Cuatro semanas antes.
«¡Gold!» llamó sin paciencia, azotando la puerta tras ella.
«Srta. Swan, ¿qué puedo hacer por usted?».
«Quitar el hechizo de Regina».
«¿Quiere decir esa poción a la que se ha autoimpuesto?» cuestionó arqueando una ceja.
«¡Esto es una locura!» exclamó. «Necesito una forma de volverla a la normalidad».
«Bien. Pero recuerde: toda magia conlleva un precio».
«¿Qué quieres?».
«Uno de esos rubios cabellos tuyos».
Entrecerró los ojos desconfiada, suspiró y le pasó unos pelos. «¿Entonces? ¿Qué tienes?».
«Nada que le sea útil».
«¡Tenemos un trato!» demandó.
«Cierto. Y yo siempre cumplo mis tratos. No tengo nada para eliminar la poción, pero si puedo decirle que los efectos son temporales».
«¿Qué? ¿Por qué haría una poción temporal?».
«Las razones son de su majestad, no mías» dijo encogiéndose de hombros.
«¿Cuánto tiempo va a estar... así?».
«No puedo asegurarlo. Depende del tipo de poción que utilizó. Puede tardar un mes, un año, o simplemente unos días...» explicó y luego sonrió hipócrita. «Supongo que tendrá que esperar, Srta. Swan».
-OUAT-
Entró al departamento de sus padres con paso firme y los nudillos cerrados con fuerza sobrehumana.
«Em... ¿qué dijo Gold?» escuchó decir Snow, tímida.
«¡Tenemos que esperar! Parece que la maldita poción se va con el tiempo» se exasperó.
«Hmm, ¿así que nos sentamos a esperar?» dijo escéptica.
«¿Y ver a la madre de mi hijo acostarse con medio pueblo? No, gracias» dijo con humor seco.
«¿Qué?» cuestionó extrañada.
«Lo del bar» miró la expresión aún más confusa de Snow. «No importa» suspiró.
«¿Entonces qué vas a hacer?».
«No sé» admitió.
«¿Y qué piensa Henry de todo esto?».
Emma desvió la mirada hacia sus zapatos. ¿Y qué hacía ahora? «Nolecnt» murmuró.
«¿Qué?».
«No. Le. Conté».
«¡Emma!» exclamó con tono de regaño. «No puedes mantener en secreto esto. Va a terminar descubriendolo de una manera menos agradable sino le dices».
«Lo sé, lo sé. Pero, ¿cómo le dices a tu hijo que su madre tomó una poción para no ser ella porque no era feliz? No es algo fácil de digerir».
«¿Hizo qué?» escuchó la voz del adolescente, que bajaba por las escaleras. «Ma', ¿qué hizo?».
Las dos mujeres intercambiaron una mirada. Eso definitivamente no era lo que esperaban.
«Escucha, chico. Tu mamá... Ella esta pasando por un mal momento con lo de Robin...».
«Sí, sí. Ya sabemos eso» la cortó con una mirada peligrosa que le recordaba a la alcaldesa. «¿Qué pasó con mi mamá?».
«Una poción. Ahora ya no actúa como ella».
«Tengo que ir a verla» dijo dirigiéndose a la salida.
Emma se interpuso en su camino con las manos a los lados. «Woah, woah. Alto ahí, vaquero. ¿Adónde crees que vas?».
«A ver a mi mamá» dijo con voz ingenua.
«Hoy no» dijo colocando sus manos en sus caderas para tener una postura estricta.
«¡Pero quiero saber si está bien!» hizo un puchero, sacando a relucir sus ojos de cachorrito. «No puedes prohibirme ver a mi mamá».
«Lo siento, chico. Eso no va a funcionar. Puedes verla, pero no hoy».
