Capítulo 7: planes

«El hombre actual ha nacido o bien para vivir entre las convulsiones de la inquietud, o bien en el letargo del aburrimiento».
—Voltaire, filósofo y escritor.

Luto no era algo que Harry sintiera con mucho cariño. Lo había vivido tras la muerte de Cedric con pesadillas, terrores nocturnos y culpabilidad. Lo había vivido tras la muerte de Sirius con aún más terrores nocturnos, culpabilidad y un corazón roto, pero por mucho que pasara un mes o más llorando sin aviso o sintiéndose horrible por no tenerlo a su lado, Harry aprendió de manera lenta, pero segura, que lo que había dicho Sirius años atrás era lo más cierto que le pudo haber enseñado.

«Los que nos aman jamás nos dejan».

Dolía, por supuesto que dolía. A veces, cuando Harry veía algo gracioso se daba la vuelta para comentarle algo a Ron, para ver si George había visto lo mismo que él o mirar a Hermione de manera cómplice porque ellos sabían lo que era vivir como muggle. Sin embargo, a sus espaldas no había nadie con el cabello enmarañado, no veía un mar de cabellos rojos ni pecas, no había ojos azules, risas felices ni comentarios fuera de lugar.

Harry estaba solo y el vacío en su pecho parecía hacerse notar aún más en esos momentos, mas él sabía que no era la solución, no después de su depresión tras la muerte de Sirius, no tras la guerra que habían vivido juntos. Harry se negaba a echarse morir, no tenía por qué, todos habían luchado por algo mejor, Harry había abandonado su mundo asesinando al mago que aterrorizaba a todas las comunidades mágicas y nunca podría arrepentirse de llegar a este lugar si eso significaba que Hermione y Ron estaban a salvo, que todos tenían un futuro por delante, que la vida seguía y cada día era más brillante que el anterior.

¿Dolía? Por supuesto, él no tenía ninguna manera de decirle a sus amigos que estaba a salvo o tan a salvo como podía llegar a sentirse, pero el solo hecho de pensar en los rostros de horror de Hermione y Ron si lo veían languidecer y sollozar por lo imposible lo hacían mirar al frente con nuevo ahínco.

Harry no era de ese tipo de personas que se echaban a morir porque la vida se puso complicada, nunca pudo hacerlo con los Dursley, nunca pudo en Hogwarts porque olerían la debilidad y no lo haría aquí porque no había nadie en quien confiar.

Fue quizás por eso que Harry decidió que lo mejor sería tratar de seguir adelante y planear, mientras más ideaba cosas en su vida diaria menos pensaría en lo que no tenía, mientras más se inmiscuyera en este mundo, pronto aprendería a amarlo como amaba al mundo mágico. Él era, después de todo, un hombre con convicción, fue por eso que investigó todo.

En este mundo donde la gente creía que estaban al borde de perder todo tipo de civilización existía un régimen corrupto y sistemático que controlaba todo: la corona. El rey tenía una civilización completa viviendo subyugada en tres murallas unas más altas que otras.

Mientras más cerca estuvieras del castillo del rey, mejor protegidos estarían. Los nobles eran los más cercanos al castillo del rey en conjunto con la iglesia y, la mayoría de ellos, pertenecían a dicho culto.

Los Kivi eran una familia bien posicionada, mercantes de hace generaciones. Gilbert heredó el negocio familiar de ganado, un preciado bien ahora que era más difícil de conseguir producto de la caída de la muralla de María. Gilbert, en su mayoría, había comenzado a vender el ganado en fracciones y ponía precios exorbitantes por un pedazo de res.

Rita, por otra parte, era de una familia menor de comerciantes de tela. No fue sino después de casarse con Gilbert que el negocio familiar comenzó a ir mejor tras las alianzas que formaron los Kivi con los Schneider.

Si no fuera porque Harry pasó corriendo de un lado a otro en las oficinas de registro de Sina, el azabache estaba seguro que Gilbert hubiera encontrado raro la actitud despreocupada que tenía al, efectivamente, no tener absolutamente nada en este mundo.

A sus dieciocho años, Harry Potter no era de las personas que se quedaban con los brazos cruzados, él era de los que ayudaban y tras llegar en lo que se conocía como una catástrofe, sentía la necesidad de hacer algo por los desamparados, así que comenzó la idea de sembrar, sembrar un tipo de cosecha que serviría para todo tipo de personas, que no era costosa y podría durar años si se conservaba bien.

