~ [ o ] ~ analepsis

-o- cambio de escenario

-:- cambio de escenario dentro de la analepsis

Beyblade no me pertenece…


Guarda silencio y deja que tu piel me hable…


~oO08( Kinbaku )80Oo~

Por Kiray Himawari

VII

Una semana. Había pasado una semana sin haber recibido una sola llamada. Su estado de ánimo parecía ir empeorando de un mal humor a un simple sentimiento de vacío. Las personas a su alrededor comenzaban a inquietarse por sus acciones, las cuales parecían realmente nulas. Pasaba el tiempo recostado mirando a la simple nada. Tyson le había pedido a Hilary que lo revisara, y ésta así lo hizo. Su salud estaba en perfecto estado, el único dato curioso había sido la facilidad con la que había accedido a la revisión. No hubo protestas, reclamos o insultos, había sido como lidiar con un soldado dispuesto a morir en la guerra; cosa que en verdad consternó a todos.

Intentaron entonces llamar a la única persona que lograba ejercer alguna influencia sobre su amigo, la única persona que había logrado reavivar a su corazón. Desafortunadamente esa persona jamás contestó las llamadas porque ni siquiera habían podido ser procesadas, había sido como si esa misma guerra que acontecía con el bicolor hubiera cortado las vías de comunicación. Tenía una gran necesidad de saber lo que ocurría, de entender lo que había pasado una semana atrás, de comprender cómo es que habían llegado a ese punto. Su bajo nivel de comunicación le había impedido expresar su preocupación una noche antes de partir a Japón, su bajo nivel de comunicación estaba acabando con lo único que tenía y quería

~ [ o ] ~

— Quiero que te vayas. —

Kai buscó en su mirada alguna respuesta…

— ¿Qué? — alcanzó a articular, incrédulo.

— Empaca tus cosas, mañana partes a Japón. —

En su interior crecieron dos emociones; ira y angustia.

— ¿Qué?, ¿por qué? — fueros las únicas preguntas que surgieron en su mente.

Yuriy suspiró y tomó asiento a un lado del bicolor. Llevó sus manos hasta su rostro, frustrado, para enseguida reposar los codos en las rodillas. Miró a la nada en un vano intento de ordenar sus ideas.

— Hace unos meses empezaste a actuar extraño, Kai, — expresó. El bicolor lo miró confundido mientras intentaba prestar atención a cada gesto — pensé que eran ideas mías porque en verdad estaba cansado por el trabajo, pero — hizo una breve pausa para continuar, seguramente eligiendo las palabras correctas —… me di cuenta de que necesitas un respiro, cambiar de aire. —

Ya no sabía que decir, todos aquellos ensayos que había practicado de regreso a casa habían servido de nada. El chico de orbes carmín pasó de mirarlo a los ojos a buscar respuestas en el suelo, como si en verdad aquello fuera posible.

— Te comportas extraño, estás más irritable, incluso hacer el amor pareciera que se ha convertido en sexo, Kai, y eso no me gusta… —

— ¿Perdón? — esas palabras fueron como una daga al corazón.

— Te amo, Kai, y mucho. — él ahora buscó su mirada — Te amo y no quiero verte así, quiero que seas ese bastardo que hace lo que se le place, el que sonríe cuando desea hacerlo, el que me arrastra a la habitación porque quiere que nos abracemos al dormir… Quiero… Quiero que dejes esta angustia, Kai, sé que es difícil para ti mantenerte inactivo, permanecer en casa, salir solo, verme enfadado por los problemas que no tienen nada que ver contigo, quiero que te relajes, que disfrutes un poco con tus amigos y sé que si no te obligo a irte, te quedarás aquí mirándome lidiar con un problema mío — y en este punto el bicolor lo miró inquisitivamente, preocupado.

Yuriy bajó la mirada. No, no quería hablar de ese tema que le asustaba, no en ese momento. Quería aclarar sus ideas, realizar dónde había fallado, en qué momento se había convertido en un egoísta. Kai permaneció en silencio estudiando el rostro afligido del pelirrojo. Le dolía. Le dolía querer decirle lo mucho que lo amaba y lo mucho que deseaba permanecer a su lado en lo que fuera que le estuviera pasando. Pero sus labios eran esclavos de su silencio. Y, mirando la agonía en el rostro ajeno, decidió envolverlo en sus brazos. Yuriy correspondió al abrazo y sintió un nudo en la garganta y un par de lágrimas que amenazaban con salir. Aumentó la fuerza y con ello la emotividad del gesto, no quería dejarlo ir nunca.

Cerraron ambos los ojos y dejaron que el tiempo transcurriera hasta que supieron que era momento de detenerse. Se alejaron lentamente, Kai buscó la mirada del pelirrojo perdida en la nada, así que tomó la decisión de tomar su rostro entre sus manos, estudiarlo y finalmente ladear un poco su rostro y frotar con sencillez sus labios. Se retiró unos cuantos centímetros y habló casi en un susurro,

— No me dejes fuera de esto… — lo miró a los ojos y suplicó.

El nudo en su garganta se contrajo más hasta dejar salir un pequeño gemido de dolor. Tomó sus antebrazos con sus manos y alejó las contrarias de su rostro.

— No, Kai, es algo que a ti no te corresponde, por más que quiera, no te corresponde — habló tan bajo que de no haber sido porque había una atmósfera empapada de silencio no hubiese siquiera escuchado el pasar del vaho emanando de su boca.

Sus manos que habían sostenido su rostro se apoyaron en sus hombros. Siguió buscando una razón para gritarle al pelirrojo, de hacer que su voz fluyera libremente desahogando sus ideas, pero no pudo, simplemente no pudo. Se puso de pie con un poco de dificultad debido al dolor en su recto, tomó la mano de Yuriy y a paso lento y con ayuda del mismo se encaminaron a su habitación. Una vez que alcanzaron la cama y en un gesto mudo el bicolor le pidió que se recostase, entendiendo el mensaje el pelirrojo accedió y se dejó caer al centro, Kai trepó hasta llegar al ruso de ojos azules y lo acurrucó en sus brazos cuando logró inclinarse imitando la postura. Y así permanecieron hasta que el sueño los atrapó, o al menos a uno de ellos.

