Capítulo 7: La Voluntad de Fuego. La Fuerza de la Luz.
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La luz del día se estaba desvaneciendo poco a poco. El destello naranja del sol se reflejaba en el agua formando un reflejo muy hermoso. Las últimas horas del día eran las mejores para disfrutar de la naturaleza. Las copas de los árboles filtraban la luz y sólo dejaban pasar unos tímidos rayos que iluminaban el paisaje que tenía ante sus ojos.
Se sentía libre cuando estaba allí. Se sentía una persona renovada. Su alma se quedaba en paz en aquel rincón.
El día que encontró ese lugar decidió que viviría allí.
Y así lo hizo. Construyó un refugio al que llamaba hogar desde hacía varios años. Una pequeña cabaña de madera sin agua corriente ni electricidad. No era lo más cómodo del mundo pero era lo que más le gustaba.
Su hogar estaba relativamente cerca de Konoha. Aproximadamente le llevaba 1 hora llegar hasta allí. No era fácil de encontrar pues los caminos y senderos estaban bastante alejados. Se encontraba en el corazón del bosque. Cuando llegó allí por primera vez se sorprendió de que existiera algún lugar así. El país del que ella provenía no tenía bosques tan frondosos ni pequeñas lagunas de agua dulce. No fue capaz de acostumbrarse al paisaje durante todos los años que estuvo en Konoha y aún le costaba darse cuenta que había perdido sus raíces y que ahora pertenecía allí. Al País del Fuego.
Se despojó de sus ropas sin ningún miedo o vergüenza. Allí sólo le acompañaba la naturaleza. Aunque la nostalgia y la melancolía estaban siempre presentes con ella. A eso sí se había acostumbrado y había aprendido a combatirlas un poco, a alejarlas de su cabeza. Lo hacía sonriendo. Si el panorama se presentaba oscuro ella dibujaba una sonrisa en su rostro. Como se suele decir, al mal tiempo, buena cara.
Entró en la laguna completamente desnuda. El frío del agua la paralizó por unos instantes. Nadó hasta la otra orilla para desentumecer su cuerpo y su alma. Allí se purificaba. Era su ritual. Allí olvidaba todo lo malo.
Se sentó en el agua y tocó su cuello. Deslizó sus dedos por la fina cadena de plata que rodeaba su garganta. Allí estaba su regalo. Una pequeñísima piedra de forma redonda, totalmente pulida y brillante. Pero ahora no tenía un color definido, era una piedrecita oscura y opaca. Cuando él se la regaló era verde brillante.
Lavó su mente y su cuerpo en el agua fría y salió sintiéndose mejor persona. Sonrió mirando hacia el cielo mientras se secaba. El sol ya había desaparecido tras el horizonte y la luz se había disipado casi por completo.
Era hora de preparar todo lo que necesitaba y poner rumbo a Konoha para comenzar la misión que Tsunade le había encargado. Iba a ser divertido poner a prueba sus habilidades con alguien como Kakashi.
El sol había vuelto a salir en la aldea de la hoja y ya se notaba actividad en sus calles. Los aldeanos atendían sus negocios o se dedicaban a realizar sus tareas cotidianas. El ambiente de la villa en las primeras horas del día era muy animado tanto para aldeanos como para shinobis. Varios equipos se dirigían como de costumbre a cumplir sus misiones.
Kakashi no tenía misiones asignadas esa mañana pero a pesar de lo temprano que era ya estaba preparado y se dirigía hacia el edificio principal para entregar el informe a la Quinta y contarle lo ocurrido durante la misión… y también lo de la misteriosa nota. Estaba muy intranquilo por ese tema pero no tenía ningún miedo. Buscaría una solución y la encontraría.
Caminaba muy atento a su alrededor. Aunque no tenía miedo nunca estaba de más permanecer alerta aunque fuera dentro de Konoha. Si la persona que le buscaba pudo haber dejado la nota dentro de su casa eso significaba que podía estar en la aldea en esos instantes.
Pero a pesar de su estado de alerta no se dio cuenta de que alguien le seguía. Ginko no le perdía de vista. Había observado y vigilado su casa durante toda la noche pero, por suerte, no había ocurrido nada. Ahora sabía hacia dónde se dirigía y ella cambiaba de dirección continuamente para no ser descubierta. Estaba utilizando un Henge y su apariencia no era sospechosa, además había realizado su jutsu de "encubrimiento" que borraba cualquier rastro u olor corporal. Pero a pesar de eso Kakashi era un jonin y si notaba que le estaba siguiendo podía darse cuenta y descubrirla. No era aún el momento de eso.
