Cap 7- A través del Espejo
-OK, chavos –azoté mis manos en una mesa redonda de piedra que estaba dentro de unos árboles con hermosas flores de durazno, era la mesa donde mis amigos y yo nos reuníamos para nuestras reuniones como la Resistencia Clandestina, con Mirana e Iracebeth como las cabecillas. El Tiempo incluso se unió a la Resistencia –Nuestra Alicia está en peligro en su propio hogar, el Viejo Stayne posiblemente esté en Sobretierra buscándola y tenemos que hacer un plan para salvarla.
-Ajá, y la gran pregunta es: ¿Cómo? –dijo el Tiempo.
-La situación cada vez es más difícil –dijo Mirana soltando un triste suspiro.
-¡Uh! ¡Uh! ¡Yo tengo un plan! ¡Tengo un plan! –dijo Thackery, -Podemos traerla de vuelta y que se quede a vivir y así el Viejo Stayne no la encontrará en Sobretierra.
-¿Mudarse aquí? –preguntaron unísonos los Twidlis.
-Ajá ¿Y su familia qué? ¿Su madre? ¿Su hermana? –dije algo indignado -¿Y si el Viejo Stayne las lastima como quiere hacer con Alicia?
-Podemos hacer que su familia se venga a vivir aquí con ella –dijo Mocky. El Carpintero río -¡Sí, cómo no! Se cagarían del susto en estar en una tierra de locos como aquí –dijo entre risas –Al no ser que sean de igual de "muchosas" como ella.
-Lo dudo –le siguió Walur.
-No sólo Alicia está en peligro, igual su familia lo está –anunció Bayard.
-Bueno yo sí tengo una idea –dijo Iracebeth –Aunque no sé si les gustará.
-Dilo, Racie, ¿qué es? –le dijo su hermana.
-Sí, la verdad es muy riesgoso, más que perder la cabeza –seguía diciendo Iracebeth, todos le pusimos atención –Ir a Sobretierra, buscar Alicia, estar con ella en Londres para protegerla y lograr encontrar al Viejo Stayne para capturarlo antes de que la atrape.
Sí, la idea se oía peligrosa; Arriesgándonos a ir a un mundo que no tiene nada que ver con Infratierra y quedarnos ahí por un tiempo para proteger Alicia hasta agarrar al maldito. Suena peligroso, pero en realidad era una buena idea, mejor que la de Thackery.
-Me agrada esta chica –dijo muy sonriente el Carpintero señalando a Iracebeth –Majestad, quiero una cabeza como la suya.
Iracebeth sonrió con timidez.
-Sí, es una excelente idea –dijo Mirana orgullosa de su hermana.
-Aunque si…-comencé hablar -Pisando Sobretierra, no es lo mismo que encontrarnos frente a ella, con su negocio ya estará viajando en cualquier lado, no se sabe si sigue en Londres o está en China o a la vuelta de la chingada. –les dije.
-Y ya entendí a lo que se refiere de que será riesgoso, majestad –le dijo Griffin a Iracebeth. –Para la gente de Sobretierra, la mayoría de nosotros somos seres…anormales, yo siendo un grifo, una mujer con cabeza grande, un hombre mitad reloj, animales antropomórficos, un sombrerero loco, una tortuga llorona con cara y patas de cabra, una morsa estúpida…
-¡Oye! –le dijo Walur.
-Es cierto, si esa gente nos ve, terminaríamos en un circo de fenómenos –dijo el Tiempo.
-¿Un circo? –dijo emocionado Twidli Dee
-¡Genial! –dijo igual emocionado Twidli Dum.
-Los fenómenos del circo seríamos nosotros, bueyes –les dije a los gemelos.
-Al no ser que alguien de nosotros se toma el riesgo de ir a Sobretierra –dijo Mirana.
-Eso sí –dijo Mally.
-De hecho –comentó Bayard.
-Pero, ¿quién de nosotros irá? –dijo el Tiempo. Todos volteamos a Mctwisp, después de todo él fue quien trajo a Alicia en su primera vez.
