Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

La joven dio un último vistazo a la aldea, realmente no sabía a dónde se dirigían, ni cuándo volvería a ver a sus amigos, pero ya no se sentía insegura ni dudosa.

A lo lejos, oculto tras el tronco de un árbol, Kohaku los veía marchar.

-Rin…

Contra corriente

Por Kuruma Chidori

Capítulo 7

Sesshomaru sobrevolaba poco más arriba de Ah-Un desde donde podía observar a Rin, quien se había quedado dormida. Definitivamente la muchacha se había desacostumbrado a los largos viajes. El sol ya estaba empezando a ocultarse y aún se hallaban algo lejos de su destino, por lo que descendió al bosque con Ah-Un siguiéndole de cerca para pasar la noche. Si bien él no tenía problema con viajar hasta el amanecer, no quería sobreesforzar a Rin, después de todo, no había prisa.

El youkai llegó hasta un pequeño claro en el bosque, se acercó a Ah-Un quien esperaba por él y tomó a Rin en brazos mientras la bestia se acomodaba para después recargarla en el costado del demonio. Pese al movimiento, Rin no se inmutó, seguía durmiendo tranquilamente.

Sesshomaru se sentó al pie de un árbol, su naturaleza hacía que durmiese poco y siempre estuviera alerta. Observó un momento a la joven, tenía muchas cosas en la cabeza en ese momento.

El futuro no era un tema que usualmente le robara los pensamientos, él tenía claro lo que deseaba: hacerse más fuerte y extender su Imperio. Él ya poseía su propio palacio con sus propios sirvientes, sus propias tierras, su propia reputación, incluso se murmuraba que él ya había superado a su fallecido padre en poder. Él era Sesshomaru, Lord de las tierras del Oeste, aquel taiyoukai que era capaz de revivir a los muertos, de haber recuperado su brazo perdido, poseedor de Bakusaiga, la espalda capaz de desintegrar a cualquier demonio, incluso solo con una pequeña herida.

Sí... él ya había prácticamente conseguido todo lo que se había propuesto, sólo quedaba hacerse más fuerte y expandir su imperio, de lo cual era consciente que se trataba de un capricho suyo.

Sesshomaru era ambicioso, él obtenía lo que quería… y siempre sabía lo que quería, excepto cuando la veía…

El youkai observó detenidamente las facciones de la joven. Su rostro se había alargado, sus rasgos eran más afilados y su cabello era largo y alborotado, tan oscuro como siempre; su piel lucía menos bronceada, evidentemente ya no pasaba tanto tiempo bajo el sol como cuando era niña. Sesshomaru bajó la mirada y detalló su cuerpo: la pequeña niña se había vuelto alta, era un poco más alta que la mujer de su hermano menor. Sus piernas eran largas y su cintura pequeña, las caderas se le habían ensanchado considerablemente más de lo que le habían crecido los pechos, lo cual no había sido demasiado. La joven no tenía una belleza excepcional, ni características realmente fuera de lo común en una humana, no poseía un halo de misterio como la primera mujer de su hermano, ni lucía tantas curvas como Kagome, sin embargo, y no le hacía mucha gracia aceptarlo, le resultaba avasalladoramente atractiva.

Recordó el día que la conoció. En aquel entonces él estaba muy mal herido debido a uno de los intentos fallidos por robar a Tessaiga, quizá sería la única vez que pasó postrado días en el mismo lugar sin poder moverse y entonces ahí estaba, una niña muy pequeña vistiendo un kimono gastado y sucio, el cabello despeinado y los labios mudos.

Cuando días después la halló muerta y cubierta de sangre, algo en su interior cambió. ¿Acaso eso lo había vuelto más débil?

-No…

Sesshomaru tocó por un momento la empuñadura de Bakusaiga, su otra espada. Todo había sido un proceso, y Rin había sido el inicio de el. Jamás lo pronunciaría en voz alta, pero sabía que aquel día en que Rin volvió a morir y él no fue capaz de salvarla con Tenseiga, su padre le había dado la lección que se había propuesto… debía conocer el dolor y el miedo de perder a un ser querido para valorar la vida y ser compasivo. Jamás había experimentado tan enorme impotencia como cuando llevó el cuerpo frío e inerte de Rin de regreso al mundo de los vivos. Si no hubiese por su madre, la habría perdido para siempre a causa de su vanidad.

