Este capítulo está en los bordes de la clasificación "M" al tener temas bastante incómodos y reprochables para muchos. Pero necesarios para romper el último eslabón en la máscara de Naruto.

Están advertidos.

Desde aquel día, Naruto no volvió a demostrar emociones nuevamente, pero todos, incluso el Hokage, podían percibir que la frialdad en sus ojos, esa máscara con la cual escondía sus sentimientos, mostraba pequeñas, pero significativas muestras de resquebrajamiento.

Era un proceso lento y difícil, en el que se retrocedía mucho más de lo que se avanzaba, pero los logros, por más diminutos que sean, eran tomados en cuenta; y celebrados con moderación.

Su rostro, seguía igual de inexpresivo, una muestra perfecta de paz y quietud que enervaba los cabellos de los aldeanos, quienes tontamente, seguían atacándole en cada oportunidad que podían, o mejor dicho, en la forma que podían. Tales ataques, venían en precios más altos para todo; ya sea, comida, equipamiento, permisos y algunas minucias más. Lo que llevó al líder del clan a negociar todo esto por medio de la casa del Hokage.

Después de todo, ¿Quién en sus cabales se atrevería a desafiar a su líder? La lógica implica que nadie, no cuando vives bajo un régimen estrictamente militar.

Pero por lo visto, los habitantes de Konoha, no eran muy amigos de la lógica.

Por lo cual, el Hokage contrarrestó efectivamente con movimientos bancarios que de seguir por más de dos semanas en efecto, llevarían a la quiebra a cualquier negocio, sobretodo aquellos que estuviesen marcados de manera negativa en la población militar, por supuesto, que ante el riesgo de perecer financieramente, tales opositores recobraban de forma milagrosa la cordura perdida. Reconsiderando su posición, y perdiendo el veto hasta nuevo aviso.

Un sin número de familias tanto civiles como Shinobi, amenazaron con marcharse de la aldea, al no apreciar en lo absoluto el nuevo sistema de gobierno. Como respuesta, el Hokage les abrió las puertas; no aquellas que ellos esperaban, no. Sino las mismas puertas de la aldea, después de haber sido despojados de todo: dinero, posesión e información que hayan pertenecido en algún momento a la aldea. TODO, a excepción de las ropas que cargaban y 1000 miserables Ryo. Los suficientes para establecerse en el barrio bajo de cualquiera sea la ciudad o el país que elijan.

Por supuesto que esto los amotinó mucho más, por lo que el Hokage, de manera amable decidió recordarles que, Konoha, era una aldea Shinobi, un pueblo que vive gracias a su milicia y poder destructivo. Uno que a diferencia de muchas otras aldeas escondidas, ha crecido perezoso y permisivo, incrementando la población de los civiles que vivían: de alimentar, vestir, equipar y alojar a los militares.

De ninguna manera les permitirían escapar a otros pueblos y países, con información, dinero y recursos para incrementar el poder de quienes hasta ahora, eran y son sus rivales y posibles enemigos.

¿Qué idiota haría eso?

Curiosamente, este movimiento atrajo la aceptación de muchos de los clanes Ninja, al ver el punto que el Hokage deseaba dejar en claro.

El enemigo está reuniendo fuerzas, no colaboremos con cualquiera sea su causa, entregándoles más recursos.

Nadie lo dijo en voz alta, ni siquiera en susurros, pero este silente estatuto dejaba en claro que alguien en los países elementales, estaba incrementando su poder militar, poder que podría ser usado en su contra. Por lo que era mejor prepararse para lo peor, a simplemente quedarse sentados y confiados de su indestructibilidad, como hasta ahora lo han estado haciendo.

Después de todo, la paz entre los países suele perdurar, mientras las fuerzas de sus ejércitos permanezcan en aparente igualdad. Un leve declive y el vecino más poderoso, podría sentirse… tentado.

