Hola a todos! Espero que estén teniendo un buen viernes yo traigo el séptimo capítulo de este fanfic, muchas gracias por seguir aquí a pesar de que todo esto sucede con una lentitud dolorosa, :3 jajaja, muy bien, contestaré un par de preguntas:
Respecto a si estoy basándome en la relación de Maléfica y Aurora de Angelina Jolie: Bueno, realmente es un honor estar si quiera pareciéndome un poco a una historia tan increíblemente dulce y tierna, me siento increíblemente honrada aunque esa historia no acaba en amor para Aurora y Maléfica y yo me sentiría muy triste, como autora o lectora si no sucediera SwanQueen :3 Si esta historia se parece a la relación en "Maléficent", lamentablemente para mi, no será por mucho tiempo.
Respecto a cuántos capítulos van a ser: tengo en mente entre treinta y cuarenta así que pueden estar tranquilos, no creo que lleguemos al capítulo treinta (por que no serán tantos) y aún no haya SQ, sin embargo nada es seguro porque actualmente estoy trabajando en el capítulo dieciocho y aún se hacen un tontas entre ellas.
Capítulo 7:
La hija de Blancanieves.
-Emma, por el cariño que me tienes deja de correr. -La reina le perseguía por entre las habitaciones de la planta baja, por el pasto y finalmente el camino de piedras.
-¡Regina, corre!-Gritaba la niña entrando a los establos con una amplia sonrisa que dejaba ver un par de huecos donde solían estar sus dientes de leche. -...¡Es trampa! -Exclamó al verla junto a su caballo.
La risa de la reina no se hizo esperar mientras acomodaba la silla en el caballo dorado de Emma.
-No se puede usar magia para ganar una carrera. -Molesta se subió en el banquillo y empezó a ayudarla a cerrar las hebillas de la silla.
-Ibas demasiado rápido cariño, las reinas no se deben agitar.
-Nunca quiero ser reina, siempre voy a correr.
-No tengo ninguna duda ante el hecho de que eres la excepción a la regla, ¿Ya decidiste un nombre para tu caballo? Tienes ya más de seis meses con ella y ya utilizaste "campanita", "pelusa", "guerrero", "Caballo de Emma" y el hecho de que hayas pasado de "Rayo de sol" a "Rocinante dos" me tiene preocupada.
-Deja en paz a Rocinante dos. -Se quejó la niña aún con sus mejillas rojas y la sonrisa presente.
-No tiene sentido... -Se disponía a continuar cuando un ruido metálico se escuchó en las puertas de madera y Graham apareció.
-Su majestad, princesa, disculpen la interrupción, acaba de llegar el mensajero del Rey Midas, es sobre una reunión urgente respecto al tratado de tributo.
La reina lo miró y por un instante pareció dudar. -Lo siento cariño, no podremos salir el día de hoy, ¿Podrás disculparme?
-¡Pero Regina...! -Se quejó molesta con las manos apretadas contra su cuerpo en una rabieta.
-Emma, vuelve al palacio en este instante si no quieres que te haga aparecer en tus habitaciones. -No podía tolerar que se le viera siendo flexible con sus deseos y la niña le miró con rencor mientras salía por el camino de piedra, el pasto y finalmente al palacio; odiaba cuando la amenazaba con magia y odiaba cuando cancelaba sólo porque tenía "asuntos" como reina, lo odiaba, ser reina no se encontraba para nada entre sus ambiciones, además, ¿Qué tenía de especial serlo? Regina debía relajarse.
-Em, creí que ibas a montar. -Chip detenía a Lucifer con ambas manos mientras le ponía un moño en la cintura.
-¿Qué haces? no debemos molestar a Lucifer, él es bueno... Tal vez, tan bueno como un gato que no lo intenta puede serlo. -Expresó quitándoselo de los brazos y liberándole del amarre. -La reina tiene un no sé qué, no sé dónde y no me va a llevar hoy, da igual, ¿Quieres ir a buscar frutas en los arboles? Podemos pedirle a Anastasia que nos haga una tarta.
-¡Seguro! Sólo debo avisarle a mi mamá, me pidió que le ayudara, creíamos que no ibas a estar.
Emma le observo con detenimiento -¿Te molesta hacer cosas así?
