CAPITULO 7. SHUMASSILON.
Zorlan era terrible, desde que Asayaraseth le encontrara, no había noche de luna que no provocara una calamidad, ahora había sido reunido junto con los otros seis capitanes para satisfacer el deseo de venganza de su amo.
Oberòn esperaba el momento en que los licántropos se lanzaran al ataque, solo era cuestión de minutos antes de que todos ellos cayeran sobre él.
A un gruñido tres o cuatro licántropos se lanzaron contra el joven mastrig, Oberòn levanto su espada para contestar al ataque, en ese momento se escucho un aullido por más conocido para él.
¡Nanthar!- grito Oberòn.
Desde el camino oeste se podían observar a muchos krulians, tal vez todo el clan de Nanthar, era agradable ver que al menos los mastrigs contaban con el apoyo de sus fieles domadores de caballos.
Nanthar se veía mucho más
fiero que nunca, su color pardo resaltaba de tal forma bajo la luz de
la luna que parecía un lobo salvaje de las montañas.
Los
licántropos que estaban más próximos a Oberòn
olvidaron por un momento a su presa y dirigieron su ataque al líder
de los krulians, antes que ninguno lograra hacer nada, Nanthar ya los
tenía a sus pies gimiendo por sus vidas, sus acompañantes
fueron los que se encargaron de ellos, por su parte Zorlan y los
demás licántropos dieron unos cuantos pasos hacia atrás
del miedo que les daba ver al krulian.
Asayaraseth no se había movido de su lugar, observaba con sumo deleite la escena, tal vez era posible que los krulians y los licántropos se eliminaran mutuamente, en fin solo debía esperar a que el destino interviniera.
¿Mi lord esta bien?- le pregunto Nanthar a Oberòn.
Sí, gracias- dijo Oberòn estrechando su mano con la zarpa del licántropo-¿y Nany?
Se encuentra con Nicodemus, usted parta a combatir al demonio negro, nosotros nos encargamos de estos mitad bestia- dijo Nanthar.
Orek- contesto Oberòn evitando a los licántropos.
SOLO TU Y YO PERRRO- gruño Zorlan.
Como desees morir, mitad bestia- gruño Nanthar.
En ese momento comenzó el ataque entre los lobos, los licántropos lanzaban dentelladas tan fuertes que parecían querer arrancarles las cabezas a los krulians, los krulians los aplastaban con sus fuertes zarpas, ambos bandos peleaban por esa eterna rivalidad que les caracterizaba, tal vez en un tiempo estuvieron los krulians relacionados con las criaturas de la noche como aseguraba Asayaraseth pero en este momento la lealtad de los krulian estaba a favor de los mastrigs.
Después de mucho batallar por
fin Nanthar gano la batalla contra Zorlan, cuando el krulian le
rompió el cuello al licántropo, es una suerte que si un
licántropo muerde a un krulian este no se transforma en hombre
lobo-ya que estrictamente hablando ellos ya lo son de forma natural-
sino otro curso hubiera tenido la historia esa noche.
Nanthar
tenía una pata muy lastimada ya que Zorlan lo había
mordido con sus poderosas fauces rompiéndole los huesos, el
dolor era terrible al apoyarla pero a pesar de eso siguió
combatiendo al lado de sus hermanos krulians a favor de los
mastrigs.
Por otra parte los guardianes del dragón estaban teniendo problemas para detener a los renegados que habían llegado bajo el mando de Draken, como siempre el dragón rojo de cara larga había llegado tarde. En el momento en que sus dragones aparecieron con él a la cabeza, Asayaraseth solo levanto la vista "si por culpa de este animal- pensaba- mis planes se arruinan deseara morir antes que mi mano lo arroje al fuego del infierno".
Draken estaba jubiloso, los renegados habían ganado mucho mas fuerza de la que el esperaba que tuvieran a tal grado de que los mismos guardianes del dragón no habían logrado detenerlos en todo lo que iba de la noche.
Pashlein tenia problemas para encarar a los dragones renegados, aunque los tenía a distancia sus hermosas alas se estaban cansando lo que era un gran problema, Yosneil se mantenía muy cerca de Lord Draco era como si algo en su interior le dijera que tenía que proteger al señor de los dragones de cualquier peligro, la labor no era fácil, Draken estaba obsesionado con acabar por alguna extraña razón con este magnifico dragón, en una acometida Draken logro golpear con su cola a Yosneil haciendo que este golpeara con una pared de roca perdiendo momentáneamente el sentido.
Oportunidad que aprovecho Draken para encararse de una vez por todas con lord Draco.