El joven refunfuñó y subió las escaleras de su antigua habitación. La rubia suspiró de alivio por no tener que discutir más. No quería que su hijo entre a la mansión y encuentre a su madre en una situación comprometida. Por lo que pasó la otra noche en el bar, ya tenía unas cuantas ideas de lo que podría pasar esta noche en la residencia Mills. Su estómago se retorcía ante la idea de desconocidos —o conocidos— tocando a la morena. Un pequeño bicho verde se despertaba. Sacudió sus pensamientos. Ya empezaba a perder la cabeza. ¿Bicho verde? ¿Regina? Ridículo. No estaba celosa, solo no le gustaba que se aprovechen cuando su amiga no estaba en su mejor situación mental. Regina en realidad no quería todo eso, era la poción.
-OUAT-
Alguien golpeó la puerta. Chequeó el reloj. 11:30 p.m. ¿Quién era a esa hora? Si no era algo urgente iba a...
«¿Regina?» la morena frente a ella la hizo olvidarse de sus pensamientos.
«Hey, Emma» saludó y pasó al interior sin ser invitada ni ningún tipo de vergüenza.
«Regina, ¿qué haces aquí? ¿Todo está bien?» preguntó preocupada. Algo tenía que pasar, ella sólo iría a esa hora si se tratara de una emergencia.
«Sí» dijo distraídamente mientras buscaba dentro de las alacenas de la cocina. «Bingo» murmuró cuando sacó dos vasos. «¿Quieres tomar?» preguntó con una voz carismática a la que no pudo decir que no. La morena sacó una botella de su cidra de manzana del bolso que llevaba.
«Así que... Viniste hasta aquí. En la mitad de la noche. ¿A beber?» preguntó incrédula.
«Mhmm» asintió y terminó su vaso mientras se servía otro. «¿Quieres jugar un juego?».
«¿Un juego?» preguntó desconfiada.
«Ya sabes, uno de esos juegos de beber».
«Oh. ¿Por qué quieres hacer eso?».
«Nunca lo hice» dijo encogiéndose de hombros. «¡Oh! Ya sé a que podemos jugar. "Yo nunca nunca"».
«¿En serio?» cuestionó arqueando una ceja.
«¿Parece que estoy bromeando?».
«Ojalá todo esto fuera una broma» musitó para sí. «Ok entonces. Juguemos yo nunca nunca» dijo sin convicción.
-OUAT-
Esto es una mala idea.
Lo supo desde el momento en el que Regina lo propuso. Esos juegos para adolescentes y borrachos siempre terminaban con alguien despertando desnudo en una cama que no es suya, o con preguntas sexuales y confesiones incómodas, o, en peores casos y solo visto en Storybrooke, ocurren desastres mágicos.
Ahora estaban sentadas en el sofá de la sala, sus muslos casi tocaban. Casi. Y a Regina parecía que se le escapaban sonrisas picaras de tanto en tanto, que dejaban a Emma un poco más confundida.
«Ya que yo nunca jugué, empieza tú».
«Mm, ok... Yo nunca nunca... tuve una mascota» era demasiado inocente, pero haría lo posible para que no se suba mucho de tono.
Regina arqueó una ceja y le dió una mirada con la que la llamaba 'idiota', para luego tomar un sorbo de la bebida. Normalmente sería todo el vaso, pero decidieron —Emma decidió— que era mejor ralentizarlo un poco.
Nota mental: corromper a Emma Swan.
«Yo nunca nunca me emborraché hasta perder el conocimiento» dijo segura. Y, como esperaba, Emma bebió.
«Mmm, yo nunca nunca intenté hacer algo que arriesgue mortalmente mi vida».
El rostro de Regina se oscureció y bebió a su pesar.
«¿En serio? ¿Qué hiciste?» le preguntó curiosa.
«Todo se reduce al número 7».
«¿Las veces que me mudé en la década antes de mi cumpleaños 28?» dijo divertida.
Las veces que intenté terminar con mi vida... Rodó los ojos y prosiguió con su máscara. «Yo nunca nunca tuve sexo en un auto».