El lord desvió la mirada de la joven. Había tomado una decisión: iba siendo hora de volver a hacer acto de aparición en su palacio y llevar a Rin consigo. Le daría un hogar y las comodidades que sólo él podría ofrecerle mientras que seguiría con sus planes de siempre, no había más que pensar, mientras él viviera, ella tenía que estar a salvo. Tenía qué.


Rin abrió los ojos lentamente, hacía mucho tiempo no había dormido tan plácidamente. Cuando terminó de desperezarse descubrió los amarillentos ojos de una de las cabezas de Ah-Un observándole y la joven sonrió, todo tenía sentido, ella pasó mucho tiempo durmiendo junto a la bestia, el cuerpo tenía memoria de los buenos momentos.

La muchacha se puso en pie, y observó a su alrededor, Sesshomaru se encontraba de pie a un par de metros de ellos, observando el horizonte.

-Sesshomaru-sama, buenos días –Saludó la joven. El demonio, como era costumbre, no respondió el saludo.

-Es hora de partir – dijo sin mirarla. Volvió a ascender y Rin montó rápidamente en Ah-Un quien fue tras Sesshomaru.

-¿A dónde vamos, amo Sesshomaru? – preguntó con curiosidad.

-Iremos al palacio que está al oeste – respondió secamente. La joven parpadeó curiosa, había escuchado de Jaken cuando era pequeña que el youkai vivía en esa dirección pero en todo el tiempo que estuvo con ellos, jamás había pisado esas tierras.

Pasaron todo el día viajando, en completo silencio hasta que por fin llegaron a las tierras del lord empezando el atardecer.

Rin estaba muy sorprendida, jamás había visto un palacio tan lujoso y con murallas tan grandes como aquellas. Sesshomaru descendió lentamente al suelo y Ah-Un lo hizo unos instantes después. Frente a ellos, se alzaba imponente una gran puerta de madera roja que se abrió ante Sesshomaru.

El youkai avanzó con paso tranquilo, la joven desmontó a la bestia y caminó tras Sesshomaru, sujetando las correas de la montura llevando a Ah-Un con ella.

-Bienvenido mi señor – se escuchó hablar al unísono a decenas de youkais que se hallaban formados a la entrada, recibiendo a Sesshomaru con una reverencia. El Lord no detuvo su caminar ni contempló a los presentes, continuó su andar hacia la entrada principal del palacio la cual se encontraba hasta el final de una larga y empinada escalinata.

Rin observó a su alrededor y pudo sentir las miradas de los sirvientes sobre ella que le veían con sorpresa y extrañeza. Notó que todos tenían una forma humanoide de baja estatura, mezclada con una apariencia animal. Según su experiencia, eso significaba que no eran monstruos muy fuertes, por lo que probablemente no eran sino servidumbre. Observó las escalinatas del palacio y las murallas que rodeaban el lugar. De pie, inmóviles y con lo que parecían lanzas en mano, se hallaban youkais de forma más humana, portando armaduras. Sin duda, aquellos serían los guardias y Rin se preguntó si aquello no sería mera apariencia, ya que no podía concebir el hecho de que Sesshomaru necesitara protección.

-Rin –le llamó el demonio – Deja a Ah-Un aquí.

-Ah, sí.

Rin soltó las riendas de la bestia e inmediatamente fueron tomadas por uno de los sirvientes que tenía forma de un mono muy extraño y se lo llevó.

-Ven conmigo – Ordenó Sesshomaru. La joven apresuró el paso para alcanzarlo, se quedó un escalón atrás de él con la cabeza gacha, se sentía intimidada. –Antes…

-¿Eh?

-… tú antes dijiste, en el lago, que no deseabas estar detrás de mi viendo únicamente mi espalda.

-Ah... sí.

