, escuchó a su hijo Jasper que gritaba en la otra parte de la linea.
-¡No digas eso Rosalie!.
-¿Y por qué no? - le dijo Rosalie a su hermano con arrogancia.
Carlisle decidió ignorarlos y se concentró en el tema que les concernía.
-¿Habéis probado a llamarla? - preguntó.
-Por supuesto que si – hasta podía escuchar como Rosalie rodeaba los ojos hasta ponerlos en blanco – Pero no contesta ni en casa, ni en el móvil.
Era toda la información que necesitaba saber para entrar en acción.
-Está bien, ya voy para allá. Espérenme – con eso terminó la llamada y se puso en marcha.
No pudo evitar preocupase más y más por cada metro que avanzaba. Eso no era normal en ella, y Carlisle sabia que si por algún motivo no podía ir a buscar a los gemelos, él sería la primera persona que llamaría. Cuando se divorciaron los dos se hicieron una promesa mutua, siempre seguirían estando allí el uno para la otra, y sobre todo para sus hijos.
Compartían la custodia de estos de una manera muy diferente a la mayoría de padres divorciados : En lugar de que Carlisle los tuviera solo los fines de semanas alternos, los gemelos hacían una semana con su madre y la otra con su padre. Carlisle se las había arreglado para que en las semanas que los tenia trabajaba solo en las mañanas pasando consulta, o tenia dos o tres días seguidos libres. De esa manera los dos seguían siendo parte activa en la vida de los chicos, y en la del otro.
Esme nunca dejaría de importarle. Y no solamente porque había sido su mujer y era la madre de sus hijos. A sus amigos, cuando estos le preguntaban por que en los últimos años no había salido con ninguna mujer, él les contestaba la respuesta mas fácil, que no tenia tiempo y cuando estaba libre, estaba con sus hijos. Pero esa era una mentira que ni él mismo creía.
La verdad era que Esme seguía siendo la dueña de su corazón, y la única mujer a la que él amará. Pero el amor no había sido suficiente. Algo se murió dentro de ellos el día que Edward salió de sus vidas. Su rostro mostró una mueca involuntaria al pensar en su pequeño. Cinco años y el dolor de su corazón aun no cicatrizaba.
Aparcó fuera del instituto y los gemelos se subieron en su coche, Rosalie delante y Jasper en el asiento de atrás.
-¿Esme no ha llamado? - preguntó preocupado.
-No – contestaron los dos a la vez.
Suspiró para calmarse.
-Muy bien, voy a llevaros a casa para ver si está allí.
Los tres se quedaron en silencio, mientras Carlisle conducía el coche a la periferia de Tacoma , a la casa que Esme diseñó y construyeron cuando se casaron. La misma que él le dejó después del divorcio.
Se bajaron del coche y fueron a la entrada de la casa. Carlisle se percató que el coche de Esme no se encontraba. Jasper abrió la puerta con sus llaves y los tres entraron.
-¡Esme! - llamó Carlisle, mientras los gemelos gritaban - ¡Mamá!.
No hubo respuesta y ya desde la sala se podía percibir que no había nadie más en la casa. Los gemelos subieron al primer piso y encontraron las habitaciones vacías y las camas hechas, como las habían dejado esa mañana. Bajaron nuevamente y alcanzaron a Carlisle, que estaba en la cocina, llamando otra vez al móvil de Esme.
Cuando Jasper recordó algo al ver el calendario al lado de la nevera.
-Hoy es viernes – dijo en voz alta – Lo viernes mamá tiene terapia con Carmen.
Rosalie asintió.
-Es cierto, va todas las semanas a esa tontería de terapia de grupo – dijo, rodando los ojos.
Carlisle ni siquiera le hizo caso, pero sí pensó en la posibilidad de que Carmen podría saber algo del paradero de su ex-mujer. Buscó en la lista de contactos de su móvil, hasta encontrar el de Carmen.
-Aquí Carmen Gomez – contestó ella al tercer tono.
-Carmen, habla Carlisle Cullen.
-¿Carlisle? - dijo ella con entusiasmo - ¡Cuanto tiempo viejo amigo!. Dime qué puedo hacer por ti.
-¿Esme fue a terapia contigo ésta mañana? - preguntó.
-Si, como todos los viernes – en su voz se podía escuchar toda su confusión - ¿Por qué lo dices?.
-Esme no fue a buscar a los gemelos después de clases, no está en la casa, tampoco su coche, y no logramos localizarla al móvil.
-Qué extraño. A lo mejor se quedó hablando con alguien, hoy no estaba teniendo un buen día – sabia que no debía violar la confidencialidad de sus pacientes, pero ella no iba a decir nada más allá de eso. Además la única persona que entendía a Esme, era Carlisle.
