Notas del capítulo:
¡Hola!, sé que han pasado unos pocos… años desde la última actualización, pero mi vida ha estado sometida a muchos cambios. Entré a una revista de cómics, me cambié de carrera, de casa (dos veces), de ciudad y en fin… han pasado muchísimas cosas, además que me había atorado con este capítulo. ¡Lo reescribí no sé cuántas veces!, pero finalmente lo terminé (el capítulo, no el fic)
En este capi se ven un poquito más las hormonas en Sebas, aparecen nuevos personajes, hay acción, drama, romance, aventura… okno… pero sí hay muchísimas sorpresas a lo largo del capítulo. Espero no decepcionar a nadie…. Y en fin, ya que estamos aquí… ¡A leer!
PD: lo subí sin betear, luego pongo la versión corregida.
"Creo que la gente pierde la capacidad de sorprenderse porque diariamente presencia desastres que suceden en todos lados." —Nadine Gordimer
Capítulo 6: Una Inusual Alianza o Por La Tarde: Ese Mayordomo, Explicando.
La amarillenta luz proyectada por la lámpara de araña se reflejaba sobre el sudor que cubría la piel del conde; sus mejillas sonrosadas por el calor contrastaban demasiado con su evidente palidez. Sus ojos se apretaban con vehemencia y su cuerpo se contorsionaba sobre la cama, mientras de su boca salían quedos gemidos.
Aquel conjunto de características le hacían ver incluso más enfermo de lo que estaba. La fiebre provocada por la paliza no parecía ceder, pese a los incluso inhumanos esfuerzos de Sebastian y Kevin por hacerlo mejorar. Y es que no se podía esperar otra cosa, después de todo ellos eran solamente dos demonios que estaban hechos para matar, no para curar.
El mayordomo negro tomó el cuenco donde humedecía los paños para bajar la fiebre de Ciel y trató de salir a cambiar el agua, pero Kevin le tomó de la muñeca antes de que se alejara mucho de la cama y le quitó el recipiente, dedicándole una mirada que parecía advertirle que no saliera de la habitación. Michaelis le devolvió el gesto de forma retadora y arrogante; se soltó del agarre con violencia y se fue de todas formas. Odiaba esa actitud sobreprotectora de Kevin y debía demostrarle que solamente estaba embarazado, no inválido.
Ajeno a todo lo que ocurría en su habitación, Ciel vagaba dentro de su mente. Aun cuando su cuerpo se quejaba por el dolor físico, su yo interior trataba de hallar una explicación lógica al reflejo que había encontrado hacía un par de días en su sueño, pero por más que buscaba no veía otra cosa que aquel oscuro túnel de la primera vez y ahora no había nadie que le enseñara el camino hacia la salida.
Decidió correr el riesgo y aventurarse caminando por el pasillo sin rumbo fijo, simplemente quería salir de allí; después de todo, eso era más productivo que quedarse parado en medio de la nada. Luego de unos minutos miró una luz al fondo y corrió hacia ella, sin embargo mientras más corría, más parecía alejarse de aquel luminoso punto de esperanza.
Finalmente se dio por vencido y se tiró al suelo, esperaba sentir su espalda chocar contra el duro piso, pero en cambio dio un bote en su propia cama y abrió los ojos de pronto. Sobresaltado y confuso trató de reconocer el contorno de los dos hombres que le atendían; mas sólo reconoció a su mayordomo. La luz le molestaba, así que llevó una de sus manos hacia sus ojos para cubrirlos y sintió todo su cuerpo doler de mil maneras diferentes. Abrió la boca para hablar y notó que tenía la garganta horriblemente reseca, por lo que ninguna palabra abandonó sus labios.
Sebastian le sonrió al verlo despertar y acarició suavemente sus cabellos, en esos momentos el conde le parecía tan tierno e indefenso que no pudo evitar besar su frente en un gesto casi fraternal. Kevin carraspeó un poco y se retiró de la habitación con la excusa de cambiar el agua del cuenco.
—Joven amo, al fin despertó —dijo el mayordomo con voz suave y soltó un suspiro de alivio—; nos tenía muy preocupados, creímos que la golpiza había sido demasiado para usted.
Ciel aún no había terminado de caer en cuenta de lo que sucedía pues su mente seguía perdida en aquel extraño sueño y su cuerpo concentrado en las heridas físicas que dolían como el infierno. Sebastian, que se encontraba sentado a su lado, le hizo incorporarse levemente y le dio a beber algo de agua fresca, la cual tragó con un poco de dificultad para humedecer su garganta lograr finalmente expresarse.
—¿Qué mierda sucede aquí, Sebastian? —preguntó en tono demandante, pese a que su voz sonaba rasposa y débil— ¿Por qué no llegaste antes de que sucediera algo como esto? —Estaba enojado y se notaba mucho.
Sebastian bajó la vista ante el regaño ya que él realmente se sentía mal por no haber podido actuar a tiempo y en consecuencia ocasionar que Ciel estuviera al borde de la muerte cuando le encontró. Suspiró pesadamente y alzó de nuevo la vista.
—Hay cosas que son demasiado hasta para un mayordomo como yo, joven amo. Aun así, usted sigue en el mundo de los vivos, ¿No? —dijo tratando de parecer sereno.
El conde se desconcertó un poco ante la actitud de su demonio y le vio con una ligera curiosidad al fondo de esa mirada firme y altanera.
—¿Por qué no cumpliste tu deber de protegerme? —demandó saber.
Kevin regresó con el agua en ese momento y le sonrió a Ciel con un deje de burla, se colocó detrás del mayordomo y lo abrazó por la espalda, entrelazando sus manos cuidadosamente sobre el vientre del otro demonio, quien trató inmediatamente de quitárselo de encima, pero se quedó de piedra ante sus palabas.
