Capitulo siete. Operación=Delirios.
El dolor físico, no es comparable con el dolor psicológico. El físico deja marcas, el psicológico secuelas. Aun que quieras aparentar, este nunca se borrará.
Abrí mis ojos una vez más. Esta vez, no era un día normal. Me habían dejado dormir hasta bien tarde. Mi estomago gruía del hambre que tenía. Giré mi rostro y observé a Bella viendo la tele y riendo con el programa que veía. Una sonrisa asomó en mis labios. Ella era tan perfecta en todo. Miré el reloj que había en la esquina de la pantalla y pude observar que eran las cinco de la tarde. Ya casi había llegado la hora de la operación y desde que habíamos subido a las doce al cuarto, me habían dejado dormir.
Carraspeé la garganta para que ella se diera cuenta de que estaba despierto. Una sonrisa asomó en sus labios y yo le respondí con otra. Mis manos sudaban como si de un niño pequeño se tratase. Había estado en situaciones peores. Si contábamos que antes era un asesino a sueldo y podía haber muerto en cualquier momento, pero esta vez era demasiado diferente. Ella estaba a mi lado y en la casa de los Cullen me esperaba mi hijo.
Bella se levantó de la silla y caminó despacio hasta mi posición. Alargó su mano y cogió al mía fuertemente. Cerré pro un instante mis ojos. Había anhelado esto durante sus días de ausencia. Paseé la punta de mi lengua por los labios resecos. Tenía sed y no podía beber nada. Bella, cogió un vaso entre sus manos y una gasa y la mojó. Acto seguido, la paseó por mis resecos labios. Al acabar, dejó el vaso en la mesita y acercó sus húmedos labios a los míos provocando que una descarga me invadiera por todo mi ser.
-¿Estas preparado?- me observó por un instante.- No tengas miedo ni nada de eso.
-No tengo miedo, he estado en peores situaciones y lo sabes.- Suspiré.- Simplemente que…
-¿Qué pasa, Edward?- Su ceño se frunció.- Vamos, dímelo.
-Alice me trajo un álbum ayer del peque.- Le señalé el armario.- Y también esas fotos que ves aquí colgadas.
-Si, me lo comentó cuando nos cruzamos. ¿Ocurre algo?- Su mirada era de pregunta.
-Esta hermosos.- Deje escapar a la vez que un suspiro.- Y tengo miedo de no volver a verlo nunca más.
-Lo verás, Edward.- Acarició mi mejilla.- En cuanto te den el alta de aquí, estarás en casa y lo verás.
-¿Lo prometes?- Sentí que la pregunta era algo tonta, pero necesitaba hacerla.- Dime.
-Claro que te lo prometo. Mientras estés aquí, intentaré que sepa cuanto más de su padre.- Buscó mis ojos.- ¿Vale?
-Gracias.
La puerta en ese momento se abrió y por ella entró mi padre sonriendo. Se acercó a l acama con una silla de ruedas y me tendió el brazo.
-Ya es la hora de bajarte hijo.- Miró a Bella.- Puedes bajar abajo. No podrás entrar, pero si estar en la sala privada.- Volvió a mirarme de nuevo.- Vamos, ella te hará compañía mientras.
Mi padre destapó mi cuerpo y me alzó entre sus brazos para sentarme en la silla. Una vez sentado, Bella cogió mi mano y la apretó fuerte para que supiera que estaba a mi lado. Iban a ser unas largas horas y ella estaría fuera todo el tiempo. Mientras la silla avanzaba por el pasillo y se detenía enfrente del ascensor, mi corazón empezó a latir fuertemente. Realmente nunca había estado despierto antes de que me operaran, siempre habían sido operaciones de urgencias, así que en esta valía estar nervioso ¿no?