Una vez que llegaron al edificio y el jonin entró en él, la joven dudó si seguirle. Era peligroso arriesgarse tanto. Decidió quedarse por los alrededores y observar un poco como había evolucionado la vida de la aldea. Estaba segura de que Kakashi se entretendría bastante tiempo explicándole a Tsunade todo y aunque tenía curiosidad por escuchar al hombre prefirió ser prudente. Tsunade se lo contaría en la reunión.
Rodeó el edificio buscando algún cambio pero todo estaba tal y como lo recordaba. Paseó cerca de allí hasta llegar a la biblioteca de Konoha. Tampoco había cambiado en nada. Años antes Ginko había pasado gran parte de su tiempo allí leyendo e investigado sobre técnicas y guerras ninja. La desaparición de su aldea era un tema que la había obsesionado.
Como tenía tiempo de sobra decidió dirigirse hacia el centro de la aldea. Recorrió la mayoría de las calles encontrándose personajes conocidos. Vio a varios jonin que recordaba de sus tiempos de shinobi de Konoha. Le traía muchos recuerdos estar allí. No había vuelto a entrar hasta ese momento desde que se marchó y lo cierto era que echaba de menos todo aquello.
Entró en algunas tiendas para comprar comestibles y otros objetos que le serían útiles. Además así no llamaba demasiado la atención de los transeúntes. No quería parecer sospechosa. Pasó toda la mañana deambulando por Konoha. Volviendo a sitios que le traían muy buenos recuerdos. De vez en cuando pasaba por el edificio central para comprobar si Kakashi seguía allí. Ya era mediodía y el jonin aún no salía.
No tenía intenciones de abandonar la aldea por unos días. Se quedaría allí unos días para poder controlar la situación y luego trazar un plan que le permitiera vigilar desde fuera de la aldea. Pero mientras tanto necesitaba encontrar un lugar donde poder dormir.
Encontró un pequeño hotel en una callejuela cercana a la academia y al apartamento del Hatake, eso le vendría bien a la hora de vigilar ya que podía hacerlo desde la ventana de su habitación. Allí se hospedó como Hitomi Natsuko y reservó una habitación para dos noches. Después cambiaría de apariencia y buscaría otro hotel.
Acomodó sus cosas y guardó lo que había comprado en el armario de la habitación. Un poco de comida y útiles de espionaje, además de armas. Estaba preparada para empezar en serio.
Decidió salir a comer algo fuera. Los alimentos que había comprado eran en mayoría conservados. Latas y bolsas. Le apetecía comer algo más consistente para coger fuerzas para la misión. Al salir del hotel recordó un puesto de ramen que le gustaba mucho y al que solía ir alguna vez con Kakashi. Pudo encontrarlo rápidamente y se alegró de ver que el Ichiraku Ramen tampoco había cambiado. Aunque al principio le costó bastante reconocer a la joven Ayame, había cambiado mucho después de tanto tiempo; aún la recordaba como a una niña de 9 años.
Pidió un ramen de cerdo y verduras hervidas y se perdió ente el vapor de los fideos… ¡qué sabor! Lo tomo despacio saboreándolo. Hacía años que no tenía la oportunidad de comer ramen.
Estaba a mitad de su comida cuando tres chicos jóvenes entraron en el establecimiento y se sentaron no muy lejos de ella. Una chica y dos chicos. Al parecer la integrante femenina del grupo discutía acaloradamente con el rubio por algún motivo desconocido. El otro chico moreno se limitaba a mirar la escena algo divertido. Cuando vio al moreno les reconoció al instante. Eran los alumnos de Kakashi. Por suerte había utilizado el jutsu para borrar su identidad. Estaba convencida de que el chico la reconocería de no ser así.
Decidió quedarse un rato para observarles y conocerles un poco más. Su edad no parecía pasar de los 18 aunque el moreno parecía un poco más mayor que los otros dos. Realmente eran un grupo curioso. La joven parecía un poco gritona aunque se veía en sus ojos que era buena persona. En cuanto al chico rubio… había algo en él que la desconcertaba. Le resultaba extrañamente familiar.
