Derechos reservados a los personajes de Naruto, la obra del japonés Masashi Kishimoto; y a Dragon Ball, la obra del japonés Akira Toriyama.

Crossover de Dragon ball y Naruto.


Séptimo capítulo: Recuerdos

Despertó acostada en una cama mullida y rígida. Buscó con los oídos los murmullos confidenciales de Shisui, a ver si la acompañaba. Sentía unas manos sosteniendo las suyas. Su toque era íntimo en confianza e inconscientemente pensó que Deidara la abrigaba, y se relajó. ¿Se habría lastimado que la estaba tocando con un ímpetu desconocido en él? La sostenía con tanta fuerza que le hizo pensar que no se había apartado de su lado. Un rayo de culpa le pegó con virulencia. Con los codos se apoyó para recomponerse y aclararle que no había pasado nada, aun cuando su somnolencia le bloqueara los últimos eventos. Sin embargo, Deidara la tomó con manos cálidas y pequeñas, agarrándola con fuerza; era obvio que no quería que se fuera de su lado; era obvio, también, que las manos de Deidara no eran pequeñas, tal vez cálidas; sí. Lo sabía porque la apuñó de la mano en el festival y no resultaron tan frías como pensó que serían. Eventualmente un pensamiento llegó a otro y su mente recordó todo… El abandono. Su desesperación. La aparición de Shisui. Sus palabras. Unos recuerdos de ella muerta y compañeros invisibles esperándola. Unas heridas que aparecían como por la fuerza del azar. Y la más importante: la entrada de Konoha, la desconocida Aldea.

Hinata respiró una tosca exhalación, una exhalación que recurrió su espíritu completo.

—¿Hinata?

Jamás había escuchado una voz que sonara tan familiar y tan ajena a su misma vez. Si no fuera porque Shisui con algún jutsu predispuso su mente a las sorpresas (para recibir con más comodidad los recuerdos que se supone se le olvidaron) reaccionaría con violentos ademanes de confusión. Definitivamente Deidara no tenía voz aguda, como el de una mujer.

Vio en su dirección espabilando sus extremidades y sentándose. Su mano izquierda se encontraba mojada por las lágrimas de la desconocida. Además, sus dedos se hallaban apresados entre los propios de la persona. Con celeridad y sorpresa, la mujer comenzó a sollozar al contemplarla despierta. A decir verdad le aturdía el dolor que exponía, porque sus sentimientos parecían tan violentos y sinceros entre las lágrimas que una propia emoción le estremeció los vellos y le hizo palpitar velozmente el corazón.

—¿Quién eres tú?—preguntó. Al preguntarle su estado se volvió más lamentable. Ella lloró con más ahínco.

—¿No me recuerdas?—preguntó tan cerca a ella que la puso incómoda, con un timbre que se quebraba al vociferar palabras y la conmovía por la misma razón—. No importa—retomó con resignación afable—. Sólo importa que estás viva.

Su voz sonaba más alegre y le recogió una hebra de pelo a la oreja, cariñosa. Una vez más, no supo qué decir. La quedó mirando, aunque realmente no podía verla; y le apenaba esa revelación. Sintió un absurdo calor entre las piernas: el aire era concentrado y árido y debajo de las sábanas se sentían sudorosas. Apenas su mano se movió para quitarse la caliente funda, la mujer la tomó con más fuerza; como previniendo que no intentara irse.

—No te levantes—pidió con voz débil, y Hinata no planeaba hacerlo, pero no objetó, obedeció por la lástima que le causó escuchar ese timbre gris y opaco, agotado emocionalmente—. ¿Dónde estuviste? ¿Dó-ónde? Las penas que pasé por tu nombre. Hinata, pensé que habías muerto.

La mujer la circundó con sus brazos, provocando su sorpresa. ¿Era su madre acaso? ¿Éste era el hogar por el que Shisui Uchiha le habló, donde se sentía querida? Se encogió, camuflados sus reflejos de raciocinio en millones de emociones. Podía sentir todo a la mano en ese portento, unas complicadas sensaciones inexplicables que la intimidaban. Se le retorció el rostro en una mueca descompuesta.

Hubo un silencio y la mujer empezó a llorar contra su mejilla.

—Hinata, di algo más. Lo que sea.

Pero se había quedado en blanco, su mente y su corazón.

Confió en sus instintos, y se concentró en bajar su pánico. Sentía un absurdo miedo a recordar, unas interrogantes que no quería conocer resueltas. ¿Deidara en serio no era su hermano? ¿Ese era realmente su hogar? ¿Entonces por qué todo se sentía extraño? Examinó los alrededores para despejar su pesada carga: ninguna energía había cerca que ella sintiera, en alguna parte de sí, como familiar, además de quien la cogía de los hombros en esos instantes. El silencio también predominaba y, como a ella le gustaban las noches y se grabó la sensación que le producía su ambiente concreto y secreto en los bosques, podía adivinar que era de noche. O tal vez de día: en alguna parte de la habitación sentía el olor fragante y las energías leves de unas flores que de tanto tiempo apartadas después se marchitarían. Y estaba en un edificio, por lo que sus sentidos le jugaban en contra. En un recinto cerrado no podía escuchar ni grillos y sentir la brisa que corroboraba la noche, por supuesto que no podía. En esos casos, siempre solía preguntarle a Deidara.