Las puertas del ascensor se abrieron y mi padre empujó la silla hasta que estuvimos los tres dentro. Miré a mi padre primero y luego a Bella, los dos llevaban unas sonrisas en sus rostros. Ella acarició mi mano una vez más antes de que mi padre frenara la silla ante unas puertas blancas donde ponía claramente quirófanos. Bella se agachó a mi altura y besó mis labios tiernamente. Alcé mis manos y acaricié sus cálidas mejillas mientras aquel beso durara.
Ella se alzó y dio un abrazo a Carlisle. Este empujó la silla y susurré un "te quiero" para ella. Bella se sentó en unas sillas que había entre la puerta blanca de madera y otras muy distintas de plástico. Ya estaba en quirófanos y mis nervios iban en aumento. Ella se quedó allí. Mi padre avanzó hasta que entré en otra sala. La camilla estaba en medio. Un montón de material quirúrgico la rodeaba. Pude observar mis radiografías en la pared colgadas. La luz las iluminaba perfectamente dejándome ver la zona dañada.
El equipo médico entró saludando a mi padre. Todos y cada uno de ellos fueron a la zona de lavado, donde se lavarían las manos y se estilizarían. Mi padre sin perder su sonrisa, me alzó entre sus brazos y me dejó entre aquellas sábanas verdes. Me dio la vuelta y se fue hacía el equipo de música. Le dio al play, llenando aquel quirófano con una suave música clásica de Debussy. Sentí su mano acariciar mi cabello y bajar hasta mis hombros.
-Todo saldrá bien, Edward.- Respiró profundamente.- Sabes que yo no puedo operarte, pero estaré aquí todo el tiempo.
-Gracias.- Fue lo único que pude articular, antes de ver los pies del anestesista.
Sentí como tapaban mi cuerpo después de retirar mis pantalones. Buscaron una vía en mi brazo y acto seguido escuché la voz del anestesista hablarme.
-Contaremos hasta diez.- Su voz sonó suave.- Una vez lleguemos juntos al diez, estarás completamente dormido.
Asentí con la cabeza un poco y la mano de mi padre acarició mi mejilla. El anestesista procedió a inyectar en la vía la anestesia. Empezó a contar. Uno…Dos…Tres…Cuatro… los parpados me pesaban y la boca se secaba…Cinco…Seis…Siete…Ya casi no escuchaba el ruido que me rodeaba…Ocho…Nueve…Diez… y el sueño me envolvió.
Mi cuerpo entero pesaba. De fondo, escuchaba nuestra canción. Tiziano Ferro parecía que cantara para mí. Bella estaba hermosa. Sus piernas cruzadas mientras leía aquel libro que tanto le gustaba. Apoyada en el cabecero de la cama. Mis pasos eran lentos, pero seguros. Estaba caminando. Cuando estaba apunto de llegar a tocar su sedosa piel, un dolor agudo se apoderó de mi cuerpo. Podía escuchar como me llamaban en la lejanía.
-Edward, ya acabó todo. Vamos hijo despierta, ven con nosotros.- Mi padre estaba muy cerca.- Vamos, Edward.
-Pa..- Sentía un pinchazo atravesarme el cuerpo continuamente.- Pá.
-Eso es, despierta.- Esa era la voz del anestesista.- Ya hemos acabado campeón.
Poco a poco sentí que mis parpados estaban más livianos. Los fui abriendo poco a poco y sentí la luz chocar contra ellos fuertemente, por lo que los cerré de nuevo.
-Venga, abre los ojos.- Mi padre seguía ahí.
Los abrí de nuevo. La luz ya no era tan molesta. Vi su enorme sonrisa y sus ojos cristalinos observarme.
-Bienvenido, Edward.- El anestesista estaba al lado de mi padre.
-¿Ya?- Conseguí articular.- ¿Bella?
-Ella esta fuera, estas en la sala de recuperación. En cuanto te termines de despejar, te subiremos al cuarto y allí estarán todo s para saludarte.
-¿Todos?- Pregunté algo confuso todavía.- No entiendo.