-Ya veo – dijo él con tristeza.
-Tengo otra terapia dentro de 10 minutos, y estoy llegando al centro comunitario ahora. Puede que allí sepan algo de ella … Espera un momento – Carmen dio un respingo que incluso Carlisle escuchó – su coche sigue aun aquí.
Carlisle frunció el ceño, cada segundo estaba más preocupado, y los gemelos no pudieron evitar notar su expresión alarmada.
-Carlisle, no entiendo muy bien lo que está pasando, pero su coche sigue en el aparcamiento, en el mismo lugar donde lo dejó ésta mañana. Déjame ver si averiguo algo y después te llamo. ¿De acuerdo?.
-Si, muchas gracias – terminó la llamada, sin saber qué más hacer aparte de esperar.
Cuando media hora después, Carmen lo volvió a llamar para decirle que nadie sabia nada de Esme desde que terminó la terapia y la vieron salir al aparcamiento, Carlisle decidió que tenia que entrar en acción.
Ya era seguro, algo le había sucedido a Esme y él no se iba a quedar con los brazos cruzados. La desaparición de Edward casi destruye a su familia, y él jamas se había sentido tan inútil y culpable. Su corazón jamás llenaría el vacío que dejó haber perdido a su pequeño. No iba a permitir que la historia se volviera a repetir con Esme.
Ésta vez tomó el móvil para llamar a Harry Clearwater, era el investigador que cinco años atrás se encargó del caso de Edward, y después de eso los dos se siguieron manteniendo en contacto. Harry tenia dos hijos de más o menos la misma edad de Edward y se había tomado el secuestro muy a pecho; así que no le importaba si de vez en cuando Carlisle lo llamaba para preguntarle si había alguna novedad acerca del paradero de su hijo menor.
Harry lo tranquilizó por teléfono, le dijo que desafotunadamente Esme tenia que tener más de 24 horas desaparecida, antes de que la investigación se pudiera abrir oficialmente. Pero como favor personal, él iba a estar pendiente de todas las llamadas realizadas a urgencias, todos lo hospitales por si estaba en alguno de ellos, e iba a buscar su coche al centro comunitario por si encontraba alguna pista.
…
A Carlisle le espera lo estaba matando, se tiraba de los cabellos hasta sentir que se le iban a caer, cada vez que se pasaba la mano por ellos. Estaba considerando la posibilidad de ir a buscar la botella de brandy que sabia estaba en la biblioteca, pero no quería hacerlo delante de sus hijos. Tenia que ser fuerte por ellos.
Aunque la angustia de no tener noticias de Esme lo terminaría volviendo loco. Miraba la pantalla de su móvil fijamente, como queriendo obligarlo de esa manera a que sonara. Suspiró con frustración y se levantó para ir a la cocina a buscar un vaso de agua. Tenia que mantener las manos ocupadas. Cuando regresó a la sala, se dedicó a observar a los gemelos, y cómo estaban sobrellevando no saber dónde se encontraba su madre; una vez más se encontró con la realidad de lo diferentes que eran entre ellos.
Jasper tenia en los oídos los auriculares de su MP3, pero no parecía ni siquiera estar escuchando la música, tenia la mirada perdida y el cuerpo tieso, los únicos músculos que movía eran los párpados cuando pestañeaba. Rosalie se comportaba como si no estuviese ocurriendo nada, estaba mandando mensajes con su móvil a quien sabe quien, y cada tanto se reía de la respuesta que recibía. Pero él sabia que era toda una actuación, solo con ver cómo ella se mordía las uñas intensamente, un antiguo hábito al que recurría cuando estaba nerviosa.
Por fin su móvil sonó, llamando la atención de los tres, y Carlisle se apresuró a contestar, sin ni quiera mirar quien era.
-¿Diga?, ¿Esme, estás bien? - esperaba tanto que se tratara de ella.
-¿Carlisle?, soy Harry Clearwater.
Él sintió que se quedaba sin aire, de la misma manera que lo haría un globo.
-Ah – dijo, pero pronto se regañó. Tampoco era malo que llamara Harry, eso quería decir que tenia noticias - ¿Alguna novedad?.
Los gemelos se giraron a verle, olvidando por completo el MP3 y el móvil.
-Si, una gran novedad – dijo Harry – Hace unos minutos Esme llamó a urgencias. Aparentemente alguien la secuestro ésta mañana.
Carlisle sintió su sangre helada.
-¿Secuestrada! - exclamó.
Vio cómo los gemelos agrandaban los ojos por esa palabra.