Harry sabía muy bien cómo plantar legumbres y todo tipo de vegetales porque Petunia lo dejaba a cargo del jardín y Medioambiente era el único taller que lo dejaron tomar cuando era pequeño porque creyeron que ayudaría a mejorar su trabajo en la casa.

Petunia no estaba equivocada en ese aspecto.

Pese a pasar años en Hogwarts donde no tenía que cuidar muchas plantas, Harry nunca olvidó esas enseñanzas muggles, sobre todo porque los Weasley también tenían una pequeña huerta a la cual Harry gustaría ir de vez en cuando y ver los vegetales crecer. Eso, y que Harry detestaba ver a la gente pasar hambre, él había crecido con el vacío en su estómago, calambres y noches sin dormir. Había crecido con fatiga, miradas a tentadoras tiendas que promocionaban un exquisito plato que él no podía comprar y realmente no le deseaba eso a nadie.

Así que, legumbres sería.

Por suerte, el terreno que había comprado sería suficiente para una plantación inicial y su segundo proyecto, una casa para niños, era un poco más complicada.

Cuando Harry le pidió ayuda inicial a Gilbert se encontró con un poco de reticencia «quizás "bastante" es la palabra adecuada», pensó, pero Harry no era otra cosa sino obstinado.

—Esto puede costar un poco. Deja llamar a Nitro, él sabrá qué hacer.

Nitro resultó ser el abogado amigo de Gilbert y no una especie de ente que el mago ideó en un momento. Si había algo que se maravillaba era en la diversidad de nombres que habían en este lugar. Algunos eran claramente de origen alemán, otros finlandeses, ingleses e incluso asiáticos, pero ninguna persona en esta maldita tierra olvidada por Merlín sabía a lo que Harry se refería.

Unos días después Harry se encontró de pie ante el edificio que oraba Urbanismo.

—Tenemos que presentar tu propuesta para la plantación, no creo que eso sea el problema. Siendo honesto, necesitamos más comida y probablemente el rey termine comprando parte de tu cosecha para poder dársela a los refugiados, mas la casa para niños puede llegar a ser un problema.

—Hay que intentarlo —fue lo que Harry respondió a Nitro.

Resultó ser que era cierto lo que el de cabellos castaños ceniza le había dicho: la corona dio prontamente su permiso y la persona que le lo recibió le dio hasta la autorización para pedir ayuda policial para cercar su terreno y así no tener que sufrir robos de gente hambrienta.

El problema radicaba en su segundo plan, uno que la gente de urbanismo frunció el ceño.

—¿Él tiene cómo para pagar esto? —preguntó dudoso el señor detrás del escritorio, mas no fue Harry quien contestó, sino Nitro.

—Sí. El Sr. Potter tiene fortuna y decidió que gastaría parte de ella en ayudar a los más necesitados. No tiene ningún otro motivo para...

—No que me importe —interrumpía el hombre despreocupado—, es solo que si no hace lo que dice que va a hacer o se mete en problemas, la gente vendrá a reclamar y no queremos ese tipo de problemas. Suficiente tenemos ya al tener que alimentar a tanta gente. Si el Sr. Potter quiere gastar dinero en ayudar a los mocosos está bien, es mejor para la corona —respondió con un largo suspiro—… Igual es mejor que terminen allí que en la ciudad subterránea.

Lo último solo lo susurró, pero Harry lo escuchó como si se lo estuvieran gritando en la oreja. Ahora, él nunca en su vida había visto u oído de una ciudad subterránea, pero el solo nombre hacía que los cabellos de su nuca erizarse como si estuviera ante el mismísimo mago oscuro y Harry supo ahí, en ese mismo lugar, que la respuesta no le iba a gustar.

Y no le gustó, sobre todo porque tuvo que forzar al pobre de Nitro que no tenía la culpa de nada a explicarle qué carajos significaba eso.

—No muchos lo saben —narraba con una mueca dolorosa en su rostro—, pero es una ciudad que se encuentra bajo Sina. Alberga primordialmente a todas las personas que no tienen cabida acá en la superficie, pero en realidad es un lugar donde solo tiraron lo peor de lo peor y nace lo peor de lo peor.

Fue todo lo que le respondió el de cabellos cenizas y Harry no preguntó más.

El proceso de construcción de la casa para niños era un poco más complicado, necesitaba un plano, pero cada vez que Harry se ponía a pensar cómo quería hacer su casa de niños pensaba en Hogwarts.