La lengua se le pegó al paladar por lo seco de su boca. No sabía qué decirle. Estaba confusa, y en confusiones nunca podía pensar y reflexionar con eficacia.

—No llores—murmuró después de un silencio autoimpuesto, sólo porque seguía sin saber qué decirle. Sus dedos conciliadores, torpes por sus nervios y la desconfianza, le enjuagaron las lágrimas. Pero no funcionó. La mujer soltó un gemido desgarrado y exclamó su nombre con dolor, y Hinata contestó con un asentimiento mudo, reconociendo su nombre.

—Debes estar confundida—afirmó la mujer de repente, recuperando aplomo—. ¿Cómo llegaste aquí, Hinata? ¿Dónde has estado todo este tiempo?

—Con mi hermano—contestó, bajando la mirada hacia sus manos.

—¡¿Cuál hermano?!

Se calló por la beligerancia de su interrogante. Hasta ahora la señora había sido una presencia tranquila. Se le contagió el susto y apartó la mano.

—Hinata… Háblame, sólo dime algo.

—¿Quién eres tú?—cuestionó con ansiedad. Le daba miedo su situación, pero necesitaba respuestas.

—Mi nombre es Kurenai Yuhi—se presentó como un robot. Su garganta había recuperado firmeza—. Soy tu maestra… Pero desde hace siete años, eres como una hija para mí.

«Como una hija…» pensó con delirio.

Entonces, la vorágine acezante y malvada de imágenes, voces y personajes, la devoró entera. Emergió de entre las tinieblas con un grito agudo que retumbó con violencia y asustó a su acompañante.

—¡Hinata!

***C.D.N.***

Un resumen de su existencia había abatido su cabeza en el instante que el remolino pasó y dejó su mente desperdigada; sus etapas más importantes en esquinas y en desorden. Decidieron empezar mostrándole cuando era pequeña y su madre solía decirle que era su linda princesa, porque siempre parecía feliz y radiante como una, y era su adoración. Se arrojaba a sus brazos a los tres años y no solía apartarse de su lado. Su madre era una mujer amorosa que la cubrió con todos los bondadosos y amables gestos que pudo brindarle, con quien compartió sus secretos, jugó y disfrutó en su niñez. Su padre de vez en cuando la tomaba en brazos o la paseaba por la Aldea presumiendo de su nueva heredera. Para ese punto, él creía que sería tan talentosa como él de niño. No la discriminaba por ser hembra en vez de varón ni le replicaba a su madre por su nacimiento. Le alegraba que, en un futuro, los genes puros se purificaran aún más en el hijo que se gestaría en su vientre y tendría. Claro que Hinata no entendía mucho de eso, y también faltaba bastante para aquello, y para desarrollar todas esas cubiertas habilidades que su padre perjuraba que tendría, y también para que pudiera sentarse en la mesa de los importantes —el consejo de Ancianos—, como la heredera de un reino próspero, pero Hinata era una niña feliz.

El nacimiento de su hermana Hanabi no hizo más que emocionarla. Aunque no sabría que, cuando creciera, ese niña inocente se volvería una prodigio que envidiaría en sus momentos de mayor debilidad, en los rincones de su propio cuarto ovillada en el desamparo. Ella creció también: dejó los juegos infantiles de lado para enfocarse en lo que su padre le pedía, como una fiel servidora; su madre, que no aprobaba verla en cardenales y con tropiezos debido al agotamiento, le decía que no se extralimitara en taijutsu fuera de los horarios predispuestos, porque era muy pequeña aún, pero no podía evitarlo. Pensar en sus debilidades era su perdición. Era el desastre de la princesa a quien le daba vergüenza perder la confianza que le adujaron desde niña y temía decepcionar a su familia. Pero el fracaso estaba a la puerta de la esquina en su caso y de nada sirvieron los rigurosos entrenamientos, las cicatrices y las lágrimas. Pasó horas estudiando los puntos mágicos de la anatomía humana, llegando a saber el conocimiento básico de una estudiante Genin que aspiraba a ninja médico. Probó en su misma los puntos letales con los dedos sin usar chakra. Eran algo dolorosos: así lo supo. Pero su cuerpo y mente no llegaban a acoplarse a la flexibilidad y el ataque organizado que caracterizaban al Puño suave, por mucho que practicara con su primo Neji y su honorable padre. Así que, como siempre, resultó frustrada. Su paradójico destino le llamó débil y no hubo barreras posibles para traspasar su voluntad. Razón que sembró los cimientos para que un día ella creyera en las palabras de Neji: todo estaba inscrito en el destino. Si era misericordioso, triunfarías. Si no lo era, perecerías en un mundo donde no llegabas al nivel. Sólo que después, Naruto Uzumaki, la persona que admiraba y quería, le haría saber que transgredir al destino era tan común en los seres humanos como respirar. Él era la prueba viviente: el orgulloso perdedor que dominó un jutsu tan avanzado como los Clones de Sombra, derrotó a Kiba, uno de sus compañeros y un buen peleador con grandes técnicas, a Neji, el genio de los Hyūga, y se enfrentó cara a cara al atemorizante Gaara de la Arena sin morir y se fue con el legendario Sannin, Jiraiya (en ese momento Hinata recordó su encuentro con él y sintió vergüenza, además de decepción porque no había podido ver a Naruto), a volverse incluso más fuerte. Hinata había tomado su corazón y había pensado: «Entonces el poder que tengo dentro tal vez sea quien cambie mi destino».