La joven levantó la mirada, comprendiendo lo que quería decir el lord y volvió a apresurar el paso hasta alcanzarle e ir a su lado. La joven iba agarrándose las manos de forma nerviosa, no entendía por qué se sentía así.

Sesshomaru pudo captar perfectamente con sus oídos la exclamación de sorpresa de los sirvientes que los veían avanzar. Sin duda alguna, jamás habrían imaginado ver un cuadro así: su amo, el poderoso Sesshomaru, hombro a hombro con una mujer humana y que claramente tenía pinta de campesina.

Una vez llegando al final de la escalinata, otra gran puerta se abrió y entraron a la habitación principal del palacio, y por primera vez en el día, Rin volvió a ver un rostro familiar.

-¡Sesshomaru-sama! ¡Ha regresado! – Corriendo, hizo acto de aparición aquel pequeño demonio de piel verdosa.

-¡Jaken-sama! – Rin corrió hacia él y le abrazó sin pensarlo.

-¿Eh? ¿Qué? –Jaken se hallaba muy extrañado, se separó de aquel abrazo y miró con los ojos muy abiertos a la joven que estaba frente a él- ¿Rin, eres tú?

-¡Cuánto tiempo sin verlo, señor! – exclamó la muchacha sumamente alegre. Jaken sin poder contenerlo, se le llenaron los ojos de lágrimas de emoción al verla tan crecida, pero de inmediato recuperó la compostura.

-¡Ohh! Has crecido mucho, chiquilla – Jaken se talló los ojos, admirado, y luego miró al youkai con sorpresa, lleno de preguntas.-Amo, no me imaginaba que Rin había sido la razón de su partida, de haberlo sabido yo…

-Jaken – Le interrumpió.

-¡Sí señor, dígame!

-Prepara una habitación para Rin, desde ahora vivirá aquí. –Dijo secamente.

La sorpresa de Jaken aumentaba más y más a cada momento, pero se limitó a obedecer.

-Sí amo, como usted ordene. – El pequeño demonio salió a paso rápido de la habitación, volviendo a dejar a la muchacha con el youkai.

-Ah, Sesshomaru-sama no creo que sea necesario eso, yo misma puedo…

-Rin, las cosas son distintas ahora. Ya no tienes que volver a buscar tus alimentos o lo que necesites por tu cuenta. Mientras vivas bajo este techo, no tienes que hacer nada de eso. – Sesshomaru se dirigió a una youkai de edad mayor que se hallaba al fondo de la habitación con la cabeza gacha en señal de respeto– Sunako, ella es Rin, desde este momento vivirá aquí, hazle saber al resto de los sirvientes que tienen la obligación de cumplir cualquier petición o deseo de ella ¿entendido?

-Sí, mi señor. – La mujer hizo una pequeña reverencia ante ellos y se retiró.

Rin se sentía completamente fuera de lugar, sin duda alguna le tomaría un tiempo acostumbrarse a vivir ahí.

-Ah… Sesshomaru-sama – La joven nuevamente estaba nerviosa - ¿qué se supone que debería hacer ahora?

Sesshomaru la miró de reojo, impasible.

-Como he dicho, desde ahora vives aquí, eres libre de recorrer el palacio a tu antojo y hacer lo que desees.

-Yo quiero estar con usted. – Respondió con determinación. El demonio guardó silencio, aún observándola de reojo.

Sesshomaru salió de la habitación, ella le siguió por un largo pasillo hasta llegar a un cuarto mucho más pequeño que el anterior, pero más cálido. Al centro había una pequeña mesa tradicional japonesa, y los respectivos cojines para sentarse. El youkai se sentó en uno de ellos y se quedó apacible, esperando que Rin comprendiera que podía sentarse también. La joven tardó unos instantes en entender y después se sentó, guardando un poco la distancia con él.

El estómago de Rin chilló, la joven se sonrojó levemente, no había probado alimentos desde el día anterior cuando habían partido de la aldea. A los pocos segundos, dos pequeños demonios hacían acto de aparición llevando una gran bandeja con platillos que Rin jamás había visto en su vida. Con algo de dificultad la colocaron sobre la mesilla, frente al asiento de la joven quien no sabía qué decir, por lo que sólo atinó a casi gritar un nervioso "¡Gracias!" y hacer la misma reverencia de tocar el suelo con las manos, imitando el previo acto de los dos demonios quienes se mostraron confundidos por esa actitud.