Era imposible construir un Hogwarts aquí, era mucho terreno y dudaba que los constructores estuvieran encantados de tener que construir más de mil escaleras solo para que Harry no muriera de melancolía por la construcción que él llamaba hogar.

Quizás no un Hogwarts real, pero quería algo similar, un miniHogwarts, uno con dos torres, un edificio central y ocuparía una parte de un cerro para hacer una huerta similar a la que Hagrid tenía al lado de su cabaña en el borde del bosque prohibido.

• ✧ •

Harry pasó toda la tarde dibujando muy para el horror y alegría de Gilbert quien se asomó a ver qué dibujaba y vio el gigantesco edificio que planeaba hacer el hombre.

Por otra parte, Gilbert no parecía muy impresionado con su diseño una vez que se lo presentó.

¿Son eso torres? —pensó Gilbert para sí mismo—. Y no solo una, hay dos y... Dios, definitivamente eso es un establo. ¿Para qué demonios quiere Harry un establo en una casa de niños?

—¿Harry?

—Umm...

—Harry… ¿Es eso un cerro?

—La mitad de un cerro.

—Esa mitad de cerro es parte de tu casa de niños, ¿no?

—Ujú... Y por aquí hay un pozo, así que saldrá agua y regará los huertos y el invernadero.

—¿Dijiste huertos? Como en plural.

—Aja...

—Y eso que veo es un establo, ¿cierto?

—Sip —decía animado Harry—. Y esto que está acá es una cabaña para la persona que cuide los huertos...

—... Harry... ¿No crees que hay algo malo en tu plano? —preguntó más que horrorizado Gilbert. Por todo lo que estaba dibujando Harry, Gilbert estaba seguro que mínimo se echaría una hectárea de las tres que había comprado. ¡Demente!

Harry, por otra parte, miró la hoja en la que había estado dibujando concentrado, sus ojos se posaban en cada línea buscando algo mal hasta que asintió.

—Tienes razón, se me olvidó agregar un patio para que jueguen.

—¡Patio! —gritó ya escandalizado Gilbert— ¡Harry, no!

—¡Harry sí!

—¡Dame eso! Dios, te quedarás sin un münzen en tus bolsillos.

—¡Tengo muchos münzens!

—¡No por eso necesitas gastarlos todos!

—Los niños necesitan un patio para jugar, les hace bien.

—¡Por Sina, Harry! No tiene que ser mil metros de patio.

—¿Entonces cuántos? No sé... Donde venía teníamos mucho espacio para correr.

—¿Mucho? —preguntó dudoso Gilbert ante las palabras de Harry.

—Ajá...

—Solo —Gilbert negó con la cabeza y tomó el exorbitante dibujo de Harry y pensó. Por los ojos verdes determinados y algo bélicos de Harry, el mayor pudo entender que no había manera en que renunciara al maldito patio. Gilbert suspiró—… Solo déjame organizar esto. Sé que quieres lo mejor, pero tienes que pensar que no sacas nada si llegas a mitad de proyecto y no puedes sostener no solo el edificio y el lugar, sino las personas que viven y trabajan allí.

—Pensé en pedir caridad… Ya sabes, siempre me puedes donar algo de carne. Hablé con Anthony y él me dijo que estaría feliz de donarme algo de té y hierbas. El otro día Adler me dijo que si realmente quería hacer esto, él me daría piezas de tela para que pudiera hacerle ropa a los niños y al personal y Annabeth, la costurera a la que va Rita, me dijo que con gusto me ayudaría a cocer uniformes… ¡Ahh! y Egbert Kaiser me dijo que...

Gilbert miró a Harry sorprendido ante todo lo que narraba y miraba el papel en sus manos. Los ojos esmeraldas del menor brillaban llenos de pasión, su voz vibraba con entusiasmo a todo lo que había avanzado en lo que Gilbert consideraba poco tiempo, sus manos se movían explicándole cómo imaginaba todo y, por primera vez desde que todo esto comenzó, el mayor pensó que Harry lo lograría, él haría todo lo que decía y más.

Harry Potter llegaría lejos.

Gilbert sonrió.

—Venga —cortó el mayor—, te ayudaré a ordenar este desmán.

• ✧ •

Cuando ya estaba terminando su segundo mes de la llegada a este mundo, al mundo de los titanes, aún no tenía mucha claridad de cómo construir la casa de niños con o sin magia.

—¿Por qué no contratas a los mismos refugiados a cambio de comida para ellos y su familia? Muchos de ellos siquiera comen todos los días —le dijo Rita con una sonrisa—, ¿no era eso lo que estabas buscando? ¿Ayudar?