—Simple y sencillamente porque estábamos haciendo el amor, señorito —dijo con un tono malicioso.
El Phantomhive, que apenas y había recaído en la presencia del moreno, se desconcertó al verlo abrazar a su mayordomo y aún más ante esas palabras. Sin poder evitarlo una ola de ira se fue apoderando de su cuerpo a medida que comprendía lo que había sucedido: Sebastian casi le deja morir por estarse divirtiendo con aquel hombre.
—¿Es eso cierto? —preguntó Ciel, con la voz cargada de enojo y sus ojos mutando en un extraño color violáceo que poco a poco se iba convirtiendo en uno rojo intenso, como el color de ojos de cualquier demonio— ¿Casi me dejas morir por revolcarte con éste? —interrogó exaltado— ¡Contesta! —gritó.
Ante el mutismo del mayordomo, golpeó la cama con tal fuerza que logró quebrar las patas. Sebastian se sobresaltó al ver esa reacción en su amo.
Al sentir que la cama caía, Kevin sostuvo su ex, poniendo especial atención en proteger su vientre de cualquier golpe. Sebastian se irguió segundos después y se le quedó viendo a Ciel por unos instantes tratando de articular palabra, pero parecía un pez fuera del agua, pues por más que abría la boca no lograba decir nada. Sin duda en el fondo el conde era un demonio muy explosivo y dominante, se recriminó mentalmente por no haberlo notado antes, la determinación que siempre había mostrado y sus actitudes ante los momentos más difíciles de su vida no eran los de un humano común y corriente.
El último Phantomhive se quedó sorprendido ante su propia fuerza y quizá debido a esta sorpresa dejó que Sebastian se le acercara.
—Joven amo, por favor conserve la calma —fue lo primero que pudo decir Sebastian, acercándose al conde para tratar de calmarlo—, este no es momento de que muestre sus poderes demoniacos… —suspiró suavemente— puedo explicárselo todo, lo juro, pero primero necesito que se calme y asimile correctamente todo lo que está sucediendo.
Ante las palabras del mayordomo negro abrió aún más sus ojos, demostrando lo inesperada que le resultaba esa situación y miró a Sebastian, dudoso, aunque no por completo incrédulo; se sentía como otra persona, pero sin dejar de ser él mismo. Se sentía poderoso y lleno de energías como nunca antes.
Trató de calmarse y mientras lo hacía sus ojos volvieron a cambiar hasta quedar de un color violeta intenso. En esos momentos no era completamente humano, pero tampoco completamente demonio, ambas partes de su alma se encontraban mezcladas y conviviendo simultáneamente dentro de su cuerpo.
—Está bien, dilo. Quiero escucharlo todo. —demandó, hablando como un coro de dos voces, pese a ello tratando de retomar su postura fría de siempre.
—Verá joven amo, —comenzó a relatar, mirándolo a los ojos—, hace algunos siglos un íncubo provocó a una de las condesas de su familia para tener relaciones sexuales, ella era hermosa y él decidió conquistarla, aun así ella fue ofrecida en matrimonio a uno de sus ancestros y se casó con él, pero no terminó la relación con el demonio. El primer hijo del matrimonio no fue de su esposo, si no de su amante… —hizo una leve pausa al sentir un repentino mareo, suspiró para recomponerse y prosiguió, mirando a Ciel— un demonio. Pero el niño, aunque devoró el alma de la mujer no desarrolló las suficientes energías para que su parte demoniaca aflorara, por lo cual pasó desapercibido como un humano común y corriente. Al ver que el híbrido no presentaba poderes sobrenaturales, el demonio (así como todos los demás) llegó a creer que era hijo del conde, pero ese niño siguió dejando su semilla demoniaca de generación en generación, aunque hasta la fecha al parecer nadie había juntado las energías suficientes en su alma como para hacer surgir al demonio. Es usted el primero en su dinastía que ha podido alimentarle tanto como para que se manifieste —concluyó su relato y se quedó callado un momento, dejando a Ciel procesar toda esta nueva información.
El conde escuchó la historia en silencio. Ahora en su mente cobraban sentido muchas cosas, como la facilidad con que había invocado a Sebastian a sus cortos diez años o la fortaleza que todas las personas de su familia poseían para asimilar y resolver crímenes de lo más extraños y desagradables… o de realizarlos para la reina. También justificaba las palabras de aquel demonio que le secuestró.
Luego de un momento de reflexión, el Phantomhive logró procesar todo lo que Sebastian había dicho y se sentó en la cama, al parecer en el corto tiempo que había sido un demonio su cuerpo se había regenerado por completo y prácticamente ya no sentía el dolor de la paliza.
—Bien, eso explica muchas cosas —dijo simplemente, con un aire de indiferencia y altanería tal como si le hubieran dicho que su cena estaba lista— aun así Sebastian, me debes otra explicación —le miró, como exigiéndole que hablara.
—Lo sé, lo sé… —su vista se posó un momento en Kevin, quien estaba entre sorprendido y divertido por la falta de sorpresa con la que el conde se tomaba las cosas— ni se te ocurra hablar. —sentenció.
—Mis labios están sellados —dijo el moreno.
—Más te vale —suspiró y se dirigió de nuevo a Ciel— lo que sucede, joven amo, es que yo he tenido una crisis energética debido a que hace demasiado que no como ni un alma. Cuando iba de camino hacia usted me desmayé y Kevin me ayudó a recuperar un poco de las fuerzas perdidas; yo no podía percibir su presencia debido al parche que mantiene anulado nuestro contrato y por ello no pude localizarlo antes, sino hasta que mi cuervo logró encontrarle.