-¡Ah, no! –dijo de forma negativa -¡No, ni en sueños! ¡Juré no volver a ese lugar! Una lady Ass-culo—no-sé-qué-madres me arrojó unos perros muy desagradables sobre mí.
Luego volteamos al Carpintero -¿Qué hay de ti, Woodscrumbs? –preguntó Mally.
-¿Yo? –dudó el Carpintero.
-Tú te vez más normal que nosotros, encajarías bien en estar allá –le dijo Iracebeth.
-Sí…pero…yo, ¿cómo voy a saber? Todavía estoy conociendo a la chamaca –dijo –Alguien que la conoce bien debería ir.
Ahí todos empezaron a discutir, menos yo que andaba pensando en ir.
-¡Ay, Absolem! ¿Por qué tuviste que irte ahora que te necesitamos? –se lamentó Mirana.
-Hashtag: ¿Por qué, Absolem? –dijo el Tiempo viendo la situación.
-¿Qué es un "Hashtag"? –preguntó Mally, mientras discutían más y más y yo andaba en mis pensamientos. A mí, sí me urgía hacer algo, tengo que hacerlo por mi Alicia. Ella fue quien nos salvó en situaciones difíciles, me ayudó a recuperar a mi familia y ayudo a la reinas hermanas a estar juntas. Ahora que está en peligro, tengo que pagarle todo lo que hecho por mí y por los demás. Ya lo tenía decidido.
-¡Yo iré! –anuncié. Todos pararon de discutir y voltearon a verme -¡Yo iré! Iré a Sobretierra, buscaré Alicia, la cuidaré; a ella y a su familia hasta encontrar el Viejo Stayne para después detenerlo y traerlo de regreso, antes que vuelva a lastimar alguien de nosotros.
Todos me observaron con angustia… ¿Acaso no soy el adecuado para ir?
-Pero, ¿de verdad planeas a ir? –me preguntó muy dudoso el Tiempo.
-¿Hay algún problema si voy?
-Tarrant, no creo que sea buena idea que tú vayas –me dijo Mirana –Es que allá no aceptan…gente como tú por…
-¿Por estar loco? –les pregunté, todos me vieron con más preocupación, indicando que por eso no debería ir –Pero…piensen en Alicia, ella nos ayudó mucho, se arriesgó tanto por nosotros…y no pienso quedarme aquí como pendejo, ya que ahora, es ella quién está en peligro –les dije –Ya lo decidí. Yo iré.
Todos soltaron un suspiro, aunque nadie le agradaba la idea, todos aceptaron que yo vaya.
-Sólo hay un problema –apareció Sonriente sobre uno de los árboles -¿Qué dirán tus padres respeto a tu decisión de ir a Sobretierra? –preguntó con una amplia sonrisa.
…...
-¡No! –me dijo mi padre, después de haberle dicho que decidí ir a Sobretierra a buscar Alicia -¡Padre, por favor! ¡Tengo que hacerlo! –le decía insistiéndole.
-¡No, Tarrant! ¡No irás! ¡Ni a madrazos! –me dijo con la misma forma escrita de cómo me hablaba de niño. Incluso mi madre estaba de acuerdo con él.
-¡Es la única forma para ayudar a Alicia! ¡Tú mismo me lo dijiste, que ella está en peligro!
-Sí, pero evitar que ella esté en peligro, no significa que tú te pongas en peligro –me dijo -No irás, Tarrant y esa es mi última palabra.
-Tarrant, por favor, hazle caso a tu padre –me dijo mi madre –No queremos que te pase nada.
-¿Y dejar que ese desgraciado lastime a mi Alicia? Padre, madre, es el Viejo Stayne, ya me enfrenté con él antes, incluso cuando era niño –les dije.
-No se trata del Viejo Stayne, Tarrant –me dijo un poco tranquilo, papá –Se trata de Sobretierra, la gente de allá es muy diferente y además allá no hay lugar para…gente con situaciones como las tuyas.
-¿Situaciones como las mías? ¿Querrás decir que no hay lugar para los locos? –le decía -¿Ya habías estado ahí? –le pregunté.
