¡Continuamos!
ºBesos a porrón SSº
Palma de la mano.
A Sasuke le costó mucho empezar a dar besos. Pese que para Sakura era algo fácil, siempre y cuando no tuviera que ver con sus labios para él era difícil hasta el gesto que tan fácilmente efectuaba un niño.
Quizás por ese motivo, aunque nunca se lo contaría a nadie, era tan importante aquel primer beso que posó sobre Sakura. Para los demás probablemente fuera una estupidez. Para él no.
Después de todo el daño que había causado y ella, siendo una de las más perjudicadas sentimentalmente, creía que no se merecía tanto contacto. Aunque ella insistiera en que quererle no era algo dañino.
Aquel primer roce fue una tarde de tormenta en su casa. Sakura se había ofrecido para ayudarle con la mudanza de las pocas cosas que había querido llevarse de las ruinas de los Uchiha. La cosa se había terminado en nada pero la tormenta comenzó del mismo modo.
La joven se había ofrecido a hacer la comida, pero cuando se percató que la nevera estaba más vacía que sus estómagos, una demanda al restaurante de abajo, un rato largo de tele y merecido descanso, bastaron para dejarla k.o sobre el sofá.
Sasuke sin embargo, tras frotarse los ojos y beber algo de agua, se quedó mirando por largo rato, preguntándose si estaría haciendo bien en aceptar de ese modo algo que le ofrecían tan gratuitamente. Sakura podía encontrar tipos mejores que él.
Pero algo dentro de él pellizcaba cada vez que ese pensamiento acudía a su mente. Era como si algo dentro de su pecho y vientre quisiera salir. Si hubiera vivido en una película de terror, podría haber pensado en que estaba teniendo problemas con un Alien interior.
Tras meditarlo tanto tiempo, solo llegó a la conclusión de que iba a ser jodidamente molesto si llegaba a suceder algo así. Porque si cerraba los ojos, se veía demasiado capaz de volver a armar una guerra por tal de que no se la quitaran. Aunque comprendiera que era lo mejor.
Suya. Esa era la palabra que lo describía a la perfección.
Se frotó el rostro y buscó una manta en una de las cajas de ropa aún por guardar y se la echó por encima. Sakura se frotó el rostro y encogió más su cuerpo pero no despertó. Su mano derecha quedó fuera de la cobertura de la manta y alargó la mano con deseos de guardarla bajo esta. Mas el contacto fue tan suave y agradable, que se descubrió a sí mismo frotando los pulgares sobre el interior.
Y, lentamente, inclinando su cabeza hasta que sus labios se posaron sobre su piel.
Parpadeó, confuso y luego escondió la mano bajo la manta.
Azorado, se encerró en el baño, como si de un niño travieso se tratara y acabara de hacer la mayor travesura de toda su vida.
Continuará...