—Hmm… ya veo —dijo no del todo satisfecho con la explicación, pues para empezar no había respondido a la pregunta principal y además sentía que le ocultaban algo importante, pero no iba a indagar en eso ahora— ¿Entonces tú tampoco has podido quitarme el parche? ¿El contrato sigue anulado?
—Es tal como usted dice —se acercó a él y trató de sacarle el sello— al parecer esta vez se esmeraron más en colocarlo, está protegido para que sólo quien lo puso allí pueda retirarlo.
—Tks, eso es un problema —miró nuevamente a Sebastian— ¿Al menos ya tienes alguna información que sea de utilidad?
El mayordomo negro asintió y sonrió con una leve burla.
—Sí, y es la historia más insólita que he escuchado en mi vida, joven amo. —respondió al conde.
—¿Tan extraño es lo que has descubierto? —preguntó, enarcando una ceja.
—Por supuesto y no fue precisamente él quien lo descubrió, señorito —agregó el moreno—. He sido yo quien consiguió esa historia, mientras su adorado mayordomo se encontraba «indispuesto» —dijo con un tono ligeramente sarcástico y burlón.
—Hablen entonces. Quiero oírlo todo —ordenó, acomodándose para tomar un porte autoritario sobre la cama que él mismo había arruinado.
—Por supuesto. —El mayordomo negro hizo una corta reverencia ante Ciel y sacó los documentos de su chaqueta, otorgándoselos al menor—. Aquí está detallado todo el accionar de estos dos seres. —informó al conde.
—Sí, eso veo —les volvió a ver— ¿Cuán confiable es esta información? —interrogó, agitando los papeles frente a su rostro, en dirección a los demonios.
—Completamente confiable, le digo que la he conseguido yo, de una forma mucho más rápida y eficaz que Sebastian debo añadir; ya que como usted comprenderá, señorito, yo no estoy sujeto a un contrato que entorpezca mis facultades demoníacas.
El aludido hizo un elegante ademán para restarle importancia a las palabras de Kevin, aunque debía reconocer que lo que él decía era completamente cierto. Volvió a ver a Ciel, quien no parecía muy convencido con las palabras del moreno.
—Es completamente fiable. —corroboró Sebastian—. Aunque suene increíble, esta situación es causada por la colaboración entre Atma Itair, un demonio y Mors Dantis, un shinigami. Mejor dicho, por un pacto entre ellos.
—Pero, ¿cómo puede ser posible? —el menor seguía sumamente intrigado y sin poder digerir del todo aquella unión.
—La verdad no es demasiado raro. Es cierto que nuestras especies son enemigos naturales, pero si se analiza fríamente, esto tiene lógica. Un demonio necesita de un shinigami para obtener las almas y un shinigami de un demonio para manipular a las víctimas. Si colaboran juntos se obtiene lo que estamos viendo ahora. Incluso el sello del contrato tiene ahora mucha más lógica. Fue desarrollado por un shinigami, pero ellos no son seres mágicos de ninguna forma, solo tienen algunas habilidades sobrenaturales, en cambio un demonio puede usar libremente la magia negra y ese parche está adherido a usted por hechicería. —explicó el mayordomo.
—Además —prosiguió Kevin—, estos seres son un shinigami corrupto y un recolector de almas, la peor calaña de los dos mundos. Ambos son seres inescrupulosos y vulgares. —hizo una corta pausa, observando a Ciel, parecía que al fin había un tema que en lugar de explicarle las cosas, le enredaba.
—¿Por qué este demonio necesita a un shinigami para obtener las almas?, ellos se quejan constantemente de que las almas son robadas y no parece que nadie colabore en esto.
—Es por la «naturaleza» de este ser. —respondió Sebastian—. Verá, los demonios recolectores de almas sólo pueden hacer eso, recolectar las almas cuando una persona ha muerto. En general todos podemos asesinar a una persona para obtener alimento o hacer un contrato por su alma, pero estos demonios no, ellos tienes esa restricción, aunque la compensan con amplios poderes psíquicos para manipular a sus víctimas mientras no los maten directamente o induzcan su muerte voluntaria; a diferencia de esto, los shinigami sólo tienen el poder de matar a cualquier tipo de ser viviente, no pueden manipularlos a su antojo.
—Hn, eso lo explica todo. —Ciel parecía conforme con la aclaración de Sebastian—. ¿Y cuándo será el próximo golpe?
—Mañana por la noche, joven amo.
—Bien, habrá que mantener a raya a Lizzy hasta ese momento.
La habitación se quedó en silencio unos segundos y en ese corto lapso de tiempo el estómago del conde se hizo oír, resonando como un gruñido por toda la estancia. Phantomhive se llevó una mano al abdomen, ligeramente avergonzado y miró a su mayordomo.
—Trae algo de cenar, luego seguiremos con esta charla. —ordenó.
—Yes, my Lord —Michaelis hizo una corta reverencia y salió para conceder el deseo de su amo.
OoO
La noche era inusualmente fría. La luna apenas se podía apreciar a través de las nubes y los enormes edificios del Londres victoriano. Tres hombres se deslizaban sigilosamente por las calles de aquella acomodada zona; por suerte para todos, Kevin había tenido la decencia de investigar la forma en que «desaparecería» el joven noble de esa noche.
Sin duda se habían adelantado al menos una hora al suceso, lo que les daría un margen de tiempo considerable para la acción. Sabían de fuentes confiables que cuando realizaban los secuestros generalmente lo hacían en pareja, aunque luego sólo uno de ellos iba a «entregar» a los chicos.
Llegaron con un plan de acción ya trazado y únicamente necesitaron afinar algunos detalles finales respecto al espacio con el cual disponían. Tras unos minutos se escondieron entre los arbustos para esperar a sus presas.