Había sido un día que se cansó, un año después del tiempo donde entrenaba hasta terminar con cardenales y que su madre la regañara, y se fugó por la ventana, recorriendo los pasillos del recinto Hyūga. Se dispuso a practicar a escondidas su técnica a la luz de la luna, sólo para que el fracaso resurgiera, como visita inesperada e ingrata, a arruinarle el entrenamiento. Allí comenzó a llorar y se llenó de ira.

«¿Por qué?», se preguntaba con coraje. «¿Por qué soy tan débil?»

Allí una voz honda y hienda se manifestó por primera vez, en una silueta translucida que se dibujaba tras la arbolada de los jardines amplios, con una fuente prolija y borboteante en la más remota esquina, en el sector de la Rama principal de los aristocráticos Hyūga.

—«¿Quién eres tú?»—le preguntó con miedo.

—«Mi nombre es Vegeta, mocosa»—le respondió no muy amigable, cruzado de brazos. Apareció de la nada vistiendo un traje ceñido y azul, junto a un pelo gracioso y puntiagudo que le poblaba con abundancia la cabeza, más su expresión, sobresaliente de marcadas arrugas de previos ataques de mal genio, le daba una apariencia tan afilada como la hoja de un kunai—. «La razón por la que estoy aquí es porque debo prevenir que ejecutes unas habilidades muy peligrosas en tu caso. No puedo permitir que las uses».

Al decirle eso se abalanzó contra ella. Forcejeó para liberarse de su agarre, pero su piel estaba hecha de puro músculo.

—«¡Déjeme!» gritó con pánico la niña de seis años, echándose a llorar.

El mundo se desvaneció al ser marcada por el fuego pesado del sello en su pecho.

¿Qué había sucedido luego en la historia de su vida?

Podía sentir que alguien en el recuerdo gritaba desde lejos.

—«¡Hinata, Hinata!»

Una rabia incesante vibró en ella de pies y cabeza. Luego la sangre le hirvió.

—«¡Te dije que me dejes! ¡DÉJAME!»

Alguien surgió de la bruma del sueño y la zarandeó de los hombros.

—¡Hinata, despierta! ¡Maldición! ¡Por favor, por lo que más quieras! ¡Quédate con nosotros!

Despertó como el personaje quería. Pero velozmente lo apartó de sí.

—¡Aléjate, Vegeta!—gimió enrabiada.

—¿Vege-eta?—preguntó un joven varón, estupefacto, retrocediendo unos pasos pesados—. ¡¿Quién demonios es Vegeta?!

—Tal vez forma parte de los recuerdos de estos meses—sugirió otro hombre tenso, en observación—. No le grites, Kiba. La estás asustando.

—¡No le estaba gritando, Shino!—exclamó confirmando sin pretenderlo su talante precipitado.

Hinata se sentó, apoyada en la cabecera, y explotó a llorar, cosa que los alertó y los hizo acercarse.

—Hinata, tranquilízate, estás a salvo con nosotros—la calmó el más apacible de los dos.

—¿Quién eres?—le preguntó en contestación.

—Soy Shino…

—¡Y yo soy Kiba!—añadió el otro con voz gangosa, y se inclinó en su cama, hacia ella—…Y somos tus compañeros de equipo.

Y de repente, coronando la escena de una bienvenida maravillosa, un pequeño perro se le echó encima y le ladró. El movimiento le hizo cosquillas y paró su llanto surgido de la nada. Soltó una risa que provenía de la alegría entre las lágrimas.

—Y él es Akamaru—repuso Kiba con una voz conmovida. Se dispuso a abrazarla acercándose nuevamente, en dolor.

—Kiba…—replicó Shino valiéndose de su compostura—. Por favor no la asustes.

—¡Cállate!—respondió fundiéndose en su cuello a moco tendido, justo como la otra mujer al verla. Ella alcanzó a ponerle una mano en la cabeza, sosteniendo por detrás sus cabellos ondulados con paciencia, aun cuando no supiera exactamente quién era. Pero pronto lo averiguaría.

Si hubiera sabido que otro huracán, más potente y majestuoso que el anterior, pondría nuevamente en funcionamiento su cerebro, después de un largo periodo de inactividad, no hubiera sido tan imprudente de preguntar nombres. Lo que le había dicho Deidara chocaba violentamente con todo lo que empezaba a rellenar su memoria de experiencias y prejuicios. Por supuesto, como le reveló Shisui, su nombre sí era Hinata Hyūga, la heredera del Clan Hyūga, hija de Hiashi Hyūga, hermana de Hanabi Hyūga y prima de Neji Hyūga. La echaron del Clan a los siete y se unió a la Academia de ninjas, el año siguiente su madre murió por enfermedad, Shisui Uchiha fue asesinado por alguien desconocido e Itachi Uchiha asesinó a su Clan entero.

