-¡LIZZY! -el alarido llamándolo por su nombre había desgarrado algo dentro suyo haciéndolo ponerse de pie- ¡DETENTE, SEBASTIAN!
-¡Ya es suficiente, Lizzy! -Edward tomó con brusquedad el guardapelo que tenía la chica en las manos, dentro de él había un retrato en sepia de Ciel- Pasaron tres años ya… -su voz era más suave pero mantenía el ceño fruncido.
-¡Devuélvemelo! -se le acercó furiosa.
-No hasta que entres en razón, Lizzy -suspiró-. El hijo del barón es un buen partido, es buena persona y puede hacerte feliz… podrías darle una oportunidad en la cena de esta noche en vez de…
-¡No! -lo interrumpió y siguió tratando de quitarle su guardapelo- No hagas que te lo quite por la fuerza, Edward… -lo miró de forma amenazadora.
-¡Por la Reina, Lizzy! -se quejó dándole el collar. Ella lo tomó y se dio la vuelta llevándoselo al pecho- Acéptalo de una vez, ese idiota… ¡Ciel ha muerto!
-¡Tu no lo sabes, Edward! -lo encaró enojada y se le empañaron los ojos- Hasta que no encuentren su cuerpo hay posibilidades de que esté… Además Sebastian tampoco ha aparecido… Probablemente esté en una misión de su trabajo y…
-Tienes que reaccionar, Liz… -se acercó para secar sus lágrimas hablando mucho más despacio, dolido de verla así, ella se apartó de su caricia- Tres años es suficiente tiempo para empezar a olvidarte de…
-¡Soy su prometida, Edward! Ustedes no van a obligarme a casarme con nadie más. Ciel será mi esposo, ningún Barón, ni nadie más…
-Lizzy… Si sigues así, realmente madre va a obligarte...
-¡Que lo intente!
Se giró molesta y caminó con paso firme a la puerta vidriada que daba al jardín.
Sebastian tomó a Ciel y rápidamente los alejó de la puerta donde se encontraban espiando para que ella no los descubriera. Bajó a su amo en el techo de la mansión y ambos se asomaron para ver qué hacía Elizabeth.
-¿Puedo preguntar, Joven Amo, qué estamos haciendo? -suspiró al ver lo atento que se encontraba el chico a los movimientos de la casa.
-Ya te lo expliqué, Sebastian…
-Entonces no me expresé bien, me disculpo ¿Para qué estamos espiando a la señorita Elizabeth a escondidas? -él puso los ojos en blanco viendo como ella se subía a un caballo negándose a la ayuda de su doncella.
-Si nos vamos a ir de Londres por un tiempo quiero saber todo estará en orden… -comentó distraídamente.
-Entiendo, parece que aquí las cosas no han ido tan bien como con los otros tres idiotas… -recordó la visita a la casa de Bard, Mey Rin y Finnian.
-Con la herencia que les dejé si no se arreglaban no podría comprenderlo -suspiró pensando en la muerte de Tanaka hacía un año y suprimiendo el recuerdo rápidamente.
-Me parece que lo que le preocupaba a usted era un poco más que si sabían administrar su dinero, my Lord… -el aludido sólo bufó sin responderle.
-Hay que seguirla, Sebastian -se giró a él notando que la chica tomaba velocidad con el caballo y se alejaba de su campo de visión. "¿Qué estás haciendo, Lizzy?" pensó para sí y obtuvo una risa burlona en respuesta mientras Sebastian lo levantaba y saltaba del techo comenzando a correr.
Bajó del caballo y lo ató a un árbol. Se giró a ver la mansión Phantomhive abrumada por la nostalgia. El tiempo abandonada y los saqueos que había sufrido la habían deteriorado. La maleza crecía apoderándose de los muros y bajo la luz anaranjada del atardecer reflejada en los cristales que todavía se conservaban parecía prendida en llamas.
Para entrar tuvo que patear la puerta con fuerza, estaba trabada después de que nadie la usara por esos tres años.
-¿Quiere que recoja sus cosas, Joven Amo? -susurro mientras entraban tras ella, fundidos en la oscuridad.
-No… Si lo encuentra… -"Quiero ver qué pasa", frunció el ceño.
Ella se giró bruscamente a la defensiva habiendo escuchado un murmullo. Escrutó las sombras pero no encontró nada.
Recorrió la mansión lentamente con un nudo en la garganta y los ojos vidriosos. Ese lugar estaba lleno de recuerdos.