Como lo habían previsto, la inusual pareja llegó justo a la hora acordada; eran silenciosos y se movían rápido, tanto como cualquiera de los dos demonios que acompañaban a Ciel, lo cual seguramente no sería obstáculo para ninguno de ellos.
Antes de que los villanos alcanzaran la ventana del incauto noble fueron interceptados por Kevin y Sebastian. Los atacados se pusieron a la defensiva inmediatamente, preparándose para pelear. Los dos demonios no perdieron ni un segundo para hacerlo también, observándolos con detenimiento.
—Bien amigos, creo que su pequeño juego ha acabado —habló el moreno, sin atacar aún, pero manteniéndose en guardia.
—¿Y quién lo ordena? —preguntó Mors, el shinigami, mirándole con un ligero gesto de desprecio.
—Lo ordeno yo, el Conde Ciel Phantomhive, en nombre de la Reina Victoria de Reino Unido —Ciel salió de entre las sombras, caminando con su porte soberbio.
Atma, el demonio recolector, se le quedó mirando muy sorprendido, pues se suponía que aquel joven debía estar en algún prostíbulo del East End convencido de haber perdido todos los favores de su contrato con Sebastian. El shinigami volvió su vista hacia su par, furioso.
—¿No me dijiste que te habías ocupado de él? —preguntó casi a gritos.
—¡Lo hice! ¡Implanté recuerdos y bloquee el contrato que poseía con el otro demonio! —Se defendió el recolector.
—Entonces, ¿cómo es que está aquí? —Mors se encontraba muy indignado.
Sebastian y Kevin les observaban pelear, les parecía divertido lo desconcertados que se notaban los otro dos; pese a ello sabían que tenían una meta que cumplir, por lo que aprovechando la distracción decidieron atacarlos. El mayordomo negro le lanzó sus cuchillos a Mors, clavándolo contra la pared por la ropa, mientras el bastón de Kevin se descubría como una moderna arma de la época: un revolver oculto, el cual había sido hechizado por el demonio y ahora le permitía lanzar balas «especiales» cual ametralladora. No pretendía matar a ninguno de los suyos, así que simplemente trató de inmovilizar a Atma poniendo aquellas balas en lugares estratégicos de su cuerpo.
El shinigami se desprendió rápidamente de la pared y sacó un hacha danesa de mano, la cual agitó frente a Sebastian; el demonio retrocedió un paso para analizar sus movimientos y agilidad con el hacha. Mientras tanto, Kevin se acercó al cazador y ató una de sus manos con una cadena hecha de cabellos de demonio1; terminó con la diestra y cuando trató de atar la zurda, sintió un movimiento brusco de parte de su reo, el cual apenas y le dio tiempo de esquivar, soltándolo.
El mayordomo negro se había colocado detrás del shinigami, aunque éste se giró rápidamente al darse cuenta y lanzó un golpe con el hacha, el cual por suerte sólo alcanzó a cambiar el look de Sebastian al cortar un poco las puntas de su cabello.
Ciel observaba la batalla alejado de todos, pues sabía que sería de más ayuda si no se ponía en riesgo, además ambos demonios parecían estarse divirtiendo con Atma y Mors.
Sebastian atacó al shinigami nuevamente, pero él logró esquivar los cuchillos y volvió a lanzar un ataque con su hacha. Kevin había vuelto a inmovilizar a Atma con sus balas, pero el recolector parecía volverse inmune a ellas con cada una que lo impactaba, pues esta vez se movió de manera incluso más violenta y empujó a Kevin un par de metros atrás. Él trató de recuperar a su reo disparando de nuevo, pero el otro logro esquivar las balas. Sebastian seguía evitando el hacha, dando volteretas por el aire y lanzando sus cuchillos para tratar de herirlo, pues el shinigami no lo dejaba acercarse demasiado y no había parado con sus ataques frontales y directos.
Kevin quitó el revólver de su bastón y se quedó solamente con el sólido tubo de metal, el cual expandió antes de comenzar a ondearlo en el aire para de atacar al otro demonio, mientras hacía esto miraba de reojo la batalla de Sebastian, cuyos movimientos apenas lograban evitar los ataques del shinigami y parecía más cansado y lento a cada momento.
En uno de sus saltos, Sebastian sufrió un pequeño mareo y perdió ligeramente su equilibrio; vio que el hacha venía directo hacia él y se tiró al suelo rodando justo a tiempo para esquivar el filo que se dirigía de lleno a cortar su brazo. Al ver esto, Kevin dejó por un momento al demonio recolector y mientras el shinigami sacaba su arma de la tierra donde se había clavado, lo golpeó detrás de la nuca con su bastón.
—Cambiemos de oponente —sugirió el moreno, aunque su tono era autoritario—, la guadaña es demasiado peligrosa para tu estado.
El mayordomo negro asintió de mala gana y miró en la dirección del cazador de almas, quien aparentemente ya había recuperado completamente su movilidad, se dirigió hasta él con paso firme, decidido. Sacó sus pequeños colmillos demoníacos y le miró autoritariamente.
—¿Sabes quién soy? —preguntó.
Definitivamente no era su estilo evadir peleas y mucho menos utilizar su estatus real fuera del infierno, pero aquella pequeña batalla le había drenado demasiadas energías y comenzaba a sentir náuseas de nuevo. Atma le miró un momento, como tratando de reconocerlo, hasta que al parecer lo logró y se inmediato se arrodilló ante él, bajando la cabeza.
—Su Alteza Real, Op… —su voz murió al sentir la mano del mayordomo negro sobre su barbilla, incitándolo a elevar el rostro.
—No menciones mi nombre en este mundo —le reprendió con dureza, soltándolo de golpe al ser sobresaltado por un ruido a sus espaldas.
Elevó su vista al techo, gesto copiado por todos los demás. Arriba de ellos se encontraban dos conocidos shinigami: Grell y Roland.