«Ok... Así que ya empezamos con esto» murmuró y tomó terminando el vaso. Continuó mientras se servía de nuevo y a Regina. «Yo nunca nunca hice un desastre con magia» dijo lo primero que se le ocurrió que no tenía un tópico sexual.
La morena resopló y bebió.
«Ok... Yo pensaba que no cometías ese tipo de errores».
«Digamos que todos tuvimos una etapa en la que experimentamos. Solo... no intentes nunca agregar miembros extra del cuerpo» dijo haciendo una mueca.
«Ya no quiero saber» murmuró. ¿Por qué todo terminaba en el mismo tema?
«Mejor. Yo nunca nunca... besé a una mujer».
Emma bebió. «No me sorprende, su majestad».
«¿No?» dijo con un tono recatado.
«Nop, no pareces ser del tipo que se interesa en las mujeres» dijo y la morena reprimió una sonrisa satisfactoria. «Yo nunca nunca tuve sexo con una mujer» no pudo evitar las palabras saliendo se su boca contra su voluntad.
Pero se quedó boquiabierta cuando Regina se llevó el vaso a los labios con una sonrisa traviesa. ¿A qué estaba jugando?
«Pero... dijiste...» intentó formar una oración en vano.
«Una cosa no tiene nada que ver con la otra, querida» ronroneó en su oído y electricidad recorrió la espina de la rubia. Sintió la respiración de Regina golpeando su cuello. Entonces dejó de sentirla, se alejó con una expresión neutral. «Yo nunca nunca dormí con otra persona».
«¿En serio? ¿Qué hay de Robin?» preguntó, olvidando lo anterior, y se arrepintió de haber dicho su nombre en el momento en el salió entre sus labios, pero la morena no parecía afectada.
«Nop» negó con la cabeza. Vió que la rubia sí bebió. Frunció el ceño, no se lo esperaba en lo absoluto. Seguro es ese sucio pirata.
-OUAT-
Parpadeó repetidamente. La luz quemaba sus ojos así que decidió mantenerlos cerrados. Escuchó un pequeño gruñido mañanero. Lo ignoró. Intentó moverse a una posición más cómoda, pero se encontró con que no podía. Sentía peso en su cintura, un brazo la rodeaba, abrazaba. Alguien respiraba contra nuca y muy cómodamente enroscó sus piernas con las suyas.
¿Quién era ese desconocido? Intentó buscar en su memoria pero dolía. Su cabeza dolía, y parecía mandarle órdenes a su estómago para que devuelva la cena. Respiró profundamente y sus pulmones fueron llenados por un aroma familiar, aunque cambió un poco durante los últimos días. Manzanas y sexo. Eso era. Entonces la imagen de la morena con una botella de su fuerte cidra en la entrada de su casa apareció en su mente.
¡Regina! Agh, sabía que eso era una mala idea.
Intentó separar sus piernas y cuidadosamente salir de su agarre. Una vez separada salió de la cama sin siquiera darle un vistazo a su compañía. Tenía pudor de lo que podía ver. El estado en el que se encontraba. Así que miró su propio cuerpo, estaba en ropa interior. No sabía si eso era bueno o malo.
Se dirigió a su armario evitando a la morena con la mirada. Buscó unos jeans y una camiseta sin mangas blanca para luego meterse en el baño para tomar una ducha.
¿Qué hice? Dios, me acosté con Regina. No puede ser otra cosa. ¡Engañé a Killian! Al hombre que amo. Volvió de la muerte... No puedo creer que le hice esto. Soy una horrible persona, lo estoy arruinando todo.
Ese tipo de pensamientos entraron y salieron en su mente, como una lenta tortura, durante su ducha. Cuando terminó, notó que se olvidó la ropa interior. Mierda. Ahora tenía que ir a buscarla.