Quizás eso explicaba el porqué el Hokage aceptó el ingreso de un nuevo clan a la aldea, uno que incluye a un arma poderosa, que podría ser de gran utilidad, si tal confrontación llegase a ocurrir. Sea, con quien fuere.

Lo cual, de nuevo, nos lleva de regreso a Naruto, quien, después de retirarse de la academia para novicios, (Para el alivio de Hinata, Sakura y Kiba, cada quien por sus propios motivos.) Tomó el examen de equivalencia, sorprendiendo tanto a su clan, como a los examinadores al quedar en el rango de Chuunin de alto nivel.

De nuevo, cada lado estaba sorprendido por sus propias razones, los examinadores, por el hecho de que un niño de esa edad, quedara tan alto. Los miembros del clan, por el desempeño que el chico podía demostrar cuando trabajaba por si solo.

Ninguno de los dos, se mostraba complacido con este descubrimiento, incluido Naruto.

El problema radica en que, hasta ahora, el chico solo ha trabajado en equipo, y su desempeño bajo estas condiciones, excede cualquier expectativa. Ya que, al ser un clan nómada, nunca debían, bajo ninguna circunstancia, dejar solo o sin vigilancia, a alguno de sus compañeros. (Excluyendo Ayame, quien puede escapar en cuestión de segundos, y que sabe las consecuencias de ser capturada o asesinada, por lo cual, su sello es peligrosamente efectivo en disponer de su cuerpo, dependiendo de la situación.) Por lo que Naruto, o Soujiro, cuando se encuentra en alguna misión, nunca tuvo tiempo para pelear por si solo, sin depender de la ayuda de alguien que complementara sus puntos débiles.

Lo cual le calificaba como Chuunin, al conocer, comprender y usar tanto sus habilidades, como las de otros para el beneficio de la misión. Pero como individuo, Naruto simplemente carecía de la experiencia necesaria. Si, su velocidad era impresionante, pero como toda habilidad, lamentablemente puede ser, en muchos casos, vencida por un oponente más experimentado.

Nada es perfecto o invencible.

Esto disparó una serie de entrenamientos que el chico, hasta ahora, nunca había enfrentado, fallando la mayoría de las veces, para la frustración del mismo. El Hokage, al igual que el líder del clan, comprendió que el joven aprendía por experiencia propia. Por lo que se le entregaron varias misiones donde pudiera ser puesto a prueba, algunas de ellas en compañía de Chuunin pertenecientes a la aldea.

Ninguno de los candidatos a excepción de uno, demostró interés en crear un lazo de cualquier índole con el chico, por lo que muchos, se sorprendieron al ver que Yuuhi Kurenai, de todas las personas, no solo recibía trato especial por parte del clan, sino, en algunos casos, ayuda financiera y más importante aún. Nuevas técnicas.

Muchos, luego de enterarse de esto, intentaron lo obvio, solo los más inteligentes comprendieron que esto fue una oportunidad que posiblemente no se repetiría. Por lo que no volvieron a intentarlo. Lamentablemente, la inteligencia en la aldea parecía haber disminuido mucho con los años, por lo que fueron pocos, muy pocos, los que se resignaron a no intentarlo nuevamente.

Esto llevó a que estos dos, que conservaban un sano respeto por el otro, fueran normalmente, compañeros en misiones de largo plazo, pasando muchas veces, bajo la cubierta de una madre con su hijo.

Ayame, quien normalmente era quien vigilaba a Naruto desde las sombras, llegaba a sorprenderse con el nivel de detalle que ambos lograban conseguir al adherirse a métodos no convencionales hoy en día con tal de camuflar su apariencia. Por lo general, era Naruto quien solía teñirse el cabello en una tonalidad símil, más no idéntica a la de su compañera. Dejando los ojos como una herencia de su padre.

La edad de la mujer permitía cuando mucho, ir por la excusa de que fue desterrada de su clan y aldea, por quedar embarazada fuera de matrimonio. Decidiendo fugarse con el hombre de su vida por amor, y que sus padres, terminaron por darles caza y eliminar a su amado, en un intento por borrar la desgracia que mancha su nombre.