-No, cuando trabajas tienes para comer y para comprar cosas, todos en el palacio trabajan, menos tú, floja. -Le dijo y corrió con fuerza mientras reía.
-¡Yo no soy floja! -Lo persiguió por las escaleras de mármol y los pasillos. -¡Yo hago cosas!
-¿Ah sí? ¿Qué cosas? -Quiso saber aún caminando de prisa hasta las habitaciones de Emma.
-Paso la tarde entera leyendo cosas sobre números y letras y amarrada la clase de modales.
-Chip, no molestes a Emma, hace cosas diferentes; no dejes que te haga sentir mal, corazón, ¿Qué haces aquí? Creímos que saldrías.
-La reina tenía un no sé qué, no sé dónde. –Explicó a la señora Potts con desánimo.
-Oh... Esos "No sé qué", lo siento mucho. -La mujer le acarició ambas mejillas y con una sonrisa le acomodó el broche en el cabello.
-Emma quiere ir a recoger frutas a los jardines, mamá, ¿Está bien?
-Claro hijo, enseguida los alcanzo, Emma por favor no atormentes mucho a Chip entrando a los manzanos.
La niña sonrió con picardía, a veces la impresionaba como los adultos le daban tantas ideas para portarse mal, sin embargo debía cumplir la promesa de portarse bien cuando Regina no estaba por lo que desechó la idea de momento, de cualquier forma ya tenía planes y el camino a los jardines era su preferido, atravesaban la planta baja del lado opuesto a los establos, pasaban por la que era la habitación en que la reina la hacía estudiar por las tardes y tras una puerta de madera quedaban los jardines en todo su esplendor, árboles frutales, flores, fuentes... tomó una pequeña canasta junto a la puerta y caminó tomando duraznos de las ramas más bajas y continuó directo a los arbustos de moras, había de todo tipo, pero le gustaban más las que eran color rojo y con Chip a su lado, no tardaron mucho en llenar la canasta y acabar en el suelo, comiendo su cosecha.
Los jardines tenían todo para ser su lugar favorito sin embargo ella prefería el bosque, árboles que tapaban el cielo y hierba sin orden por todos lados.
-Deberíamos salir del palacio, Chip. -La niña estaba sentada en el pasto y quitándoles la tierra con su abrigo a unas fresas.
-Oh no, yo sé que te gusta la aventura y te emociona mucho poder hacer lo que te plazca, pero yo no voy a permitir que salgas de aquí si la reina no lo permite.
-No sé por qué le tienes miedo.
-No le tengo miedo, mi madre y yo le debemos mucho, ella nos salvó de un monstruo. -Se sentó a su lado y sacudió de su cabello cenizo unas cuantas hojas y ramas antes de continuar. -Ese monstruo nos tuvo años convertidos en un juego de té, yo era una taza y la reina no lo quiere ver así pero nos salvó, nos trajo al palacio para que pasáramos tiempo contigo y yo la respeto y no voy a romper sus reglas, le debo la vida, la mía y la de mi madre.
-¿Es en serio?
-No te mentiría, Em.
-¿Regina es buena? -Preguntó sintiendo como el enojo que tenía hacia ella por no haber podido montar desaparecía por completo.
-Lo es con nosotros, bueno cuando no está muy enojada y definitivamente lo es contigo, pero bueno, eres su hija, o algo así.
Emma soltó una carcajada y casi se ahoga con un bocado de fresa. -No soy hija de Regina. -dijo tosiendo, mirando los ojos marrones y escépticos de su amigo. -¡Es en serio!
-¿Entonces que eres de ella?
-Mh... No lo se, es mi amiga, es como tú pero adulta.
-¿Y tus padres? -Quiso saber lo que hizo que Emma guardara silencio y tratara de recordar si algún día había sentido como que le faltaban padres.
-Nunca he preguntado, no es importante... Supongo. -Le hizo saber y se puso de pie. -Voy a... Ya no quiero estar contigo hoy, voy a la cocina. -Declaró e hizo el camino de vuelta a la cocina con su canasta, tratando de recordar si alguna vez eso le había importado antes, Chip tenía mamá y ella no...
En sus cavilaciones Emma tropezaba a cada paso y al entrar justo a tiempo Anastasia la tomó del brazo.-Alguien esta distraída hoy, señorita, ¿Qué maldad quieres hacer hoy en mi cocina?