YA ES HORA DE TERMINAR CONTIGO ANCIANO- gruño Draken mientras arrojaba una bocanada de fuego.
En vez de tanto hablar, es mejor que actúes- dijo lord Draco mientras se lanzaba contra Draken.
La pelea estaba a favor de lord Draco, el resultado era su victoria, pero en ese momento Draken valiéndose de sus artimañas tomo con una de sus garras a Pashlein cuando esta ayudaba a lady Ámbar.
DATE POR VENCIDO ANCIANO, SI NO DESEAS QUE LA DEVORE- dijo Draken mientras se llevaba a la joven a sus fauces.
Si lord Draco hubiera sido un truhán como lo era Draken hubiera seguido peleando sin consideración a la chica en peligro, pero ya que era de naturaleza honorable y noble no tuvo otro remedio que permanecer quieto.
TU Y TU ESTUPIDA NOBLEZA- dijo mientras lanzaba a la joven al vació.
Aprovechando
la confusión se lanzo con todo contra el dragón dándole
una mordida terrible en el hombro justo donde nacía su ala
izquierda, lord Draco dio un gruñido de dolor, Draken lo
arrojo contra el suelo, lord Draco no podía incorporarse
debido a la herida de su hombro, Draken se lanzo para dar el golpe
final cuando Yosneil se interpuso frente a él con su espada
desenvainada, Pashlein lo tenia sujeto por la espalda para que el
joven guardián pudiera elevarse en el cielo, a la acometida de
Draken siguió un gruñido de dolor y humillación,
la espada de Yosneil le había marcado la cara de tal forma que
no podía ver con su ojo derecho. El dragón no esperaba
que esto resultara de esa forma, se alejo gruñendo de dolor
mientras los dos guardianes bajaban a tierra para ver como se
encontraba su señor.
Lord Draco los veía con una
sonrisa de gratitud, junto a el había llegado lady Ámbar
quien lambía su rostro con preocupación.
¿Es grave la herida?- pregunto Yosneil.
No, pero me temo que solo estorbare en esta batalla- dijo el dragón- es mejor que me dejen aquí y…
NO- ordeno Yosneil- Oberòn dijo que correríamos la misma suerte, usted esta herido Pashlein llévalo a las barcas que menciono el rey de los mastrigs, que lady Ámbar también les acompañe, yo seguiré ayudando a los mastrigs.
Lord Draco acepto, dando las gracias al joven guardián.
Eres idéntico a tu madre y a tu padre, en nobleza y valor- le dijo el dragón antes de alejarse hacia los puertos.
Pashlein corrió al lado de Yosneil dándole un tierno beso en la mejilla.
Por favor, cuídate mucho- le susurro después de besarlo.
Yosneil sonrió complacido cuando la chica y los dragones se alejaron "es muy linda- pensó el lemsil- tal vez si sobrevivo…"
Yosneil no tuvo tiempo de soñar despierto, la batalla se desarrollaba por todas partes, los orcos y trasgos se apresuraban a acabar con los mastrigs que quedaban rezagados.
Mordiak, no podemos más- dijo su hermano Korvak mientras ayudaban a una mujer mastrig y sus hijos a escapar.
Tienes mucha razón hermano- contesto Mordiak- lo mejor es replegarse.
¿Y perder la ciudad?- interrogo confuso su hermano.
La ciudad ya estaba perdida antes de llegar nosotros, lo mejor es ayudar a nuestro pueblo a escapar- dijo su hermano.
Si pero, ¿y Oberòn?- cuestiono Korvak.
Mordiak había olvidado por un minuto a Oberòn, la idea era ayudarlo, pero había tantas personas en apuros que era difícil acercarse hacia donde se encontraba su amigo.
Un cuerno sonó en la distancia. Por un momento los orcos y huestes malignas detuvieron su ataque, el mismo Oberòn que se enfrentaba a unos licántropos detuvo su marcha, Mordiak y Korvak levantaron la vista hacia donde venia el sonido, los guardianes y dragones no podían creer lo que veían, por el límite de las montañas había llegado un ejercito enorme de lemsils, era como si todos los hombres que pudieran manejar una espada hubieran emprendido el camino hacia Shumassilon.
Esto esta muy mal- dijeron al unísono los dos hermanos.
Los lemsils al momento de llegar se lanzaron con todo contra los mastrigs, krulians y guardianes del dragón culpando a todos ellos de sus problemas, la idea que llenaba sus corazones era que después de deshacerse de los mastrigs podría tomar sus tierras y aprovecharlas — idea que el demonio negro les había dado-.