—Sebby —canturreó Grell viéndolo desde arriba—, ¿qué haces con ese tipo? —De un salto bajó hasta la altura del demonio—. Este es un problema del mundo shinigami, no deberían estar aquí.
Roland siguió a su superior y comenzó a explorar la situación, aunque mostraba una actitud despreocupada.
—Como podrás ver —habló Kevin, apareciendo detrás de Grell—, aquí hay demonios involucrados. Esto dejó de pertenecer a un solo reino.
—Y también hay humanos —intervino Ciel—, nobles. Esto es una enorme preocupación y pesar para la Reina, a quien yo sirvo.
Mientras ellos hablaban, Mors arremetió contra Roland, quien logró esquivar el hacha y le embistió con su singular guadaña en forma de podadora.
—Vaya, parece que todos aquí están ansiosos por pelear —comentó el rubio, mientras se ocupaba de aquel molesto shinigami.
Aquello pareció encender nuevamente la chispa de la batalla. Grell se abalanzó contra el conde para provocar a Sebastian y lo logró, pues este corrió para desviarlo del mortal golpe que podría recibir, exponiéndose él mismo. Al ver esto, Kevin fue tras Sebastian y atajó la motosierra justo antes de que probara la carne del mayordomo negro, quien se sobresaltó, pero soltó un suspiro de alivio al notar que estaba a salvo. Se incorporó del suelo, ayudando a hacerlo a Ciel.
—¡Protégelo! —ordenó al demonio recolector y se giró inmediatamente para detener con sus manos una nueva arremetida de la guadaña de Grell.
—¡Siempre he querido ver tu Cinematic Record completo, Sebby! —chilló Grell, perdido en la euforia de la violencia que se respiraba en aquel lugar.
—Este no será el día —respondió secamente el mayordomo negro. Estaba preocupado, porque sabía que Grell siempre le daba buenas peleas, pero en su condición no tardaría en caer desmayado por falta de energía.
Sebastian soltó la guadaña de Grell y dio una voltereta hacia atrás para tomar distancia, antes de lanzar sus cuchillos de plata. Kevin interceptó a Roland que estaba a punto de atacar al mayordomo negro, tratando de no perder su bastón bajo la podadora del shinigami menor. Por su parte, Atma y Mors habían comenzado su propia pelea, ya que en el instante en que Atma recibió la orden de Sebastian, mutó su apariencia humana a la demoníaca, en la cual su tórax estaba cubierto por una especie de caparazón, su cabeza ostentaba un yelmo para protegerse y el resto de su cuerpo estaba cubierto por una piel gruesa, como de reptil, que también le servía de armadura. Mors se enojó al ver como su aliado tomaba órdenes de su enemigo y lo atacó, reclamándole explicaciones, las cuales le parecieron cortas cuando Atma respondió que aquel demonio era su superior y no tenía pensado traicionarle.
Para el Mayordomo Negro, aquella pelea se estaba volviendo un suplicio. Sentía unas náuseas tremendas, de las cuales no había podido olvidarse ni con toda la adrenalina del momento. Además estaba ligeramente mareado, no podía apuntar bien sus cuchillos ni esquivar los ataques con la misma agilidad de siempre, eso sin contar que Grell había notado que no estaba dando su cien por ciento, pero contrario a detenerse, le atacaba cada vez con más entusiasmo, buscando sacar el verdadero potencial de Sebastian.
Ciel se quedó retirado de la batalla un buen rato y por alguna extraña intuición dirigió su vista hacia el muro exterior de la mansión. Sentadas al borde se encontraban dos mujeres vestidas con camisetas de hombre ajustadas y de escote pronunciado, el cual era realzado por el corsé que usaban sobre la ropa. Ambas vestían pantalones y botas de pirata, además una de ellas traía puesto un sombrero que ocultaba su abundante cabellera roja y su rostro, mientras que la otra miraba la batalla como si estuviera esperando el momento preciso para interferir. Ambas poseían una belleza sobrenatural, sombría y seductora.
Aquello le pareció bastante extraño al conde, pero no tuvo tiempo de detenerse a reflexionar sobre ello pues escuchó un ruido en el techo, sobre su cabeza y segundos después notó que estaba en medio de la pelea entre Grell y Sebastian. Obviamente, el demonio trató de llevar la pelea hacia otro lado, pero el shinigami no le daba tregua en sus ataques y él estaba ya demasiado agotado como para llevar el control de la batalla. Se alejó de él con una voltereta hacia atrás, pero mientras caía, no pudo sostenerse más sobre sus piernas y terminó inconsciente en el suelo.
Al ver esto, Ciel se colocó de inmediato frente a Sebastian, con los brazos extendidos y los ojos cerrados, esperando el inminente corte de la guadaña de Grell, el cual a fin de cuentas nunca llegó.
Cuando el conde abrió los ojos, notó que la mujer del sombrero estaba sujetando por los brazos a Grell y había hecho que su guadaña cayera al suelo. Sorprendido, se giró hacia atrás buscando a Sebastian, pero cuando lo encontró se llevó la sorpresa de que estaba en brazos de la otra mujer, quien le veía altanera sobre el techo. En ese momento notó que ella guardaba cierto parecido con Sebastian.
—¿Qué crees que le hacías a mi pequeño sobrino? —preguntó la captora de Grell, a su oído.
—Yo sólo estaba jugando un poco con Sebby… espera… ¿tu sobrino? —El shinigami volvió su rostro hacia ella y trató de verle la cara, mas ella se lo impidió al soltarlo bruscamente.
—Sí, ¿qué hacías con "Sebastian"? —interrogó, haciendo comillas con los dedos ante aquel nombre—. Sé que a veces puede ser insoportable, pero nosotras no permitiremos que le suceda nada, ¿verdad, Génesis? –alzó la voz, viendo en dirección a la mujer del techo y llamando la atención de los demás al mismo tiempo.