Se detuvo un momento para reflexionar cómo Shisui Uchiha la guio y la dejó en la Aldea, bajo su propia determinación, porque aquella existencia se había extinguido. ¿Cómo pudo haber estado vivo y haberla rescatado?

No pensó más en ello, pensó en el asesino de clase S, Deidara, y su control emocional se fue en declive al sólo recordar lo primero de la lista: los baños juntos, los ojos arrebatados, los engaños y la pérdida de libertad durante cinco meses. Ya le bastaba sólo uno de esos hechos para detestarlo. Se sintió abusada y violada en intimidad. Fallar una misión y ser usada como conejillo de indias sólo le provocó decepción.

«Y todos muertos», pensó con un respingo asustadizo. Primero las matanzas de Kawarimi. Luego las matanzas de los bandidos. Ni siquiera de ninja activa se había dado el caso de que debiera asesinar a alguien. Eran sus primeras muertes y no sabía si aliviarse porque no las recordaba, sólo unos pocos detalles de los olores y sonidos, que eran lo único que lograba saber sin vista y con muestras de una ira espantosa. Habían sido justo como lo vaticinó Vegeta.

«Si llegara el caso que una parte inconsciente de lo que eres tomara posesión de ti, podrías hacer cosas muy catastróficas. Debes aplacar tu espíritu interno», le había dicho él en otro de sus encuentros. Desde el primer momento lo había detestado y temido en modo infantil por zamparle un sello que le dolía de vez cuando de forma intensa al enojarse por el fracaso, luego lo perdonó porque le brindó la clave para enfrentar el propio dolor que le había dado: la meditación. Desde entonces solían reunirse en las noches de luna llena para largas sesiones de esa práctica. No le permitía abrir los ojos y mucho menos, mirar hacia el cielo. Siempre le daba esa advertencia, porque «la luna llena intensificaba su naturaleza». «¿Cuál naturaleza?», le preguntaba ella. «La de un Saiyajin», contestaba. Y esa fue una de las razones por las que Vegeta dejó de ser parte de su rencor y pasó a ser parte de su fascinación. El hombre decía ser de su misma raza: no el Hyūga, sino el linaje Saiyajin, del que en ese momento y tal vez, ahora, no sabía con certeza qué era. Además siempre le decía que ese gigantesco poder que escondía sólo no se liberaba por el sello en su pecho, así que ella concluyó que la protegía de sí misma. A su forma, porque su padre a esa edad le recriminaba a rajatabla su nulo talento para el taijutsu enriquecido del clan Hyūga, un linaje diferente la hacía sentir importante. La hacía sentir valiosa. Y por eso siempre cumplió sus horas de meditación, para controlar el fantástico poder que años después consideró una falacia (hasta que creyó por un instante efímero que cambiaría su destino en ese mundo, claro) no solamente porque nunca se hubiera manifestado, sino por lo que eso conllevaba: la definición de Saiyajin era pomposa y fuera de los límites del entendimiento común. Según el hombre de pelo gracioso un sólo guerrero es capaz de levantar una roca gigante con un dedo. Un Saiyajin destruye un planeta (Hinata necesitó balbucear la pregunta de nuevo, porque con esa afirmación había quedado muda) con una mano, y extermina razas enteras sin esfuerzo. Un Saiyajin no necesita de kunais y «esas baratijas que usan los pajarracos», como llamaba Vegeta a los Anbu, la fuerza más sobresaliente entre los rangos ninjas; porque eran hombres y mujeres resistentes como el acero y peleaban a puños.

Entonces, ¿qué era un Saiyajin? «Es simplemente un guerrero», le contestaba sin paciencia, aunque eso no le aclarara nada. ¿Y de dónde venían? «De un planeta que fue exterminado hace años». Lo que implicaba que no venían de este mundo. ¿Y por qué ella era una? Repasaba el entorno vagamente y, con un gruñido, contestaba «Porque sí. Es mejor que no lo sepas».

Al final Hinata, cuando ya era más grande y menos crédula, le hizo saber una noche, sin querer sonar grosera, que le era realmente complicado digerir que existiera un linaje de guerreros como tal, aunque no lo descartaba porque le orgullecía serlo, aunque en ese punto ni siquiera lo comprendiera bien. Sin embargo, destruir planetas con una mano ya pasaba lo inverosímil. Entonces Vegeta le había dicho crudamente:

—No me extraña que tengas una mente pequeña en este mundo tan mediocre en el que vives. Sí, los saiyajines solían destruir planetas. Fue nuestro trabajo pagado porque nacimos para pelear.

—A mí no me gusta pelear—objetó con timidez inocente.

—Pues mejor. —Vegeta se encogió de hombros—. Me ahorraras muchos problemas.