Era claro que Rin no sabía cómo comportarse y eso a Sesshomaru le resultaba entretenido. Justo en ese instante Jaken entraba a la habitación.

-Aquí no tenemos comida para humanos, por lo que al menos por hoy tendrás que conformarte con esto, Rin – Dijo el pequeño demonio verde a la muchacha que enseguida se incorporó y asintió con la cabeza. – A partir de mañana es muy importante que tengan una reserva de alimentos que esta humana pueda ingerir sin problemas – Ordenó a los dos sirvientes que enseguida se retiraron de la pieza después de asentir.

Jaken se dirigió a la puerta corrediza que se hallaba a un costado de donde Sesshomaru estaba sentado y la abrió, dejando ver un gran jardín.

Rin se maravilló, era el típico jardín tradicional japonés, con árboles de cerezo y un pequeño lago artificial atravesado por un puentecillo de piedra, sin duda alguna era muy probable que pasaría mucho tiempo ahí.

-Rin, come antes que se enfríe que una vez que lo haga dudo mucho que siquiera puedas probar la comida. - pidió Jaken.

-¡S-sí!

Rin tomó los palillos y acto seguido miró la bandeja que tenía enfrente. De inmediato el hambre que había sentido durante todo el día se esfumó al ver el contenido: todos los platillos lucían muy extraños y despedían un olor nada apetitoso. La joven sonreía nerviosamente intentando elegir qué cosa tenía la apariencia menos desagradable para probarlo y fue entonces que notó que no había ninguna bandeja para Sesshomaru.

-Sesshomaru-sama, no han traído la cena para usted, ¿no tiene hambre?

-Chiquilla, el amo Sesshomaru jamás come aquí, él prefiere cazar sus propios alimentos y comer solo – Le respondió Jaken.

Si lo pensaba, era cierto, Rin jamás había visto al demonio comer, probablemente muchas de las ocasiones en las que le había dejado en compañía de Jaken y Ah-Un, no solo había ido a buscar pistas del paradero de Naraku, sino a cazar también.

-Ya veo…

-Por cierto señor… - Sesshomaru miró al demonio verde, quien pareció nervioso –Su señora madre vendrá a verlo pronto, según me han informado.

-¿Y se puede saber por qué? –Soltó con aburrimiento.

-Discúlpeme señor, pero no tengo idea. –Jaken lucía nervioso siempre que tenía que dar alguna noticia de esas. – Eh… i-iré a preparar su habitación, amo, me retiro por ahora, si me necesita llámeme.

Jaken hizo una reverencia y salió apresuradamente de la habitación.

La muchacha apretó los labios, intentando hacer memoria sin muchos resultados. Apenas y recordaba a la madre de Sesshomaru ya que sus recuerdos de aquel día eran borrosos debido a todo lo acontecido en ese entonces. Se preguntó por un momento si su presencia ahí sería un problema para ella.

Rin finalmente eligió un platillo que tenía la apariencia de ser un trozo de carne en tono purpúreo y si bien no resultaba nada atractivo a la vista, de entre todo lo que tenía enfrente era lo único que se atrevería a probar además de aquel té color rosado que no tenía ningún sabor en particular.

La piel de Rin se erizó al probar el sabor de la carne, era sumamente amargo y con una textura pastosa. Acabó el plato casi tragando sin masticar y bebió rápidamente el té para disipar el sabor. Definitivamente tendría que hacer algo respecto al tema de los alimentos.

-Gr-gracias por la comida.

Sesshomaru se hallaba completamente en silencio con la mirada perdida en el jardín, más exactamente en el cielo que comenzaba a oscurecerse y donde poco a poco la luna llena hacía acto de aparición. Rin contempló al youkai unos momentos, su gesto lucía serio, pero era distinto. Efectivamente era frío y distante como era usual, pero no mostraba la apatía de siempre… Rin logró vislumbrar un atisbo de paz en su semblante y aquello le hizo esbozar una leve sonrisa. Eran contadas las veces que había observado ese destello en su mirada y sabía perfectamente que coincidía generalmente con las noches de luna llena.