A Harry le habían aceptado el proyecto una vez que mostró los planos y su estado bancario para realizarlo. Los muy bastardos solo le dijeron «buena suerte» y «nos contactaremos contigo cuando termine tu primera cosecha».

No obstante, ahora, Harry podría haber besado a Rita si no sabía que a Gilbert le daría un ataque si lo viera.

Harry la besó de todas maneras muy para la alegría de Angus y su hermana Hisolda, para la sorpresa de la misma Rita y los balbuceos incoherentes de Gilbert.

—¡Eres una genio, Rita!

Harry salió corriendo de la casa sin siquiera pensarlo dos veces, tomando el carruaje y a John —el cochero de la familia Kivi— con una amplia sonrisa.

—¡Harry! ¡HARRY, ESPERA HOMBRE! Dios —gritaba Gilbert que venía corriendo tras él—, ¡¿siquiera sabes qué o a quién contratar?! Déjame por lo menos idearte un plan, carajo —espetaba un poco irritado y cansado por la pequeña corrida. Harry parpadeó sorprendido ante el desplante de Gilbert, pero pensó detenidamente las palabras del mayor y asintió.

—Claro. ¿Tengo que llevar a alguien conmigo?

Harry caminó feliz al despacho de Gilbert quien solo lo podía regañar por ser tan impulsivo.

—Así solo te van a estafar, tú loco—le decía.

Harry solo pudo sonreír con energía contenida mientras miraba cómo Gilbert escribía instrucciones y le explicaba cosas que él no entendía, su miniHogwarts comenzaba a tener forma.

Arti Stevenson era uno de los capataces de Gilbert, él sería quien estaría a cargo de toda la obra y era de confianza, pero Harry tendría que conseguirse dos capataces más para controlar toda la obra, eso sin contar con las personas que tendría que contratar para comenzar la cosecha y cercar todo el terreno.

Su miniHogwarts tenía dos torres de cinco pisos, estas resemblaban lo más posible a la torre de Gryffindor con esa escalera que recorría toda la torre y cada descanso era una puerta camino a un dormitorio.

El edificio central no era nada como Hogwarts con sus altos techos ni tampoco su cantidad de pisos. Solo eran cuatro pisos, pero el gran comedor era una de las partes más grandes del lugar, sin olvidar la parte de la casa de niños que era el colegio con su biblioteca y salones.

Cuando Harry por fin pudo salir de la casona, se llevó a John, el cochero, con él quien le sonrió burlesco porque había obligado a correr a Gilbert quien no corría desde que era niño.

Fueron quince minutos, pero los quince minutos más largos de toda su vida hasta que llegaron al primer refugio donde habría unas 65 personas dando vueltas buscando qué hacer y esperando la hora del té y pan.

—¿Lo puedo ayudar a buscar a alguien? —preguntó el soldado en la puerta con cara de pocos amigos. Era un guardia común y corriente. Garrison, llegó a su cabeza cuando vio el parche con las flores en su pectoral.

—Sí. Busco empleados, constructores principalmente —dijo animado Harry mientras miraba cual lechuza a sus costados, mirando a la gente en búsqueda de personas para trabajar.

—¿Constructores? ¿Cuántos? —preguntó ahora más extrañado el soldado ante su pregunta.

¿Cuántos? Harry no tenía ni idea. El edificio era grande… Bueno, nunca tan grande como Hogwarts, nunca como Hogwarts, pero estaría mintiendo descaradamente si no aceptaba que se había inspirado en la colosal escuela en su arquitectura.

En este mundo, para su fortuna, sobraban bloques de piedra. Quizás su casa de niños no tenía un lago, un bosque a su costado, torres de astronomía o la torre de Gryffindor, cinco niveles de subsuelo, pero quizás era lo más cercano que tendría al castillo, su propio miniHogwarts con dos torres, invernaderos, huertos y un lugar para animales de granjas. Incluso tendría su propio minicampo de Quidditch… Aunque no se jugaría Quidditch allí, quizás algún deporte que solo existía acá.

Harry volvió a la realidad cuando el sonido de un irritado soldado lo sacó de sus cavilaciones y Harry se rascó la mejilla un poco incómodo.

—Lo siento, estaba pensando. Ergh... Dame unos segundos —se dio vuelta sobre sus talones sin siquiera esperar la respuesta del soldado y caminó rápidamente a John quien lo miraba como si él fuera lo más entretenido del mundo. Pese a que Gilbert le había escrito los números en la hoja, Harry creyó que era muy poco en un comienzo… Necesitaba avanzar rápido y esta gente quería trabajar.