Al despertar se había encontrado solo en la cama, con una manta cubriendo su figura y un par de maletas junto a la puerta. Había buscado en su rededor sin éxito, por lo que se arregló y se alistó. Tomó las maletas y se dirigió a la sala. Estando allí sintió que la verdad lo golpeaba, debía irse y dejar al pelirrojo lidiando con lo que fuera que le molestara. Suspiró y tomó asiento. Seguramente en cuestión de minutos Ivanov aparecería y, al menos, podría preguntarle lo que estaba pasando.

Sin embargo ese momento jamás llegó. A cambio del pelirrojo sus amigos fueron por él, argumentando que Yuriy los había dejado a cargo. El bicolor se molestó mucho, pero más que enfado era un dolor profundo en el pecho, ¿acaso Yuriy no confiaba en él como para permitirle ayudarle? No, a esas alturas de la vida no podría hacerse el digno, sabía que él mismo había fallado. Kai sabía que su mayor debilidad era la comunicación. Así que con todo su dolor se resignó a continuar su viaje hasta Japón.

~ [ o ] ~

Y allí estaba, una semana y el pelirrojo no se había comunicado ni una sola vez; con mucha renuencia había intentado llamarlo, pero se topó con que el teléfono no estaba en función, el número del móvil había sido deshabilitado y francamente su orgullo le impidió buscarlo en su trabajo; o quizá no era orgullo, sino estupidez.

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Tres semanas y era tiempo de volver. Rusia aguardaba un par de asuntos pendientes, asuntos que todavía no podía entender. Se había roto la cabeza pensando en lo que había pasado en los últimos meses, intentando comprender qué es lo que había hecho para que Yuriy lo hubiese mandado tres semanas lejos de su hogar. Desafortunadamente no había nada que le diera una pista, para Kai todo había estado normal, no había habido discusiones, todo parecía normal ante sus ojos, probablemente lo único que había cambiado era el evento de aquella mañana, evento que no podía recordar sin sentir dos reacciones extrañas en su cuerpo; temor y…

-o-

Tres semanas y no había rastro del pelirrojo. Había intentado llamar a su móvil, sin embargo éste estaba deshabilitado, en el trabajo le habían dicho que Ivanov ya no laboraba allí y al teléfono de su apartamento ni siquiera podían ser completadas las llamadas. Su resentimiento se convirtió en preocupación entonces. Sabía que estaba molesto por lo que había hecho, pero no pudo evitarlo, incluso llegó a pensar que había sido una trampa del destino. Se recostó sobre su cama y entrelazó las manos tras su nuca. Miró el techo y comenzó a pensar en todo lo que había pasado en los últimos años y en cómo había llegado a odiar tanto al bicolor.

Recordaba que desde los tiempos en que todavía estaban en la abadía, un lazo muy fuerte se había formado entre Yuriy y él. Al principio no le molestó en lo más mínimo, ni le prestó atención; había una relación fraternal y punto. Sin embargo, al retorno de Kai para todo aquello del Campeonato Mundial, el pelirrojo dejó a un lado su amistad para dedicar sus miradas al bicolor de ojos carmín. Bryan se sintió molesto porque sus pequeñas conversaciones sobre cosas banales pasaron a ser aburridas charlas acerca de lo sensual que era Kai.

No era de sorprenderse que muchos de los chicos crecidos en la abadía fueran homosexuales, pues era algo casi natural después de haber vivido rodeados únicamente por hombres desde muy temprana edad, así que muchos, incluyendo Boris Valkov, eran identificados como homosexuales. Bryan y Yuriy compartían ese factor también, a diferencia de Spencer e Ian, ambos con tendencias heterosexuales; por ello de vez en cuando ambos, Yuriy y Bryan, comentaban sobre alguna entidad masculina que les atraía de manera sexual.

Con el tiempo, aunque fue poco, Bryan también pudo notar el atractivo de Hiwatari; algo que probablemente cualquier persona con buen gusto, según decían, podía observar. Así el tiempo siguió transcurriendo y Yuriy desarrolló sentimientos sinceros hacia el chico en cuestión, mientras que Bryan sólo mantuvo su gusto a través de algunas acciones voyeristas, tales como espiarlo en las duchas de los gimnasios u hoteles que compartían. El Beyblade había muerto como su actividad principal, pues ya estaban en la adolescencia y las preocupaciones, ya libres del yugo de la abadía, recaían en lo que querían para el futuro.

La amistad, aunque lejana y superflua, se había cultivado entre los rusos y el equipo japonés, por lo que no era raro verlos asistir a reuniones sociales juntos o simplemente acudir a bares para pasar un buen rato. Y justo en una de esas salidas todo había cambiado.

~ [ o ] ~

El bar estaba a punto de cerrar, era casi cuestión de minutos. Kai estaba sentado en un banco alto junto a la barra, en realidad sosteniéndose de la barra, y Bryan estaba a su lado mofándose de su poca resistencia para las bebidas alcohólicas. Llevaban desde la tarde bebiendo juntos, al parecer tenían tan pocas cosas en común que les hacía discutir al grado de no poder dejar de hacerlo. A punto de cerrar y no queriendo quedarse a limpiar, Bryan tomó la decisión de ayudar al chaparrito a salir del lugar, después de todo, Kai parecía lo suficientemente desubicado como para acceder a su oferta.

Caminaron un buen rato acompañados por el frío viento. Nadie se percató de su ausencia por algunas razones como el hecho de que todos estaban tan ebrios como para haber pasado a manos de la inconciencia; y la razón por la que Yuriy no estaba allí auxiliando a su amor platónico, Kai, era porque al pelirrojo le disgustaba tomar en compañía desconocida, le agradaba tomar, pero sólo para pasar una tarde bohemia (algo realmente cursi, según el parecer de Bryan). Así que, de alguna manera, el pelilavanda se sintió en la obligación de averiguar un poco sobre Kai y sus preferencias, las cuales eran enigmáticas para todo el mundo.