Génesis, la mujer que sostenía a Sebastian entre sus brazos, bajó al patio junto a los demás con un hábil salto.
—Verdad. No permitiré que nadie lastime a mi pequeño. —Mantenía a Sebastian sujeto contra su pecho, como si en lugar de cargar a un hombre, sostuviera a un bebé.
La batalla se había detenido para todos, excepto para Mors y Atma, que seguían enfrascados en un combate cuerpo a cuerpo en el cual ninguno parecía querer ceder. Los demás observaban sorprendidos a las recién llegadas, hasta que Kevin dio un paso al frente e hizo una reverencia hacia ambas mujeres.
—Su Alteza Real Génesis, Lady Lilith, es un honor tenerlas aquí. ¿A qué se debe tan agradable visita? —preguntó el moreno, sin alzar la vista aún.
—Me llegaron noticias de parte de mi padre, él me pidió que pasara a saludarlos, aprovechando que Lilith y yo estábamos cerca.
—Jugando a los piratas, según parece —habló el moreno.
—Vamos, no puedes reprocharnos. Es divertido jugar con los humanos, sé que tú lo entiendes muy bien. –respondió Lilith, quien se había situado frente a Kevin y golpeó suavemente su brazo.
Ciel había decidido observar todo desde lejos. Después de descubrir su propia naturaleza demoníaca el conocer a la joven y atractiva madre de Sebastian no le causaba ninguna sorpresa, aunque sí un poco de curiosidad, mas no pretendía meterse en esas cosas de demonios.
El hacha de Mors pasó rozando la mejilla de Lilith y su mirada se afiló al instante. La tomó entre sus manos y se encaminó hacia ellos. El shinigami se había abalanzado sobre la mujer, pero ella lo esquivó con facilidad.
—Oh no, no te daré este peligroso juguetito –le dijo, balanceando el hacha en su mano—. ¡Hey tú! ¡Pelirrojo!, ¡toma esto! –gritó a Grell y le lanzó el hacha. Él apenas la atajó con su mano, casi dejándola caer—. ¡Por todos los infiernos! ¡No puedo creer que entre todos ustedes no sepan controlar una situación así!, ¿qué demonios has estado haciendo todos estos años? –reclamó a Kevin.
—Lo siento, Lady Lilith, les he fallado –hizo una profunda reverencia—, mis disculpas, pero nosotros aún no estamos a su nivel.
Mientras Lilith manejaba la situación, Génesis se dirigió a Atma y lo alzó del suelo, sujetándole la oreja.
—Tú, maldito y ambicioso demonio, ¿no sabes que no debes provocarle problemas a la realeza demoníaca? –le preguntó, reprendiéndolo de forma un tanto cómica al tirar de su oreja.
—¡Lo siento, su Alteza! ¡No sabía que su Alteza Op… Sebastian se encontraba tras esto! –lloriqueó el demonio aún sostenido por aquella mujer.
Gell y Roland miraban la escena aún sorprendidos de lo que sucedía, un tanto alejados de las poderosas demoniesas que entraron en escena, aunque Roland hablaba mucho sobre pedir sus números de teléfono mientras Grell lo reprendía. Claro que Mors no se contuvo en atacar nuevamente a la súcubo, pero ella fue más rápida que él y lo ató casi inmediatamente, para tirarlo también frente a los otros shinigami.
—No deberían dejar que los demonios hagamos su trabajo~ —dijo Lilith en tono juguetón y les guiñó el ojo con tal coquetería que hasta Grell se emocionó ante el gesto de la mujer pelirroja.
Al ver la situación completamente bajo control, Ciel se acercó a Génesis, mientras esta desaparecía al demonio recolector dentro de un portal, aún acunando a Sebastian entre sus brazos.
—Lady Génesis –llamó Ciel, respetuosamente. Ella dirigió una gélida mirada al conde.
—Aunque hayamos emparentado, soy "Su Alteza Real Génesis" para ti, niñato –respondió ella, con desprecio en su voz—. No creas que no estoy enterada de todo lo que le haces pasar a mi hijo y además… ¡Tener el descaro de hacerme abuela tan pronto! –reprochó con un toque dramático en su voz.
Ciel se sorprendió en sobremanera por todos aquellos reclamos. Aceptaba que solía ser un reverendo hijo de puta con Sebastian, mas era solamente porque el demonio también lo era con él, era un trato equivalente, pero, ¿hacerla abuela? ¿Sebastian había embarazado a alguien, acaso? Y de ser así, ¿qué mierda tenía él que ver en todo eso?
—No entiendo a lo que se refiere –respondió Ciel ante el reproche de Génesis—, como amo de Sebastian le he prohibido explícitamente que se case o reproduzca mientras esté bajo mi mando. Él es un mayordomo ejemplar y no faltaría a una regla así, pues en primer lugar, ningún mayordomo puede formar una familia sin el consentimiento de su amo y además su contrato como demonio le impide desobedecerme.
Génesis rodó los ojos ante el argumento de Ciel, mas guardó silencio, mirando de reojo a los shinigami que aún se encontraban en el lugar y también presenciaban todo aquello, sorprendidos por la revelación. Grell limpió sus lentes y observó fijamente a Sebastian. Había un débil brillo a la altura de su vientre y no se debía a la cena del demonio: era un nuevo ser en gestación. Grell se llevó la mano a su boca y miró a Roland, quien seguía quizá más confuso que antes.
—¿Qué sucede? –preguntó el rubio al observar aquella expresión en Grell.
—Observa el abdomen de Sebastian –susurró, con la mirada sombría y alzando a Mors del suelo—. El caso está resuelto, no tenemos nada que hacer aquí –dijo el shinigami antes de saltar al techo con su rehén sobre el hombro.