-No, pero he oído cosas horribles que le hacen a los…locos como tú –dijo muy angustiado –Te tratan como delincuente, te encierran en una especie de prisión llamada: Manicomio, donde ahí te ponen camisas muy incomodas inmovilizándote, te amarran en tu cama o peor, te usan como conejillo de indias para experimentos horribles y…que te queman el cerebro con…aparatos que se manejan con electricidad –podía ver el miedo en su rostro, imaginando que me podría pasar esas horribles cosas. Lo entiendo, él es mi padre y lo que quiere es protegerme, pero ahora la situación se pone peor, no sólo para nosotros sino para mi querida amiga.
-Padre –le decía sosteniéndole la mano –Lo único que quiero es mantener a salvo a Alicia, tú harías lo mismo por mí o por mi madre –le señalé a mamá, él sonrió –Sí…tal vez tengas razón.
-Y además, a Alicia le debo mucho, si no fuera por ella, yo continuaría dándolos por muertos y ustedes andarían, todavía encerrados en un vidrio lleno de arena y mierda de hormigas.
Él suspiró –Sin la ayuda de esa chica, no estuviéramos libres y tú quizás estuvieses muerto cuando ibas a…perder tu "muchosidad"…está bien –me decía con una sonrisa –Puedes ir…ya que estuviste tantos años sin nosotros…sabes cómo mantenerte a salvo tú mismo.
Yo le sonreí y lo abrasé, mi madre no quiso quedarse con las ganas y se unió al abrazo.
-Tranquilos, todo va estar bien –les decía –De eso me encargo.
En Londres…
-Ten, Alicia –dijo la señora Kingsleigh dándole una taza de té Alicia en su habitación –Es té de manzanilla, te aliviará el dolor de cabeza.
-Ay, madre, no debiste haberte molestado en traerlo –dijo Alicia tomando el té.
-Debe ser la estrés de porque te estas sintiendo mal –afirmó su madre.
-O quizás el susto que tuve tras lo ocurrido en la Iglesia, menos mal que Maggie y Harrison estén bien, pero aquel ocurrido…me recordó mucho la muerte de mi padre –dijo con tristeza.
-No pienses en eso, Alicia…
-¡Señorita Kingsleigh! –apareció su abogado, el señor Harcourt.
-Ahora no, señor Harcourt –dijo la señora Kingsleigh –Alicia no se siente bien para hablar de negocios.
-No, lo que pasa es que los Ascot andan haciendo una subasta para recuperarse un poco de la quiebra –dijo el abogado.
-¿Una subasta? ¿Qué están subastando? –preguntó Alicia.
-El estudio de Lord Ascot, el padre de Hamish, van a vender la última pieza del estudio.
-¿Y de casualidad sabe si está en la subasta un espejo? –preguntó un poco entusiasmada.
-¿Para qué quieres un espejo, Alicia? –le preguntó su madre.
En mi casa…
-¿Tarrant? –me llamaba mi madre subiendo hacia mi cuarto –Te hice unos sándwiches para que lleves a…
Acababa de salir de bañarme, me secaba el cabello con una toalla, tenía un pantalón puesto, pero no tenía camisa, estaba mostrando el abdomen que lo tenía marcado.
-¿Qué? –le pregunté mientras me observaba con cara de que vio un dios griego.
-Nada, es que…-me seguía observando –Haciendo yoga, ejercicios y ser líder de la Resistencia Clandestina, te dejaron bien…marcadito.
-¡Madre! –le regañé un poco incómodo poniéndome una camisa. Me retiré pero ella sigue parada y sorprendida –Mi bebé ya no es un bebé, es un Adonis –dijo soltando aire –Pero… ¿qué te pasa? –entró en sí y se dio un manotazo en la frente -¡Cálmate! ¡Eres su madre!