Y aun así fue obligada a pelear desde pequeña contra su familia, luego contra sus compañeros de estudio, luego contra su maestra, Kurenai, y sus amigos, Kiba y Shino. Las peleas formaban parte de su vida y jamás le gustaron. Una ninja debía pelear en cada etapa de su recorrido, ya fuera por entrenamiento, ya fuera por supervivencia, ya fuera por completar una misión. Pero simplemente, nunca le había gustado pelear. Aunque sí quería ser digna por méritos propios, una heredera carismática y decidida que perduraría en el recuerdo de los años del Clan cuando ya no estuviera…

Empezó a razonar en un estado de mayor calma las muertes de Kawarimi, aunque le desmoronaba saber que tuviera algo que ver. ¿Ese día hubo luna llena? Ni siquiera se acordaba. Ni siquiera sabía que le pasó si por azar sí la había visto y sus consecuencias tuvieran ese nivel de gravedad. Deidara presenció una transformación y dijo a sus compañeros de Akatsuki que ella fue la causante. Tal vez el monstruo del que hablaba tuviera correlación inherente con ella.

Shino la devolvió a la realidad con su voz, que desde hace unos segundos extrañaba.

—¿Te sientes bien, Hinata?

—Sí, Shino-kun. —Shino no dijo nada pero su energía se emocionó, a la par de Kiba, que la abrazó con más fuerza y luego se apartó.

—¿Ya nos recuerdas?—preguntó su compañero más entusiasta.

—Sí, Kiba-kun—le contestó mientras una sonrisa se extendía, como infinita, en su rostro. Había recapitulado todos los momentos amistosos que tuvieron como amigos, desde cuando Kiba creía que tenía algo en la boca que le impedía hablar mucho y Shino la viera feo porque no le gustaba estar cerca de sus insectos (porque le daban miedo) y luego cómo se volvieron amigos conociéndose, queriéndose y jurándose lealtad. Se habían acoplado con cada cualidad: Hinata era quien intercedía y siempre solía saber exactamente qué te agobiaba, Shino era quien se encargaba de hablar con los engorrosos términos técnicos en los reportes y frente a sus clientes de misiones, y quien siempre los escuchaba; y Kiba era quien no podía quedarse quieto sin irse de un lado a otro arrastrando a los dos a sus locuras y disparates, pero a fin de cuentas, travesuras divertidas. La película de imágenes, sonidos y emociones por suerte no le provocó jaqueca, sólo un ligero cansancio que la hizo apoyarse en su almohadilla, viendo hacia ningún lugar y sintiendo que los segundos pasaban absurdamente lentos. Le sudaba la frente.

—¿Qué te pasó todo éste tiempo, Hinata?—cuestionó Kiba con seriedad— ¿Sabes? Habíamos hecho tu tumba y todo. —Hinata no podía verlo, pero podría asegurar que los ojos de Kiba volvieron a llenarse de lágrimas, por cómo se puso su voz. Lo había visto llorar antes, pocas veces y siempre por cosas muy serias, y ella lo solía reconfortar, porque Shino en esos asuntos no era muy experto. Se preguntó si acaso merecía ella esas lágrimas. Una persona como ella… Sintiéndose mal, a Hinata le pesó la cara, como si fuera el reflejo de un próximo llanto—. Y cuando Kurenai-sensei nos dijo que despertaste, enseguida venimos a verte.

—¿Dónde está Kurenai-sensei? —Hinata se incorporó presurosa. Ahora sabía quién era la mujer que la había visitado la última vez.

—Está descansando. Estuvo en vela toda la noche esperando que despertaras… En mi opinión, nos avisó demasiado tarde—acusó Kiba sin pensar, pero luego se retractó encogiéndose de hombros—. Bueno, no la culpo. Estaba muy preocupada porque habías llegado muy herida y con un chakra muy bajo, y con todo el proceso para averiguar quién eras no te atendieron tan rápido.

—¿Mi hermana y…?

—Están bien… —Para su sorpresa, Shino fue quien la interrumpió. Y después se interrumpió a sí mismo—. Aunque si lo que deseas saber es toda la historia; resultó que, después de la masacre de Kawarimi, tu Clan conservó la esperanza de que estuvieras vivas.

—Nosotros también, obviamente—añadió Kiba intercediendo en el relato.

—Sí, y como decía—apuntó Shino recuperando su protagonismo, y Hinata lo imaginó arreglándose sus gafas con el ceño fruncido en concentración. Era la faceta que le permitía resguardarse de sus emociones. Los Aburame, el apellido de su Clan, se distinguía por eso; pero Hinata nunca había querido englobarlo en un grupo de personas con la misma personalidad. En su Clan, por explicarse, aparentaban entereza y dominio de sí mismos, más eso no significaba que todos tuvieran ese porte. Ella al menos no, por ejemplo—. Deberás preguntarle a tu hermana sobre eso, pero considero que el clan Hyūga estuvo taciturno esos días…

—Ya llega al punto Shino—rezongó Kiba con impaciencia al toparse con una de sus palabras "complicadas". Incluso ese comentario consiguió que a Hinata dejara de pesarle el desosiego. Sea cual fuera la situación, sus compañeros seguían teniendo las mismas reacciones y personalidades. Sintió un escalofrío y sintió ganas de abrazarlos.