-¡Sakura chan! ¿Por qué eres tan dura conmigo?- preguntó el chico rubio apretando con las dos manos el punto en el que ella le había golpeado.
La chica del pelo rosa simplemente resopló apartando la vista de él y pidió comida para los tres.
En cuanto vio la comida al accidentado se le olvidó el dolor de cabeza y todo lo demás; se lanzó hacia el bol de ramen como quien no ha comido en dos semanas. Sus dos compañeros sonrieron levemente al verle. Debía de ser una costumbre suya al parecer.
La conversación que siguió no tenía nada de interesante para Ginko. Hablaban de compañeros suyos y recordaban alguna anécdota graciosa de misiones anteriores, pero no decían nada que pudiera interesarle a ella. Esperaba que hablaran de su sensei o de la misión que habían tenido en Kumo pero no fue así.
Al cabo de un rato de oír un montón de cosas sin sentido para ella decidió pagar la comida y se dispuso a marcharse. Cuando se levantó del asiento y puso rumbo al despacho de Tsunade oyó algo que le hizo quedarse parada. Oyó algo que activó el mecanismo de su memoria.
- ¡Deja de quejarte Naruto! Y date prisa que tenemos que ir a ver a Shikamaru…
Naruto… ella ya había oído ese nombre antes. Lo recordaba perfectamente. Era el niño del Kyuubi. El hijo de Minato y Kushina…
**FLASHBACK**
Llegaba un poco tarde. El Hokage la había llamado para realizar una misión al parecer y eso no le hacía mucha gracia. No estaba en su mejor momento.
Después de correr unos minutos llegó al edificio y subió a toda velocidad las escaleras. Por el camino se cruzó con Izumo cargado con una montaña de papeles y casi le atropella. Pidió disculpas sin dejar de correr y por fin llegó al despacho.
- Ginko, llegas un poco tarde.
- Lo siento Hokage-sama. He venido en cuanto he podido.- respondió intentando recuperar el aliento. Entonces vio allí a un niño pequeño. No tendría más de 5 o 6 años y estaba allí, jugando en el despacho del Hokage.
Ginko miró al hombre sin comprender y queriendo preguntar quién era el crio pero no se atrevió. Probablemente no era de su incumbencia.
- Este niño es Naruto,- le contestó como si hubiera leído su pensamiento- Naruto, ella se llama Ginko.- dijo dirigiéndose ahora al niño.
- Hola.- Dijo el crio sin apartar la vista de algún punto frente a él. Parecía muy concentrado.
Ella se quedó sorprendida. Al momento creyó comprender quién era el niño.
- ¿Es…?- comenzó a preguntar intentando escoger las palabras. No quería decir nada que pudiera herir al chaval.
- Si, es él.- sentenció el tercero afirmando con la cabeza.
Ginko miró al niño muy pensativa. Era el hijo del cuarto. No pudo evitar que la imagen del Kyuubi apareciera en su mente al verle. Todo el mundo sabía lo que el pobre chiquillo tenía dentro y a ella personalmente le daba pena ver a un niño tan pequeño y tan solo.
No quiso preguntar más al respecto y se interesó por la misión que tenía que realizar. El Hokage entonces bajó un poco la cabeza como si se sintiera algo avergonzado.
- Ginko, sé que no estás en tu mejor momento pero no hay más ninjas disponibles. Es una misión sencilla, no te presentará ninguna compli…
- Con todo el respeto Hokage-sama, no estoy enferma, puedo realizar las misiones habituales.- interrumpió la joven algo molesta pero calmadamente por la actitud del hombre.
- Sé que tu cuerpo está bien. Pero tu alma ha recibido un golpe muy fuerte.
La chica se quedó en silencio al escuchar las palabras del Hokage. Aunque tenía toda la razón no iba a dejar que eso influyera en su rendimiento como ninja. Pero no pudo evitar que una lágrima solitaria resbalara por su mejilla delatando su dolor.
- Ginko, la tristeza no es sinónimo de debilidad. Tienes todo el derecho de sentirte así pero no dejes que eso te hunda. Llevas en ti el espíritu de Akarigakure y no puedes perderlo nunca.- dijo el anciano con voz tranquila y sincera.