Oberòn no podía creer lo que veía, una flecha lemsil casi le da si no se hubiera movido de donde se encontraba, sin perder mas tiempo se planto de frente a Asayaraseth.
¿TE AGRADA LO QUE LE HICE A TU HERMOSA CIUDAD?- pregunto con arrogancia mientras jugaba con su espada.
Cobarde, doblemente cobarde utilizas a todas las criaturas para tu beneficio- dijo Oberòn con enfado.
BASTA DE CHARLA, ES MOMENTO DE ACABAR- dijo Asayaraseth acercándose a Oberòn.
Oberòn no tuvo tiempo de defenderse como debía, antes de que pudiera decir que había pasado Asayaraseth lo había golpeado con el mango de su espada, Oberòn estaba en el suelo, por un pelo logro esquivar el golpe del demonio que hizo un gran surco en la tierra, Oberòn de un salto se incorporo dio un espadazo pero no dio en el blanco, mientras mas se esmeraba Oberòn mas fácilmente Asayaraseth detenía sus ataques, era como si pudiera leer sus movimientos, en un segundo Oberòn estaba sujeto por el cuello por la garra del demonio, este lo disfrutaba mientras el mastrig se ahogaba.
LA MISMA CARA PUSO TU PADRE ANTES DE MI GOLPE FINAL, CREO QUE ES COSTUMBRE EN LOS HEREDEROS DE ENIN MORIR DE UNA FORMA TAN PATETICA- se burlaba Asayaraseth.
Oberòn se sentía muy mal como heredero había fallado y si no había ningún heredero de la casa real a parte de él solo podía significar una cosa, que Asayaraseth por fin había ganado.
De
pronto algo extraño paso, su espada la que fuera de su padre
comenzó a brillar, casi era ella la que guiaba la mano de
Oberòn de tal forma que de un certero golpe marco la mano
derecha del demonio despidiendo un desagradable olor a
azufre.
Asayaraseth no esperaba esto ya que dio un grito mucho mas
terrible que el que diera cuando transformaron a Kula o a Kila, el
gruñido se escucho hasta los puertos donde se encontraban las
barcas, de la mano del demonio manaba sangre morada que al contacto
con la tierra sacaba un poco de vapor como si derritiera los terrones
de tierra.
Asayaraseth estaba furioso nunca pero nunca, ningún mastrig había osado tocarlo con alguna arma, lanzo a Oberòn contra el suelo mientras no dejaba de contemplar la espada y su mano con unos ojos que hubieran aniquilado a cualquiera.
Una nube oscura lo fue envolviendo, las sombras comenzaron a apoderarse de los restos de la ciudad hasta la misma luna parecía que se ocultaba por momentos, en la penumbra Oberòn pudo ver como el demonio cambiaba una vez mas a su apariencia verdadera, su tamaño era descomunal sus ojos eran terribles y su mano mostraba en la piel oscura tan negra como el azabache la hendidura provocada por la espada, en la mano izquierda en lugar de su espada apareció un látigo de siete colas que comenzó a agitar en el aire, a cada movimiento parecía que el viento cortaba como el filo de una navaja, los mismos dragones que se encontraban volando alrededor tuvieron que descender a tierra para protegerse, los orcos chillaban de terror, los mastrigs, lemsils, y guardianes del dragón estaban expectantes de que pasaría.
Oberòn sabia que si no hacia algo el látigo de Asayaraseth los destruiría a todos, pero ¿Qué podía hacer?
Miro la espada que parecía seguir brillando era como si alguien tratara de decirle que hacer, de pronto fue como si alguien tuviera control de él como nunca había sentido hasta entonces, tomo con ambas manos la espada levantándola de forma vertical al cielo, Asayaraseth lo miro con repugnancia preparándose para aplastarlo.
¡Yo señor de los mastrigs te imploro a ti tierra mía, me ayudes a detener a Asayaraseth, Elladahiane, nuestra señora socórrenos!-grito Oberòn con todas sus fuerzas.
Era como si alguien más hubiera dicho esas palabras a través de Oberòn, la espada brillo como nunca, Oberòn descargo un certero golpe en la tierra, al contacto la espada vibro con un sonido melodioso, de pronto toda la tierra se estremeció mucho mas fuerte que cuando gruñera Asayaraseth, donde dio el golpe la espada la tierra comenzó a abrirse a una velocidad sorprendente, Asayaraseth no esperaba esto, en un momento perdió el equilibrio, el surco era tan grande que fue como si la tierra lo devorara, Oberòn vio como a través de la grieta caía su temible adversario.