-Tengo fruta para tarta ¿Tú tienes mamá? -Su voz sonaba casual, como si acabara de pedir una cucharada de azúcar.
-Tengo una mamá, sí, trabaja bajo el servicio de la reina Aurora, en el sur. ¿Quieres que la tarta tenga la fruta dentro o como decoración.
-Adentro y como decoración. -Dijo mientras utilizaba una silla para subir y sentarse en la barra de mármol donde Anastasia cortaba y picaba los alimentos. -¿Yo tengo mamá?
Vio venir la pregunta incluso antes de que saliera de su boca sin embargo sabía que ese tipo de conversaciones no las podía tener con ella, la reina se molestaría.
-Todos tienen mamá en algún punto de la vida, Emma, pero no sé quién es la tuya, llegaste con la reina cuando eras del tamaño de... Este costal de azúcar. -Dijo poniéndolo en sus brazos y obsequiándole la primera sonrisa sincera. -Deberías hacerle esas preguntas a su majestad.
-No lo sé, tal vez, de seguro no es importante. -Trató de sonreír y dejó el costal de azúcar a un lado.- ¿Cómo es tú mamá?
Anastasia empezó a mezclar la harina y los huevos mientras pensaba en una respuesta. -Bueno, se parece a Drizella, ya sabes, tiene el pelo oscuro como ella, pero es bastante irritable e impaciente como yo y es vieja.
Emma miró a la mujer pelirroja y trató de imaginarla siendo hija de alguien como veía a Chip con su madre.
-¿Y por qué vives lejos de ella?
-Bueno, no tengo por qué pasar cada día de mi vida a su lado, soy una mujer adulta, estoy cómoda aquí.
La pequeña se mantuvo pensativa, sin decir nada mas y observando como las frutas en trocitos se mezclaban con la masa. Se preguntaba si su mamá tendría el pelo rubio, tal como el de ella o si sus ojos serían verdes, si era alta o bajita, incluso podría ser malvada, ¿Le gustaría montar a caballo?... El resto del día se mantuvo en la idea, pensando cómo abordar el tema, queriendo descifrar si importaba o no y si la respuesta llegaría a ser de su agrado.
-Regina... - hablo mientras la reina amarraba sus hombros a la silla; había vuelto de su reunión hacía apenas media hora y un tanto preocupada por haberla dejado sola en la mañana se dispuso de inmediato a seguir con el orden del día: modales a la mesa.
-¿Si querida? ¿Está apretado?
-No, solo tengo una pregunta... Creo.
-Anastasia, puedes traer el té. -Pidió en voz alta. -Claro querida, haz tu pregunta. - Indicó sentándose a su lado.
-¿Por qué yo no tengo mamá y Chip si? Yo soy... una princesa... Creo y él es solo un niño.
La reina le dedicó una mirada que no supo entender ¿Dolor? ¿Enojo? ¿Decepción?... Y se arrepintió por completo de haber hablado.
-El hecho de que seas una princesa no te hace especial y el hecho de que creas que mereces una madre por eso te vuelve una niña odiosa, odiosa es lo que eres por dejar salir esos pensamientos. -Era la primera vez que la semejanza de Emma con su madre la sacaba de quicio y la pequeña, por primera vez fue víctima de los fantasmas en el pasado de la reina.
-Lo siento, no quise decir...
-Oh querida, eso fue exactamente lo que quisiste decir. -dijo mientras servía tres tazas de té y continuaba. -Según su claridad y el tipo de hierba, deberás decidir si bebes el té solo, con miel, con limón o con leche, si utilizas azúcar o no y qué tipo de galletas debes comer, si serán de frutas o nueces, emparedados salados o vegetales y qué temperatura para cada uno. Este es un té negro, se bebe con leche, por eso debe estar muy caliente, el contacto con la leche lo enfría un poco y nadie quiere un té frio. -Explicó entregándole el cernidor para que ella colocara leche al gusto. -Sabes bien que estás amarrada a la silla porque las personas educadas no se inclinan a la mesa ni suben los codos, así que debes hacer que llegue la taza a tus labios sin derramar nada.