Me puse una camisa blanca, pantalones para montar color hueso que me quedaba un poco grande que me tuve que poner un cinturón ancho para sostenerlo, un chaleco color ciruela, una corbata negra, un saco color marrón claro, unas botas de piel muy parecidas a las de mi traje de explorador sólo que esas eran negras y un pequeño sombrero de copa color negro combinando con la corbata y botas. Ninguno de estos accesorios de la ropa que llevaba puesto tenía un toque estrafalario como suelo decorar cada ropa que me pongo, con el propósito de verme lo más normal para mezclarme en la multitud de Sobretierra, por lo menos me sentía bien con ese traje no como el otro negro y gris que usaba cuando perdí mi "muchosidad", que parecía "fanático religioso" según el Carpintero. Igual, si en caso de encontrarme con el Viejo Stayne, venía armado con una daga y un revolver, ambas armas guardadas en mi cinturón y mi madre me dio un pequeño morral con unos sándwiches que ella me hizo.
-¿Listo, Tarrant? –me preguntó mi padre viéndome preparado.
-Simón –le dije –Bien, no tengas miedo, Alicia, iré por ti.
Pasé por un corredor, en donde había retratos de la familia real y algunos eventos históricos de Infratierra, como el de Alicia cuando venció al Jabberwocky.
Al final de corredor había una puerta. La puerta donde había un espejo para llegar a Sobretierra.
-¡Auch! -Escuché alguien quejándose de dolor cuando toqué el picaporte de la puerta.
-¡Ay, en la madre! –me asusté y vi que el picaporte tenía cara humana y vida propia -Perdóneme usted –le dije al señor Picaporte quien arrugaba su nariz.
-No hay que preocuparse, a pesar que la nariz me aplastaste –dijo el Picaporte.
-¡Oiga! ¡"Preocuparse" y "aplastaste", hizo un verso! –le dije riéndome. Él igual se río -¡Oye, sí es cierto! ¡Ay, qué pasa con mis modales! Soy su amigo El Picaporte –se presentó caballerosamente -¿En qué le puedo servir, señor…?
-Hightopp, mi estimado señor Picaporte, Tarrant Hightopp, el sombrerero de la Reina Blanca –incliné mi sombrero ante él -Y busco el espejo para pasar a Sobretierra…
-¿Cuál espejo? ¿Este? ¡Aaahhh! –abrió la boca que era el cilindro de la llave, vi a través de ella, aquella habitación estaba vacía, casi en blanco, sólo había un espejo -¡Sí, ese mero! –anuncié –Tengo que atravesarlo –ya estaba apresurado en atravesar ese espejo. Pero el Picaporte apartó su nariz de mi mano –Lo siento, no puede abrir, señor Hightopp, es "impasable"
-¿Y eso por qué?
-Estoy encerrado con llave, obvio, tengo que estar bien cerrado-explicó -Mientras yo esté cerrado con llave, el portal a Sobretierra se mantendrá bloqueado, así evitaremos que intrusos de Sobretierra atraviesen el espejo, tiene que tener la llave para abrirme, sino no podrá pasar a Sobretierra – ¡Carajo! Nadie me habló de una llave, hasta que…-¡Tarrant! ¡Tarrant, espera! Eran las reinas, Iracebeth empujaba la silla de ruedas donde su hermanita estaba sentada mientras Mirana alzaba la mano con una llave.
-¡Olvidamos darte la llave! –dijo Mirana dándome la llave.
-¡Ah, pero qué pinche lata! –dijo el Picaporte haciéndome reír.
En Sobretierra…
Alicia se encontraba entre la multitud en una sala de la Mansión Ascot, buscaba con ansias aquel espejo.
-¡Ahí está el espejo! –le dijo al señor Harcourt.
-He aquí este viejo e insignificante espejo –decía el banquero, Alicia frunció el ceño al oír eso –Fue antes propiedad de Charles Kingsleigh quien se lo regaló después a Lord Ascot…
-No sabía que era de mi padre –se dijo ella misma Alicia.
…...
Pude abrir la puerta de la habitación caminaba directo al espejo, mis amigos estaban atrás de mí –Oye, ¿enserio tienes las cualidades de ir allá? –preguntó el Picaporte. Otro que está dudando en que vaya a Sobretierra –Cuando se trata de ayudar a alguien, amigo Picaporte, todas las cualidades que tiene uno son necesarias –le dije, cuando pasé mi mano a través del vidrio, sentí agua, como si hubiese metido la mano en el mar –Siento agua –anuncié, saqué mi mano del vidrio –Está mojado –vi mi mano empapada.