-Sí, tus hermanos, tus cuñados y mama con Adam y Vicky.
Tomé aire algo confuso ¿por qué todos?
-Vamos, respira y termina de abrir tus ojos.- Mi padre seguía hablando.
-Me duele- Conseguí articular mientras llevaba mi mano hacía mi cintura.
-No debes tocar nada, ahora estas completamente vendado y con bastante analgésico en el cuerpo. Es normal que te duela, la operación salió perfectamente. Pronto estrás mejor.
-¿Cuánto es pronto?- Pregunté ansioso.
-Edward, si todo va bien, en quince días te quitaremos las grapas. Te haré una radiografía y veremos que tal. Si sale como lo planeado, en veinte días estarás de regreso a tus clases de rehabilitación y esta vez, estarás mucho mejor.
-Esta bien, solo quiero subir.- Le dije un poco molesto.
-Subamos entonces.- Me guiñó un ojo.
Al salir por la puerta tumbado en una cama, giré mi rostro buscando a Bella. Cuando mis ojos se encontraron con sus hermosos ojos chocolate, no pude evitar el sonreírle. No sabía cuanto tiempo estuve en aquel quirófano, pero parecía que demasiado, ya que ella estaba bostezando.
-¿Qué hora es?- Le pregunté cuando cogí su mano al fin entre las mías.
-Pues son las cuatro d e la mañana.- Me dijo muy cansada.
-¿Has estado aquí todo el tiempo sola?- Pregunté preocupado.
-No, han estado tus hermanos, mis hermanos, tu madre, incluso Vicky y Adam. Ahora ellos están arriba esperándote, es lo bueno de ser médico y que tu padre sea el jefe de cardiología. –Y rió melodiosamente.
-Ok. Así que...- Me callé. Me dolía demasiado la espalda.
-¿Qué pasa?- Sus ojos iban de mí a mi padre.
-Me duele, no pasa nada grave.- le contesté un poco ahogado. Los pinchazos no disminuían.
-Cuando subamos, te pondré algo más fuerte en el gotero para que puedas descansar mejor.- Mi padre apuntó algo en mi historial.
Al llegar arriba, la cama entró en la habitación y observé como me ponían en el mismo sitio que antes. Una sonrisa estaba dibujada en los labios de mi hermanita Alice. Se acercó despacio y me besó en la frente. Mi hermano Emmett, acarició mis cabellos y Rosalie besó mi mejilla. Jasper se acercó junto a Adam y Vicky. Esta ultima, besó mi otra mejilla y los otros dos, palmearon suavemente mi hombro.
-Ahora que sabemos que estas bien, nos iremos a casa.- Mi hermano se caía de sueño.
-Gracias.- susurré.- No tendrías por que haber esperado todos aquí.
-Por ti lo que sea hermano.- Y así, todos se fueron de la habitación, dejando allí a mi Bells, a mi madre y a mi padre.
Mi madre se acercó al borde de la cama, mientras mi padre inyectaba un sedante en el gotero. Bella por otra parte, se sentó al otro lado de la cama y cogió mi mano entre las suyas dando suaves caricias en círculos. Sentirla tan cerca, provocaba que mi corazón no dejase de agitarse. Mi madre besó mi frente y se despidió con un suave hasta mañana. Se levantó de la cama y al abrir la puerta, pude ver a Emmett abrazarla por sus hombros y llevársela de allí. Mi padre se despidió con un hasta luego y también se marchó.
-Tu padre vendrá mañana cuando empiece su turno a las cuatro de la tarde. Esta muy cansado.- Puntualizó Bella.
-Esta bien, realmente solo me importa que te quedes tú.- No sabía de donde habían salido esas atrevidas palabras, pero me gustaba haberlas dicho.- Duerme mi Bella.- le susurré al ver como bostezaba.
