No voy a poner excusas, porque no las merezco. Ahora que me siento mas vieja y responsable (han pasado 2 años desde que comence este fic, creo) y he decidido que al menos os mereceis que termine de escribir este trabajo. Confirmo que solo queda 1 capitulo por subir, tal vez os guste, talvez no, pero es el final que decidi para esta historia desde sus inicios, y es el final que va a tener. No va a haber lemmon, eso (espero) lo dejare para otra ocasion.
Capítulo 7: El ataque de Itachi.
Los días iban pasando lentamente en la guarida de los Akatsukis. Mientras tanto, Itachi hacía planes con Hidan. Tal vez necesitase su ayuda más adelante.
- ¿Y por qué coño debería ayudarte a TI? ¿Qué gano yo a cambio?
- ¿Acaso no es divertido, Hidan? Además, tal vez puedas conseguir lo que tanto quieres…
El peliblanco miró al moreno con suspicacia. ¿Así que lo sabía? ¿Acaso había algo de lo que el Uchiha no tuviese conocimiento? En el fondo sentía lástima por la pareja de idiotas. Cuando él se metía en medio, nada salía bien.
- ¿Y si no quiero cooperar, Itachi?
- Entonces destrozaré a esa persona hasta que no quede nada más que sus restos. ¿Es eso lo que pretendes?
Hidan chasqueó la lengua. No tenia opción, debía ayudar al moreno con su plan o todo se echaría a perder. Cómo lo odiaba. Deseaba con todas sus fuerzas que su plan fracasase.
- ¡Mierda!… Joder, está bien. ¡Tú ganas, JODER! ¿Qué cojones tengo que hacer?
Con una risita, Itachi le explicó cual era su papel en todo el tinglado…
Mientras tanto, en los al rededores de la guarida, dos figuras con las túnicas de la organización conversaban a la sombra de un gran árbol. Era una conversación insustancial como otra cualquiera, pero resultaba agradable pasar el tiempo libre en compañía.
La relación entre ambos no había avanzado mucho, pero últimamente solían acudir a ese árbol a relajarse cuando no había nada que hacer. En estos momentos, Deidara se sentía flotar. Ya había decidido que se convertiría en un buen compañero y que haría cualquier cosa por él. Se había resignado a que tal vez nunca pudiera tenerle, pero sería un amigo para Danna. Costara lo que costase, siempre estaría allí para él.
Sasori también disfrutaba de estos momentos con el joven rubio. Sin embargo, sabía que no podía bajar la guardia, pues Itachi estaría al acecho. Desde que aquel día le retó, Sasori no podía permitirse ni un momento de descaso. En cuanto se descuidase, el moreno atacaría, seguro.
Por eso no había dormido bien los últimos días y se le veía cansado. Así que Deidara no se extrañó cuando el marionetista apoyó la cabeza en su hombro y se quedó dormido. El rubio sospechaba que todo se debía a aquella escena que quedó grabada en su retina. Pero como su maestro no le dijo nada sobre ello, decidió no preguntar. Seguramente ya se enteraría más adelante. O eso esperaba.
Distraídamente, el joven rubio comenzó a acariciarle el pelo a Sasori. Se dio cuenta de que era mucho más suave de lo que se imaginaba. Más suave que la seda. Recreándose con el sedoso cabello rojizo de su maestro, empezó a imaginar la de cosas que le gustaría hacerle a Sasori-danna. Se imaginó besándole los labios, la nariz, los párpados cerrados, las mejillas, la barbilla, su blanco cuello…
Deidara tuvo que detenerse al llegar a ese punto debido a la intrusión de una tercera figura. Hidan. La extraña expresión de su cara puso en guardia al rubio, quien se temió lo peor.
- Deidara…
Eso era malo. Cuando Hidan no empezaba la frase con un insulto era que algo malo pasaba. Con el ceño fruncido, el artista le contestó:
- Al grano, cura, ¿qué quieres?
- Para serte sincero, afeminado, nada bueno. Creo que Itachi trama algo contra la marioneta esta. Si tanto le aprecias, deberías hablar con el creído ése.
Mientras contemplaba como Deidara salía en busca del Uchiha, el religioso soltó un suspiro. En el fondo sentía lástima por aquellos dos. Después de todo, sabía muy bien cómo debían sentirse bajo la presión del moreno.
Hidan miró ahora a Sasori. No quería hacer esto, pero no tenía otra opción. Compuso una expresión de malhumorado tan típica en él. De una patada, despertó al pelirrojo.
- ¡Despierta, marioneta chiflada! ¡¿Qué mierdas haces en un sitio como este?!
Sasori abrió los ojos de golpe. No recordaba haberse quedado dormido. ¿Dónde demonios estaría Deidara? ¿Y qué narices hacía el fanático éste aquí?
- ¿Qué haces aquí, cura loco?
- No me llamarías así si supieras por qué estoy aquí, muñequito de madera.
- Ilumíname, entonces.