-¿Imaginaste que sería como entrar en el agua? –preguntó Mirana.
-Sí –le dije -¿Cómo lo sabe?
-Así es el portal, tiene mente propia, cuando alguien lo atraviesa llega a ser tal como se lo imagina.
-¿Pero, cuando lo atraviesa un grupo de personas? –preguntó Thackery.
-Sería como la primera persona que lo atraviesa se lo imagina –dijo Iracebeth.
-Pero, Tarrant, pase lo que pase, no vayas a decir nada sobre Infratierra, nadie en lo absoluto, si pregunta de dónde eres inventa que eres de otra parte de Sobretierra –me advirtió Mirana.
-¡Tarrant! –escuché a mi padre. Él y mi madre se acercaron a mí.
-Venimos a darte esto –dijo mi madre, mostrándome un collar, cuyo dije era el pétalo de una rosa rosada -¡Tu pétalo! –dije observando el pétalo con cariño, ella lo tenía mucho antes que yo naciera. Recordaba que lo jugaba conmigo cuando yo era bebé en agitándolo por el aire mientras yo intentaba alcanzarlo. Me lo puso alrededor del cuello –Para que te dé suerte –me dijo y después nos dimos un abrazo –No quiero que te pase nada –me dijo derramando lágrimas.
-No le va pasar nada –le dijo mi padre colocando las manos en sus hombros –Él va estar bien, es muy valiente.
Cuando mi madre me soltó, mi padre me llega abrasar también –Lo vas a lograr, mi chiquitín, tengo fe en ti –dijo con cariño y me besa la frente.
-Bueno –afirmé –Creo que es hora que me vaya.
-Dile a Alicia que le mandamos saludos –dijo Mally.
-Lo haré –dije –Creo que ella igual va mandarles saludos cuando la encuentre.
Una nube de humo flotaba por el aire, era Sonriente –Viaje Bueno, Tarrant –me dijo.
-Igualmente, muchachos –dije, mientras todos me sonreían y me observaban con miradas de esperanza. Inhalé y exhale –Aquí voy.
Atravesé el espejo.
–Lo va lograr, sé que lo va lograr –dijo mi padre sosteniendo la mano de mi madre.
–Lo sé –dijo el Tiempo colocando una mano en su hombro –Eso le dirá el tiempo.
-Obvio, lo está diciendo usted –le dijo mi padre.
-Cierto –afirmó el Tiempo.
Atravesar el espejo era tal como me lo imaginé, estaba dentro del fondo del mar, pero no había peces, ni corales, ni algas. El fondo estaba desierto, sólo estaba el espejo en la arena y la superficie, donde ahí podía ver todo en Sobretierra como si fuese una ventana, vi Alicia entre una multitud, oía voces que le acaban de dar un espejo, ella feliz lo recibe, un tipo que tenía casi de mi edad tomaba el espejo, escuchaba que un tal Hamish conversara con ella y se estaba burlando que teniendo una compañía exitosa, decidió agarrar algo tan simple que un insignificante espejo, todo podía oír conforme nadaba a la superficie. Igual vi que las imágenes se cubrían con cuerdas y de pronto todo empezó a moverse. No sabía si estaba en el fondo de mar o me encogí con el Pishalver y estoy dentro de una pecera. Saqué mi cara del agua para tomar un poco de aire pero no podía sacarme completito ya que el espejo de Sobretierra estaba atado en la parte trasera de un carruaje. Con mucha dificultad trataba de salir del espejo, rosándome de las cuerdas, con el movimiento del coche y tratar de no resbalar por estar empapado. Logró llegar al techo del carruaje y me quedé ahí acostado tratando de recuperar aire. Cuando abrí los ojos, vi un cielo muy diferente a Infratierra, no era muy azul ni tampoco negro como estaba durante el reinado de terror de la Reina Roja. Estaba de un azul grisón casi blanco, abrí tan grande los ojos como platos, sentía el ambiente muy diferente, hasta el olor era distinto. Me levanté y vi edificios, casas, rectangulares y con colores que para mí son muy tristes, todo era sofocante pero perfecto, incluso se veía en la gente con su forma de vestir. Estaba en Londres, en Inglaterra… ¡En Sobretierra!