Se enrolló en una toalla y se dirigió a su habitación. Cuando abrió la puerta, no pudo evitar ver el estado de la morena. Despeinada, con sus rulos naturales, sin una gota de maquillaje... Una belleza, sin duda, incluso cuando no se veía diez años más jóven, era algo que perduraba. Pero, más importante era que no estaba desnuda. Aunque sí en ropa interior, como ella. La miró detalladamente. ¿Ese era su brasier deportivo? Intentó ignorarlo. Sus ojos recorrieron sus curvas. Esa piel clara, de un tono oliva. Se preguntaba cómo se sentirá tocarla, probarla, morderla... Echó a esos pensamientos de su cabeza. Esto está mal, muy mal. Tienes a Killian, tienes a Killian, tienes a Killian...
Se apuró a agarrar unas bragas y salir de allí.
«Pues, hola» saludó una voz ronca, mañanera. Dios, eso es sexy.
Tragó saliva y le dió un tímido "hola".
«Linda toalla» dijo con una pequeña sonrisa divertida.
«Regina, lo que pasó anoche...».
«¿Ajam?» su diversión parecía aumentar junto a los nervios de Emma.
«No puede...» continuó dando la vuelta para verla. Se olvidó de lo que iba a decir al perderse en esos ojos chocolate que brillaban por la diversión y algo más.
«¿No puede qué, querida?» su voz era tan... neutral, sin preocupación o interés.
«¿Qué pasó anoche?» se rindió.
Regina largó una pequeña risita de alivio y gracia. «Bueno... Afortunadamente, yo me acuerdo bastante bien de todo. Soy más resistente a mi propia cidra» explicó. «Estabas bastante borracha. Tuve que ayudarte a llegar hasta tu cuarto. Cuando me estaba por ir, insististe en que me quede contigo, en tu cama».
«Oh, ¡Oh!» exclamó aliviada. «Pero... ¿por qué estabamos...?».
«¿Semidesnudas?» y ella asintió. «Bueno, empezaste a quitarte la ropa. Yo me iba a dormir en mi vestido pero luego empezaste a... cantar, hasta que me lo quite. No quería que despiertes a Henry así que...» se sonrojó. Estaba mintiendo, pero logró sonrojarse con otros pensamientos poco bíblicos. Y, al parecer, el super poder de Emma no lo captó. Bien. «Yo no tenía, así que agarré uno de los tuyos» aclaró señalando la tela que cubría sus pechos.
La mirada de Emma inevitablemente se desvió a donde los dedos oliva señalaban. Se sonrojó ligeramente y parpadeó mientras intentaba concentrarse en algo más. La lámpara de repente parecía muy interesante, capaz de iluminar —pero no más que los castaños ojos de una hermosa mujer iluminaban su alma— y evitar que golpeé sus pies durante la noche con los muebles.
«Perdón por eso. Por los problemas que te causé».
El indicio de una sonrisa de satisfacción apareció en las comisuras de los labios de Regina. Se levantó abruptamente, sin dar una palabra, y buscó su vestido tirado en el suelo. Lo deslizó tan lento que parecía doloroso desde sus pies hasta sus hombros. Inesperadamente, se puso de espalda a Emma, demasiado cerca de ella.
No mires abajo, Emma. Contrólate.
«¿Puedes subir el cierre?» pidió la morena con una voz sospechosamente suave.
«Mhmm» asintió incapaz de hablar. Hizo lo que le pidió y vió como la mujer se ponía sus tacones y cerraba la hebilla de cada uno.
Se miró en un espejo y sacudió un poco el pelo, para luego aplastarlo. Se volvió a Emma, que seguía en su toalla en el medio de la puerta. Caminó hacia ella y posó un suave beso en su mejilla.
«Bye, rubia» y luego la escuchó bajar las escaleras para salir de su casa.
Aún petrificada, Emma no sabía que pensar o sentir. La imagen de esa belleza latina —o eso parecía, en el Bosque Encantado no existían los "latinos"— no abandonaba su cabeza. Rubia la llamó. Raro, pero se encontraba encantando su nuevo sobrenombre.
Estoy en grandes problemas...