Incluso para más seguridad, tomaban la identidad de mujeres que en efecto, han sufrido este precario destino. En caso de que alguien decidiera investigar por su cuenta. Y si por alguna razón lo hicieran, estaban seguros de al menos, llevar el color de cabello y piel exactos. Lo cual podía ser logrado por maquillaje. El ser más delgada o flaca de lo que creían, puede atribuirse al vivir en el camino.

O, en las pocas ocasiones en que su misión no involucraba contacto con el enemigo, un simple Genjutsu bastaba. Era una pareja inusual, que extrañamente funcionaban juntos, al ser siempre menospreciados por su objetivo, en especial al todos creer que están lidiando con una simple madre fugitiva y su mocoso.

No eran los más grandes amigos, y su relación consistía básicamente de un gran respeto mutuo. Pero, Ayame pudo notar que existía un problema en la relación que aparentemente Kurenai no deseaba mencionar, quizás temerosa de que el chico malinterpretase su pregunta.

Ayame por otra parte, no tenía reservaciones en sus notas, por lo que Ryu, de forma rápida y eficaz, decidió solucionar este inconveniente, que consistía primariamente, en el hecho de que Naruto, era encima de todo. Un actor que definitivamente no encajaba en su papel. Muchas veces, prefería actuar como un chico autista, o con severos problemas mentales, a comportarse como un chico normal.

Eso no podía ser, si bien es una estrategia que ha funcionado hasta ahora, arroja, en su mayoría, todo el trabajo sobre los hombros de la mujer, quien tiene que adquirir como pueda la información necesaria.

Por lo que Naruto, para su consternación, fue relegado por un par de meses de sus tareas, y asignado a estudiar encubierto las diferentes conductas de un niño de su edad, sus reacciones, sus habilidades físicas y mentales, sus gestos y costumbres. Todo con tal de que en sus misiones, pudiera pasar por un niño cualquiera, uno que pudiera conseguir minúsculos datos por parte de la población infantil, siempre descuidada al mantener secretos de gran importancia.

Era un método sucio, principalmente porque lidiaba con manipular almas inocentes, pero un Shinobi no podía desperdiciar nada, no, por el bien de su misión.

Si las Kunoichi encubiertas, estaban dispuestas para acostarse con un completo desconocido con tal de lograr su objetivo, él no se quedaría atrás por dilemas de moralidad.

Sus estudios fueron profundos y detallados, casi al borde de lo maniaco obsesivo, pero fueron eficaces, Naruto después de ello, podía actuar como un: bravucón, un buen camarada, un malcriado, un ególatra, y mucho más.

Todos, menos el papel de una indefensa paloma.

La mayoría de los niños en la aldea, a pesar de la situación y a diferencia de sus padres, no tienden a tomar su vida muy en serio, ignorando los problemas políticos y sociales, al ignorar su importancia, con tal de poder divertirse con sus demás amigos.

Por lo cual, era difícil que los varones de su edad, fueran sumisos e inocentes, cuando todos, aparentemente jugaban al Shinobi sin ningún problema. Cierto, al parecer habían uno que otro jovencito deprimido o ignorado. Pero ninguno, demostraba sumisión absoluta.

Resignado, y admitiendo su derrota en la materia, decidió acudir a Kurenai, quien, hasta ahora, le ha confiado el secreto con respecto a que últimamente en el pueblo, se le ha asignado la labor de custodiar y proteger a la heredera Hyuuga. Una, que si él mal no recuerda, muestra los síntomas que necesita para completar su juego.

No le gustaba la idea, principalmente porque algo en la niña enervaba sus cabellos, era una incomodidad que podía explicar a la perfección. Y era simple, a decir verdad.