¿Dónde estaba Ciel? ¿Cómo se atrevía a irse por tanto tiempo? Si ella había crecido en altura durante esos tres años se preguntaba si él ya la habría alcanzado. Seguro se veía más apuesto, quizás le habría cambiado la voz como había pasado con su hermano. Ella también había cambiado ¿Le seguiría pareciendo adorable? ¿La seguiría amando como antes?
Si es que seguía con vida.
Se detuvo en la puerta que anteriormente era su despacho.
Todos le decían que había muerto, incluso se habían heredado sus bienes y sus terrenos fueron devueltos a la corona. Pero había algunas cosas que no le terminaban de quedar claras. El hecho de que su cuerpo no haya aparecido, que Sebastian también desapareciera, las extrañas cartas de invitación a su funeral… Parecían orquestadas por el mismo Ciel, ella lo conocía. A pesar del estado de shock del principio las dudas la empezaron a convencer de que algo no cuadraba.
Pero… ¿Si sólo era su imaginación intentando conservar la esperanza? ¿Si su hermano y todos tenían razón y ella sólo estaba negando la realidad? Se llevó las manos al pecho y comenzó a llorar. Quizás era momento de dejarlo ir.
Empujó la puerta y se sorprendió un poco al notar que esta no se resistía ni hacia un chirrido. Extrañamente ese cuarto no estaba cubierto de polvo y estaba intacto. Los muebles en perfecto estado, libros en el escritorio, almohadas en el sofá, la alfombra prolijamente colocada, las cortinas corridas con vista al jardín. Como si ese cuarto se hubiese quedado en el tiempo en el que Ciel lo habitaba.
Se quedó helada en la puerta. No podía ser que no se hubiesen llevado sus cosas. Ella había estado ahí cuando se repartieron las pertenencias y se habían llevado sus muebles para venderlos. Aunque algo hubiese quedado los ladrones tendrían que habérselo llevado hacía años.
Entró con cuidado y rozó el escritorio. La luz de la ventana ya estaba disminuyendo y notó que la lámpara de aceite todavía tenía combustible. Alguien estaba viviendo ahí. Se le cortó la respiración.
-Ciel… -susurró casi sin aire. Reconocía el arma pequeña en el escritorio todavía cargada.
-Tanto tiempo, Lizzy… -respondió suavemente a sus espaldas.
"Interesante... " Se burló el mayordomo sorprendido por ese giro de los acontecimientos. "Sigue sintiendo cosas por ella, a pesar de todo".
El menor se giró para fulminarlo con la mirada. Lizzy se dió la vuelta al escuchar la voz y se agarró del escritorio con fuerza para no caerse del susto. Él le sonrió acercándose un paso.
-¡Ciel! -lo miró de arriba a abajo con el corazón latiendo desbocado. Algo no le cerraba en la forma en la que se veía- Estás… Estás… Vivo… -concluyó. Él negó con la cabeza borrando su sonrisa. Ella notó qué era lo que llamaba tanto su atención: Sus dos ojos estaban visibles, uno era de su azul profundo como recordaba y el otro llevaba el símbolo del contrato. Además estaba exáctamente igual de cómo lo recordaba, lo que significaba que ella le ganaba en altura y no era normal- ¡Claro que estás vivo! ¡Estás aquí! -trató de ignorar todas las anomalías concentrándose en asegurarse de que era real y no un sueño.
-No, Lizzy -tomó la mano de ella con delicadeza para que notara el frío de su tacto y besó sus dedos-. Ya he muerto, tienes que dejarme ir -la miró a los ojos que centellearon rojos.
Ella lo abofeteó con furia.
-¡Ciel! -él levantó las cejas sorprendido y se llevó la mano al golpe. Lizzy lo abrazó llorando- ¡No puedes irte por más de tres años y decir esas cosas horribles! -él la miró con los ojos muy abiertos y luego suspiró quitando con un dedo sus lágrimas.
-Lizzy, por más que te parezcan horribles, son ciertas…
-¡No! Podremos casarnos ahora, Ciel...
-El Joven Amo está muerto ahora, señorita Elizabeth… -Sebastian se acercó a ellos sonriendo divertido ante la escena- Aunque parezca que su alma encerrada en el cuerpo de un demonio aún esté atada a los sentimientos humanos… -analizó divertido por el descubrimiento.
-Cállate, Sebastian… -su voz sonaba grave y autoritaria.
-Sólo le explico a la señorita Elizabeth por qué tendrá que rechazarla, my Lord -se encogió de hombros.
-¡Tu! -se separó del abrazo y ocultó al chico a sus espaldas señalando al mayordomo y tomando el arma del escritorio- ¡Seguro esto es tu culpa, Sebastian! Siempre hubo algo que me hacía desconfiar de ti… -le apuntó a la cabeza.