Y mientras se dirigían al apartamento de Bryan, ya que no conocía el domicilio de Kai, el chico inició un par de cuestionamientos aprovechando la sinceridad que el alcohol puede propinar. El bicolor contestaba entre balbuceos que en realidad no estaba seguro sobre su sexualidad, incluso le había confesado que había planeado una cita con una joven, hacía unos meses atrás, para intentar experimentar un poco, terminando el encuentro con un labio partido, producto de un puñetazo por parte de la chica. Comentó entre risas estúpidas que la joven ni siquiera estaba "tan buena", de hecho sus palabras claras habían sido: "nunca le encontré atractivo". Así entre tanta plática sin sentido Bryan se dio cuenta que Kai tenía cierta atracción hacia su persona.

Bueno, ¿quién no la tendría? Es decir, Bryan tenía buen trasero, un pectoral bien trabajo, una estatura intimidante y una actitud de bastardo mal parido que le daba un aire singular. Sí, a Kai le parecía atractivo. Y de esa manera es como habían terminado en la cama teniendo sexo. Para Bryan no fue la primera vez, ya había tenido varias experiencias con otros chicos bastante atractivos, pero nadie que le robara el aliento; y Hiwatari no estaba de mal ver. Sin embargo, para Kai fue la primera amarga experiencia. Bryan no era violento, ni agresivo, pero el alcohol le hacía perder un poco de cordura y sus pensamientos sobre el autocontrol regularmente eran lanzados por la ventana y un Hiwatari tan apacible y tan curioso de experimentar encendió su instinto primitivo y terminó con una experiencia bastante traumática para el chico.

~ [ o ] ~

Había cerrado los ojos recordando aquella noche. Podía sentir todavía los dedos de Kai aferrándose a él y sus ojos suplicantes diciéndole que se detuviera. Suspiró, en verdad lamentaba haberlo lastimado, no había sido su intención haberlo dejado casi inválido, y es que el chico no había podido ni siquiera regresar a casa por su propio pie, mucho menos haberle pateado los huevos por semejante ocurrencia de Bryan (y es que el ruso más alto había olvidado aquella regla importante que se debía aplicar a los primerizos en el sexo anal; la preparación del ano). Nunca negó el hecho de que siempre había querido follarse a Kai, pero jamás, después de lo ocurrido le había contado aquello a Yuriy porque justo cuando iba a contarle lo sucedido, así como una confesión por su amor, el pelirrojo había salido con sus sentimientos hacia el bicolor y su "amor del bueno".

Desde aquella vez odio a Kai, lo odio por haberlo hecho sentir culpable, por haberle arrebatado a su amigo y al amor de su vida; lo odió porque fue así como también olvidó que debía buscar su propia felicidad. Tomó su móvil e intentó llamar de nuevo a la casa del pelirrojo; nada. Se puso de pie y buscó algo decente para abrigarse del frío y salió de su apartamento. Caminó con prisa, pues no quería perder más tiempo en estupideces. Al llegar al edificio aspiró hondo como si con ello fuese a ganar fuerzas y entró al lugar. Tocó un par de veces en la puerta marcada con el número quince hasta que una figura familiar abrió.

Allí estaba el pelirrojo con el cabello alborotado, unas ojeras del tamaño del mundo y su piel con un pálido enfermizo. Bryan ahogó un grito por la impresión de ver al siempre elegante y metrosexual Ivanov. Yuriy frunció el ceño y lo miró con un brillo asesino en sus ojos. Y en un intento de romper esa mirada penetrante y mortal, Bryan se dio cuenta que dentro del departamento había toda una revolución; el motivo, una mudanza.

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Había descendido del avión y estaba parado en la sala de espera. En realidad se sentía como el más grande estúpido del universo. Era obvio que Ivanov no iría a recogerlo, así que, con resignación, tomó su equipaje y se dirigió a la salida del aeropuerto. Una vez en la calle hizo una seña con el brazo a un taxi para que se detuviera y fuera su transporte. Lo abordó y le indicó al hombre castaño y delgado que lo llevara a casa. El caminó fue casi eterno y una vez que llegó a su destino un nudo se reavivó en su garganta y otro más en la boca del estómago. Pagó al hombre por el servicio y se paró a admirar lo que había sido su hogar en esos felices años. El nudo en su garganta se hizo más evidente y sintió un dolor en el pecho. ¿Las cosas estarían bien?

No lo iba a saberlo hasta enfrentar al pelirrojo, así que con determinación se adentró al edificio. Una vez delante de la puerta metió la mano izquierda en su bolsillo y sacó las llaves de su morada. Las observó por un instante antes de insertarlas en la cerradura, giró el objeto y al escuchar el "clic", señal de que se había abierto, deslizó la puerta permitiendo una vista que lo dejó en un estado de shock.

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Bryan se había presentado en su casa y la única expresión que se le había ocurrido mostrar era una de resentimiento y decepción, ¿qué otros sentimientos podía tener? Bryan había sido desde siempre su mejor amigo, incluso ambos se habían fijado en el bicolor debido a su físico, la única diferencia es que Yuriy en verdad se había enamorado del chico y ese sentimiento lo llevó a ser una persona paciente, desenvuelta y muy segura de lo que quería. Recordaba que, entre esas cosas curiosas que compartían, había descubierto que Kai tenía cierta atracción hacia su mejor amigo, le había dolido mucho, pero había aceptado el hecho haciéndose a un lado, retirándose, incluso, aquella noche en que Bryan dio un paso falso.