Le recordaba demasiado su vida anterior, esa, donde fue: ignorado, maltratado, olvidado y finalmente, abusado en todo el sentido de la palabra.

Ella demostraba muchas de esas señales de vivir algo símil, no idéntico, pero si lo suficiente como para incomodarle.

Después de todo, ya han transcurrido desde aquel día en que la conoció, quince meses. ¿Quizás la chica había cambiado y no le sería necesaria? No podía descartarla como una posibilidad, su conducta, era bajo todo sentido, perfecta para el perfil psicológico del niño a quien representaba.

Tímido, casi enfermizamente nervioso ante la presencia de completos desconocidos, uno que se aferraba a su madre al no conocer nada mejor que el camino que a menudo se supone recorren. Intrínseco, pero extrañamente "adorable" para la población adulta, mayoritariamente las ancianas que cuidaban de él cuando su madre no estaba. Además de claro, una conducta y manierismos totalmente femeninos de vez en cuando. Después de todo un niño que solo ha convivido con una supuestamente inexperta mujer, no tendría más opción que imitarla. Fundamentando la imagen de inocencia e ignorancia que muchas veces, podría resultar en el factor decisivo.

Incómodo, pero firme, acudió en dirección de la casa de su compañera de labor, recordando que ella en su última misión, había hecho el comentario de querer participar en los siguientes exámenes Jounin. Unos, en los que él también deseaba participar, después de todo, la advertencia de su líder estableció que no importa su rango, la penitencia que se estableció se llevaría a cabo. Además de estar conciente del hecho de que faltaban simples meses, para alcanzar sus doce años.

Entró en el distrito residencial, ignorando una que otra mirada sucia y comentario malintencionado. No le parecían importar, y aparentemente, le fascinaba la idea de enojar a los aldeanos al no considerarlos, siquiera, dignos de su atención.

Subió las escaleras con mesurada rapidez, recordando que la habitación de su objetivo se encontraba en el quinto piso, puerta número cuatro. Esperaba… no, añoraba que no estuviera acompañada, en especial por Asuma. No que tuviese algo en contra del hombre, pero era incómodo entrar en contacto con una pareja que obviamente, estaba en pleno proceso de copulación, o al menos en las etapas iniciales o finales del acto.

No entendía el porque ambos adultos insistían fervientemente en ocultar su relación, el parecer indiferentes cuando están al lado del otro ante el escarnio publico, pero ser, en realidad amantes fogosos que no pierden una oportunidad para estar el uno con el otro.

Bien sabía él sobre que tan fogosos eran, al haberlos atrapado en dos oportunidades en pleno proceso. De hecho, el chico frenó en seco a meros dos metros de su destino. ¿Era acaso por eso que Kurenai se mostraba distante últimamente? Puede que si, puede que no, la verdad no era de gran importancia el estado de su relación no profesional, mientras ella cumpla con su trabajo.

El rubio reinició su andar, y en simples tres pasos surcó la distancia que le separaba de su objetivo, golpeando tres veces la puerta, no demasiado fuerte, pero si lo suficiente como para que ella de seguro le escuchare.

Un par de minutos escuchando cuchicheos y pasos rápidos dentro del hogar, le decían que efectivamente, de nuevo había llegado a interrumpir a la pareja.

Al tercer minuto la puerta se abrió, y el trató de ignorar el rostro de la mujer, que de seguro, debía poseer labios inflamados, mejillas rosadas y una mirada asesina gracias a la frustración. Para su sorpresa, ella no demostraba estas señales.

"¿Puedo ayudarte en algo?" Su tono era frió, y directo, aparentemente no interrumpió el acto en si, quizás el inicio de uno. "Necesito tu permiso y colaboración para estudiar a la heredera Hyuuga." El joven fue directo al punto, no deseaba seguir importunando a la pareja.

No pudo evitar notar que dicha mujer liberó un respingo casi imperceptible, ¿Quizás la había tomado por sorpresa? Kurenai le observó por algunos segundos, una mirada sucia y casi animal en sus ojos, quizás instinto materno. "¿Y se puede saber el porque de esta… petición? Que intenciones tienes para con Hinata."