—Como iba diciendo… —Cuando pasaban estas peleas comunes entre sus amigos Kiba solía tener una expresión derrotada, como si quisiera jalarse sus cabellos. Normalmente Hinata se esforzaba por compadecer su impaciencia. Él ya querría hablarle de otras cosas. Pero la verdad no había asunto que más le interesara que el efecto de su desaparición a su Clan de origen— Enviaron grupos de rescate a sus mejores ninjas, al punto donde creyeron que llegaste, es decir, el pueblo. Nosotros también nos ofrecimos y la Hokage, ante nuestra insistencia, nos dejó ir. El Clan Hyūga estaba muy preocupado… —Shino formó un segundo imperceptible de silencio. Y Hinata supo que había a decir algo que la iba a poner triste—. Aunque se mostraron genuinamente intranquilos por ti, por otro lado estaban alarmados por el destino del Byakugan.

—Ya veo—dijo, pero de repente se sintió abúlica— Continúa Shino-kun. Por favor—lo alentó, luchando contra un nudo en la garganta que le aflojaba las cuerdas vocales—. ¿Qué encontraron en el pueblo?

—Un espectáculo desagradable, realmente—respondió Shino, áspero en su descripción—. La ciudad fue aplastada por una fuerza peligrosa que no supimos de donde venía, posiblemente un ataque terrorista. Las casas estaban prácticamente destrozadas y los cuerpos de personas mayores arrojados a la fuerza de algo desconocido. Pero eso sí, el olor de su putrefacción era muy fuerte y Kiba, que tiene el sentido del olfato agudizado, vomitó.

—Shino. ¡No era necesario que mencionaras eso!

—Es verdad.

—Pero no lo digas. Qué asco.

—Como iba diciendo, Hinata. Los hombres de tu Clan, incluso tu padre y Neji, porque a tu hermana no le permitieron ir, recorrieron el sector con el Byakugan activo, pero no te hallaron. Ni siquiera entre los cadáveres. Así que concluyeron dos cosas: si no estabas allí, debías estar viva o desaparecida. Si estabas viva y a salvo, y no te habías aparecido en la Hoja, es porque habías decidido traicionar a tu Aldea. Eso, o que estuvieras muerta, ya fuera porque moriste por causas inexactas o por algún enemigo que haya planeado la matanza de Kawarimi para secuestrarte, quitarte los ojos y votarte. Sería un enemigo muy poderoso, por toda la destrucción manifestada. Aunque también sería una razón importante para… entrar a la guerra. Atacar a la heredera de un Clan como el Hyūga para robarle sus ojos y robar sus secretos en un cuerpo impuro, es imperdonable, palabras de tu padre. —Shino soltó un suspiro, opacado por sus enormes ropas con cuello—. En todo caso, como heredera de un Clan noble como el Hyūga, los dos tipos de muertes eran indignas. Pero de cualquier manera los altos mandos de tu Clan debían pensar que no servirías sin ojos, por lo que, independiente de tu… estado; Hinata Hyūga ya no sería Hinata Hyūga. Lo acaban de demostrar una vez se corrió el rumor en la Aldea de que estabas viva. Todos están esperando verte, incluso tu Clan, pero…

—Un Hyūga sin ojos no es importante—terminó Hinata para apresurar su humillación, dentro del orgullo escondido de su sangre.

—Para ellos, no mucho—dijo Shino con tono neutral, para no traicionar a su voz de compasión. Así pensó Hinata cuando lo escuchó hablar. Sintió que los músculos le eran frágiles a merced de sus miradas llenas de pena—. Eres prácticamente una ignota.

—Shino, ya cállate—despotricó Kiba de su palabra con un gruñido—. Deja de decir esas mierdas a Hinata.

—No se preocupen. —Esa era la manera arcaica de Hinata para manejar sus sentimientos. Con unas palabras firmes pero quebradizas como el cristal, y la boca muy apretada. Entonces a Kiba y a Shino les quedó claro que mentía con su petición porque ambos le pusieron las manos a los hombros y apretaron en gestos mudos de apoyo. Y como si quisiera unirse a la ecuación, Akamaru, el perrito de Kiba, aulló con pena. Entonces Hinata se acomodó nuevamente y lo acarició contra sí con una tímida sonrisa.

—Gracias—dijo esa palabra con una naturalidad que viene de un despliegue inconsciente—. Kiba-kun, Shino-kun.

—No hay de qué—le respondió Kiba con afecto, porque Shino no dijo nada—. Eres nuestra amiga y sabes que te tenemos aprecio…

—Kiba tiene razón, Hinata. Te apreciamos—terció Shino, intentando ser más emocional. Era un impulso natural pero en él era tan desacostumbrado ese tipo de comentarios que debía estar algo incómodo—. Y lo que haya pasado todos estos meses nos lo puedes confiar. Sea lo que sea que haya pasado te escucharemos y te protegeremos si la Hokage decide hacer medidas contra ti.

—¿Medidas?

—Shino, ¿realmente tienes que arruinar todos los momentos emotivos?—repuso Kiba de mal talante.

—Lo lamento. Pero Hinata debe saber que estamos para ella.

