- Hola! Antes que nada, me disculpo de antemano por demorar en subir los capítulos... Últimamente me viene faltando demasiado tiempo, se me acumulan tareas y es difícil encontrar unos minutos para poder escribir =(
Estaré esforzándome para poder subir más seguido, ruego sepan perdonarme!
Saludos a todos/as y gracias por leer! -
Una neblina cubría la imagen ante él. Todo lo que veía era el caer lento de los pequeños copos de nieve que pintaban el suelo de un tono níveo. Luego, una voz serena se captó en el aire, una voz familiar y melancólica. Thranduil se dio la vuelta, extrañado ante lo que oyó a lo lejos.
Ahora, frente a él, la silueta franca y dulce de su esposa, con una simpática sonrisa en los labios sonrosados e inocentes. Ella lo miraba tiernamente, pero por alguna razón, él esquivaba sus ojos. No se sentía capaz de verla de frente, estaba avergonzado… ¿De qué? Algo en su interior oprimía su pecho, algo que latía fervientemente dentro de él, esa sensación de estar sucio y desesperanzado, temiendo que si ella mantenía contacto con él durante mucho tiempo, también se mancharía su destino…
En aquel momento, -El Rey Elfo recuerda- la razón de su pena era aquella noche que pasó a su lado… La noche de bodas, que cubría su persona en la más insípida de las vergüenzas… Pero ahora, bien sabía él, tenía motivos mucho peores para avergonzarse de sí mismo. No, no podía mirarla a los ojos…
Cuando le dio la espalda, ella al fin volvió a hablarle:
-Pronto serás padre, Esposo mío-
Y despertó. Revivir la emoción de aquella palabra tan significativa y grande, la palabra "padre", que resonó en su memoria como un latigazo a la nada, le ayudó para volver en sí.
Aquel techo repugnante y oscuro volvía a alzarse sobre él, y las ventiscas sobre su piel desnuda daban la impresión de que las ventanas aún estaban abiertas. Un dolor crepitante se sintió en todo su cuerpo nuevamente herido y mancillado, incluso cuando no había intentado moverse… Si esto continuaba así, podía ir muriendo de a poco…
Movió sus ojos cansados hacia los rincones de la habitación, comenzando desde la izquierda; se paseó con la mirada lentamente por cada pequeño lugar hasta que de nuevo lo divisó, y su tranquilidad fue sólo un breve instante que culminó prematuramente allí.
-¿Debería preguntarte si estás bien?- Inquirió Thorin, socarronamente.
Thranduil sólo lo observó, con un atisbo de furia en el brillo de sus expresivos ojos celestes. Pero no fue capaz de seguirle la corriente, se sentía morir. El dolor debería haber acabado con su vida aquella vez, eso fue lo que deseo más que cualquier otra cosa, mas sin embargo, se le permitía vivir… El Valar, o cualquier otra manifestación divina, estaba otorgándole más prolongación a su vida, por alguna extraña razón…
Un sonidito evidenció el movimiento leve de una cadena, la que tenía él aferrada a su cuello, respectivamente. Pero con la diferencia de que ahora, quien sujetaba el otro extremo de la cadena, era Thorin y no una estrepitosa pared inquebrantable.
Se tiró de nuevo de aquella atadura, y el elfo fue capaz de sentir esta vez cómo era obligado a deslizar su adolorido ser hacia la dirección del Rey Bajo la Montaña.
-Vamos, levántate- Ordenó éste, tirando nuevamente de la cadena, sin procurar ir al ritmo del otro en absoluto.
Ante esto, el elfo sólo lanzó un leve quejido, pero no reunía fuerzas suficientes para poder ponerse en pie… Lamentable. Estaba siendo reducido de la peor forma posible, y lo único que podía hacer él era quejarse vanamente.
-Si obedeces, te traeré alimento, si no, te volveré a dejar aquí durante otro par de meses-
Cuando escuchó aquello, sus ojos volvieron a abrirse. En un cálculo rápido, su mente concluyó que sin alimento, su cuerpo no podría reponerse como hacía falta para poder ponerle un fin a esto. Claramente, Thorin podía estar mintiendo, pero si no era así, estaría firmando su propia sentencia de muerte al alimentarlo y reponer sus energías… Sí, debía correr ese riesgo.
Sus piernas se flexionaron de a poco, sintiendo un hilo electrizante viajando por todo su cuerpo, hasta chocar abruptamente con la parte posterior de su cabeza. Pero no se detuvo. Thorin seguía insistiendo en tirar de la cadena, aún cuando eso sólo lo ponía más nervioso, y por supuesto, no ayudaba en nada. Mas hizo caso omiso de eso, lo importante ahora era lograr ponerse en pie.
Se deslizó por el largo de la cama hasta que sus piernas tocaron el suelo helado de piedra, que casi pudo detener su corazón. Frío, de repente sentía mucho frío, como un estremecimiento que intentaba decirle algo… Pero no tenía tiempo para eso, luego atendería su cuerpo herido como correspondía.