El rubio arqueó una ceja, Kurenai estaba actuando demasiado protectora de una niña que no era suya, esto quizás representaría problemas en su carrera, si decide inmiscuirse donde no le compete.

Decidió ignorar estos hechos, al menos por ahora. Aún a sabiendas de que quizás esto le convertía en su cómplice, al no reportarlo a sus superiores. Kurenai, siempre inteligente y atenta de sus acciones, pareció comprender qué cruzaba por su cabeza, por lo que relajó un poco su postura, no mucho, pero era algo. "Sabes mejor que yo que su conducta es, si aún es la misma que hace un año, absolutamente perfecta para mi conducta bajo misión."

Esto parecía ofender a la mujer, y pudo notar que estaba a punto de arrojarlo lejos de su hogar, quizás cerrando la puerta en su rostro. Por lo que decidió agregar, de forma fría y calculadora. Recordándole que eran compañeros… no amigos.

"Antes de que cometas una acción que sabes afectará tu carrera, te sugiero que suprimas tus instintos maternales, que parecen nublar tu juicio." Esto frenó en seco a la mujer, que parecía completamente incrédula de lo que el impertinente jovencito acababa de de comentar. No pudo vociferar su indignación para cuando el pequeño continuó.

"Tu trabajo es el escoltar a la chica, no educarla, no ayudarla, y definitivamente, no ser su madre."

La mano de la mujer desapareció de la perilla de la puerta, con tal de impactar en su rostro. No le sorprendió en lo absoluto ver que el pequeño tuvo tanto la velocidad, como la fuerza para detener su ataque. "Estas dejando que tus sentimientos dicten tus acciones, arriesgando tu carrera y la vida de la niña en el proceso."

La estruja por liberarse cedió un poco, al estar completamente desprevenida para esas palabras. "¿Crees que un par de palabras de animo evitarán que el abuso termine? ¿Qué su martirio terminará? ¿Qué todos sus problemas desaparecerán con una pequeña muestra de amor? No seas estúpida, mucho menos ignorante."

"¿Cómo te atreves?" De nuevo ella intentó agredirle, aparentemente ofendida por sus alegatos. Un poco de su instinto asesino, bastó para detenerla en seco. "Sabes mejor que nadie, que el hecho de que una especialista en Genjutsu, intente ayudar a un miembro de un clan que se vanagloria en su habilidad para destruir dichas técnicas, encontrará tu ayuda como un insulto, un detrimento a sus creencias, un motivo por el cual la chica debe ser presionada aun más, con tal de conseguir que mejore, o en caso de que siga fallando, castigar su ineptitud, al deshonrar su nombre al recibir ayuda por parte de alguien que se especializa en un arte que para ellos, no significa nada."

Esta vez la mujer abrió los ojos de par en par, completamente incrédula de lo ocurrido. "Podrás creer que la estás ayudando al entregarle palabras de aliento, además de una figura materna en la que pueda apoyarse. Pero lo que estás consiguiendo es presionarla aún más, obligarla a luchar más duro solo por ganar tu aprobación, cavando sin saberlo una fosa aún más profunda, una que actualmente la convierte en la decepción de su familia. Si quieres seguir jugando a la madre sustituta de una niña que no necesita una madre, sino, un entrenador, entonces bien, sigue cavando su tumba, porque a este ritmo, nunca sobrevivirá su primera misión en las afueras de la aldea."