Hidan dejó escapar una sonrisa. No sabía si se habían dado cuenta, pero el rubio se parecía cada vez más a su maestro. Sin embargo, no podía permitirse distraerse de su objetivo.
- Bien, bien… ¿te cuento un secreto, jodido Pinocho? Hace un rato he visto a Itachi con… bueno, tú ya sabes con quien, ¿no?
No hizo falta que dijera nada más. El marionetista salió disparado hacia la guarida, seguido de cerca por Hidan.
Deidara entró en el cuarto del Uchiha como una tromba. No podía permitir que éste le tocase un solo pelo a su maestro. Sin embargo, tuvo que detenerse en la puerta, pues lo que vio lo dejó de una pieza. Itachi estaba sentado cómodamente en una butaca, con las piernas cruzadas; un codo sobre el reposabrazos y el otro brazo apoyado sutilmente en su muslo izquierdo. Esa postura no podía significar nada bueno. Por si fuera poco, estaba semidesnudo.
- Buenas tardes, Deidara.
Un escalofrío recorrió la espalda del rubio. ¿En qué lío se había metido ahora? Estaba claro que el Uchiha tramaba algo. Sacudió la cabeza. Esta vez no se dejaría enredar, costara lo que costara.
- ¿Qué quieres hacerle a Sasori-Danna, rata asquerosa?
- Me ofendes. Yo que te recibo con toda mi buena intención y así me lo agradeces.
- ¿Tú buena intención? Vamos, no me hagas reír.
- Está bien, lo admito -. Itachi suspiró teatralmente -. Es cierto que no me he portado muy bien contigo, pero…
- ¿Conmigo? – le cortó el rubio.
- Vale. Contigo y con tu maestro. ¿Mejor así?
Deidara asintió no muy convencido de la sinceridad de sus palabras. Cada vez estaba más seguro de que el moreno tramaba algo.
- Pues como te iba diciendo, mi comportamiento ha sido deplorable, por eso me gustaría compensarte de alguna manera…
Según pronunciaba estas palabras, la cara de Itachi se fue convirtiendo en una máscara de malicia y la de Deidara empezaba a mostrar un gran desconcierto.
- ¿Qu-qué quieres decir, Itachi?
- Exactamente lo que he dicho, rubito. Si tan sólo tú y yo…
- ¡NO! ¡Ni hablar! ¿Se puede saber qué estas diciendo, Itachi? – el color desapareció del rostro de Deidara al escuchar esas palabras -. N-no… no pensarás hacer…
Sin embargo, el Uchiha no le dejó continuar, pues aplastó sus labios contra los del rubio, en un claro intento de silenciar a su compañero. Deidara se resistió, pero el moreno le empujó contra la pared, haciendo que se golpease en la cabeza con fuerza. No llego a perder el conocimiento, pero sintió cómo perdía fuerzas. Se vio arrastrado hasta la cama de Itachi, quien le sujetó las manos por encima de la cabeza, mientras una sonrisa cruel aparecía en sus labios.
- Vaya, vaya. Mírate. ¿Qué se siente al ser sometido, Deidara? ¿Qué diría tu querido maestro si te viese de esta manera?
El rubio miró horrorizado a Itachi. ¡Era una trampa! Lo sabía. ¡Lo sabía y aún así había caído en ella! Comenzó a debatirse de nuevo. El dolor en la parte posterior de su cabeza ya no era importante. Cualquier cosa por huir de allí.
El Uchiha centró su atención en la capa del rubio, que comenzó a desabrochar con su mano libre, mientras que con la otra mantenía la férrea presión sobe las muñecas del otro. Una vez abierta ésta, rasgó la camisa de rejilla que había debajo, dejando el pecho desnudo. Deidara apartó la vista, ya sin fuerzas para resistirse. Quería llorar. Si su Danna le viese en esta humillante situación…
Se escuchó un golpe procedente de la puerta. Ambos hombres miraron hacia allí. La cara de Sasori era todo un poema. El rubio, al verle, dejó escapar las lágrimas que había estado conteniendo. Itachi se limitó a sonreír maliciosamente.
El marionetista no podía creer lo que estaba viendo. Itachi y Deidara… Itachi y Deidara… Apretó los puños. Su expresión se convirtió en una máscara de furia. Dio media vuelta y chocó contra Hidan, quien le había seguido. De un empellón le tiro al suelo y salió corriendo lejos de la escena, notando cómo las lágrimas le escocían en los ojos.
Cuando quiso darse cuenta, había vuelto al árbol donde ambos solían sentarse y hablar. Estaba anocheciendo. Sasori miró hacia ese cielo teñido de rojo, y le pareció que era la puesta de sol más triste y deprimente que había visto en la vida.
Y aqui termina el 7º capitulo. No se lo tengais muy encuenta a Itachi, ¿vale? Es que necesitaba poner un malo, y el me venia de perlas. En el fondo es un buen chico, como Tobi xDD
Os prometo, y de verdad que lo voy a cumplir, que el ultimo saldra antes de navidades.
Ja ne!