Emma se dispuso a obedecer y con la mano temblorosa logró beber de la taza solo con unas cuantas gotas sobre el vestido, su mirada verdosa lucía avergonzada y húmeda ante el previo comentario de la reina
-Bien... Trata de no mojarte en el siguiente trago y te contaré sobre tu madre y tu padre. -Maléfica le había advertido que eso pasaría y tal vez era momento de probar la honestidad.
Emma abrió grandes los ojos, no podía creer lo que acababa de escuchar y aguantando la respiración, bebió limpiamente y sin demora haciendo sonreír a la reina... esas sonrisas fugaces que le regalaba hacían ver que el temor que propinaba era mera apariencia.
-¿Así?
-Bueno, -respiró tratando de encontrar las palabras- tú madre es una princesa, su nombre es Blancanieves -hacía tanto que ni siquiera le pensaba. -y digamos que ella y yo no somos amigas.
-De seguro no te conoce bien... ¿Por qué no me visita? ¿No me quiere?
La reina rio y suspiró con fuerza, no quería mentirle, no quería que la odiara.
-Tu madre te ama tanto que estoy segura de que está haciendo todo lo posible por venirte a ver, eres muy chica para entender toda la historia, pero te la contaré... tú sabes que no soy buena persona, ¿Verdad Emma?
La piel de la pequeña se estremecía al escuchar su nombre con seriedad viniendo de la reina. -Yo no pienso que seas mala.
-Bueno, tu madre sabe que lo soy, somos enemigas, enemigas de las que se dicen cosas malas y se atacan incluso de las que se lastiman mucho, a ella le corresponde el reino por herencia y... a mí por matrimonio, más tarde te explicaré esa parte, al inicio ninguna de las dos teníamos pensado ceder, ella... La gente dice que ella es muy buena, todos la amaban y yo como reina malvada ciertamente era menos deseable, por lo que sé, tal vez antes de que tu nacieras llegó al punto en que ella ya no quería pelear y desapareció por completo yo la busqué por todas partes.
-¿Cómo cuando me perdí en invierno?
Era increíble como para Emma era imposible concebirle en su maldad. -Sólo que a ella no la buscaba para salvarla, cariño, yo no iba a dejarla vivir en paz, ¿Sabes? Hacía que todos la buscaran como si fuera un criminal, esta parte no la tengo completamente clara pero pidió ayuda a las hadas para hacer un hechizo y salir de este mundo, lo más lejos de mi posible. No sé con seguridad qué pasó pero el hechizo no fue lo que esperaban porque solo transporto a tu padre y a tu madre. Yo te encontré la mañana que estaba decidida a acabarlos, llegué tarde para capturarlos pero justo a tiempo para traerte conmigo y desde entonces aquí estás.
-Mi mamá estará tan feliz de ver que eres buena. -Dijo con una tímida sonrisa que mostraba con claridad los dos dientes de leche faltantes.
-Oh Patito, yo no estaría tan segura, somos enemigas, le hice muchas cosas malas.
-Pero me cuidas a mí... Eso es bueno, ¿Cómo es ella?
-Más fastidiosa que tú.
Emma dejó escapar una pequeña risita.-Pero ella, su cara...
Regina jamás pensó que llegaría el momento en que debería describir a detalle a su enemiga. -Encantadora... Sus labios rojos como la sangre, el pelo tan oscuro como el carbón y la piel tan blanca como la nieve. Tienes sus ojos y su barbilla. -Concluyó.
-¿Y tengo papá?
-Claro, el príncipe encantador su nombre es David, él es un guerrero fuerte y valiente, no sé cómo se conocieron solo que él se iba a casar con la hija del rey Midas y bueno... De pronto canceló todo por ir tras tu madre, tal vez eres impulsiva e irreverente por él...y también rubia. Se dice que ellos tienen el más puro amor, como el tipo de amor que rompe maldiciones.
Emma se mordió los labios con emoción.
-Es un amor diferente, Emma, pero sí, se lo que estás pensando, nosotras también podemos hacer eso de romper maldiciones.
-¿Y por qué no puedo jugar en la nieve?
-Cariño, no tientes al destino, no es tan fácil como traerte de vuelta y ya, pasaste muchas semanas delirando, por mi tranquilidad... No insistas.
-Gracias, Regina.
-No he hecho nada.