El chico soltó la mano de la mujer, ignorando que su instinto asesino aún emergía sin detenerse, Kurenai retrocedió dos pasos, reaccionando casi de la misma manera a como si él le hubiese golpeado físicamente. "Es solo una niña…"

Enojado, quizás frustrado, el rubio agregó, con frialdad y veneno. "No, no lo es, en el momento en que ella decidió aceptar el abuso, permitir que sucediera, y no hacer nada para impedirlo. Su vida como infante terminó, y pasó a ser una simple víctima. No importa que tanto lo intentes, no lograrás reparar el daño: los golpes, los insultos, y la humillación no desaparecerán, solo porque tú le entregues algo de cariño, que para ella, en estos precisos momentos, de seguro cree están motivados por simple lástima hacía su condición… No, no la estas ayudando, solo cimientas en su mente el hecho de que necesita ayuda para recomponerse, de que no puede ayudarse a si misma, y que probablemente necesita ayuda en todo lo que haga para ser de utilidad. No, lo que haces es destruir su…"

El chico se detuvo de pronto al sentir sus ojos lagrimear, hacía mucho que no demostraba sentimientos fuera de su control, pero sus palabras, traían consigo un mar de reminiscencias que aún no podía superar. Recuerdos de los castigos, del abuso y maltrato que sufrió a manos de aquellos en los que él, creyó terminarían con el sufrimiento que era su vida.

Quizás por eso estaba actuando de forma tan agresiva con Kurenai, al ponerla en los mismos zapatos que aquellos hombres y mujeres que en un punto esencial de su vida, acudieron a él para "salvarlo", siendo la realidad, la triste y cruda realidad, lo opuesto.

Respiró agitado, ignorando a la mujer ante él, que aparentemente encontraba su conducta extremadamente preocupante, quizás porque ahora respiraba agitado, y sus malditos ojos no paraban de llorar. No podía evitarlo, sus palabras rompieron la última barrera que permanecía en pie ante esa etapa de su vida.

Sus músculos se retorcían en dolor, al recordar las veces que fueron cortados, azotados, golpeados, quemados y lacerados en cualquier forma posible, sus manos temblaban al recordar las veces en que sus dedos fueron fracturados, en que sus uñas fueron arrancadas, o en que filosas agujas de metal fueron introducidas debajo de sus recién renovadas uñas.

Retrocedió un par de pasos, golpeando el barandal en su espalda, ignorando que Kurenai ahora parecía estar gritando en su dirección, agitándole en un intento por sacarlo de ese trance en el que se encontraba.

Ignorante de que su toque estaba provocando aún más recuerdos desagradables, las veces en que fue agitado por supuestamente romper un artefacto, las veces en que alguien lo sujetó de sus hombros mientras alguien más le golpeaba…

Las veces en que le sujetaban boca abajo, mientras alguien se satisfacía a sus anchas con su cuerpo…

Reaccionó de forma violenta a los intentos de Kurenai por hacerle reaccionar, cortándole con sus uñas cuando sacudió sus manos lejos de su persona. Intentó alejarse de ella, pero sus piernas fallaron en reaccionar, su cuerpo estaba entrando en shock al recordar todos los años de tortura que había sufrido.

Alzó la vista al escuchar más pasos aproximarse a su posición, esperaba que fuese Asuma, después de todo, les había interrumpido hace poco. Pero desgraciadamente descubrió que estaba equivocado, justo detrás de Kurenai, que intentaba hacerle reaccionar, se encontraba la niña que hasta hace pocos minutos insultaba deliberadamente.

Sus ojos estaban rojos, obviamente estaba llorando, su piel estaba pálida, sus manos temblaban profusamente, y sus piernas parecían apenas tener fuerzas suficientes como para mantenerla en pie.

No pudo evitar mirarla a los ojos, enfocarse en esas irises irregulares de color lavanda. Comprender que cada una de sus palabras había dado en el clavo, y herirla como nunca antes había sido herida. Se vio a si mismo como uno de sus abusadores, disfrutando su maltrato de forma viciosa, intentando liberar sus frustraciones en un pequeño niño, en un vano intento de sentirse mejor o superior.