- Ahora mi sitio está aquí Hokage-sama. Hace siete años que llegué a Konoha.- explicó la chica creyendo que el tercero lo había olvidado.
- Eso también lo sé. Eres parte de Konoha y llevas en ti la voluntad del Fuego, pero no olvides que es tu interior tienes la fuerza de la Luz. No olvides nunca tus raíces. Son lo único que queda que tu aldea.
La chica sólo asintió con la cabeza un poco más animada por las palabras del hombre. Que poco se parecía a Minato… pero que buena persona era. Seguramente uno de los mejores Hokages que la aldea de la hoja vería en muchos años.
Tomó el pergamino de la misión y salió de allí pensando en lo ocurrido la noche anterior y en la conversación que acababa de mantener con el ninja más poderoso de Konoha y el más sabio a su parecer. "La Fuerza de la Luz"… le gustaba. No estaba dispuesta a perderla.
**FIN DEL FLASHBACK**
Naruto… se parecía mucho a su padre; no sabía cómo no se había dado cuenta antes. Miró un instante más a los tres chicos y desapareció hacia el edificio principal. Era hora de comprobar si Kakashi había terminado.
Se cruzó con Tsunade de camino hacia allí. Eso significaba que el jonin ya estaba fuera. Apresuró el paso para no perderle la pista, si lo hacía podría ser difícil encontrarle.
Pero no hizo falta. Fue enorme su sorpresa cuando vio a Kakashi en la puerta del edificio hablando con una mujer. Su cara se ruborizó un poco al verles charlar animadamente pero se tranquilizó a sí misma.
"Es una kunoichi y tiene pinta de ser jonin, pueden estar hablando de asuntos de trabajo… no hay que sacar las cosas de quicio…"
Se acercó más sin dejar de mirarles ni un segundo. No podía evitar pensar en lo peor. Pero no tenía derecho a estar celosa. Al fin y al cabo sólo estaban hablando y técnicamente ella le había abandonado años atrás…
Pero su preocupación pasó a ira cuando vio como ella se acercaba a él y posaba una mano en su pecho sin dejar de sonreírle. Claramente estaba coqueteando con él.
Se escondió en un callejón cercano para poder observar la escena. ¿Y si Kakashi había rehecho su vida? Ella no tenía ningún derecho de aparecer de la noche a la mañana después de siete años… pero deseaba que sólo fuera un juego de la maldita mujer. Tampoco parecía que Kakashi la correspondiera. Él mantenía su semblante medio serio medio apacible pero no daba demasiadas muestras de interés. Si pudiera escuchar lo que decían…
Cada minuto que pasaba ella parecía más interesada en Kakashi y se notaba a la legua que no estaban hablando de ninguna misión. Cada vez estaba más furiosa y tenía ganas de ir hasta ellos y decirle algo a la mujer. Pero no podía. Y esa impotencia era lo peor.
Pero al cabo de un rato Kakashi se separó de ella y la despidió con un gesto de la mano. Después cada uno siguió por su camino.
A pesar de eso seguía preocupada. No se le había ocurrido que después de tanto tiempo podía tener competencia. Era lo más lógico pero aún así dolía. Decidió que cuando terminara de vigilar a Kakashi investigaría a esa mujer. Quería saber más sobre ella.
Siguió al jonin utilizando la misma técnica que esa mañana. No se dirigió a su casa como ella esperaba si no que caminó hacia el Oeste de la villa. Iba muy tranquilo, con las manos en los bolsillos, ni siquiera había sacado su libro.
Después de unos minutos de seguimiento llegaron al lugar al que se dirigía el peliplateado. El monumento a los ninjas caídos. La roca negra. Ginko se sintió un poco mal. Sabía que cuando Kakashi iba allí, que era casi todos los días, era porque pensaba en Obito, en su padre, en Minato… en toda la gente que había perdido. La escena era bastante triste.
El jonin mantenía aún las manos en los bolsillos y la cabeza un poco agachada, como si estuviera leyendo los innumerables nombres que había escritos allí. Aunque no podía verle la cara sabía que estaba sonriendo bajo su máscara. Siempre lo hacía.