Siempre que pensaba en ello un sentimiento de ira crecía en su interior; celos, posesividad, frustración y envidia eran algunos otros más que lo embargaban. Cuando Kai le había confesado aquello le pidió que no odiara a Bryan, puesto que no tenía la culpa de lo que había pasado, era algo que se dio y en lo que ambos habían estado de acuerdo, que los resultados hubieran sido algo lamentables para él era un punto y aparte, pues no todo el mundo está preparado para lo que implica una vida sexual, la curiosidad lo había llevado a aquello, pero nada más.

Los sentimientos del bicolor se hicieron más nítidos a raíz de ese encuentro, nunca negó que Bryan siempre le había parecido atractivo, pero se trataba de mera atracción sexual, mientras que con Yuriy había un sentimiento de curiosidad entremezclado con respeto y admiración que con el tiempo fue desencadenando amistad, cariño y amor. Cuando pensaba en todo lo que habían pasado antes de irse a vivir juntos y antes de tomar la decisión de ir a vivir a San Petersburgo sentía una gran sonrisa trepar a su rostro. Amaba a Kai, lo amaba porque jamás tuvieron que ser alguien más para llegar a gustarse y quererse; se redescubrían siempre en cualquier aspecto, aspectos tan simples como la comida, los hábitos del sueño, la vestimenta y un montón de cosas que para la mayoría de las personas no tenían sentido.

Suspiró. Estaba confundido y enfadado; herido. Yuriy siempre había sido honesto en todo lo referente a sus pensamientos y sus únicos secretos consistían en el robo de una bufanda del bicolor en el primer campeonato mundial, que aún conservaba en su armario en su caja de recuerdos (algo patético, según Bryan), y ahora ese factor que le había llevado a ese sentimiento. ¿A Kai realmente le gustaba eso? Es decir, no que le molestara que Kai tuviera sus gustos, pero, vaya, no era algo tan normal, era algo extremo, según su punto de vista. Y eso que Yuriy sólo había visto un poco de aquello y le parecía un poco violento, con el mero pensamiento se le enchinaba la piel. Aunque, lo que más le dolía, es que Kai no le hubiese contado de ello, total, eran pareja y la comunicación era la clave del éxito, bueno, eso les había dicho el sexólogo cuando Ivanov expresó sus primeros deseos de cumplir ciertas fantasías.

Revisó lo último que estaba por empacar y largó otro suspiro, era la mejor decisión; lo hacía por ambos.

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Sus ojos no sabían si parpadear o seguir permitiendo la visión de su hogar desmantelado. No había sala, ni libreros, ni alfombra, nada; quizá lo único que le daba a entender que aún faltaban algunas cosas por llevarse eran ese par de maletas que reconocía a la perfección; las suyas. Sintió que sus piernas flaqueaban y todo daba vueltas… ¿Yuriy lo había abandonado? Sus orbes se inundaron de lágrimas y soltó un pequeño gemido que tenía ahogando desde hacía tres semanas. Cayó de rodillas al piso y se sintió casi como aquellas fanáticas a las que alguna vez les negó el autógrafo, claro que esas fanáticas únicamente habían tenido que cambiar de ídolo, y Kai ¿cómo iba a dejar ir a su corazón?

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Escuchó un pequeño gemido y un sonido como de un cuerpo desplomándose, algo preocupado se dirigió a la sala y se encontró con un bicolor llorando. Su corazón sintió un vuelco y se apresuró a levantarlo. Kai estaba tan absorto en sus pensamientos de soledad y agonía que ni siquiera notó cuando Yuriy le ayudó a pararse hasta que en un sutil roce sintió unas cálidas manos sostener su rostro. Sus ojos con visión distorsionada, gracias a las lágrimas, le permitieron una vista borrosa de un par de diamantes azules. El alma le volvió al cuerpo y se aferró al pelirrojo como aquel náufrago que se aferra a una tabla en medio de la mar.

Su mente lanzaba palabras y palabras, cada una de ellas expresando lo que su corazón sentía, pero sus labios no podían coordinarse y por ello no podía emitir sonido. Su garganta parecía contraerse a cada impulso por hablar, le dolía demasiado no poder saber cómo expresarse ante Yuriy; porque los demás importaban lo mismo que una gota de agua en el océano. El pelirrojo, por otro lado, no podía entender lo que pasaba. Se suponía que Kai iba a volver al día siguiente, aunque ya no importaba. Lo abrazó mientras sentía el cuerpo tenso de su amado. Escuchaba cómo el bicolor se ahogaba entre querer decir algo y no poder hacerlo. Y así había sido siempre.

Ivanov lo supo desde que conoció a Kai, el chico tenía muchas habilidades, era inteligente, fuerte, tierno, lindo, pero todo eso quedaba escondido gracias a la carencia de habilidades para socializar. Era difícil para todos lograr comunicarse con él. En escasos momentos lograban sacarle más de dos oraciones juntas, era casi insólito que, incluso después de esos años de relación, Kai fuera incapaz de sostener una conversación extensa con él, siempre se limitaba a responder preguntas o a realizar comentarios cortos. Mientras sus pensamientos viajaban en su mente, sintió unos labios hacer contacto con los suyos. Y sonrió. Sonrió porque al darse cuenta de la persona que lo besaba vino a él esa certeza de que Kai correspondía a su amor; un amor silencioso.

Sí, Yuriy había aprendido que Kai no hablaba sobre sus emociones, sin embargo, las demostraba. Todos los humanos sienten, buenos o malos sentimientos, en mayor o menor medida, pero todos sienten; y Hiwatari no era la excepción. Pudo ver un reflejo singular en los rubíes que lo observaban. Miedo, inseguridad, duda, alivio, pasión, amor… Y sus suaves manos viajaron por su cuerpo pidiéndole que no lo abandonara así. Su bicolor mordiendo sus labios como acostumbraba cuando quería que le correspondiera a sus sentimientos. Yuriy volvió a sonreír. Correspondió al beso y a los mordiscos mientras una sensación cálida le recorría el cuerpo.