Sus temblorosas piernas lo levantaron a los pasos siguientes del enano, quien se encaminaba hacia la habitación contigua que antes no pudo notar. La puerta era bastante pequeña, comparada con las demás del castillo, pues apenas si daba el alto para que pudiera pasar él sin necesidad de agacharse. Su mente comenzó a conjeturar mil situaciones diferentes sobre lo que se encontraría del otro lado, pero sólo cuando traspasó la ranura de la puerta y cruzó hacia el otro cuarto pudo saberlo.
Sus ojos se abrieron un poco, tomado por sorpresa, mas intentando no demostrar mucho sus emociones, pues esto podía ser usado en su contra por su lunático anfitrión, que observaba su rostro de mármol con detenimiento ahora.
Lo que se dejaba ver desde el interior era algo bastante similar a una bañera muy larga, solo que en lugar de contar con un recipiente blanco, se tendía por el suelo, en forma de cavidad rectangular. El leve vapor que era visible dio a entender que el agua dentro se encontraba tibia…
-Vamos, métete- Ordenó Thorin de repente, interrumpiendo el lapso en que el elfo había entrado con su voz de trueno crepitante.
Thranduil sólo se limitó a mirarlo por un buen rato. Sin dudas, no confiaba en lo que el otro estaría tramando con esto, mucho menos en sus supuestas "buenas intenciones"… No llegados a este punto…
-¿Acaso debo repetírtelo?- La voz del enano sonó ahora mucho menos paciente que antes… Thranduil se encontraba en la encrucijada de si debía hacerle caso o no.
Para su mala suerte, ya no podía seguir desafiando a su captor, porque la última vez que lo hizo sólo recibió un abuso aún más bestial que el anterior… Y su cuerpo se sentía resquebrajarse a cada segundo; no quería averiguar si se podía llegar a sentir peor que en ese momento. Lo mejor sería obedecer hasta haberse recuperado un poco… Sí, y luego…
Con pasos lentos se condujo a la bañera, y una vez estuvo allí, comenzó a sumergirse con sumo cuidado. Cuando tuvo que doblar sus piernas para que el agua cubriera el resto de su cuerpo experimentó una serie de tirones en sus tendones y en su entrada maltratada cuyo dolor causado fue inexplicable. Pero aún con esto, intentó tragarse sus quejidos y sólo continuar. La única pista de su sufrimiento se encontraba en sus ojos entrecerrados y su quijada tensa, nada más.
Thorin se limitó a observar, a mirar desde donde estaba todo lo que hacía su presa… Su dulce y deliciosa presa, aún más tentadora con la manta acuosa rodeando su cintura esbelta. ¿Qué tan fascinante podría llegar a ser esta criatura frente a él? Incluso habiéndolo investigado, con sus callosas manos surcando su piel lechosa, el Rey Elfo seguía estimulando su curiosidad hacia ese cuerpo perfecto que mostraba. Provocándole nuevos deseos de lujuria desatada.
El enano parpadeó varia veces antes de que pudiera recuperarse de la oleada deseosa de una nueva posesión carnal; debía seguir con lo que había ideado, dejando a un lado sólo por esta vez sus propios deseos para atender al otro, o no le duraría demasiado.
Se deslizó sobre los cerámicos lustrosos hasta llegar al extremo derecho de la bañera, donde había ubicado un aro de acero bastante robusto, el cual utilizó para retener la cadena sin necesidad de sostenerla todo el tiempo. Ahora sí, se dijo a sí mismo, tenía las manos nuevamente libres. Sonrió ante esta idea y volvió hacia donde el elfo estaba.
Cuando Thranduil lo vio venir, no pudo evitar tensarse, descubriendo la elegancia de su espalda trabajada y sus brazos de guerrero. Cada vez que lo veía a la cara se le venían a la mente recuerdos del sometimiento al que fue reducido, y del que todavía no era capaz de reponerse, por lo que evitó a cualquier costo mirarlo directamente, pero sin darle la espalda.
-¿Y bien, te agrada el baño? ¿Quieres que te ayude?-
Las palabras de Thorin intranquilizaron al elfo todavía más de lo que estaba, notando el enojo en los ojos del otro con mayor intensidad, pero mezclado levemente con el miedo que trataba de ocultar.
-Los brazos…- Atinó a decir Thranduil, con la voz algo apagada. – Desátame los brazos-
-¿Oh? ¿Y por qué debería hacer eso?- Inquirió el otro, con un gesto de maldad en su tono y sus penetrantes ojos azules. - ¿Para que tengas una oportunidad de tomarme por sorpresa? ¿Para que intentes escapar?-
-Sabes de sobra que no podría escaparme, aunque lo intentara… La cadena es demasiado sólida- Replicó el Rey Elfo, recuperando la seña de malhumor que siempre caracterizó a su voz. – Desátamelos; de todas formas no tiene sentido que los tenga enlazados si, haga lo que haga, no puedo escapar… Y además, los tengo demasiado adormecidos… Duele-
Un silencio arrollador recorrió la habitación completa, mientras uno pensaba en qué le sería contestado ante su petición, y el otro sólo observaba sin querer responder lo que no tenía obligación de responder. Pero algo dentro de la mente del elfo le decía que aún podía contar con un atisbo de compasión por parte del enano… Aunque fuera sólo un poco.