La kunoichi sintió el impulso de correr hasta él y abrazarle. Decirle que no estaba solo. Pero no podía. Algo en su interior la retenía. Era una lucha eterna entre la cabeza y el corazón. Sonrió abiertamente para defenderse de la tristeza. Se identificó con el shinobi que tenía ante ella y recordó a todos los que había conocido en Konoha y que ya no estaban. Obito, Rin, Minato, Kushina, Sarutobi, Asuma, Jiraiya… volvió a sonreír al recordarles. Eran héroes y habían llevado la voluntad de Fuego hasta el final. No habían abandonado nunca ni se habían rendido.
Ahora los que estaban vivos tenían que continuar su historia. Tenían que conseguir que todas esas muertes no fuesen en vano. El Fuego estaba presente en ellos.
Pasó más de una hora y Kakashi permanecía allí inmóvil. Era casi un ritual en su vida. Visitar a todos sus seres queridos.
No tenía ninguna prisa. Podría pasarse todo el día observándole allí. Pero llegó el momento de irse. Kakashi levantó la cabeza y se dio la vuelta para marcharse. Ella siguió escondida hasta que el jonin desapareció de su vista pero no le persiguió. Hizo lo mismo que había hecho él, caminó hasta quedar frente al monumento y allí permaneció unos instantes como solía hacer años atrás. Acercó su mano a la roca y pasó la yema de sus dedos por todos esos nombres. Como si así pudiera absorber un poco del espíritu de cada uno de ellos. Así le daban fuerza para continuar.
Se alejó de allí con paso lento. Hora de encontrar a Kakashi. No había ningún rastro de él. No pudo encontrarle en su apartamento ni en el despacho de la Hokage, ni en el centro… no estaba en ningún sitio. ¡Había desaparecido¡
"A menos que…" pensó para sí misma. Ese lugar era el último en el que buscaría pero… había una remota probabilidad de que estuviera allí.
Y allí estaba. Con su misma postura de siempre. Despreocupado y alegre. Pero aún así solo.
Esa fue la única prueba que necesitaba para saber que no la había olvidado. Seguía en su mente.
El joven jonin se había quedado de pie frente a un árbol. Estaban cerca de uno de los campos de entrenamiento. El árbol era muy grande y frondoso. Un árbol centenario. Y tenía una inscripción en su tronco. "G. K. A. S." la chica quiso soltar una carcajada de felicidad.
Kakashi pasó su mano por las marcas del árbol como ella lo había hecho minutos antes con los nombres de los shinobis. Le observó escondida, embelesada y perdida entre sus recuerdos.
Él se sentó al pie del árbol y sacó su libro. Pero no leyó. De una de las tapas sacó un sobre. Después dejó el libro a un lado de su cuerpo y abrió el sobre. Un papel y un anillo.
Ginko alzó su mano derecha y observó el anillo que llevaba en el dedo anular. Allí estaba la pareja del que llevaba el jonin. De plata muy brillante con una "K" grabada. La sonrisa no abandonó su rostro en todo el tiempo que estuvo allí. Kakashi leía y releía el papel que tenía entre sus manos. Su carta de despedida. Había querido olvidar todo lo que puso en ella. Quería borrar ese pasaje de su vida pero no era posible. Aún después de siete años recordaba a la perfección cada frase que rezaba la carta.
"Aunque esté lejos de aquí mi alma siempre estará contigo Kakashi Hatake, Ai shiteru"
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Buenas tardes! Capítulo un poco sentimental entre los protagonistas ¿Que tal ha estado? Me parece que la historia avanza a un ritmo un poco lento pero bueno, dentro de poco se revelarán datos más importantes. He hecho cambios temporales en todos los capítulos porque no me cuadraban las fechas pero ya está todo arreglado.
Bueno, espero tener opiniones del cap y de la historia en general pero siendo sincera me estoy desanimando un poco de escribir la historia porque apenas tengo reviews! pero bueno, tengo que mandarle un abrazo enoorme a Pichicoy y darle las gracias por leerle y por sus reviews! Gracias tambien a los que leen y no dejan review de todas formas ^^
Bueno, es posible que pronto la historia de un giro algo brusco pero aún no sé como lo enfocaré. Otra cosa más. Estaba pensando en hacer otro fic que cuente la historia de Ginko y Kakashi antes de que ella se marchara. Como se conocieron y todo lo demás. ¿Que creeis que será mejor, escribirlo todo aqui o dividirlo en dos fics?
Con un fuerte abrazo de despido hasta el proximo capitulo!
Aiko!