-Me has salvado desde que soy del tamaño de un costal de azúcar, no eres mala, eres mía.
La reina sintió como su rostro se sonrojaba y ocultándose fallidamente desató a Emma de la silla. -Esta es la peor lección de modales que te he dado jamás, estoy segura de que no escuchaste nada de lo que dije sobre té... Y sólo para que quede claro, tú eres quien es mía.
Emma giró los ojos sin ser vista, decidida a no hacerla enojar más ese día-¿Estuvo bien tu no sé qué, no sé dónde?
-No estoy segura de que sepas que es lo que hice el día de hoy, ni siquiera si te cuento, ¿Quieres que lo intente? -Dijo y ordenó nuevas tazas de té para ambas.
-Sí por favor. -Esto era nuevo.
- ¿Sabes lo que es el tributo al Rey?-La confusión en su rostro fue la respuesta y Regina continuó. -los habitantes de cada reino pagan una porción de sus ganancias al Rey, de esa forma el administra los bienes y los utiliza para realizar mejoras en el reino. ¿Hasta ahí entiendes? -la pregunta de Regina fue dulce, le gustaba introducirle temas que la prepararan para ser reina sin que ella lo notara.
-¿Tú le pagas al Rey?
-Yo soy el Rey... -Observó la cara aún confundida de la niña. -Soy la reina, cariño, cada reino tiene un rey, una reina o ambos, el tributo se paga al palacio, independientemente de quien reine.
-¿Entonces el tributo llega a ti?
-¡Muy bien!, así es. Hay muchos reinos y todos, por común acuerdo solicitan la misma cantidad de tributos, ¿Tienes idea de por qué?
-¿Porque son amigos?
-No necesariamente, se cobra lo mismo para que todos los habitantes se mantengan en su reino sin querer huir a otro dónde el tributo sea menor. En la reunión a la que asistí hoy, la reina Aurora solicitó un aumento de tributos, debido a que... Tuvo problemas con un dragón, nadie antes había solicitado que se aumentaran los tributos y de pronto todos los reyes querían más.
-¿tú también?
-No, ni yo ni el Rey Midas... Pero él tiene una ventaja, todo lo que toca se convierte en oro, literalmente.
Era la primera vez que Emma escuchaba historias sobre otros reinos, dragones y reyes que hacían oro y no deseaba que la conversación acabara nunca.
-¿Y les dijiste que no?
-Les dije que era innecesario ¿Sabes? La reina Aurora puede hablar con ese dragón en cualquier momento y no tendría la necesidad de cobrar una sola moneda de tributo. Pero ella no quiso saber nada y de pronto eran demasiados reyes y reinas queriendo que se aumentara. Dejé que sucediera.
-¿Y eso es malo? ¿Sabías que la mamá de Anastasia y Drizella vive en el palacio de la reina Aurora?
-Claro que lo sé, Lady Tremaine por si sola controla a todo el servicio, cosa que las -bajó la voz- dos inútiles, no logran. -Emma sonrió. -La verdadera incógnita es cómo es que lo sabes tú, tal vez ya estás pasando demasiado tiempo entre cotilleos de la servidumbre, patito. Y respecto a tú otra pregunta, puede que si sea malo aumentar los tributos, deberé ir yo en persona con la guardia real por todo el reino dando aviso y la gente no se pone contenta cuando se entera que debe pagar más.
-¡Oh por favor, déjame ir contigo! -Rogó. -Quiero conocer el reino, quiero conocer personas y dragones y reyes.
Regina sintió una punzada de angustia en el pecho-Eso solo me haría ir más tensa, cariño, no quiero estar cuidándote, prometo venir todas las noches a cenar, además aún tenemos varias reuniones antes de decidir por completo qué tanto van a aumentar los tributos.
-¿Puedo ir a las no sé qué?
-Realmente quieres salir del palacio, ¿Cierto? -Habían pasado casi diez meses desde el escape de Emma y en ese tiempo únicamente había salido a montar un par de veces al mes sin toparse con otra persona, era consciente de que no la podía proteger toda la vida.
-Muero de ganas.
-Muy bien, lo intentaremos una vez y si funciona... No grites, podrás ir conmigo. –Le dijo y la pequeña ahogó un grito de emoción con ambas manos…