Conforme el carruaje andaba, la gente de la calle me observaba con extrañeza estando en el techo del vehículo. Miraba de un lado para otro y no podía encontrar Alicia.
-Buenos días, señor, disculpe, señor –llamaba el cochero, caballerosamente como me enseñaba mi padre –Señor cochero, lamento molestarlo, pero, ¿de casualidad sabe dónde puedo encontrar…?
El cochero volteó a verme -¿Pero, qué mierda? –se sorprendió, jaló las riendas de sus caballos haciendo que se detuvieran, con una sacudida, caí del carruaje a un puesto de verduras, destrozándolo -¡Ay! ¡Directo en las nalgas! –me quejé de dolor.
-¡Oiga! ¿Está loco? –me regañó el verdulero -¡Ahora va tener que pagarlo!
-Yo…lo siento –me disculpaba mientras me levantaba –No quise…
-¿Quién es usted? –me preguntó enojado el cochero -¿Qué iba hacer? ¿Iba a robar?
-¿A robar? –preguntó enojado el verdulero.
-¡No! ¡No iba a robar! ¡Iba a…! –me di cuenta del lío en que me metí –Me tengo que ir –dije empezando a correr.
-¡Oiga! ¡Regrese aquí! ¡Es un ladrón! –gritaban el cochero y verdulero -¡Policía! ¡Detengan ese hombre!
Alicia, quien estaba dentro del carruaje, salió tras oír el escándanlo -¿Qué ocurre? –preguntó.
-Un ladrón subió al carruaje, señorita Kingsleigh –le dijo el cochero –Al parecer iba a robarle.
Alicia miró desde lejos mi alocada cabellera naranja -¿Sombrerero? –se preguntó empezando a correr, con el tipo que tomó el espejo, quien era el señor Harcourt, siguiéndole el paso.
Conforme corría escuché un silbato -¡Oye tú! ¡Detente! –me decía un policía.
-¡No puede ser! Cinco minutos estando aquí y ya metí en problemas -me quejé.
-¡Deténgalo! –oí más gente, corriendo otras de mí -¡Cielos! ¡Esta gente se enoja con facilidad! –dije entrando a un callejón. Torpemente, choqué contra el hombro de alguien y caí al suelo -¡Ahí está! –dijo un policía.
-¡Ladrón! ¡Pillo! –me decía la gente.
-¿Sombrerero? –oí la voz de Alicia, la vi entre la multitud.
-¿Alicia? ¡Alicia! –me levanté hacia ella pero dos policías me agarraron -¡Oigan, suéltenme! ¿Qué hacen? ¡Alicia! –gritaba mientras me esposaban las manos a la espalda.
-¡Oigan, no! ¡Esperen! ¡Es mi amigo! ¡Sombrerero! –gritaba Alicia corriendo hacia a mí hasta que un policía la detuvo -¡Alto, señorita!
-¡No, es mi amigo el que están arrestando! –decía mientras le gritaba que me ayudara -¡Alicia! ¡Ayúdame! –le gritaba, estaba muy asustado, hasta que uno de los policías me golpeó la cabeza con una vara.
Perdí la conciencia, apenas podía ver qué ocurría, todo estaba borroso y con sombras, escuchaba voces lejanas, a Alicia que me soltaran, que ya me llevaron en la cárcel, el juez ordenó que me encerraran, oí Alicia llegando y ordenaba que me soltaran, el juez fue grosero con ella, las voces se alejaban y de repente oía otras voces, de mis amigos dudando en que vaya a Sobretierra. - Pero, ¿de verdad planeas a ir? -Escuché el Tiempo. - Tarrant, no creo que sea buena idea que tú vayas –escuché a Mirana y luego al Picaporte -Oye, ¿enserio tienes las cualidades de ir allá?- -¡No vas a ir! –escuché a mi padre. -No queremos que te pase nada –oí a mi madre. Lo último que escuché era mi padre diciendo con angustia - Te tratan como delincuente, te encierran en una especie de prisión llamada: Manicomio, donde ahí te ponen camisas muy incomodas inmovilizándote, te amarran en tu cama o peor, te usan como conejillo de indias para experimentos horribles y…que te queman el cerebro con…aparatos que se manejan con electricidad…
Una luz me cegó, no supe que ocurrió después.