-¡Lizzy! -la reprendió y el moreno sonrió.
-Yo soy el más perjudicado de esta situación, señorita… -ella disparó sin pensarlo esperando el impacto en pánico.
-¡Lizzy, basta! -Ciel se puso en su campo de visión con el ceño fruncido.
-Pero… ¿Cómo? -No había querido disparar pero no tenía sentido que no escuchara el golpe. Sebastian apareció a su lado con la mano extendida mostrando la bala.
-Es suya, señorita, se le ha escapado… -le hizo una reverencia.
-Esto es imposible -empezó a temblar y tomó a Ciel por los brazos con fuerza. Empezaba a dudar de su propia cordura- ¡No puedes estar muerto si estás aquí! -él suspiró soltándose sin esfuerzo para la sorpresa de ella y la miró a los ojos.
-Lizzy, soy un demonio ahora. Mi existencia se basa en devorar almas humanas, tienes que olvidarte de mí -sentenció con voz más sombría.
-¡No puedes pedirme eso, Ciel! -atinó a tomarlo de nuevo pero el mayordomo apresó sus brazos en su espalda para evitarlo- ¡Suéltame, Sebastian! ¡Ciel, ordenale que me suelte! -se removió molesta pero el menor negó con la cabeza mirándola altivamente- ¡Ciel! ¡Íbamos a casarnos! ¡No me pidas que me olvide de ti! Nosotros… -le suplicó con la mirada pero quedó helada al escucharlo reír con malicia.
-¿Piensas que yo quería casarme contigo, Lizzy? -levantó su barbilla para mirarla a los ojos- Incluso estando con vida ¿Creíste que sentía algún interés por tí? Qué inocente…
Las palabras la hirieron como una puñalada y dejó de luchar dejando que Sebastian la sostuviera.
-Pero tú… -vinieron a su mente algunos recuerdos de su pasado juntos, detalles que él había tenido por ella- No estabas mintiendo en ese momento -no sonaba muy segura.
-¿Qué te hace pensar eso? -sonrió con frialdad- Todos creían cada cosa que les decía, tú lo sabías ¿por qué sería distinto contigo?
-¡Porque yo sé que era real!
-Lizzy… Tu no eras más que otra pieza en mi juego… -sus ojos volvían a brillar rojos- Te necesitaba para que me protejas cuando Sebastian no estuviera a mi lado, te necesitaba para mantener la fachada de mi vida como conde, eras un contacto más como futura marquesa… Todo para mi trabajo como perro guardián de la reina y para mis propios propósitos de venganza. Ahora todo se arruinó, mi venganza había sido concretada, pero no nos hubiésemos casado jamás, yo iba a morir antes. Era todo manipulación, ni siquiera eras una pieza importante de mi estrategia. Eres patética si esperabas que sintiera algo por ti.
Ella no respondió derrotada, las lágrimas le caían por las mejillas hacia el suelo. Él se acercó a su oído para susurrarle.
-Odiame, Lizzy, odiame con toda la fuerza de tu alma y serás libre para siempre.
Se apartó y Sebastian la soltó haciendo que cayera de rodillas al suelo siguiendo a su amo a la salida.
Cayó en la cuenta de un detalle. La había llamado "Lizzy" como siempre, no de forma distante. Algo no le cerraba para nada, de nuevo ¿Por qué quería que lo odiara? A pesar de todo lo que le había dicho que le desgarraba el pecho ella estaba segura de que él la amaba, estaba convencida.
Sebastian levantó las cejas sorprendido al oír el gatillo, dispuesto a apartar la bala de Ciel pero al darse vuelta se sorprendió aún más, no había ninguna bala hacia ellos.
-¡LIZZY!
El menor corrió hacia ella. Había caído con los brazos extendidos después de dispararse a sí misma en el abdomen. El charco de sangre a su alrededor se hacía más amplio a la velocidad de segundos. Se arrodilló en el suelo a su lado tomando su cabeza y acercándola hacia sí.
-¡Serás idiota! -llevó una mano a su herida notando la gravedad.
-Ciel…. -susurró con una sonrisa sin fuerzas e intentó levantar una mano hacia el rostro de él sin lograrlo. Él tomó su mano besándola.
-¡Sebastian! -pidió con urgencia y el mayordomo se arrodilló del otro lado analizando la herida.
-Sabía que era mentira… -cerró los ojos aliviada.
-Idiota, idiota… No te mueras ¡Tienes una vida larga por delante, Lizzy! -ella rió tosiendo un poco.