Sus manos exploraban con necesidad el cuerpo sobre las ropas del pelirrojo, buscando una manera de que su piel fuera sentida, que Ivanov sintiera esa quemazón que le embargaba cuando estaba con él, ese efecto que hacía que la piel se le enchinara. Lo besó como si con ese gesto el tiempo lograra detenerse y sus labios pudieran decir lo que su mente pensaba. Cerró los ojos y por instinto llevó el cuerpo del pelirrojo contra el piso. Se colocó sobre su pareja y comenzó la labor de deshacerse de la camisa, los jeans y la ropa interior. Podía ver ese lienzo listo para pintar sus caricias, sus sentimientos y emociones. Sus besos incesantes iban de sus labios a las sienes, de las sienes a los párpados, de los párpados a los labios y luego un grácil camino hasta la garganta. Mordió aquí y allá dejando las pinceladas coloridas y continuando un descenso en un vaivén travieso.

Llegó a la curvatura entre su cuello y el hombro y dedicó su labor a relamer, succionar y besar. Ese punto lo enloquecía. Era como sentir que el bicolor le drenaba el alma para fusionarla con la suya; y eso le encantaba. Sus manos buscaban la manera de coordinarse en los movimientos explorando el dorso de su chico mientras los labios y lengua contraria buscaban la manera de amarlo. Sus párpados se apretaban ligeramente perdiendo la vista que tenía, eran demasiadas sensaciones en mente, su cuerpo reaccionaba a cada instante y caricia; el tiempo había dejado de importar. Satisfecho con el fiel dibujo arrastró sus labios por el pecho hasta abordar los pezones.

Relamió con ansiedad los delicados botoncitos, intercalando de uno en uno mientras sus manos alejaban las contrarias de su cuerpo. No, no quería que lo tocara ahora, no quería que lo tocara porque quería demostrarle que lo amaba y que no era necesario que hiciera algo para que estuviera a su lado, Kai lo amaba y no quería nada a cambio. Aunque sabía que, siendo el pelirrojo, recibiría en mismo amor en la misma medida. Logró contener sus manos alejadas de su cuerpo, trabajando en mostrarle que su piel tenía tanto que decir como la historia que estaba todavía sin contar. Enderezó su cuerpo que se había inclinado y aprisionado a Yuriy. Sin más se arrebató el mismo sus ropas abrigadoras exponiendo su pecho. Ambos respiraban con dificultad, las pupilas iban dilatándose conforme la excitación crecía, sus labios hinchados por las mordeduras que se habían estado propinando, los pezones erguidos y las aerolas enmarcándolos deliciosamente.

Ivanov podía sentir y ver su propia erección creciente mientras Kai iniciaba a deshacerse de sus pantalones, los zapatos habían sido arrojados en quién sabe qué momento y en el instante en el que el bicolor dejó caer la primera prenda inferior sonrió con malicia. Su mente lo llevó a aquella pequeña conversación en donde le había pedido a Kai realizar una de sus fantasías. Recordaba que luego de haber hecho el amor lo había sentado entre sus piernas mientras lo rodeaba por la cintura con sus brazos y besaba su hombro izquierdo le susurró su deseo.

~ [ o ] ~

Al principio lo sintió tenso, pero luego de unos minutos le habló.

— ¿De verdad quieres que use esas cosas? — inquirió en un murmullo apenas audible.

— Sólo si quieres — volvió a besar su hombro mientras una mano había descendido hasta uno de los muslos contrarios.

Tenía miedo de que la reacción fuera la de un bicolor molesto, así que decidió distraerlo de la pregunta, con suerte pensaba que podía olvidar la propuesta.

— Me gusta tu aroma… —

Se revolvió entre el abrazo y se giró para encararlo.

— ¿Quieres que…? — lo miró fijamente interrumpiendo sus pensamientos.

Yuriy sabía que no estaban bien las cosas, su propuesta no había sido acertada.

— No te preocupes, sólo olvídalo… —

Y confundido se puso en pie a tomar una ducha.

Kai había permanecido allí. Se hizo ovillo en la cama y miró hacia la pared. No le agradaba mucho la idea, pero podía intentarlo, ¿verdad? En los siguientes días Yuriy pudo observarlo actuar de manera extraña. No dejaba que se le acercara mucho y estaba seguro que tenía que ver con la propuesta que le había hecho, incluso el bicolor había evitado que lo viera cambiarse siquiera. Estos hechos lo entristecieron un poco, se suponía que esas cosas debían reavivar sus emociones y sentimientos, sin embargo había pasado todo lo contrario. Se resignó y luego de unas dos semanas de nulo contacto físico, Kai se le insinuó en la sala y con un poco de confusión, pero decidido a continuar con su vida comenzaron a hacer el amor. Su sorpresa mayor fue cuando ambos se despojaron de sus ropas y descubrió que Kai llevaba puesto un regalo para él, para Ivanov.

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Al día siguiente de la propuesta, Kai emprendió su destino hacia una tienda departamental. Allí se dirigió a la zona donde se encontraba el departamento de ropa interior masculina. Rojo como un tomate bien maduro murmuró un par de palabras que el encargado no pudo entender y por ello, aunque con más vergüenza, le volvió a repetir que deseaba adquirir un par de tangas. El encargado no pudo evitar sonreír hacia el bicolor. Era tan común que los hombres sintieran pena y vergüenza la primera vez que compraban las prendas, pero con el tiempo volvían bastante satisfechos.

El encargado le mostró tres de los modelos más comunes que llevaban los clientes frecuentes. El primer modelo era una tanga brasileña con el elástico grueso en la parte superior y el tradicional puente que se ocultaba entre las pompas; el segundo era una tanga de hilo, con el elástico y puente delgadísimos, apenas distinguiéndose la prenda; y el tercero no era una tanga en sí, sino un suspensorio que, según dijo el encargado, era también muy solicitado. Kai llevó tres prendas de cada modelo y eligió los colores aleatoriamente; lo único que deseaba era salir de allí.