El joven mastrig estaba exhausto lo único que pudo hacer mientras el terremoto seguía fue sostenerse de la empuñadura de su espada antes de perder el conocimiento, cuando todo parecía que se había detenido, el látigo de Asayaraseth salio de entre la grieta sujetando por la cintura a Oberòn inconsciente, este cayo a la grieta sin soltar su espada, la tierra lentamente comenzaba a cerrarse.
Yosneil había visto todo desde muy cerca sin entender que era lo que pasaba, cuando vio caer a Asayaraseth pensó que todo había terminado, pero ahora que Oberòn también había caído no sabia como ayudar, de pronto un extraño cosquilleo apareció en su espalda, sin saber como se vio corriendo a la grieta para ayudar a Oberòn, sin pensarlo se lanzo a su interior, el cosquilleo aumentaba, debajo de él mientras la tierra seguía cerrándose pudo ver como el látigo jalaba a Oberòn cada vez más abajo, reuniendo todas sus fuerzas pudo soltar al mastrig inconsciente el látigo quemaba como el fuego; listo, lo había logrado pero ahora ambos caían, de pronto sintió como si su espalda fuera a partirse, el dolor como llego se fue dando paso a un sensación de comodidad como nunca antes la sintiera, Yosneil se maravillo al ver que ya no caía sino que al contrario subía a una gran velocidad justo al momento que la grieta se cerraba atrapando al demonio negro en su interior.
Una vez a fuera en el exterior, por fin pudo darse cuenta de lo extraordinario que le había ocurrido, ¡le habían salido alas!
"Como Pashlein dijo"- pensó.
Las huestes de demonio negro no entendían que había pasado pero no por eso dejaron de atacar, ya que su amo había desaparecido los mastrigs y demás servidores de la luz lo pagarían.
Yosneil aterrizo cerca de donde se encontraban Mordiak, Korvak y Nantar.
¿No esta muerto, verdad?- pregunto Mordiak.
No solamente se desmayo- dijo Yosneil- como capitán de la guardia debes tocar retirada.
Ya lo había pensado- dijo Mordiak- ¡Todos a los puertos, tomen las barcas, la ciudad ha sido tomada!
El grito del capitán de la guardia fue escuchado por todos, no les agradaba la idea de huir pero era mejor que morir, los krulians, los mastrigs, los guardianes del dragón corrieron lo más rápido que pudieron hacia las barcas.
En los puertos las barcas estaban listas, tenían una gran capacidad, Nicodemus había preparado todo desde que el rey le ordenara, Titania estaba junto con Nany.
Nicodemus- dijo un noble mastrig- es necesario partir, nuestros hermanos se aproximan.
Tienes razón amigo mío, reciban a los dragones y krulians que puedan, nadie de los que nos han ayudado debe quedarse- dijo el sabio consejero antes de subir a su barca.
En la barca real se encontraban los dragones de la compañía de lord Draco, sus guardianes del dragón, Nany y Titania.
¿Y los demás?- pregunto la joven a Nicodemus.
Tranquila hermosa señorita, todos estarán bien- dijo Nicodemus para tranquilizarla.
Nany comenzó a aullar había olido a su padre acercándose.
No se había equivocado los rezagados comenzaban a llegar, Nanthar no vio a Nany, subió a otra barca, Mordiak, Korvak, Oberòn y los demás subieron a la barca real.
Es hora de partir- ordeno Nicodemus.
En cada barca el capitán dio orden de alejarse, algunos mastrigs aun no llegaban, otros habían perecido y aunque era terrible sus hermanos no podían seguir esperando era asunto de vida o muerte el que partieran cuanto antes.
Un frío y un miedo sin razón comenzaron a apoderarse de las barcas.
Los espectros- musito Nicodemus.
En pleno mar, con sus jirones de ropa se encontraban frente a ellos los tres espectros capitanes de Asayaraseth cerrándoles el paso.
POR ORDEN DE NUESTRO AMO DEBEN PERECER- dijeron al unísono.
El mar comenzó a agitarse, era como si una tormenta estuviera en camino.
Nicodemus guardo la calma, se paro al frente de la embarcación y al sonido de su voz las aguas regresaron a la calma, los espectros no se daban por vencidos reanudaron sus lamentos para hacer zozobrar las embarcaciones, Nicodemus repelió su ataque una vez mas, cuando los espectros trataron por tercera vez, Nicodemus levantando su bastón pronuncio un cántico muy antiguo que pedía ayuda a Elladahiane y al momento los espectros dieron un grito de derrota que hizo que todos se taparan los oídos, cuando levantaron la vista ya no había presencia de ellos por ninguna parte, solo en el mar podían ver jirones de tela que lentamente se hundían.