Me encontraba ahora en Witzend, en lo que fue antes mi vieja casa, la tienda de sombreros de la familia Hightopp, tenía cuatro años, estaba sentado en el suelo de la tienda a lado de la puerta principal, rodeado de juguetes sencillos pero bonitos, andaba jugando con mi tablero de caballeros rojos y blancos de madera que me hizo una vez el Carpintero. Estaba tan entretenido que no me fijaba que tres tipos que parecían no ser infraterrestres andaban por las calles de Witzend, viendo por las ventanas, dos parecían preocupados y uno sorprendido -¡Miren! ¡Una tienda de sombreros! –dijo el sorprendido.
-No lo sé, Charles, este lugar no se ve tan seguro –dijo uno con cara de policía.
-Yo digo que deberíamos buscar ayuda –dijo el otro con cara seria, más seria que la de mi padre.
-Harris, Richard, vamos, aún tenemos tiempo para gozar de este lugar –dijo el que tenía el nombre de Charles.
-El tiempo es dinero, Charles –dijo el que se llamaba Richard. Charles abrió la puerta de la tienda, miré a verlos –Hola, pequeño –me saludó amistosamente el tal Charles.
-Hola –le saludé a los señores.
-¿Vives aquí?
-Sí, mi papi hace sombreros –les dije –Está arriba buscando telas.
-Oh, muy bien –me dijo Charles mientras me observaba jugando –Lindos juguetes.
-Gracias, son caballeros rojos y blancos, me los hizo Woodscrumbs –le dije.
-¿Quién es Woodscrumbs? –preguntó el que se llamaba Harris.
-El Carpintero, porque los de la juguetería son de bronce y son muy caros y por eso me hizo estos de madera y son más bonitos.
-Sí lo son, ese Woodscrumbs debe quererte mucho –me sonrió Charles.
De pronto apareció mi padre bajando de las escaleras con aquellas telas, se sorprendió al ver los forasteros -¡Oh, disculpen! –dijo poniendo un lado las telas -¿En qué puedo servirles, caballeros? –preguntó amablemente.
-Nada en particular, señor –le dijo Charles –Sólo que…
-Tarrant –me llamó mi padre acercándose a mí –Levántate, ven, recoge tus juguetes -me cargó, llevándome a la escalera y luego me pasaba los juguetes -¿Qué te dije de estar jugando en la entrada? ¿Quieres chocar con los clientes cuando entren a la tienda? –me dijo con su clásico tono estricto –Anda, ve a jugar arriba mientras atiendo a los señores.
-Sí, papi –le dije subiendo con mis juguetes en los brazos.
-Disculpen, es mi hijo Tarrant, tiene cuatro añitos –les dijo mi padre a los tipos –Es un poquito inquieto, pero es un buen niño.
-Se nota, señor –dijo Charles viéndome subir a la escalera –Es un niño muy bonito –dijo mientras me observaba con una sonrisa amistosa, yo le sonreí a ese tal Charles, parecía muy agradable y "muchoso".
-Sí, muchas gracias –dijo mi padre –Ahora, Me llamo Zanik Hightopp, el sombrerero de la aldea ¿En qué puedo hacer por ustedes, señores…?
-¡Oh, disculpe, señor Hightopp! –dijo el tal Richard –Me llamo Richard Ascot, él es el Oficial Harris Brown, es policía y él es mi amigo, Charles Kingsleigh…
¿Charles Kingsleigh? Me dije a mí mismo ¿El padre de Alicia?
Nota:
El Picaporte de la puerta del espejo es el que sale en la versión animada de Disney, un personaje que me encantó en la caricatura.