-Ya logró escapar ella misma – lo tranquilizó Harry – Y llamó desde la casa de una vecina a donde ella se encontraba. Una patrulla de policía con una ambulancia van para allá, y yo iré con mi compañero a investigar. Pero creo que tú también deberías ir – pareció titubear, como si no supiera cómo tenia que decirle lo que pensaba – Según lo que dijo Esme al teléfono, creo que de verdad es necesario que estés allí.
-¿Por qué lo dices?, ¿Ocurrió algo más aparte del hecho de que secuestraron a Esme? - ¿Por qué tenia la impresión de que Harry no lo estaba diciendo todo.
-Bueno … verás … ¡NO! - volvió a la voz firme y autoritaria de un investigador – Hazme caso, ve a dónde está Esme, y lleva a tus hijos contigo. No te vas a arrepentir, te lo prometo. De eso estoy casi seguro.
-Está bien – accedió Carlisle – Dime a dónde tenemos que ir – tomando papel y lápiz para anotar la dirección que le daba Harry – Muchas gracias, nos vemos allá – terminó la llamada y se giró a mirar a los gemelos – Nos vamos – les dijo.
Por una vez ninguno de los dos replicó, ni siquiera Rosalie, y en pocos segundos los tres salieron de la casa. En unos veinte minutos llegaron a la dirección que le dio Harry, y se encontraron con una aglomerado de gente. Todos los vecinos estaban en la calle, espiando lo que había ocurrido, había coches de policía y dos ambulancias.
Carlisle se aparcó lo más cerca que pudo y los tres se bajaron y atravesaron la multitud, y fueron a una de las dos ambulancias. En dónde Esme estaba sentada en la parte posterior, rodeada de para-medicos. Vio a Harry junto con otro hombre, que debía de ser su compañero, hablando con una mujer. En la otra ambulancia estaban subiendo una camilla en la iba un hombre que parecía estar inconsciente.
En cuando los gemelos divisaron a Esme, salieron corriendo hacia ella, como si fueran todavía niños, olvidando que tenían 15 años y ya no mostraban su afecto en público hacia sus padres como antes.
-¡Mamá! - gritaron los dos a la vez. Cuando llegaron en frente suyo la abrazaron con fuerza, Esme sonrió y correspondió el abrazo.
Carlisle deseó con todo su ser poder ir él también a estrecharla, la echaba tanto de menos. Pero no lo hizo, alcanzó a los gemelos y contempló a Esme. Seguía siendo la mujer más bella del universo. Ella se apartó de los gemelos y lo miró con una sonrisa. Le recordó tanto a la joven que era cuando la conoció en urgencias, de la que se enamoró a primera vista.
-Carlisle – dijo en un susurro, pero él lo escuchó claramente, por encima de todo el ruido que tenían al rededor. Se levantó y se acercó a él en pocos pasos, sorprendiéndolo cuando los brazos de ella rodearon su cuello.
Él la estrechó y se deleitó con la sensación de tenerla otra vez en sus brazos.
-Estaba muy preocupado por ti – susurró cerca de su oído.
-Estoy bien – contestó ella con emoción – Estamos bien.
Le extrañó esa segunda afirmación, pero no le dio mucha importancia. Por encima de la cabeza de Esme notó a los gemelos que observaban algo con una expresión sorprendida. Entonces se percató que antes Esme no estaba sentada sola en la ambulancia, al lado del lugar que ella había dejado vacío había un niño, que parecía estar llorando y temblando como una hoja.
Su respiración se cortó cuando sus miradas se cruzaron. Esos ojos … De repente en su interior sintió la imperiosa necesidad de proteger a ese criatura con todo lo que tenia, de cuidarlo, de adorarlo.
-¿Ma-mami? - llamó el niño entre sollozos.
Esme se separó de Carlisle y se giró a mirar al pequeño.
Carlisle no se podía creer lo que estaba viendo. ¿Sería posible?. Esperaba solo que todo el estrés del día no le estuviese pasando factura, y esto era solo un producto de su imaginación.
-¿Esme? - llamó a su ex-mujer, pero no se sentía capaz de apartar la vista del niño - ¿Ese es … es … - Se sentía un nudo en la garganta que no le permitía seguir hablando.
Esme tomó su mano y se la apretó.
-Si, es nuestro Edward – podía escuchar las lagrimas en su voz, pero sobre todo la alegría abrumadora.
-¿Mami? - volvió a llamar Edward.
Estaba tan confundido y asustado. No le gustaba estar afuera y había tanta gente extraña. Su mami ya no estaba a su lado y él la necesitaba porque no podía respirar, y quería que ella lo abrazara, y le cantara y …
No supo nada más, todo se volvió negro mientras escuchaba varia voces que gritaban - ¡Edward! - a la vez.
Continuará …
¿Merece un comentario?.
Besos, Ros.