Ella besó mis labios despacio y se acodó en la otra cama. Durante un buen rato, bajo la luz de la lamparita, pude observarla como dormía. Una tonta sonrisa estaba dibujada en mis labios y no podía borrarla. Me agradaba ver allí a mi ángel y aquello me tranquilizaba. No sé cuanto pasé observándola, pero al fin el sedante hizo su efecto y sucumbí a ello. Cuando abrí mis ojos de nuevo. La habitación estaba en sumo silencio. Allí a mí alrededor, pude ver a mi hermano Emmett en el sillón todo estirado.
-¿Bella?- No pude evitar preguntar.- ¿Emm?
-He, hola, Edward.- Me saludó mi hermano.- Bella se fue a estar un rato con Anthony. Preguntaba por ella y bueno.
-Esta bien, lo entiendo.- Me sentí vacio.- Ella ha de trabajar y esas cosas.
-Si, ella irá a trabajar cuando lleve al peque al cole.- Sonrió.- Esta muy mayor, Edward. Cuando vuelvas a casa podrás comprobar que es exactamente a ti cuando eras pequeño.
-Que emoción.- Solté con sarcasmo.- ¿No podría parecerse a su madre?
-Vamos, tú eras muy mono.- Guiñó un ojo.- No te acuerdas, pero siempre estabas dando besos y tratando que todo el mundo fuera feliz.
-Oh. Calla, Emmett.- Reí ante sus palabras y mi espalda se quejó.- Me hago daño si rio.
-Tranquilo, poco a poco.- se acercó a mí y me tendió un vaso de leche.- Has de comer algo.
-Gracias.- Le dije mirándolo a su aniñado rostro.- De verdad.
-Deja de dar las gracias joder. Eres mi hermano y estoy aquí porque te quiero.- Frunció su ceño.- Además, soy el único que esta libre ahora.- Rió con fuerza a mandíbula batiente.
-No risas.- Le dije medio enfadado.- Por favor.
-Lo siento hermanito.- Acarició mi mejilla.- Ahora vendrán a curarte, te has de duchar.
-No sé si podré.- Le dije triste.
-Yo te ayudaré.- Me alzó con mucho cuidado.- Si no ¿Para qué estoy aquí?
Mi hermano me llevó al baño y me sentó directamente en la silla de la bañera sin tan siquiera sacarla. Me desnudó con cuidado y se quedó observando mi cuerpo. Aquello me hizo sentir incomodo, pero imaginé que lo hacía porque no me había visto todas las cicatrices.
-¿Emm?
-Perdona, Edward.- Bajó su mirada.- No había visto todas esas marcas ¿te las han hecho en tu antiguo trabajo?
-Sí. También son de un par de operaciones por culpa de ello.- Le levanté la cara.- Vamos Emmett, ya pasó todo.
-Tienes razón hermano, lo que pasa es que duele...- Una lágrima descendió por su mejilla.
-¿El que duele?- Mi pregunta sonó a desesperación- A mi y ano.
-Debí de haberte protegido. Si yo no me hubiese metido en mi mundo…- Las lágrimas descendían sin control.
-Vamos.- Le sequé las lágrimas.- Tú no tienes la culpa de nada. La tengo yo mismo.
-No es cierto, soy el mayor y debí protegerte.- Se sorbió la nariz.
-No quiero escuchar eso de nuevo.- Me estaba enfadando.- El pasado, pasado es.
-Esta bien.- Siguió duchándome.
Mojó mi cuerpo con cuidado de no mojar demasiado el parche de mi espalda, y cuando acabó de ducharme, me sacó y me vistió. Al llegar a la cama, un médico ya estaba al lado de esta. Me voltearon y me curaron la herida. Podía observar la cara de asco, pena y confusión de mi hermano. Al acabar, me volvieron a poner correctamente en la cama y el médico conectó de nuevo el gotero.
-Esto es solo para inyectarte sedantes. Ya puedes comer, así que ordenaré que te traigan fruta. Todo ha salido a la perfección.