Se vio a si mismo, parado ante él, en lugar de la niña, se encontraba el mismo, vestido con las ropas de la chiquilla, con sus manierismos, su miedo, su dolor. Se vio a si mismo, únicamente que en esta oportunidad, sus ojos, en vez de azules, eran lavanda.

Vomitó, no pudo evitarlo, aparentemente perdió todo el control que en alguna oportunidad tuvo sobre su cuerpo. Quizás en el momento en que permitió que su impaciencia destruyera sus últimas barreras que lo separaban de su tortuoso pasado. Cayó sobre sus rodillas, aún observando a duras penas el rostro de la chica. Ella palideció, y no tardó en caer desmayada al comprender el porqué de su reacción.

Ante ella estaba alguien que sufrió lo mismo que ella, solo que a un nivel que no podía comparar. En un extraño momento de empatía, la chica supo que lo que había vivido, no fue más que una bendición en comparación a la tortura, abuso y degradación que él había experimentado.

Por míseros segundos, que para los dos fueron largas horas, ambos supieron lo que es estar en los zapatos del otro, él comprendió más a fondo el dolor de ser una decepción para los de tu propia sangre, para tu familia, y ella, pudo entender que tan doloroso puede ser el precio de la traición, de que tus sueños de un futuro mejor al lado de alguien que finalmente demuestra quererte, sean cruelmente arrebatados por esa misma persona.

Ambos, habiendo comprendido que tan símiles eran, perdieron la conciencia, al perder control total de sus cuerpos. Kurenai, por su parte, simplemente tomó a Naruto de la cintura, alzándolo sin ningún problema, retrocediendo a su casa con tal de recoger a Hinata y llevarlos a la enfermería.

Ayame, que hasta ahora seguía vigilando al chico, apareció ante ella, ayudándola con su carga, con tal de llevarlos lo más prontamente al hospital. La chica tomó en sus brazos a Naruto, observando con tristeza y por primera vez, el cuerpo roto de un niño de once años.

Su líder esperaba esto, después de todo, no podía curarse a alguien que no estaba dispuesto a superar su pasado. Y Naruto, quien se negaba a tan siquiera recordar tal época, seguía siendo una bomba esperando a estallar ante la presión. Lo cual, finalmente sucedió, al exponerlo adrede ante la chica que tanto le incomodaba.

Fue una jugada sucia, pero era necesario moldear a Naruto para superar su pasado, le guste o no, o siempre será una debilidad que el enemigo persistentemente aprovechará. En especial Orochimaru.

Solo esperaban que el chico pudiera despertar de su shock. Nadie esperaba que la chica colapsara de igual forma.

Continuará…

Mucha de la tortura que se lee aquí, es de hecho, real, antes, para castigar a una prostituta mal comportada, en los burdeles Japoneses se les solía torturar de esta manera, principalmente con las agujas.

La cultura Japonesa es hermosa en muchos sentidos, pero, la verdad que muchos ignoran, es que su historia esta manchada de mucha crueldad desmedida. Principalmente para con las mujeres, o en este caso, los niños.

El abuso hacia ellos por parte de otros hombres, era, sorprendentemente aceptado por la sociedad. Al considerar en su mayoría, al hombre como una fuente de pureza, que el compartir la cama con un chico era lo más adecuado, y que la mujer era una impureza que no debía ser tomada en cuenta. Por lo que es obvio, que el abuso sexual no seria descartado de esta historia, sobretodo cuando tenían en su poder a un chico con el que lamentablemente, podían hacer lo que se les antojase.

ADVIERTO, que esto no hará de Naruto un homosexual, o que practicará el acto abiertamente, ni siquiera a escondidas. De hecho, lo detesta… Y falta mucho por sanar para que el chico siquiera considere satisfacer esa necesidad.

También existieron mujeres que ocasionaron mucho daño en el chico, pero eso se dejará hasta otro capítulo, ser un eslabón a explotar en su futuro, principalmente en sus posibles relaciones amorosas.

En la cual no están involucrados, de ninguna forma amorosa, otros hombres.