Roland observó a Sebastian, bastante confundido y aún más porque no logró descifrar qué era lo que sucedía, así que se limitó a seguir a Grell pidiéndole explicaciones de todo lo que acababa de pasar. Él nunca había escuchado algo sobre un hombre embarazado, de ninguna especie, pero Grell había estudiado aquel tema a fondo y sabía exactamente lo que estaba sucediendo. Y le dolía. Todo aquel tema le dolía.
Cuando los shinigami se fueron, Kevin y Lilith se acercaron al resto de sus aliados. Lilith colocó su mano sobre la cabeza de Sebastian y la acarició como si se tratase de un niño.
—Creo que este no es el lugar indicado para seguir con estas charlas. O-Sebastian necesita recuperar energías y nosotros debemos aclararle muchas cosas al señorito –dijo el demonio de piel morena, observando a las mujeres.
—Está bien, cárgalo y guíanos hacia su residencia –ordenó Génesis, bastante seria.
Saltó a un techo junto con Lilith y Kevin cargó a Ciel sin mediar palabras, él tampoco puso resistencia ni preguntó nada. Era arrogante, pero sabía que aquellas mujeres tenían mucha más autoridad que él allí, además la curiosidad lo estaba matando, pues no entendía nada de lo que sucedía. Kevin subió también al techo y comenzó el viaje de regreso a la Mansión Phantomhive en Londres, encabezando la demoníaca comitiva.
Al llegar a la mansión, Ciel los guio hacia la habitación de servidumbre que ocupaba Sebastian como su mayordomo: era un cuarto austero, con apenas una cama, una cómoda, un escritorio y un clóset, además de instrumentos de costura y de uso doméstico. Al ver aquel humilde lugar, Génesis se indignó.
—¿Es aquí donde duerme Ophira? —interrogó molesta, olvidando por un instante la identidad humana adoptada por el demonio.
—¿Ophira? –preguntó Ciel.
—Sí, Ophira, mi hijo, al que tú llamaste con el nombre de un vulgar perro y a quien tienes viviendo como tal —salió de la habitación, aún acunando a Sebastian en sus brazos—, Kevin, llévanos a la habitación principal —ordenó ella.
Ciel se quedó atrás, junto a Lilith, mientras los demás demonios se dirigían a su habitación. El conde volvió a ver a la primera súcubo de la historia y ella se encogió de hombros.
—Así ha sido siempre. Es la primera hija de Lucifer y está acostumbrada al mando, así que sigámosla o… —una sonrisa lujuriosa apareció en la boca de la demoniesa—, podemos hacernos esperar un rato —murmuró al oído de Ciel, rodeándolo con un brazo por el pecho.
El conde se estremeció ante aquel contacto y casi inmediatamente salió corriendo hacia donde se encontraban los demás. Lilith rio divertidísima con tan cándida reacción del humano y los siguió. De todas formas sólo lo había hecho para molestarlo, pues ella estaba preocupado por su sobrino y debía guardar sus energías para transferírselas a él.
Finalmente llegaron al despacho de Ciel, tras dejar en la habitación principal a Sebastian y Lilith, quien aseguró que lo cuidaría y le transferiría todas sus energías de la mejor manera que una súcubo podía hacerlo. Génesis se sentó en la silla detrás del escritorio y colocó sus manos entrelazadas hacia el frente, mientras Kevin se colocaba tras ella, en una escena que recordaba bastante a un amo con su mayordomo al costado.
—¿Y bien? ¿Vas a hablar, Su Alteza Real Génesis? —preguntó con un dejo de sarcasmo al llamarla de aquella forma tan pomposa. Estaba demasiado molesto por que ella ocupara su silla y por su actitud en general. Su ego era casi tan grande como el de la mujer.
Génesis se acomodó en la silla, mirando a Ciel de forma tan fría y penetrante que incluso lo intimidó un poco. Kevin le puso una mano sobre el hombro, como conteniéndola para que no atacara al pobre híbrido que tenía enfrente y ella volvió a verlo sin cambiar la expresión.
—¿Qué es lo que este chiquillo sabe? —interrogó a Kevin.
—Nada, Ophira no ha querido revelarle nada aún —respondió el demonio de piel morena.
—¡Hablen ya! —exigió el conde, exasperado.
—¡No me des órdenes! —replicó la mujer, levantándose para golpear el escritorio con sus puños—. ¡Tú menos que nadie tiene derecho a ordenarme nada! ¡Eres un simple híbrido malcriado que no hace más que maltratar a mi hijo! ¡Lo violaste y aunque está terriblemente mal por el embarazo no dejas de usarlo a tu beneficio! —gritó Génesis, fuera de sí.
Aquellas palabras sorprendieron y aturdieron al Phantomhive mucho más que cualquier cosa que hubiera escuchado en toda su vida. Eran palabras terriblemente fuertes e hicieron que sintiera un poco de culpa en su despiadado corazón. Nunca antes se detuvo a pensar en que estaba abusando de Sebastian, es decir, él era un demonio, ¿cómo se podía abusar de un ser de ese tipo?, además él se las devolvía cada vez que podía. ¿Y realmente lo había violado?, sin duda había abusado del contrato para someterlo sexualmente y humillarlo, pero esa no había sido su intención, además ¡Sebastian se había vengado abusando de él con algún tipo de droga después!, esa mujer no tenía derecho de reclamarle nada.
Se tomó unos instantes para salir de su asombro, mientras la demoniesa lo veía con todas las llamas del infierno a su alrededor. Él guardó la calma, tratando de pensar fríamente para salir bien librado de esa situación. Se levantó de la silla en la que estaba y recorrió la habitación un par de veces.