La habitación se sumió en completo silencio mientras comía fruta. En ese momento caí. Si Bella había llevado a Anthony al colegio, significaba que el fin de semana ya había pasado.
-¿Emmett?- Mi hermano me miró bajando la revista de deportes que estaba leyendo.- ¿Es Lunes?
-Sí, te pasaste el fin de semana durmiendo.- Me miró triste.- Bella se lo pasó aquí y bueno, tu solo dormitabas.
-Vaya.- Me sentí mal.- Lo siento.
-Tranquilo, luego vendrá. Tanya subirá a la habitación para seguir con los ejercicios de las manos y brazos, aun que no cogerás peso. No puedes todavía, te puedes saltar algún punto. Pronto volverás a tu rutina, ya lo verás.
-Eso espero.- Le dije algo ansioso. Deseaba que fuera ya la hora de ver a mi Bells.- Tengo ganas de ver a Bella.
Las horas pasaron lentamente. Mi hermano leía, o veía la televisión, o simplemente escuchaba música en su ipod. La puerta se abrió y por ella entró esa melena rubia inconfundible. Tanya estaba a mi lado explicándome los nuevos ejercicios. Durante un buen rato pude reírme despacio. Ella era demasiado simpática. Emmett nos miraba sorprendidos por el trato que teníamos. Le tuve que explicar varias veces cuando se fue, que era mi fisioterapeuta y que estaba casada. Que estaba embarazada de dos meses según me había contado tan solo media hora atrás.
Emmett se fue al llegar la noche y por la puerta entró mi Bella. Nada más verla, sonreí con ganas. La había echado mucho de menos. Me había prometido a mi mismo que si ellos podían darme una nueva oportunidad de ser un Cullen, yo les daría la oportunidad de conocer al viejo Edward. Aun que Bella ya me conociera como tal, quería que se sintiera muy a gusto conmigo. Estiré mi mano y la atraje hacía mi cuerpo.
-Lo siento por dormir todo el fin de semana.- Le dije acariciando su mejilla sonrojada.- De verdad.
-Es normal cariño, estabas recién operado y la anestesia y los sedantes.- Besó mis labios.
-¿A que hora te vas?- Le dije un poco triste.- ¿Vo0lverás mañana?
-Me voy dentro de una hora.- Sonrió sin llegarle a los ojos.- Mañana no puedo venir, Anthony, tiene revisión en el dentista y saldré muy tarde.- Acarició mi cara.- Me dará tiempo de llegar a casa, darle la cena, bañarlo y acostarlo.- Besó mi mano.- Lo siento.
-No pasa nada. Él es lo primero.- Le dije intentando reír.- Aquí tengo demasiada ayuda.
-Solo espero las vacaciones del niño de verano, para poder estar aquí casi todo el día. Tu padre y tu madre, quieren ir de vacaciones a una isla o algo así que tienen y quieren llevarse a los niños un mes.- El brillo le llegó a los ojos.- Aun faltan siete meses para eso, pero espero que para entonces tú estés mejor y puedas volver a casa.
-Bella aún me queda aquí mucho tiempo.- Me entristecí.
-Edward, la operación a salido muy bien.- Apretó mi mano.- Si todo va bien, podrás volver antes, solo falta que tu te esfuerces y no te rindas.
-Lo intentaré.- Algo en mi se removió ¿sería cierto?- ¿Quién estará en casa en verano?
-Pues los abuelos se quieren llevar a lo niños. Emmett y Rosalie se van de luna de miel, ya que en su día no pudieron y por envidia, Jasper y Alice la repiten. Así que tendremos un mes para nosotros solos.
Mi pecho se infló. Tenía ganas de ver a mi niño, pero un mes solo con mi niña… Aquello me hizo replantearme seriamente los esfuerzos que estaba haciendo. Si luchaba más, tal vez fuera cierto y podría irme en siete meses. Si fuera así, solo habría estado aquí nueve y eso era un gran paso ante el año que me había echado mi padre.