Rin se puso de pie, lo mejor de acuerdo a su experiencia, era dejarlo a solas y que estuviese en silencio. Sesshomaru la miró de reojo.

-¿Te vas?

Rin asintió con la cabeza, aun con la sonrisa en los labios.

-Sí, le pediré al señor Jaken que me diga a dónde debería ir ahora.

-Puedes quedarte un poco más, si quieres. – Musitó, apartando la mirada de ella para volver a contemplar el paisaje. Rin parpadeó con sorpresa, situaciones así se presentaban escasamente.

La muchacha salió de la habitación, dirigiéndose al jardín y se sentó en la orilla del pasillo de madera, dándole la espalda a medias al youkai y observando también el paisaje. Sonreía, se sentía muy dichosa en ese momento. Desde pequeña, ella temía al silencio y a la soledad, pero con él ahí, así estuviesen callados, se sentía acompañada. El silencio de Sesshomaru era sin duda el único que sabía amar.

La brisa sopló suave sobre el rostro de Rin, quien aspiró profundamente y cerró los ojos, aún con la sonrisa en los labios. En ese instante, Rin sintió que todos los años de espera, todas aquellas noches en que la angustia y la nostalgia le robaban el sueño, por fin se veían recompensadas. El aroma de los cabellos de la joven llegó hasta el youkai quien posó sus ojos miel en ella. Observó cómo mecía los pies descalzos, sus párpados cerrados y la discreta sonrisa que se asomaba en sus labios. El resplandor de la luna llena brillaba en su piel y la brisa despeinaba sus revueltos cabellos castaños. Fue justo en ese instante que Sesshomaru entendió que no deseaba volver a pasar una noche sin ella a su lado.

En un impulso, el youkai estiró una mano, y rozó los cabellos de la joven. Rin giró la mirada hacia él sorprendida por el tacto. Sesshomaru volvió a alejar la mano, detuvo un instante su gélida mirada en los grandes ojos de Rin, y volvió a observar el paisaje.

Fue sólo un instante, pero con ese simple roce, el corazón de Rin se había acelerado. La joven apretó las manos contra su pecho, apartando a su vez la mirada del demonio de cabellos plateados.


Hacia las tierras del norte, lejos del palacio de Sesshomaru, los rumores de que el Lord iba a reunirse de nuevo con aquella humana que años atrás llevaba consigo, habían comenzado a expandirse.

-Señor, un espía ya nos lo ha confirmado. La humana está en el palacio con Lord Sesshomaru. –Informaba un pequeño demonio imberbe, haciendo una exagerada reverencia en el suelo.

Al fondo de aquella habitación fría y apenas iluminada por la luz de unas cuantas velas, unos ojos rojizos parecieron encenderse y una amplia sonrisa provista de finos colmillos se dibujó en el rostro de aquel demonio.

-Así que finalmente está sucediendo. –Dijo para sí, con voz profunda -Después de tanta espera… Te arrebataré todo aquello que te importa, Sesshomaru.

Continuará…

Yo sé que el tiempo

es la brisa que dice a tu alma:

Ven hacía mi, hacia el día vendrá, que amanece por ti,

la luna de miel.

Nunca sabré en qué viento llegó este querer

Mi vida llama a tu vida y busca tus ojos

Besa tu suelo, reza en tu cielo, late en tu sien… (La luna de miel – Zahara)

N/A

Al parecer ando en una buena racha pues estoy actualizando muy seguido, espero esto se mantenga así desde ahora en adelante hasta finalizar el fanfic. Muchas gracias a quienes se han tomado un tiempo en leer y dejarme review, como les he dicho, es gracias a eso que tengo ánimos de finalizar la historia. Ya va a aparecer un personaje que dará algo de problemas a los protagonistas, espero que les guste ese giro. Intentaré actualizar la siguiente semana!

Kuruma Chidori