Llegando a casa observó con detenimiento su nueva colección de ropa interior. Su rostro una vez más se ruborizó enormemente, sólo a Yuriy se le ocurrían esas cosas. Lavó las prendas y una vez limpias tomó la brasileña y se la enfundó. Sus mejillas ardían debido a la incomodidad que sentía, pero, vamos, era por su pelirrojo. Comenzó a usarlas así, encontrando al principio incómodo mantener el puente en aquel lugar, sentía la necesidad de tirar de él y "desenterrarlo", pero según leyó en un artículo podía resultar más perjudicial. Los primeros días fue un infierno, sin embargo, cuando ya no hubo más "molestias", decidió mostrarle el regalo a Ivanov. Si no le gustaba al bastardo iba a meterle las tangas por el ano para que aprendiera que con Kai Hiwatari no se jugaba.

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Sí, Yuriy le había dicho que deseaba verlo con una tanga. Y justo desde aquel entonces Kai usaba la mayor parte del tiempo dicha prenda. Al principio había sido por darle gusto al pelirrojo, luego la comodidad sobrevino y al final habían terminado por gustarle a él mismo. Aunque jamás olvidaría la primera vez que la utilizó. Sonrió todavía más. Alcanzó a sentarse un poco para poder abrazar al bicolor que, debido a la nueva postura del pelirrojo, se sentaba en su regazo. Sintió unas manos que viajaban hasta sus nalgas estrujándolo. Sí, a Ivanov le gustaba verlo en tanga, le gustaba porque podía tocarlo sin pudor alguno y podía sentir su suave piel. Kai sonrió un poco ante las caricias voraces, claro, también le gustaba que el pelirrojo lo estrechara.

Sus labios volvieron a establecer contacto y mientras tanto una mano seguía ultrajando sus posaderas y la otra intentaba librar su rostro del río salado emanado de sus orbes. Teniendo sus manos libres se abrazó al Yuriy como podía, volviendo a tomar el control. Su cuerpo yacía una vez más en el piso con Kai sobre sí. En aquella comprometedora postura, el bicolor se ayudó con una de sus manos para llevar la de Ivanov hasta el elástico de su tanga y con ella se apoyó para removerla lentamente.

Los dos cuerpos estaban desnudos ahora, las pieles se friccionaban con vehemencia y los ojos establecían un contacto. Labios unidos y mordidas alocadas, Kai seguía devorándolo. Pronto llegó de nuevo a los pezones y en un suculento trayecto llegó hasta ese vientre masculino, jugó un rato bordeando el ombligo y luego en una línea recta que engañaba el destino final. Yuriy estaba volviéndose loco. Quería que dejara esa tortura y que su boca se deleitara con su hombría. Kai sonrió de manera lasciva. Se acomodó sin problemas entre las piernas del pelirrojo, abriéndolas con libertad. Sentía una respiración en esa zona tan sensible y a cada segundo sentía cómo se acercaba de manera lenta, casi angustiosa, y pronto unos labios besaron con dulzura la punta de su pene. Beso a beso la intensidad y la humedad aumentaron.

La erección le parecía perfecta y sintió la necesidad de besarla sin parar y pronto esos besos se convirtieron en lamidas tentadoras. El sabor era inquietante, era embriagante y abrió boca para llevarlo al siguiente nivel. Envolvió el miembro y lo acarició con la lengua con parsimonia. Sus labios eran tan suaves y su lengua tan cautelosa que le hacía querer gritar de mero placer que le provocaban, su mente se nublaba y no había nada más, eran ellos fundiéndose. El ritmo había aumentado y sentía cómo podía sentir las contracciones de la garganta que simulaban engullir su falo. Ese movimiento fue suficiente para que su semen saliera disparado incitando una sacudida torpe que provocó que su pene fuera expulsado de la boca del bicolor manchando su rostro con la segunda venida.

Kai cerró los ojos por instinto. Su boca tenía ese delicioso sabor salino. Se relamió los labios cuando se dio cuenta que Yuriy se encontraba en la misma situación que él. Sus pechos subiendo y bajando debido a la adrenalina que se liberaba mientras se amaban. El pelirrojo luchaba porque la cordura volviera por un instante, quería enderezarse para atraer al bicolor hacia sí, quería abrazarlo y decirle que todo estaba en orden, que no había razón para llorar (aunque ciertamente algo tarde para el consuelo), pero en lugar de poder coordinar acciones y palabras, su mente y cuerpo se preocupaban por respirar y recuperarse de tan súbita venida.

— Kai… — alcanzó a decir con la respiración entrecortada.

Mas no pudo decir otra cosa cuando una vez más sus labios fueron asaltados. Sí, Kai lo amaba, esos labios le decían que lo amaba y esa piel le decía que lo necesitaba. Tan dulce, tan tierno, tan fuerte, tan salvaje, así era él; así era Kai. Sus brazos recobraron fuerzas e iniciaron nuevamente ese recorrido por la piel del bicolor. La nuca, el cuello, los hombros el pecho, la espalda, la cintura el vientre, las nalgas, las piernas… todo lo había explorado ya y aun así no se cansaba de hacerlo. Pero Hiwatari no tenía la intención de dejarlo explorar más allá porque era el momento de decirle que estaba allí con él pese a todo, pese a todos.

Alejó las manos del pelirrojo con sutileza, esta vez quería demostrarle todo. De esta manera se deslizó hasta volver a estar entre las piernas de Ivanov, volviendo a separar los muslos que servían como fortaleza resguardando la entrada. Discretamente realizó caricias que llevaron a Yuriy a levantar la pelvis, dejando vulnerable aquel sitio que estaba dispuesto a profanar una vez más. Su mano derecha acariciando el muslo izquierdo de Yuriy y la otra capturando aquel miembro nuevamente erecto. Su mano masturbaba en un ritmo lento, de abajo hacia arriba sin soltarlo; mientras tanto, sus labios y lengua se entretenían con el escroto.