-Mi vida no tiene sentido si no está unida a la tuya, Ciel…
-Sólo tenías que recordar esto como un sueño… Sólo tenías que irte sin más…
-Señor, aunque pueda cerrar la herida no sobrevivirá más de unas horas… -habló sin mirarlo con las manos ensangrentadas despedazando el vestido para hacer vendas.
-¡Es una orden, Sebastian! ¡Mantenla con vi…! -ella llevó un dedo a sus labios sonriéndole.
-Está bien, Ciel… Devora mi alma, así estaré contigo para siempre… -volvió a toser esta vez sangre. Él apretó su mano negando con la cabeza- Eso me haría muy feliz… Ya sé que no fue una mentira…
-Señor… -dijo gravemente cosiendo la herida- No hay forma de que sobreviva.
-¡Pero te di una orden, Sebastian! -le ladró con furia.
-Ciel… -le suplicó ella- Hazlo por mi…
-No… -apoyó su frente en la de ella- No puedo si no me pides algo a cambio… -casi no podía oírsele. Ella sonrió.
-Cásate conmigo ahora… -él la miró a los ojos y asintió sin expresión.
-Ese será el precio de tu alma, Lizzy… -ella se acurrucó en su pecho cerrando los ojos- No puedes morirte todavía… -la sacudió un poco y ella volvió a mirarlo.
-Ya cerré la herida, my Lord -se puso de pie y tomó una copa del mueble llenándolo con un licor y un líquido violáceo. Se lo tendió al menor-. Para que no sienta dolor -explicó con voz plana. Él asintió y lo tomó volviéndose a Lizzy.
-Ve a preparar todo, Sebastian… -ordenó acariciando el rostro de ella y acercando luego la copa a sus labios para ayudarla a beber.
-Sí, My Lord -hizo una reverencia desapareciendo.
Cuando la chica terminó la bebida parecía más despierta aunque débil.
-No estés molesto, Ciel… -empezó a decir con voz casi inaudible notando el ceño fruncido- Si no lo hacía dudaría siempre de sí todo lo que vivimos fue real o mentira… No lo hubiese soportado… -él suspiró desfrunciendo el ceño para que no lo viese enojado.
-¿Te acuerdas cuando hicimos ese pic-nic en el jardín y se largó a llover de repente? Quedamos empapados… -ella rió un poco recordando.
-Cuando todavía estaban tus padres -asintió- intentaste cubrirnos con tu traje y caíste en el barro lastimándote las rodillas… -él puso los ojos en blanco sonriendo- Lloraste como un niño pequeño y tuve que llevarte todo el camino a la mansión.
-¿Y ese cumpleaños que festejaste y nos obligaste a todos a disfrazarnos de forma ridícula? -se le iluminó la mirada ante el recuerdo.
-Te veías hermoso con tu disfraz de vampiro y Sebastian de cura… -rió un poco.
-Tu también estabas hermosa… -le acarició el rostro.
-Apareció el Vizconde de Druitt a pesar de que no lo había invitado vestido de rey y a ordenar a todos que hicieran un concurso… -él puso los ojos en blanco y rio un poco por lo bajo. Ella se quedó en silencio observándolo- Tu sonrisa, Ciel… No dejes de sonreír nunca, por mi… -suplicó con los ojos en lágrimas de nuevo.
-Shh… -la meció un poco en sus brazos- No llores el día de tu boda…
-Joven Amo, ya está todo listo -interrumpió Sebastian acercándose a ellos y tomando a la chica despacio-. Debe cambiarse, señor… - le indicó con la vista el sofá donde estaba un traje preparado.
-Ciel… -se aferró a él asustada. Él le sonrió.
-No querrás casarte así de desalineada, ¿verdad? -la reprendió falsamente.
-Disculpe que deba ser yo quien la prepare, señorita Elizabeth, pero la urgencia de la situación me lleva a actuar de esta manera… -comenzó a llevarla hasta la habitación contigua- Sé que el vestido no es de la alta costura pero es lo que conseguí con el poco tiempo que tenemos… -sonrió recostándola en otro sofá y tomando un vestido blanco con volados y tules.
Hola!
Ciel sólo se permite ser dulce con Lizzy.
Esta pareja me encanta pero no deja de parecerme trágica (más allá de este DRAMA).
Lizzy es un personaje muy fuerte y admirable. Creo que en el animé nunca se la desarrolla lo suficiente, en el manga se le da mucha profundidad. No recuerdo ahora si en algún momento del animé se menciona que su hermano es Edward si quiera pero bueno.
Nos leemos la próxima :D