—Su Alteza, lamento decirle que usted no tiene derecho de reclamarme nada —optó esta vez por un tono profundamente respetuoso para con ella. No quería enojarla más—, Sebastian, Ophira o como quiera que se llame, es un demonio y tiene un contrato conmigo. Él se comprometió a obedecer en todo y créame que cada abuso, como usted lo llama, él lo ha cobrado con una sutileza y elegancia de la que usted parece carecer —la miró de arriba hacia abajo—. Y sigo sin entender todo ese tema de un supuesto embarazo. Si Sebastian se reproduce o no es algo que escapa de mi control, pero usted actúa como si él fuera una doncella profanada que gesta un hijo mío. Le recuerdo que él es hombre —concluyó el conde.
Génesis también trató de calmarse ante la respuesta de Ciel, aunque tanta ignorancia la superaba. Cuando él terminó de hablar, ella se levantó del asiento y miró a Kevin. Se le notaba a punto de estallar.
—Explícale a este pequeño bastardo todo lo que está sucediendo con Ophira, yo iré a tomar un poco de aire. No resisto a la gente ignorante –se dirigió a la ventana y sin mediar más palabras, salió de allí.
Kevin miró a Ciel y adoptó con él la misma actitud ligeramente burlesca que le había mostrado desde la primera vez. El Phantomhive por su parte parecía enfadado por la forma en que la demoniesa se había expresado de él y miró inquisitivo a Kevin.
—¿Y bien? –preguntó, molesto—, ¿qué fue todo eso?
—Todo eso fue una madre molesta. Podrá ser una demoniesa desobligada pero ella parió a Ophira y odia que cualquiera lo maltrate y usted, señorito, ha sido un niño muy malo con él —respondió con evidente burla.
—Habla ya, no estoy para escuchar tus absurdos sermones. ¿Qué fue todo eso del embarazo?
—Verá, señorito, en nuestro reino existen muchos tipos de demonio, pero hay unos bastante especiales: ellos provienen directamente de la línea de sangre de nuestro Rey Lucifer y Ophira es el primogénito de su primogénita…
—Algo así escuché de la otra mujer —interrumpió Ciel—, ¿eso lo hace vulnerable a embarazos no deseados? —preguntó con evidente sarcasmo.
—Posiblemente sea algo difícil de entender para un híbrido como usted —dijo con un toque de desprecio—, pero la línea directa que desciende de Lucifer, Rey de los Demonios y Asmodeo, Príncipe de la Lujuria, es capaz de gestar sin importar su sexo, aunque los hombres sólo lo hacen si son fecundados por el semen de un linaje demoníaco, aunque sea uno mezclado con el de los humanos.
Bien, Ciel creyó que ya nada de lo que le dijeran en el resto de su vida podría sorprenderlo más que todos los descubrimientos que había hecho esa noche y posiblemente así sería. Se le quedó mirando incrédulo a Kevin y negó con la cabeza, ¿demonios masculinos embarazados? ¡Esa era el peor disparate que había escuchado en sus diecinueve años de vida!
Sin poder controlarlo, Ciel comenzó a reír de forma histérica, no creyendo para nada lo que todo aquello significaba, o mejor dicho, no queriendo creerlo. ¿Sebastian embarazado? ¡Por favor!, era un absurdo, un verdadero absurdo. Rio durante varios minutos, hasta que finalmente logró controlarse, limpiándose las lagrimitas que se asomaban por sus ojos. Nunca había escuchado nada tan absurdo como eso.
—Vamos Kevin, esa broma fue demasiado ridícula, ahora dime la verdad. ¿Qué sucede con Sebastian?
—Lo que ya le dije, señorito —respondió con toda la seriedad del mundo—, esto no es algo para reír. Usted embarazó a Ophira la noche que lo sodomizó y eso no tiene nada contenta a Lady Génesis, ni al mismo Ophira. Él está aún un tanto incrédulo y asustado por esta situación, le está costando bastante asimilarla.
—Eso es algo que no me interesa —respondió Ciel, tras recuperar la compostura—. Él sabe que la única persona con la que yo deseo tener un hijo es con Lizzy y que mandaría a borrar cualquier huella de un hijo fuera de esa unión. Aún si creyera en esa fantasía de un hombre embarazado, Sebastian abortaría a ese engendro con una orden mía.
—Eso es imposible —respondió una voz profunda desde atrás de Ciel, la cual lo hizo estremecer involuntariamente— Yo nunca permitiría que mi nieto hiciera tal cosa.
Continuará….
Notas Finales:
Chan chan chan chan~~ leche con pan (?) okno.
¡Ciel no quiere aceptar su paternidad!, es un despiadado el conde, ¿no?, tal como se esperaría del Perro de la Reina. ¡Pero fuerzas mayores han aparecido para arreglar todo este enredo! ¿Qué sucederá luego?, esperen ansiosamente el próximo capítulo (con suerte y llega antes de que pasen otros 3 años (?))
Y por cierto, ¿qué pasó? ¿les gustó la suegris de Ciel (Génesis)? ¿Qué les pareció Lilith? A mí en lo personal, me encantan esos dos personajes… juntos… Ambas son súcubo y asdf no sé, me gustan mucho. Son como mis niñas en este fic~
Por cierto, también quiero invitarles a que después de que dejen su review, se den una vuelta por la página de facebook de Revista Crash (que es la revista de cómics en la que estoy), primero para que conozcan el proyecto y luego porque… ¡Necesitamos dibujantes fujoshi! Asdf pueden preguntar en el inbox de la página: fb/RevistaCrash
1 En mi universo, el cabello de demonio es el material más resistente y el único que no puede ser cortado por un demonio, media vez este haya sido procesado. En la cabeza de su dueño es igual de frágil que el cabello de humano normal.