-No-
La contestación final de Thorin obligó a Thranduil a olvidar su propósito de no verlo a la cara y levantar finalmente la vista. La respuesta le había sorprendido tanto que no era conciente de que ahora lo miraba directamente a los ojos, con una detención apabulladota, como cuando un niño mira a su madre al negarle ésta algo.
-Te conozco, eres demasiado orgulloso como para evadir los problemas que tú mismo te generas, como pasó anteriormente, ¿recuerdas?- Habló Thorin, con una mirada pícara que buscaba incomodar todavía más al elfo, sólo por la diversión de verlo perder el control. – Además, tengo pensado divertirme contigo un poco más por lo que queda del día, y estoy casi seguro que intentarás resistirte inútilmente… ¿Estoy en lo correcto?-
En cuanto oyó la palabra "divertirme" de los labios maliciosos del enano, Thranduil no pudo evitar tensar su espalda y abrir la boca, en gesto de consternación. ¿Cuánto más, -se preguntó-, cuánto más debía soportar? ¿Qué tanto el otro deseaba jugar con su cuerpo? ¿Acaso intentaba matarlo?
Cuando su peligroso anfitrión dio un paso hacia él, el Rey Elfo hizo sacudir las aguas a su alrededor con su movimiento brusco. Comenzaba a desesperarse nuevamente, como siempre sucedía cada vez que sentía cerca al enano, con sus grandes manos goteando de crueldad hacia él… "¡No! ¡No de nuevo! ¡No puedo…!", exclamó internamente. Era por demás conciente de que su cuerpo y su mente jamás podrían resistir otro de esos salvajes asaltos, pero al parecer, su captor no. O quizás sí, y lo estaba haciendo a propósito…
-No seas así, ven aquí- Dijo el morocho, tirando de la cadena con su robusto brazo como vio que el elfo intentaba llegar al extremo contrario de la bañera. - ¿Lo ves? Estaba en lo cierto- Y se sonrió.
Y cuando lo hizo, Thranduil sintió que la sangre en sus venas se detuvo, con un escalofrío mortal recorriendo todo su cuerpo entumecido. Veía claramente la malicia, la lujuria escabrosa en las facciones del enano. No, se había equivocado al creer en la compasión cuando habló con él… ¿Cómo podía tenerle compasión alguien que disfrutó humillándolo, violándolo como este inmundo ser lo hizo? La rabia también estaba presente en su cabeza, pero el temor, por el momento, era mayor y controlaba sus acciones.
Intentó pararse, pero el suelo resbaloso debajo de él, sumado al tirón que Thorin le dio a la cadena que lo mantenía cautivo rotundamente, ayudaron a que cayera de sopetón en el agua que supuestamente debía ayudarlo a relajarse un poco, y que ahora estaba ahogándolo.
Al no contar con sus manos para que le ayudasen, supo imposible el simple acto de incorporarse; se sentía más miserable de lo que jamás se había sentido, -y eso que estaba seguro de que ya había caído bastante bajo en esos días anteriores-, totalmente sorprendido al notar que aún cuando hubo deseado la muerte hacía sólo momentos antes, ahora que parecía alcanzarla, luchaba por no morir…
Pataleaba, jadeaba debajo del agua que lo arrinconaba y sobrepasaba. Estaba completamente sumergido, con los cabellos semi-plateados bailando a su alrededor, pero no era suficiente. Simplemente, no quería morir… Estaba asustado, con su corazón latiendo a mil por hora, suplicando por salvación.
El alivio lo golpeó en el pecho cuando fue sujetado por los anchos hombros y depositado contra la pared, completamente a salvo. Sus mejillas ahora estaban ruborizadas, odiándose a sí mismo por descubrir que no era más que un cobarde… No, no merecía que lo llamasen guerrero… Era un simple cobarde, un hombre humillado y sometido. Nada más.
Mientras pensaba en todo esto, tocía, intentando recuperar el aire y soltar el agua que había ingerido. Su mente apabullada no hizo notar a su cuerpo que Thorin estaba tan cerca de él hasta que sintió un leve cosquilleo en su cuello.
Víctima del miedo de nuevo, un sobresaltado movimiento quiso alejarse, pero el agarre fuerte del otro se lo impedía. Un beso. Un beso aparentemente tierno fue situado en la piel nívea y temblorosa, con los finos cabellos mojados aún adheridos a ella.
-Shhh… tranquilo…- Le susurró Thorin, con su aliento caliente rozándole el cuello, petrificándolo. – Prometo que no te dolerá en absoluto, ¿sí?-