Hinata llevó su mano a la suya, y cubrió con gentileza la palma pálida de Shino Aburame, su compañero. No, de su amigo. Fue un momento especial del equipo 8, en el cual los lazos de amigos se potencializaron y se convirtieron en algo más grande, sin saber si había un nombre referente a ello. Sin embargo, parecieron traspasar otra barrera de su corazón.

—Lo sé, y muchas gracias. —No quería pensar en los cargos que se le imputarían, en la desconfianza con la que se la trataría, y en la vergüenza de visitar su Clan una vez se dieran cuenta que la razón por la que vivía era por la misericordia escasa de un renegado rubio, demente de las explosiones, y fanático de un estilo de arte extremista, que le quitó los ojos pero la mantuvo consigo; sin saber, por su memoria perdida, de que era su prisionera. Tragó grueso e inhaló profundo. En el interior, Hinata Hyūga creía tener algo de carácter. Poco, pero al menos el necesario para no descomponerse como la calma en plena guerra— ¿Pero me creerían si les contara la verdad, la historia completa?

—¿Por quién nos tomas?—exclamó Kiba sentándose en el borde de su camilla para escuchar el relato, apartando la mano de su hombro debido a la acción y, simultáneamente, sus inseguridades y desconfianzas— ¡Por supuesto que sí!

Entonces Hinata empezó a contarles desde que tenía seis años y se encontró por primera vez con el señor Vegeta.

***C.D.N.***


Notas de Carolina: Aquí estamos y vinimos para quedarnos "acción reguetonera de la autora Carolina".

No he contado el tiempo desde hace cuanto actualicé, aunque creo que hace más de dos semanas (?). Bueno, ya llegué jaja sigo sonando reguetonera.

Este capítulo me demoró más de lo normal pero siento que quedó corto. Hubiera gustado de poner más cosas pero tampoco quería sobrecargarlo. Además tampoco Hinata ha desarrollado sus poderes como prometí... ¡Bueno, hablando de eso! JessiHyuga es fuckingmente buena adivinando mis intenciones :'( Pero aún así no quería que todo se revelara tan rápido. Sí, tenías razón. La voz era Vegeta y Hinata sí es una saiyajin. Para los demás, sí, también tenían razón, Hinata sí es una Saiyajin. Me ganaron :( ¿Bueno y por qué? ¡Hum! Jajaja. Den sus apuestas.

Leí por ahí que alguien quiere la pareja Kurama-Hinata o.0. O parece una treta para llegar al NaruHina, bueno, en fin... quem sabe

Apesar de la impaciencia que es normal cuando prometo Dragon Ball y no doy mucho de eso. ¡Pues! Bueno, si descuido a los ninjas serán insignificantes para la historia, no podré desarrollar mi harem y ya iríamos a peleas de una, y creo que eso sería aburrido. Además, poniendo un juicio su paciencia, quiero desarrollar a Hinata más en el mundo ninja, aún no le ha pasado nada verdaderamente intenso y no merece llegar a las grandes ligas... O no sé, quiero agregar algo más crudo y violento, pero no me salé qué. ¿Agrego a Danzo a la ecuación?

Agradecimientos:

Guest: Entiendo, NaruHina. Copiado. No lo había recibido antes :p

JessiHyuga: Ya era hora, lo sé. Te dedico 1/5 por ciento del capítulo por el intento xD

HikariHyuga01: Ya apareció uno. ¿Ahora qué más te digo?

Jasd: Lamento por siempre terminar con tus nervios y que me dejes dos comentarios xD. Estaba flojeando, aunque tenía una parte adelantada. Gracias por el apoyo! Es más, cuando recibo el segundo review tuyo, soy como "melda, cuánto me tarde? Debo actualizar pronto" Jaja.

MariaUzumaki: ¡Bah, eso no fue nada! Quiero prepararle más miseria para que ascienda de nivel Jojojo Ya se sabe qué paso en Konoha pero la razón por la que Hiashi y Hanabi no han aparecido es porque están de viaje. Neji sí está y es probable que aparezca el próximo capítulo. Creo. Suelo cambiar mucho de ideas.

Inuyasha: ANDA QUE COMPARTES EL ESPÍRITU 7u7 Lo sé, es que no sé como involucrarlos porque todos los guerreros Z están digamos que en un lugar muy lejano. Sólo Vegeta puede comunicarse con ella y sabe quién es. Y eso tiene una explicación.

DianaMourn: Anda, que me enamoro! Que hermoso, largo y dedicado review. Jamás había tenido un review así. A mi me encanto leerlo, de qué hablas jajaja lo leí varias veces con ojos como platos. Más bien qué pena que tuvieras que escribir tanto *-* Hidiava me caía bien también, incluso su nombre lo inventé relacionado con un dragón, o algo así jojojo. Ya que dices todo eso, vamos a hablar de mis experiencias con eso! *Todos los fans de ésta historia suspiran*

En un inicio Deidara iba a dormir con ella de sólo dormir. Luego ella se iba a ir afuera y pasaría lo demás. Pero pensé, intentando meterme en la piel del personaje, que no sería creíble. Así que terminó quitándole los ojos para sacar alguna ventaja de ella. En una parte alterna como del cuarto capítulo Hinata (que tiene sus ojos) se va de misión con Deidara y lo desea por su instinto (pero tampoco lo considere propio del personaje), pero justamente después de eso se le aparece Wiss para convertirla en su discípula. Sin embargo, el fic fue creado en un inicio para estar orientado al DeiHina solamente. Hinata convencería a Deidara de que existen unas esferas del dragón que cumplen cualquier deseo y ambos recorrerían el mundo, enamorándose en el proceso. Pero eso jamás lo escribí y no hay esa "historia alterna".