Oberòn
lentamente abrió los ojos, se encontraba entre los brazos de
Titania, se incorporo tambaleante acercándose a donde se
encontraba Nicodemus.
Debemos irnos o moriremos- dijo con un
fuerte dolor de cabeza.
Descansa mi joven rey, los dragones y yo nos encargaremos- dijo Nicodemus.
A una señal del consejero en cada barca se entono una melodía como nunca había escuchado el mar, una niebla envolvió las barcas y cada una fue desapareciendo al pasar por un portal, de pronto la tierra comenzó a sacudirse de nuevo y al mirar hacia atrás pudieron ver como entre el fuego que consumía lo poco que quedaba de la ciudad aparecía la figura de Asayaraseth en todo su esplendor.
Todos partan ahora mismo- ordeno con desesperación Nicodemus.
Las barcas desaparecieron por completo, la ultima en dejarse ver fue la barca real.
Todos llegaremos al mismo lugar, verdad Nicodemus- pregunto tímidamente Mordiak.
Me temo que no- dijo Nicodemus- ese monstruo hizo que cada portal se abriera hacia lugares distintos, podrían pasar mil vidas mastrigs para que nos reunamos otra vez.
Todos guardaron silencio, sabían lo que significaba, fuera a donde el portal los enviara estarían solos, Nany comenzó a aullar de tristeza, era la unica krulian en la barca de Oberòn, su clan estaba muy lejos de ella, Mordiak y Korvak se miraron con una tenue sonrisa afortunadamente ellos habían quedado juntos, los dragones y sus guardianes junto con los mastrigs que había en la barca solo pudieron agradecer a los cielos el haberse salvado.
"No volveré a confiar en los lemsils- pensaba Oberòn- desde este día para mi son lemais: extraños o extranjeros, no permitiré que le vuelvan a hacer daño a mi pueblo".
Asayaraseth estaba furioso, después de que se cerrara la grieta y ver que había dejado escapar a Oberòn reunió todas sus fuerzas para liberarse, al salir no vio más que a sus huestes acabando con los últimos vestigios mastrigs, con su poderosa vista vio como las barcas huían con el heredero de Enin.
TE MALDIGO HEREDERO, TU Y TU PUEBLO NO SE REUNIRAN HASTA QUE YO LO DECIDA Y ADEMAS… NO NACERA HEREDERO DE ENIN HASTA QUE YO QUIERA, TUS HIJOS NO SERAN CRIATURAS MAGICAS PURAS, ES LA MALDICION DE ASAYARASETH, QUE ASI SEA- gruño en su lengua mientras el último portal se cerraba.
ORCOS, ACABEN CON LOS LEMSILS, YA NO LOS NECESITO- ordeno sin perder su figura de demonio.
Los lemsils se miraron confundidos como era posible que ahora ellos fueran exterminados si iban a ser un gran pueblo con lo que habían arrebatado a los mastrigs.
Asayaraseth estaba furioso no veía a Draken por ninguna parte y tampoco a sus renegados, solo estaban junto a él sus dos dragones de mascota.
YA NO ME SIRVEN COMO DRAGONES, AHORA NECESITO DEMONIOS- dijo mientras los tomaba a los dos entre sus garras.
Los dragones dieron gruñidos de dolor sin que le importara a su amo, cuando este los dejo de nuevo en el suelo en lugar de los dragones ahora habían dos demonios uno de color rojo y otro de color gris.
AHORA ME SERVIRAN, GARRA DE ACERO Y GARRA ROJA- dijo el demonio con una triunfal carcajada.
VEO QUE ESTAS MUY CONTENTO- dijo Draken llegando por sorpresa.
Antes que dijera algo más demonio negro lo tomo por el cuello azotándolo contra el suelo hasta que del cuerpo del dragón emano sangre de color oscuro.
MI AMO, UN MOMENTO, DEJADME EXPLICAROS…- suplicaba Draken.
Demonio negro no presto atención a sus suplicas, con un movimiento una grieta de menor tamaño se abrió en la tierra, en su interior se veía correr un río de lava, ante el terror del dragón Asayaraseth lo arrojo mientras lentamente se extinguían los gritos de dolor de Draken.
NO IMPORTA CUANTO TARDE ENCONTRARE Y EXTERMINARE A LOS MASTRIGS, YO ASAYARASETH LO PROMETO- gruño mientras desaparecía seguido de sus dos nuevos demonios.
Continuara…