Aferré mis brazos alrededor de la cintura de Bella y la atraje hasta mi cuerpo. Ella se dejó llevar. Todo había salido perfecto. Me daban buenas noticias y tenía muchas ganas de vivir. Me sentía mal por mi hermano Emmett. Él no podía cargar con la culpa. La culpa fue absolutamente mía por no hablar cuando debí. Si hubiese contado lo de Jessica, tal vez nada hubiese ocurrido. Pero aún así, no podía arrepentirme, porque ahora no tuviera a mi niña entre mis brazos.
Levanté su rostro y la miré por un buen rato. Ella me transmitía paz, me transmitía un calor inigualable. Ella me transmitía seguridad. Acerqué mis labios a los de ella aspirando aquel peculiar aroma. Su olor a fressias me embriagaba por completo. Con tan solo cerrar los ojos, cada momento con ella vivido, me invadía mi mente y me hacía quererla más todavía. Nuestra primera noche juntos, cuando fregó los platos mientras yo me duchaba. Cuando pensó que la iba a tocar…cuando la compré… el paseo por la playa… la peluca del calvo y la sopa… el mar… los momentos íntimos en mi cama…la noche que me dispararon y la olvidé… cuando la encontré de nuevo y estaba embarazada de mi hijo…lo que hice por conquistarla siendo que ya era el dueño de su corazón sin recordarlo… cuando maté a James y la recordé… el nacimiento de mi hijo y el dolor de volver a ser uno… cuando la traicioné dejándola sola con mi niño en casa de mis padres… todo pasó fugazmente por mi cabeza… la cara de Jessica… y el despertar aquí.
Cada momento era un recuerdo del pasado y ahora debía mirar hacía el futuro. Debía sacar esa fuerza que tenía cuando era Anthony, para ser fuerte y superar todo lo que estaba por venir. El tacto de su bica contra la mía era inigualable. El roce de su piel, provocaba que mi piel la aclamara. Su lengua jugando con la mía con esa fuerza, con pasión, con amor. Sus manos acariciando mi revuelto cabello.
-Bella.- Susurré cuando me di cuenta de lo que estaba pasando.- No.
-Lo siento Edward. Te he echado tanto de menos.-Besó mis labios de nuevo.- Te amo.
-Y yo a ti mi amor, pero no creo que sea el momento, me duele la espalda a horrores.- Me sentí mal por rechazarla y más cuando la deseaba más que nunca a mi lado.
-Poco a poco.-. Rió contra mi rostro.- Ya verás. Pronto volveremos a ser tú y yo.- Y juntó su cálido aliento con el mío mientras aferraba mis cabellos entre sus dedos.- buenas noches mi amor.
-Buenas noches mi Bells.- Me despedí de ella.- Te amo. Hasta pasado mañana.
-Intentaré salir lo más pronto del dentista y pasarme por aquí aun que sean cinco minutos. Dejaré a Anthony a fuera o tal vez…- Se quedó pensando.
-No creo que sea buena idea.- supe que quería entrar al niño.- no le hará gracia ver a su ahora padre aquí de esta forma.
-Ya veremos.- Dijo acercándose peligrosamente a mis labios de nuevo.- Mañana hablaremos.- Me besó despacio.- Y lo que ocurra, ocurrirá.- me volvió a besar.
-Hasta mañana Bella.- Le acaricié al mejilla.
-Adiós mi corazón.- Me dio otro beso y se marchó.
Durante el resto de la noche, casi no pude dormir. Entre el dolor de espalda y los nervios de saber que igual Bella traía a mi hijo, me estaba matando. Las horas pasaban lentas y mi desesperación crecía. Llamé a una enfermera para que me sedara. Hasta que no hizo efecto, solo podía imaginar a aquel precioso niño entrando en mi cuarto.