El segundo capítulo sí existía ya, sólo que con la versión de "Hinata con ojos". El comentario del que hablas salió natural xD

Gracias. En la versión alterna Itachi no se preocupó por ella. En ésta versión no diré nada para evitar spoilers.

Lo sé, lo sé. Yo también reconocí lo mismo cuando leí tu comentario. Considero que fue porque Hinata aunque los acompañaba no hablaba mucho y en las misiones como tales no iba con ellos. No halle manera de que cruzaran demasiadas palabras. Y considerando la soledad de Sasori pensé que era probable que no le interesaran las demás personas, creo que ni el propio Deidara le interesa. Luego me puse a pensar que él demostró en la serie que a fin de cuentas igual tenía sentimientos, y que podría aprovechar eso. Así que me diste una idea de pareja para Hinata xD Porque se me ocurrió una idea y tal vez la use cuando se reencuentren en el futuro.

Te terminé copiando la frase que usaste para éste capítulo jajaja y sí, con Naruto hubiera dado para OTRA historia alterna.

En cuestión de lo de las esferas me quedaré calladita (es más, ni lo he escrito).

Lo de las termas termales me gustó mucho escribirlo. Se me ocurrió de no sé dónde y sentí que debía darle ese toque gracioso que sólo pasa cuando tienes al berrinchudo Deidara de compañero jaja Con todo y criminal esos momentos cuando estaba digamos con Tobi eran súper chistosos, y aunque Hinata no era tipo burlón otras cosas podían hacer que este par también se divirtiera.

Si hablamos de parejas Saiyajin yo pensaba lo mismo... Pero tocará ver cuál B). El único que no haría sería el de Vegeta-Hinata porque no me trama.

En realidad lo de la bomba fue porque Deidara quería, estaba emocionado y la vaina y dijo: "vamo a explotar este pueblo". Deidara puede que sea el criminal más accesible de Akatsuki (con Itachi y tal vez el propio Kisame) pero tiene un problema obsesivo por las bombas. Por eso reacionó a su emoción con el deseo de explotar algo porque sí. No le interesaba el pueblo y le tembló la voz al dejar a Hinata por la excitación de necesitar hacerlo, no porque se sintiera mal por dejarla. Tomé su arte como cuando alguien que fuma intenta dejar el vicio pero le es muy duro, en especial sí lo hace mucho. La razón por la que no se puede quitar un vicio de súbito o si no la persona parece enloquecer. Así es la situación de Deidara, siente que lo necesita y lo necesita tanto que simplemente lo hace. Y la razón por la que dejó a Hinata en la cueva es porque sabía que no disfrutaría de eso porque conoce sus escrúpulos, y tampoco porque quería que escapara. Sería pues... no creo que preocuparse pero sí tomarse la molestia. Deidara, con todo y la vaina, no está enamorado de ella y no es su amigo. Sólo le tiene cariño.

Jajajaja me han dicho eso varias veces. Shisui a mí también me parece un amor y me gustó su personalidad, así que cuido de sentir qué diría exatamente según su personalidad, para retratarlo bien, porque tengo un shippeo impresionante por él y Hinata. Tal vez aparezca pero sería OTRA historia alterna y creo que todos ya esperan que la trama empiece a adentrarse en terrenos de Dragon Ball Super. Por lo que ni fu ni fa, estoy medio confundida de cómo llevarlo.

No diré nada de hipótesis porque no me gusta arruinar sorpresas, aunque es buena lo admito.

Las preguntas me da flojera pero algunas ya se respondieron aquí. Las demás en otros capítulos. Lo de la misión a corta edad la verdad nunca me lo puse a pensar xD Al principio la justificaba como una prueba del Clan Hyuga para Hinata, pero tendré que sondear los guiones nuevamente haber qué (?).

ÉSTA ES LA RESPUESTA MÁS LARGA QUE HE DEJADO. Si lo leíste todo espero que te gustara.

Pd: Lo de Shisui no se ha revelado pero seguro se hará pronto.

...

Ya escribí tanto que me da flojera hacer propaganda Dragon ball jaja.

¡Veánlo en el próximo capítulo de "Aventuras de otro mundo"! ¡No dejen de leerme!

Pd: Digánme si se está poniendo aburrido, bueno. Si lo adoraron; si lo detestaron. Qué es lo que desearían que pasara ahora, qué haría con los poderes de Hinata, qué pareja además de Naruto quieren, etc. Me contento mucho con su opinión y sus ideas, por más extrañas que sean. Si quieren a los personajes de Dragon Ball qué tipo de circunstancias les gustaría que fuesen. Que si hay torneo, que si viene el kaiosama verde de Dragon Ball Super, Black, que Bills y Wiss. Así podría hacer más enriquecida la bienvenida de los guerreros Z.