John, por otra parte, seguía riéndose a su costa. El muy bastardo.

Harry no tenía ni el corazón ni las ganas de increpar a John con quien de vez en cuando salían de copas. John solo tenía 28 años, después de todo.

—John, cabrón —masculló Harry por lo bajo—, ¿por qué no me detuviste, idiota?

—Saliste corriendo —en su voz, se podía apreciar cuán gracioso encontraba toda la situación muy para la vergüenza de Harry—. Anda, dime, ¿qué quieres?

—¿Cuántas personas crees que debería contratar? ¿10? —inclinó su cabeza a un costado haciendo matemáticas mentales y miraba horrorizado la cantidad de personas que había anotado Gilbert. Irían «por ala», según el mayor. ¡Se demoraría años!

—Bueno… Depende de cuánto puedas pagar, sabes. No van a trabajar tan gratis.

—Rita dijo que podía pagarles con comida para ellos y su familia mientras tanto —susurró Harry sin problemas, mas su curiosidad pudo más ante el tema tocado por el mayor—. De todas maneras, ¿cuánto es el salario de un constructor? —preguntó Harry frunciendo el ceño.

En salario mínimo de un trabajador a mediotiempo era de 50 galeones, aproximadamente. Harry no podía pagar eso, pero de nuevo, aquí el knut era más costoso, era la primera moneda, luego venía el aluminio y el hierro. Él solo tenía que pedir que transformaran sus lingotes de cobre en monedas aceptadas por la corona… Umh…

—Bueno, son 5 münzens a la semana por tiempo completo, eso es 20 al mes por una persona —dijo mientras removía sus hombros.

—¡¿Cinco?! —exclamaba sorprendido. ¡¿Tan poco?! Eso era ser usurero, Harry lo sabía, pero aun así pensó en toda la gente que podría contratar por ese dinero. Si ganaban 20 münzens mensuales, eso significaba que podían vivir… Y si Harry ofrecía comida, podía bajar un poco más el salario y contratar a más personas mientras se gastaba la otra parte en abarrotes y algunas cosas extras.

Puede que él tuviera dinero, pero si quería que su idea diera frutos, tenía que tratar de ahorrar lo más que podía.

—Ok, gracias —dijo un poco descontentó el mago. Sus pasos lo llevaron de vuelta al soldado que lo volvía a mirar irritado y Harry suspiró. Aquí iba.

—¿Y? —preguntó el militar con la ceja arqueada.

—Todo depende de cuántos hayan aquí. ¿Los puedes llamar?

Y así, Harry Potter comenzó su travesía de contratar a gente para que trabajara en su minicastillo.

En una semana, Harry tenía a su equipo completo.

• ✧ •

—Bien, aquí estamos, caballeros y damas —dijo con una amplia sonrisa Harry mientras miraba sus tres hectáreas con una amplia sonrisa.

Se dio vuelta para mirar a la gente a su alrededor. Eran definitivamente más de cien personas, muchas más de las que Gilbert le dijo que necesitaba. Algunos más jóvenes que otros, pero todos tenían la mirada fija ante el terreno.

—Lo primero que haré será dividirlos. Unos trabajarán cercando todo el lugar. Como saben, esto será una plantación y también, por allá —decía el mago apuntando un prado— será la casa que planeo construir. Ahora… Jeff, Arti y Robin serán los jefes de obra —dijo mientras miraba el papel en sus manos—, los materiales de la casa ya están en esa esquina. ¡A trabajar!

Los murmullos no se hicieron de esperar. Harry pasó por ocho distintos refugios, muchos hombres habían saltado ante la idea de trabajo pagado, sobre todo uno si como parte de pago venía la comida incluida y Harry nunca estuvo más feliz de hacerle caso a Rita.

Entre sus contrataciones había un grupo de mujeres que se dedicarían principalmente a trabajar la tierra, nadie podía permitirse no trabajar, sobre todo en instantes así. Algo se retorcía en el estómago de Harry cada vez que veía a alguien esforzarse, sobre todo sabiendo que él podía hacer mucho más con su magia, pero no era seguro agitar su varita aquí. Constantemente, él tenía que luchar en contra de su instinto y dejar que las cosas pasaran de manera natural.

Tenía que aguantar.

Por lo menos, de esta manera, Harry estaba ayudando a muchas familias.