Era algo singular, a Kai le gustaba jugar con esa parte sensible, era como una firma personal cuando le practicaba el sexo oral, el pelirrojo no entendía el porqué el bicolor se detenía siempre en esa zona, aunque cuando el medio orgasmo llegaba todo importaba nada. Por esa razón Kai lo masturbaba a la vez, porque en el momento en que casi se venía podía apretar un poquito y evitar que se corriera. Sus gemidos eran como una melodía que le ayudaba a concentrarse en su labor. Viendo las circunstancias, el bicolor se apresuró a deslizar su legua hasta el anillo anal. Estaba sobre su objetivo y utilizó toda su habilidad para preparar el ano del pelirrojo.

Poco a poco con el sutil masaje la entrada se fue relajando permitiendo el acceso de su lengua de poco en poco y cuando sintió que era suficiente con su propia saliva bañó dos de sus dedos. Deslizó su dedo índice con cuidado, había entrado sin dificultades. Movió el dígito circularmente y flexionó un poco las falanges medias y distales logrando nuevos gemidos placenteros. El esfínter estaba bien relajado por lo que fue sencillo retirar el dedo para enseguida agregar uno más. Yuriy empezaba a ver las estrellas, aunque sabía que aún estaba por ver la galaxia completa. Los dedos en su interior iniciaron un meneo muy suave y luego más rítmico imitando el movimiento de las tijeras.

La lubricación era buena, los músculos estaban relajados e Ivanov ya estaba delirando. Se reacomodó en el piso y elevó las caderas del pelirrojo hasta la altura de su propio miembro. Cada acción parecía tan natural como el respirar, se sentía seguro en sus manos, sentía que podía respirar y dormir sin preocupaciones; Yuriy lo necesitaba tanto como Kai a él. La punta comenzó a escabullirse, sintiendo la erección del bicolor. Cerró sus ojos con fuerza y disfrutó cada milímetro que recorrían en su interior. El bicolor podía sentir como su pareja le daba la libre entrada a su cuerpo, a su vida, a su alma. Su mano no había dejado de estrujar el pene de Yuriy y con ello había conseguido que su esfínter se relajara y le dejara llegar hasta las entrañas. Una vez allí las contracciones iniciaron. Era momento de moverse, su cuerpo y el contrario lo pedían. Embistió con dilación, gozando cada espasmo en la cavidad. Y en cada arremetida lograba tocar más afondo y en poco tiempo supo que había encontrado la próstata; lo sabía porque Yuriy no había podido evitar gritar su nombre.

Ubicado el punto mágico siguieron una y otra vez los choques contra él hasta que su cuerpo no puedo más y terminó corriéndose en la mano de Kai sintiendo, al mismo tiempo, una cálida sensación de humedad provocada por el semen del bicolor. Había estado disfrutando tanto que ni siquiera prestó atención a los gemidos. Hiwatari se desplomó sobre el pecho de Yuriy y lo abrazó. Con la poca fuerza que le quedaba dibujó unas palabras en el costado izquierdo del pelirrojo. Palabras que hicieron que éste derramara unas lágrima; "nunca me dejes porque también te amo".

Permanecieron allí con el único sonido de sus respiraciones amenizando la habitación vacía. Ivanov lo abrazaba y ambos luchaban por no quedarse dormidos. Luego de un rato, los dos lograron sentarse. El pelirrojo lo besó en los labios y le ayudó a salir de su cuerpo; eran tan perfectos juntos que se asemejaban a dos piezas maestras de un rompecabezas. Kai se sentó entre sus piernas, como casi siempre pasaba luego de hacer el amor, y él rodeó su cintura y besó su hombro izquierdo…

— Jamás podría abandonarte… — le susurró al oído para enseguida girar su rostro por la barbilla y besar sus finos y suaves labios.

-o-

Iban por la carretera en un automóvil negro que conducía el pelirrojo y a su lado viajaba el bicolor mirando pensativo por la ventana. Habían abandonado el edificio aún sin hablar de lo que realmente pasaba, Ivanov le había dicho que debían partir en ese momento ya que alguien lo esperaba en otro sitio. Según podía intuir, se dirigían a algún lugar al Sur de San Petersburgo, a las afueras de la ciudad, un poblado alejado, quizá. La carretera parecía desolada, en un trayecto de una hora únicamente había logrado ver un cambión de carga, quizá Yuriy planeaba dejarlo en medio de la carretera, como hacen muchas personas a sus mascotas.

El pensamiento le hizo sonreír. Había sonado tan absurdamente estúpido. A su lado, el pelirrojo divisó de reojo esa sonrisa y decidió que era el tiempo perfecto para hablar.

— ¿Y cómo estuvo el viaje a Japón? —

Kai se tensó al instante. ¿Qué le iba a decir? Había sido tan idiota como para no disfrutar la visita al país nipón, todo el tiempo lo había gastado pensando en Ivanov.

— Fue un asco — respondió sin hablar de los detalles.

— ¿Me extrañaste? — inquirió escondiendo su ansiedad.

— Imbécil — ése había sido un . — ¿Por qué…? — dudó en continuar, mas el silencio le decía que debía — ¿Por qué el departamento estaba desmantelado? —

Yuriy se aferró al volante y sin querer aceleró más. El bicolor se asustó un poco. ¿Había sido tan serio como para una mudanza? Largó un suspiro y procedió a contarle lo que había pasado en los últimos días, sin dejar escapar una de las razones que fueron causa de todas esas resoluciones. Le platicó que ese mismo día había tenido un encuentro con la Señora Polavsky. La mujer tenía unos setenta años, aunque se conservaba bastante bien, era alegre, observadora y conversadora, y con esas características había notado el desánimo en el pelirrojo.