• ✧ •

Incluso así no fue suficiente. Sobre todo porque en el segundo mes tras la caída de la Muralla de María, mandaron a muchas personas detrás de la muralla a asesinar titanes, era una operación suicida y no había que ser alguien importante para leer entre líneas.

La muralla de Rose se estaba quedando sin comida para abastecer a todo el mundo y esa era la única forma que tenían para salvar al resto.

Harry no durmió esa noche.

• ✧ •

Fue quizás dentro de los primeros meses de su estadía con los Kivi que Harry comenzó a ponerse inquieto. Habían pasado ya tres meses —según el calendario— y sus planes poco a poco iban dando frutos. Los capataces eran gente honrada y pese a tener uno que otro problema con algún constructor que robaba comida o recursos; o el policía militar que le gustaba molestar a los empleados, todo iba bien.

Lo primero en estar listo fue el cercado del terreno, luego fue su plantación, Harry contrató a más personas para arar la tierra y plantar semillas y luego, resguardado bajo el manto de la noche, creó un pozo lleno de agua dulce cerca de la plantación. Con un poco de trabajo logró construir un pozo con trabajadores y ahora, los temporeros se dedicaban a cuidar el cultivo.

El miniHogwarts (Harry realmente tenía que buscarle un mejor nombre) iba más lento. La primera ala disponible fue la principal donde estaría el edificio administrativo y la enfermería, grandes espacios con ventanas y murallas de piedra. Harry se puso inquieto ante el solo hecho de que tan poco se hizo solo en un mes, pero trataba de aguantar lo más que pudo (aunque incluso así, contrató a veinte personas más, él no era la persona más paciente del mundo).

Incluso pese a ver el tiempo pasar y cómo todo tomaba curso por sí solo (y con ayuda de los Kivi), Harry se removía inquieto. Para él eran tiempos de paz, no tenía mucho que hacer más que ver cómo todo progresaba, pero hasta para eso tenía a Gilbert quien, ante ver cómo Harry se dedicaba 100 % a una noble causa, decidió ayudarlo con su conocimiento en negocios.

Gilbert podía ser un poco inocentón y pomposo, pero era un buen hombre quien, pese a su escepticismo, decidió venderle a Harry carne al costo para los empleados y prometió darla gratis, de vez en cuando, a la casa de niños, así ellos podrían comer de todo un poco y crecer sanos y fuertes.

Cuando Gilbert se lo ofreció en plena cena con su familia, Harry —ante la sorpresa y cariño que sintió nacer por este hombre— no dudó en levantarse exaltado por la emoción y besarlo tal y como había besado a Rita: justo en los labios y con un ruidoso «pop», muy para la gracia de Angus e Hilsoda y la risa histérica de Rita.

—Bueno, ahora soy yo quien se tiene que preocupar que Harry te quiere robar, Gilbert —se reía la mujer de la casa.

Harry solo rio.

Esa noche, Harry no durmió, su mente demasiado activa, su cuerpo demasiado inquieto y su alma demasiado impaciente. Tenía que hacer algo, pronto, o haría una idiotez como asesinar titanes a diestra y siniestra.


Notas: OMG! Guys O(≧∇≦)O, you're amazing! Gracias por los comentarios que dejaron el capítulo pasado, me hicieron increíblemente feliz :D (también cuando me responden mis respuestas xD). La vez pasada se me olvidó comentar, pero en Facebook y Tumblr subí la guía de Sibilino, es el universo que he estado armando para este fanfic. Ahora la volveré a actualizar porque Harry, loco y desquiciado Harry, hará un miniHogwarts.

Tierno y cariñoso Harry que construirá una casa para niños ヾ(๑❛ ▿ ◠๑ ).

Harry avanza, poco a poco, pero se está poniendo más inquito. ¿Qué hará, qué hará? Σ(ノ°▽°)ノ So, les tengo una pista (obvia). Harry llegó en 845 al universo, Eren, Mikasa y Armin tienen 10 años. Ellos se graduaron con 15 años el año 850, el entrenamiento para ser soldado se demora 3 años, así que Eren y CO. estuvieron 2 años dando vueltas por allí antes de ingresar a la milicia. Adivinen dónde irán ahora (۶ꈨຶꎁꈨຶ )۶ʸᵉᵃʰᵎ

Como siempre, agradezco comentarios, follows, alertas, de todo :D Me hace muy feliz leerlos.

Nos vemos en el siguiente capítulo y pásense a leerle la guía, spoilers alerts por allá xD.

-Derwyd