Así fue como lo invitó a su propio departamento y le ofreció una taza de café. Yuriy le platicó que pasaba por una crisis en su relación debido a uno de sus amigos. La Sra. Polavsky era una persona de mente abierta y veía en la pareja de jóvenes un par de hijos varones que la vida se había encaprichado en no darle, aunque no por eso dejaba de amar y disfrutar a su única hija; Rozaliya. La conversación había llegado a tal confianza que el pelirrojo le contó los verdaderos motivos que le habían hecho enfadarse y sentirse confundido con el bicolor. La mujer de cabello cano expresó su opinión apuntando a que, de alguna manera, Yuriy tenía la culpa en algunos aspectos, como el hecho de darle tanta libertad a Bryan, al permitirle hostigar a Kai. Ivanov realizó entonces que era verdad.

Si le hubiese marcado un límite a Bryan desde el principio, a esas alturas jamás habría pasado aquello. Fue cuando el chico le dijo que pensaba que una manera de remediar el problema era alejarse en la totalidad de Bryan. La Sra. Polavsky le hizo notar que huir de los problemas no era una solución, a lo que el pelirrojo respondió que no huía, pero sí necesitaba tomar distancia, puesto que su mejor amigo, ahora examigo, era una persona sumamente insistente y caprichosa. Y en ese momento una idea saltó en la mente de la anciana. Le platicó pues que su hija Rozaliya vivía al Sur de San Petersburgo en un pequeño pueblo a unas tres horas de distancia. Según le informó, la joven estaba poniendo en venta su casa para poder mudarse a la capital y así establecerse allí para estar más cerca de ella, así mismo buscaba traspasar una pequeña cafetería en el centro del pueblito.

Yuriy pareció entender la indirecta, ¿sería posible? Así comenzaron las negociaciones ese mismo día. Tras haber hablado con Rozaliya y haber llegado a un acuerdo, Ivanov se dirigió a su lugar de trabajo y habló con su jefe. Decidió renunciar para poder marcharse y ser feliz con Kai, no había nada que le importara; y estaba seguro que al bicolor le encantaría la idea, aunque no lo expresaría tan abiertamente. Al Sr. Záitsev le dio mucha pena perder a tan buen elemento, pero si era lo que el pelirrojo había decidido no había nada que pudiera hacer. Le dio su tarjeta y le dijo que si quería trabajar allá con una nueva agencia de espectáculos lo llamara, al fin y al cabo podían ser socios.

Yuriy se sentía feliz. Todo parecía una excelente idea, sólo quedaban un par de cosas por arreglar. El trayecto había terminado y se encontraban entonces frente a lo que parecía ser su nueva morada. Kai se detuvo a contemplarla por unos eternos minutos. Era una casa pequeña de dos plantas, acabados rústicos y un pequeño jardín al frente. Poseía un par de ventanas al frente, una suponía era de la cocina y la otra más grande que adivinaba era de la sala, en la parte superior había otras dos ventanas más alargadas, de las habitaciones, por supuesto. El aroma que la rodea era a roble, inhaló profundamente y tuvo una sensación rara.

Miró al pelirrojo incitándolo a continuar el recorrido. Más de cerca pudo notar una cochera y una pequeña bodega conectada a ésta, ambas de lado derecho. Siguieron avanzando hasta topar con la puerta enmarcada por un pórtico sobrio y giró la perilla para adentrarse al lugar. Había un pequeño pasillo que luego de un metro y medio tenía una entrada amplia hacia la sala de lado izquierdo. Todas las cosas que alguna vez habían estado en el departamento ahora estaban allí acomodadas. Tres semanas habían sido suficientes para que Yuriy hiciera todos los arreglos. De lado derecho del pasillo estaba la otra entrada a la cocina. Era pequeña pero funcional, de igual manera ya arreglada. Siguiendo derecho por el pasillo estaban las escaleras las cuales se apresuró a subir. Tres habitaciones. Una a la derecha y dos a la izquierda.

La habitación de la derecha parecía una biblioteca especialmente hecha para él, ya que Yuriy no era tan hábil leyendo, a diferencia de Kai que devoraba libros en horas. Continuaron avanzando hasta llegar una de las habitaciones a la izquierda, un pequeño gimnasio con equipo recién comprado, hecho más para Yuriy que era fanático del ejercicio. Y la última habitación. Era sencillamente hermosa. Un ventanal con vista al frente, allí podía apreciar que la casa estaba situada cerca del bosque. El silencio y la tranquilidad eran sus elementos favoritos. Se giró hacia el pelirrojo y lo abrazó. Era algo con lo que siempre había soñado, un lugar tranquilo para vivir; para vivir junto a él.

Yuriy estaba satisfecho consigo mismo. Abrazó a Kai fuertemente y ambos compartieron sus labios por un momento. Se miraron a los ojos y lo supieron. Ellos debían estar juntos. Ivanov procedió a tomar asiento en la cama cubierta de un edredón blanco y le platicó sobre la cafetería que estaba en el centro del pueblo. Había acordado con Rozaliya que se harían cargo de ella hasta que tuvieran el suficiente dinero como para adquirir todo lo que había en ella. La chica aceptó gustosa y cerraron el trato. Le informó a Kai que más tarde lo llevaría conocerla porque justo en ese momento quería mostrarle otra cosa.

Kai sintió una corriente eléctrica recorrerle el cuerpo. Yuriy lo besó apasionadamente. Con delicadeza se recostaron sobre el colchón y el pelirrojo habló, ahora o nunca

— Kai… — el otro respondió con un pequeño sonido — ¿Quieres pegarme? —

~oO080Oo~


Gracias de antemano por sus lecturas

Agradecimientos especiales a: lintu asakura, Lacryma Kismet, Cherry Black, GabZ,, Keight Ylonen y Nyu Oz Leonhart por obsequiarme un bonito review en el capítulo anterior :D

Y otra vez vuelvo con mis disculpas por el retraso, la extensión tan probablemente tediosa y por la discordancia de las personalidades de los personajes en esta historia, pero bueno, así lo ha pedido la historia…

Dudas, comentarios, sugerencias, ideas, etc. ¡Bienvenidos!